sábado, 27 de abril de 2013

Miguel Ángel Hernández: Intento de escapada

Idioma original: español 
Año de publicación: 2013
Valoración: muy recomendable


Hacer fácil lo difícil: ahí juegan los buenos.

Me acerqué a esta novela sabiendo muy poco de Miguel Ángel Hernández, pero intrigado por la temática que resumía la sinopsis y animado por el hecho de que su publicación la avalaba el jurado del Premio Herralde de novela -uno de los más interesantes, por norma general, del panorama patrio. O el único-, que, si bien falló a favor de Juan Francisco Ferré (Karnaval) y Sara Mesa (Cuatro por cuatro) como ganador y finalista, respectivamente, recomendó en el acta su publicación. Fue después de leerla cuando un amigo de máxima confianza y poco dado a los halagos me comentó que Miguel Ángel es, posiblemente, el mejor crítico de arte de nuestro país y sin duda una de las mentes más brillantes que había conocido. Tomé nota, sobre todo de cara a su futuro como narrador. No exagero si digo que ese mismo amigo y yo, días después, estuvimos veinte minutos al teléfono hablando exclusivamente de esta novela.

Intento de escapada cuenta la peripecia vital de un joven estudiante de Bellas Artes, Marcos, que por azar conoce y se pone a las órdenes de un transgresor artista perfomativo, un genio contemporáneo, llamado Jacobo Montes: oscuro, controvertido, salvaje en sus planteamientos, con la capacidad de atracción de un agujero negro; Marcos, que no es el tío más popular del mundo y tampoco un especialista, digamos, en las relaciones sociales (retraído, muy autocrítico, inexperto en amores), trabajará junto a él en la preparación de su último proyecto artístico y se verá atrapado en una serie de circunstancias progresivamente siniestras de las que no quiere, primero, y no sabe, segundo, cómo salir. Bastante negro todo, ya lo aviso.

Contada así la novela parece un thriller, y tampoco es una tesis descabellada: Hernández sabe guiar al lector, intrigarlo, esconderle detalles que luego se revelarán fundamentales, zarandearlo cuando menos se lo espera. En la superficie, Intento de escapada engancha desde la primera página y uno la devora porque no puede mirar el libro sin preguntarse qué pasará a continuación; de modo que sí, en ese sentido funciona como un thriller, engancha, golpea al final. Luego está lo otro.

Y lo otro es el punto fuerte del texto. Hernández utiliza la ficción para exponer, primero, una serie de ideas más que interesantes sobre el arte contemporáneo, y lo que es mejor, lo hace de manera que un lector alejado de ese ámbito lo entienda de manera cristalina, sin escudarse en el vocabulario para-jurídico que solemos encontrar en los textos de exposiciones, galerías y presentaciones: aquí el lenguaje no aplasta sino que acompaña, imprime seguridad al que lee, poda la parafernalia. En segundo lugar, Hernández aprovecha estas tesis sobre el arte para cuestionar planteamientos sociales de primer orden en nada vinculados con la creación, a priori: la universidad, las relaciones de poder, las admiraciones e idolatrías hacia personas que se distinguen por determinadas razones, la visión de los estratos sociales más débiles desde aquellos otros más fuertes, el sentimiento de pertenencia y las prisiones que conlleva, la cobardía y el valor de tomar decisiones. Todos ellos aplicables, sí, al arte, pero también a otros muchos ámbitos propios de la sociedad civil.

La novela, por último, tendría algunos peros, que señalo desde un criterio personal. Quizá el personaje de Helena, profesora de Marcos, parece poco atado en una o dos escenas; la prosa, por lo general impecable, deja asomar cabos sueltos en algunos párrafos; pasado el espléndido primer capítulo, la novela tarda un poco en arrancar. Efectivamente: cosas pequeñas. Lo cojonudo de todo esto es que, en un epílogo metaliterario perfectamente asociado a la narración, Hernández da cuenta de todas estas carencias y las desnuda, realizando un ejercicio de autocrítica nada solemne pero afinadísimo, ante el que no pude más que quitarme el sombrero. Lo que vino después, justo al final, cuando ya creía que todo estaba dicho, me quitó las ganas de dormir. Cuidado.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Buena reseña, espero que el libro esté a la altura!

Dan ganas de comprarlo esta misma tarde y pasar el domingo encerrado con él.

Gracias.

Llili dijo...

La verdad que sí...

Ana Blasfuemia dijo...

Tomo nota y agradezco tu reseña (hubiera pasado de largo con este libro). Un saludo

Eduardo Laporte dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Eduardo Laporte dijo...

En qué sentido te quitó las ganas de dormir?

Buena reseña, un saludo

iván dijo...

Porque da un giro en todo lo que creías saber acerca del protagonista. Muchas gracias por pasarte.

Eduardo Laporte dijo...

Cierto...

I would prefer not to...


...but yes.

Anónimo dijo...

Anoché terminé con su lectura. Lo compré por su reseña, y lo cierto es que ha sido una buena adquisición. Sin duda es una buena novela, pero me da la sensación que va perdiendo fuerza conforme se va acercando el final, y posiblemente podría sacarle más juego a Jacobo Montes. No obstante es una novela sobresaliente para un debutante. Mi felicitación por la reseña y al autor por su escritura.

Anónimo dijo...

Anoche lo terminé, y a pesar de no ser una literatura digamos "fina", no puedo negar que me ha encantado. La trama me ha quitado horas de sueño, y hay reflexiones muy buenas. En cuanto al estilo, pues bueno, también es de agradecer que no todo el mundo sea un Muñoz Molina. En este caso el estilo es lo de menos.