jueves, 19 de febrero de 2015

Joan F. Mira: Borja Papa

Idioma original: valenciano
Año de publicación: 1996
Valoración: Imprescindible

Sabido es por todo el mundo -o al menos debería ser así en España- que la célebre familia Borja (que no el italianizado Borgia) era de origen valenciano: los dos Papas que llevaron este apellido, Calixto III y Alejandro VI, eran oriundos de Xátiva y algunos de los numerosos descendientes del segundo de ellos llevaron el título de Duques de Gandía, así como en Gandía nació otro egregio miembro de la familia, su bisnieto San Francisco de Borja.

Así pues, ya aunque sobre los Borja se han publicado ya infinidad de títulos -además de servir de argumento para películas y series de televisión-, parece justo que uno de los mejores de estos libros, sin duda, lo escribiera otro valenciano, el excelente Joan Francesc Mira. Que lo hace centrándose en el personaje principal -y desde luego el más poderoso- de esta dinastía familiar; sin embargo, no hay tantos autores que hayan fijado su atención en él y, desde luego, dudo que alguno lo haya hecho con el rigor y minuciosidad de Mira: me refiero al fascinante y escurridizo Rodrigo -Roderic- de Borja, el Papa Alejandro VI.

Mira recurre para ello al género de las falsas memorías o falsa autobiografía -a la manera de las Memorias de Adriano, para entendernos-, en las que el Papa Borja nos va desgranando su historia y la de su estirpe, desde sus discretos orígenes como hijo de un hidalgo de Xátiva; su acceso al capelo cardenalicio gracias a su tío Alfonso, nombrado Papa antes que él, y, a partir de ahí, toda una carrera llena de intrigas, avatares y maniobras, hasta llegar al Sumo Pontificado. Y después, un papado no menos complicado, en medio de uno de esos momentos que hacen de bisagra de la Historia: cuando lo que llamamos Edad Media tocaba a su fin y las nuevas potencias, los grandes estados, se disputaban la hegemonía en Europa -tomando el suelo italiano como su tablero de ajedrez-, pasando ya por encima de los antiguos reinos y señoríos; cuando el mundo se les había ensanchado de golpe con los descubrimientos y exploraciones ultramarinas; cuando lo viejo parecía sucumbir ante el empuje de lo nuevo y entonces... quién podía saber si una nueva dinastía -¿por qué no la de los Borja?- no vendría a sumarse o incluso sustituir a las antiguas, las que habían dominado y exprimido Italia durante siglos...

Encontramos aquí, además, una recreación histórica espectacular -si a una novela se le puede aplicar tal adjetivo, es a ésta- de toda la pompa y el esplendor, pero también de la miseria, dela época renacentista: los cónclaves papales (impagable la escena de la "conspiración de los orinales" en uno de ellos), las liturgias, fiestas, recibimientos a visitantes ilustres; también las cacerías y las campañas bélicas. También una privilegiada visión sobre los tejemanejes y equilibrios políticos (entendamos que aquí se incluyen los eclesiásticos) y estratégicos de la época. Y, a lo largo de todo el libro, una aguda reflexión sobre los mecanismos del poder terrenal, más que espiritual -empezando por el de la Iglesia, que este apartado le debe bastante a este vilipendiado Papa-, de la ambición y el éxito, aunque también de sus servidumbres. Se puede aducir, en todo caso, que la novela pasa un tanto de perfil sobre ciertos aspectos de la "leyenda negra" de los Borja, pero... ¿cómo podía ser de otra manera, al tratarse de una supuesta autobiografía de Alejandro VI?. Dejando aparte que buena parte de esta leyenda se debió, ya en su momento, ala insidia de los enemigos de este clan de "arribistas", como eran las familias nobles romanas o los Della Rovere.

De cualquier manera, este libro es una maravilla, una novela que, por su excelencia literaria, rigor y profundidad psicológica e intelectual, merece -ya desde su aparición- estar entre los clásicos de las letras españolas. Y, desde luego, entre los de la lengua en la que fue escrito.

Nota para puntillosos: como alguno de nuestros lectores quizás haya notado, he puesto que la lengua en la que ha sido escrita esta novela es el valenciano, pero en las etiquetas, la he colocado dentro de los libros en catalán. No hay contradicción, pues me consta que para el autor ambos son el mismo idioma o variantes del mismo idioma, tanto da... Al parecer, lo mismo pensaba Rodrigo de Borja.