martes, 2 de enero de 2018

Pilar Pedraza: Paisaje con reptiles


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 1996
Valoración: Recomendable 

 Paisaje con reptiles es una novela singular gracias al inconfundible estilo de su autora y a la extravagante temática que ésta ha decidido manejar. También es una obra compleja, teniendo en cuenta la cantidad de lecturas que propone. Yo me inclino por la más evidente: estamos ante una historia con visos fantásticos que, al mismo tiempo, es una aguda metáfora sobre los males que traen los extranjeros a los indígenas. Si se quiere, pero, se podrían resaltar otro tipo de cuestiones que la novela sugiere. Insisto: esta obra propicia distintas interpretaciones. 

 La narradora es Alicia, una joven pintora que ha ido a visitar a su marido a la isla tropical donde él está trabajando. Julio (Julius) es mucho mayor que ella y está destinado en la plataforma petrolífera de la isla para estudiar una extraña mancha que recubre el mar circundante. Según irá descubriendo nuestra protagonista, parece ser que esta mancha está vinculada de algún modo con leyendas locales y un tipo de magia muy poderosa. 

 Debo admitir que la caracterización de los personajes de Paisaje con reptiles me ha encantado. Sin tener un desarrollo excepcional, consiguen desprender un aura de verosimilitud que ayuda a que la historia funcione. Este recurso también lo emplea Stephen King: usar a unos personajes creíbles para afianzar sus tramas en una realidad creíble. Lo mismo pasa en Paisaje con reptilesA pesar de los repentinos volantazos hacia lo fantasioso que tiene esta novela, sus protagonistas consiguen suspender la credulidad del lector. Algunos elementos de sus caracterizaciones simplemente ayudan a dotarlos de cierta consistencia. En cambio, otros se recuperan a lo largo del relato y se los relaciona astutamente con los acontecimientos principales de la trama. Así pues, no estamos ante una historia extravagante por la que transitan personajes genéricos: los personajes moldean los sucesos con su percepción, sus recuerdos, su modo de ser. Y, creo yo, esta decisión ha sido muy acertada. 

 El escenario donde todo transcurre es un lugar ya de por sí exótico, pero Pedraza se toma la molestia de volverlo todavía más ajeno dotándolo de reverberaciones casi oníricas. La isla, además de misteriosa, es peligrosa: asimila y acaba por tragarse a sus habitantes, los somete a su propia lógica. Es, en definitiva, un personaje más, como ocurre con la Comala de Pedro Páramo o el Derry de It (y me limito a dar un par de ejemplos de libros con afinidades, pero podría citar otros). 

 Hay capítulos de Paisaje con reptiles que son un exquisito trabajo de orfebrería. De principio a fin. Al inicio de la reseña mencionaba que el estilo de Pedraza es singular. Bien, pues debo añadir que, además, tiene centelleos de espléndida belleza. Quizás demasiada, en ocasiones. Sé que decir esto es morder a la mano que me da de comer. Pero es que los fragmentos más sórdidos de la narración se me antojaron algo artificiosos debido al tratamiento que reciben; escenas de sexo o violencia donde los fluidos seminales y las entrañas parecen estar a buen recaudo tras la vitrina del buen gusto. No es que en Paisaje con reptiles haya una estetización del gore, cosa que logra en sus mejores momentos el bueno de Clive Barker; simplemente, creo adivinar en la autora una voluntad de embellecer el texto que nada le pega a ese tipo de escenas. Este pequeño desliz, sin embargo, no me ha molestado en absoluto; tiene poca presencia y se camufla en un contexto muy agraciado. 

 Para acabar, y por si los halagos no fueran suficientes, voy a mencionar otro más: la autora controla muy bien el ritmo, y suministra con inteligencia las revelaciones del misterio. Sin pasarse nunca, pero compensando nuestra paciencia. Pedraza se guarda ases en la manga al final de la novela, pero en ningún momento insulta la inteligencia del lector al escabullirse sin ofrecer respuestas. Sencillamente, quiere que el misterio guarde siempre una parte de sí mismo en las sombras. De este modo, la escritora impide que saquemos una conclusión firme al respecto. Sabe que, para muchos de nosotros, entender el misterio lo desvaloraría. 

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