martes, 10 de julio de 2012
Gabriel García Márquez: Del amor y otros demonios
Fecha de publicación: 1994
Valoración: recomendable
Decía Santi hace algunos meses que hemos ido reseñando ya todas las "obras mayores" de García Márquez, y es verdad. Lo bueno es que cuando uno ya ha leído Cien años de soledad, Crónica de una muerte anunciada o El otoño del patriarca [¡ahí la llevas!], todavía quedan relatos y algunas novelas "menores" por descubrir. Creo que el placer que uno encuentra en estas páginas, siendo ya lector curtido de García Márquez, es bien distinto. Al leer Del amor y otros demonios puedo decir que nada en los personajes o en el curso de la trama me ha llegado a sorprender; sin embargo, he sentido como si estuviera escuchando una música muy conocida, que me trajera buenos recuerdos. Estoy convencido de que leer mucho García Márquez seguido puede ser bastante cansino, pero también sé que el placer que se extrae de revisitar su obra cada cierto tiempo, y reconocer sus giros, sus escenarios, sus personajes, es difícil de igualar.
La historia transcurre en la Cartagena tardo-colonial y tiene como protagonista a Sierva María de Todos los Ángeles, la hija del marqués de Casalduero y Dueñas. A la niña, educada por los criados negros en los patios de su decadente palacio, la muerde un perro rabioso un día de mercado. Cuando al cabo del tiempo, milagrosamente, sigue sin mostrar signo alguno de la enfermedad, comienza a creerse que está endemoniada, lo que precipita su reclusión en un convento. Tengo que confesar que metiendo en la batidora demonios y monjas conmigo la historia ya tiene mucho ganado... Pero no tarda en aparecer también el amor, un amor tan atormentado como todos los demás de García Márquez, y más inquietante que ellos.
Aparte de esos reconocibles tormentos del amor, aparece aquí un elemento narrativo (no sé muy bien cómo llamarlo) que es también muy propio del universo de García Márquez. Se trata del estrecho vínculo entre las grandes casas que describe y la voluntad de sus moradores. En muchas de sus novelas, los personajes viven en casas que se caen a pedazos, signo externo de la dejadez existencial en que susbisten. En algún momento, de pronto, sucede algo y la voluntad se les manifiesta precisamete a través de un ordenamiento y una renovación de la casa, que sufre un inesperado y tardío renacer. No por repetido es un truco menos eficaz para expresar giros radicales en los personajes.
Por último, quizá lo mejor del libro y de todos los del autor sean esos pequeños hallazgos que nos va dejando en cada página. Como muestra un pequeño desplazamiento en la adjetivación: "...acuclillada y con un palo listo para defenderse de animales abusivos y hombres ponzoñosos." Tan sólo intercambiando los adjetivos que corresponderían "lógicamente" a cada sustantivo se logra un efecto sorprendente que evoca significados más ricos en la mente del lector.
Todas las obras de Gabriel García Márquez reseñadas en ULAD: Aquí
sábado, 20 de abril de 2013
Semana de literatura colombiana: La hojarasca de Gabriel García Márquez
Idioma original: españolAño de publicación: 1955
Valoración: recomendable
Pues sí, queridos lectores, no podíamos dedicar una semana a la literatura colombiana y no incluir una reseña de García Márquez, uno de los autores fundamentales de este blog: por aquí ya han pasado prácticamente todas sus obras "mayores", como Cien años de soledad, Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quien le escriba, El amor en los tiempos del cólera, Del amor y otros demonios, El otoño del patriarca y El general en su laberinto, así que ya solo quedan, prácticamente, sus obras menores o tardías.
La hojarasca es, realmente, una obra menor si la comparamos con las grandes novelas de Gabo. Es, de hecho, su primera novela, que tardó tres años en conseguir publicar; es la novela en la que aparece por primera vez Macondo y en la que por primera vez se mencional al coronel Aureliano Buendía. Solo por eso, ya merece un rinconcito en la historia de las letras. Pero, también por ser la primera, se nota que García Márquez no es todavía García Márquez en su plenitud. La semilla está ahí, pero todavía no se ha desarrollado.
La novela comienza in media res, un recurso muy usado por García Márquez para atrapar al lector. En el primer capítulo nos encontramos en un velatorio: ha muerto el doctor al que, por algún motivo que tendremos que descubrir más tarde, todo el pueblo odiaba y despreciaba. Solo otro habitante del pueblo, el "coronel", que en su día lo acogió en su casa, se empeña en conseguir que el doctor sea enterrado como es debido, aun arriesgándose así a heredar el desprecio de sus vecinos. En los capítulos siguientes iremos descubriendo, a través de la voz alternada de diversos personajes (el coronel, su hija, su nieto...) cuál es la historia detrás del fallecido, cómo y por qué se ganó el odio de todos o por qué el coronel se siente obligado a darle sepultura.
La hojarasca es una buena novela, de eso no cabe duda. Maneja con eficiencia la técnica literaria (narradores y perspectivas diversas, saltos temporales, tensión narrativa...) pero, como decía, no es aún el mejor Gabo. No está, en primer lugar, pulido su estilo, uno de sus rasgos identificativos: esos adjetivos que parecen estallar en la frase o la musicalidad del ritmo de la lengua. Tampoco está aún claramente perfilado como tal el "realismo mágico", aunque asome la cabeza en algunos detalles: un muerto que se sienta en un arcón, un personaje que come hierba hervida...
García Márquez estaba, por lo tanto, aprendiendo, descubriéndose. Seis años más tarde de su primera novela, publicaría esa pequeña joya que es El coronel no tiene quien le escriba; y doce años más tarde, en 1967, su gran obra, Cien años de soledad. En comparación con cualquiera de estas dos, La hojarasca es una novela interesante, meritoria, pero en absoluto una obra maestra.
Nota final: "Bueno, pero ¿y qué es lo hojarasca?", preguntará algún lector astuto e impaciente. Pues la hojarasca es toda esa vorágine avariciosa (los desperdicios de los desperdicios) traída a Macondo por la compañía bananera, que como llega se va, dejando a Macondo asolado y desolado. Eso es la hojarasca.
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domingo, 4 de mayo de 2014
Gabriel García Márquez: Memoria de mis putas tristes
“Qué te pasó con la niña? Nada, dije sin pensarlo. ¿Te parece nada que ni siquiera la despertaste?, dijo Rosa Cabarcas. Una mujer no perdona jamás que un hombre le desprecie el estreno”
También de García Márquez: Del amor y otros demonios, El amor en los tiempos del cólera, Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quien le escriba, El otoño del patriarca, El general en su laberinto, Cien años de soledad, La hojarasca
Sobre García Márquez: El día del libro: El día de García Márquez
viernes, 24 de febrero de 2012
Gabriel García Márquez: El general en su laberinto
Idioma original: español
Año de publicación: 1989
Valoración: Recomendable
Esta es ya la sexta reseña que hacemos en este blog de una novela de Gabo: han pasado ya por aquí algunas de sus obras maestras, como Cien años de soledad o Crónica de una muerte anunciada; obras preciosas como El coronel no tiene quien le escriba o El amor en los tiempos del cólera, y ese truño infumable que es El otoño del patriarca. Vamos, que nos hemos ventilado ya las obras "mayores" de García Márquez...
El general en su laberinto es una novela histórica en el sentido más riguroso del término: narra los últimos meses de vida del "Libertador" Simón Bolívar (ese es el "general" del título), en su viaje terrestre y fluvial desde Bogotá hasta la costa venezolana, con intención de embarcarse luego para Europa en un viaje trasatlántico que nunca llegó a realizar. El que se nos presenta no es ya el Bolívar conquistador y heroico que aparece (veladamente, eso sí), en Las lanzas coloradas de Uslar Pietri, sino un hombre anciano derrotado políticamente, traicionado por su propio cuerpo, asediado por las conjuraciones, la enfermedad y la muerte.
Gran parte de lo que se cuenta en la novela es histórico: el viaje de Bolívar, las divisiones entre facciones en la recién independizada Gran Colombia; sus enfrentamientos políticos y personales, o incluso su proverbial gusto por las mujeres hermosas. (De hecho, a veces hay hasta demasiada historia: da la impresión de que, en mucho menor medida que Vargas Llosa en El sueño del celta, eso sí, Gabo a veces tampoco ha podido de reprimir la tentación de incluir en la novela un dato histórico, simplemente para demostrar que lo conoce.) Pero a partir de toda esa documentación histórica, consigue construir una visión íntima del personaje, como si lo hubiera conocido o lo hubiera creado.
El general en su laberinto es una novela peculiar, para ser de García Márquez, me refiero: en ella no hay realismo mágico; no hay (tantos) alambicamientos narrativos como en Cien años de soledad, ni la perfección técnica de Crónica... Incluso el estilo parece más llano, menos elaborado, con menos adjetivaciones y menos efectismo que en otras obras de Gabo. Probablemente no está ni siquiera entre sus obras maestras. Pero aun así, García Márquez siempre deja frases magistrales, hallazgos verbales o episodios memorables. Bueno, menos en El otoño del patriarca.
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sábado, 20 de junio de 2009
Gabriel García Márquez: El otoño del patriarca
Fecha de publicación: 1975
Valoración: Muy recomendable
Ésta es una de mis eternas polémicas con Santi (que tampoco son tantas, no os imaginéis), pero juro que no traigo aquí esta novela por fastidiar: él no la traga, de acuerdo, pero a mí me encanta, qué se le va a hacer. Precisamente eso es algo que uno aprende al embarcarse en un compromiso como este: a relativizar sus propios juicios y los de los demás. Está claro que en las críticas literarias hay una buena parte (no digo todo) que se debe a razones difícilmente explicables o, incluso, poco comunicables. Intentémoslo, al menos.
El otoño del patriarca narra la historia de un tirano imaginario, por lo que se encuadra en ese subgénero tan latinoamericano que se llama novela de dictadores (y del que espero hablaros pronto algo más extensamente). Se especula con los tiranos reales que pudieron inspirar a Márquez (Rojas Pinilla, de Colombia, o Franco, de España), pero a poco que se lea queda bien claro que esa cuestión es secundaria en la novela. Lo que Márquez pretende es construir un tipo ideal que encarne el poder absoluto, y para ello no duda en introducir todos los elementos fantásticos que le parece.
Así, por ejemplo, el mismo tiempo narrativo se desdibuja bastante, contribuyendo a una atmósfera de irrealidad. La perspectiva se centra siempre en el propio dictador que, prácticamente solo ya en el palacio presidencial, recuerda su mandato. Si bien se puede situar aproximadamente el momento en que se narra como contemporáneo de la publicación del libro, al lector le resulta imposible calcular cuánto tiempo transcurre entre los acontecimientos que dan comienzo y final a la novela: la simulación de la muerte del dictador y su muerte verdadera. Además, los continuos flash-backs contribuyen a la confusión. Muchas veces, no respetan ningún criterio de verosimilitud, como cuando se dice que el dictador tiene una edad indefinida entre los 107 y los 232 años. Se trata de transmitir la idea de que el poder ha estado desde siempre en las mismas manos. Hasta el punto de que se narra cómo algunos indios le comunican el avistamiento de las carabelas de Colón.
La figura del dictador se mitifica, dándole un poder absoluto sobre las gentes y los elementos. Se dice que las vacas de sus rebaños nacen ya marcadas por el hierro presidencial; en un momento el dictador pregunta la hora y le responden "La que Vd. ordene, Su Excelencia"; en otra ocasión se asegura que ha vendido el mar a los gringos. Esta omnipotencia, expresada mediante el uso magistral de la hipérbole, se muestra sin embargo asentada sobre la mentira. En varios pasajes se muestra al propio tirano envuelto en la confusión, sin saber qué corresponde a la verdad y qué a las falsedades urdidas por su propio régimen. Un caso flagrante es el de la canonización por decreto de su madre, Bendición Alvarado, tras una serie de milagros post mortem amañados por los secuaces del dictador para agradarle. Él mismo acaba creyendo la mentira, y sólo el instructor de la causa se atreve a desilusionar su fervor filial.
En momentos como ese, Márquez logra incluso llevar al lector a empatizar con un tirano del que se narran las mayores barbaridades (como servir asado y en bandeja de plata al jefe de su guardia). Ese poder infinito que todos le atribuyen, y que él mismo ha construido sobre la mentira, le aleja del afecto de todos, incluido el suyo propio. Sus súbditos lo aceptan como una fatalidad natural, casi ya sin temor. García Márquez ha cifrado de forma inmejorable la esencia de un poder desnaturalizado cuando dice del tirano que "llegó sin asombro a la ignominia de mandar sin poder, de ser exaltado sin gloria y de ser obedecido sin autoridad".
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martes, 5 de mayo de 2009
Gabriel García Márquez: El amor en los tiempos del cólera
Año de publicación: 1985
Valoración: imprescindible
"Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados." No sé cómo lo consigue García Márquez, pero lo cierto es que todas sus novelas comienzan con una frase memorable, que te sumerge de inmediato en ese ritmo inconfundible de su obra y funciona como un cebo perfecto, anticipatorio. Porque, en efecto, esta novela cuenta la historia de un largo amor contrariado: el de Fermina Daza y Florentino Ariza.
En los comienzos de su amor, Florentino Ariza es un muchacho escuálido y retraído, y Fermina Daza, una colegiala de andares altivos. Él recita de corrido toda la poesía de los románticos españoles y come rosas de puro enamorado; ella escucha por las noches sus serenatas de violín y roba tiempo a sus tareas para buscar hojas que enviarle, secas, en sus cartas de amor. La irrupción del padre de Fermina acaba con este tiempo de alucinación feliz y abre un abismo entre ellos que durará casi toda la vida.
García Márquez logra una difícil proeza en este libro: pese a usar todos los tópicos del amor romántico de folletín, la historia no parece en ningún momento cursi ni afectada. De hecho, puedo decir que es la historia de amor más bonita y mejor narrada que he leído nunca.
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lunes, 7 de marzo de 2011
Gabriel García Márquez: El coronel no tiene quien le escriba
Año de publicación: 1961
Valoración: Imprescindible
[[[Mucho he tardado (casi dos años) en reseñar esta novelita, que sin embargo está entre las imprescindibles de mi biblioteca personal, y que pertenece a ese género de la novela corta que tanto me gusta (como se pudo ver en mi reseña de Las batallas en el desierto, de Emilio Pacheco, no hace mucho). Pero al final, esta es la crónica de una reseña anunciada (perdón por el chiste fácil)]]]
Gabriel García Márquez nos ha regalado varias obras maestras a lo largo de su carrera. La mayor de todas, seguramente, sea Cien años de soledad, en que concentró todo su talento imaginativo y estilístico (sus dos grandes virtudes), y los transformó en una obra magna, compleja, cautivadora; Crónica de una muerte anunciada (que por cierto, también está todavía sin reseñar, ejem) es un prodigio de técnica narrativa, funciona como un reloj perfecto e implacable; otras, como El general en su laberinto o El amor en los tiempos del cólera contribuyen a dar amplitud y profundidad a su narrativa. El Otoño del Patriarca (que a mí no me gustó nada, y que nunca he conseguido terminar) fue su incursión en la novela de dictador y en la novela experimental, simultáneamente. Y a esto habría que sumar otras tantas novelas y volúmenes de relatos, macondianos o no, como La hojarasca, La mala hora o Doce cuentos peregrinos.
Y en toda esta obra amplísima y genial, ¿qué lugar ocupa El coronel no tiene quien le escriba? Pues un lugar pequeño, pero especial. Es una de las obras pertenecientes al ciclo de Macondo, e incluso Aureliano Buendía se deja caer (como referencia casi mítica) por la novela; sin embargo, es una novela mucho más realista que otras del mismo ciclo, y hasta da la impresión de estar escrita con un estilo más sencillo y menos florido (menos adjetivado y metafórico, vamos) que otras obras de Gabo. Pero es sin duda una novela emotiva, igualmente poética, contenida pero contundente.
Con referencias más o menos evidentes a la historia colombiana (la Guerra de los Mil Días o el periodo conocido como La Violencia), la novela cuenta la historia del coronel, anciano veterano de guerra en espera de una pensión que nunca llega, y su mujer asmática, que viven de lo que pueden conseguir empeñando y vendiendo sus últimas posesiones. Su vida gira en torno a un gallo de pelea, que fue propiedad de su hijo muerto, y en el que tienen depositadas todas sus esperanzas de supervivencia. Pero nada llega: ni la pelea, ni el dinero, ni la carta oficial que el coronel espera viernes tras viernes, en que le anuncien por fin la concesión de la pensión que le prometieron.
El coronel es una obra triste, sin duda, pero con una tristeza nada melodramática. Sus personajes principales, acosados por el hambre, la enfermedad, la vejez, la pobreza y las deudas, nunca pierden la dignidad, libertad ni los ideales. Y Gabo demuestra una vez más, ahora en las distancias cortas, su capacidad para combinar lo sentimental con lo social, lo político con lo individual, el estilo con la fantasía.
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jueves, 20 de junio de 2019
Gabriel García Márquez: La mala hora
Otras obras de Gabriel García Márquez en ULAD: aquí
miércoles, 27 de mayo de 2020
Gabriel García Márquez: Ojos de perro azul
Idioma original: españolAño de publicación: Dispersos: 1947-
1955, en forma de libro: 1974.
Valoración: Muy recomendable
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Gabriel García Márquez: Crónica de una muerte anunciada

sábado, 11 de abril de 2009
Gabriel García Márquez: Cien años de soledad

Valoración: Imprescindible.
Dice García Márquez que en un momento de su carrera sintió la necesidad de escribir una novela "en la que sucediera todo" y tuvo la certeza de que en ella debía estar toda su memoria de Aracataca (su ciudad natal); "la fantasía, las supersticiones, las angustias.."
La estirpe de los Buendía, a lo largo de siete generaciones, es el eje sobre el que giran muchísimas historias en las que se entremezclan amor, pasión, guerra, traiciones... con una profunda e inevitable soledad a la que parecen estar condenados los personajes.
Partiendo de muchos mitos y leyendas que el autor conoció desde niño, nos presenta una historia circular, casi bíblica (con su génesis, su éxodo, su apocalípsis final); un mundo completo en el que está muy presente esa sutil línea divisoria entre ficción y realidad que nos desvela el "realismo mágico".
Un libro mítico, valorado por el IV Congreso Internacional de la Lengua Española como la segunda obra más importante en lengua castellana, por detrás de El Quijote.
Una obra compleja en su estructura pero en la que no cuesta nada sumergirse y disfrutar, porque está llena de magia, belleza y aventuras; porque desde América, se lee con la ternura de quien se reconoce en lo que lee... y en el resto del mundo, con la sorpresa y fascinación de quien descubre los colores de una nueva realidad.
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viernes, 11 de octubre de 2019
Gabriel García Márquez: Relato de un naúfrago
Idioma original: españolAño de publicación: 1970
Valoración: muy recomendable
Pero Colombia era una dictadura entonces con un férreo control de medios de comunicación y opinión pública. Y si todo es política, hasta el acto más nimio, qué puede ser un episodio de heroicidad en manos de un escritor haciendo de periodista. A García Márquez le fue imposible atajar la repercusión de este escrito, que traspasó la barrera del relato de aventuras para convertirse en sus lecturas directas, y en las indirectas más aún, en un alegato que las autoridades se aprestaron en silenciar (otra vez conviene leer el texto subtítulo de la portada, apenas cuarenta palabras que representan no solo la mejor sinopsis producto del mismo autor, sino la precisa descripción de lo sucedido sin un ápice de añadido, pero así son las cosas, la realidad desnuda duele).
La narración carga también en lo psicológico, como si resonancias de Melville y Kafka se asomaran a la balsa, como si el mar y las especies que la habitan fueran criaturas de Lovecraft. Velasco en el agua diez días preso de esperanza y liberado por alucinaciones, las aletas de los tiburones, la evocación de los compañeros fallecidos, el leve tono de fantasía aportado por el convencimiento de que esa aventura representará el fin de su recorrido vital, la recepción cuando es rescatado en un pequeño pueblo costero alejado de las cuitas de la centralidad política de las naciones. Como simple relato, ya sería una crónica muy notable, sencilla y sincera. Si empezamos a añadirle capas, podríamos llenar párrafos y párrafos. Literatura peligrosa.
domingo, 11 de junio de 2017
Álvaro Cepeda Samudio: La casa grande

Año de publicación: 1961
Valoración: Muy recomendable
miércoles, 1 de julio de 2009
Novela de dictadores (y II)
Renovación
Asegura Carlos Fuentes que, a mediados de los años sesenta, él mismo y Gabriel García Márquez acordaron un vasto proyecto editorial llamado a convertirse en la obra de toda su generación: cada uno de los autores del boom debía hacerse cargo de la biografía de alguno de los muchos tiranos de la América latina. Carlos Fuentes planeaba por entonces recoger en una novela la historia de Santa Anna (dictador mexicano) y parece que Julio Cortázar se comprometió a escribir un libro sobre Evita Perón. Lamentablemente, estas dos obras quedaron en nada, pero el proyecto, titulado con ironía "Padres de la patria", se cumplió al menos en parte. En apenas dos años, se publicaron tres excelentes novelas que renovaron el género: El recurso del método (1974), de Alejo Carpentier, Yo el Supremo (1975), de Augusto Roa Bastos, y El otoño del patriarca (1975), de Gabriel García Márquez.
Hay dos grandes cambios que aporta el boom a la novela de dictadores. En primer lugar, la perspectiva se centra en el dictador mismo, haciendo que el lector vea el mundo a través de sus ojos. Se retrata, mucho más claramente que antes, la soledad del poder, hasta el punto de que puede llegar a sentirse lástima por esos personajes ridículos, aislados en su propia red de manipulación y falsedad. En segundo lugar, el lenguaje recibe un nuevo tratamiento. Si bien muchas de estas técnicas ya aparecen en El señor Presidente, aquí se consagran el monólogo interior, el flujo de conciencia, la fragmentación narrativa o la pluralidad de puntos de vista. Los autores del boom renuncian a la omnipotencia del narrador moderno, conscientes de que una auténtica crítica de los mecanismos del dominio absoluto debe implicar también el cuestionamiento del poder sobre el lenguaje.
Carpentier ya se había acercado al tema antes de El recurso del método; por ejemplo, al describir en El reino de este mundo (1949) la gloria y la caída de Christophe, el rey negro de Haití. En esta ocasión, en cambio, opta por no hablar de ningún personaje histórico en concreto. Se propone retratar la figura (nada anómala en la historia americana) del tirano con pretensiones ilustradas que gusta de pasar su tiempo en París, alejado del país bárbaro que se ve llamado a gobernar. Tales pretensiones de humanismo racionalista no se corresponden, por supuesto, con la efectiva política del dictador y se revelan como una mera ideología del dominio a la que se recurre a voluntad. Esa es la idea que refleja el juego de palabras del título, que hace un guiño al Discurso del método de Descartes. Roa Bastos, en cambio, sí circunscribe su novela a unas coordenadas históricas bien concretas: narra la vida de José Gaspar Rodríguez de Francia, que fue Supremo Dictador Perpetuo de la República del Paraguay de 1816 a 1840. En cuanto a El otoño del patriarca, podéis ver aquí la entrada que le dedicamos en este blog.
El post-boom
Después de este momento cumbre a mediados de los setenta, el género parece languidecer. En los ochenta podemos encontrar Cola de lagartija (1983), de Luisa Valenzuela, y La novela de Perón (1985), de Tomás Eloy Martínez, ambas sobre el régimen peronista. Éste último vuelve a tratar el tema en Santa Evita (1995), que trata de las siniestras vicisitudes del cadáver de Eva Perón; algo parecido quizá, a decir de Carlos Fuentes, de lo que hubiera escrito Cortázar. El último gran ejemplo de la novela de dictadores, por ahora, es La fiesta del Chivo (2000), de Mario Vargas Llosa, que se ocupa de la tiranía de Trujillo y ya comentamos aquí.
Es imposible saber si este género, que ha dado tan grandes frutos a la literatura hispanoamericana, seguirá cultivándose en el futuro. Lo único que cabe esperar es que esos hipotéticos ejemplos puedan colocarse en los estantes de la novela histórica.
(Aquí podéis leer el artículo de la wikipedia en inglés, que me ha sido de gran utilidad para escribir este par de entradas.)
domingo, 1 de marzo de 2026
ULAD al desnudo
Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos.
Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.
Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo.
Se trata de un sencillo ejercicio que nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.
Os pedimos:
Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.
Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)
Más un placer culpable.
Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).
Alain:
Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.
Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista.
Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.
Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.
Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.
José Miguel:
En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:
- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).
- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).
- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).
- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).
- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).
- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).
Félix:
Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía
* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos
* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor
* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante
* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta
* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura
Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace
Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)
Juan G.B.:
-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).
-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.
-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.
Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.
Mi placer culpable: Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.
Francesc:
-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19
-David Foster Wallace (ídem) 18
-Michel Houellebecq (otro ídem) 11
-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10
Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así
Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.
Koldo:
Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:
- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).
-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.
-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.
-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...
Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)
Mi placer culpable: Los libros de viajes polares.
Carlos
Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:
- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán
- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan
- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo
Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.
¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.
- Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
- Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
- Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
- Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
- Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
- Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
- Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
- Stephen King (25 títulos).
- Patricia Highsmith (22 títulos).
- Clive Barker (15 títulos).
- Alberto Moravia (13 títulos).
- H. P. Lovecraft (12 títulos).
- (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
- Ramiro Pinilla
- Julio Cortázar
- Andrea Camilleri
- Stephen King
- Agatha Christie
viernes, 9 de octubre de 2015
Colaboración: La Oculta de Héctor Abad Faciolince
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable
Héctor Abad es colombiano, como García Márquez. Fue periodista antes que escritor, como García Márquez, y en su última novela, La Oculta, escribe la historia de una familia y una casa, imbricadas en un cambio de época en donde sigue persistiendo lo viejo en la mentalidad de las gentes.
Descripción de un mundo tropical, de un mundo de contrastes, de un mundo de sonoros topónimos de civilizaciones desaparecidas (Jericó, Antioquía), de un mundo que se acaba, La Oculta enlaza con el Chéjov de El jardín de los cerezos, con el Lampedusa de El gatopardo, con el Bassani de El jardín de los Finzi-Contini y con el propio Márquez en Cien años de soledad.
La Oculta es también la historia de una colonia, y parte de la historia de Colombia, recreada a través del mito del éxodo, del paraíso perdido y del jardín del Edén. No en vano los padres se llaman Joaquín y Ana, como una versión previa de la Sagrada Familia.
La Oculta comienza precisamente con la muerte de Ana, la madre, y las reacciones que provoca en sus tres hijos, Eva, Pilar y Antonio. A partir de ahí, cada uno de ellos narra su historia en relación con la finca familiar. Tres personajes, tres voces. Pilar, la sensatez, la continuidad, la cordura, la tradición, que ejerce, como su propio nombre indica, de sostén de la casa. Eva, la fuerza, la pasión, la experimentación y la insatisfacción continua. Antonio, el cronista, el escribano de la genealogía familiar, la visión desde la marginalidad que le da su condición de homosexual, la visión desde fuera, desde Estados Unidos, en donde el cordón umbilical se resiste a ser cortado.
Los tres experimentan la contradicción de amar y odiar a una tierra donde vivieron los momentos más felices de sus vidas pero también la violencia y el dolor. Tres voces que van del pasado al presente, que tejen recuerdos, complicidades de hermanos, pero también disputas por sus formas distintas de entender la vida. El imperativo telúrico del poeta vasco Gabriel Aresti de "Defenderé la casa de mi padre" es asimilado al comienzo por los tres hermanos, aunque al final tienen que escoger entre seguir los deseos de sus padres o soltar amarras.
La Oculta es la finca familiar arrancada a la selva, amenazada al principio por la naturaleza, después por la guerra y la violencia y al final por la codicia y la especulación, amenazada al comienzo por las fuerzas primitivas que provienen del exterior, a continuación por los impulsos más oscuros del corazón humano y finalmente por las pasiones más vulgares que la convierten en una casa sin fantasmas donde solo quedan las leyendas de los ahogados en el lago.
Con un castellano sinestésico que se oye, que se ve, que se huele, que se palpa y que se gusta, lleno de nombres de flores y de plantas, de comidas y de objetos dispares, Héctor Abad construye una novela bella, telúrica, mágica.
Una novela absolutamente recomendable de un autor que buceó en sus fantasmas familiares en El olvido que seremos y que nos presenta de nuevo un libro fascinante.
sábado, 7 de noviembre de 2009
250 entradas - 250 años (y II)
Con 2 votos:
- Crimen y Castigo, de Dostoievski
- Esperando a Godot, de Samuel Beckett
- Fundación, de Isaac Asimov
- La peste, Albert Camus
- Las flores del mal, Baudelaire
- Maus, de Art Spiegelman
- Pedro Páramo, de Juan Rulfo
- Ulises, de James Joyce
Con 3 votos:
- Cuentos de Edgar Allan Poe
- Ficciones, de Jorge Luis Borges
- La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca
- La metamorfosis, de Franz Kafka
- Madame Bovary, de Gustave Flaubert
Enhorabuena a los premiados, y como siempre, se abren los comentarios para aplaudir, completar o criticar nuestro particular "canon".
martes, 21 de mayo de 2013
Ramón del Valle Inclán: Tirano Banderas
Idioma original:
españolAño de publicación: 1926
Valoración: Imprescindible
También de Valle-Inclán: Sonata de primavera, Luces de Bohemia, Divinas palabras, La guerra carlista, Jardín peregrino








