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lunes, 7 de julio de 2025

Néstor Reina: La naturaleza nos acabará abrazando

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2025
Valoración: Bastante recomendable

Hay una canción de Hidrogenesse (*) que alguno podría aplicar a este librito de Néstor Reina. Dice algo así como "No me digas que no hay nada más triste que lo tuyo. Hay miles de cosas en el mundo que son mucho peor...". Porque sí, la crisis de los 30 y una ruptura son tristes, pero eres ¡el putomejor estilista de Barcelona! y, además, "un turno de noche, eso mucho más triste, en la cadena de montaje esperando la sirena con lo peor de Rubí contando sus miserias...". ¡Por no hablar de los caballitos pony, claro! 

También puede haber alguien, probablemente miembro de "El club de los heteruzos chungos y fachas" que lea el libro y diga que vaya gilipollez, que eso le ha pasado a todo el mundo (o casi), que está hasta los cojones de libros autobiográficos en los que el autor expone sus lujos y miserias (**), etc. ¡Pues no, queridas y queridos míos, porque hablando de lo personal se puede hablar perfectamente de lo general (aquello de hablar de tu aldea para hablar del mundo "revisited")!

Así que yendo más allá de lo estrictamente autobiográfico, este libro es una mezcla de Sexo en Nueva York Fleabag (serie casi imprescindible y crush absoluto con Phoebe Waller-Bridge, por cierto), una tragicomedia sobre el amor y el miedo (***) o los miedos, sobre esa sensación de que "algo falta", sobre rituales o asideros, sobre ganas de llorar (¿los chicos no lloran?, como decía la canción del subnormal de Bosé), sobre nuevos comienzos y sobre ensoñaciones acerca del pasado y del futuro. Especialmente descacharrante, y muestra del tono del libro, es una visión que tiene de su propio funeral con parada final en la sala 1 de Apolo (****).

En resumen, que lo que leemos en La naturaleza nos acabará abrazando es un desinhibido ejercicio de introspección bajo la forma de diario de pensamientos, citas y duelos alejado de estructuras narrativas más o menos convencionales. Claro que esto último no debería sorprendernos cuando el libro lleva el sello Jekyll & Jill, ¿no?

Bueno, el caso es que esa estructura, obviamente, condiciona el texto y hace que no haya una continuidad o un desarrollo del autor-personaje (y de ahí ese final también un tanto abrupto), pero contribuye de forma decisiva  a que el libro transmita frescura y sinceridad. Estas cualidades, además, se ven reforzadas por ese distanciamiento que marca el autor, por ese mirarse desde fuera y verse, según el momento, gigante, patético, triunfante, perdido, radiante, etc.

Termino diciendo que dejéis de lado prejuicios, clichés y demás familia. Este es un buen libro que, sea de la forma que sea, habla de algo tan universal como el amor y la belleza, quienes por cierto "siempre, siempre, siempre se abrirán paso para hacer de este mundo un sitio más bello". Ojalá sea siempre así, Néstor, ojalá.

(*) La foto de Néstor Reina que aparece en la solapa del libro me lleva a la imagen de Genis (Hidrogenesse, Astrud...)? ¿Es Néstor su estilista, son colegas?

(**) Lujo y miseria es el título de un recopilatorio del sello AustroHúngaro en el que se incluía, entre otras, la magnífica "Vente conmigo a Italia" de... ¡¡¡¡HIDROGENESSE!!!! Demasiada casualidad, ¿no?

(***) El miedo que tengo es el título de una canción de Astrud

(****) En Apolo, pero en la sala 2, actuó Hidrogenesse el día 14 de marzo de 2025

domingo, 3 de noviembre de 2024

Andrés Pérez Perruca: Vida de un pollo blanquecino de piel fina

Idioma original: Español

Año de publicación: 2024

Valoración: Muy recomendable

Que Vida de un pollo blanquecino de piel fina tenía todas las papeletas para gustarme lo sabía desde el momento en que vi que estaba escrito por Andrés Pérez Perruca, quien fuera batería de El Niño Gusano (y Tachenko y Cangrejus). Porque, si la memoria no me falla, El efecto lupa fue uno de los primeros discos (aunque igual fue alguno de La Buena Vida o de Los Planetas) de música independiente que compré. Y, claro, eso ya es jugar con ventaja. Ya lo decía Astrud: LA NOSTALGIA ES UN ARMA.

67 capítulos (uno por cada canción publicada por esta panda de descerebrados), 862 páginas* y 500 notas al pie (como los buenos pases de Juan (Soy Ruso) Señor) componen este loco, obsesivo y quizá, solo quizá, demasiado largo texto en el que hay música, cine, alcohol, fútbol, baloncesto, risas, lágrimas y literatura de la buena.

Vale, pero... ¿Qué es esta Vida de un pollo blanquecino de piel fina: una autobiografía personal, una biografía de un grupo pop, una Quadrophenia baturra, una crónica del indie español de finales de los 90, una novela generacional, un artefacto posmoderno, todas las anteriores, ninguna de las anteriores? Lo que no es es un libro sobre música. O, al menos, no es exclusivamente un libro sobre música. O, al menos, no es exclusivamente un libro al uso sobre música. Porque ya El Niño Gusano era un grupo (quien diga banda deberá batirse en duelo con Perruca y conmigo) muy particular dentro del panorama nacional y un libro escrito por uno de sus componentes no podía ser un libro "normal y corriente". Vamos, que no esperéis eso de sex, drugs and R&R porque ellos eran más bien de Futbolín, Vermut y POP.

Sea como fuere, yo prefiero quedarme con dos palabras: juego y homenaje. 

Si algo queda claro desde la primera página del libro es que aquí hemos venido a jugar, con ese guiño a Rayuela en el "orden de lectura recomendado para un mejor seguimiento cronológico (o tal vez no)". El juego prosigue y Vida de un pollo flirtea con la panda de OuLipo en cuanto a tono e intención, con John Kennedy Toole o los Monty Python en cuanto a humor, diálogos y situaciones, con los escritores posmodernos en las digresiones infinitas, en las ramificaciones que toma el texto en diversas direcciones, etc. Porque la vida es un juego absurdo y aquí hemos venido a jugar y hay hueco para juegos surrealistas, dadaístas, hedonistas, chistes de Chiquito (mecagoendios**, ¿chistes de Chiquito?), etc. Y también, obviamente, porque yo no sé contar lo que pasa en la realidad y lo que hay que hacer es acercarse a la realidad desde otro enfoque.

La parte "homenaje" es clara. Y aquí tengo que irme a Los seres queridos, canción del último disco de LHR ("Por todos los amigos que nos han dejado aquí seguimos, recordando los años que pasamos juntos, a su lado...") porque Vida de un pollo blanquecino es un claro homenaje a los amigos de juventud que ya no están (Algora, ese Poeta Cabezón***, pero también Genzor, JosephO, Rafa Anguso, etc) y a un tiempo, finales de los 90, en el que todavía éramos jóvenes y alocados. Todo ello a través de recuerdos, anécdotas, chascarrillos vinculados o no a la música. Con nostalgia y cariño (¿o se dice Caliño?), sí, pero sin ñoñerías ni idealizaciones tipo Yo fui a EGB.

Resumiendo. Me lo he pasado en grande, me he reído a carcajada limpia y se me ha escapado alguna lagrimica con las andanzas del Gusano Loco, con sus historietas, sus coñas, sus juegos, con este texto cargado de vida, con este artefacto literario del que creo que disfrutarán más quienes anden por los 45-50 años, con este pavo real entre animales innobles y despreciables comensales.

* En el año 862, el príncipe Rastislav invita a Cirilo y Metodio a predicar el cristianismo en lengua eslava en la Gran Moravia. ¿Será casualidad?

** En español en el original (N. del T.)

** Tengo que buscar su Poesía Completa, leerla y reseñarla

domingo, 18 de diciembre de 2022

J. Casri: El modelador de la historia

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2022
Valoración: Entre está bien y recomendable

La cubierta de este libro es lo suficientemente explícita: la historia dentro de la historia dentro de la historia. Y así hasta el infinito. Así que lo encontraremos ya en el interior no sorprenderá en exceso: el juego, la mistificación, los incisos y desvíos, la historia y la Historia, la escritura y el autor, la ficción y la realidad (¿cuál de todas?), el pasado y el futuro en constante (re)creación, etc.

Nombres que vienen a la cabeza: Perec, Vila-Matas, Calvino, Borges (también es verdad que yo veo a Borges por todas partes), la Cesárea Tinajero de Los detectives salvajes, etc.. Esta última referencia puede, de inicio, chocar pero es que El modelador de la historia es, en líneas generales, la búsqueda de un personaje / autor situado entre la ficción y la historia, entre el pensamiento y la expresión a través de un viaje que comienza en un vuelo (y no es casual esta elección de un escenario que es un no-lugar situado en un no-tiempo) y que continúa por París, Londres y Barcelona.

Así, indicios, pistas y sospechas aparecerán a lo largo del texto dando lugar a la citada "mise en abyme". Libros que no deberían existir pero existen, historias dentro de ellos, autores fantasmas, búsquedas infructuosas o no... diferentes niveles, planos paralelos que al final se tocan porque no existen las líneas perfectas.

Esa multitud de historias tiene su parte buena y su parte no tan buena. Por un lado, el autor consigue mantener el interés pese a esa variedad, hasta el punto de semejar todo un juego de prestidigitación ejecutado a un ritmo vertiginoso; por otro, una vez terminada la lectura queda la sensación de que algunas de las historias no aportan demasiado a la trama y de que no han sido otra cosa que fuegos artificiales. 

Y aunque cierta sensación de algo ya leído (ya habéis visto las referencias que menciono en el segundo párrafo) transita por el texto, sus buenos diálogos, sus interesantes reflexiones y sus variopintas historias hacen que la impresión final sea favorable. Que no es moco de pavo, oigan 

miércoles, 7 de diciembre de 2022

Iury Lech: La divina probabilidad de los recuerdos extintos

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: ¿Recomendable?

Bajo el precioso título de La divina probabilidad de los recuerdos extintos se esconde, al mismo tiempo, uno de los textos más extraños de este 2022 y uno de los más complicados de reseñar de los últimos años. A ver si consigo salir airoso.

Porque este pequeño libro de Iury Lech es un poema en prosa protagonizado por Wolef, especie de Maldoror metafísico, más escéptico que nihilista, que trata de descubrir el sentido del vacío en un mundo no humano a través de un progresivo despojamiento. ¿Aclara esto algo? 

Podríamos, así, etiquetar a La divina probabilidad de los recuerdos extintos dentro de la "ciencia ficción existencialista" (¿existe?) y de ahí que uno imagine a Wolef como uno de los astronautas de 2001, una odisea del espacio o como un feto flotando en líquido amniótico (¿Me estoy flipando?) mientras de fondo suena música de Karlheinz Stockausen o mientras Roger Wolfe (¿es casual esta coincidencia?) recita con su voz grave alguno de sus poemas.

Es precisamente esa parte poética del texto la que más me ha interesado. Posee tal potencia sugestiva, tal fuerza evocadora y el uso del lenguaje acompaña de forma tan precisa el viaje interior de Wolef que cumple con los parámetros que toda buena poesía ha de tener: capacidad de remover, de sugerir, de impactar de una u otra forma al lector.

El problema está en que esta parte poética es tan apabullante que acaba comiéndose, en cierta forma, a la parte narrativa. En mi caso, me resulta tan complicado separarme de aquella que no llego a disfrutar del todo de esta. Es este desequilibrio, además de su naturaleza extraña e híbrida, lo que hace que el libro no sea recomendable para todo tipo de lector. 

Solo queda atreverse a entrar en el tratado lógico-filosófico wolfiano, en sus indagaciones metafísicas, en su conciencia y en sus recuerdos y dejarse llevar. Y que cada uno llegue hasta donde quiera y pueda. 

domingo, 11 de abril de 2021

Daniel Gascón: Un hipster en la España vacía

Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: se deja leer (pero da un poco de sonrojo)

Para empezar, agradecer al autor que el título de su novela se ajuste como un guante a su contenido. No engaña a nadie excepto a aquellos seres retorcidos, como este que esto escribe, que piensa que en el ámbito literario tales obviedades no pueden darse y que los escritores (o algunos con cierta aura) suelen optar por títulos crípticos, aunque sea por la premisa esa de que título (o portada, o primera frase o primer párrafo) es elemento determinante para el primer impacto ante el lector / comprador / usuario. Así que aquí la sencillez (...) empieza por la descripción fiel al contenido esperado. No me extraña que alguna plataforma de streaming ya haya adquirido los derechos para una serie y todo, serie en la que no es difícil imaginar hasta a ciertos actores en ciertos papeles.

Serie, por cierto, que creo que no duraría más allá de una segunda temporada en que un equipo de guionistas se diese (obvia) cuenta de que la idea no da para más que eso. Chascarrillos, topicazos, analogías sobadas, escenas más o menos forzadas donde estirar y sobreexplotar el choque o conflicto o antagonismo entre el mundo rural y el estereotipo urbano. Por encima de personajes retratados en grano grueso y trazados con suma tosquedad, porque que de estas páginas solo se recuerden anécdotas trilladas, que si hay que ir a la era para pillar cobertura con el teléfono móvil (como ilustra la portada), que si el protagonista no puede sobrevivir sin su café en cápsulas y se lo hace llegar un dron de Amazon...
 
En fin, una historia esquemática que muestra un protagonista que huye de algún conflicto político capitalino, que se presenta en un pueblo de esa España vacía (con curioso homenaje a la obra de tal título de Sergio Del Molino) y que, como buen urbanita (porque los habitantes de la ciudad siempre serán venerados por los pueblerinos, con cierto recelo pero venerados porque ser de pueblo significa ser un borrico acomplejado al que hay que orientar por la vida para que no salga corriedo cuando vea un autobús) pronto los lidera y los orienta, hasta casi sin querer les seduce a las mujeres y le gana las elecciones al típico alcalde de toda la vida, machista y caciquil, al que los vecinos votan por ser simplemente el que más ha progresado. Y, como buen líder moderno, les enseña a gestionar sus cosas, les monta cursillos haciendo de coach sobre la nueva masculinidad, y los adiestra en el lenguaje inclusivo y les enseña a reivindicar la esencia de lo propio. Arranca iniciativas que solo un urbanita podría arrancar, porque ya se sabe que los de pueblo son muy cerraos. Poco importa que el protagonista se llame Enrique, su destino sea un pueblo de Teruel y su origen alguna organización de izquierdas que lo ha relegado a un segundo plano. Aquí, en esta deslavazada historia sin un recorrido pero con mucho potencial (televisivo, quiero decir), que parece más una sucesión de escenas poco trabajadas, que parece más un guion en borrador, que se universaliza porque éxodo rural lo hay aquí y en Dinamarca, en Perú y en Wisconsin, choque de mentalidades ídem de ídem, y todos los etcéteras posibles, se trata de pretender explotar un terreno que ya nos suena a todos. Con otro entorno, otro pretexto y mucho mejores resultados posteriores ya lo habíamos visto en Los asquerosos y, que me perdone Daniel Gascón, Santiago Lorenzo lo solventaba con mayor talento y recursos literarios. 
Puede que yo pensara que me enfrentaría a algo de mayor enjundia, no lo descarto, pero Un hipster en la España vacía es una novela intrascendente, casi una parodia fallida, tan local en su concepción como global en su trasfondo que suena, con las adaptaciones temporales y tecnológicas oportunas, a demasiadas cosas ya vistas y ya leídas.


domingo, 6 de septiembre de 2020

Ce Santiago: El mar indemostrable

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Está muy bien (aunque igual no para todos los públicos)

Con más de cinco meses de retraso sobre lo inicialmente previsto (¡ay, ese maldito mes de marzo!) llega a librerías el debut como "novelista" de Ce Santiago, nombre que seguramente os suene ya que Santiago ha sido traductor, por ejemplo, de William Gass (¡cuánto se nota su influencia!) o de T.C. Boyle.

Bueno, el caso es que la espera ha merecido la pena porque este "El mar indemostrable" es un muy buen libro que espero encuentre los lectores que merece y que seguro ha de tener. Eso sí, esos lectores habrán de ser lectores "activos", lectores que no busquen una historia narrada de forma convencional o con el clásico esquema planteamiento-nudo-desenlace, ya que se trata de una obra en la que el aspecto formal es fundamental, algo a lo que ya nos tienen acostumbrados, por otra parte, la gente de La Navaja Suiza. Y es que en este tipo de textos importa tanto qué se cuenta como la manera de contarlo, lo que obliga al autor a asumir riesgos y al lector a implicarse a fondo. 

Así, estructuralmente nos encontramos con cinco capítulos en los que los registros varían de forma notable, desde el diálogo ininterrumpido a varias voces hasta la prosa poética pasando el flujo de conciencia, por poner algún ejemplo. A lo anterior hemos de añadir que no se trata de capítulos que sigan una linealidad temporal o argumental (de hecho, si uno quiere, podría leer los cuatro primeros como textos independientes y disfrutaría de ellos como un enano), sino que son más bien una serie de fogonazos que configuran un hilo conductor de la acción y que nos presentan a las tres personas-personajes, a un cuarto ente-personaje - mar personaje, mar metáfora - y la relación entre todos ellos, para llegar al "clímax" final del último capítulo. 

Forma y fondo unidos en un plano de igualdad, lo cual no es fácil de conseguir ya que el peligro de que este quede supeditado a aquella está siempre presente, para mostrar una serie de imágenes de potencia brutal (para bien y para mal), para contar una historia en la que los silencios dicen tanto o más que las propias palabras, para construir una novela de manos agrietadas, vidas herrumbradas y corazones secos, que huele a salitre, a whisky, a sudor, a pescado, a bajamar en la marisma y a redes abandonadas, un texto dominado por la angustia, la desazón, la frustración, el dolor y la culpa. Un muy buen debut, en definitiva.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Ben Marcus (& Rubén Martín Giráldez): Por qué la literatura experimental amenaza con destruir la edición, a Jonathan Franzen y la vida tal y como la conocemos (con unos pinitos en pedantería)

:Titulo original: Why experimental fiction threatens to destroy publishing, Jonathan Franzen, and life as we know it
Idioma original: Inglés / Español
Traducción: Rubén Martín Giráldez
Año de publicación: 2002/2005/2018
Valoración: Recomendable

Aclaración necesaria para entender el batiburrillo del título, idioma, año de publicación, etc: este libro se compone de tres textos, dos de ellos escritos por el escritor y profesor de literatura en la Univerdidad de Columbia Ben Marcus y uno escrito por el escritor Rubén Martín Giraldez. El primero de ellos, y que da título al libro, es un artículo publicado en el año 2005 en Harper´s Magazine en respuesta a un artículo de Jonathan Franzen acerca de William Gaddis y de la por el bautizada como "literatura difícil". El segundo, escrito por Martín Giráldez, es una breve "historiografía pedante" sobre el tema de la "literatura difícil". El tercero, "He escrito un libro malo", es una breve palinodia publicada en 2002 por Marcus a raíz de la aparición de su novela "Notable American Women".

Dicho todo esto, es el primero de los textos de Marcus el que me parece más interesante y polémico. Que conste, antes de nada, que este artículo no constituye una defensa a ultranza de las vanguardias literarias, pero sí es la encendida defensa de una literatura que va más allá del mero entretenimiento. Su origen se sitúa en un artículo del célebre Jonathan Franzen, autor de "Pureza", "Libertad" o "Las correcciones", en el que acusa a los llamados autores experimentales (Gaddis, Gass, Joyce o autores noveles de cuyo nombre no me acuerdo) de castigar con una dificultad innecesaria a los lectores (lo cual también tiene su gracia viniendo de un autor que en tiempos de 140 caracteres te suelta tochos de 700 páginas) y su principal valor, más allá de los argumentos utilizados por Marcus para rebatir las afirmaciones de Franzen - Johnny: eres un puto gilipollas! (y esto lo digo yo) -, que podríamos resumir en que "algunos nos sentimos aliviados cuando leemos esta clase de escritos porque queda así demostrado que siempre hay más que pensar y que sentir (...) siempre hay intensidades que ni sabíamos que existían", reside en volver a poner sobre la mesa cuestiones como ¿leemos con el cerebro o con el corazón?, ¿qué queremos leer cuando leemos?, ¿qué leemos cuando leemos?, ¿podemos ser mejores lectores?, ¿la literatura ha de ser un mero entretenimiento o una expresión artística?, ¿cual es el fin de la literatura?, ¿existen la "alta" y la "baja" literatura?, etc. 

Además de mostrar su conformidad con lo expuesto por Marcus en su artículo, lo que en su texto nos viene a recordar Martín Giráldez es que este debate es tan antiguo como la propia literatura. Ya desde los tiempos de Horacio y el ars versus ingenium asistimos a esta clase de pendencias: el fondo contra la forma, el estilo, lo nuevo contra lo viejo, la muerte de la novela...En España también hemos tenido lo nuestro: Góngora contra Quevedo (nuestro Alien contra Predator literario), Benet contra Isaac Montero (¿Freddy contra Jason?), Cela y sus diatribas, Sánchez Ferlosio, el amigo JaviMari, etc. Lo que ocurre es que en España estas querellas son mucho más "sangrientas", barriobajeras, con descalificaciones personales incluidas (vaya, que lo de "Sálvame Deluxe" igual no es tan nuevo) y, por qué no decirlo, divertidas. El principal problema del texto de Martín Giráldez es, para mí, que le falta cierta fluidez, tanto por estar demasiado recargado de citas como por ser más un ejercicio de estilo que otra cosa. Vaya, que creo que la broma se le acaba yendo un poco de las manos.

De todas formas, se trata de un libro curioso y atrevido en estos tiempos de cierta uniformidad editorial y lectora que destaca, sobre todo, por poner de nuevo en primer plano debates que solemos obviar en nuestro día a día lector. Ah, y con una edición de lo más currada por parte de los amigos de Jekyll & Jill, como viene siendo habitual.

También de Martín Giráldez en ULAD: Magistral

Algunos libros del puto Jonathan Franzen AQUÍ

lunes, 25 de diciembre de 2017

Jair Domínguez: Segui vora el foc


Idioma original: Catalán  
Año de publicación: 2014
Valoración: Se deja leer (siendo muy tolerante)

 La portada de Segui vora el foc da vergüenza ajena. Lo siento, pero es así. Estuve a punto de no leer la novela sólo por esto. Yo no conocía al autor, ni me sonaba el título de la obra. Lo único que tenía frente a mí era esta horterada. Y las primeras impresiones tienen mucho peso. La portada no es seria. Ni siquiera deliberadamente ridícula. Por favor, ¡si tiene la tipografía, los colores y la maquetación propias de un pakaging de muffins destinado a una target muy hipster!

 Cuánta cursiva, diréis. No os enfadéis. Parece que hablar así es de cronistas posmodernos. En Segui vora el foc se explota mucho este recurso. Emo y selfie son sólo dos de las muchas palabras en cursiva que aparecen en este libro.

 Perdón, ya me he tomado las tilas. Prosigo. Intentaré controlarme; ya está bien de tanto despotricar. A estas alturas de la reseña, parece que la novela no me haya gustado nada. Y debo decir que, aunque no me ha parecido espectacular, tiene un aspecto positivo a destacar. La historia es algo anárquica y no está pulida ni en tono ni en ritmo, su protagonista apenas evoluciona, y, no obstante, el libro tiene frases interesantes. No brillantes, pero sí perspicaces. El libro, de hecho, es un cajón de sastre (o a veces un "cajón desastre") donde Jair Domínguez volcó todas estas frases y las interconectó como buenamente pudo. Es decir, el libro es una excusa, vale, pero si fingimos que no nos hemos percatado de lo endeble que es su razón de ser, puede funcionar a su manera. 

  Quedémonos con las frases, que son, cuanto menos, interesantes. Abordan temas como la corrupción institucional de las editoriales o la decadencia de la narrativa (¡qué ironía!). También señala el triunfo que la mediocridad ha logrado gracias a internet. La falta de moral en el sujeto contemporáneo. O la sociedad del cansancio, aunque expuesta desde una perspectiva muy distinta a la ya vaticinada por autores como Byung-Chul Han o Michele Serra. 

 El problema es que Jair Domínguez no denuncia críticamente estos aspectos de nuestro presente. Parece, más bien, señalarlos en un patético intento de ceñirse a un determinado modelo de literatura, un modelo irreverente y ácido. Ya sabéis, en plan Bret Easton Ellis o Chuck Palahniuk. Bueno, en los momentos en que ambos autores están en más baja forma. Ah, no olvidemos el aderezo a lo Hunter S. Thompson. Puro postureo, vamos. 

 Espontaneidad agradecida, pero sin contener mínimamente. Escándalo barato, (mal)entendido como fin, no como medio. ¿Absurdo y experimental a lo David Lynch, como pregonan algunos? ¡Ni de coña! ¡Ni de forma intencional ni sin querer! Pero las frases... Les falta honestidad y mala leche, y sin embargo las frases no están tan mal. Tenemos aquí a uno de esos escritores con la osadía de un acróbata a los que les falta la técnica necesaria para mantenerse en la cuerda. Jair Domínguez acaba por precipitarse al vacío. Al menos grita durante su caída, eso tengo que reconocérselo. Y las piruetas previas a la caída, aunque ahora sabemos que eran una fanfarronada, también han tenido su qué. 

jueves, 30 de marzo de 2017

Carles Pradas: La séptima vida de Kaspar Schwarz

Idioma original: Catalán
Título original: La setena vida de Kaspar Schwarz
Traducción: Carmen Gómez Aragón
Año de publicación: 2014
Valoración: Bastante recomendable

Cuatro referencias, dos cinematográficas y dos literarias, me vienen a la cabeza tras haber leído "La séptima vida de Kaspar Schwarz". La primera es "Zelig", aquella película de Woody Allen en que su protagonista, con el fin de ser aceptado, es capaz de transformarse físicamente en las personas que lo rodean, ya sea un músico de jazz o un indio cherokee. La segunda es "El enigma de Kaspar Hauser", película de Werner Herzog protagonizada por un joven que, tras haber estado aislado toda su vida, llega a la "civilización" y termina convirtiéndose casi en una atracción de feria. La tercera, ya literaria, son los heterónimos de Pessoa. Y la cuarta y última es Stefan Zweig, como paradigma de los escritores (artistas, científicos...) centroeuropeos del período de entreguerras que hubieron de adaptarse, consiguiéndolo o no, al derrumbe de su mundo. 


Digo todo esto porque "La séptima vida de Kaspar Schwarz" es un falso documental sobre un hombre que se supone que nació en 1895 y falleció (¿o no?) en algún momento mediado el siglo XX y que llegó a ser, gracias a su capacidad de adaptación y a su facilidad para el engaño, los siguientes personajes: Gaston Leclercq, el barón Jean Louis Foucault, Alexander Kosinski, Hugo von Hauser, Gerald S. Miller y, cómo no, el propio Kaspar Schwarz. De origen centroeuropeo, el "destino" le llevará a adoptar estas múltiples personalidades, a vivir, directamente o indirectamente, acontecimientos clave del siglo XX (Primera y Segunda Guerra Mundial, crac del 29, revolución rusa) y a vagar por Estados Unidos, Francia, Unión Soviética o Alemania. Eso sí, siempre en una permanente huida hacia delante tratando de escapar de un mundo en descomposición y de una soledad, fruto de un desgraciado primer amor, que le persigue a lo largo de todas sus vidas.

Con el fin de dar mayores visos de veracidad al documental, el texto va unido (no acompañado, unido) de fotografías, documentos y fragmentos del diario personal del Kaspar Schwarz. Estos documentos hace que el libro tenga "dos capas". Por un lado, tenemos un narrador clásico, casi detective, que nos va aportando la poca información de la que dispone. Por otro, el propio Kaspar Schwarz nos amplía esa información, sobre todo, a través de su críptico diario personal. Y que cada uno saque sus propias conclusiones.

En este punto, merece la pena destacar la edición del libro, cuidada hasta el extremo, con mención especial para la portada y contraportada, la integración de los documentos, en especial la sugerentes fotografías, de la vida de Kaspar Schwarz en el texto y la tipografía.
 
En definitiva, un libro sumamente curioso, original y divertido, que, pese a su aparente ligereza, plantea cuestiones que podríamos calificar como trascendentales, tales como cuántas personas o personalidades llevamos en nuestro interior, quiénes o qué somos realmente para las personas que nos rodean, quiénes o qué son los demás realmente para nosotros, la posibilidad de vivir otras vidas o el propio sentido de misma. Que cada cual las responda a su gusto.

Por último, no puedo acabar la reseña sin ponerle dos "peros" al libro. Uno es que me habría gustado que alguna de las situaciones o de las vidas en las que se ve inmerso Kaspar Schwarz tuviera mayor desarrollo. El otro es que se me ha hecho terriblemente corto. Me he quedado con ganas de más Kaspar. Pero igual, con un poco de suerte, reaparece bajo una nueva identidad y pronto volvemos a tener noticias suyas. ¿Quién sabe?

P.S.: Por si a alguien le interesa, hay una playlist en Spotify con lo que vendría a ser la BSO del libro. Os dejo en enlace porque merece (mucho) la pena https://play.spotify.com/user/astroreybooks/playlist/7InQfPtG6hdrdLOLfZWIS4

miércoles, 15 de febrero de 2017

Ray Loriga: Ya sólo habla de amor


Idioma original: español
Año de publicación: 2008
Valoración: exasperante

Pedía la multitud: variedad en las valoraciones. 
Digo yo: podemos elegir entre toda la porquería que se publica. Pero es que hay autores que son toda una garantía.


Raylorigafacts #4. Niuyorkear, verbo que Loriga estaría encantado de haber creado si no sonara a palabra inventada para un anuncio de snacks.

Raylorigafacts #5. Oído a Christina Rosenvinge (antes del divorcio) en un desayuno con amigas en una cafetería mega chic en la planta setentaynosécuantos: "La manía esa de Ray de acostarse sin haberse aclarado el pelo de los potingues que se mete. Lo poco que gano en un disco se me va en lavar fundas de almohada." Dijo. "Estoy fatal." Añadió.
Raylorigafacts #6. Dijo una vez: "Ahora (no es esta) he escrito una novela juvenil porque necesitaba dinero."

¿Ahora?

Uno de los problemas de Loriga: su incapacidad para que sus libros le dejen atrás como personaje, y de darse cuenta de que repetirse con fruición no es crear un universo propio. Que parece que el narrador tenga que ser el tipo con las sempiternas Rayban con cristal forma de pera y barbita fumanchú. Porque observo que de forma desapercibida sus libros van publicándose, ya tenemos una pila (para escribir esta reseña-bajo-demanda he tomado los tres que había en la biblioteca y me he decantado por el que tenía una frase más positiva de todo un NY Times: "Loriga es la estrella del rock de las letras europeas" - ¡ja!) y hay que preguntarse por qué. Wonder why
Cómo posa el tío en las fotos, por eso. Fuma. Se tatúa desde antes de que fuera moda y lleva anillotes con calaveras que pesan lo suyo. Gusta de fotografiarse con pose inclinada con algún callejón de mala muerte al fondo, pero luego escribe en un reluciente Mac de 3.500 euros, que tiene en un rincón preferente e impoluto del salón, como diciendo "esto me lo he comprado con el fruto de mi talento". No. "Con la sangre que brota directamente desde mis sienes al papel". 
Pero lo cierto es que Loriga escribe como Javier Marías en pleno ataque de hemorroides. Su novela hace aguas por todas partes. Ésta, y me temo que ya voy convenciéndome de que todas. La manía de crear personajes literalmente inexistibles. Sorry about the word. La cuestión de esa separación suya entre párrafos donde acaba aislando siempre el peor de todos, dos líneas grandilocuentes, para que luzcan. La insoportable auto-adulación fruto de su obvio buen gusto para las referencias y su terrible decisión de que, si Kafka, Walser o Joyce pudieron hacerlo, qué tienen ellos que no tenga yo. Terrible porque parece haber enredado a alguien, algún directivo de importante editorial que supongo que decidió firmarle un contrato prolongado justo antes de la crisis. Qué otra explicación cabe. 
La mencionada elección de los personajes trasuntos de sí mismo. El de esta novela es Sebastián, un traductor crítico e inédito de poesía que acaba de pasar por un divorcio y se inventa un alter-ego que es un jugador de polo argentino (¿eeeehhh?). Que le hace compañía, pero no tanta, porque no existe. Joder, la cosa empieza a liarse.
Entonces lo de la trama. O lo que se deduce que puede definirse como tal de entre ese amasijo de verborrea pretenciosa e incomprensible. Parece que el hombre arrastra el trauma del divorcio, que le ha acarreado pérdida de prestigio y de otras cosas. Habla de un contable en algún momento. Acude a una recepción en una embajada y todo lo que le rodea es un oropel del que él pretende prescindir. Se pasa cien páginas muy joyceanas dudando sobre sacar a bailar a una moza. No nos hagamos ilusiones de conocer los motivos. Inicia un diálogo con Christian, un suizo que parece pretender a la misma moza y le pide permiso para abordarla. Y él duda y se somete a cábalas sin fin y para eso necesita casi 200 páginas. Así que no le exijamos coherencia a este ejercicio. Porque encima Loriga tiene una peculiaridad curiosa; cada vez que parece que el libro se va a hacer legible, que algo empieza a fluir, lo estropea de alguna manera volviendo a recargar los párrafos y a complicar sus mensajes. Un criterio muy discutible, el suyo, y ya cuando chocamos con el criterio, mal vamos: parece que Loriga se guste más a sí mismo cuanto más insoportable es para quien lo lee.
Ya con estos precedentes invocar cuestiones de mayor calado para el lector exigente como ritmo, estructura, interés de la temática, trascendencia de la historia y otras chorradillas... mejor pasemos de puntillas sobre ello. 
Porque lo peor de esta lectura es su desprecio total por lo que pueda pensar el lector. Un desprecio que no tiene pizca de gracia. Hasta libros infumables por ligeros tienen momentos en que su autor claudica y demuestra sus limitaciones. Para mi desesperación, Ray Loriga no cede en su propósito de enlazar una tras otra frase cargada sin otra finalidad que llenar espacio. Y se hunde irremisiblemente en el fango. Aunque este libro parezca responder a un íntimo proceso catártico para superar su propia situación personal, cuestión que en otras circunstancias ha aportado grandes obras, aquí nada justifica este desastre absoluto, que no merecería trascender del disco duro o el cajón de un narciso onanista. Lo siento, pero hasta nunca, Ray.

También de Ray Loriga en ULAD: El hombre que inventó Manhattan, Héroes

lunes, 4 de mayo de 2015

Agustín Fernández Mallo: Limbo

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: recomendable 

Se dice que Franco convocó a algún fabricante español de productos alimenticios para pedirle que creara un producto similar a la Nutella. Y que, para rematar el intento de imitación, eligieron castellanizar la palabra (que venía del nut que es el inglés por avellana) y generar ese término. Si yo hubiera aguantado más capítulos de los que aguanté con el primer libro de la trilogía Nocilla de Fernández Mallo, pues sabría cómo enlazar el término en el contexto de la novela. Pero no pude. Saqué en claro que Fernández Mallo parecía un escritor obstinado. En varias cosas: en alardear de sus conocimientos científicos como físico titulado, en complicar la vida al lector con la estructura de sus novelas, en marcar músculo de conocimientos de cultura contemporánea. Y a mí esa obstinación me crispó, y casi lo di por perdido. No de una forma despectiva, pero sí en el sentido de, casi siempre, optar por otros libros antes que complicarme la vida con los suyos.
En el primer párrafo de Limbo se habla de Werner Heisenberg. Físico teórico de gran reputación, pero, además, personaje célebre que elige Walter White en Breaking Bad para nombrar a su álter-ego criminal. Dos pájaros de un tiro que mata Fernández Mallo, dos marcas de territorio, pero, sorpresa, resulta que a las 40 páginas, aunque no hayamos ligado la relación entre ellas, todavía no tengo presentimiento alguno de que esto sea una excentricidad.  Las historias empiezan a hacerse pequeños guiños las unas a las otras. La de la chica que ha pasado dos años secuestrada. La de la que atraviesa los USA en un monovolumen junto a un escritor. La del músico vocacional que acaba en un sofisticado estudio de grabación en París, con problemas de concentración. Fernández Mallo incorpora el paquete habitual de alusiones que, esta vez, incluyen desde clásicas referencias musicales dentro de lo moderno (The Magnetic Fields) hasta aún más clásicas referencias culturales (el Doctor Mengele), lo cual no enturbia, sino que complementa. No es que se trate de un libro perfecto, no es que sea la novela que va a desplazar a su autor de lo que venía siendo hasta ahora (un muy solvente redactor con problemas para concretar sus tramas en el largo recorrido), hasta el ansiado podio alternativo que parece empeñado en alcanzar. Posiblemente, si la estructura de Limbo fuera, en vez de la de novela deconstruída, la de una serie de relatos vagamente entrelazados, esta hubiera sido una buena oportunidad para alejar casi todas las suspicacias. Limbo nos muestra que parece que Fernández Mallo quiera que le lean unos cuantos más que los de su cuerda, y eso debería ser una buena noticia.

También de Fernández Mallo en ULAD: Nocilla ExperienceEl hacedor (de Borges). RemakePostpoesía

viernes, 19 de julio de 2013

Ignacio Vleming y Oriol Malet: Inspiración instantánea

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien

Tal y como observa San­dra San­tana en el epí­logo de Ins­pi­ra­ción ins­tan­tá­nea (Moder­nito Books, 2013), este pequeño cua­derno de ejer­ci­cios artís­ti­cos para enfren­tarse a la vida moderna  “nos enseña que nues­tro mundo real, el de los madru­go­nes, el de las reunio­nes de tra­bajo, el de la cami­nata monó­tona de vuelta a casa cuando todo parece repe­tirse idén­tico, tiene su doble inma­te­rial impre­de­ci­ble. Por­que el mundo de la ima­gi­na­ción, nos dice Igna­cio Vle­ming, es nues­tro mundo. En él vivi­mos, o en el pode­mos vivir si le pone­mos sufi­ciente entu­siasmo a la vida”. Y es que, a menudo, olvi­da­mos la manera de hacer. Es pre­ci­sa­mente mediante esta pro­puesta como el escritor Ignacio Vle­ming y el ilustrador Oriol Malet ins­tan al lec­tor a crear nue­vos esce­na­rios o revi­ta­li­zar los ya conocidos.

En las últimas páginas de la obra, Vleming sugiere que pongamos a prueba todos los experimentos de este libro y se cuestiona si este libro es en sí mismo una obra de arte.  Yo le diría que sí. Le diría: mira, Ignacio, gracias. Gracias, Oriol. Gracias por compartir todas estas ideas tan descabelladas que me han hecho sonreír. 

Y es que este tándem nos invita a comen­zar el día pin­tando, tra­tando de recor­dar nues­tros sue­ños, nos anima a escri­bir sobre las per­sia­nas el nom­bre de aque­llo que en reali­dad nos gus­ta­ría ver (Ber­lín, Texas, China) o se cues­tiona las posi­bi­li­da­des que encie­rran el pan con tomate, la leche con cerea­les o las galle­tas con cho­co­late a la hora de crear un cua­dro abs­tracto con las man­chas que apa­re­cen en el mantel.

Soni­dos como el de la bati­dora o una lava­dora for­ma­rán parte de una nove­dosa banda sonora domés­tica o las facha­das de los edi­fi­cios se con­ver­ti­rán en mura­les con la ropa ten­dida de cada uno de los veci­nos. Pro­pues­tas simi­la­res se desa­rro­lla­rán en la ofi­cina, la calle o un museo. Todos estos ejer­ci­cios guar­dan en común una misma estruc­tura que com­bina un texto expli­ca­tivo y una ilus­tra­ción, así como una serie de obser­va­cio­nes sobre el nivel de difi­cul­tad y el número de participantes.

La expe­rien­cia esté­tica viene dada ya desde el comienzo del volu­men, debido a la cali­dad de las ilus­tra­cio­nes y la por­tada de este pequeño manual tan difí­cil de cla­si­fi­car: no se trata de un cómic, ni de un ensayo, tam­poco de un texto poé­tico ni narra­tivo. Se trata de algo inquieto, vivo, entre las manos. Una lectura curiosa para pasar el rato.

Más que encontrarse con una obra literaria, el lector hallará en Ins­pi­ra­ción ins­tan­tá­nea al mismo tiempo un tra­tado de arte que se acerca al ámbito del libro objeto y una bate­ría de acti­vi­da­des basa­das en el humor, la burla y la crí­tica a una socie­dad que se ha olvi­dado de sí misma y enferma al no rege­ne­rarse mediante el ejer­ci­cio ima­gi­na­tivo y el des­per­tar de la curiosidad.