Mostrando entradas con la etiqueta discurso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta discurso. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de febrero de 2017

Chimamanda Ngozi Adichie: Todos deberíamos ser feministas

Idioma original: inglés
Título original: We Should All Be Feminists
Año de publicación: 2015
Traducción: Javier Calvo
Valoración: muy recomendable

Disculpadme. Cincuenta páginas que se leen en media hora también son un libro. O vamos a hablar de promedios, 300 páginas o así, y si aplicáramos proporciones la TochoWeek hubiera sido TochoMonth, con una semana por reseña y al amigo Koldo CF su aventura con Proust le hubiera reportado un mes de omnipresencia aquí.

Debo decir, además, que no suelo estar muy de acuerdo con los inventos editoriales consistentes en el aprovechamiento de obras de escritores de éxito. Por ejemplo, no comprendo el revuelo de Esto es agua de David Foster Wallace, un texto que si destaca por algo dentro de la obra del autor es por su sencillez y asequibilidad (ergo: no es representativo).

Pero debo saltarme un poco estos prejuicios con Todos deberíamos ser feministas. Primero, porque Ngozi Adichie, solamente 39 años cuando escribo esto, aún no es una escritora absolutamente consagrada. Empieza a sonar con mucha insistencia hace un par de años y la gente de Mondadori empieza a recuperar sus escritos, pero es, de momento, una autora que empieza a ser difundida. Segundo, porque el texto que nos ocupa cuenta con su beneplácito; más aún, es una adaptación de un discurso en una de esas charlas TED que tanto movilizan a la gente de ciertos ámbitos (intelectualidad alternativa, ejem). Y tercero, porque desde el título hasta las intenciones, y provocadores de polémicas varias desde los comentarios anónimos vayan preparando los trastos de matar, no pueden ser más certeros y sus intenciones más inapelablemente loables. Ngozi Adichie adopta un tono coloquial, directo, una exposición muy poco dada a lo científico o a lo intrincado, y desgrana ejemplos de sus vicisitudes como mujer y escritora en una sociedad, la de Nigeria, su país de origen, cargada de preconcepciones y tradiciones de arraigo sexista, pero también en la de Estados Unidos, su país de adopción. Detallar las amenas anécdotas que sazonan el texto sería sencillo. Todas ellas de una cotidianidad pasmosa, pero también de un calado en el lector que deja huella. Puede que se trate de un texto menor y puede que se trate de una anécdota dentro de una obra más panorámica y ambiciosa, pero merece la pena su lectura, un análisis de su mensaje, y su posterior interiorización y asimilación. Aunque sea para que nos demos cuenta de que hay mucho camino por recorrer. 

Y ahora, presentada la autora, vamos a responder por fin, la llamada desde mis estantes de pendientes que, hace un par de años, lleva haciéndome Americanah.

jueves, 4 de abril de 2013

David Foster Wallace: Esto es agua

Idioma original: inglés
Título original: This is water
Año de publicación: 2005
Valoración: está bien

Cuando un autor se pone de moda o, mejor dicho, cuando se convierte en un filón editorial, llega un punto en que se publica absolutamente todo lo que escribió, hasta los garabatos que un día hizo en un cuaderno mientras pedía una pizza por teléfono. Es el caso de Bolaño, que desde hace algunos años puebla las librerías de medio mundo; o de David Foster Wallace (dos autores, por cierto, que murieron relativamente jóvenes, lo que no hay duda de que ha contribuido a aumentar su leyenda). Personalmente me producen cierto reparo estas fiebres editoriales, que muchas veces tienen más de comerciales que de literarias, sobre todo cuando se llegan a publicar documentos privados que el autor quizás no escribiera para que los leyera todo el mundo (cartas, diarios, etc.).

Todo esto sirve para decir que, si no existieran La escoba del sistema, La broma infinita y El rey pálido, y si Foster Wallace no se hubiera suicidado en 2008, muy probablemente nunca se hubiera publicado este librito, de apenas 29 páginas no demasiado apretadas, que contiene un discurso pronunciado por el escritor en la ceremonia de graduación de los alumnos del Kenyon College de Ohio en 2005.

El discurso en cuestión, titulado Esto es agua, es un alegato en favor del pensamiento crítico y de la compasión (o a lo mejor sería mejor decir "empatía") como forma de encarar la vida y romper con el egocentrismo para el que, según Wallace, estamos programados por defecto. Este egocentrismo, que nos hace considerar nuestros problemas y necesidades más grandes e importantes que los de los demás, es invisible a nuestros ojos porque, al igual que los peces que no consiguen ver el agua, llevamos inmersos en él desde nuestro primer día de vida. Una formación humanista y crítica puede, precisamente, ayudarnos a desconfigurar esa visión en túnel y vivir una vida más plena y consciente.

Por supuesto que no hay nada que reprochar al discurso de Foster Wallace. Naturalmente: ¿quién podría oponerse a un discurso a favor de la compasión, y de la educación crítica, y de vivir una vida más consciente y más plena? Pero precisamente por eso, porque es un discurso tan buenrollista y poco provocador, no me parece que sea necesariamente mejor que decenas, centenares o miles de discursos semejantes pronunciados en ocasiones semejantes por personas menos famosas. Discursos que naturalmente nunca serán publicados (ni falta que hace).

Naturalmente, esto no es un ataque a David Foster Wallace como novelista, al que aún no he leído pero del que he oído cosas buenísimas (y también algunas cosas no tan buenas). Es más bien un comentario sobre el modo en que un escritor, cuando alcanza un cierto nivel de fama o prestigio, se transforma en una marca, de manera que decir "escrito por David Foster Wallace (o por Bolaño)" es el equivalente al logo de Apple o de Nike o de Lacoste en otro tipo de productos. 

Nota final: Quien quiera escuchar al propio escritor pronunciando este discurso, puede acceder a las varias grabaciones que se encuentran en Youtube.