martes, 16 de abril de 2013

Semana de literatura colombiana: Delirio de Laura Restrepo

Idioma original: español
Año de publicación: 2004
Valoración: Muy recomendable

Hace poco, en un coloquio sobre literatura latinoamericana en Lisboa se discutía si la violencia es, o no, uno de los rasgos típicos de esta literatura; y si, en caso de que lo sea, esto es positivo o negativo, por la imagen (que confirma estereotipos bienpensantes) que transmite del continente. Personalmente no me atrevo a dar una respuesta global a esta pregunta; pero me he acordado del debate leyendo Delirio, que es, desde luego, una novela marcada por la violencia. Una violencia que va de lo privado (la violencia doméstica) a lo colectivo (el terrorismo de los narcos), que atraviesa todas las capas sociales y que carcome y destruye cuanto toca.

Delirio es en cierto modo una novela de misterio: cuando vuelve de pasar un fin de semana con sus hijos, el profesor Aguilar encuentra a su mujer, Agustina, presa de una locura inexplicable en una habitación de hotel. ¿Qué ha podido pasar en esos cuatro días para llevarla a ese estado? Ese es el misterio que Aguilar, movido por el amor, intentará descubrir, adentrándose para ello en los secretos y las mentiras de la familia de Agustina, una familia marcada por una locura hereditaria y por una obsesión enfermiza por las apariencias sociales.

Porque esta novela es, además de una novela de misterio con un toque romántico y otro fantástico, una crítica de la clase alta colombiana: no es casual que el único personaje "bueno" (así lo ha declarado explícitamente la autora) sea Aguilar, un prototipo de la clase media, profesor de literatura varios años mayor que su mujer. El resto de personajes, de la clase alta más pija y snob de Bogotá, son caracterizados como seres hipócritas, parásitos capaces de enriquecerse con el narcotráfico pero sin mancharse las manos de sangre.

Delirio consigue mantener una tensión narrativa hasta el final, aunque (perdón por el spoiler) al final el trauma que provoca la locura de Agustina no sea para tanto. Con sus varias tramas y líneas temporales (la historia de Agustina, la de sus abuelos, la de Midas McAllister), recuerda a algunas novelas experimentales del boom, aunque suavizadas y simplificadas para llegar a un mayor número de lectores. Así, se construye una novela capaz de satisfacer paladares exigentes, pero también a quienes busquen una historia de buenos y malos, en la que el amor, al final...

Nota curiosa: No es sorprendente que esta novela le gustara a Saramago, presidente del jurado que le concedió el Premio Alfaguara, teniendo en cuenta no solo que esta es una novela muy "saramaguesca" (por el estilo, el formato de los diálogos integrados en la narración, el empleo limitado de recursos de realismo mágico), sino también porque en la novela se menciona el Memorial del convento de Saramago como referente explícito...