domingo, 14 de enero de 2018

August Strindberg: Solo

Idioma original: sueco
Título original: Ensam
Traducción: Manuel Abella
Año de publicación: 1903
Valoración: recomendable

Autor profusamente controvertido y excéntrico, Strindberg se nutre de aspectos biográficos y personales que influyen y marcan la temática de su obra. Artista polifacético, también se desenvolvió en el arte de la pintura, al que se dedicaba especialmente durante sus crisis personales y a partir del cuál estableció una amistad con Edvard Munch. Su inestabilidad emocional y las manías persecutorias que padecía, junto con una mentalidad crítica respecto a la sociedad que compartió en su relación epistolar con Nietzsche, se reflejan en su producción artística, y el libro que nos ocupa es un ejemplo de ello; en él, el autor se centra en una buscada huida de la sociedad para recluirse en su propio mundo y convierte esta soledad en el elemento nuclear de su vida. El título del libro no deja lugar a dudas y resume perfectamente su tema central.

De esta manera, en este libro con tintes autobiográficos, de pequeño formato y corta extensión, el autor parte de una cena que tiene con sus amigos, después de largo tiempo sin verse. Este reencuentro provoca que el autor tome consciencia del paso de los años y de cómo éste afecta a la forma de comportarse de sus amigos; el paso a la madurez, alcanzada cierta edad, convierte a la gente en prudente y modifica la espontaneidad en la exposición de sus opiniones. Este aspecto, junto con la ausencia de un sitio donde puedan hablar tranquilamente sin temor a ser interrumpidos por sus parejas o alguien ajeno, y la propia decadencia de las conversaciones - pues cada vez se evita más la exposición de los pensamientos íntimos-, causan que nuestro personaje principal decida distanciarse, no únicamente de ellos sino también del resto del mundo, para pasar a vivir de forma aislada sin contacto con nadie más, a excepción de los pequeños encuentros fortuitos inevitables del día a día. La causa de querer tal aislamiento es doble: por una parte, ha perdido el interés en nadie más que en él mismo y, por otra parte, no quiere estar sometido a la opinión de los demás sobre su persona. Así, el autor lo afirma en un pasaje del libro: «prefiero la neutralidad, o llegado el caso, la enemistad, pues un amigo siempre ejerce una influencia sobre mí, y eso no lo quiero».

Así, la soledad confiere un espacio al protagonista donde toma consciencia de la importancia de la individualidad, al no tener que estar sometido a opiniones ajenas y tener que mostrarse de una manera distinta a la que le es propia. De igual manera, evita tener que tratar con gente que no le importa y por quién incluso no siente ninguna estima. La soledad se convierte en su particular compañía, y sus pensamientos ocupan su día a día, volviendo al personaje huraño y, hasta cierto punto, paranoico. En este aspecto recuerda bastante al protagonista de «Hambre», de Knut Hamsun (contemporáneo a Strindberg), por su aversión a la sociedad, su caos interior y su misantropía, sin que la locura llegue a alcanzar al protagonista con la intensidad que sí ocurría en la novela de Hamsun.

De esta manera, recluido el protagonista en su propio hogar, el paisaje ofrecido por las ventanas de su domicilio es utilizado como vehículo de reflexión, sirviendo como canal de observación de aquello que le rodea. Desde su atalaya particular observa el paso del tiempo en sintonía con las estaciones y analiza a partir de ellas los cambios en la vida, contemplando y vislumbrando las variaciones del mundo y su efecto sobre la gente. De esta manera, sus puntuales salidas son el único contacto con una sociedad que se le antoja lejana, a causa de un absoluto desinterés por ella, pues no hay en él ningún ánimo de establecer amistad con nadie, aunque la soledad de la que disfruta aislado en su domicilio es solo relativa, pues necesita el contacto de otras personas. Así, su conexión con la realidad, más allá de los propios límites que su domicilio confiere, es de tipo unidireccional: sabiéndonse envuelto de otras personas (vecinos, transeúntes, etc.) disfruta de la soledad aunque ésta no es completa; en una dualidad manifiesta, coexiste su deseo de soledad con la necesidad vital de tener la seguridad emocional de no estar completamente aislado. Esta dualidad se expone en las frecuentes alusiones a los vecinos de escalera y los encuentros con aquellos con los que se cruza en la calle, pues le brindan la posibilidad de mantenerse atado a esa realidad que le sujeta a la cordura y que, en ciertas ocasiones, tiende a peligrar a causa de sus delirios.

En resumidas cuentas, libro interesante, pues abunda en la introspección como elemento de autoconocimiento; el relato expone perfectamente la soledad buscada (y en gran parte, lograda) por el autor. La prosa fácil en esta obra y la contención del autor en controlar la narración en algún episodio donde el protagonista padece ciertos desvaríos, hace que resulte interesante pues trata sobre la soledad, tema que, en mayor o menor grado, todos podemos experimentar, ya sea de forma buscada o accidental. Aunque la obra sea algo reiterativa en la segunda mitad donde pierde cierta intensidad en el relato, y abre alguna vía que no termina de explorar, el autor sabe recomponer la historia en el último tramo, poniendo un buen punto final al inicio de todo aquello que supone la exploración de uno mismo.

También de August Strindberg en ULAD: La señorita Julia

6 comentarios:

Interlunio dijo...

Muy interesante, Marc. Parece acertada tu mención de Nietzsche (salvando las distancias), ya que leyendo tu reseña sobre la trama de la obra pensé en el Zaratustra del filósofo, que es casi lo mismo que pensar en el filósofo.

Nietzsche siempre me dejó la idea de lo cerca que filantropía y misantropía pueden llegar a estar, la idea de que la segunda sea el producto doloroso de la primera.
Me pregunto si el autor no juega, también, con lo delgada que puede ser esa línea.

Te agradezco dar a conocer este libro, como dije, para mi es un tema muy interesante y se sumará a mi lista de pendientes.

Un saludo.

Marc Peig dijo...

Muchas gracias, Interlunio, por tu comentario. Ciertamente el autor comparte cierta ideología con Nietzsche y su obra así lo plasma. Te adelanto ya que estoy leyendo otra obra del autor ("Alegato de un loco") e incide en esta idea aunque, es ese caso, deja de lado el tema de la soledad para centrarse en las relaciones sentimentales. No defrauda tampoco, en absoluto.
Si te decides por alguna de sus obras, ¡ya nos contarás!
Saludos y gracias por comentar.
Marc

Anónimo dijo...

Me llamó muchísimo la atención.
¿Saben si es posible encontrarla en Internet? Dudo encontrarlo en librerías.
De ser así agradecería el aporte. Me gustaría leerla en estos días.

Muchas gracias por la reseña y un saludo.
A.

Marc Peig dijo...

Hola, A. Me alegro que te haya despertado interés. Respecto a si puedes encontrarlo por internet, sinceramente no lo sé (no tengo costumbre en hacerlo) pero, aunque depende mucho de donde vivas, diría que sí en las librerías (al menos yo lo he mirado en la red de bibliotecas de provincia de Barcelona y sí está).
Espero que lo puedas encontrar y, si lo lees, ya nos dirás qué te parece.
Saludos
Marc

Pablo Rumel Espinoza dijo...

Estoy leyendo "Solenoide" de Cartarescu, y de hecho di con esta reseña porque se nombra. En una parte el narrador hace una larga digresión en torno a la soledad, a las profundidades cósmicas de ese microcosmos que somos nosotros mismos, encerrados dentro de un cuerpo en un universo hostil e inmenso, y en un momento menciona todos los personajes con los que se ha sentido en comunión por llevar el mismo estigma de la soledad. Y ahí menciona los "Diarios" de Kafka, "Las Tribulaciones del joven Törless" de Musil, "Los cuadernos de Malte Laurids Brigge" de Rilke, y por supuesto "Solo" de Strindberg, obras que tienen como centro a un yo que habla desde la soledad.

Yo agregaría a esa imaginaria biblioteca portátil de soledades, a "Walden" de Thoreau, y "El libro del desasosiego" de Pessoa. Y la lista podía seguir aumentando.


Marc Peig dijo...

Hola, Pablo. Muy interesante tu aportación. De hecho, casualidades de la vida, yo me compré y leí este libro y, poco después, hace pocas semanas, me leí Solenoide. Mi sorpresa fue encontrar que Cartarescu lo mencionaba. Y tienes razón en incluir también a Thoreau en esa lista de libros de grandes escritores que tratan sobre la soledad como una experiencia vivida y buscada.
Muchas gracias por el comentario.
Saludos
Marc