jueves, 11 de enero de 2018

Colson Whitehead: El coloso de Nueva York


Idioma original: inglés
Título original: The Colossus of New York
Año de publicación: 2003
Traducción: Cruz Fernández Ruiz
Valoración: insulso

Quiere la casualidad o la divina providencia que dentro de mi enorme desmadre en lo de situar libros leídos en los estantes a este le toque justo al lado de Manhattan 45 de Jan Morris.

Y no me hagáis hablar de lo de la crueldad de las comparaciones.
Whitehead escribe, dice el fajín, una "carta de amor" a una ciudad. Seguro que yo he escrito esa cosa también alguna vez. Pues bien: no debería. Nadie debería ya usar ese topicazo. Porque una ciudad es más una idea o un concepto o el que tenemos cada uno y todo eso. Pero es que si todas las "cartas de amor" van a ser como esta... El coloso de Nueva York es eso, que no sería una mala idea (aunque aceptemos que está muy vista ya, y sobre todo justo de esa ciudad - la metrópolis global, la capital del mundo, bla bla bla) pero que, mirad, es mi opinión, resulta arruinada por diversos motivos.

1. El estilo. Frases cortas, inconexas, frases que son puro slogan forzando, supongamos que con intención literaria, un constante ir y venir de conceptos que son asociables, me temo, al 100% de las grandes ciudades del globo. Porque dentro de la poca consideración que el texto parece tener sobre las personas particulares, que muy pocas se mencionan y menos aún de forma memorable, todos los tópicos asociados con ellas están detallados aquí uno por uno. Así que intercambien nombres y el texto valdrá para París, para Londres, para Berlín y Roma y Madrid y Praga y Barcelona. Ya que menciono mi ciudad. Para sus lugares particulares y para el ir y venir de sus pobladores y sus pequeñas anécdotas cotidianas. No volvamos a lo de las comparaciones y expliquemos porqué Jorge Carrión construye algo notable a partir de una enumeración de pasajes y aquí no se edifica nada memorable desde Brooklyn o Central Park o los lugares de ocio o los elementos arquitectónicos emblemáticos. Repito. Nada.

2. A pesar de eso, a pesar de que el estilo lastra con fuerza (pareciéndose a Tao Lin, por ejemplo, en la enumeración de nimiedades y tonterías disfrazadas de "sentencias importantes"), lo más exasperante es cómo Whitehead ni siquiera aprovecha ese gancho para construir una secuencia narrativa con algún tipo de capacidad de seducción: ah. Que el libro acabe en un aeropuerto como acompañando una estancia viene a representar esa esencia del visitante. Pues joder. 200 páginas para llegar a esa conclusión.

3. El momento. 2003 es justo el tiempo para que se enfríe la mente después del 11-S (la imagen del World Trade Center aparece en la solapa), pero solamente una mención muy tangencial resulta ser una cuestión como poco "natural" cuando se trata de glosar una ciudad en una situación tan crucial, y la elusión del morbo o del oportunismo aquí no están justificadas, con lo cual el texto acaba dando una sensación incompleta y amateur, combinando momentos puntuales de relativo valor literario con la desagradable sensación de estar leyendo los denodados esfuerzos de un becario por hacerse notar. 

4. La percepción general. Casi peor, parece tratarse de un texto por encargo para promocionar de forma amable una ciudad en base a eso tan trillado del encanto de los rincones ocultos. Y bien están los panegíricos y bien está que el mundo de la literatura rinda culto al  entorno que lo rodea y le da forma y qué mejor que una ciudad y qué mejor que la metrópolis global. Pero es todo tan obvio. Mirad, mirad, esta frase me ha salido tan bonita: "Las ciudades sin la gente que las habita son solo cadáveres de hormigón esperando que el tiempo las entierre". No es del autor, es mía. Pero sirva de ejemplo. El tono es ése, y de ahí no pasa.

También de Colson Whitehead en ULAD: El ferrocarril subterráneo

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Ya has leído Manhattan 45? Si es así, ¿qué te ha parecido? Tengo muchas ganas de leerlo. Me encantó Venecia, de la misma autora.

Francesc Bon dijo...

Pues mucho mejor que este, aquí tienes la reseña reseña