domingo, 21 de enero de 2018

Trevor Noah: Prohibido nacer

Idioma original: inglés
Título original: Born a crime
Traducción: Javier Calvo
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable


Trevor Noah es un fenómeno mediático de primer orden desde que Jon Stewart lo designara como su sucesor al frente de The Daily Show (un famoso late-night talk en EEUU). Y no lo menciono como mero relleno introductorio, sino para que quede bien claro que cualquier cosa que se publicara a partir de aquel momento, bajo la autoría de Trevor Noah, tenía todos los números para arrasar en el mercado editorial. (Para que luego digan que Penguin Random House no apuesta por autores noveles).

Resumen resumido: las vivencias de Trevor Noah en su Sudáfrica natal durante y después del apartheid. Se trata de un periodo que se remonta antes de su ilícito nacimiento (puesto que conoceremos las andanzas de su madre, la díscola Patricia Nombuyiselo en los años previos a la concepción, también ilícita, de su primogénito), hasta que éste se emancipa del hogar familiar. 


Prohibido nacer no es alta literatura ni lo pretende, es un producto editorial con una factura muy cuidada y una buena estrategia narrativa. Se sustenta en el interés por un hecho histórico y controvertido (el apartheid), en el punto de vista en relación a los hechos (reales) y en la voz del narrador ¿Y qué tiene de especial esta voz?
  • Es la voz de una víctima.
  • Se dirige al lector con franqueza para explicar unos hechos que le han dejado una profunda marca emocional, 
  • Hace auto crítica y no cae en la auto compasión, 
  • Destila cierta inocencia (dada la corta edad del protagonista en buena parte del relato) 
  • Es ágil y fresca y ameniza la lectura por muy triste que pueda resultar lo que relata. 
Todo eso contribuye a que el lector confíe en el narrador y empatice con su situación prácticamente desde la primera línea. Más allá de eso, Trevor Noah juega también la carta de explotar su vis irónica y mordaz, no solo en el estilo si no también en la mirada; Trevor Noah es capaz de darle la vuelta a cualquiera de sus anécdotas sobre miseria, segregación o incultura:
«En todos los barrios pijos hay una familia blanca a la que se la suda todo. Ya sabéis de qué familia estoy hablando. No cortan el césped, no pintan la cerca y no arreglan el tejado. Tienen la casa hecha una porquería. Pues bien: mi madre encontró esa casa y la compró, y de esa forma consiguió meter a una familia negra en un sitio tan blanco como Highlands North».
Los arranques de capítulo suelen ser de este estilo, más parecidos a un monólogo humorístico, y te ríes y mucho; el desarrollo posterior mantiene la agilidad y el tono desenfadado sin que ello vaya en detrimento de la exposición de los hechos que, por muy tristes que sean, siempre lucen una pátina luminosa. Porque así son Trevor y su madre: dos almas positivas y peleonas, y ese espíritu impregna toda la narración. Me han gustado especialmente las reflexiones en relación a las diferentes lenguas y a las diferentes razas:
«El racismo nos enseña que el color de la piel nos distingue. Pero como el racismo es estúpido, es fácil engañarlo. Si eres racista y conoces a alguien que no tiene tu aspecto, el hecho de que no pueda hablar como tú refuerza tus prejuicios racistas. Esa persona es distinta, menos inteligente. (...). Sin embargo, si la persona que no tiene el mismo aspecto que tú habla el mismo idioma, tu cerebro se cortocircuita porque tu programa racista no incluye esas instrucciones en el código».
Antes mencioné una estrategia narrativa. El libro se estructura en tres partes que van desarrollando de un modo más o menos cronológico la infancia y juventud del protagonista. El interés por las vivencias de Trevor Noah está en su mismo origen: una madre muy negra —xhosa— y un padre muy blanco —suizo— en pleno apartheid (que nadie se me ponga nervioso que eso se explica en la contraportada). También en la contraportada se puede leer: «Mi madre me quería tanto, que tuvo que tirarme de un coche en marcha para que huyera». Lo uno y lo otro ya da para tener al lector pegado al libro un buen rato. Pero el mayor intríngulis está justo en aquello que no se cuenta o solo se menciona puntualmente, una vez en la primera parte, una vez en la segunda y al final de la tercera conocemos el desenlace. Hablo de violencia, son los únicos momentos en los que la voz del narrador se ensombrece por la incomprensión y la tristeza. Porque Trevor Noah y su madre salieron airosos de la violencia del sistema pero no les fue tan bien con la violencia doméstica. Y estas memorias son, con apartheid o sin él, un amoroso homenaje de un hijo a su madre, una mujer muy muy especial como podréis comprobar. 

Tal vez por lo mucho que se dilata innecesariamente la historia con el fin de postergar al máximo el clímax final, es por lo que a partir del último tercio tuve la sensación de que la narración perdía fuerza y ya no aportaba nada nuevo. Cuesta creer que una vida como la de Trevor Noah no dé para trescientas páginas interesantes, el lector se muere de ganas por saber cómo ese muchacho larguirucho y espabilado logra escapar de la miseria y acaba siendo el presentador de uno de los late más reputados de EEUU. Pero eso no te lo cuentan. Te quedas con que se emancipa de casa siendo muy joven y sin intención de ir a la universidad, y lo que sucede entre ese momento y su regreso para el gran final dramático (cuando él ya se ha hecho un nombre en la televisión Sudafricana) se sustrae deliberadamente y como lector te sientes estafado lo más grande; blasfemas, pataleas y maldices aún a sabiendas que igualmente comprarás esa segunda parte que ya debe estar lista y a la espera en algún cajón de madera de la buena. 

En cuanto al título, Prohibido nacer hace referencia directa al conflicto del narrador y protagonista ya que él es la consecuencia de la cópula (ilegal) entre dos miembros de dos razas distintas. Más allá de eso, sintetiza de un modo contundente la estupidez legislativa del aparato apartheid (en el libro se dan ejemplos de algunas de aquellas leyes y os aseguro que son dignas de enmarcar y colgar en el salón). El título original Born, a crime va en la misma dirección aunque resulta más emotivo y menos mordaz. 

No obstante y a pesar del molesto tufillo mercantilista, me reitero en mi recomendable (alto). Es difícil resistirse a un libro que tanto enseña como divierte y emociona.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo. Sobre todo con la sensación que produce la tercera parte del libro y la impresión de que hay información que interesa conocer y que se omite. Normalmente cuando acabo de leer una buena biografía experimento una (¿absurda?) conexión con la persona cuya vida he compartido esos días de lectura Tras este libro, digamos que Trevor Noah no me resulta mucho más afín que antes.

Beatriz Garza dijo...

Sí, cambia el foco para dar un final emotivo pero hasta ese momento ha estado haciendo creer al lector que le iba a explicar otra cosa. Y así es difícil que se pueda establecer la "comunión" a la que te refieres entre el protagonista y el lector.