sábado, 20 de abril de 2013

Semana de literatura colombiana: La hojarasca de Gabriel García Márquez

Idioma original: español
Año de publicación: 1955
Valoración: recomendable

Pues sí, queridos lectores, no podíamos dedicar una semana a la literatura colombiana y no incluir una reseña de García Márquez, uno de los autores fundamentales de este blog: por aquí ya han pasado prácticamente todas sus obras "mayores", como Cien años de soledad, Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quien le escriba, El amor en los tiempos del cólera, Del amor y otros demonios, El otoño del patriarca y El general en su laberinto, así que ya solo quedan, prácticamente, sus obras menores o tardías.

La hojarasca es, realmente, una obra menor si la comparamos con las grandes novelas de Gabo. Es, de hecho, su primera novela, que tardó tres años en conseguir publicar; es la novela en la que aparece por primera vez Macondo y en la que por primera vez se mencional al coronel Aureliano Buendía. Solo por eso, ya merece un rinconcito en la historia de las letras. Pero, también por ser la primera, se nota que García Márquez no es todavía García Márquez en su plenitud. La semilla está ahí, pero todavía no se ha desarrollado.

La novela comienza in media res, un recurso muy usado por García Márquez para atrapar al lector. En el primer capítulo nos encontramos en un velatorio: ha muerto el doctor al que, por algún motivo que tendremos que descubrir más tarde, todo el pueblo odiaba y despreciaba. Solo otro habitante del pueblo, el "coronel", que en su día lo acogió en su casa, se empeña en conseguir que el doctor sea enterrado como es debido, aun arriesgándose así a heredar el desprecio de sus vecinos. En los capítulos siguientes iremos descubriendo, a través de la voz alternada de diversos personajes (el coronel, su hija, su nieto...) cuál es la historia detrás del fallecido, cómo y por qué se ganó el odio de todos o por qué el coronel se siente obligado a darle sepultura.

La hojarasca es una buena novela, de eso no cabe duda. Maneja con eficiencia la técnica literaria (narradores y perspectivas diversas, saltos temporales, tensión narrativa...) pero, como decía, no es aún el mejor Gabo. No está, en primer lugar, pulido su estilo, uno de sus rasgos identificativos: esos adjetivos que parecen estallar en la frase o la musicalidad del ritmo de la lengua. Tampoco está aún claramente perfilado como tal el "realismo mágico", aunque asome la cabeza en algunos detalles: un muerto que se sienta en un arcón, un personaje que come hierba hervida...

García Márquez estaba, por lo tanto, aprendiendo, descubriéndose. Seis años más tarde de su primera novela, publicaría esa pequeña joya que es El coronel no tiene quien le escriba; y doce años más tarde, en 1967, su gran obra, Cien años de soledad. En comparación con cualquiera de estas dos, La hojarasca es una novela interesante, meritoria, pero en absoluto una obra maestra.

Nota final: "Bueno, pero ¿y qué es lo hojarasca?", preguntará algún lector astuto e impaciente. Pues la hojarasca es toda esa vorágine avariciosa (los desperdicios de los desperdicios) traída a Macondo por la compañía bananera, que como llega se va, dejando a Macondo asolado y desolado. Eso es la hojarasca.