Mostrando entradas con la etiqueta autoedición. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta autoedición. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de febrero de 2026

Reseña + Entrevista: So Little Seen, de Jared Roberts

Idioma original: Inglés
Año de publicación: 2025
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

So Little Seen es la segunda colección recopilatoria de la ficción de Jared Roberts. Junto a The Machine Stories, aglutina todas las historias que el autor publicó en línea entre 2016 y 2024. También incluye un final distinto al original para "My Sexy New Neighbor", y la inédita "Hypergraphia".

Huelga decir que esta antología me ha embelesado. A fin de cuentas, Roberts, uno de los escritores de creepypastas más aclamados de NoSleep, es quizá mi favorito, dada su indiscutible originalidad a la hora de abordar el género de terror mezclándolo con elementos propios del weird, la ciencia ficción y el absurdo.

Ya lo he dicho en otras ocasiones, pero de Roberts me fascina su pasmosa capacidad para plantear misterios tan intrigantes como irresolubles, amontonar detalles extraños que acaban construyendo su propia lógica interna, erigir atmósferas asfixiantes y subvbertir elementos apararentemente ridículos hasta volverlos particularmente siniestros.

Asimismo, conecto muchísimo con la fijación del autor por temas como la memoria, la obsesión y la liminalidad. Las veinticuatro historias que incluye So Little Seen ejemplifican a la perfección todas las cualidades literarias y fijaciones temáticas que acabo de mencionar. 

Unas cuantas de estas historias ya las conocía, pues o bien las leí en la cuenta de Reddit de Roberts, o bien las escuché locutadas por algún youtuber especializado en creepypastas; otras estoy casi seguro de que no las había degustado antes, así que han supuesto un fascinante descubrimiento.

Todas son, por lo general, muy buenas. Incluso las que, a mi juicio, carecen de la profundidad u originalidad del resto, o las que no acaban de exprimir al máximo su potencial, dejan pese a todo un regusto de lo más satisfactorio. Y no voy a negar que unas pocas son obras maestras de la literatura de lo extraño.

Sí, sé que lo de obras maestras de la literatura de lo extraño es una valoración muy fervorosa. Pero, sinceramente, no creo estar pecando de entusiasta al hacerla. "My Dad Finally Told Me What Happened That Day", por ejemplo, es una magnífica novela corta siniestra, desconcertante e intensa, que exhuda personalidad autoral y que, por supuesto, gira en torno a lo insólito.

En torno a lo insólito giran también el resto de historias de So Little Seen. Cito a continuación algunas de mis favoritas: "Esther" (originalmente titulada "Three Visits To A Hidden Tribe"), un ejercicio cuya vocación abstracta no demerita lo más mínimo su núcleo terrorífico; "My Sexy New Neighbor", cuyo planteamiento juguetón es una mera excusa para desarrollar la estética de Roberts; "How To Lose Friends And Scare People", capaz de transmitir de una forma muy particular la desgarradora sensación que provoca que las amistades tempranas se distancien; o "My Paralyzed Friend", que consigue que un hombre empuñando un embudo metálico asuste más que un asesino blandiendo un hacha ensangrentada.

Aprovecho para comentar que algunas historias de So Little Seen, si bien mantienen la impronta de Roberts, se alejan de su estilo más reconocible. "The Street Where No-One Was Meant To Be" tiende a lo onírico y febril, "Amen" es un cuento de terror algo lineal y convencional (al menos para los estándares del autor, claro), y "Gray's Mill", "The Special Dance" y "The Snowman" cambian la narración en primera persona por la tercera (y quizá por ello presentan una factura de corte poético).

En resumen, poco puedo criticar de So Little Seen. Y es que, pese a ser un volumen autoeditado, sólo tiene un puñado de erratas y gazapos; su cubierta, si bien no me entusiasma, no recurre a la inteligencia artificial, al contrario que la de The Machine Stories; y de las historias que contiene, apenas reprocharía a "Building Across The Street" una ejecución apresurada que desmerece una premisa y planteamiento muy potentes, a "The Missing Year" que, aunque deliberadamente desconyuntada, no logra establecer una lógica interna dentro de su hermetismo (lo cual sí que logran tantas otras obras de Roberts), o a "A Stranger Is Just A Friend You Haven't Met Yet" el antojarse superficial e insuficiente.


***********************


A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Roberts ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: ¡Cuánto tiempo, Jared! Según he leído, llegaste a publicar algo en Eraserhead Press, la editorial consagrada al género bizarro. ¿Qué publicaste en particular? No he sido capaz de encontrar nada al respecto.

J.R.: ¡Hola, Oriol! Esto no es del todo cierto. Tuve la oportunidad de hacerlo, pero no la tomé, porque la editorial quiere que los nuevos autores participen activamente en la comunidad destinada al bizarro, y eso no me acababa de convencer. Hoy en día me alegra mi reticencia, porque creo que el bizarro no es el género en el que me desenvuelvo mejor. Entonces estaba simplemente atravesando una fase.

ULAD: El 16 de febrero de 2025, el popular podcast llamado CreepCast leyó y comentó una de tus mejores historias, "The Hidden Webpage". ¿Viste ese episodio? ¿Qué te pareció la opinión de MeatCanyon y Wendigoon? ¿Notaste un aumento de lectores atribuible a aparecer en una plataforma de semejante visibilidad?

J.R.:  Vi el podcast por encima. Sobre todo paré atención a los comentarios entre historias y las bromas. Me gustó que MeatCanyon y Wendigoon se involucraran con la historia. Eso es lo que me encanta, ver a la gente tomarse el tiempo para pensar de verdad en mis historias y conectar con ellas. Tuvieron ideas interesantes. 

La atención de CreepCast dejó un regusto agridulce. Al principio, conseguí unas cuantas ventas de libros, y algunas personas se pusieron en contacto conmigo. Asimismo, a muchos oyentes no les gustó la historia y sintieron la necesidad de expresarlo en reseñas en Goodreads. Pero reseñaron el libro completo solo por una historia. Una historia que no leyeron, que solo escucharon en una narración entrecortada. En cualquier caso, después de una semana, el interés pareció esfumarse.

ULAD: CreepCast también dedicó un episodio, el 8 feb 2026, a "My Sexy New Neighbor", una historia a la que, según he podido averiguar, le tienes mucho cariño. ¿Qué te pareció la opinión de MeatCanyon?

J.R.: Mmm. La historia siempre fue criticada en NoSleep por no tener final. Así que escribí uno nuevo que, en mi opinión, concluía las cosas. Pero lo escribí desde mi estilo e intereses actuales. Al público le pareció muy chocante este cambio, por lo que pude ver. 

El público estadounidense también reacciona negativamente a la sexualidad en las historias. Es muy extraño. A la derecha, están los conservadores, que fingen odiar el sexo porque va en contra de los valores familiares. A la izquierda, están los que se lamentan y tienen que odiar el sexo porque objetiviza e impone roles de género. Entre medias, hay un puñado de personas normales que aceptan el sexo. Yo no cuento, ya que soy de Canadá. Como europeo, ¿qué opinas tú?

ULAD: NoSleep es conocido por imponer ciertos rasgos a la literatura que cobija. Exige narraciones en primera persona, cuya presencia online esté justificada y con las que tanto autores como lectores sean capaces de inmergirse como si fueran reales. Tú, como autor de la plataforma, sueles respetar estas normas. ¿Crees que son hasta cierto punto restrictivas, o en tu caso benefician a tus historias?

J.R.: La regla más restrictiva es hacer pasar las historias como reales, aunque nunca tuve problemas con ella. De hecho, admiro a los escritores de OuLiPo, pues se imponían restricciones. 

Con la primera y la tercera persona se puede lograr prácticamente lo mismo si sabes lo que haces. Aunque siempre hay trucos. Por ejemplo, muchas de mis obras usaban historias dentro de la historia para tener una narración en tercera persona. El formato creepypasta, en general, se beneficia de parecer menos un relato y más un testimonio. Ofrece mucha flexibilidad con el lenguaje.

ULAD: De vez en cuando, tus historias no se amoldan a los requisitos de NoSleep. En So Little Seen hay unas cuantas de estas. "Gray's Mill", "The Special Dance" o "The Snowman", por ejemplo, ostentan una narración en tercera persona. Si bien te veo muy solvente al abordarlas, ¿te cuesta más plantear este tipo de ficciones, quizá por falta de costumbre?

J.R.: Creo que sí. Tengo que ser mucho más deliberado, pues hay menos libertad para cambiar repentinamente los tiempos verbales o tomarse otras licencias gramaticales. Sin embargo, en estas historias puedo ser más preciso. Cualquier sentimiento inquietante reside en la realidad objetiva y menos en la respuesta emocional a ella. ¿Tiene sentido esto que acabo de decir?

ULAD: Tienes un don para volver siniestros elementos que son ridículos. En So Little Seen, por ejemplo, logras exprimir las posibilidades terroríficas de un Keanu Reeves en silla de ruedas, de las películas de Dune o Home Alone, del zumo en tetrabrik o de un embudo metálico. ¿Cómo haces que estas cosas, aparentemente banales e infoensivas, den tanto mal rollo?

J.R.: No estoy seguro de que haya una única respuesta, pues es diferente en cada caso. Si fantaseo con algo y me da escalofríos, lo uso. La cinta de Dune es inquietante por la obsesiva creencia que los padres depositan en ella. A veces me inquietan esa clase de creencias, extrañas pero profundamente arraigadas. En la historia de Home Alone, era menos la creencia y más la relación de esta persona con un objeto realmente inocente. Otras cosas, como por ejemplo el cuenco en "Sunburn", implico que no son lo que parecen.

ULAD: Las máquinas son una de tus obsesiones. Máquinas complejas, demasiado como para que entendamos cómo funcionan, para qué sirven y qué clase de impacto tienen en nosotros, en el mundo o en la realidad misma. También te fascinan, creo, los deepfakes, porque los protagonistas de tus historias a menudo se ven a sí mismos en vídeos que no se corresponden a sus memorias. ¿En la vida real te asustan las másquinas y la IA?

J.R.: Es complicado de explicar. Disfruto muchísimo jugando con la IA. Sin embargo, me preocupa profundamente lo que nos estamos haciendo al emplearla. Aunque es ingenuo pensar que prescindiremos de ella. No es posible. Porque si Estados Unidos actúa éticamente y se detiene, Rusia dominará. Si Rusia se detiene, China dominará, etc... La decisión ya está tomada. Estamos atrapados en un tobogán horrible e incluso si intentamos detenernos, un hombre gordo en traje de baño se precipita hacia nosotros. Está por verse si al final está la perdición o el paraíso.

Como humanos, dependemos de la tecnología que creamos para resolver los problemas que ésta conlleva. Con suerte, la IA podrá descubrir cómo crear centros de datos limpios, curar el cáncer y resolver la creciente brecha del desequilibrio de la riqueza. Eso sí, no quiero ver series de televisión hechas con IA las 24 horas del día, los 7 días de la semana, en Netflix. El arte está hecho para ser una experiencia compartida. Si no puedes hablar de ello con alguien, es como si no lo hubieras experimentado.

ULAD: Por lo que he leído en otras entrevistas que te han hecho, tu madre siempre ha estado a tu lado. Sin embargo, me parece que en tu ficción prevalece más la figura paterna que la materna. En varias de tus historias, de hecho, retratas al padre positivamente, aunque sin idealizarlo, pues trata de proteger a su hijo o hijos de algún mal incierto que acecha desde su propia infancia, y en ocasiones incluso desaparece misteriosamente, dejando devastada a su familia.

J.R.: Nunca conocí a mi padre, ni tuve ninguna figura paterna en mi vida, al contrario que la mayoría de mis amigos. Supongo que lo compenso un poco con mis historias, o imagino cómo sería. 

Tuve la oportunidad de ser padre de acogida durante un mes. Me gustaba prepararle a la pequeña una taza de leche tibia antes de dormir y sentarme con ella mientras la tomaba. Era un momento tranquilo en el que podía hablar conmigo de cualquier cosa. Lloré cuando los niños se fueron. Aun así, todavía puedo verlos a veces, y les dejo pasar los fines de semana aquí. Ser padre es algo maravilloso. Tener uno también puede serlo, supongo.


También de Jared Roberts en ULAD: Aquí

viernes, 12 de diciembre de 2025

REFLEXEÑA 2x1: Renaissance, la caída de los hombres, y Renaissance, la ira de los vencidos, de J.J. Lucas

Idioma original: español
Año de publicación: 2010 en Atlantis, 2014 en Dolmen
Valoración: por muchas circunstancias azarosas, pésimo pero enternecedor

Cuando los ínclitos miembros de ULAD me propusieron entrar a su secta comunidad para alivianarles el sufrimiento, seguramente pensaban: "bueno, ha comentado a un Nobel australiano que no lo conoce ni su mamá, ha comentado a Sabato, que es más o menos de culto y gusta mucho en el blog, ha comentado a Cercas y encima dándole con un palo, cosa que también nos es favorable, seguro que si lo invitamos no nos va a venir con algo random o merecedor de ser quemado..., ¿verdad?" Y acá los decepciono, porque efectivamente traigo un mejunje complicado de analizar, tanto en mi valoración (completamente subjetiva) como en el inexistente filtro de calidad y edición de este primer libro (¡porque son dos!).

La cosa es que este libro me llegó por mi compañero de la librería donde trabajo, por lo que ya juega un componente afectivo en contra. Su recomendación fue más o menos así: "yo sé que sos muy puritano con la prosa y todo lo demás, y te juro que este libro me costó leerlo, pero quedate con la idea". Como ya me había recomendado Hacedor de estrellas (reseña en breve) pensé que le debía una, y me dispuse a leer su ejemplar. Para qué...

En el año 2023 (no le erró por mucho), el virus Verónica, originado en Nueva York (por alguna razón siempre es ahí), infecta y convierte a casi todos sus habitantes en whiteyes (el autor pone mucho empeño en que no son zombis), unos seres con fuerza, velocidad y resistencia sobrehumana y una insaciable tenacidad para destruir a la humanidad (le podés disparar tres veces a la cabeza a uno que seguirá persiguiéndote). Ahora bien, una de las particularidades de este virus es que, al matar a uno, la bacteria persiste en el aire con más fuerza y contagia a todos alrededor en un área no tan chica, por lo que se añade el problema de eliminarlos sin expandir el virus. La única ventaja, más o menos, con el que cuenta el reducido grupo de supervivientes al que vamos siguiendo a lo largo de la novela, es que sus fotorreceptores son tan sensibles (de ahí el nombre whiteye) que no soportan la luz del sol y solo cazan a la noche. La gran desventaja es que estos bichos evolucionan, condensando milenios de aprendizaje de una especie en pocos días, aprendiendo a cazar en conjunto y tejiendo planes en común que no sean solo comer descerebradamente.

Como esta reseña se va a hacer larga, diré solamente que los bichos son una mezcla de todo, zombis, vampiros y algún otro adefesio que ronde por las páginas de la literatura y las imágenes por segundo del cine. Pero a favor de la novela, y una vez que se superan otras cuestiones que ya comentaré, señalo que generan una verdadera tensión en algunos puntos de la trama, que siempre está la duda de cuándo aparecerán, incluso a plena luz de sol, y reconozco que hubo momentos donde sentí disparada mi alarma ante la breve descripción de unos ojos blancos en la oscuridad. Bien por J.J. Lucas, ¿no?

Pero esto no sería un pésimo si no hubiera con qué justificarlo. Primero, el grupo de supervivientes. Es un grupo militar, como es evidente, sacado de los peores guiones del Call of Duty (y un poco de Gears of War con peor resultado). Es un tropel de clichés, literalmente: el líder del grupo, el coronel Lawrence Newseth, que todo lo puede y que a pesar de bordear los cincuenta años sobrevive a caídas mortales y otras menudencias; la doctora Phoebe Rubbyn, la esperanza de la humanidad, muy linda y con un acercamiento romántico (aunque se agradece que al autor le parezca una nimiedad en el contexto de la obra); un sobreviviente solitario que se las arregla por su cuenta gracias a su ingenio y suerte; el resto del grupo, cada uno más estereotipado que el otro: el colombiano explosivo, el afro-estadounidense bromista, la chica ruda, el ruso serio y musculoso, en fin, ninguno se salva de marcar casilla en la peor literatura. Si hasta sus nombres son calcados en lo genérico: Escobar, Sulassky, Ridewolf (!). Segundo, el otro personaje que aparece cerca del final de la novela. Tiene la llave para explicarlo todo y, por supuesto, es un científico genio y loco (no diré más porque forma parte de la trama, pero seguro se imaginan por dónde va la cosa).

Y tercero, pero no menos importante, la estructura de la novela. Se nota que el autor quiso poner todo lo que sabía de su universo en esta novela, y es evidente que se lanzó a escribirla sin ningún tipo de plan, porque la forma de seguir la historia es un desastre. Comienza con un prólogo donde nos sitúa en la confusión del virus, sigue con el grupo de supervivientes en el campo Renaissance, último reducto de la humanidad, salta al sobreviviente solitario, de repente arroja flashbacks mal insertados sobre el origen del virus, incluso dentro del mismo capítulo, luego una escena de más de cincuenta páginas que avanza repentinamente la trama, de nuevo otro flashback de varios personajes que no nos importan, y así todo el tiempo. Recién se estabiliza luego de habernos explicado mil veces lo que bastaba con unas páginas, esto es decir, después de la primera mitad (y son 500 páginas en una edición de hojas y tapa rígida, de párrafos como monolitos sin un punto aparte que ni el mismísimo Foster Wallace te hace, frases kilométricas donde, de cinco oraciones, cuatro son para re-explicar la primera, de descripciones imposibles de imaginarse y de sucesos impactantes junto a historias anodinas). Para mí fue un esfuerzo seguir la historia, no por ella misma, que es simple y canónica en su género, sino por los continuos saltos temporales sin ninguna razón. De hecho, llegué a abandonar la novela, pero por insistencia de mi compañero continué. Al final, con muchas ganas, uno se acostumbra a la forma de narrar (o el cerebro se hace auto-lobotomía) y la trama se acelera y deja momentazos a partir de la segunda mitad.

Ahora bien, debo reconocer que el esfuerzo invertido hizo que le agarrara cariño a la historia. Pienso en la frase de Borges, que hasta los más mediocres escriben páginas brillantes; mucho es aseverarlo en este caso, pero con empeño y cierta desconexión cerebral uno disfruta mucho más esta obra que otras más serías (releería esta antes que Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río). La discusión de siempre. Pero eso me lleva a la siguiente obra y a los efectos que causa en la mente el continuar una historia luego de cierto tiempo invertido.


Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: mejor y peor que el otro

Nuestro amigo J.J. Lucas aprendió que para contar una historia necesitaba ordenarla y fue a un taller de escritura. ¡Festejemos! O no. Porque lo que tiene un taller es que te brinda recursos para mejorar y ordenar tu narrativa y te limita al mismo tiempo por el miedo a no ser correcto según los patrones de quién dé el taller. Todas suposiciones mías.

Como al final las últimas doscientas páginas del anterior las devoré y las comenté con mi compañero con alegría, como hacía rato no me pasaba (y alguna vez se debería hablar de cómo los libros mejoran casi siempre por el hecho de analizarlos con otra persona), le prometí leer la secuela. Y henos aquí, después de mil páginas de clichés, batallas épicas y resistencias desesperadas.

Luego del final apoteósico aunque algo bizarro (sobre todo para un argentino), el grupo cada vez más mermado del coronel se ve en la disyuntiva de los pasos a seguir: si esconderse como lo venían haciendo y perder cada vez más gente o luchar con todos sus recursos y decidir el destino de la humanidad. Como buenos personajes de este género, eligen lo último. Debo aclarar que, para estas alturas, los whiteyes tienen su propio líder y un objetivo que se aclara a medida que avanza el libro (aunque se huele venir a lo lejos por la característica manía del autor de explicarte todo), por lo que la amenaza es aún más tensa y los momentos en que aparecen son más seguidos. Como no puedo contar mucho, diré que se incide en la clasificación de ellos en distintos roles, como un enjambre, liderados por su propio líder (y aunque los roles se parecen a un videojuego, rescato la ambigüedad con la que identifica al mismo).

La estructura es muchísimo más limpia en esta novela. Si antes pasábamos de A a Z, de H a B, ahora es lineal y no hay forma de perderse. Ya no hay párrafos kilométricos ni escenas inútiles. Hay tres líneas argumentales que J.J. Lucas va manejando (con sorprendente soltura para sus antecedentes); la del coronel, la del sobreviviente solitario 2.0 y la del origen del virus, esta vez mucho mejor desarrollado y con escenas que hacen sentido. A la novela le cuesta bastante arrancar, y por momentos asistimos con más interés a los flashbacks que a las escenas del coronel (ni hablar del superviviente; al ser una copia del esquema del anterior, pierde verosimilitud), lo que, en mi caso, me representó una señal de que había logrado involucrarme en la historia. Incluso hay nociones interesantes, como la de que los whiteyes son más beneficiosos para la naturaleza que los humanos (al pararse todo, el mundo es un lugar más limpio), que recubren de una pátina inesperada de crítica social a la novela.

Luego de superar el inicio, la trama carbura y nunca se estanca, a diferencia del anterior, pero, a pesar de que la escritura es más limpia y fácil de leer, de que los momentos de acción son grandiosos, se pierde la tensión de los whiteyes. Como es una guerra permanente, el peligro se centra en la carencia de recursos y en la lotería de quién será el siguiente del grupo en morir, un recurso más bien pobre. Las cartas están sobre la mesa, por lo que el elemento sorpresa ha desaparecido. Lo que se rescata, esta vez, es la aparición de humanos peores que los whiteyes, como variación de la amenaza; si bien no es original, al menos da frescura, aunque resulta irritante que, con años de experiencia, el grupo del coronel se comporte tan ingenuamente como lo hace en algunos casos. Ni siquiera se justifica con la desesperación, porque en otros momentos aún más críticos permanecieron con una lucidez inverosímil.

No la haré más larga. A partir de cierto punto, la trama del pasado se desvanece y las dos del presente convergen, y todo desemboca en varios enfrentamientos finales (sí, varios). Pero como ya explico en mi valoración, si lo mejor venía por el lado de la limpieza narrativa, lo peor viene por el lado de que J.J. Lucas encasilla la novela en marcos muchísimos más genéricos que la anterior, y resulta demasiado previsible cuándo morirá alguien, cuándo tocará la siguiente revelación. Hay genialidades, por supuesto, pero incluso la aparición de ideas cada vez más fantásticas (una suerte de Red Skull con la escopeta del Doom Eternal, un Godzilla whiteye, etc) fuerza el tono de la novela y le resta la fuerza emocional del anterior. 

Mi crítica es esta, entonces: es evidente que, o bien a J.J. Lucas le entró vergüenza por la forma de narrar en la primera novela, o bien un editor le dijo que rebajara sus fantasías en algo más accesible, o bien un taller le hizo aprender y se entusiasmó de más en escribir correcto. Pero solo correcto. La escena final, por ejemplo, quiere ser una cosa monstruosa de epicidad, pero se queda en nada por lo rápido que transcurre, la aparición de conceptos a cuarenta páginas finales y la necesidad de cerrar de forma satisfactoria una situación que, a las claras, era desfavorable para los protagonistas. No es que utilice un deus ex machina, pero se aprovecha de un recurso argumental para estirar la trama por lo menos tres capítulos solo para tenernos en suspenso. No funciona porque: 1) los monólogos épicos de rigor y la batalla final ya se dieron; 2) la trama del líder de los whiteyes se venía resolviendo a los tumbos; 3) los huecos argumentales empezaron a aparecer por todos lados, dejando pistas, por ejemplo, que nunca terminan de resolverse (¿el coronel es inmune o no? Con la cantidad de sangre que traga hace novela y media que debería haberse infectado). Por eso, paradójicamente, le guardo más cariño al primero que al segundo; este, si bien objetivamente no es un suplicio leerlo, en términos de riesgo no aporta nada.

Ahora bien, se preguntarán ustedes: y después de tanto merequetengue con dos libros pésimos, ¿qué onda con la REFLEXEÑA? Me doy cuenta que el tiempo invertido para la reseña supera a la paciencia que debí tenerle a los dos libros, sobre todo al primero, y puedo establecer una vaga relación masoquista entre sufrir y que me termine gustando lo que leo. Y seguramente mi valoración esté empañada por el afecto. Sobre todo reconozco que, en circunstancias normales (es decir, sin alguien que me recomiende cosas y con menos tiempo libre), lo hubiera dejado a las pocas páginas. Mi compañero mismo dijo: "con un GRAN editor podría haber sido un bestseller". No soy tan considerado, pero pienso que a J.J. Lucas, que parece un buen tipo a juzgar por las entrevistas y crítico con las armas y el daño al medio ambiente, le hubiera ayudado alguien que lo aconsejara (un taller, sí, pero también que se preocupara por él) y diera orden a sus ideas, que le dijera que los errores de estructura y narrativa podían convertirse en seña propia y no transfigurarlos en algo genérico. Da la impresión de que en el segundo libro pensó en echar manos de los recursos más fáciles para ir completando la historia. Porque la inventiva la tiene y las ganas de escribir y entretener también. Y eso lo consigue. Haciendo memoria de lo leído de este año, no lo podría incluir en mi top3 de peores libros. Por supuesto que no digo que es el Nobel perdido ni que sea una buena obra, pero la diversión en la literatura es una cosa buena, necesaria, y, dejando de lado las editoriales "serias" (que publican cada bodrio también...), hay otras que editan basura escrita por gente que no le interesa lo que cuenta. Al menos, leyendo estos libros, la sensación es que el autor le tenía un profundo cariño a su historia y que, fuera de una forma u otra, trataría de hacérnoslo llegar.

lunes, 17 de febrero de 2025

VV.AA.: Bronwyn y el monstruo de cuatro cabezas

Idioma original: Español
Año de publicación: 2019
Valoración: Curioso

Mayo del 2018. Dani, Bea, Albert y Tamara inician un encierro de tres días en una casa de una aldea de Lleida. Su objetivo es invocar una historia que gire alrededor de la cacería de brujas que asoló la región en el pasado. Para escribirla deben turnarse en dos ordenadores portátiles.

Esta es tanto la premisa de Bronwyn y el monstruo de cuatro cabezas como la metodología que se empleó a la hora de parir este breve artefacto repleto de creatividad, camadarería y bizarro que mezcla ficción, autoficción y metaliteratura. 

Personalmente, lo he disfrutado mucho. En primer lugar, porque salió de cuatro escritores cuyo estilo me gusta: Manuela Buriel (uno de los pseudónimos de Dani), Beatriz GarcíaAlbert Kadmon y Tamara Romero.

También porque tiene un planteamiento y estructura moderadamente originales, alberga varias ideas refrescantes en su excentricidad, presenta una atmósfera muy lograda, sus personajes experimentan cierto crecimiento y contiene imágenes potentísimas que oscilan entre el fantástico de Tamara (más cercano al realismo mágico) y el de Albert (más "splatter").

El hecho de haber leído anteriormente a los cuatro escritores de Bronwyn y el monstruo de cuatro cabezas (e incluso conocer en persona a algunos de ellos) puede haber contribuido a que esta novela corta me sedujera. Y es que reconocía la voz de Dani y Albert en sus respectivos capítulos, o la personalidad autoral de Beatriz y Tamara en los suyos. 

Pero no os penséis que esta obra aportará poco a un lector menos familiarizado con sus autores, pues, como he comentado antes, presenta múltiples virtudes. Además, aunque se adscribe al bizarro, un género bastante minoritario, resulta fácil seguir su argumento, y a la postre deja el regusto satisfactorio de toda literatura colectiva y lúdica.

Ah, por si la gestación de Bronwyn y el monstruo de cuatro cabezas no fuera lo suficientemente interesante, dejad que os diga que su presentación sucedió en un antro (ojo, no uso esta palabra con connotaciones negativas) BDSM, en el que los cuatro escritores realizaron distintas performances por separado.​

miércoles, 12 de febrero de 2025

Christian Wallis: With Teeth

Idioma original: Inglés
Título original: With Teeth
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable (especialmente para amantes de los "creepypastas")

Llevo años defendiendo que hay mucho talento entre los escritores de "creepypastas", y el tiempo me ha acabado dando la razón. Algunos de quienes se iniciaron en este nicho del terror literario de internet lo han demostrado concibiendo historias de género sobresalientes; otros, saltando a grandes proyectos (como la autora de la de por sí genial Borrasca al convertirse en guionista de la miniserie The haunting of Hill House).

Sin duda, Christian Wallis es uno de los talentos reivindicables surgidos en este mundillo. Yo lo descubrí gracias a que, a principios de 2024, el canal de YouTube The Dark Somnium, dedicado a locutar "creepypastas", narró dos de sus historias de terror, bajo el título unitario de "My Wife Has Taken Our Roleplaying Too Far". La originalidad del formato y argumento de ambas me cautivaron sobremanera. 

Al cabo de unos meses, tras saber que Wallis tenía una antología publicada, decidí comprarla para comprobar si el autor era capaz de mantener ese nivel en otras ficciones. Y, habiendo leído los trece relatos compilados en With teeth, puedo asegurar que así es. 

Estos trece relatos exhiben rasgos "creepypasteros" en su factura, premisas e imaginería horrorífica, a los que dotan de una inusitada creatividad y calidad. Por ejemplo, en "Annedale" se mencionan interesantes rituales ocultistas, pero no se permite que dominen el argumento. En "The Bunker" se exploran unas ruinas, pero el protagonista tiene motivos sólidos para hacerlo pese a que su instinto le suplica que huya de ese lugar. En "A Private Exhibition" hay obras de arte fotorealistas, pero semejante detalle tiene sentido para la trama.

Además, estos trece relatos son satisfactoriamente eclécticos. Aunque todos ellos tienen una querencia por lo sobrenatural y comparten un tono angustioso y desesperanzado, presentan situaciones y temas de lo más variados.

Analicémolos uno a uno: 

En "Annedale", el cuidador de un edificio abandonado va desentrañando información sobre el lugar, los innumerables horrores que encierra y las personas que atrae. Abunda en ideas interesantes y se cierra con un giro de tuerca muy astuto.

En "The Bunker", un hombre que busca a su perro entra en el bunker bajo tierra en el que desapareció una familia de siete. Construye impecablemente la atmósfera y la tensión.

En "Pretend Play", el marido de una mujer quiere ser tratado como un niño pequeño. De lo mejor del volumen con diferencia. Es una de las historias que conforman el binomio que me dio a conocer a Wallis, presentada aquí sin su secuela. Aunque el cambio de perspectiva de dicha secuela dota al conjunto de interés, su omisión en esta antología no molesta lo más mínimo, porque el relato original es muy potente por sí mismo.

En "The Dealer", el camello de unos ricachones acaba sirviendo a unos seres sobrenaturales. Este relato es, comparado con otros, bastante simple. Aun así, funciona dentro de sus modestas pretensiones. Además, estaba destinado a gustarme, pues parece inspirado en la mitología cenobita (tanto literaria como fílmica) de Clive Barker.  

En "A Private Exhibition", una bailarina llama la atención de una poderosa entidad. Su premisa y desarrollo son, junto con los de "Pretend Play", de los más originales del volumen. Sin duda, se cuenta entre mis relatos favoritos.

Tanto en "The Workshop" como en "The Temple in the Lake", un grupo de científicos se topa con algo pavoroso. El primer relato está ambientado en las tundras heladas; el segundo, de clara influencia lovecraftiana, en el fondo marino abisal. Ambos son sencillos pero resultan endiabladamente entretenidos de leer. Además, evidencian una vez más el pulso narrativo que Wallis derrocha como autor de género.

En "Pompilidae", un soltero enamorado de su vecina es incapaz de percibir los detalles perturbadores que la rodean. Este relato destaca por su humor (el tono cómico, casi inexistente en el resto del volumen, impregna sus páginas), algo caricaturesco pero sin lugar a dudas simpático y refrescante. 

En "Zolg", una criatura con forma de huevo atormenta a una desdichada familia. Extremadamente retorcido desde el inicio, durante el desenlace se supera todavía más.

Tanto en el mundo de "My Eldrich Friends" como en el de "The Hunt" y "A Better Place" existen agencias dedicadas a contener y ocultar lo sobrenatural. En el primero de estos tres relatos, por ejemplo, seguimos los pasos de alguien que se dedica a encarcelar a «eldritch abominations and ancient gods». En el segundo, en cambio, a dos cazadores de unas criaturas llamadas «mimic», que parecen estar evolucionando con el tiempo. Y en el tercero, al cuidador de niños humanos que, dada su edad, no saben manejar adecuadamente sus poderes. Quizá mi favorito de este grupo sea "The Hunt", por su alocada imaginería, pero admito que todos funcionan muy bien y tienen implicaciones perturbadoras, pues plasman mundos repletos de pavorosos horrores contra los que los hombres se encuentran siempre en clara desventaja. 

En "The Derelict", un grupo de amigos se topa con un barco abandonado. La construcción de ciertas escenas escalofriantes es magnífica.
  
Poco más que añadir. With Teeth es un festín de horror sobrenatural, repleto de criaturas pavorosas, destinos sumamente crueles para sus víctimas y escenas de tensión y suspense perfectamente construidas. 

Todos los relatos que contiene me han parecido muy dignos. Los mejores, a mi juicio, son "Annedale", "Pretend Play" y "A Private Exhibition", dada su creatividad. Luego hay ejercicios de género más convencionales en comparación, pero igualmente logrados, como "The Bunker", "The Temple in the Lake" o "The Derelict" (también, aunque en menor medida, "The Dealer" y "The Workshop"). En "My Eldrich Friends" o "The Hunt" se nos presentan mundos tan sugerentes que darían para escribir novelas enteras. En "Zolg" o en "A Better Place" se exploran conceptos deliciosamente retorcidos. Y "Pompilidae" hace gala de un humor simpatiquísimo.

Como he dicho antes, las piezas de esta antología siguen los patrones estereotípicos de los "creepypastas", pero logran refinar ese tipo de literatura. En primer lugar, porque entregan formatos, premisas y monstruos creativos. También porque son más sutiles de lo habitural, no dependen tanto de la truculencia de sus escenas o de un golpe de efecto durante el clímax, y dotan a sus protagonistas de cierta profundidad psicológica.

La única pega que le pondría a estos relatos es lo desinspirados que se sienten sus títulos. Los que tenían cuando se publicaron originalmente en Reddit no es que fueran mucho mejores; de hecho, seguían las convenciones "creepypasteras" y se antojaban exagerados o efectistas. Pero los que ostentan ahora en With Teeth, más cercanos a los de la narrativa breve convencional, son sumamente genéricos. Así, "I found the bunker of a prepper family who went missing three years ago" o "I’m an Arctic explorer and I found an abandoned toy workshop", se han bautizado ahora como "The Bunker" o "The Workshop".

El otro tirón de orejas amistoso que le haría a la antología de Wallis se debe a su desmerecedora edición. Empecemos con el libro como objeto. Jamás lo habría adquirido por culpa de su desangelada cubierta, de no ir persuadido de antemano gracias a la calidad de "My Wife Has Taken Our Roleplaying Too Far". Y es que la ilustración que la cubierta de With Teeth exhibe, a todas luces realizada con Inteligencia Artificial, es bastante cutre. Y de la tipografía escogida para el título mejor no hablamos. Los materiales del libro en sí también son baratillos, pero eso, aunque frustrante, es comprensible, teniendo en cuenta que el ejemplar lo imprime y distribuye Amazon.

jueves, 6 de febrero de 2025

Reseña + Entrevista: The Machine Stories, de Jared Roberts

Idioma original: Inglés
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

Jared Roberts es uno de mis escritores de creepypastas favoritos. Su prosa no es la más cuidada, ni sus personajes los más complejos. Pero su obra, publicada originalmente en su mayoría en el foro nosleep de Reddit, es creativa y personal (pues mezcla elementos weird con terror y ciencia ficción), además de desconcertante y desasosegante de un modo único e inimitable. Ah, y tiene algunos planteamientos, ideas y giros extremadamente alocados. 

Así que, cuando supe que Roberts había publicado The Machine Stories, la compré sin pensarlo un segundo. Quería apoyar a tan talentoso autor, e incluso estaba dispuesto a hacerlo a pesar de que su antología la imprimiera y distribuyera Amazon, adoleciera de una cubierta horrenda hecha con IA y compilara algunos relatos que yo ya conocía, pues los había escuchado locutados en YouTube.

¡Y cuánto me alegro de haber adquirido The Machine Stories! Al fin y al cabo, es un festín para los incondicionales de Roberts; también es una toma de contacto inmejorable para todo aquel que quiera adentrarse en su universo surreal y enigmático, o una buena adquisición para los amantes de la literatura extraña que no le teman a la complejidad y la ambigüedad. 

Los doce textos compilados en The Machine Stories tienen una calidad bastante homogénea. El único que no me ha gustado, pues me ha parecido muy pobre en su simpleza y linealidad, ha sido "More Channels". "Push the Blue Botton", por su parte, tiene un planteamiento interesante, pero no lo desarrolla de forma convincente y recuerda vagamente a una parte de La ciudad de Mario Levrero mucho más lograda. "The Arkansas Sleep Experiments", la interpretación de Roberts de uno de los subgéneros fundacionales de los creepypastas, resulta efectivo, pero se queda corto en impronta autoral e intensidad argumental cuando lo comparamos con otras obras del escritor.

De los demás textos, insisto en que todos ellos muy dignos, destacaría si acaso, por su absoluta genialidad, la novela corta "The Hidden Webpage", por su protagonista, "The Trees Are Not What They Seem" y, por su atractivo formato (se concibió para ser narrado en un podcast) y sus giros, "Sunburn".

Los textos de The Machine Stories parten de la misma premisa: personas corrientes con vidas anodinas se ven súbitamente envueltas en una serie de eventos bizarros. En ellos hay también una serie de elementos recurrentes: memorias de las que no te puedes fiar o directamente alteradas, angustia existencial y universos paralelos. Además, todos desdibujan la realidad con tanto éxito (o quizá es que la percepción de los protagonistas es errónea) que, al terminarlos, resulta imposible saber qué ha sucedido realmente. 

Teniendo este contenido y estética unificadores en cuenta, uno podría pensar que, leídos de corrido, los textos de The Machine Stories se antojarían reiterativos. Sin embargo, la inagotable inventiva de su autor convierte a cada uno de ellos en una experiencia distinta.

Dejad que os hable un poco de mis favoritos: 

"The Hidden Webpage" inaugura el volumen. Es, sin duda, un clásico de los creepypastas. Uno extremadamente original, capaz de apilar detalles extraños (aparentemente interconectados pero cuya lógica interna somos incapaces de establecer) con suma facilidad, erigir una atmósfera muy lograda e incrementar la tensión paulatinamente. Uno que se apropia de una imagen tan ridícula como lo son dos hombres disfrazados de abeja y hace que ésta te provoque un escalofrío. 

"The Trees Are Not What They Seem" es creativo, intenso y atmosférico. Ciertamente, resulta menos original que "The Hidden Webpage", y su manera de amontonar detalles extraños sin dar tregua al lector o a los personajes no fluye tan orgánicamente como en esa genialidad inspirada. Aun así, me parece un relato muy recomendable, y tiene la particularidad de que su protagonista es más proactivo y tiene una personalidad más marcada de lo habitual en la obra de Roberts.

"Sunburn" cierra la antología. Y lo hace por todo lo alto, con una historia redactada a modo de guion que sabe llevar su premisa hasta límites insospechados. Roberts en estado puro, señores.

Ahora permitid que liste algunos pasajes del libro:

«If you've been on the internet long enough you learn that. There's evil out there. Not the child porn or torture videos. Something deeper. Something hidden in all the code and connections.» ("The Hidden Webpage", página 10)

«When something dies, (...) there’s just this emptiness there. I think sometimes that emptiness can get filled with something else. Maybe that might look to us like a ghost. It’s nothing we should have anything to do with.» ("An Old-Fashioned Ghost Story?", página 128)

«(...) natural selection has nothing to do with with truth and everything to do with survival. It’s as reasonable to think we survive by being constantly deceived as to belive we survive by knowing reality as it is. Maybe we were naturally selected to detect the world all wrong.» ("We Built a Machine that Told Us Everything We Wanted", página 137)

Poco más que añadir. The Machine Stories no gustará a todo el mundo. Al fin y al cabo, los textos que compila son, al igual que la mayoría de Roberts, sumamente desconcertantes (incluso diría que herméticos), y suelen cerrarse con finales abiertos que pueden frustrar a cierto tipo de lectores. 

Aun así, esta antología autopublicada hará las delicias a los amantes de la literatura de lo extraño. Porque Roberts es uno de sus mejores cultivadores, y no sabéis lo afortunados que somos de que mucha de su obra se pueda leer o escuchar en internet de manera totalmente gratuita. Ojalá saque otro libro pronto para poder seguir apoyando su carrera; evidentemente, lo compraré sin pensarlo dos veces, aunque me gustaría que en esta ocasión el autor cuidara la edición (¡si hace falta hago yo la ilustración de cubierta!), no se decantara tanto por los elementos de ciencia ficción e incluyera más textos inéditos.


***********************


A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Roberts ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: ¡Hola, Jared! ¿Cómo estás? Soy un gran admirador de tu obra y me hace mucha ilusión poder entrevistarte. En primer lugar querría preguntarte cómo te definirías en tanto que autor. ¿A qué género te adscribes y a qué público quieres llegar?

J.R.: Definir mi obra me provoca ansiedad, pues al hacerlo corro el riesgo de gafarla. Como cuando notas que las cosas están yendo bien y luego dejan de hacerlo. O cuando descubres que eres un escritor de terror e inmediatamente no puedes escribir nada que dé miedo. Así que intento no darle muchas vueltas. 

Escribo situaciones que nacen de sentimientos, fantasías y percepeciones de experiencias propias. Quiero captar sentimientos para que podamos hablar sobre ellos. Creo que a todos nos interesa la vida interior, especialmente la oscura. Supongo que el éxito de A24 prueba que mi público no es tan de nicho como en un inicio llegué a pensar. La gente busca complejidad, honestidad y sombras.

ULAD: ¿Qué obras te inspiran? 

J.R.: Miro muchas películas. Sobre todo de terror. Y dramas lentos y sombríos, como Paterson y Manchester by the Sea. También me gusta la TV. Twin Peaks. Y esa serie de los 90 llamada Millennium.

En cuanto a literatura. Thomas Bernhard supuso una revelación la primera vez que lo leí. También me gusta mucho John Updike. Y esa novela extraña titulada A Voyage to Arcturus es una gran influencia.

El misticismo católico también me inspira. Estuve a punto de convertirme en un monje benedictino. Cuando tenía 18, leí a Teresa de Ávila, Teresa de Lisieux, Juan de la Cruz, Pseudo-Dionysus, Augustine, Evagrius Ponticus, Ángela de Foligno, etc... Ahora soy ateo, pero católico al mismo tiempo.

ULAD: ¿Cuál es tu trayectoria como escritor?

J.R.: No tengo mucho bagaje como escritor. Estudié filosofía. Dirijo una PMO (Oficina de Gestión de Proyectos). Escribo porque lo necesito, porque es una pasión, un propósito.

ULAD: ¿Qué ha supuesto autopublicar The Machine Stories, tu primer libro? ¿Tienes algún otro proyecto en mente, literario o de otra índole?

J.R.: No me ha gustado publicar The Machine Stories. Supuso una capitulación, porque nunca quise autopublicar. Sin embargo, suspendieron mi cuenta de Reddit por un tiempo (ya la he recuperado) y pensé que debía preservar de alguna manera las historias que subí ahí por si acaso. 

Estoy trabjando en múltiples proyectos. Es uno de mis defectos. Estoy enfangado con tres guiones. Uno de ellos, sobre "The Hidden Webpage". Un talent manager de Hollywood me lo pidió hace ocho años, pero la cagué. Por entonces no estaba preparado. También estoy escribiendo una novela, que ya tengo a medias. Y otra antología. ¡Eres el primero en saberlo, sin contar a mi mujer! Asimismo, querría montar un podcast con las últimas historias que he escrito. Y tengo listo un ensayo monstruoso basado la historia y cultura de una de mis pasiones, los estudios de internet.

ULAD: He visto que, entre tus referentes, citas a Robert Aickman, John Carpenter y David Lynch. ¿Puede que, en tu literatura, también haya algo de Philip K. Dick, y de escritores de terror contemporáneo (ya sea de otros cultivadores de nosleep y creepypastas o de autores como Thomas Ligotti o Michael Wehunt)?

J.R.: Realmente sólo he leído una novela de Philip K. Dick, Valis. Fue hace años, y me gustó mucho. En esa novela, Dick retrata eventos e ideas cósmicos al hacer que afecten la vida de un tipo corriente. Eso me impresionó sobremanera, aunque no lo consideraría una influencia. Pero corrígeme si me equivoco, ¡no dejes que me autoengañe! 

Sobre los otros autores. No he leído a Thomas Ligotti, y no conocía a Michael Wehunt. ¿Te suena el concepto alemán del zeitgeist? Quizá nuestras similitudes se deban a ello. Distintas personas llegarán a los mismos sentimientos e ideas, y acabarán reflejándolos en obras similares, pues la época y el contexto geográfico lo propician.

ULAD: Tus ficciones dejan entrever una visión del mundo y del hombre muy específicas. Hablan de universos incognoscibles y hostiles, llenos de eventos y conexiones que tus protagonistas apenas pueden asimilar o comprender, en los que gobiernan fuerzas aterradoramente poderosas. ¿Esta aproximación existencial es meramente literaria o, al igual que la de H. P. Lovecraft se nutría del materialismo y miedo a lo desconocido del autor, la tuya tiene raíces en creencias personales?

J.R.: Bueno, en la mayoría de mis historias abordo la memoria. A grandes rasgos, la memoria construye nuestro mundo. Si recuerdas a tus padres como abusivos, incluso si no lo eran, esto tendrá consecuencias en tu vida. Yo mismo he tenido memorias de cosas raras que otra gente niega que hayan sucedido. No sé. Todo esto se coló en mis historias. Algunas están más interesadas en plasmar la extrañeza y la liminalidad. Nada de lo que he escrito es puramente litetario.

ULAD: Ya que he mencionado a Lovecraft, me gustaría saber si te sientes influenciado por él de algún modo. Superficialmente, creo que vuestra obra no tiene nada que ver la una con la otra. Sin embargo, al menos en mi opinión, compartís temas y recursos narrativos. Uno de dichos temas sería la representación de un universo hostil hacia el ser humano repleto de fuerzas que escapan a nuestra comprensión. Y un recurso narrativo, el usar protagonistas con poca personalidad y proactividad para acentuar su universalidad e indefensión.

J.R.: Hmm, bueno, ciertamente disfruto sus historias. Me gusta bastante, por ejemplo, Dreams in the Witch House, donde los ángulos de la habitación no tienen sentido matemáticamente. ¿Qué es más inherente al orden del universo que las matemáticas? El protagonista atraviesa un mal ángulo o algo así, y luego se concatenan una serie de imágenes delirantes que te obligan a forcejear para darles sentido. Así que supongo que Lovecraft me influye en cierto modo. 

Me gusta cómo rompe las reglas. No le importa la narrativa convencional. Exploraba, ante todo, sus sentimientos. Antes de él, la gente ya sentía el horror cósmico. Más inmigrantes de lo habitual llegaban a ciudades históricamente insulares. Einstein nos descubría cosas nuevas sobre el universo. El universo devino enorme y complicado y abrumador. Las historias de Lovecraft transmutan los sentimientos de su mundo provinciano y de sus intereses siendo opacados por la inmensidad del universo. 

A pesar de que mucha gente a día de hoy la disfruta superficialmente, su obra nos permitió crear un vocabulario para un sentimiento concreto, el del horror cósmico. Y estoy seguro de que muchos de sus lectores identificarán sus propios sentimientos gracias a su obra. Esto es lo que pretendo lograr yo. Querría enriquecer el entendimiento de nuestra vida interior al imbuirlo en mis historias.

Y es cierto que mis protagonistas son poco proactivos (exceptuando el de "The Trees Are Not What They Seem", que tiene mucha personalidad). Quizá esto es algo en lo que emulo a Lovecraft. 

ULAD: He notado que muchas de tus historias están contextualizadas por una mitología propia y comparten elementos, aunque de una manera tan críptica que al lector le cuesta hacerse una visión panorámica nítida. ¿Tienes muy trabajado ese universo englobador, o te limitas a interconectar superficialmente tus ficciones?

J.R.: En la mayoría de casos, establezco esas conexiones según me parece. A veces tengo una noción más clara de cómo conectan las cosas, como en "The Trees Are Not What They Seem". Pero, al contrario que J. R. R. Tolkien, no dibujo mapas ni establezco genealogías antes de empezar a escribir. ¡Eso me volvería loco!

ULAD: Se puede extraer una lectura simbólica a tus textos. A "The Hidden Webpage", por ejemplo, el cómo internet puede absorver nuestra vida por completo; a "Remember that David Lynch movie, Dune? About that", "How to Lose Friends and Terrify People" o "Three Visits to a Hidden Tribe", el cómo familiares o amigos devienen irreconocibles. ¿Sueles tener en cuenta un núcleo temático alrededor del cual desarrollar tus historias?

J.R.: Yo forcejeo más bien con impresiones y sentimientos, que supongo que son similares a un tema. Pero señalar ese tema, o mejor dicho, buscar la palabra que lo defina, es trabajo de los críticos literarios. A ellos se les da bien. 

Mis temas provienen de la sección de mi paisaje interior que en ese momento quiera explorar. Me gusta pensar que otras personas tienen pensamientos y sentimientos similares a los míos, porque si no, todo es en vano. Todos tenemos pensamos y sentimos cosas que no sabemos cómo definir o expresar. 

O sea, ¿sabes lo que es el ASMR? Yo sentí eso toda mi vida, pero hasta que se popularizó en YouTube no fui capaz de ponerle un nombre. Durante dos décadas estuve intentando transmitir a otros ese cosquilleo placentero sin éxito alguno.

ULAD: Me ha parecido que tu antología The Machine Stories, aunque adscrita como la mayoría de tu obra dentro del género de terror, se decanta bastante hacia la ciencia ficción. En ella no hay solamente otras dimensiones y entidades cósmicas, sino que también tecnología futuristas y experimentos imposibles. ¿Fue el toque de ciencia ficción un criterio a la hora de seleccionar varios de los relatos que la compondrían? ¿Cómo decidiste qué historias la conformarían y en qué orden las situarías?

J.R.: No me gusta recurrir a lo sobrenatural en mis historias, quizá porque no creo en ello. Pero sí que creo que el mundo natural es inmensamente más complejo de lo que suponemos, y que el poder de la tecnología será cada vez más aterrador. Así que la tecnología misteriosa sustituye a demonios y fantasmas para mí. The Machine Stories agrupa historias con máquinas que distorsionan la realidad, nunca para bien. A veces de forma maliciosa, y otras no tanto, aunque siempre como las entidades amorales del Gran Colisionador de Hadrones de Lovecraft.

ULAD: Hay personas a las que tu literatura no les atrae. La consideran demasiado hermética. Tampoco les gusta que les obligue a estar atentos a múltiples pistas y detalles, ni que tenga finales abiertos y ambiguos. ¿Por qué decidiste abanderar este tipo de ficción? ¿Cómo la reivindicarías ante gente reticente?

J.R.: ¡Hermética! Me encanta esta palabra. 

A ver, ninguna obra de arte gustará a todo el mundo. Scorsese odia el cine de Marvel. A mí me encanta Deadpool y en cambio jamás miraré The Irishman. Mi película favorita del año pasado fue Hundreds of Beavers, pero poca gente se tragará  una comedia de dos horas grabada como una película muda.

Por mucho que disfruto las historias bien atadas y con un desenlace definido, no me siento cómodo escribiéndolas, porque al hacerlo siento como si estuviera jugando con figuras de acción. Movamos este juguete de plástico aquí y este otro allá y hagamos que peleen y fin. Cuando yo escribo historias misteriosas y ambiguas, me siento confiado en lo que hago. Estoy hablando de la realidad en toda su escurridiza gloria. No de plástico. Aunque entiendo que, a veces, demasiada vaguedad puede ser frustrante y pretenciosa. Yo mismo fui incapaz de terminar Skinamarink.


También de Jared Roberts en ULAD: Aquí

viernes, 16 de agosto de 2024

Tamara Romero: Objeto ancla

Idioma original:
Español 
Año de publicación: 2022
Valoración: Está bien

Objeto ancla, antología autoeditada de Tamara Romero, contiene siete relatos. Siete relatos oscuros, inquietantes, perversos y crueles; siete relatos preñados de un humor negro exquisitamente cáustico; siete relatos que, pese a compartir personajes y escenarios, se pueden leer de manera autónoma. 

Todos me han gustado; sin embargo, creo que se pueden pulir. Y es que si bien tienen premisas con mucho potencial, no acaban de exprimirlas al máximo. A eso súmale dos escollos más: el desenfoco de apartados importantes (caracterizaciones, trasfondos…) y la tendencia a sobreexplicar. Tampoco ayuda a redondear el conjunto la necesidad de conectar los textos; necesidad que a veces obliga a insertar, de forma poco orgánica, referencias puramente decorativas en los mismos.

A mi juicio, los más logrados son "Un sendero eléctrico" y "Aplaudirán cuando me vaya". Un nivel notable tienen, también, el carveriano "Una buena amiga", el depravado "Lamer un cactus" y "La carcasa", joyita a la que debemos la imagen de la cubierta.

Por otro lado, destacaría que "Esfinge severa" y "Galactogogos" pecan de cierta previsibilidad. Lo cual resulta especialmente frustrante en el primero, cuyo toque bizarro auguraba una ficción muchísimo más extravagante que la que al final recibimos. 

En resumen: Objeto ancla es, pese a sus altibajos, un volumen interesante. Aun así, siento que le falta algo. Quizá se hubiera beneficiado de una revisión de estilo más estricta; quizá la figura de un editor hubiera ayudado a reorientarla donde fuera menester. En cualquier caso, la sensibilidad literaria que exuda es tan similar a la mía que no puedo dejar de recomendarlo.


jueves, 30 de noviembre de 2023

Gerardo Fernández Fe: El último día del estornino

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2011

Valoración: Recomendable

Ya lo hemos hablado en reseñas de otros libros de Gerardo Fernández Fe. Resulta "curioso" el funcionamiento del mercado editorial. Autores absolutamente intrascendentes, libros sujetos a modas o  coyunturas con una "vida útil" de escasas semanas copan las librerías al tiempo que autores como el habanero, con algo que contar, con historias universales y atemporales, han de recurrir a la autoedición para acercarnos su obra. En fin, ¡qué sabremos nosotros de los entresijos y los cálculos del mundillo!

El caso es que la novela que hoy traemos a este espacio sí que fue publicada en 2011 por una pequeña editorial española, aunque la edición que yo he podido leer es de este mismo 2023 y ha sido obra del propio autor. Esperemos que esta vez tenga más recorrido que hace unos años. El contenido lo merece.

Resumiendo. Como ya ocurriera con Hotel Singapur, El último día del estornino recurre a la historia dentro de la historia dentro de la historia... (la mise en abyme, que dirían los más intelectuales) para hablarnos de vidas posibles, de vidas soñadas, de vidas vividas por un personaje llamado Luis Mota (aunque puede que se llame Gabino o Nivaldo) que es, al mismo tiempo, protagonista y narrador, con lo que el autor juega con la famosa "cuarta pared". Joder, hoy tenemos el intelectual de lo más subido.

Así, el punto de partida es la entrada del tal Luis Mota en la Biblioteca Nacional de Caracas en busca de un libro sobre ornitología (pájaros y migraciones tal vez?). Un error / confusión le llevará a un libro de Deleuze en el que se esconde un arma y aquí, de la mano de la imaginación y del recuerdo, se abrirán una serie de caminos que nos llevarán de Caracas a La Habana, de Praga en 1968 a París y que nos hablarán de exilios, de amores (realmente magnífica la parte dedicada al matrimonio de Boris y la madre de Amaranta, su desgaste, ese fin del amor a través de gestos y silencios), de huidas, de esperanzas traicionadas, de religiones que arrastran consigo su correspondiente elegía.

Por tanto, autobiografía personal y crónica de un tiempo (segunda mitad del siglo XX / principios del XXI) atravesado por la Historia se aúnan en un texto que ya digo que escapa de la linealidad y de la pura narración "autobiográfica", ya sea en primera o tercera persona. Esto quizá pueda ahuyentar a un lector que busque algo más "convencional", con menos vaivenes, más "claro", pero quien acepte y guste el riesgo y el juego, seguro no saldrá decepcionado. Porque hay buenas historias, buen ritmo narrativo, un acertado manejo de las metáforas e imágenes y, sobre todo, porque hay buena literatura.

También de Gerardo Fernández Fe en ULAD: Hotel SingapurCuerpo a diario


domingo, 22 de octubre de 2023

Ramón Gallart: Las cartas que nos tocan

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2022

Valoración: Está bien

Las cartas que nos tocan es la primera novela de Ramón Gallart, pero esta no es una primera novela al uso ya que hablamos de un autor de 66 años, rara avis en este mundillo que parece pedir caras bonitas y carne "fresca". Esta es una suposición mía, pero imagino que la edad del autor habrá sido uno de los motivos por los que haya optado por la vía de la autopublicación. En cualquier caso, y pese a algún que otro defectillo, estamos ante una novela disfrutable para el lector. Al lío.

A grandes rasgos, podríamos decir que Las cartas que nos tocan es la historia de Hugo y Cris, una "pareja" condenada a no encontrarse jamás por algún tipo de misterio que no se desvela hasta las páginas finales. Pero no es una novela negra, recurrencia de autores noveles autopublicados, sino que es, más bien, la historia de una búsqueda interior, de cómo acciones en apariencia insignificantes marcan destinos, de cómo hay casualidades que determinan el rumbo de nuestras vidas. Los temas vendrían a ser, así,  clásicos como el amor, la amistad, la familia o la culpa.

Decía en el primer párrafo que la novela adolece de algunos defectillos. El más importante de ellos se concentra en las primeras 40-50 hojas y puede desalentar a los más impacientes. Da la impresión de que al autor le cuesta encontrar la voz de Hugo, protagonista y narrador de la novela. No acaban de casar del todo ciertas expresiones excesivamente coloquiales con formas más "poéticas" y uno camina descolocado por ese primer cuarto de la novela.

Por otra parte, y esto ya en algo "pos-lectura", queda la sensación de que una de las historias secundarias (Manolo y Patricia) no acaba de cerrar del todo y que su aportación al conjunto quizá no mereciera tanto espacio en la novela.

Pero ya digo que la novela crece en su segunda mitad. Parece que el autor hubiera encontrado el tono adecuado para las tres o cuatro tramas que componen la novela, que la voz de Hugo "se centra", y así la novela gana en ritmo y adquiere peso y poso gracias a la construcción de sus dos personajes principales, que me parecen lo más destacable del texto.

Y es que en esta segunda mitad de la novela hay novela romántica en la que se evita el riesgo de lo folletinesco y lo melodramático, novela más o menos policial con toques de cine kinki, novela existencial, etc y todo ello encaja sin estridencias.

Resumiendo, una novela que comienza algo dubitativa a la que hay que conceder el beneficio de la duda para llegar a una segunda parte que deja con un buen sabor de boca.

jueves, 11 de mayo de 2023

Germán Ynze: Cosas que hacer cuando nunca vas a morir


Idioma original:
español

Año de publicación: 2023

Valoración: muy recomendable

Cuando no pocos escritores contemporáneos de relumbrón (Borges, Carver, Cortázar) han obtenido gran reconocimiento sin la necesidad de acometer una notable trayectoria, sin basar su producción en las novelas, he de plantear de nuevo la cuestión. Toca emplear mi ojo crítico: uno se queda con ganas de más con cuentos como los de Germán Ynze. 

No es una cuestión frustrante, hay que conformarse con lo que hay, y lo que hay no es poco, doscientas páginas con más de una docena de relatos incluidos en el índice, que elude una serie de interludios que cohesionan la obra. De hecho, en el último es donde encontramos la referencia al título. Curioso, ya que normalmente las colecciones de cuentos suelen disponer de uno, el que les cede el título, que ineludiblemente pasa a ser considerado como el que marca el ritmo, como el estandarte de la obra. 

En su anterior colección, reseñada hace cerca de tres años en ULAD, los cuentos eran algo más angulosos, supongo que el síndrome de la primera publicación empujó a su autor a una selección más proclive al exceso.Y aquí se aprecia un paso adelante en madurez, un cierto deleite por la trayectoria más que una búsqueda del final, y es de agradecer que esa evolución no conduce al absurdo post-moderno, no hay cuentos situacionales que dejan al lector sin saber si se ha saltado dos páginas, sino depuradas cápsulas de ficción con alguna tonalidad onírica, con algún devaneo ligeramente macabro. Pero quiero decir que el respeto hacia las formas se mantiene escrupulosamente, Ynze es preciso y cuidadoso en todo momento y no dilapida espacio en descripciones superfluas, va al grano.

 Lógicamente, todo el mundo tendrá sus preferidos, pero es reconfortante saber que los mejores cuentos son, otra vez, los más largos, que cuando más se extiende Ynze mayor es la satisfacción, con lo cual habrá que encorajinar al autor a animarse con el formato largo y, mientras, conformarse con que esos desarrollos alargados ya dan mucho de sí, de hecho tres relatos magníficos ya justifican por sí solo el precio del libro: Literatura es un ejercicio magistral de concisión que empieza meta-literario, que nadie se asuste, y evoluciona hasta acercarse al terror psicológico (o quizás no tanto). Mi familia es un fascinante ejercicio de desdoblamiento que juega con maestría entre lo real y lo ideal, Laura sueña es un bofetón, sin demasiados miramientos, desmintiendo a esa perversa cultura del esfuerzo, una especie de sátira contradictoria sobre las necesidades corporativas, aferradas a las normas y a la rigidez organizativa, pero dependientes del fogonazo errático y caprichoso del talento individual. Muchos escritores de esos que estiran una idea torpe por cientos de páginas desearían alcanzar el nivel de estos tres cuentos, pero las referencias literarias son variadas y se nota que estamos ante un escritor que ha pasado antes por un estricto régimen de lecturas atentas y por una depuración estilística. Por supuesto hay más y, por supuesto, hay otros relatos con valor por sí mismos. Pero que cada cual elija por sí mismo. La satisfacción está garantizada.



martes, 7 de marzo de 2023

Reseña + Entrevista: La estatua que tiembla, de Tamara Romero

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2020
Valoración: Recomendable y curiosa en tanto que experiencia literaria. Está bien como ficción

La estatua que tiembla me ha gustado. Y es que Tamara Romero ha escrito una novela tan absorbente como fascinante. Aun así, mentiría si dijera que es perfecta; creo que tiene un margen de mejora (o, más bien, de refinamiento) bastante amplio.

¿De qué trata? Una estudiante de Bellas Artes asiste a las reuniones de una casa abandonada. Allí se discute, los viernes por la noche, sobre el documental Francesca camina hacia el volcán.

Dicho documental introduce uno de los muchos misterios que la obra de Tamara baraja: el retiro al bosque de la cantante "folk" Francesca Apollonia. Además de a tan extraña ermitaña, en estas páginas encontraremos pájaros que se lanzan en picado contra las ventanas, sectarios que visten de blanco, una escultura que emite una vibración casi imperceptible y varias fábulas siniestras. 

Permitid que liste las virtudes de la ficción de Tamara:

  • Hibrida correctamente géneros y registros dispares.
  • Ofrece una original aproximación al "bildungsroman".
  • Enfoca adecuadamente temas sugerentes, como el de las amistades ambivalentes.
  • Integra, en un mundo realista, ideas la mar de extravagantes.
  • Erige atmósferas inquietantes.
  • Su prosa, aunque sencilla y en ocasiones algo plana, funciona.
  • La voz de la narradora es convincente.
  • Marie, Fedora y Francesca resultan fascinantes.

Asimismo, estos son los defectos que, a mi juicio, lastran al conjunto:

  • Tamara hace un énfasis desmesurado en ciertos detalles, como si temiera que el lector no fuera a recordarlos por su cuenta. Por ejemplo, que la narradora se obsesiona a rachas, o que los personajes quieren hallar respuestas para volver a la normalidad.
  • No todos los enigmas presentan el mismo nivel de sofisticación. De hecho, un puñado de ellos se antojan artificiosos, forzadamente interconectados o tramposos en su planteamiento y resolución.
  • Intenta ser un libro sobre el misterio (igual que el extraordinario Picnic en Hanging Rock), pero lamentablemente se queda en libro de misterio. 
  • Su clímax decepciona, pues es demasiado abierto y, en determinados apartados, acusa falta de planificación.

Puede que esta reseña os sugiera que La estatua que tiembla es una novela sumamente irregular. Y, pese a que algo de verdad hay en eso, la recomiendo, al menos a aquellos a quienes atraiga su premisa. Porque si bien empiezas a verle las costuras una vez terminada, su lectura supone una experiencia única y hechizante a la que yo, personalmente, estoy agradecido de haberme entregado.


***********************


A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Tamara ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: Ya he catado varias cosillas tuyas: un relato compilado en Bienvenidos al bizarro, la "novelette" Los dedos de la bruja, la antología Objeto ancla y la obra que hoy he reseñado. Los dos primeros textos te los han editado, mientras que los dos últimos los has autopublicado. Por lo general, ¿prefieres alguna de las dos opciones?

T.R.: Actualmente prefiero la autopublicación. Me gusta escribir a mi ritmo y en general conservar los derechos sobre mis historias. Tampoco dedico mucho tiempo a la promoción ni me interesan especialmente las redes sociales. Solo escribo la historia que me gusta y la publico. Luego me olvido de ella y me pongo con la siguiente. Colaboro con editoriales cuando me proponen proyectos concretos o me encargan algo que suponga un reto, pero sigo la estela de lo que yo misma leo. Casi todos mis autores favoritos, los que leo actualmente, autopublican sus libros. Creo que es muy factible combinar ambas vías.

ULAD: ¿Vives de la escritura?

T.R.: Ahora mismo no. Para vivir exclusivamente de ello tendría que autopublicar mucho más a menudo, o bien escribir dentro de un género más comercial.

ULAD: ¿Qué consejos darías a quienes se quieran dedicar a este oficio, vocación, "hobby" o cómo quieras llamarlo?

T.R.: Centrarse en lo esencial (escribir y publicar), seguir aprendiendo siempre y no distraerse mucho con lo que rodea a la escritura (promoción, redes o en general lo que hagan otros). También entender que tener lectores suele llevar tiempo (años). Dicho esto, cada uno tiene su propio camino y no acostumbro a dar más consejos que estos. Los «consejos para escritores» también son una industria en sí misma.

ULAD: ¿Crees que existe un público objetivo para tu literatura? Aunque a mí me parece bastante variada, le veo una voz, un registro, un estilo y unos temas muy parecidos.

T.R.: Debe haberlo, no estoy segura. Escribo estas historias para mí misma y comparto la mayoría de ellas porque en los últimos años soy consciente de que hay bastante gente que las lee. Siempre me ha sorprendido que la mayoría de mis lectores sean hombres, pues mis protagonistas suelen ser mujeres poco convencionales. En realidad, lo que más me interesa es conformar un «cuerpo de obra», una colección de novelas y relatos que tengan sentido también en su conjunto. Es decir, que si alguien lee una historia, pueda encontrar otras similares que le gusten. Que una de mis historias le lleve a otra.

ULAD: ¿Te gusta que te encasillen dentro del bizarro? Personalmente, creo que es una etiqueta que no siempre se ajusta a tu producción, tan heterogénea como personal.

T.R.: La primera novela corta que escribí se publicó en una colección dedicada al bizarro. Pero de eso hace más de diez años. A partir de ahí creo que he transitado más hacia el terror. Yo lo llamo «terror tranquilo». Pero las etiquetas me cuestan, me incomodan un poco. Si son útiles para el lector o para un editor, adelante con ello, pero yo rara vez las uso para referirme a mis historias.

ULAD: Tienes una imaginación portentosa. Sin embargo, y ya que casi todo está inventado, ¿alguna vez has leído un libro y pensado: mierda, se parece mucho a esa idea que tuve el otro día?

T.R.: ¡Gracias! No me ha pasado, pero supongo que nadie es tan original. Las ideas y los temas ya están ahí; el estilo es lo personal e intransferible y el motivo por el que volvemos a leer a un escritor en concreto. Es la manera de usar esas ideas la que conforma un estilo, y la que crea lectores, así que eso no es algo que me preocupe mucho. 

ULAD: A quienes no te conozcan, ¿qué obra propia les recomiendas? Y a aquéllos a los que nos gusta tu rollo, ¿qué títulos de autores afines compartirías?

T.R.: Recomendaría las últimas, La estatua que tiembla o su hermana espiritual: Respiración de fuego. Objeto ancla si prefieres leer relatos. 

Con respecto a otros autores me cuesta hacer recomendaciones, pues leo mucho en inglés y no todo el mundo está por la labor. Me encanta Tanith Lee, que apenas está traducida al castellano. También Andersen Prunty, Jon Athan, C.V. Hunt, Jeff Strand o Amy Cross.

Recomiendo Las cosas han empeorado desde la última vez que hablamos de Eric LaRocca (Dilatando mentes) o algunas obras publicadas por La Biblioteca de Carfax, como Cero de Kathe Koja. En general me interesan mucho los autores que exploran tabús. Los que se arriesgan.

Respecto a autores nacionales, Colectivo Juan de Madre, con quien he colaborado en algunos proyectos, Pilar Pedraza (La fase del rubí es de mis novelas favoritas de siempre) o la última novela de Beatriz García Guirado, Los pies fríos. ¡Pero siempre ando buscando recomendaciones yo también!

ULAD: ¿Cómo definirías La estatua que tiembla?

T.R.: Es la historia de una secta que se forma en torno al visionado constante y compulsivo de un documental sobre una cantante que desapareció sin dejar rastro, y de cómo se abre el camino hasta llegar a ella. Me encantó escribirla. Y luego, en el fondo, habla sobre las amistades que dejamos en el camino. Las que un día, sin que pase nada concreto, se terminan y se quedan en el (buen) recuerdo.

ULAD: ¿Cómo urdiste esta novela? ¿La escribiste sobre la marcha o siguiendo un esquema planificado? ¿Qué referentes empleaste?

T.R.: Escribí la novela en verano de 2019, si no recuerdo mal, y la terminé bastante rápido. No sigo esquemas ni guiones para escribir, solo parto de una idea o de un personaje y a partir de ahí avanzo según me lleve la historia. Me fascinan las historias de gente que desaparece sin dejar rastro y dejan una estela incomprensible a su espalda; como la de Francesca, la cantante desaparecida que se convierte en un mito. Me gustan los artistas que no se exponen, sino que hacen lo contrario, se ocultan. Ese fue mi punto de partida. Y a partir de ahí añadí mis obsesiones recurrentes y habituales: sectas, ermitaños, "found footage" y, en general, hechos que no tienen ningún tipo de explicación lógica.


También de Tamara Romero en ULAD: Los dedos de la bruja, Objeto ancla, La momia y la niñera

jueves, 7 de octubre de 2021

Esteban L. Valente: El cubo y otros relatos

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2020 
Valoración: Se deja leer

El cubo y otros relatos, antología autopublicada del malagueño Esteban L. Valente, agrupa cinco cuentos emparentables con la ficción misántropa. Dichos cuentos exhiben un tono que recuerda al de la amarga narrativa de Ambrose Bierce, amén de una querencia por lo distópico, lo grotesco, lo terrorífico y el humor negro.

Se agradece el eclecticismo presente en la factura y temática de estas historias. Ninguna de ellas resulta excepcional o novedosa, pero su modestia conceptual y su breve extensión permiten que este hecho no moleste.

Lamentablemente, hay que remarcar que estas piezas se ven lastradas por una prosa algo torpe. A eso hay que sumarle que abundan en erratas, gazapos ortotipográficos y repeticiones intrusivas. 

En cualquier caso, los textos de Valente apuntan maneras. Me gustan, en general, sus premisas, así como sus hallazgos puntuales. Por ejemplo, aprecio los mundos de "El balneario", "El cubo" y "Bondori", o el sugerente acabado global de "El vampiro del abedul hueco".