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viernes, 11 de diciembre de 2015

Emmanuel Carrère: Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos Philip K. Dick 1928-1982

Idioma original: francés
Título original: Je suis vivant et vous êtes morts Philip K. Dick 1928-1982
Año de publicación: 1993
Traducción: Marcelo Tombetta
Valoración: entre recomendable y está bien; imprescindible para seguidores de Philip K. Dick (o de Carrère)

En este blog somos muy de Philip K. Dick (bueno, en realidad soy yo, que últimamente me ha dado por leerlo) y también somos muy de Emmanuel Carrère (en esto ya somos varios los culpables), así que, ¿cómo no reseñar un libro escrito por uno y que trata sobre el otro? Libro que además tiene el interés añadido de marcar un punto de inflexión en la trayectoria literaria del autor francés: hasta este momento, se dedicaba a la ficción literaria pura y dura; a partir de esta biografía, sus libros (no todos: aún escribió alguna novela "tradicional") se han ido basando, sobre todo, en la observación y semblanza de personajes reales (más o menos célebres, por diversos motivos... o no); también, en su última publicación -El Reino- sobre el nacimiento de toda un religión tan poco "relevante" como es el cristianismo...

Curiosamente, este tema del cristianismo enlaza perfectamente con esta biografía del escritor Philip K. Dick de curioso título (del que, quien haya leído Ubik reconocerá perfectamente su origen)... pero mejor no adelantar elementos del libro... Para empezar hay que reconocer que es una biografía muy bien realizada, más aún por la dificultad inherente al personaje. No me refiero tanto a la falta de documentación o testimonios sobre él, que más bien parecen abundar (para empezar, en sus propios libros, amén de los que escribieron luego varias de las personas que se relacionaron con él), sino porque el amigo Dick, estaba en apariencia, por decirlo de algún modo, no ya como una de las maracas de Machín sino como las dos. Entiendo que tal afirmación parece displicente y sin duda resulta arriesgada, partiendo de alguien que lleva una vida más o menos apacible y que tiene una visión del mundo más o menos convencional. También, que si Philip K. Dick estaba, en efecto como una regadera (no sé si resulta exacto tal símil, de todos modos), tampoco pasa nada: no sería el primero... me refiero al caso de escritores y artistas en general, y además, gracias a eso, sin duda, podemos nosotros  los "cuerdos" disfrutar y asombrarnos con una serie de relatos -novelas y cuentos- que nos abren las puertas de mundos desconocidos y realidades paralelas a la nuestra. De todas formas, aconsejo dos cosas a quien se proponga leer esta biografía: la primera, prepararse por un viaje por la paranoia, la manía persecutoria, el psicoanálisis junguiano, la -casi- psicosis, las drogas varias (curiosamente, no el LSD, que al parecer Dick sólo probó una vez en su vida, pese a ser considerado uno de los autores más "lisérgicos" de los 60), el delirio religioso, la relaciones sentimentales obsesivas...

Por otra parte, recomiendo leer antes que esta biografía, al menos las novelas más destacadas de Dick, para evitar el riesgo, más que cierto, de destripamiento total por parte de Carrère. Y de paso el riesgo, no menos previsible, de condicionamiento en su lectura, pues en la biografía se nos ofrecen muchos datos sobre la concepción y elaboración de tales novelas, señalando elementos e interpretaciones que posiblemente nos pasarían desapercibidos en caso de una lectura anterior -de hecho, yo mismo debería revisar alguna de las reseñas que he escrito en este blog, para ser más riguroso-: en el caso de Dick, su experiencia de la vida alimentaba su obra y viceversa, hasta el punto de que el hombre parece haber acabado inmerso en la trama de alguno de sus libros. Lo que no deja de tener su guasa, tratándose de un autor de ciencia-ficción... Ciertamente, el concepto de "realidades paralelas" o "universos dentro de otros universos" parece que estaba muy presente en la existencia de este escritor.

La biografía, en suma, resulta ser exhaustiva y pertinente, y con mínimas intrusiones de la vida y opiniones del autor, que,a este respecto, se mantiene más apartado que en su posterior Limónov (lo que, en mi opinión, es de agradecer). Todo un viaje, además, por una época apasionante del siglo XX y por la vida y obra de uno de sus escritores fundamentales -al menos a posteriori-; imprescindible para los seguidores de Philip K. Dick y también recomendable para el resto de lectores. Aunque en alguna ocasión, ya digo se sientan tan perdidos como Douglas Quail en Marte o John Anderton investigándose a sí mismo. Si sirve de consuelo, parece que el propio Dick no lo tenía mucho más claro, la mayor parte del tiempo...


Más libros de Emmanuel Carrère en Un Libro al Día: aquí


domingo, 27 de diciembre de 2020

Philip K. Dick: Nuestros amigos de Frolik 8

Idioma original: inglés
Título original: Our friends from Frolix 8
Año de publicación: 1970
Traducción: Miguel Giménez Sales
Valoración: está bien

Ésta no es, y lo digo ya desde ahora, una de las grandes novelas de Philip K. Dick, de ésas que te dejan descolocado, desubicado (y va sin segundas... bueno, no) y, sobre todo, maravillado. Que es una forma de decir noqueado por la imaginación laberíntica de este autor. Pero, vaya, que el buen hombre escribió a lo largo de su vida 36 novelas y una infinidad de relatos, así que no todas van a ser igual de buenas... Frolik 8 es del montón, si se quiete, pero del montón de Dick, que no es el mismo montón de cualquier juntaletras de ayer o de hoy, por lo que esta novela dista mucho de resultar desdeñable, así, sin más...

La trama de la novela, de ambientación futurista, consta, no obstante, de elementos que bien podríamos relacionar con la época en la que se escribió (y con la actual): en pleno siglo XXII, la Humanidad se haya dividida por un sistema de castas que clasifica a las personas según sus supuestas capacidades; en la cima, dominando todo el sistema, los llamados Nuevos Hombres, de inteligencia superior, y los Inusuales, que han desarrollado habilidades extraordinarias como la telepatía. En la base y en su papel habitual de masa contingente, los Antiguos -es decir, como ustedes y como yo-; dentro de este vasto grupo nos encontramos además con los llmados Subhumanos, que no es que sean más tontos, sino que son los diisidentes y resistentes a este sistema basado en el apartheid intelectual. Los Subhumanos tienen como líder, por no decir Mesías, a un tal Thors Provoni, un disidente que un día se agenció una de las naves espaciales para irse haasta el infinito y más allá en busca de ayuda alienígena. Entre que vuelve o no, la disidencia se nutre de los folletos ilegales dictados por el teórico Eric Cordon, en los que propugna un mundo nuevo, basado en la igualdad, el amor y demás zarandajas...

El sistema se mantiene en pie sin problemas, bajo el liderazgo del Presidente del Consejo, el libidinoso telépata Willis Gram, hasta que un día se anuncia el regreso de Provoni, acompañado de un frolikem, alienígena de desconocidos poderes... Sin embargo, la situación ya había cambiado antes para algunos que habían tomado conciencia de la injusticia de la situación; tal es el caso de Nick Appleton, un antiguo, tallador de neumáticos, que se rebela a raíz de que su hijo Bobby es rechazado en el examen de capacidad que determina a qué casta intelectual pertenece cada persona y si son aptos para el servicio público (exámenes que todo el mundo piensa que están amañados, como es de suponer).

Es evidente que la novela puede interpretarse, en primer lugar y más allá de la ambientación futurista, como una crítica a cuelquier sistema político basado en la preeminencia de una élite sobre el resto de la población; dada la época en que fue escrita, quizás el ejemplo más inmediato fuera el de los regímenes soviético y similares, aunque se puede hacer extensivo a cualquier otro sistema de castas, ya sea por motivos raciales o simplemente económicos... Aunque tampoco nos montemos muchas películas (bueno, vale, justo en el caso de Philip K. Dick, esta expresión no es muy acertada...): ante todo, esta es una novelita de Ciencia-Ficción, más o menos entretenida , con unos toques de humor muy de agradecer -sobre todo cuando aparece el personaje de Willis Gram-y que pare este escritor probablemente no fue otra cosa que un trabajo alimenticio... como todo lo que escribió, en realidad, aunque algunas de sus obras tengan un nivel literario y hasta "filosófico" (siempre entrecomillado... y lo digo a favor de Dick) mayor que otras. En cualquier caso, no tengamos dudas: hay que seguir leyéndolo, siempre.

Como la cubierta de la edición del libro que yo he leído es un poco horrenda, para mi gusto,  me vais a permitir que ponga también ésta, de Minotauro, mucho más chula...


Más títulos de Philip K. Dick reseñados en Un Libro Al Día: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?UbikEl hombre en el castillo

sábado, 28 de noviembre de 2015

Philip K. Dick: Ubik

Idioma original: inglés
Título original: Ubik
Año de publicación: 1969
Traductor: Manuel Espín
Valoración: recomendable

Me gustó tanto la reciente lectura de El hombre en el castillo que me entraron ganas de una nueva dosis de Philip K. Dick. El libro elegido fue este Ubik, que, según dicen, es una de las mejores novelas de Dick. No digo que no, pero caramba... por de pronto, ahí va una pequeña lista de los términos a los que tendrá que acostumbrarse cualquier lector: Friovaina. Homeodiario. Telépata. Inercial. Moratorio. Regresión. Contacreds. Psiónico. Semivivo. Pseudoambiente. Protofasones. Homeoimpresor. Antifacultad. Precognitivo. Entidad homeoestática. Organización de previsión...
Bueno, ¿y qué te esperabas de una novela de ciencia-ficción?, me preguntará alguno (con razón). Es cierto: de eso trata Ubik (aunque, en cierto modo, también sea una "novela histórica"...). De hecho, la acción está situada en el futuro año de... 1992. Y no salen ni Cobi ni Curro, personajes que ni la calenturienta imaginación del amigo Dick fue capaz de prever... Bueno, menos risas: teniendo en cuenta que la novela se publicó en le año 69 (glups) es como si nosotros ahora escribiésemos una ambientada en el 2038. Acertar en algo no está al alcance ni del mismísimo Houellebecq.

Resulta casi imposible -y más aún sin destriparlo- resumir un argumento como el de esta novela, plagado de giros extraños y cambios en el campo de visión. Así que, con permiso, excuso de hacerlo. Diré tan sólo que, en ese hipotético futuro -ya pasado-que plantea Dick, existen personas con capacidades psiónicas especiales: telépatas que leen el pensamiento o precognitivos que pueden visualizar el futuro (exacto, como en la película Minority Report... que no en vano está basada en n relato de este autor); agentes que se infiltran en las empresas y organizaciones diversas para hacer la puñeta en lo posible. En contrapartida, también hay organizaciones previsoras, que emplean a individuos con facultades antagónicas a las de los psiónicos anteriores, a modo de "antivirus", para neutralizarles (resulta muy divertido comprobar cómo Dick atribuye a personas o elementos materiales "analógicos" capacidades o acciones presentes en el mundo digital). Una de estas empresas, alrededor de la que se desarrolla la trama del libro, es la de Runciter Asociados, presidida por el veterano Glen Runciter y su semiviva esposa Ella, y cuyo técnico en mediciones es el desastroso, aunque muy competente en su oficio, Joe Chip.

Ya explico que no puedo detallar todos los recovecos de esta trama, pero sí señalar que la novela, más allá de una ingeniosa narración de sci-fi con refrescantes aportaciones humorística, resulta ser también una reflexión sobre la vida y la muerte, el presente y el pasado, la realidad y la irrealidad de lo que percibimos.... en fin, todo un transfondo metafísico e incluso religioso (según se dice sobre las intenciones del autor), y que quizás sólo podría ser llevada al cine por Christopher Nolan, por ejemplo (esta nueva referencia cinematográfica tiene una explicación: Dick es uno de los autores de ciencia  ficción  más adaptados al cine, y aunque parece que el proyecto de hacer una película con Ubik ha sido abandonado, de momento, se puede rastrear su influencia en otros filmes como Matrix o Abre los ojos).

Y a todo esto, ¿qué es eso de "Ubik", exactamente? Bueno, puede que lo sea todo y puede que nada. Recomiendo encarecidamente leer el libro, para saberlo...


Otros libros de Philip K. Dick reseñados en Un libro al día: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?El hombre en el castillo

domingo, 23 de octubre de 2011

Philip K. Dick: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Idioma original: inglés
Título original: Do Androids Dream Of Electric Sheep?
Fecha de publicación: 1968
Valoración: Muy recomendable

No sé ni por dónde empezar. No sé, ¿diciendo que, al fin, he leído el libro en el que se inspiró mi película preferida? Porque así es: la novela de aparatoso e hilarante título que hoy reseño le sirvió al talentoso pero irregular director británico Ridley Scott para filmar (muy libremente, eso sí) en 1982 esa joya de la ciencia-ficción que es Blade Runner.

Y aunque me cueste horrores, trataré de no convertir este post en una serie de elaboradas comparaciones entre el libro y la película, a saber: personajes eliminados en la versión cinematográfica, humanidad mucho más explícita de los androides de los fotogramas, ausencia de la mitología que presenta el libro, etc. Aunque creo que me va ser imposible no decir nada sobre el prodigioso monólogo final del villano de la función, que por méritos propios ha pasado a la historia del llamado Séptimo Arte.

Pero quedémonos con los pies sobre el papel...

La historia de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? se desarrolla en un futuro hipotético (2021 en la edición que yo he leído; dicen que 1992 en otras ediciones...) y desolador, tras una Guerra Mundial Terminal que ha dejado la Tierra febril y llena de polvo radiactivo. Por eso, las autoridades animan a los terrícolas a emigrar a las colonias espaciales que por ahí hay montadas. Es que el planeta agoniza, sí. La mayor parte de sus especies animales están extinguidas y sus habitantes, entregados al caos de las lúgubres ciudades en las que se amontonan, pueden sentirse afortunados si no enferman.

En Marte, los humanos colonizadores utilizan androides de pluscuamperfecta apariencia humana pero de vida limitada a unos pocos años y rasgos en sus conductas que demuestran que en realidad son máquinas. La situación se caldea cuando un grupo de estos androides, los punteros Nexus-6, se escapan violentamente del Planeta Rojo y recalan en la Tierra dispuestos a infiltrarse y vivir con normalidad entre la población humana.

Sin embargo, una serie de cazadores de androides harán que sus ideas se vengan abajo. Uno de estos hombres es Rick Deckard, el protagonista de la función (Harrison Ford en la pantalla grande, tenía que decirlo), cuyas andanzas para eliminar a estas máquinas humanoides son la materia de esta novela: esta demencial, visionaria, atrevida y agitadora novela.

Un análisis pormenorizado de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? me obligaría a hablar con detenimiento de los numerosos y brillantes detalles que la nutren y enriquecen, como el peculiar test que se hace a los sospechos de ser androides para pillarles, o la obsesión de Deckard por tener un animal "de verdad", o cierto instrumento doméstico que introduce emociones en sus usuarios, o de ese sosias de Dios llamado Mercer al que se accede a través de un aparato electrónico, etc... Pero me limitaré a aconsejar con ímpetu y pasión a quien esté leyendo esta reseña que se anime a leer la novela de la que habla, un libro corto pero impactante en el que se tratan cuestiones tan humanas y existenciales que no hacen sino dotar al término "ciencia-ficción" de un barniz de tragedia y sentimiento difícil de igualar.

Porque puede que al principio del libro Rick Deckard tenga claro que los androides, máquinas con fecha de caducidad próxima y ausencia de empatía, no son personas pese a que se comporten y se parezcan a ellas, pero a medida que avanza la trama, el lector va comprobando cómo las dudas nacen en el corazón del peculiar cazador cuyo corcel es un coche volador y que pese a estar casado, no puede evitar sentirse atraído por uno de esos hermosos sacos eléctricos que, en teoría, tanto recelo le despiertan.

Por lo tanto, considero que esta novela del genial lunático e hiper-adaptado al cine Philip K. Dick es una lectura absolutamente recomendable que no le lleva a uno más de tres tardes pero que le sumerge en un universo no tan remoto y muy difícil de olvidar.

Y bueno, qué se le va hacer. Una no es una máquina, no me resisto, así que termino este post mencionando el archifamoso monólogo del final de Blade Runner. Surge de la impecable boca del líder de los Nexus-6, el interesante y terrible Roy Baty, interpretado por un arquetipo ario de sangre holandesa llamado Rutger Hauer. Dicen que fue el propio actor el que escribió su monólogo y la verdad es que cada vez que lo escucho, se me pone la piel de gallina. Conozco a personas que hasta lloran, y no me extraña. Vamos, que me creo que para escribirlo Hauer se inspirara en el poema El barco ebrio de Arthur Rimbaud. Eso se rumorea.

Ahí queda eso. Espero que este post no se pierda en el tiempo como lágrimas en la lluvia...

También de Philip K. Dick en ULAD: UbikEl hombre en el castillo

martes, 27 de octubre de 2015

Philip K. Dick: El hombre en el castillo

Idioma original: inglés
Título original: The Man in the High Castle
Año de publicación: 1961
Traducción: Manuel Figueroa
Valoración: Muy recomendable

La verdad es que me pirran las ucronías; ya saben: esas realidades alternativas pergeñadas a partir de un cambio en algún acontecimiento histórico, generalmente de orden bélico: qué hubiera pasado si Napoleón hubiese vencido en Waterloo o si los confederados hubieran logrado secesionarse de los Estados Unidos. Cosas se ese tipo... Y a los escritores de ucronías les pirra todo lo relacionado con la II Guerra Mundial, sus protagonistas, consecuencias y prolegómenos. Algunos ejemplos muy logrados son la estupenda Patria, de Robert Harris, la reveladora La conjura contra América -con un Lindbergh pro-nazi convertido en Presidente de los EEUU- de Philip Roth o en el caso español, la muy célebre, en su momento, En el día de hoy, escrita por Jesús Torbado, pero se dice que concebida por el astuto señor Lara -el primero-, que además le dio un premio Planeta en el 76 (todo un escándalo: ¡un premio Planeta encargado por la editorial...!).

En la realidad ucrónica que nos propone Dick, Alemania y Japón han ganado la guerra y se reparten  el mundo, grosso modo. Lo que eran los Estados Unidos de América han quedado divididos entre una entidad al este, depedendiente de Alemania y con un régimen político muy racista y bastante jerarquizado y otro protectorado, al Oeste -los Estados del Pacífico- dependientes del Imperio japonés, muy jerarquizado y bastante racista. En medio, a modo de conveniente colchón, los Estados de las Montañas Rocosas, más o menos a su bola, como antes de las guerra... Los alemanes, por su parte, después de seguir ejerciendo sus propósitos genocidas en los territorios conquistados, como África, se han lanzado a la exploración y colonización de otros planetas, mientras que los japoneses, más cautos, se preparan para una relación cada vez más gélida con sus antiguos socios. La novela se desarrolla sobre todo en San Francisco y en Colorado, mostrándonos las vicisitudes de una serie de personajes que resultan estar unidos entre sí a modo de cadena humana. Hay americanos, japoneses y alemanes. Vencedores y vencidos (y la actitud que toman algunos de éstos hacia su derrota resulta lúcidamente llena de sutilezas... No he leído la reciente Sumisión, pero por lo que dicen sus reseñas, sospecho que hay alguna concomitancia al respecto entre ambas novelas).

Aparecen además, dentro del libro, otros dos (y esto es lo más interesante, como ejercicio metaliterario): el I Ching chino o Libro de los cambios, cuyo sistema adivinatorio consultan muchos de los personajes (incluso parece que el propio autor lo utilizó para escribir esta historia... y no sólo él); y además, otra novela, también leída por casi todos los personajes, titulada La langosta se ha posado , donde  se narra ... una ucronía en la que Alemania y Japón han perdido la guerra -el "hombre en el castillo" al que alude el título es, precisamente, Hawthorne Abendsen, el autor de este otro libro dentro del libro-; se crea así un juego especular que, revelado poco a poco, no muestra toda su complejidad hasta el final de la novela (la que tenemos entre manos, no la otra) y que resulta algo confuso en algún momento, pero también muy satisfactorio, desde el punto de vista del lector poco acomodaticio.

Para terminar: El hombre del castillo, además de una magnífica novela, creo yo, es una obra política. Tal vez ya no dé esa impresión, pero sin duda lo era en el momento de su publicación y aún muchos años después; otra cosa es que a estas alturas se nos haya olvidado su motivación. Parece que por suerte, aunque quizá pequemos de incautos...


Otros libros de Philip K. Dick reseñados en Un Libro al Día:  ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Ubik

lunes, 28 de abril de 2025

Olga Ravn: Los empleados

Idioma original: danés

Título original: De ansatte

Año de publicación: 2018

Traducción: Victoria Alonso

Valoración: para mí, recomendable

Si digo que esta novela supone una deconstrucción posmoderna de la ciencia-ficción cultivada por Stanislaw Lem y Philip K. Dick, más de uno y una entre quienes nos leen se mosquearán por: 

  1. Considerarme un pedantuelo gafapástico con ganas de dar la nota.
  2. Considerarme un hereje provocador con ganas de dar la nota.
  3. Considerarme un gilipuertas, sin más. Con ganas de dar la nota, eso sí...
Y probablemente todas las opciones sean ciertas. Pero es que, además, estaría mintiendo o, cuando menos, siendo bastante inexacto porque:
  1. No hay ninguna deconstrucción, sino que nos encontramos ante una narración fragmentada en múltiples testimonios emitidos por un número igualmente indeterminado de declarantes y que, en principio, pueden dar una apariencia caótica, pero que  en verdad nos van guiando de manera firme por toda la narración, hasta su desenlace.
  2. Cierto que es una novela de Ciencia-Ficción "blanda" que deriva por momentos hacia una metafísica algo difusa, expresando los personajes -es decir, los declarantes o testigos a los que me he referido- sus dudas sobre su identidad, la fiabilidad de sus recuerdos  o la finalidad de su misión. Si esto no os recuerda a la narrativa de Lem y de Dick, indiscutibles -y fundamentales- autores de Ciencia-Ficción, ya me diréis...
  3. Por otra parte, tanto Philip K. Dick como Stanislaw Lem ya resultan suficientemente posmodernos-; de hecho, no se puede serlo más-, aunque sus nombres no se encuentren en los tratados de literatura "seria". Así que hacer una deconstrucción, construcción o doble tirabuzón de sus obras sería redundante.
Resumen resumido: la nave seis mil, procedente de la Tierra, se encuentra cerca del ¿planeta? llamado Reciente Descubrimiento, con el propósito de recoger posibles hallazgos -objetos- y trasladarlos a la nave. Tales objetos, de imprecisa naturaleza -no queda claro si se trata de seres vivos o no, o siquiera si se pueden definir de esta forma- se custodian en salas que bien se podrían considerar museísticas -algunos de estos objetos se dirían más instalaciones de arte contemporáneo que entes extraterrestres- y ejercen una difusa pero innegable influencia sobre los tripulantes de la nave que entran ellas. Tripulantes o, mejor aún, empleados, entre los que se encuentran tanto humanos como otros de apariencia humana, fabricados ya adultos y dotados de un software que incluye falsos recuerdos (¿a alguien le suena esta idea?); tanto unos como otros van prestando sus testimonios a un comité encargado por la empresa u organismo que les ha enviado allí -Homebase- de investigar y/o registrar lo que acontece en la nave. O tal vez se trate de un procedimiento estándar de Recursos Humanos - es decir, humanos y con apariencia humana-, que cosas más raras se han visto, incluso en nuestra prosaica realidad; en todo caso, son estos testimonios los que componen la novela, a modo de pequeños "capítulos" (lo entrecomillo porque tampoco es que se trate de eso, exactamente, ya digo que con una apariencia más desordenada de lo que lo están, en realidad,

Es cierto que esta premisa lo mismo valdría para una novela de Ci-Fi más especulativa u otra con un tono humorístico, de terror, ciberpunk o lo que sea... Pero lo que hace Olga Ravn es, en primer lugar, dotarla de un tono sutilmente poético, en el que cobran gran importancia las impresiones sensoriales, tanto las inmediatas, parece que estimuladas por los objetos, como aquéllas que han quedado impresas en la memoria de los empleados. En segundo término, más que en las peripecias espaciales de los tripulantes de la nave seis mil la novela se centra en las relaciones entre ellos y, sobre todo, en la asunción o alienación de su humanidad por unos y otros; los humanos parecen cada vez sentir menos su condición, mientras que sus compañeros de apariencia humana van tomando conciencia de serlo...  

El resultado es una novela un tanto inasible -sobre todo al principio-, recorrida por un aliento poético, sin que éste llegue a estomagar o a condicionar en exceso la lectura. pero sí que deja un poso en la misma, un aire entre existencialista y onírico que puede resultar del gusto de muchos lectores 7as, aunque también espantar a otros. de ahí la valoración que he puesto  en esta reseña; no se trata de que , en mi opinión, esta novela sea recomendable (obviamente, siempre es según mi opinión), sino que me parece recomendable para gente que tenga un gusto y un interés no digo similares a los míos, pero sí en sintonía con ellos y, sobre todo, en sintonía con lo que nos propone Olga Ravn. A quien así le ocurra, la novela no le decepcionará.

jueves, 6 de febrero de 2025

Reseña + Entrevista: The Machine Stories, de Jared Roberts

Idioma original: Inglés
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

Jared Roberts es uno de mis escritores de creepypastas favoritos. Su prosa no es la más cuidada, ni sus personajes los más complejos. Pero su obra, publicada originalmente en su mayoría en el foro nosleep de Reddit, es creativa y personal (pues mezcla elementos weird con terror y ciencia ficción), además de desconcertante y desasosegante de un modo único e inimitable. Ah, y tiene algunos planteamientos, ideas y giros extremadamente alocados. 

Así que, cuando supe que Roberts había publicado The Machine Stories, la compré sin pensarlo un segundo. Quería apoyar a tan talentoso autor, e incluso estaba dispuesto a hacerlo a pesar de que su antología la imprimiera y distribuyera Amazon, adoleciera de una cubierta horrenda hecha con IA y compilara algunos relatos que yo ya conocía, pues los había escuchado locutados en YouTube.

¡Y cuánto me alegro de haber adquirido The Machine Stories! Al fin y al cabo, es un festín para los incondicionales de Roberts; también es una toma de contacto inmejorable para todo aquel que quiera adentrarse en su universo surreal y enigmático, o una buena adquisición para los amantes de la literatura extraña que no le teman a la complejidad y la ambigüedad. 

Los doce textos compilados en The Machine Stories tienen una calidad bastante homogénea. El único que no me ha gustado, pues me ha parecido muy pobre en su simpleza y linealidad, ha sido "More Channels". "Push the Blue Botton", por su parte, tiene un planteamiento interesante, pero no lo desarrolla de forma convincente y recuerda vagamente a una parte de La ciudad de Mario Levrero mucho más lograda. "The Arkansas Sleep Experiments", la interpretación de Roberts de uno de los subgéneros fundacionales de los creepypastas, resulta efectivo, pero se queda corto en impronta autoral e intensidad argumental cuando lo comparamos con otras obras del escritor.

De los demás textos, insisto en que todos ellos muy dignos, destacaría si acaso, por su absoluta genialidad, la novela corta "The Hidden Webpage", por su protagonista, "The Trees Are Not What They Seem" y, por su atractivo formato (se concibió para ser narrado en un podcast) y sus giros, "Sunburn".

Los textos de The Machine Stories parten de la misma premisa: personas corrientes con vidas anodinas se ven súbitamente envueltas en una serie de eventos bizarros. En ellos hay también una serie de elementos recurrentes: memorias de las que no te puedes fiar o directamente alteradas, angustia existencial y universos paralelos. Además, todos desdibujan la realidad con tanto éxito (o quizá es que la percepción de los protagonistas es errónea) que, al terminarlos, resulta imposible saber qué ha sucedido realmente. 

Teniendo este contenido y estética unificadores en cuenta, uno podría pensar que, leídos de corrido, los textos de The Machine Stories se antojarían reiterativos. Sin embargo, la inagotable inventiva de su autor convierte a cada uno de ellos en una experiencia distinta.

Dejad que os hable un poco de mis favoritos: 

"The Hidden Webpage" inaugura el volumen. Es, sin duda, un clásico de los creepypastas. Uno extremadamente original, capaz de apilar detalles extraños (aparentemente interconectados pero cuya lógica interna somos incapaces de establecer) con suma facilidad, erigir una atmósfera muy lograda e incrementar la tensión paulatinamente. Uno que se apropia de una imagen tan ridícula como lo son dos hombres disfrazados de abeja y hace que ésta te provoque un escalofrío. 

"The Trees Are Not What They Seem" es creativo, intenso y atmosférico. Ciertamente, resulta menos original que "The Hidden Webpage", y su manera de amontonar detalles extraños sin dar tregua al lector o a los personajes no fluye tan orgánicamente como en esa genialidad inspirada. Aun así, me parece un relato muy recomendable, y tiene la particularidad de que su protagonista es más proactivo y tiene una personalidad más marcada de lo habitual en la obra de Roberts.

"Sunburn" cierra la antología. Y lo hace por todo lo alto, con una historia redactada a modo de guion que sabe llevar su premisa hasta límites insospechados. Roberts en estado puro, señores.

Ahora permitid que liste algunos pasajes del libro:

«If you've been on the internet long enough you learn that. There's evil out there. Not the child porn or torture videos. Something deeper. Something hidden in all the code and connections.» ("The Hidden Webpage", página 10)

«When something dies, (...) there’s just this emptiness there. I think sometimes that emptiness can get filled with something else. Maybe that might look to us like a ghost. It’s nothing we should have anything to do with.» ("An Old-Fashioned Ghost Story?", página 128)

«(...) natural selection has nothing to do with with truth and everything to do with survival. It’s as reasonable to think we survive by being constantly deceived as to belive we survive by knowing reality as it is. Maybe we were naturally selected to detect the world all wrong.» ("We Built a Machine that Told Us Everything We Wanted", página 137)

Poco más que añadir. The Machine Stories no gustará a todo el mundo. Al fin y al cabo, los textos que compila son, al igual que la mayoría de Roberts, sumamente desconcertantes (incluso diría que herméticos), y suelen cerrarse con finales abiertos que pueden frustrar a cierto tipo de lectores. 

Aun así, esta antología autopublicada hará las delicias a los amantes de la literatura de lo extraño. Porque Roberts es uno de sus mejores cultivadores, y no sabéis lo afortunados que somos de que mucha de su obra se pueda leer o escuchar en internet de manera totalmente gratuita. Ojalá saque otro libro pronto para poder seguir apoyando su carrera; evidentemente, lo compraré sin pensarlo dos veces, aunque me gustaría que en esta ocasión el autor cuidara la edición (¡si hace falta hago yo la ilustración de cubierta!), no se decantara tanto por los elementos de ciencia ficción e incluyera más textos inéditos.


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Roberts ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: ¡Hola, Jared! ¿Cómo estás? Soy un gran admirador de tu obra y me hace mucha ilusión poder entrevistarte. En primer lugar querría preguntarte cómo te definirías en tanto que autor. ¿A qué género te adscribes y a qué público quieres llegar?

J.R.: Definir mi obra me provoca ansiedad, pues al hacerlo corro el riesgo de gafarla. Como cuando notas que las cosas están yendo bien y luego dejan de hacerlo. O cuando descubres que eres un escritor de terror e inmediatamente no puedes escribir nada que dé miedo. Así que intento no darle muchas vueltas. 

Escribo situaciones que nacen de sentimientos, fantasías y percepeciones de experiencias propias. Quiero captar sentimientos para que podamos hablar sobre ellos. Creo que a todos nos interesa la vida interior, especialmente la oscura. Supongo que el éxito de A24 prueba que mi público no es tan de nicho como en un inicio llegué a pensar. La gente busca complejidad, honestidad y sombras.

ULAD: ¿Qué obras te inspiran? 

J.R.: Miro muchas películas. Sobre todo de terror. Y dramas lentos y sombríos, como Paterson y Manchester by the Sea. También me gusta la TV. Twin Peaks. Y esa serie de los 90 llamada Millennium.

En cuanto a literatura. Thomas Bernhard supuso una revelación la primera vez que lo leí. También me gusta mucho John Updike. Y esa novela extraña titulada A Voyage to Arcturus es una gran influencia.

El misticismo católico también me inspira. Estuve a punto de convertirme en un monje benedictino. Cuando tenía 18, leí a Teresa de Ávila, Teresa de Lisieux, Juan de la Cruz, Pseudo-Dionysus, Augustine, Evagrius Ponticus, Ángela de Foligno, etc... Ahora soy ateo, pero católico al mismo tiempo.

ULAD: ¿Cuál es tu trayectoria como escritor?

J.R.: No tengo mucho bagaje como escritor. Estudié filosofía. Dirijo una PMO (Oficina de Gestión de Proyectos). Escribo porque lo necesito, porque es una pasión, un propósito.

ULAD: ¿Qué ha supuesto autopublicar The Machine Stories, tu primer libro? ¿Tienes algún otro proyecto en mente, literario o de otra índole?

J.R.: No me ha gustado publicar The Machine Stories. Supuso una capitulación, porque nunca quise autopublicar. Sin embargo, suspendieron mi cuenta de Reddit por un tiempo (ya la he recuperado) y pensé que debía preservar de alguna manera las historias que subí ahí por si acaso. 

Estoy trabjando en múltiples proyectos. Es uno de mis defectos. Estoy enfangado con tres guiones. Uno de ellos, sobre "The Hidden Webpage". Un talent manager de Hollywood me lo pidió hace ocho años, pero la cagué. Por entonces no estaba preparado. También estoy escribiendo una novela, que ya tengo a medias. Y otra antología. ¡Eres el primero en saberlo, sin contar a mi mujer! Asimismo, querría montar un podcast con las últimas historias que he escrito. Y tengo listo un ensayo monstruoso basado la historia y cultura de una de mis pasiones, los estudios de internet.

ULAD: He visto que, entre tus referentes, citas a Robert Aickman, John Carpenter y David Lynch. ¿Puede que, en tu literatura, también haya algo de Philip K. Dick, y de escritores de terror contemporáneo (ya sea de otros cultivadores de nosleep y creepypastas o de autores como Thomas Ligotti o Michael Wehunt)?

J.R.: Realmente sólo he leído una novela de Philip K. Dick, Valis. Fue hace años, y me gustó mucho. En esa novela, Dick retrata eventos e ideas cósmicos al hacer que afecten la vida de un tipo corriente. Eso me impresionó sobremanera, aunque no lo consideraría una influencia. Pero corrígeme si me equivoco, ¡no dejes que me autoengañe! 

Sobre los otros autores. No he leído a Thomas Ligotti, y no conocía a Michael Wehunt. ¿Te suena el concepto alemán del zeitgeist? Quizá nuestras similitudes se deban a ello. Distintas personas llegarán a los mismos sentimientos e ideas, y acabarán reflejándolos en obras similares, pues la época y el contexto geográfico lo propician.

ULAD: Tus ficciones dejan entrever una visión del mundo y del hombre muy específicas. Hablan de universos incognoscibles y hostiles, llenos de eventos y conexiones que tus protagonistas apenas pueden asimilar o comprender, en los que gobiernan fuerzas aterradoramente poderosas. ¿Esta aproximación existencial es meramente literaria o, al igual que la de H. P. Lovecraft se nutría del materialismo y miedo a lo desconocido del autor, la tuya tiene raíces en creencias personales?

J.R.: Bueno, en la mayoría de mis historias abordo la memoria. A grandes rasgos, la memoria construye nuestro mundo. Si recuerdas a tus padres como abusivos, incluso si no lo eran, esto tendrá consecuencias en tu vida. Yo mismo he tenido memorias de cosas raras que otra gente niega que hayan sucedido. No sé. Todo esto se coló en mis historias. Algunas están más interesadas en plasmar la extrañeza y la liminalidad. Nada de lo que he escrito es puramente litetario.

ULAD: Ya que he mencionado a Lovecraft, me gustaría saber si te sientes influenciado por él de algún modo. Superficialmente, creo que vuestra obra no tiene nada que ver la una con la otra. Sin embargo, al menos en mi opinión, compartís temas y recursos narrativos. Uno de dichos temas sería la representación de un universo hostil hacia el ser humano repleto de fuerzas que escapan a nuestra comprensión. Y un recurso narrativo, el usar protagonistas con poca personalidad y proactividad para acentuar su universalidad e indefensión.

J.R.: Hmm, bueno, ciertamente disfruto sus historias. Me gusta bastante, por ejemplo, Dreams in the Witch House, donde los ángulos de la habitación no tienen sentido matemáticamente. ¿Qué es más inherente al orden del universo que las matemáticas? El protagonista atraviesa un mal ángulo o algo así, y luego se concatenan una serie de imágenes delirantes que te obligan a forcejear para darles sentido. Así que supongo que Lovecraft me influye en cierto modo. 

Me gusta cómo rompe las reglas. No le importa la narrativa convencional. Exploraba, ante todo, sus sentimientos. Antes de él, la gente ya sentía el horror cósmico. Más inmigrantes de lo habitual llegaban a ciudades históricamente insulares. Einstein nos descubría cosas nuevas sobre el universo. El universo devino enorme y complicado y abrumador. Las historias de Lovecraft transmutan los sentimientos de su mundo provinciano y de sus intereses siendo opacados por la inmensidad del universo. 

A pesar de que mucha gente a día de hoy la disfruta superficialmente, su obra nos permitió crear un vocabulario para un sentimiento concreto, el del horror cósmico. Y estoy seguro de que muchos de sus lectores identificarán sus propios sentimientos gracias a su obra. Esto es lo que pretendo lograr yo. Querría enriquecer el entendimiento de nuestra vida interior al imbuirlo en mis historias.

Y es cierto que mis protagonistas son poco proactivos (exceptuando el de "The Trees Are Not What They Seem", que tiene mucha personalidad). Quizá esto es algo en lo que emulo a Lovecraft. 

ULAD: He notado que muchas de tus historias están contextualizadas por una mitología propia y comparten elementos, aunque de una manera tan críptica que al lector le cuesta hacerse una visión panorámica nítida. ¿Tienes muy trabajado ese universo englobador, o te limitas a interconectar superficialmente tus ficciones?

J.R.: En la mayoría de casos, establezco esas conexiones según me parece. A veces tengo una noción más clara de cómo conectan las cosas, como en "The Trees Are Not What They Seem". Pero, al contrario que J. R. R. Tolkien, no dibujo mapas ni establezco genealogías antes de empezar a escribir. ¡Eso me volvería loco!

ULAD: Se puede extraer una lectura simbólica a tus textos. A "The Hidden Webpage", por ejemplo, el cómo internet puede absorver nuestra vida por completo; a "Remember that David Lynch movie, Dune? About that", "How to Lose Friends and Terrify People" o "Three Visits to a Hidden Tribe", el cómo familiares o amigos devienen irreconocibles. ¿Sueles tener en cuenta un núcleo temático alrededor del cual desarrollar tus historias?

J.R.: Yo forcejeo más bien con impresiones y sentimientos, que supongo que son similares a un tema. Pero señalar ese tema, o mejor dicho, buscar la palabra que lo defina, es trabajo de los críticos literarios. A ellos se les da bien. 

Mis temas provienen de la sección de mi paisaje interior que en ese momento quiera explorar. Me gusta pensar que otras personas tienen pensamientos y sentimientos similares a los míos, porque si no, todo es en vano. Todos tenemos pensamos y sentimos cosas que no sabemos cómo definir o expresar. 

O sea, ¿sabes lo que es el ASMR? Yo sentí eso toda mi vida, pero hasta que se popularizó en YouTube no fui capaz de ponerle un nombre. Durante dos décadas estuve intentando transmitir a otros ese cosquilleo placentero sin éxito alguno.

ULAD: Me ha parecido que tu antología The Machine Stories, aunque adscrita como la mayoría de tu obra dentro del género de terror, se decanta bastante hacia la ciencia ficción. En ella no hay solamente otras dimensiones y entidades cósmicas, sino que también tecnología futuristas y experimentos imposibles. ¿Fue el toque de ciencia ficción un criterio a la hora de seleccionar varios de los relatos que la compondrían? ¿Cómo decidiste qué historias la conformarían y en qué orden las situarías?

J.R.: No me gusta recurrir a lo sobrenatural en mis historias, quizá porque no creo en ello. Pero sí que creo que el mundo natural es inmensamente más complejo de lo que suponemos, y que el poder de la tecnología será cada vez más aterrador. Así que la tecnología misteriosa sustituye a demonios y fantasmas para mí. The Machine Stories agrupa historias con máquinas que distorsionan la realidad, nunca para bien. A veces de forma maliciosa, y otras no tanto, aunque siempre como las entidades amorales del Gran Colisionador de Hadrones de Lovecraft.

ULAD: Hay personas a las que tu literatura no les atrae. La consideran demasiado hermética. Tampoco les gusta que les obligue a estar atentos a múltiples pistas y detalles, ni que tenga finales abiertos y ambiguos. ¿Por qué decidiste abanderar este tipo de ficción? ¿Cómo la reivindicarías ante gente reticente?

J.R.: ¡Hermética! Me encanta esta palabra. 

A ver, ninguna obra de arte gustará a todo el mundo. Scorsese odia el cine de Marvel. A mí me encanta Deadpool y en cambio jamás miraré The Irishman. Mi película favorita del año pasado fue Hundreds of Beavers, pero poca gente se tragará  una comedia de dos horas grabada como una película muda.

Por mucho que disfruto las historias bien atadas y con un desenlace definido, no me siento cómodo escribiéndolas, porque al hacerlo siento como si estuviera jugando con figuras de acción. Movamos este juguete de plástico aquí y este otro allá y hagamos que peleen y fin. Cuando yo escribo historias misteriosas y ambiguas, me siento confiado en lo que hago. Estoy hablando de la realidad en toda su escurridiza gloria. No de plástico. Aunque entiendo que, a veces, demasiada vaguedad puede ser frustrante y pretenciosa. Yo mismo fui incapaz de terminar Skinamarink.


También de Jared Roberts en ULAD: Aquí

lunes, 26 de septiembre de 2016

Reseña a cuatro manos: Don DeLillo, Cero K

Idioma original: inglés
Título original: Zero K
Traductor:  Javier Calvo
Año de publicación: 2016
Valoración: interesante / recomendable

Voz propia: Si algo puede decirse de Don DeLillo es que tiene una voz propia, un estilo propio. Sería posible leer una de sus novelas, o incluso un fragmento, y reconocer su forma de escribir. Es difícil definir en qué consiste: creo que es una forma al mismo tiempo visual y abstracta de narrar, menos interesada en los actos y los objetos que en las ideas que esos objetos y actos encarnan.

Bueno: podría recriminársele que a veces tarde demasiado en desarrollar un concepto, o que recargue algo su escritura. No me voy a quejar de eso, con la de escritores que descuidan la forma para centrarse en transmitir sus ideas con contundencia y precipitación.

La trama: Jeffrey Lockhart viaja por invitación de su padre (al que no llama padre ni papá ni papi, sino "Ross") a un complejo en medio de la nada destinado a la criogenización de los cuerpos de personas que, por la razón que sea, deciden congelarse a sí mismas para despertar muchos años después. El complejo es una mezcla de centro de alta tecnología y performance artística, y allí se encuentra Artis, la nueva pareja del padre de Jeffrey, a pocos días de ser criogenizada. Esta decisión provoca en el narrador, y también en su padre, pensamientos y sentimientos contradictorios, que deberán enfrentar junto con el resto de experiencias provocadas por aquel extraño complejo.


Aunque ese amago distópico, llevado a mayores consecuencias por escritores de género como Asimov o Philip K. Dick o simplemente usado de pretexto, como Houellebecq en La posibilidad de una isla, no deja de ser una especie de lienzo en blanco sobre el que lanzarse a una reflexión sobre la sociedad actual y sus paranoias.

Arte y literatura: Quizás Don DeLillo sea el autor que más cerca está, en sus temas y en su forma de tratarlos, de las reflexiones sobre el arte contemporáneo. Punto Omega se abre con la descripción de una instalación en el MoMA: la proyección a cámara lenta de Psicosis. En Cero K la obra de arte es el propio complejo destinado a la hibernación: un complejo en el que la propia arquitectura, la escultura (en forma de maniquís, de calaveras gigantes, etc.), el cine (con proyecciones aleatorias de hechos reales, históricos o ficticios) y la propia vida parecen adaptarse a una finalidad estética.

Pues yo opino algo parecido, pero creo que la instalación como "objeto" es un simple aderezo necesario para ejemplificar el gusto por el derroche vacío propio de los supermillonarios, como si fuera gente incapaz de ajustarse a lo necesario, que tiene que deslumbrar en todos y cada uno de los detalles posibles.

Rechazo: Hay algunos aspectos en esta novela que me producen rechazo, y que hacen que me parezca interesante, pero no necesariamente recomendable. La primera es el lenguaje abstracto y algo pedante, como de crítico artístico, con el que está escrito, y que como digo es una marca de su autor. Me cuesta decidir si ese lenguaje está vacío y solo se sirve a sí mismo, o si de hecho quiere transmitir alguna idea importante sobre la vida y la muerte.

Yo no he sentido rechazo. De hecho, me gusta ser capaz de recomendar este libro antes de entusiasmarme u odiarlo como me ha pasado con todas las novelas que he conseguido acabar de DeLillo. Me gusta que arriesgue y que, aunque en este caso la cuestión de la inmortalidad no sea precisamente un planteamiento original, provoque al lector a la reflexión, incluso al posicionamiento. llegar a considerar pros y contras. Hay tanta novela que se deglute y no deja sensación alguna que, tratándose de una historia irregular que en más de un momento (ese interludio "poético" de la mujer criogenizada) se le escapa de las manos, la de DeLillo tiene capacidad de involucrar (o embaucar) al lector.

Otro aspecto es el tipo de protagonistas que Don DeLillo frecuentemente escoge para sus obras: hombres blancos, de clase alta (altísima: el 1% del 1%), cosmopolitas y cultos, con cuyos "sufrimientos" me cuesta identificarme. El posible significado humano y humanista de la criogenización parece quedar bastante limitado si es algo a lo que solo puede acceder una elite económica, la misma que compra arte contemporáneo o que puede permitirse viajar por todo el mundo gracias a su dinero o a su pasaporte.

¡Pero al final los deja en ridículo! Los ricos que pueblan esos libros, al menos este Ross de nombre falso o el broker de divisas chalado de Cosmopolis, parecen tan aburridos y hastiados de no encontrar nada con lo que obtener una emoción que, sea un corte de pelo en el extremo de la ciudad o una apuesta descabellada por una resurrección condicionada y restringida (como un 'reseteo'), son distintas caras de la misma absurda forma de diferenciarse del resto del planeta por su excentricidad, o por su pretenciosa manía de trascender.

Firmado: Santi y Francesc

viernes, 6 de noviembre de 2009

250 entradas - 250 años (I)

Para conmemorar que hemos llegado a las 250 entradas de blog -sin fallar un solo día-, los que hacemos Un libro al día nos hemos propuesto hacer nuestro propio "canon" de los mejores libros escritos en los últimos 250 años. Cada uno de los autores del blog votamos por los libros que quisimos (10 en algunos casos, 25 en otros), y después unificamos las listas.

Como la lista de "nominados" y "premiados" es muy larga, la dividimos en dos partes: publicamos hoy la lista de libros que obtuvieron un solo voto, de alguno de nosotros (los "nominados"). Mañana publicaremos la lista de los 14 libros que obtuvieron más de un voto y que, por lo tanto, se puede decir, son "los 14 mejores libros escritos en los últimos 250 años según Un libro al día". Como veréis, en la lista -la de hoy y la de mañana- hay un poco de todo: mucha literatura consagrada (no es un canon excesivamente rompedor en ese sentido); casi todo novela, con algunas incorporaciones de novela gráfica, ciencia-ficción o novela fantástica; bastante literatura en español (con predominio de Hispanoamérica) y sobre todo una aplastante mayoría de obras del siglo XX.

Esta es, en fin, la lista de nominados:


  • ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Philip K. Dick
  • Antología poética, Miguel Hernández
  • Canto a mí mismo, Walt Whitman
  • Cantos de Maldoror, Isidore Ducasse
  • Capitanes de la arena, Jorge Amado
  • De ratones y hombres, John Steinbeck
  • Dune, Frank Herbert
  • El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez
  • El barón rampante, Ítalo Calvino
  • El candor del padre Brown, G. K. Chesterton
  • El color de la magia, Terry Pratchett
  • El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad
  • El lobo estepario, Herman Hesse
  • El marino que perdió la gracia del mar, Yukio Mishima
  • El proceso, de Kafka
  • El profeta, Khalil Gibran
  • El retrato de Dorian Grey, Oscar Wilde
  • El rey se muere, Eugene Ionesco
  • El ruido y la furia, William Faulkner
  • El señor de los anillos, J.R.R Tolkien
  • El tragaluz, Antonio Buero Vallejo
  • El último encuentro, Sandor Marai
  • Esperando a los bárbaros, Coetzee
  • Fausto, Johann Wolfgang von Goethe
  • From Hell, Alan Moore
  • Hojas de hierba, Walt Whitman
  • Inventario Uno, Mario Benedetti
  • Jane Eyre, Emily Bronte
  • Juego de tronos, George R.R Martin
  • La casa de citas, Alain Robbe-Grillet
  • La ciénaga definitiva, Giorgio Manganelli
  • La insoportable levedad del ser, Milan Kundera
  • La montaña mágica, Thomas Mann
  • La naúsea, Jean Paul Sartre
  • La tierra baldía, T. S. Eliot
  • Las amistades peligrosas, Pierre Choderlos de Laclos
  • Libro del desasosiego, Fernando Pessoa
  • Lo bello y lo triste, Yasunari Kawabata:
  • Luces de Bohemia, Valle Inclán
  • Me casé con un comunista, Philip Roth
  • Movimiento perpetuo, Augusto Monterroso
  • Mrs. Dalloway, Virginia Woolf
  • Narraciones extraordinarias, Poe
  • Nieve, Ohran Pamuk
  • Orgullo y prejuicio, Jane Austen
  • Poeta en Nueva York, Lorca
  • Rayuela, Julio Cortázar
  • Relatos, Julio Cortázar
  • Residencia en la tierra, Pablo Neruda
  • Rimas, Becquer
  • Sin destino, Imre Kertesz
  • Todo Mafalda, Quino
  • Un mundo feliz, Aldous Huxley
  • Una soledad demasiado ruidosa, Bohumil Hrabal
  • Una temporada en el infierno, Arthur Rimbaud

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Quién participa en el sorteo de tres libros

Salvo error nuestro (que puede pasar, no somos infalibles aunque lo parezcamos), esta es la lista de las personas que han participado a través del blog, de twitter o de facebook, en el sorteo que propusimos para conmemorar nuestras 1000 entradas, diciéndonos cuál era su favorito de entre los libros que hemos reseñado, y que por lo tanto pueden ganar un ejemplar de Loca Novelife, de Elvira Rebollo; Belfondo, de Fusa Díaz, o Quédense dentro y cierren las ventanas, de Iratxe Jaio y Klaas von Gorkum (ed. Consonni):
  1. @LucioRecalde (Twitter) votó por La maravillosa vida breve de Oscar Wao de Junot Díaz
  2. Irene (blog) votó por El viento de la luna de Antonio Muñoz Molina
  3. Beatriz Alday (blog) votó por Las uvas de la ira de John Steinbeck
  4. Miguel Yuste Ayarzaguena (facebook) votó por La insoportable levedad del ser de Milan Kundera
  5. @ComprensLectora (twitter) votó por Seis personajes en busca de autor de Luigi Pirandello
  6. Yessica del Amo Sánchez (facebook) votó por El viento de la luna de Antonio Muñoz Molina
  7. Luisa (blog) votó por El bosque animado de Wenceslao Fernández Flores 
  8. Palimp (blog) votó por Shaun Tan
  9. Koldo (blog) votó por La higuera de Ramiro Pinilla 
  10. @RIC5AN (twitter) votó por La escritura o la vida de Jorge Semprún
  11. Josep M. Maya (blog) / @Mayaestudi (Twitter) votó por Aullido de Allen Ginsberg 
  12. Aída (blog) votó por Rebelión en la granja de George Orwell
  13. Marta Graupera Sanz (blog) votó por Seis personajes en busca de autor de Luigi Pirandello
  14. mientrasleo (blog) votó por Novela de ajedrez de Stefan Zweig
  15. Juan Cruz López (blog) votó por Los detectives salvajes de Bolaño
  16. toni_mp (blog) votó por Africanus, el hijo del cónsul de Santiago Posteguillo
  17. Gallo (blog) votó por La Tregua de Benedetti 
  18. Natalia M. (blog) votó por 13,99€ de Frederic Beigbeder 
  19. Escanyabruixots (blog) votó por La conjura contra América de Philip Roth
  20. NoPuedoConMiVida (blog) votó por Metrópolis, de Ferenc Karinthy
  21. Itzitxu (blog) votó por Seda de Alessandro Baricco
  22. Avellaneda (blog) votó por Ayer, de Agotha Kristof
  23. Joss Nieve (twitter) votó por El pirata garrapata
  24. Ayudante (blog) votó por Peter Pan de James M. Barrie
  25. AnnaMaria (blog) votó por ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick
Si nos hemos olvidado de alguien, que hable ahora, porque una vez que hagamos el sorteo y enviemos los libros ya no hay vuelta de hoja. Y como no somos un organismo oficial, las reclamaciones, al maestro armero. El sorteo se celebrará la semana que viene en Bilbao, y a falta de notario, será documentado con abundantes y absurdas fotografías, que se publicarán junto con el resultado del sorteo.

Como hay tres libros para sortear entre 25 personas, la probabilidad de ganar uno de ellos es (si no me equivoco) de cerca del 12%. Mucho mejor que la lotería de Navidad. Seguro que los que no participasteis en el sorteo estáis ahora tirándolos de los pelos...

Por cierto que, entre los libros por los que han (habéis) votado los lectores, los sorprendentes ganadores, con dos votos cada uno, son Seis personajes en busca de autor de Luigi Pirandello y El viento de la luna de Antonio Muñoz Molina.



jueves, 23 de junio de 2022

Octavia E. Butler: Hija de sangre y otros relatos

Idioma original: inglés
Título original: Bloodchild and Other Stories
Traducción: Arrate Hidalgo en castellano, para Consonni
Año de publicación: 1971-2003
Valoración: recomendable


Cuando hablamos de un campo literario como el de la ciencia ficción, nos vienen a la cabeza nombres legendarios como Philip K. Dick, Isaac Asimov, Ted Chiang, Ursula K. Le Guin y muchos otros, aunque principalmente autores masculinos. Pero tras leer no pocas novelas de la autora, queda claro que Octavia E. Butler merece estar entre los grandes a pesar de ser desconocida por gran parte de un público poco acostumbrado a ver una voz femenina y negra en un campo tan poblado y dominado por autores blancos como el de la ciencia ficción.

Esta obra recopilatoria consta de siete relatos cortos (algunos escritos en el inicio de la carrera literaria de la autora y otros añadidos posteriormente) así como de un par de ensayos sobre el acto (y la necesidad) de escribir; ya la propia autora abre con un prefacio donde ella misma confiesa que «odio escribir relatos. Intentar escribirlos me ha enseñado más sobre la frustración y la desesperación de lo que jamás querría saber» y añade afirmando que «yo soy, en esencia, novelista. Las ideas que más me interesan tienden a ser grandes (…) Y aun así, algunos de mis relatos son relatos de verdad». Quizá es por ello por lo que, de manera acertada aunque poco común, la autora añade al final de cada uno de los relatos un epílogo para poder hablar sobre ellos, para contar su motivación y su intención al escribir cada uno de estos cuentos.

Estilísticamente, ya en el primero de los relatos, «Hija de sangre» (que también da nombre al libro) desborda en impacto con un relato ganador de varios premios de ciencia ficción como Nebula, Locus y Hugo, situándonos en un mundo donde las tlic, unos seres provenientes del exterior (de tres metros de altura, con muchas extremidades y cola con aguijón), controlan los terranos, poseyéndoles o reclutándolos como símbolo de estatus, pues «T’Gatoi nos repartía entre los desesperados y nos vendía a ricos y poderosos a cambio de apoyo político (…) T’Gatoi supervisaba la unión de las familias». En este relato, Butler narra con crudeza y de manera bastante descarnada una situación en los que los humanos son utilizados por parte de una colonia invasora como cuerpos recipientes para su procreación y continuidad como especie mientras nos sitúa, en otro plano igualmente interesante, en una relación de amor (sic) posesivo y sumiso.

De manera parecida al anterior relato, en «La tarde y la mañana y la noche», la autora juega también con la violencia y los detalles escabrosos para tejer un relato en torno a una enfermedad que se transmite genéticamente que causa una gran falta de autocontrol en aquellos que la padecen pero que, a su vez, esa falta de control bien gestionada puede ejercer como elemento disruptivo para desplegar un potencial que de otra manera quedaría adormecido. Esta violencia se pone nuevamente de manifiesto en «Sonidos de habla», donde la narración nos ubica de lleno en una escena violenta en medio de un autobús. El relato nos sitúa en un mundo donde una extraña enfermedad provoca la pérdida de habla y, en casos extremos, la muerte, pues para quienes la padecían, «el lenguaje se perdía por completo o quedaba grave mente deteriorado. Nunca se recuperaba. A menudo, también producía parálisis, discapacidad intelectual o muerte». Así, a través de la voz de la protagonista que ha perdido la capacidad de leer y escribir, Butler nos habla de la incapacidad de la humanidad en comunicarse, en la facilidad de caer en la envidia y dejarse llevar por la ira. Y como toda una sucesión de situaciones parecidas se encarnan en un mal de daño irreversible.

Más allá de los relatos cortos, igualmente interesantes son los dos ensayos incluidos en el libro, el primero de los cuales («Obsesión positiva») trata sobre cómo la literatura la ha acompañado durante toda su vida y cuando, a sus diez años, se decidió a dar el paso a la escritura, pues «había decidido escribir algunas de las historias que me habían estado contando aquellos años. Cuando no tenia historias que leer, aprendí a inventármelas. Ahora estaba aprendiendo a dejarlas por escrito». Un paso adelante no vacío de dudas pues la autora confiesa que a sus trece años de vida dijo a su tía que quería ser escritora, quien le respondió afirmando que «los negros no pueden ser escritores». Tras esta inesperada respuesta la duda la asaltó puesto que «en los trece años de vida no había leído una sola palabra impresa que, por lo que yo supiera, hubiera sido escrita por una persona negra», aunque afortunadamente no cesó en su empeño. También es igualmente interesante (y ligado al hecho de escribir) el segundo de sus ensayos («Furor escribendi») donde la autora da consejos sobre qué hay que hacer para llegar a escribir un escrito que sea publicable y que se podría resumir constando que hay que «leer. Lee el tipo de libros que te gustaría escribir y aprende con ello», ir a talleres de escritura porque «escribir es comunicar. Necesitas que otras personas te digan si estás comunicando lo que tú crees y si lo estás haciendo de maneras que sean no solo accesibles y entretenidas, sino también tan cautivadoras como te permita tu habilidad»; de igual manera, la autora es directa al afirmar que hay que practicar sin pausa, pues es la única opción («Escribe. Escribe todos los días. Escribe tanto si tienes ganas como si no») y con ello pone de manifiesto la necesidad de la autoexigencia («revisa tu escritura hasta que sea tan buena como te permita tu capacidad» (…) «si encuentras algo que hay que arreglar, arréglalo, sin excusas. Ya habrá suficientes cosas que estarán mal y que no verás») así como la perseverancia, pues «del mismo modo que el hábito es más fiable que la inspiración, el aprendizaje constante es más fiable que el talento. Nunca dejes que el orgullo o la pereza te impidan aprender».

Ya volviendo a los dos últimos relatos (añadidos posteriormente a los escritos al principio de su carrera), vemos como en «Amnistía» la autora utiliza un escenario parecido a «Hija de sangre», pues lo protagoniza un conjunto de seres en forma aparentemente de plantas que invaden un territorio y utilizan a los humanos como trabajadores, no sin antes haberlos torturado hasta conseguir establecer una vía de comunicación entre ambas especies. De manera similar a como vimos en «Hija de sangre», las comunidades envuelven a las personas y las someten hasta que pierden toda esperanza, todo anhelo de cambio y, del mismo modo que en su anterior relato, sus personajes terranos se encuentran envueltos en algún momento por esas criaturas, mezclando miedo y afecto de una manera que nos inquieta y nos altera afirmando que «cuando una Comunidad te envuelve es como si te contuvieran en una especie de… camisa de fuerza cómoda» (…) «por alguna razón, después de la primera vez ya no da miedo. Es tranquilo y agradable». La autora consigue transmitir angustia al imaginar cómo los personajes pueden aceptar y asumir su nueva condición y encontrarla a su vez placentera acostumbrándose a los abusos y a los castigos, porque tal y como afirma Noah, «a algunos dejó de importanos, dejamos de luchar». 

Finalmente, en «el libro de Martha», la autora nos plantea una conversación entre Dios y la protagonista, a quien Dios ha traído para darle el poder de idear y aplicar un cambio en la humanidad para así poder salvarla, «algún modo de hacer que la humanidad no fuera una especie tan autodestructiva». El relato gira en torno a la dificultad de encontrar una única causa (y por tanto solución) a nuestros grandes males. Asimismo nos plantea la responsabilidad de asumir tal tarea sin saber si somos capaces de salir airoso porque, de lo contrario, se la podrían encomendar a alguien con fines perversos. El relato nos sitúa ante una terrible coyuntura pues ¿seríamos capaces de asumir la responsabilidad de encontrar y aplicar un cambio a nivel global sin saber a ciencia cierta si podría acarrear consecuencias perjudiciales que podrían empeorar incluso más la situación a largo plazo?

Por todo ello, y visto a nivel global, el libro que nos ocupa merece una lectura, pues de los siete relatos y dos ensayos que comprende la mayoría son recomendables, destacando por encima de todos «Hija de sangre», «La tarde y la mañana y la noche», «Sonidos de habla» y los dos ensayos. Butler sabe cómo mantener la tensión a lo largo de los relatos, cubriendo su obra con una prosa rodeada de violencia, en algunos casos física, pero también psicológica. La autora sabe cómo insuflar sus relatos de agonía y miedo y cierto punto de sometimiento y aceptación de la humanidad ante unas adversidades que nos vienen de fuera de nosotros mismos, pero a las que no sabemos cómo hacerles frente. 

Recuerda la propia autora en uno de los ensayos incluidos en libro una anécdota en la que, en una de las charlas que daba, una joven negra le dijo que «siempre he querido escribir ciencia ficción, pero no creía que hubiera ninguna mujer negra haciéndolo». Por eso, es muy destacable la figura de Octavia E. Butler, ya no únicamente por la calidad más que evidente de su prosa, sino por abrir un camino difícil, arduo y para mucha gente inexistente hacia la ciencia ficción con mirada femenina, con mirada negra. Cómo con los relatos de su obra en los que imagina escenarios en apariencia ficcionales pero posibles, ella imaginó un mundo inexistente, un mundo donde las mujeres negras podían escribir ciencia ficción, y lo hizo posible. Y de manera muy destacada.

También de Octavia E. Butler en ULAD: ParentescoLa parábola del sembrador, La parábola de los talentos

martes, 9 de enero de 2024

Harlan Ellison: Visiones peligrosas (I, II y III)

Idioma original: inglés
Título original: Dangerous visions
Traducción: Domingo Santos y Francisco Blanco
Año de publicación: 1967
Valoración: Recomendable para fans

Uno piensa que la vida es como un bote a la deriva; en ocasiones, ligeros vientos nos arrastran a gran velocidad, como con empeño en llegar lo antes posible a algún destino ignoto, y en otras, sin embargo, nos dejamos llevar por el flujo de la corriente; me pregunto qué extrañas corrientes han llevado mi vida hasta el momento en que me hallo leyendo un relato sobre un Bosco postmoderno con pene prensil, hijo de una ninfómana obesa y ludópata y nieto de un Unabomber helénico y centenario, narrado al estilo de Finnegans Wake durante 70 páginas– todo ello cortesía del bueno de Philip José Farmer -. Por cierto, un saludo a la Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie, que nos ha estado nutriendo de tarjetas de felicitación navideña durante tantos años; no sé porqué me he acordado ahora de ellos.

Debo aclararme: la reseña de hoy versa sobre Visiones peligrosas, una antología de relatos originales (esto es importante) de más de una treintena de popes de la ciencia ficción de los años 60, y claro, la época... la New Wave, el verano del 67, los hippies, las drogas... todo ella lleva a un resultado irregular. Pero oigan, al menos Philip K. Dick reconoció que usó drogas para la confección de su relato: más honesto que otros que hicieron mutis por el foro, pero que qué quieren que les diga, hay argumentos - como el anterior citado, o el toreo con coches - que parecen  haber sido pergeñados con cierta ayuda lisérgica.

Bien, lo cierto es que es una obra encomiable: nada menos que la flor y nata de la época, así como viejas glorias supervivientes de la generación anterior, creando nuevos relatos y  nunca publicados, expresamente recopilados para la ocasión y contando además con total libertad creativa. ¿Qué podía salir mal? Pues que es inevitablemente irregular.

Es, como digo, inevitable darse cuenta de quién se lo ha tomado más en serio, quién ha recuperado un texto de algún cajón y quién se ha desmelenado completamente rozando la boutade. Los textos van desde las cinco páginas (¿en serio, Damon Knight?) hasta las setenta y pico, con un nivel muy variable: desde grandísimos relatos como un ¿y si? del bloque soviético ganando la guerra fría, pasando por la entonces controversia de la pena de muerte y la donación de órganos, hasta alguna historia totalmente descafeinada como la del propio Harlan Ellison - para nada a la altura de sus compañeros - o algún breve cuento de hadas leído ya mil veces e integrado en el subconsciente colectivo de la humanidad.

Aquellos fans del género encontrarán muy interesante (o al menos ese fue mi caso) leer la obra de escritores más o menos principiantes en aquel entonces que pronto brillarían con luz propia en el firmamento de la ciencia ficción: un jovencísimo Larry Niven anterior a Mundoanillo, por ejemplo. Además, nos da la oportunidad de leer a autores más que interesantes a cuya obra es hoy día difícil de acceder; estoy pensando en Roger Zelazny o Theodore Sturgeon.

Otro plus que tiene es que cada relato, además de una desenfadada introducción de Harlan Ellison, tiene al final unos pocos párrafos de cada escritor explicando su visión de lo narrado, o sobre cómo ve él o ella el futuro (ahora ya pasado) de la ciencia ficción escrita. Esto punto lo encuentro francamente interesante, demasiadas veces me ha pasado que me quedado descolocado al acabar una lectura del género sin saber exactamente qué pretendía trasladarnos el escritor.

Cada uno de los volúmenes cuenta también con un prólogo general por parte de Ellison, el primero de ellos cuenta además con uno de Asimov, que quiso colaborar así en lugar de escribir un relato: es también francamente divertido cómo le llama enano insolente a Ellison y este le responde llamándole viejo decrépito. Ah, la ciencia ficción y su buena gente...

En fin, si son de magín inquieto no puedo menos que recomendarle esta antología; de carácter variable, el volumen de buenas historias es el suficiente como para que valga la pena leerlo, y en cuanto a las malas, son demasiado breves como para que importe.

Un libro ya legendario en el pequeño orbe de la ciencia ficción.

lunes, 19 de marzo de 2012

William Gibson: Neuromante

Idioma original: inglés
Título original: Neuromancer
Año de publicación: 1984
Valoración: recomendable

Neuromancer de William Gibson tiene un lugar asegurado en la historia de la ciencia-ficción al menos por tres motivos: por haber sido el primer autor en ganar en el mismo año los tres grandes premios literarios del género (el Premio Nebula, el Premio Philip K. Dick y el Premio Hugo); por haber popularizado el término ciberespacio, que ahora no se nos cae de la boca; y por haber "inventado" (o llevado a su madurez) el género conocido como "ciberpunk", una distopía ultratecnológica llena de hackers, cyborgs, drogas y mafias.

El protagonista, Henry Case, es un vaquero/hacker reclutado para realizar una compleja misión: infiltrarse en una forma de inteligencia artificial llamada Neorumante. Otros personajes, que Gibson reutiliza en otros relatos o novelas, incluyen a Molly, una especie de "Lobezno" cibernético; Riviera, un matón con la capacidad de proyectar holográficamente su mente; o el misterioso Armitage, cuyo pasado se relaciona oscuramente con un episodio de la Tercera Guerra Mundial. La trama en sí se desarrolla como una historia de aventuras, buenos contra malos (o mejor dicho, malos contra peores), a saltos entre dos mundos, el real y el ciberespacio, y transcurre, al menos parcialmente, en lo que se conoce como "The sprawl" (una megalópolis situada en la costa este estadounidense, que se extiende desde Boston hasta Atlanta, protegida por cúpulas geodésicas, y en algunas de cuyas regiones siempre es de noche).


Pero que nadie se confunda: Neuromante no es una novela fácil de acción para leer en una tarde tonta. De hecho, resulta una lectura bastante ardua, por varios motivos. Uno de ellos es que Gibson inventa un futuro extremadamente complejo, tanto en lo tecnológico como en lo socio-político, pero no lo explica detalladamente al lector, sino que lo da por supuesto, y además lo puebla de una terminología específica a la que tenemos que habituarnos rápidamente si no queremos perdernos la mitad de la gracia. También la técnica narrativa de Gibson, con frecuentes saltos y elipsis de una escena a otra, o con descripciones que alternan lo minuciosamente detallado con lo sinuosamente poético, hace que a veces cueste seguir la acción.

Tengo que decir, además (y Paula me dirá que solo me acuerdo de los traductores para criticarlos), que no me han gustado demasiado algunos aspectos de la traducción de José Arconada Rodríguez y Javier Ferreira Ramos para la edición de Minotauro, poque son a veces demasiado literales con determinadas frases coloquiales del inglés. "Estás lleno de mierda", por ejemplo, es una traducción palabra por palabra de "You are full of shit", que más bien quiere decir "Estás mintiendo" o "No tienes ni idea"; "Tú eres el hombre" es un calco de "You are the man", que en el contexto en que aparece quedaría mejor como "Eres el mejor". Y así.

Pero bueno, dejando detalles aparte, está claro que Neuromancer tiene ya un lugar en la historia literaria, y no solo literaria, sino cultural, de finales del siglo XX y principios del XXI. Para valorar su importancia hay que tener en cuenta que se escribió en 1984, cuando internet todavía estaba en pañales; y que a ella se debe no solo el término (y el concepto) de ciberespacio, sino toda una estética, un género y un mundo ficticio que después ha sido productivamente reaprovechado en muchos otros libros y películas. Sin ir más lejos, en la saga Matrix.