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lunes, 25 de mayo de 2026

David Lynch: Lynch por Lynch

Idioma original: inglés
Título original: Lynch on Lynch
Año de publicación: 1997 (con reedición en 2005)
Traducción: Elena Arguedas González
Valoración: bastante recomendable

Siendo Lynch mi director favorito y causante de que mi vida cambiara de rumbo debido a la maravilla que es Twin Peaks, no podía evitar tener algún libro de (aunque Atrapa el pez dorado me pareció cualquier cosa menos un libro decente) o sobre Lynch, y estas entrevistas, género predilecto para saciar la curiosidad por la mente de un genio creativo, sirven como un acicate bastante positivo a la hora de adentrarse en este loco de peinado raro y películas aún más extrañas.

Lo primero, cabe aclarar, es que el libro no lo escribió Lynch, a pesar de que te lo pongan más grande que una casa en la portada. Realmente es Chris Rodley el que se encargó de entrevistarlo y de hacer el recorrido correspondiente por los inicios de su vida y la parada en cada película (se lo puede permitir porque son únicamente diez más la serie de Twin Peaks, aunque, si algo bueno tiene este libro, es que también cubre gran cantidad de cortometrajes, anuncios bizarros y pinturas, lo que da una panorámica completa de su esencia y no únicamente de la carrera cinematográfica). 

Pero Lynch, como todo artista mayúsculo, tiene la personalidad arrolladora que le permite adueñarse de cada respuesta y de no contestar nunca de forma genérica, no importa que sea la pregunta más común. En sus respuestas se revela su forma de ser, la de un hombre en perpetuo estado de asombro e inocencia, casi como un niño, y uno no puede dejar de sonreír ante las tonterías que dice o lo que le parece importante, a la vez que le genera una sensación de ternura y nostalgia por darnos cuenta de que percibe más de lo que nosotros vemos, porque siempre está predispuesto a hacerlo.

Así, a lo largo de los capítulos, asistiremos a la filmación de cada película, casi nunca hablando de aspectos técnicos, sino más bien de cómo surgieron las ideas y qué dificultades encontró Lynch a la hora de aplicarlas. Todo esto aderezado con algún que otro comentario sobre la necesidad de mantener el misterio de las películas, la radicalización de la violencia en el mundo (Lynch, aunque a veces conteste de forma ingenua, y en esto me hace recordar mucho a Brian Wilson, conoce perfectamente, en cada etapa de su carrera, su entorno inmediato e internacional. Los artistas son canalizadores instantáneos de lo social), la necesidad de creer en cierto camino ético, de mantener la inocencia, entre otras cosas. Las entrevistas no son excelsas: Chris Rodley es apenas un medio para que Lynch se exprese (ni siquiera parece haber una conexión especial entre ellos, o algún indicio de que se conocen de hace mucho), pero no rebusca demasiado ni lo provoca, y las contadas ocasiones son justamente en temas que Lynch no puede ceder por mera cuestión de principios. Pero es un libro bastante ameno, y es imposible no terminar queriéndolo como a un viejo amigo al que lo ves y te decís ¿pero cómo hizo para que le saliera todo bien con esta actitud?

Un último apunte: el libro originalmente terminaba con el estreno de Lost Highway, y la reedición abarca hasta Mulholland Drive. Queda como duda si existe la actualización de Inland Empire (mi ejemplar está todo subrayado por el dueño anterior), y, en el caso de que la hubiera, cómo carajos serían las respuestas de Lynch para justificar semejante obra desconcertante.


Más de (o sobre) Lynch en: Atrapa el pez doradoDavid Lynch

sábado, 1 de octubre de 2022

David Lynch: Atrapa el pez dorado

Idioma original: inglés

Título original: Catching the Big Fish

Traducción: Cruz Rodríguez Juiz y Aurora Echevarría

Año de publicación: 2006 (reeditado)

Valoración: Decepcionante


Qué difícil resulta y qué amargo tener que valorarlo así. Ya me ha ocurrido antes, a cuenta de cierto libro en torno a un autor que admiro (me ahorro recordar el mal trago), y parece que he caído de nuevo en la trampa. En esta ocasión se trata de David Lynch, uno de mis favoritos en el mundo del cine, cuyo libro corrí a comprar en cuanto tuve noticia.

Resulta que Lynch hace meditación trascendental, y eso parece que le va muy bien. Se inició con el famoso Maharishi, y la cosa le proporciona, según dice, un bienestar especial, está en sintonía con el mundo, se encuentra en plenitud y gracias a eso no solo ve la vida de una forma más placentera sino que es capaz de captar esas ideas que fluyen por ahí y tiene la perseverancia y la presencia de ánimo para darles forma y, añado yo, obtener los extraordinarios resultados que podemos disfrutar en sus películas. 

El problema, uno de ellos, es que Lynch lo cuenta muy mal. Podría haber explicado un poco en qué consiste la meditación, que es algo que casi todos intuimos pero muy pocos conocen de verdad, y cuáles son sus beneficios, más allá de vaguedades como que es fantástico, inspirador, increíble, zambullirse en un océano muy especial, y cosas por el estilo. Personalmente no es que me interese mucho el tema, pero si alguien tiene una experiencia de algún tipo que le resulta gratificante y la transmite con un mínimo de habilidad puede conseguir atraer la atención en un cierto grado. Pero es que Lynch ni se acerca, así que nos quedamos con que el invento le va muy bien, y ya está.

La parte que todo fan del genio de Missoula está (estamos) esperando del libro son naturalmente las noticias acerca de sus películas o del cine en general. Aquí tenemos algunas anécdotas más o menos interesantes, acerca por ejemplo de otro director-monstruo (Kubrick, claro), o de los actores Jack Nance o Dennis Hopper, alguna excusa sobre el fracaso de Dune (humm...), los sutiles vínculos de Twin Peaks con la infancia de Lynch, o la extraña gestación de Inland Empire. A veces apunta cómo surgieron algunas secuencias geniales y cómo las ideas iniciales se van trabajando, perfeccionando o traduciendo en imágenes, hasta conseguir captar la atmósfera buscada a través del sonido, la iluminación o un simple gesto. Es desde luego lo más atractivo del libro porque son vivencias personales que rara vez pueden encontrarse en otro tipo de textos.

Pero todo vertido en pequeñas píldoras, nunca más de dos páginas, y algunas con el formato y profundidad de lo que sigue:

SENTIDO COMÚN

Hacer películas es casi todo cuestión de sentido común. Basta con mantenerse alerta y pensar las cosas.

Una página entera para esto. 

Y el resto, una colección de cosas heterogéneas hasta rellenar ciento y pico páginas sin una mínima elaboración, sin que parezca ni por un momento que la perseverancia y el mimo que Lynch utiliza en su cine haya llegado en ninguna medida al texto. Que está muy bien la espontaneidad y el desorden, siempre y cuando el conjunto conduzca a alguna parte y no se limite a una acumulación de ocurrencias entre las que hay que pescar un pequeño puñado de cosas que puedan interesar (¿consistirá en eso la tontería esa del ‘pez dorado’?). Todo ello con el aspecto de haber sido escrito por un alumno mediocre de la ESO y, que no se olvide, reeditado por Pengouin en 2016, aparte de con algunas erratas insoportables (*), con un bonus consistente en…  entrevistas (¿) realizadas por el propio Lynch a dos lumbreras como Paul McCartney y (oh My God!) Ringo Starr.

No sé si se nota que me duele haber escrito todo esto. Pero creo que en definitiva el mundo ha sido afortunado porque David Lynch se haya dedicado al cine y no a la literatura. Así que llevo el libro a algún rincón oscuro donde me evite el cabreo de volver a verlo, y me pongo a disfrutar una vez más de Cabeza borradora. Por ejemplo.

(*) Confundir el apellido del actor fetiche del director y autor del libro es un insulto para ambos y para el lector. Sí, Kyle McLachlan se transforma en Kyle McLaughlin, como si el poder de los gurús hubiera doblegado la voluntad del corrector (si es que lo había)


domingo, 7 de septiembre de 2014

Colaboración: David Lynch de Michel Chion


Idioma original: francés
Título original: David Lynch
Año de publicación: 2001
Valoración: Muy recomendable (aunque sólo para interesados en el tema)

Cuando alguien sabe de un tema, se nota de verdad que sabe. No le hacen falta florituras, le sobra la pedantería y no necesita grandilocuencia para demostrar que sabe. Tampoco precisa ponerse grave ni parecer ininteligible. Cuando uno sabe de lo que habla, lo que dice sale con fluidez, se explica con sencillez y claridad, no le falta el humor y el resultado es siempre atractivo para el profano.

Pues todas estas flores van para Michel Chion, un tipo muy puesto en cine al que descubrí por casualidad hace unos años, y que tiene la capacidad de proponer puntos de vista diferentes y hacernos ver con toda naturalidad cosas que nunca se nos hubieran ocurrido.

Si semejante individuo nos va a guiar además por los maravillosos –aunque no siempre fáciles- caminos que recorre el cine de un genio como David Lynch, el cóctel no puede resultar más sugestivo.

De la mano de Michel vamos descubriendo facetas apasionantes de los primeros trabajos de Lynch, que desembocaron en Cabeza borradora. De ahí al reconocimiento general con El hombre elefante, las vicisitudes de Dune, y por supuesto el Lynch en estado puro, el inimitable creador de Terciopelo azul, Twin Peaks y toda la saga que continuó hasta Mulholland Drive. Todas ellas (o casi, porque Dune me sigue pareciendo una castaña, diga lo que diga Chion), pelis que nos emocionaron, desataron el escalofrío de lo inverosímil y nos colocaron de frente ante el lado oscuro, o simplemente nos hicieron disfrutar con lo extravagante de una enorme bandeja de donuts, o una chupa de piel de serpiente.

El autor desgrana con mimo los entresijos de los guiones, los caracteres de los personajes, nos explica encuadres y montajes, el sonido, los colores y las texturas que nos transmite cada película. Y, como no podía ser de otra forma, descubriendo toda esa riqueza, adquirimos nuevos argumentos para saborear de nuevo estas maravillas, degustándolas más intensamente, y desde perspectivas hasta ahora desconocidas. Imprescindible para ‘lynchianos’ furibundos (presente!) y recomendable también para quien quiera aprender a disfrutar del buen cine.

Firmado: Carlos Andia

viernes, 2 de agosto de 2024

John Franklin Bardin: El percherón mortal

Idioma original: inglés

Título original: The Deadly Percheron

Año de publicación: 1946

Traducción: César Aira

Valoración: está bastante bien y recomendable para aficionados al género

Ignoro si esta novela ha sido adaptada alguna vez al cine (lo dudo), pero tengo claro quién hubiera sido el director adecuado para hacerlo y no es otro que el inefable David Lynch.  La razón creo que estará clara para quien haya leído la novela, pero me temo será difícil de explicar a quien no la haya hecho, ya que si historia posee, además, la característica de resultar harto complicada de explicar. Aparte, claro, de que no debe hacerse, puesto que, en palabras de Cabrera Infante (que fue un gran admirador de este libro), "revelar la trama de esta novela es un verdadero crimen". Sirva como explicación de lo que he comentado sobre Lynch que aquí los lectores/as encontrarán, además de crímenes y misterio, amnesia, expeditivos leprechauns, ominosos caballos, extraños feriantes, femmes fatales, espejos deformantes, sinrazón y locura.

Resumen muy resumido (por contar algo): George Matthews es un psiquiatra de Nueva York que recibe en su consulta a James Blunt, joven heredero de una fortuna que teme estar volviéndose loco, pues pretende que unos peculiares hombrecillos le contratan para realizar ciertos encargos, a cual más absurdo. A partir de ahí, Matthews  se ve inmerso en una trama a cada momento más desconcertante y hasta alucinatoria, plagada de sorpresas y giros que convierten la lectura de esta historia en una experiencia intrigante y, por momentos, adictiva.

Y lo es, sobre todo, más que por una sabia dosificación del misterio en la trama, porque hasta el final uno no entiende nada de lo que está pasando, de forma que, incluso hasta justo antes de ese final, todas las posibilidades están abiertas. Bien es cierto, no obstante, que quizás la historia haya perdido punch desde ese 1946 en el que fue publicada o desde los años 70, cuando fue redescubierta, al parecer, por los aficionados al género y se cimentó el prestigio de El percherón mortal como una de las muestras más enigmáticas de la novela negra. Hoy en día, sin embargo (debido, en parte y precisamente, al cine de David Lynch y otras propuestas algo bizarras... como la narrativa del traductor al español, nuestro admirado César Aira) es más difícil que nos sorprenda. Lo que no quita, para que leer esta novela sea algo del todo recomendable, más aún e incluso diría que de forma obligada, para los amantes del noir.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Bret Easton Ellis: Suites Imperiales

Idioma original: inglés
Título original: Imperial Bedrooms
Año de publicación: 2010
Valoración: está bien

A lo mejor el nombre de Bret Easton Ellis no dice mucho a algunos lectores. Quizás Menos que cero ya dice algo más. Y casi seguro que American Psycho les suena a casi todos. Pues sí, este es Bret Easton Ellis, el enfant-ya-no-tan-enfant terrible de la literatura norteamericana, especializado en historias truculentas llenas de sexo y violencia que reflejen (supuestamente) la amoralidad de la sociedad yanqui. [Aquí hago una pequeña confesión sin importancia: la primera vez que oí el nombre de este escritor, y durante los años siguientes, pensé que se escribía "Bretis Tonelis", así que me lo imaginaba italiano, o griego, o algo similar]


Suites Imperiales se ha vendido como una continuación de Menos que cero, y desde luego que es así, en el sentido de que recupera a los mismos personajes veinticinco años después de la novela original; pero el tono de "aquí no pasa nada" (algo así como un Jarama a la americana) es sustituido ahora por una trama bastante compleja de amores, traiciones, prostitución, crimen, violencia y drogas, que atrapa al protagonista y aspira a atrapar al lector (y en mi caso lo consiguió). Si en Lunar Park Ellis ponía su estilo habitual al servicio de una historia de terror, esta vez, en Suites imperiales, utiliza un molde de novela negra en un Hollywood alucinado (como si L.A. Confidential la hubiera dirigido David Lynch) para volver a los temas de siempre: el sexo (¿el amor?), la violencia, los excesos, los vicios de la juventud ya no tan joven (como él, sí).

La nueva novela de Bret Easton Ellis ha recibido críticas contradictorias: algunas extremadamente elogiosas, otras bastante destructivas. Creo que el problema es que, veinticinco años después, ni el estilo ni el contenido de la novela resulta impactante, novedoso o sorprendente, como sí pudo resultar cuando se publicó Menos que cero. Llevado al extremo en American Psycho, esa mezcla de despreocupación, humor y violencia explícita quizás ya no tiene nada que ofrecer desde el punto de vista formal; y lo que es peor, tampoco resulta significativo para describir nuestros tiempos, que ya no son, no pueden ser, los de la feliz autocomplacencia de los años 80.

Sea como sea, Suites Imperiales es una novela ágil, ácida, oscura y divertida al mismo tiempo, una digna continuación de la trayectoria de su autor, y sin duda una novela que veremos adaptada al cine dentro de muy poco tiempo. A lo mejor, hasta la dirige David Lynch...

También de Bret Easton Ellis en ULAD: American PsychoMenos que cero

domingo, 12 de abril de 2026

David Toop: Océano de sonido

Idioma original: inglés

Título original: Ocean of Sound

Año de publicación: 1995

Traducción: Tadeo Lima

Valoración: recomendable (pero indigesto para no iniciados)

Vaya, con los motores de búsqueda. Al intentar obtener la foto de portada que es potestativo añadir a cada una de nuestras puntuales reseñas, veo que una de las clasificaciones de Oceáno de sonido es "antropología". 

Pretexto más que oportuno para negar ante el gran  jurado que esta sea otra reseña sobre música o músicos, aunque tampoco voy a haceros comulgar con ruedas de molino. Su autor, David Toop, no se conforma con ser, él mismo,  músico. 

También es una de las más reputadas firmas de la crítica musical, con intervenciones en varios medios aunque la que me ha resultado siempre más notable es su colaboración con la veterana revista The Wire, impertérrita biblia de la música más experimental y arriesgada (reto a cualquiera que crea saber algo de música a investigar si conoce a más de un par de sus designaciones de los cincuenta discos del año, cualquiera de ellos) a la par que, glups, elitista e incluso tan obstinada en descubrir oscuros artistas y grabaciones recónditas que, no pocas veces, condena a sus lectores a imaginar, más que a disfrutar, los discos comentados. 

Pero hubo un tiempo, allá por las últimas décadas del siglo XX, en que una corriente relativamente popular coincidió con la vanguardia. Y Toop se encontró en la cresta de la ola allí y seguro que fue muy excitante esa coincidencia, pero este no se trata de un libro celebratorio y condescendiente, sino más bien de un exhaustivo - en su medida - ensayo sobre uno de los aspectos más oscuros pero influyentes de la historia de la música: el sonido ambient, y sus ramificaciones. Aquí aparece el aspecto antropológico y algunos aspectos de este libro pueden hacernos pensar si el autor no se ha tomado el tema demasiado en serio y una cuestión puramente sonora ha pasado a disponer de tanto alcance. Porque podemos empezar hablando de Debussy, pues una de las premisas del libro pasa por usar las tecnologías de grabación, registro y edición sonora como un elemento casi central en el proceso compositivo, y acabar hablando de conciertos de cigarras en los árboles de algún paraje remoto, pues aquí también se escribe mucho sobre grabaciones de campo, sonidos generados tanto por la naturaleza como por la tecnología - y han pasado treinta años desde su publicación -, y Toop demuestra disponer de un amplio ángulo cultural pues, lejos de ceñirse a lo puramente sonoro aquí hay también mucha especulación de otros ámbitos culturales. Toop nombra a Pynchon, a Joseph Conrad, a David Lynch, y ese discurrir no suena forzado sino natural. Aunque se mencione a oscuros músicos de culto como LaMonte Young, Terry Riley o Brian Eno, el recorrido de este libro, con el pretexto de analizar esos entornos sonoros que pueden, a primeras, no parecernos exactamente musicales en el sentido que solemos interpretar, resulta fascinante, interesante y paradójicamente exótico.

lunes, 20 de mayo de 2013

Thomas Pynchon: La subasta del lote 49

Idioma original: inglés
Título original: The crying of lot 49
Año de publicación: 1965
Traducción: Antonio-Prometeo Moya
Valoración: intragable

Veamos. Si elijo una novela corta, de un autor de culto, es con buenas intenciones. Comprobar si su estilo me atrae hacia algunas de sus grandes obras. En el caso de Pynchon, a ese El arco iris de gravedad que parece ser, unánimemente, una de las obras magnas de la narrativa norteamericana del siglo XX. O sea, señor juez, mi intención era la mejor.
Qué culpa tengo, entonces, si La subasta del lote 49 quizás no sea una obra representativa del talento de Pynchon. Al que también, por cierto, acudo como consecuencia de la rendida admiración que por él sentía David Foster Wallace. 
No me hagáis justificarme más entonces, vamos.
Porque lo de Pynchon en esta novela no sé ni cómo abordarlo. Pero ya le puse un "no sé" a un libro hace unos días y ha habido alguna que otra etiqueta no homologada. Así que intragable. Lo cual define a esta novela.

Primero, por el engaño en la estructura: el libro empieza con, por lo menos, un pie en una cierta concreción y en una trama físicamente comprensible. Hasta el capítulo dos, aunque los desvaríos ahí ya empiezan a arreciar, quien lee es capaz de mantener un cierto seguimiento más o menos difícil. Claro que se vislumbra un crescendo, pero, digamos, el globo aún mantiene un vínculo con la superficie. Pero  es que son seis capítulos. Y en cada uno la maraña crece exponencialmente. 
Segundo, por las trampas cultas, o cultistas, intercaladas. Que aportan una desagradable sensación (unidas a mi pre-concepción particular de que cualquier Pynchon tenía que ser bueno) de que el libro no te gusta porque no eres capaz de entenderlo. Que te pierdes algo por carecer de referencias o de background cultural o lo que sea. La incrustación de una obra entera de teatro de corte clásico en, creo, el tercer capítulo, no hace más que agravar esa impresión, la de que ese es un nudo importante y que había que fijarse. Otras: las clásicas menciones a la Alemania nazi, a Freud, a ex-presidentes y otros iconos del imaginario USA.
Tercero, porque no me he enterado de nada. Así de sencillo. Lo del sexto capítulo, en el que, pobre de mí, albergaba la esperanza de encontrar alguna clave que desvelase ya no todo, sino alguna cosa. Madre mía, leído, para hacerlo despejado, a las ocho de la mañana de un día claro y fresco después de haber dormido profundamente. Imposible, sacar otra cosa que palabrería desmadejada y alucinada, acoplamientos inverosímiles de sustantivos y adjetivos, hastiado (que ya cuesta hastiarme) de ese marasmo de conceptos que no tienen explicación alguna ni apelando a lo onírico ni a lo lisérgico ni a ambas cosas a la vez.
Cuarto, porque si Pynchon quiere que su lector no se entere de nada, pues lo ha hecho muy bien, eso sería una atenuante, ¿no? Pues no: su prosa no es lo suficientemente brillante como para salir airosa del embrollo en que se (nos) mete. Aquí no hay forma a cambio de fondo.
Pocas veces (recuerdo La ciudad de Mario Levrero) me había sentido tan desesperantemente confuso leyendo una novela. Por añadidura es una confusión que no induce al caos, sino al bostezo.
A punto he estado de consultar en Wikipedia acerca de los primeros experimentos con LSD en relación a la fecha de su publicación. Quizás hubiera cuadrado algo. Me hubiera gustado.
Que a David Lynch no se le ocurra hacer una película sobre este libro. Por favor.

También de Thomas Pynchon en Unlibroaldía: Vineland, Contraluz

jueves, 6 de febrero de 2025

Reseña + Entrevista: The Machine Stories, de Jared Roberts

Idioma original: Inglés
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

Jared Roberts es uno de mis escritores de creepypastas favoritos. Su prosa no es la más cuidada, ni sus personajes los más complejos. Pero su obra, publicada originalmente en su mayoría en el foro nosleep de Reddit, es creativa y personal (pues mezcla elementos weird con terror y ciencia ficción), además de desconcertante y desasosegante de un modo único e inimitable. Ah, y tiene algunos planteamientos, ideas y giros extremadamente alocados. 

Así que, cuando supe que Roberts había publicado The Machine Stories, la compré sin pensarlo un segundo. Quería apoyar a tan talentoso autor, e incluso estaba dispuesto a hacerlo a pesar de que su antología la imprimiera y distribuyera Amazon, adoleciera de una cubierta horrenda hecha con IA y compilara algunos relatos que yo ya conocía, pues los había escuchado locutados en YouTube.

¡Y cuánto me alegro de haber adquirido The Machine Stories! Al fin y al cabo, es un festín para los incondicionales de Roberts; también es una toma de contacto inmejorable para todo aquel que quiera adentrarse en su universo surreal y enigmático, o una buena adquisición para los amantes de la literatura extraña que no le teman a la complejidad y la ambigüedad. 

Los doce textos compilados en The Machine Stories tienen una calidad bastante homogénea. El único que no me ha gustado, pues me ha parecido muy pobre en su simpleza y linealidad, ha sido "More Channels". "Push the Blue Botton", por su parte, tiene un planteamiento interesante, pero no lo desarrolla de forma convincente y recuerda vagamente a una parte de La ciudad de Mario Levrero mucho más lograda. "The Arkansas Sleep Experiments", la interpretación de Roberts de uno de los subgéneros fundacionales de los creepypastas, resulta efectivo, pero se queda corto en impronta autoral e intensidad argumental cuando lo comparamos con otras obras del escritor.

De los demás textos, insisto en que todos ellos muy dignos, destacaría si acaso, por su absoluta genialidad, la novela corta "The Hidden Webpage", por su protagonista, "The Trees Are Not What They Seem" y, por su atractivo formato (se concibió para ser narrado en un podcast) y sus giros, "Sunburn".

Los textos de The Machine Stories parten de la misma premisa: personas corrientes con vidas anodinas se ven súbitamente envueltas en una serie de eventos bizarros. En ellos hay también una serie de elementos recurrentes: memorias de las que no te puedes fiar o directamente alteradas, angustia existencial y universos paralelos. Además, todos desdibujan la realidad con tanto éxito (o quizá es que la percepción de los protagonistas es errónea) que, al terminarlos, resulta imposible saber qué ha sucedido realmente. 

Teniendo este contenido y estética unificadores en cuenta, uno podría pensar que, leídos de corrido, los textos de The Machine Stories se antojarían reiterativos. Sin embargo, la inagotable inventiva de su autor convierte a cada uno de ellos en una experiencia distinta.

Dejad que os hable un poco de mis favoritos: 

"The Hidden Webpage" inaugura el volumen. Es, sin duda, un clásico de los creepypastas. Uno extremadamente original, capaz de apilar detalles extraños (aparentemente interconectados pero cuya lógica interna somos incapaces de establecer) con suma facilidad, erigir una atmósfera muy lograda e incrementar la tensión paulatinamente. Uno que se apropia de una imagen tan ridícula como lo son dos hombres disfrazados de abeja y hace que ésta te provoque un escalofrío. 

"The Trees Are Not What They Seem" es creativo, intenso y atmosférico. Ciertamente, resulta menos original que "The Hidden Webpage", y su manera de amontonar detalles extraños sin dar tregua al lector o a los personajes no fluye tan orgánicamente como en esa genialidad inspirada. Aun así, me parece un relato muy recomendable, y tiene la particularidad de que su protagonista es más proactivo y tiene una personalidad más marcada de lo habitual en la obra de Roberts.

"Sunburn" cierra la antología. Y lo hace por todo lo alto, con una historia redactada a modo de guion que sabe llevar su premisa hasta límites insospechados. Roberts en estado puro, señores.

Ahora permitid que liste algunos pasajes del libro:

«If you've been on the internet long enough you learn that. There's evil out there. Not the child porn or torture videos. Something deeper. Something hidden in all the code and connections.» ("The Hidden Webpage", página 10)

«When something dies, (...) there’s just this emptiness there. I think sometimes that emptiness can get filled with something else. Maybe that might look to us like a ghost. It’s nothing we should have anything to do with.» ("An Old-Fashioned Ghost Story?", página 128)

«(...) natural selection has nothing to do with with truth and everything to do with survival. It’s as reasonable to think we survive by being constantly deceived as to belive we survive by knowing reality as it is. Maybe we were naturally selected to detect the world all wrong.» ("We Built a Machine that Told Us Everything We Wanted", página 137)

Poco más que añadir. The Machine Stories no gustará a todo el mundo. Al fin y al cabo, los textos que compila son, al igual que la mayoría de Roberts, sumamente desconcertantes (incluso diría que herméticos), y suelen cerrarse con finales abiertos que pueden frustrar a cierto tipo de lectores. 

Aun así, esta antología autopublicada hará las delicias a los amantes de la literatura de lo extraño. Porque Roberts es uno de sus mejores cultivadores, y no sabéis lo afortunados que somos de que mucha de su obra se pueda leer o escuchar en internet de manera totalmente gratuita. Ojalá saque otro libro pronto para poder seguir apoyando su carrera; evidentemente, lo compraré sin pensarlo dos veces, aunque me gustaría que en esta ocasión el autor cuidara la edición (¡si hace falta hago yo la ilustración de cubierta!), no se decantara tanto por los elementos de ciencia ficción e incluyera más textos inéditos.


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Roberts ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: ¡Hola, Jared! ¿Cómo estás? Soy un gran admirador de tu obra y me hace mucha ilusión poder entrevistarte. En primer lugar querría preguntarte cómo te definirías en tanto que autor. ¿A qué género te adscribes y a qué público quieres llegar?

J.R.: Definir mi obra me provoca ansiedad, pues al hacerlo corro el riesgo de gafarla. Como cuando notas que las cosas están yendo bien y luego dejan de hacerlo. O cuando descubres que eres un escritor de terror e inmediatamente no puedes escribir nada que dé miedo. Así que intento no darle muchas vueltas. 

Escribo situaciones que nacen de sentimientos, fantasías y percepeciones de experiencias propias. Quiero captar sentimientos para que podamos hablar sobre ellos. Creo que a todos nos interesa la vida interior, especialmente la oscura. Supongo que el éxito de A24 prueba que mi público no es tan de nicho como en un inicio llegué a pensar. La gente busca complejidad, honestidad y sombras.

ULAD: ¿Qué obras te inspiran? 

J.R.: Miro muchas películas. Sobre todo de terror. Y dramas lentos y sombríos, como Paterson y Manchester by the Sea. También me gusta la TV. Twin Peaks. Y esa serie de los 90 llamada Millennium.

En cuanto a literatura. Thomas Bernhard supuso una revelación la primera vez que lo leí. También me gusta mucho John Updike. Y esa novela extraña titulada A Voyage to Arcturus es una gran influencia.

El misticismo católico también me inspira. Estuve a punto de convertirme en un monje benedictino. Cuando tenía 18, leí a Teresa de Ávila, Teresa de Lisieux, Juan de la Cruz, Pseudo-Dionysus, Augustine, Evagrius Ponticus, Ángela de Foligno, etc... Ahora soy ateo, pero católico al mismo tiempo.

ULAD: ¿Cuál es tu trayectoria como escritor?

J.R.: No tengo mucho bagaje como escritor. Estudié filosofía. Dirijo una PMO (Oficina de Gestión de Proyectos). Escribo porque lo necesito, porque es una pasión, un propósito.

ULAD: ¿Qué ha supuesto autopublicar The Machine Stories, tu primer libro? ¿Tienes algún otro proyecto en mente, literario o de otra índole?

J.R.: No me ha gustado publicar The Machine Stories. Supuso una capitulación, porque nunca quise autopublicar. Sin embargo, suspendieron mi cuenta de Reddit por un tiempo (ya la he recuperado) y pensé que debía preservar de alguna manera las historias que subí ahí por si acaso. 

Estoy trabjando en múltiples proyectos. Es uno de mis defectos. Estoy enfangado con tres guiones. Uno de ellos, sobre "The Hidden Webpage". Un talent manager de Hollywood me lo pidió hace ocho años, pero la cagué. Por entonces no estaba preparado. También estoy escribiendo una novela, que ya tengo a medias. Y otra antología. ¡Eres el primero en saberlo, sin contar a mi mujer! Asimismo, querría montar un podcast con las últimas historias que he escrito. Y tengo listo un ensayo monstruoso basado la historia y cultura de una de mis pasiones, los estudios de internet.

ULAD: He visto que, entre tus referentes, citas a Robert Aickman, John Carpenter y David Lynch. ¿Puede que, en tu literatura, también haya algo de Philip K. Dick, y de escritores de terror contemporáneo (ya sea de otros cultivadores de nosleep y creepypastas o de autores como Thomas Ligotti o Michael Wehunt)?

J.R.: Realmente sólo he leído una novela de Philip K. Dick, Valis. Fue hace años, y me gustó mucho. En esa novela, Dick retrata eventos e ideas cósmicos al hacer que afecten la vida de un tipo corriente. Eso me impresionó sobremanera, aunque no lo consideraría una influencia. Pero corrígeme si me equivoco, ¡no dejes que me autoengañe! 

Sobre los otros autores. No he leído a Thomas Ligotti, y no conocía a Michael Wehunt. ¿Te suena el concepto alemán del zeitgeist? Quizá nuestras similitudes se deban a ello. Distintas personas llegarán a los mismos sentimientos e ideas, y acabarán reflejándolos en obras similares, pues la época y el contexto geográfico lo propician.

ULAD: Tus ficciones dejan entrever una visión del mundo y del hombre muy específicas. Hablan de universos incognoscibles y hostiles, llenos de eventos y conexiones que tus protagonistas apenas pueden asimilar o comprender, en los que gobiernan fuerzas aterradoramente poderosas. ¿Esta aproximación existencial es meramente literaria o, al igual que la de H. P. Lovecraft se nutría del materialismo y miedo a lo desconocido del autor, la tuya tiene raíces en creencias personales?

J.R.: Bueno, en la mayoría de mis historias abordo la memoria. A grandes rasgos, la memoria construye nuestro mundo. Si recuerdas a tus padres como abusivos, incluso si no lo eran, esto tendrá consecuencias en tu vida. Yo mismo he tenido memorias de cosas raras que otra gente niega que hayan sucedido. No sé. Todo esto se coló en mis historias. Algunas están más interesadas en plasmar la extrañeza y la liminalidad. Nada de lo que he escrito es puramente litetario.

ULAD: Ya que he mencionado a Lovecraft, me gustaría saber si te sientes influenciado por él de algún modo. Superficialmente, creo que vuestra obra no tiene nada que ver la una con la otra. Sin embargo, al menos en mi opinión, compartís temas y recursos narrativos. Uno de dichos temas sería la representación de un universo hostil hacia el ser humano repleto de fuerzas que escapan a nuestra comprensión. Y un recurso narrativo, el usar protagonistas con poca personalidad y proactividad para acentuar su universalidad e indefensión.

J.R.: Hmm, bueno, ciertamente disfruto sus historias. Me gusta bastante, por ejemplo, Dreams in the Witch House, donde los ángulos de la habitación no tienen sentido matemáticamente. ¿Qué es más inherente al orden del universo que las matemáticas? El protagonista atraviesa un mal ángulo o algo así, y luego se concatenan una serie de imágenes delirantes que te obligan a forcejear para darles sentido. Así que supongo que Lovecraft me influye en cierto modo. 

Me gusta cómo rompe las reglas. No le importa la narrativa convencional. Exploraba, ante todo, sus sentimientos. Antes de él, la gente ya sentía el horror cósmico. Más inmigrantes de lo habitual llegaban a ciudades históricamente insulares. Einstein nos descubría cosas nuevas sobre el universo. El universo devino enorme y complicado y abrumador. Las historias de Lovecraft transmutan los sentimientos de su mundo provinciano y de sus intereses siendo opacados por la inmensidad del universo. 

A pesar de que mucha gente a día de hoy la disfruta superficialmente, su obra nos permitió crear un vocabulario para un sentimiento concreto, el del horror cósmico. Y estoy seguro de que muchos de sus lectores identificarán sus propios sentimientos gracias a su obra. Esto es lo que pretendo lograr yo. Querría enriquecer el entendimiento de nuestra vida interior al imbuirlo en mis historias.

Y es cierto que mis protagonistas son poco proactivos (exceptuando el de "The Trees Are Not What They Seem", que tiene mucha personalidad). Quizá esto es algo en lo que emulo a Lovecraft. 

ULAD: He notado que muchas de tus historias están contextualizadas por una mitología propia y comparten elementos, aunque de una manera tan críptica que al lector le cuesta hacerse una visión panorámica nítida. ¿Tienes muy trabajado ese universo englobador, o te limitas a interconectar superficialmente tus ficciones?

J.R.: En la mayoría de casos, establezco esas conexiones según me parece. A veces tengo una noción más clara de cómo conectan las cosas, como en "The Trees Are Not What They Seem". Pero, al contrario que J. R. R. Tolkien, no dibujo mapas ni establezco genealogías antes de empezar a escribir. ¡Eso me volvería loco!

ULAD: Se puede extraer una lectura simbólica a tus textos. A "The Hidden Webpage", por ejemplo, el cómo internet puede absorver nuestra vida por completo; a "Remember that David Lynch movie, Dune? About that", "How to Lose Friends and Terrify People" o "Three Visits to a Hidden Tribe", el cómo familiares o amigos devienen irreconocibles. ¿Sueles tener en cuenta un núcleo temático alrededor del cual desarrollar tus historias?

J.R.: Yo forcejeo más bien con impresiones y sentimientos, que supongo que son similares a un tema. Pero señalar ese tema, o mejor dicho, buscar la palabra que lo defina, es trabajo de los críticos literarios. A ellos se les da bien. 

Mis temas provienen de la sección de mi paisaje interior que en ese momento quiera explorar. Me gusta pensar que otras personas tienen pensamientos y sentimientos similares a los míos, porque si no, todo es en vano. Todos tenemos pensamos y sentimos cosas que no sabemos cómo definir o expresar. 

O sea, ¿sabes lo que es el ASMR? Yo sentí eso toda mi vida, pero hasta que se popularizó en YouTube no fui capaz de ponerle un nombre. Durante dos décadas estuve intentando transmitir a otros ese cosquilleo placentero sin éxito alguno.

ULAD: Me ha parecido que tu antología The Machine Stories, aunque adscrita como la mayoría de tu obra dentro del género de terror, se decanta bastante hacia la ciencia ficción. En ella no hay solamente otras dimensiones y entidades cósmicas, sino que también tecnología futuristas y experimentos imposibles. ¿Fue el toque de ciencia ficción un criterio a la hora de seleccionar varios de los relatos que la compondrían? ¿Cómo decidiste qué historias la conformarían y en qué orden las situarías?

J.R.: No me gusta recurrir a lo sobrenatural en mis historias, quizá porque no creo en ello. Pero sí que creo que el mundo natural es inmensamente más complejo de lo que suponemos, y que el poder de la tecnología será cada vez más aterrador. Así que la tecnología misteriosa sustituye a demonios y fantasmas para mí. The Machine Stories agrupa historias con máquinas que distorsionan la realidad, nunca para bien. A veces de forma maliciosa, y otras no tanto, aunque siempre como las entidades amorales del Gran Colisionador de Hadrones de Lovecraft.

ULAD: Hay personas a las que tu literatura no les atrae. La consideran demasiado hermética. Tampoco les gusta que les obligue a estar atentos a múltiples pistas y detalles, ni que tenga finales abiertos y ambiguos. ¿Por qué decidiste abanderar este tipo de ficción? ¿Cómo la reivindicarías ante gente reticente?

J.R.: ¡Hermética! Me encanta esta palabra. 

A ver, ninguna obra de arte gustará a todo el mundo. Scorsese odia el cine de Marvel. A mí me encanta Deadpool y en cambio jamás miraré The Irishman. Mi película favorita del año pasado fue Hundreds of Beavers, pero poca gente se tragará  una comedia de dos horas grabada como una película muda.

Por mucho que disfruto las historias bien atadas y con un desenlace definido, no me siento cómodo escribiéndolas, porque al hacerlo siento como si estuviera jugando con figuras de acción. Movamos este juguete de plástico aquí y este otro allá y hagamos que peleen y fin. Cuando yo escribo historias misteriosas y ambiguas, me siento confiado en lo que hago. Estoy hablando de la realidad en toda su escurridiza gloria. No de plástico. Aunque entiendo que, a veces, demasiada vaguedad puede ser frustrante y pretenciosa. Yo mismo fui incapaz de terminar Skinamarink.


También de Jared Roberts en ULAD: Aquí

lunes, 7 de septiembre de 2009

Alain Robbe-Grillet: La casa de citas

Idioma original: francésLa Maison de rendez-vous

Título original:

Año de publicación: 1965
Valoración: Imprescindible

Por norma, los lectores nos fiamos del narrador: es lo que se llama el "pacto ficcional", por el que anulamos nuestro juicio crítico habitual y aceptamos la existencia de dragones, naves espaciales o personajes como la Regenta o Sherlock Holmes. Desde tiempos del Quijote, y probablemente incluso antes, aunque sobre todo desde mediados del siglo XIX, los escritores vienen experimentando con la creación de eso que Wayne Booth llamaba "narradores no fiables", es decir, voces narrativas cuyas afirmaciones debe poner en duda el lector, para descubrir la verdad detrás de sus palabras: narradores que mienten, engañan, tergiversan u ocultan los hechos, por desconocimiento, malicia o torpeza.

La casa de citas (también publicada como La casa de Hong-Kong) es un ejemplo de cómo a lo largo del siglo XX se ha llevado este juego del gato y el ratón entre narrador y lector hasta el extremo, al igual que las novelas de Pynchon o algunas de Nabokov, por ejemplo. Porque en La casa de citas nada es completamente cierto, y es imposible intentar que la narración tenga sentido, en el sentido clásico del término. Los personajes tienen dos o tres nombres distintos cada uno; el narrador es a veces un personaje, a veces otro, a veces ninguno; el inicio de la novela se cita en medio de la novela, como si fuera un discurso de un personaje; las mismas acciones suceden tres, cuatro o veinte veces en lugares y momentos distintos, y unas veces se trata de una representación teatral, otras de un conjunto escultórico, o de unas figuritas de porcelana; un personaje muere varias veces en la novela, cada vez de una manera distinta...

Por supuesto, todo está manejado con habilidad, humor y frialdad por el autor, que se divierte dejándonos pistas acerca de su propia consciencia de estar mezclándolo todo, con frases como "pero de esto ya hemos hablado más arriba", "esto está aquí fuera de lugar" o "pero cuando me acerqué vi que no era quien yo pensaba", etc. Además, las descripciones de situaciones y objetos idénticos en distintas situaciones (el vestido estrecho que se abre hasta el muslo, y más arriba; las sandalias con cintas que se cruzan sobre el tobillo, los enormes perros de Lady Ava...) permiten hilar fragmentos de argumento, pero se ven desmentidos inmediatamente por las incoherencias, los cambios de plano o los saltos narrativos.

Porque en La casa de citas sólo puede hablarse de argumento: hay una fiesta, representaciones eróticas sado-masoquistas, tráfico de drogas, prostitución, un confuso triángulo amoroso, un asesinato. Todo ello da como resultado un ambiente más que una trama. Un aire a novela negra con ribetes románticos y eróticos, pasada por el turmix de la nouveau roman, que nos deja boquiabiertos y patidifusos, y que nos obliga a aceptar un nuevo pacto narrativo, distinto al anterior, que viene a decir: "No te creo, narrador, pero no tengo más remedio que seguirte".

Una novela que será disfrutada especialmente por los admiradores del David Lynch de Carretera perdida o Mulholland Drive.

miércoles, 22 de junio de 2016

Contrarreseña: El bosque de la noche de Djuna Barnes

Idioma original: inglés
Título original: Nightwood
Año de publicación: 1936
Valoración: Muy recomendable

Hace ya cinco años (y un día) que Yemila reseñó Nightwood, de Djuna Barnes, una novela que se ha convertido en canónica como representante de la narrativa modernista anglosajona, y también de la literatura queer a nivel global. Que la edición que he leído tenga un prefacio de Jeanette Winterston y un prólogo de T. S. Elliot da idea de la relevancia histórica de la obra. En su reseña, Yemila no se mostraba muy emocionada con el libro: sí, pero no, venía a decir. Gustos no se discuten, como se suele decir, pero yo voy a intentar explicar por qué a mí sí me ha convencido esta novela y por qué leerla ha sido un placer, difícil pero intenso.

Para poder apreciar El bosque de la noche (traducción posible del sintético Nightwood original) hay que aceptar el juego que propone su estilo: un estilo preciosista, poético, retorcido, barroco, musical, y también, sí, por momentos recargado y algo anticuado. Si se consigue entrar en este juego, y dejarse llevar por los meandros de las frases, quizás en algún momento se tenga la sensación de estar perdido y no terminar de comprender, pero eso mismo forma parte del placer del que hablana. (En este sentido, esta prosa boscosa e hipnótica debe relacionarse con la de otros orfebres del estilo como Virginia Woolf o Lawrence Durrell).

Pero El bosque de la noche no es solo su estilo: es una obra que gira en torno a un personaje fascinante (fascinante para los otros personajes, pero también para el lector), pero que no es el personaje que más aparece en primer plano. Se trata de Robin Vote, mujer soñadora y siempre insatisfecha, siempre corriendo en busca de una felicidad imposible dejando un rastro de dolor en quienes se apasionan por ella. De hecho, casi todo lo que sabemos de ella lo sabemos a través de los ojos de estos otros personajes: el Baron Felix Volkbein, obsesionado con una antigua nobleza que no le corresponde; la joven Nora Flood, que aspira a tener el amor exclusivo de Robin, naturalmente sin conseguirlo; o la cuatro-veces-viuda Jenny Petherbridge, que roba a Robin de las manos de Nora como quien roba un pájaro. Y en relación con todos ellos, como una especie de "coro" o comentarista, el doctor Matthew O'Connor, un verborreico y excéntrico personaje que se convierte en consejero, a su manera, de todos los demás.

La mezcla del estilo espiral y de la elusividad del personaje de Robin Vote son los que crean, pienso, esa sensación de que estamos ante algo difícil de apreciar: esa mezcla de "bosque" y "noche" de la que habla el título. Hay que leer esta novela como se ven ciertas películas de David Lynch: aceptando su (i)lógica interna y disfrutando del viaje. Claro, no siempre conseguimos entrar en un juego de este tipo, por el momento en los que leemos el libro, por estar esrperando otra cosa o simplemente porque este tipo de juegos no nos gusta.

A mí me gustan; he disfrutado como un perro leyendo El bosque de la noche.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Jair Domínguez: Segui vora el foc


Idioma original: Catalán  
Año de publicación: 2014
Valoración: Se deja leer (siendo muy tolerante)

 La portada de Segui vora el foc da vergüenza ajena. Lo siento, pero es así. Estuve a punto de no leer la novela sólo por esto. Yo no conocía al autor, ni me sonaba el título de la obra. Lo único que tenía frente a mí era esta horterada. Y las primeras impresiones tienen mucho peso. La portada no es seria. Ni siquiera deliberadamente ridícula. Por favor, ¡si tiene la tipografía, los colores y la maquetación propias de un pakaging de muffins destinado a una target muy hipster!

 Cuánta cursiva, diréis. No os enfadéis. Parece que hablar así es de cronistas posmodernos. En Segui vora el foc se explota mucho este recurso. Emo y selfie son sólo dos de las muchas palabras en cursiva que aparecen en este libro.

 Perdón, ya me he tomado las tilas. Prosigo. Intentaré controlarme; ya está bien de tanto despotricar. A estas alturas de la reseña, parece que la novela no me haya gustado nada. Y debo decir que, aunque no me ha parecido espectacular, tiene un aspecto positivo a destacar. La historia es algo anárquica y no está pulida ni en tono ni en ritmo, su protagonista apenas evoluciona, y, no obstante, el libro tiene frases interesantes. No brillantes, pero sí perspicaces. El libro, de hecho, es un cajón de sastre (o a veces un "cajón desastre") donde Jair Domínguez volcó todas estas frases y las interconectó como buenamente pudo. Es decir, el libro es una excusa, vale, pero si fingimos que no nos hemos percatado de lo endeble que es su razón de ser, puede funcionar a su manera. 

  Quedémonos con las frases, que son, cuanto menos, interesantes. Abordan temas como la corrupción institucional de las editoriales o la decadencia de la narrativa (¡qué ironía!). También señala el triunfo que la mediocridad ha logrado gracias a internet. La falta de moral en el sujeto contemporáneo. O la sociedad del cansancio, aunque expuesta desde una perspectiva muy distinta a la ya vaticinada por autores como Byung-Chul Han o Michele Serra. 

 El problema es que Jair Domínguez no denuncia críticamente estos aspectos de nuestro presente. Parece, más bien, señalarlos en un patético intento de ceñirse a un determinado modelo de literatura, un modelo irreverente y ácido. Ya sabéis, en plan Bret Easton Ellis o Chuck Palahniuk. Bueno, en los momentos en que ambos autores están en más baja forma. Ah, no olvidemos el aderezo a lo Hunter S. Thompson. Puro postureo, vamos. 

 Espontaneidad agradecida, pero sin contener mínimamente. Escándalo barato, (mal)entendido como fin, no como medio. ¿Absurdo y experimental a lo David Lynch, como pregonan algunos? ¡Ni de coña! ¡Ni de forma intencional ni sin querer! Pero las frases... Les falta honestidad y mala leche, y sin embargo las frases no están tan mal. Tenemos aquí a uno de esos escritores con la osadía de un acróbata a los que les falta la técnica necesaria para mantenerse en la cuerda. Jair Domínguez acaba por precipitarse al vacío. Al menos grita durante su caída, eso tengo que reconocérselo. Y las piruetas previas a la caída, aunque ahora sabemos que eran una fanfarronada, también han tenido su qué. 

martes, 19 de mayo de 2020

Malditas cubiertas: Mujercitas de Louisa May Alcott

La primera vez que un libro entra en nuestro campo de visión nos llegan, al menos, dos mensajes simultáneos y superpuestos: lo que leemos (el título) y lo que vemos (la cubierta). La disparidad entre ambos mensajes es, visto lo visto, algo bastante común. Personalmente —que crecí con los vídeos musicales de los 80 y los 90— agoté toda mi tolerancia a las contradicciones, los sinsentidos y los párpados multicolores, por lo que prefiero cubiertas acertadas y coherentes con el título o el contenido de la obra, lo que no significa que no puedan ser comprometidas, arriesgadas o novedosas. 

Vimos hace algunas semanas por qué Mujercitas es algo más que la novela tonta para chicas que muchos creían y cómo subyacen en ella una serie de ideas y valores universales. La pregunta es ¿tales ideas y valores se traslucen en la multitud de cubiertas que han puesto rostro a este clásico indiscutible? Ya la sabéis la respuesta. La gran mayoría de cubiertas que se han publicado se dirige a un mercado femenino al que no hace falta seducir porque, como todo el mundo sabe: si hay algo a lo que una mujercita no puede resistirse es a fisgar en la vida de otra mujercita.

Mujercitas MAINSTREAM 
Déjate llevar por esta encantadora e inofensiva historia, ideal para echarse una buena llorera y calmar tus traicioneros nervios de mujer. 

Cinco mujeres concentradas y en silencio alrededor de un papel solo puede significar una cosa: el papel es un mapa.

Estampas cuquis con lecturas en el desván, una donación de almuerzo, una fiesta con un guante sucio o la hermana menor a punto de morir —pero alegremente— bajo el hielo.

Mujercitas RANDOM 
Para qué ahondar innecesariamente en estas mujercitas si usted ya sabe todo lo que tiene que saber: que son cuatro, que son hermanas y que son siamesas. 

Efectivamente, las mujercitas nacieron unidas por sus faldas, lo que las obliga a permanecer juntas en todo momento. 


Tras haber sido separadas, las mujercitas se miran entre ellas o apelan al lector consternadas mientras se preguntan qué van a hacer ahora que no tienen piernas.


Mujercitas FLOWER-POWER (o random plus
Si el objetivo de las flores es adornar y dar frutos, entonces las mujeres son flores y, por tanto, las mujercitas son florecitas y por eso las florecitas quedan bien allá donde las pongas.



Mujercitas REVOLUTION 
Una generación de cubiertas absolutamente modernas y vanguardistas capaces de transmitir menos que un teléfono fabricado con un envase de yogur. 

Mujercitas DE LEJOS. Podrían ser ninfas del bosque, estatuas de sal o unas monjas buscando setas.


Mujercitas DE CERCA. Tan cerca que solo cabe una (con sus flores y otras hierbas).


Mujercitas POR DENTRO, para conocer sus intereses y sus deseos más ocultos.

(1) costura, (2) costura y peinetas, (3) libros, complementos y adornos navideños, (4) libros, gatos, complementos y… costura. Enigma resuelto.

Mujercitas WTF 
Si Teo, Tintín y Astérix van donde quieren y hacen lo que les da la gana, las mujercitas también. 

Las mujercitas VAN A UN ENTIERRO.


Las mujercitas VIAJAN AL PAÍS DE LA CASPA.


Las mujercitas RUEDAN CON DAVID LYNCH.


Las mujercitas SE PASAN LAS LEYES ESPACIO-TEMPORALES POR EL MISMÍSIMO ARCO DE TRAJANO. 

No hay que tener un doctorado en historia ni ser un experto en estilismo para darse cuenta de que aquí pasan cosas, llamadme loca:(1, 2 y 3) vestidos de lunares, mantillas, bandurrias y cabellos azabache (4) look Jane Austen (5) look María Antonieta (6) moda parisina para damas con dinero y también serios problemas de cervicales (7) pre-pin-up (8) yo he visto esto en alguna serie de los 70.

Mujercitas WANTED 
Efectivamente, las mujercitas han tenido que salir (todas juntas) a comprar hilo de bordar y han sido sustituidas temporalmente sin que nadie se de cuenta porque, como todo el mundo sabe, las mujercitas son todas iguales. (Si alguien encuentra a las originales, que haga el favor de traerlas sanas y salvas con sus peinetas, sus guantes y el resto de sus mierdas intactas).

(1) Salomé de Salomé (2) Constance, de El amante de Lady Chatterley (3) Yum-Yum de El Mikado (4) Joven sonámbula en un campo de algodón en busca de su alma gemela que esperamos que esté menos zumbada que ella. 

MUJERCITAS 2.0
Experimentos modernos para llamar la atención y que no reflejan en absoluto el espíritu de la obra ni de sus protagonistas, las cuatrillizas siamesas.


(1) Una crítica al peso del escrutinio social que recae sobre los hombros de las jóvenes mujeres que acaban de abandonar la infancia y que, de algún, son empujadas a disfrazarse para formar parte de la vida adulta (2) La estampa de un salón revuelto (vivo) con cuatro cabecitas, cada una perdida en sus intereses e inquietudes, que no necesitan apelar a la mirada de un tercero para saber que existen (3) Un sinfín de elementos y conceptos de todo tipo que componen, a modo de tapiz bordado, el universo rico y complejo de las mujercitas (4) Cubierta majestuosa con su título bien grande, sus treinta y ocho tipografías y sus cenefas florales que otorgan ese aura épica y orgullosa que solo poseen los clásicos indiscutibles ¡claro que sí!