domingo, 1 de febrero de 2015

Flann O'Brien: La vida dura

Idioma original: inglés
Título original: The hard life
Año de publicación: 1961
Traductor: Iury Lech
Valoración: entre recomendable y está bien

Hasta ahora no había leído ningún libro del escritor irlandés Flann O'Brien (seudónimo de Brian O'Nolan, que no podía firmar con su nombre al ser funcionario y al parecer lo tenían prohibido). Por lo visto, ésta con la que me estreno resulta ser una obra menor en comparación con otras novelas como El tercer policía , La boca pobre  o su primera obra, En Nadar-Dos-Pájaros. Bien, no lo sé, no puedo comparar. La vida dura, es verdad, da una cierta sensación de rapidez, de novela inconclusa o rematada de prisa (parece ser que O'Brien la escribió en dos meses, lo que no está nada mal, dada la indudable calidad de su prosa); de novela nacida con más ambición que con la que se acabó...

También, al parecer -hablo siempre por referencias-, en esta novela hay una mayor contención, un intento de llevar a cabo una literatura más realista y "clásica" -sea lo que sea esto-, menos fantasiosa que en otras de las suyas. de hecho, la historia comienza con un planteamiento casi dickesiano: dos niños que en el Dublín de fines del XIX quedan huérfanos y son recogidos por su medio-tío, el peculiar sr. Collopy en su desaliñada familia. Pero, a partir de aquí, que nadie espere desgracias sin fin o una denuncia de la miseria victoriana; miseria la hay, sin duda, pero más que material o moral es una miseria existencial, la de unos seres cuyas vidas parecen haber sido desechadas en la orilla por la corriente de un río limoso. 

Una miseria (o sería más correcto poner "escualidez", pues así reza el subtítulo de la novela: Una exégesis de lo escuálido) cotidiana, doméstica, sobrellevada con mucha palabrería abstrusa, bastante whisky y buenas dosis de humor. Porque eso es lo que sí rebosan -y que debe tener en común esta novela con otras de este autor- la páginas de La vida dura: mucho humor, un humor irónico, socarrón, pero amable en todo momento; humor que alcanza a casi todos los personajes del relato -tampoco son muchos-, en especial a Collopy y su amigo el jesuita padre Fahrt; también al gran "emprendedor" -y de qué manera- que resulta ser el joven Manus. Un humor que incluso cuando dirige sus dardos con más claridad hacia un objetivo (en este caso, el clero: impagable la audiencia privada con el Santo Padre) resulta empático y compasivo, como si el autor no dejara de recordar que, después de todo, bastante dura resulta ya la vida para esos pobres infelices que eran -que somos- sus semejantes. O como explica el preclaro Manus a su hermano Finbarr: 

                 "...Todos los días te encuentras con personas que van por
                 la vida completamente perdidas, para las que la existencia
                 es un enigma, les desconcierta prácticamente todo y sólo
                 están seguras de una única cosa: que se van a morir..."

Claro que, negociante compulsivo como era, se apresuraba a añadir: 

              "...No voy a ser yo quien les contradiga en este aspecto, pero
              creo que puedo sugerirles unas cuantas ideas provechosa con
              las que rellenar su paso por este mundo..."

La novela, pues, resulta divertida e incluso entrañable, pero deja una sensación de inconclusión, como si no fuera sino la primera parte de una obra mucho más extensa (quizás de el doble o incluso el triple de extensión), que nos relatara más episodios de las vidas de Finbarr y Manus... No sé si tal era la intención de O'Brien, pero, desde luego, sólo puedo pensar que ojalá lo hubiese sido...

Otros libros de Flann O'Brien reseñados en Un Libro Al Día: La boca pobreEl tercer policíaEn Nadar-Dos-Pájaros

2 comentarios:

Francisco Javier Santos Rebollo dijo...

Desde el NOCTAMBULARIO DE PACO SANTOS, felicidades por este blog tan útil a todos los amantes de la literatura.

Juan G. B. dijo...

Pues muchas gracias, amigo.Un saludo.