lunes, 25 de mayo de 2026
David Lynch: Lynch por Lynch
sábado, 1 de octubre de 2022
David Lynch: Atrapa el pez dorado
Título original: Catching the Big Fish
Traducción: Cruz Rodríguez Juiz y Aurora Echevarría
Año de publicación: 2006 (reeditado)
Valoración: Decepcionante
Qué difícil resulta y qué amargo tener que valorarlo así. Ya me ha ocurrido antes, a cuenta de cierto libro en torno a un autor que admiro (me ahorro recordar el mal trago), y parece que he caído de nuevo en la trampa. En esta ocasión se trata de David Lynch, uno de mis favoritos en el mundo del cine, cuyo libro corrí a comprar en cuanto tuve noticia.
Resulta que Lynch hace meditación trascendental, y eso parece que le va muy bien. Se inició con el famoso Maharishi, y la cosa le proporciona, según dice, un bienestar especial, está en sintonía con el mundo, se encuentra en plenitud y gracias a eso no solo ve la vida de una forma más placentera sino que es capaz de captar esas ideas que fluyen por ahí y tiene la perseverancia y la presencia de ánimo para darles forma y, añado yo, obtener los extraordinarios resultados que podemos disfrutar en sus películas.
El problema, uno de ellos, es que Lynch lo cuenta muy mal. Podría haber explicado un poco en qué consiste la meditación, que es algo que casi todos intuimos pero muy pocos conocen de verdad, y cuáles son sus beneficios, más allá de vaguedades como que es fantástico, inspirador, increíble, zambullirse en un océano muy especial, y cosas por el estilo. Personalmente no es que me interese mucho el tema, pero si alguien tiene una experiencia de algún tipo que le resulta gratificante y la transmite con un mínimo de habilidad puede conseguir atraer la atención en un cierto grado. Pero es que Lynch ni se acerca, así que nos quedamos con que el invento le va muy bien, y ya está.
La parte que todo fan del genio de Missoula está (estamos) esperando del libro son naturalmente las noticias acerca de sus películas o del cine en general. Aquí tenemos algunas anécdotas más o menos interesantes, acerca por ejemplo de otro director-monstruo (Kubrick, claro), o de los actores Jack Nance o Dennis Hopper, alguna excusa sobre el fracaso de Dune (humm...), los sutiles vínculos de Twin Peaks con la infancia de Lynch, o la extraña gestación de Inland Empire. A veces apunta cómo surgieron algunas secuencias geniales y cómo las ideas iniciales se van trabajando, perfeccionando o traduciendo en imágenes, hasta conseguir captar la atmósfera buscada a través del sonido, la iluminación o un simple gesto. Es desde luego lo más atractivo del libro porque son vivencias personales que rara vez pueden encontrarse en otro tipo de textos.
Pero todo vertido en pequeñas píldoras, nunca más de dos páginas, y algunas con el formato y profundidad de lo que sigue:
SENTIDO COMÚN
Hacer películas es casi todo cuestión de sentido común. Basta con mantenerse alerta y pensar las cosas.
Una página entera para esto.
Y el resto, una colección de cosas heterogéneas hasta rellenar ciento y pico páginas sin una mínima elaboración, sin que parezca ni por un momento que la perseverancia y el mimo que Lynch utiliza en su cine haya llegado en ninguna medida al texto. Que está muy bien la espontaneidad y el desorden, siempre y cuando el conjunto conduzca a alguna parte y no se limite a una acumulación de ocurrencias entre las que hay que pescar un pequeño puñado de cosas que puedan interesar (¿consistirá en eso la tontería esa del ‘pez dorado’?). Todo ello con el aspecto de haber sido escrito por un alumno mediocre de la ESO y, que no se olvide, reeditado por Pengouin en 2016, aparte de con algunas erratas insoportables (*), con un bonus consistente en… entrevistas (¿) realizadas por el propio Lynch a dos lumbreras como Paul McCartney y (oh My God!) Ringo Starr.
No sé si se nota que me duele haber escrito todo esto. Pero creo que en definitiva el mundo ha sido afortunado porque David Lynch se haya dedicado al cine y no a la literatura. Así que llevo el libro a algún rincón oscuro donde me evite el cabreo de volver a verlo, y me pongo a disfrutar una vez más de Cabeza borradora. Por ejemplo.
(*) Confundir el apellido del actor fetiche del director y autor del libro es un insulto para ambos y para el lector. Sí, Kyle McLachlan se transforma en Kyle McLaughlin, como si el poder de los gurús hubiera doblegado la voluntad del corrector (si es que lo había)
domingo, 7 de septiembre de 2014
Colaboración: David Lynch de Michel Chion
Idioma original: francés
Título original: David Lynch
Año de publicación: 2001
Valoración: Muy recomendable (aunque sólo para interesados en el tema)
Cuando alguien sabe de un tema, se nota de verdad que sabe. No le hacen falta florituras, le sobra la pedantería y no necesita grandilocuencia para demostrar que sabe. Tampoco precisa ponerse grave ni parecer ininteligible. Cuando uno sabe de lo que habla, lo que dice sale con fluidez, se explica con sencillez y claridad, no le falta el humor y el resultado es siempre atractivo para el profano.
Pues todas estas flores van para Michel Chion, un tipo muy puesto en cine al que descubrí por casualidad hace unos años, y que tiene la capacidad de proponer puntos de vista diferentes y hacernos ver con toda naturalidad cosas que nunca se nos hubieran ocurrido.
Si semejante individuo nos va a guiar además por los maravillosos –aunque no siempre fáciles- caminos que recorre el cine de un genio como David Lynch, el cóctel no puede resultar más sugestivo.
De la mano de Michel vamos descubriendo facetas apasionantes de los primeros trabajos de Lynch, que desembocaron en Cabeza borradora. De ahí al reconocimiento general con El hombre elefante, las vicisitudes de Dune, y por supuesto el Lynch en estado puro, el inimitable creador de Terciopelo azul, Twin Peaks y toda la saga que continuó hasta Mulholland Drive. Todas ellas (o casi, porque Dune me sigue pareciendo una castaña, diga lo que diga Chion), pelis que nos emocionaron, desataron el escalofrío de lo inverosímil y nos colocaron de frente ante el lado oscuro, o simplemente nos hicieron disfrutar con lo extravagante de una enorme bandeja de donuts, o una chupa de piel de serpiente.
El autor desgrana con mimo los entresijos de los guiones, los caracteres de los personajes, nos explica encuadres y montajes, el sonido, los colores y las texturas que nos transmite cada película. Y, como no podía ser de otra forma, descubriendo toda esa riqueza, adquirimos nuevos argumentos para saborear de nuevo estas maravillas, degustándolas más intensamente, y desde perspectivas hasta ahora desconocidas. Imprescindible para ‘lynchianos’ furibundos (presente!) y recomendable también para quien quiera aprender a disfrutar del buen cine.
viernes, 2 de agosto de 2024
John Franklin Bardin: El percherón mortal

Título original: The Deadly Percheron
Año de publicación: 1946
Traducción: César Aira
Valoración: está bastante bien y recomendable para aficionados al género
Ignoro si esta novela ha sido adaptada alguna vez al cine (lo dudo), pero tengo claro quién hubiera sido el director adecuado para hacerlo y no es otro que el inefable David Lynch. La razón creo que estará clara para quien haya leído la novela, pero me temo será difícil de explicar a quien no la haya hecho, ya que si historia posee, además, la característica de resultar harto complicada de explicar. Aparte, claro, de que no debe hacerse, puesto que, en palabras de Cabrera Infante (que fue un gran admirador de este libro), "revelar la trama de esta novela es un verdadero crimen". Sirva como explicación de lo que he comentado sobre Lynch que aquí los lectores/as encontrarán, además de crímenes y misterio, amnesia, expeditivos leprechauns, ominosos caballos, extraños feriantes, femmes fatales, espejos deformantes, sinrazón y locura.
Resumen muy resumido (por contar algo): George Matthews es un psiquiatra de Nueva York que recibe en su consulta a James Blunt, joven heredero de una fortuna que teme estar volviéndose loco, pues pretende que unos peculiares hombrecillos le contratan para realizar ciertos encargos, a cual más absurdo. A partir de ahí, Matthews se ve inmerso en una trama a cada momento más desconcertante y hasta alucinatoria, plagada de sorpresas y giros que convierten la lectura de esta historia en una experiencia intrigante y, por momentos, adictiva.
Y lo es, sobre todo, más que por una sabia dosificación del misterio en la trama, porque hasta el final uno no entiende nada de lo que está pasando, de forma que, incluso hasta justo antes de ese final, todas las posibilidades están abiertas. Bien es cierto, no obstante, que quizás la historia haya perdido punch desde ese 1946 en el que fue publicada o desde los años 70, cuando fue redescubierta, al parecer, por los aficionados al género y se cimentó el prestigio de El percherón mortal como una de las muestras más enigmáticas de la novela negra. Hoy en día, sin embargo (debido, en parte y precisamente, al cine de David Lynch y otras propuestas algo bizarras... como la narrativa del traductor al español, nuestro admirado César Aira) es más difícil que nos sorprenda. Lo que no quita, para que leer esta novela sea algo del todo recomendable, más aún e incluso diría que de forma obligada, para los amantes del noir.
viernes, 2 de septiembre de 2011
Bret Easton Ellis: Suites Imperiales
Idioma original: inglés
Título original: Imperial Bedrooms
Año de publicación: 2010
Valoración: está bien
A lo mejor el nombre de Bret Easton Ellis no dice mucho a algunos lectores. Quizás Menos que cero ya dice algo más. Y casi seguro que American Psycho les suena a casi todos. Pues sí, este es Bret Easton Ellis, el enfant-ya-no-tan-enfant terrible de la literatura norteamericana, especializado en historias truculentas llenas de sexo y violencia que reflejen (supuestamente) la amoralidad de la sociedad yanqui. [Aquí hago una pequeña confesión sin importancia: la primera vez que oí el nombre de este escritor, y durante los años siguientes, pensé que se escribía "Bretis Tonelis", así que me lo imaginaba italiano, o griego, o algo similar]
Suites Imperiales se ha vendido como una continuación de Menos que cero, y desde luego que es así, en el sentido de que recupera a los mismos personajes veinticinco años después de la novela original; pero el tono de "aquí no pasa nada" (algo así como un Jarama a la americana) es sustituido ahora por una trama bastante compleja de amores, traiciones, prostitución, crimen, violencia y drogas, que atrapa al protagonista y aspira a atrapar al lector (y en mi caso lo consiguió). Si en Lunar Park Ellis ponía su estilo habitual al servicio de una historia de terror, esta vez, en Suites imperiales, utiliza un molde de novela negra en un Hollywood alucinado (como si L.A. Confidential la hubiera dirigido David Lynch) para volver a los temas de siempre: el sexo (¿el amor?), la violencia, los excesos, los vicios de la juventud ya no tan joven (como él, sí).
La nueva novela de Bret Easton Ellis ha recibido críticas contradictorias: algunas extremadamente elogiosas, otras bastante destructivas. Creo que el problema es que, veinticinco años después, ni el estilo ni el contenido de la novela resulta impactante, novedoso o sorprendente, como sí pudo resultar cuando se publicó Menos que cero. Llevado al extremo en American Psycho, esa mezcla de despreocupación, humor y violencia explícita quizás ya no tiene nada que ofrecer desde el punto de vista formal; y lo que es peor, tampoco resulta significativo para describir nuestros tiempos, que ya no son, no pueden ser, los de la feliz autocomplacencia de los años 80.
Sea como sea, Suites Imperiales es una novela ágil, ácida, oscura y divertida al mismo tiempo, una digna continuación de la trayectoria de su autor, y sin duda una novela que veremos adaptada al cine dentro de muy poco tiempo. A lo mejor, hasta la dirige David Lynch...
También de Bret Easton Ellis en ULAD: American Psycho, Menos que cero
domingo, 12 de abril de 2026
David Toop: Océano de sonido
Título original: Ocean of Sound
Año de publicación: 1995
Traducción: Tadeo Lima
Valoración: recomendable (pero indigesto para no iniciados)
Vaya, con los motores de búsqueda. Al intentar obtener la foto de portada que es potestativo añadir a cada una de nuestras puntuales reseñas, veo que una de las clasificaciones de Oceáno de sonido es "antropología".
Pretexto más que oportuno para negar ante el gran jurado que esta sea otra reseña sobre música o músicos, aunque tampoco voy a haceros comulgar con ruedas de molino. Su autor, David Toop, no se conforma con ser, él mismo, músico.
También es una de las más reputadas firmas de la crítica musical, con intervenciones en varios medios aunque la que me ha resultado siempre más notable es su colaboración con la veterana revista The Wire, impertérrita biblia de la música más experimental y arriesgada (reto a cualquiera que crea saber algo de música a investigar si conoce a más de un par de sus designaciones de los cincuenta discos del año, cualquiera de ellos) a la par que, glups, elitista e incluso tan obstinada en descubrir oscuros artistas y grabaciones recónditas que, no pocas veces, condena a sus lectores a imaginar, más que a disfrutar, los discos comentados.
Pero hubo un tiempo, allá por las últimas décadas del siglo XX, en que una corriente relativamente popular coincidió con la vanguardia. Y Toop se encontró en la cresta de la ola allí y seguro que fue muy excitante esa coincidencia, pero este no se trata de un libro celebratorio y condescendiente, sino más bien de un exhaustivo - en su medida - ensayo sobre uno de los aspectos más oscuros pero influyentes de la historia de la música: el sonido ambient, y sus ramificaciones. Aquí aparece el aspecto antropológico y algunos aspectos de este libro pueden hacernos pensar si el autor no se ha tomado el tema demasiado en serio y una cuestión puramente sonora ha pasado a disponer de tanto alcance. Porque podemos empezar hablando de Debussy, pues una de las premisas del libro pasa por usar las tecnologías de grabación, registro y edición sonora como un elemento casi central en el proceso compositivo, y acabar hablando de conciertos de cigarras en los árboles de algún paraje remoto, pues aquí también se escribe mucho sobre grabaciones de campo, sonidos generados tanto por la naturaleza como por la tecnología - y han pasado treinta años desde su publicación -, y Toop demuestra disponer de un amplio ángulo cultural pues, lejos de ceñirse a lo puramente sonoro aquí hay también mucha especulación de otros ámbitos culturales. Toop nombra a Pynchon, a Joseph Conrad, a David Lynch, y ese discurrir no suena forzado sino natural. Aunque se mencione a oscuros músicos de culto como LaMonte Young, Terry Riley o Brian Eno, el recorrido de este libro, con el pretexto de analizar esos entornos sonoros que pueden, a primeras, no parecernos exactamente musicales en el sentido que solemos interpretar, resulta fascinante, interesante y paradójicamente exótico.
lunes, 20 de mayo de 2013
Thomas Pynchon: La subasta del lote 49
Traducción: Antonio-Prometeo Moya
Pocas veces (recuerdo La ciudad de Mario Levrero) me había sentido tan desesperantemente confuso leyendo una novela. Por añadidura es una confusión que no induce al caos, sino al bostezo.
A punto he estado de consultar en Wikipedia acerca de los primeros experimentos con LSD en relación a la fecha de su publicación. Quizás hubiera cuadrado algo. Me hubiera gustado.
jueves, 6 de febrero de 2025
Reseña + Entrevista: The Machine Stories, de Jared Roberts
lunes, 7 de septiembre de 2009
Alain Robbe-Grillet: La casa de citas
Idioma original: francésLa Maison de rendez-vousTítulo original:
Año de publicación: 1965
Valoración: Imprescindible
Por norma, los lectores nos fiamos del narrador: es lo que se llama el "pacto ficcional", por el que anulamos nuestro juicio crítico habitual y aceptamos la existencia de dragones, naves espaciales o personajes como la Regenta o Sherlock Holmes. Desde tiempos del Quijote, y probablemente incluso antes, aunque sobre todo desde mediados del siglo XIX, los escritores vienen experimentando con la creación de eso que Wayne Booth llamaba "narradores no fiables", es decir, voces narrativas cuyas afirmaciones debe poner en duda el lector, para descubrir la verdad detrás de sus palabras: narradores que mienten, engañan, tergiversan u ocultan los hechos, por desconocimiento, malicia o torpeza.
La casa de citas (también publicada como La casa de Hong-Kong) es un ejemplo de cómo a lo largo del siglo XX se ha llevado este juego del gato y el ratón entre narrador y lector hasta el extremo, al igual que las novelas de Pynchon o algunas de Nabokov, por ejemplo. Porque en La casa de citas nada es completamente cierto, y es imposible intentar que la narración tenga sentido, en el sentido clásico del término. Los personajes tienen dos o tres nombres distintos cada uno; el narrador es a veces un personaje, a veces otro, a veces ninguno; el inicio de la novela se cita en medio de la novela, como si fuera un discurso de un personaje; las mismas acciones suceden tres, cuatro o veinte veces en lugares y momentos distintos, y unas veces se trata de una representación teatral, otras de un conjunto escultórico, o de unas figuritas de porcelana; un personaje muere varias veces en la novela, cada vez de una manera distinta...
Por supuesto, todo está manejado con habilidad, humor y frialdad por el autor, que se divierte dejándonos pistas acerca de su propia consciencia de estar mezclándolo todo, con frases como "pero de esto ya hemos hablado más arriba", "esto está aquí fuera de lugar" o "pero cuando me acerqué vi que no era quien yo pensaba", etc. Además, las descripciones de situaciones y objetos idénticos en distintas situaciones (el vestido estrecho que se abre hasta el muslo, y más arriba; las sandalias con cintas que se cruzan sobre el tobillo, los enormes perros de Lady Ava...) permiten hilar fragmentos de argumento, pero se ven desmentidos inmediatamente por las incoherencias, los cambios de plano o los saltos narrativos.
Porque en La casa de citas sólo puede hablarse de argumento: hay una fiesta, representaciones eróticas sado-masoquistas, tráfico de drogas, prostitución, un confuso triángulo amoroso, un asesinato. Todo ello da como resultado un ambiente más que una trama. Un aire a novela negra con ribetes románticos y eróticos, pasada por el turmix de la nouveau roman, que nos deja boquiabiertos y patidifusos, y que nos obliga a aceptar un nuevo pacto narrativo, distinto al anterior, que viene a decir: "No te creo, narrador, pero no tengo más remedio que seguirte".
Una novela que será disfrutada especialmente por los admiradores del David Lynch de Carretera perdida o Mulholland Drive.
miércoles, 22 de junio de 2016
Contrarreseña: El bosque de la noche de Djuna Barnes
Título original: Nightwood
Año de publicación: 1936
Valoración: Muy recomendable
Hace ya cinco años (y un día) que Yemila reseñó Nightwood, de Djuna Barnes, una novela que se ha convertido en canónica como representante de la narrativa modernista anglosajona, y también de la literatura queer a nivel global. Que la edición que he leído tenga un prefacio de Jeanette Winterston y un prólogo de T. S. Elliot da idea de la relevancia histórica de la obra. En su reseña, Yemila no se mostraba muy emocionada con el libro: sí, pero no, venía a decir. Gustos no se discuten, como se suele decir, pero yo voy a intentar explicar por qué a mí sí me ha convencido esta novela y por qué leerla ha sido un placer, difícil pero intenso.
Para poder apreciar El bosque de la noche (traducción posible del sintético Nightwood original) hay que aceptar el juego que propone su estilo: un estilo preciosista, poético, retorcido, barroco, musical, y también, sí, por momentos recargado y algo anticuado. Si se consigue entrar en este juego, y dejarse llevar por los meandros de las frases, quizás en algún momento se tenga la sensación de estar perdido y no terminar de comprender, pero eso mismo forma parte del placer del que hablana. (En este sentido, esta prosa boscosa e hipnótica debe relacionarse con la de otros orfebres del estilo como Virginia Woolf o Lawrence Durrell).
Pero El bosque de la noche no es solo su estilo: es una obra que gira en torno a un personaje fascinante (fascinante para los otros personajes, pero también para el lector), pero que no es el personaje que más aparece en primer plano. Se trata de Robin Vote, mujer soñadora y siempre insatisfecha, siempre corriendo en busca de una felicidad imposible dejando un rastro de dolor en quienes se apasionan por ella. De hecho, casi todo lo que sabemos de ella lo sabemos a través de los ojos de estos otros personajes: el Baron Felix Volkbein, obsesionado con una antigua nobleza que no le corresponde; la joven Nora Flood, que aspira a tener el amor exclusivo de Robin, naturalmente sin conseguirlo; o la cuatro-veces-viuda Jenny Petherbridge, que roba a Robin de las manos de Nora como quien roba un pájaro. Y en relación con todos ellos, como una especie de "coro" o comentarista, el doctor Matthew O'Connor, un verborreico y excéntrico personaje que se convierte en consejero, a su manera, de todos los demás.
La mezcla del estilo espiral y de la elusividad del personaje de Robin Vote son los que crean, pienso, esa sensación de que estamos ante algo difícil de apreciar: esa mezcla de "bosque" y "noche" de la que habla el título. Hay que leer esta novela como se ven ciertas películas de David Lynch: aceptando su (i)lógica interna y disfrutando del viaje. Claro, no siempre conseguimos entrar en un juego de este tipo, por el momento en los que leemos el libro, por estar esrperando otra cosa o simplemente porque este tipo de juegos no nos gusta.
A mí me gustan; he disfrutado como un perro leyendo El bosque de la noche.
lunes, 25 de diciembre de 2017
Jair Domínguez: Segui vora el foc
Quedémonos con las frases, que son, cuanto menos, interesantes. Abordan temas como la corrupción institucional de las editoriales o la decadencia de la narrativa (¡qué ironía!). También señala el triunfo que la mediocridad ha logrado gracias a internet. La falta de moral en el sujeto contemporáneo. O la sociedad del cansancio, aunque expuesta desde una perspectiva muy distinta a la ya vaticinada por autores como Byung-Chul Han o Michele Serra.
Espontaneidad agradecida, pero sin contener mínimamente. Escándalo barato, (mal)entendido como fin, no como medio. ¿Absurdo y experimental a lo David Lynch, como pregonan algunos? ¡Ni de coña! ¡Ni de forma intencional ni sin querer! Pero las frases... Les falta honestidad y mala leche, y sin embargo las frases no están tan mal. Tenemos aquí a uno de esos escritores con la osadía de un acróbata a los que les falta la técnica necesaria para mantenerse en la cuerda. Jair Domínguez acaba por precipitarse al vacío. Al menos grita durante su caída, eso tengo que reconocérselo. Y las piruetas previas a la caída, aunque ahora sabemos que eran una fanfarronada, también han tenido su qué.
martes, 19 de mayo de 2020
Malditas cubiertas: Mujercitas de Louisa May Alcott
Cinco mujeres concentradas y en silencio alrededor de un papel solo puede significar una cosa: el papel es un mapa.
Efectivamente, las mujercitas nacieron unidas por sus faldas, lo que las obliga a permanecer juntas en todo momento.

Tras haber sido separadas, las mujercitas se miran entre ellas o apelan al lector consternadas mientras se preguntan qué van a hacer ahora que no tienen piernas.

Mujercitas FLOWER-POWER (o random plus)

Mujercitas DE LEJOS. Podrían ser ninfas del bosque, estatuas de sal o unas monjas buscando setas.

Mujercitas POR DENTRO, para conocer sus intereses y sus deseos más ocultos.

(1) costura, (2) costura y peinetas, (3) libros, complementos y adornos navideños, (4) libros, gatos, complementos y… costura. Enigma resuelto.
Las mujercitas VAN A UN ENTIERRO.

No hay que tener un doctorado en historia ni ser un experto en estilismo para darse cuenta de que aquí pasan cosas, llamadme loca:(1, 2 y 3) vestidos de lunares, mantillas, bandurrias y cabellos azabache (4) look Jane Austen (5) look María Antonieta (6) moda parisina para damas con dinero y también serios problemas de cervicales (7) pre-pin-up (8) yo he visto esto en alguna serie de los 70.


(1) Una crítica al peso del escrutinio social que recae sobre los hombros de las jóvenes mujeres que acaban de abandonar la infancia y que, de algún, son empujadas a disfrazarse para formar parte de la vida adulta (2) La estampa de un salón revuelto (vivo) con cuatro cabecitas, cada una perdida en sus intereses e inquietudes, que no necesitan apelar a la mirada de un tercero para saber que existen (3) Un sinfín de elementos y conceptos de todo tipo que componen, a modo de tapiz bordado, el universo rico y complejo de las mujercitas (4) Cubierta majestuosa con su título bien grande, sus treinta y ocho tipografías y sus cenefas florales que otorgan ese aura épica y orgullosa que solo poseen los clásicos indiscutibles ¡claro que sí!
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