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domingo, 31 de marzo de 2024

Liliana Colanzi: Ustedes brillan en lo oscuro

Idioma: español

Año de publicación: 2019

Valoración: entre recomendable y está bien

Libro de cuentos de la boliviana Liliana Colanzi que ganó el mismo premio (en otra convocatoria, se entiende) que  La vaga ambición de Antonio Ortuño (no voy a hacer una reseña comparativa, no os inquietéis). Colanzi nos ofrece aquí una serie de relatos que oscilan entre una temática y ambientación de raigambre latinoamericana -desusada, en algún caso-, la distopía más probable que especulativa, el neocostumbrismo e incluso alguna aproximación al género fantástico (por no decir el terror). Todos los cuentos, hay que decirlo, escritos con gran competencia narrativa y sensibilidad literaria:

  • En el primer relato, La cueva, la autora imagina toda una serie de acontecimientos, pasados y futuros, que podrían ocurrir en una cueva del norte de México.
  • Después viene La deuda, en el que una muchacha y su tía viajan a un pueblo del Amazonas, de donde son originarias, para que se les salde una deuda. Se trata del relato más realista, con secreto familiar incluido.
  • Atomito: se trata de una distopía -o puede que no tanto- sobre la vida de unos jóvenes en un barrio popular de una ciudad del altiplano -¿La Paz?- situado junto a una central nuclear.
  • En Los ojos más verdes encontramos la enésima y estupenda versión de un pacto con el Diablo, en este caso firmado por una niña.
  • El camino angosto es otra distopía protagonizada por los jóvenes de una comunidad religiosa de origen germánico (y quizás menonitas) radicada en un lugar aislado de Bolivia. A medio camino, por decirlo así, de El cuento de la criada y la película El bosque de M. Night Shyamalan.
  • Por último, Colanzi nos devuelve al peligro radiactivo en Ustedes brillan en lo oscuro donde recrea las situaciones que se dan a raíz de un accidente nuclear sucedido en el estado brasileño de Goîania en los años 80 del pasado siglo.
Para mi gusto, los cuentos más conseguidos son éste último y el de la niña que pacta con el diablo. Después, Atomito, aunque, tal vez por su mayor extensión, también me resulta un poco disperso, aunque, sin duda, consigue expresar la frustración y aún desesperanza de la juventud más desfavorecida de los países ídem. 

En suma y en mi opinión, o viceversa, es éste un libro de relatos bastante conseguidos, aunque, quizás debido a su número algo escaso deje cierta sensación insatisfactoria, como si cuentos y autora pudiesen llegar bastante más lejos.


También de Liliana Colanzi y reseñado en Un Libro Al Día ( más una entrevista): Nuestro mundo muerto

lunes, 28 de enero de 2019

Reseña + Entrevista. Liliana Colanzi: Nuestro mundo muerto

 Idioma original: Español
Año de publicación: 2017
Valoración: Muy recomendable

Llevo un tiempo diciendo que el "relato escrito por mujer joven latinoamericana" goza de muy buena salud. En este blog encontraréis algunos ejemplos: Mariana Enríquez, Vera Giaconi, Magela Baudoin, Andrea Jeftanovic, María Fernanda Ampuero o la boliviana Liliana Colanzi.

En el caso de Colanzi y "Nuestro mundo muerto" nos encontramos con ocho contundentes relatos, de unas 15 páginas de extensión, dominados por presencias casi sobrenaturales y por amenazas exteriores, ya sean reales o ficticias, que ponen en evidencia amenazas interiores infinitamente más peligrosas.

El contexto utilizado por Colanzi para presentarnos sus historias se acerca en muchas ocasiones a la ciencia-ficción: ojos que parecen sacados de películas de serie B o de 1984, poseídos y aparecidos que se asemejan a los chicos del maíz de Stephen King, meteoritos que provocan reacciones en cadena como si de la Melancolía de Lars von Trier se tratara, exploraciones marcianas, etc. Pero estas referencias casi "pop" aparecen unidas a creencias (o supersticiones) tradicionales vinculadas a culturas andinas, creando una curiosa mezcla entre tradición y modernidad

En cualquier caso, esto no es más que el contexto, ya que lo que de verdad esconden estos decorados son problemas reales como la incomunicación, el extrañamiento, el miedo a la muerte o, como podemos leer en "La ola", la soledad infinita de un mundo desquiciado y sin propósito.

Entrando más en detalle en cada uno de los relatos, encontramos en "El ojo", "Alfredito" y "Chaco" la influencia de Silvina Ocampo en la visión desde la infancia / adolescencia de un mundo al mismo tiempo mágico, extraño y hostil. En ellos se mezclan leyenda y "realidad", alucinaciones y hechos absolutamente ciertos.

En "La Ola", uno de los mejores relatos del libro, la protagonista pasa a ser una joven a la que persigue una rara vibración, mezcla de extrañeza, abulia y tristeza. Es este un relato circular, de ida y vuelta, que nos habla de lo difícil que resulta escapar del pasado. Esta imposibilidad aparece nuevamente en "Nuestro mundo muerto", otro de los grandes relatos del libro gracias a su ambiente cerrado y opresivo. En esta ocasión, el telón de fondo es Marte, lugar al que su protagonista huye, aunque siempre esté como un satélite girando alrededor de lo perdido. También en "Cuento con pájaro" asistimos a una nueva huida imposible. Esta vez, Colanzi maneja un registro más "terrenal", más "social" incluso, ya que en el aparecen de forma más perceptible las "dos Bolivias" (la blanca y la "india").

Finalmente, y volviendo a lo ya citado acerca de las amenazas exteriores que sirven como resorte para sacar a la luz amenazas o miedos interiores, tenemos "Meteorito" y "Caníbal". En aquel, la caída de un meteoro es el detonante del oscuro y trágico final de una pareja de "perdedores"; en este, un caníbal que vaga por las calles de París y una extraña relación serán la "excusa" para hablar de la soledad y de relaciones absorbentes.

Por último, un breve comentario acerca de los finales de los relatos, ese aspecto tan crucial. Colanzi nos ofrece finales generalmente abierto, muy sujetos a la interpretación del lector, algo que va en consonancia con el desarrollo de los mismos. Se agradece ese tratar de evitar sorpresas finales y giros inesperados, la verdad. En definitiva, muy buen libro este "Nuestro mundo muerto", compuesto por ocho relatos sin desperdicio, contundentes y originales de una autora aún joven que seguro que da mucho que hablar.

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ULAD: Tres cosas me llaman especialmente la atención en "Nuestro mundo muerto". La primera, que supongo sorprende más a un lector europeo, es la mezcla de modernidad y tradición: referencias "pop" ("El ojo" me recuerda por igual a los monstruos de serie B y a 1984, "Meteorito" a "Melancolía" de Lars Von Trier, por poner un par de ejemplos) y leyendas o tradiciones "indígenas" van de la mano. Esto también creo que sucede, en mayor o menor medida, en obras de Edmundo Paz Soldán o de Maxi Barrientos. ¿Puede ser esta mezcla el reflejo de la Bolivia actual?

L.C.: Cuando escribo no estoy pensando en reflejar la Bolivia actual; la literatura siempre está desfasada con respecto de la realidad. Lo que sí me interesa es recoger elementos que están flotando en la cultura, pero a los que nadie presta mucha atención porque provienen de las tradiciones indígenas o de la cultura popular o de géneros como la ciencia ficción, que son considerados saberes menores o descartables, y ver cómo se puede construir una poética desde ese lugar. Me gusta mucho lo que dice Herta Müller: “La superstición es la poesía de los pobres”.

ULAD: La segunda es que en los relatos de "Nuestro mundo muerto" siempre parece estar presente una amenaza exterior que pone en marcha una amenaza interior más peligrosa. ¿Llevamos dentro a nuestro peor enemigo?

L.C.: Es que en muchas ocasiones aquello que vemos como una amenaza externa, en realidad se trata de un rechazo a algo que sospechamos que está dentro de nosotros. El miedo al bárbaro, por ejemplo, revela el terror hacia el animal que somos; el machismo es la negación de la potencia femenina que hay en el hombre y de la potencia masculina que hay en la mujer.

ULAD: La tercera es la sensación de un pasado que nos persigue. ¿Podemos verdaderamente escapar de el? ¿Cómo?


L.C.: El pasado al que me refiero en mis cuentos está muy presente, porque se trata de un pasado colonial que configura hasta el día de hoy la forma en que pensamos, deseamos, soñamos y nos vemos a nosotros mismos y a los demás. Nuestra tragedia es no haber encontrado la forma de desactivar ese legado.

ULAD: Además de la influencia de clásicos como Silvina Ocampo (esa visión de la infancia de mundos mágicos y extraños), creo que la presencia de ese "terror cotidiano", por llamarlo de alguna forma, te emparenta con autoras latinoamericanas recientes como Mariana Enríquez, Vera Giaconi o Andrea Jeftanovic. ¿Pura casualidad o puede haber un punto de vista generacional (o error de apreciación mío)?

L.C.: Justo estoy escribiendo algo que es una especie de homenaje a “El vestido de terciopelo”, de Silvina Ocampo. Cada época tiene su modo de canalizar sus ansiedades y horrores, y por supuesto que encuentro puntos de contacto con muchas autoras y autores de mi tiempo. “Reunión” de Vera Giaconi es un cuento hermoso y raro que muestra a la familia desde una óptica monstruosa; Andrea Jeftanovic también presenta a la familia desde un lugar peligroso y perturbador. Me interesa mucho el cruce que hace Mariana Enríquez entre el horror, la política y la cultura popular, y la manera en que ha renovado el imaginario del horror latinoamericano.


ULAD: Sabemos que te has lanzado al mundo de la edición con Dum Dum Editores. Tres preguntas relacionadas con esto: ¿No es un poco locura en los tiempos que corren? ¿Qué le lleva a tomar la decisión de publicar su obra en otras editoriales? ¿Veremos los libros de Dum Dum en España?


L.C.: Tenía la impresión de que montar una editorial era difícil, pero vivir un tiempo en Buenos Aires, donde todo el mundo tiene una editorial independiente, me convenció de que no era así. Trabajo con una diseñadora excelente y la editorial Nuevo Milenio se encarga de la distribución de los libros de Dum Dum, así que con eso tengo más de la mitad del trabajo resuelto. Y disfruto mucho de la aventura y del desafío de proponer a un autor nuevo en el medio. No me autopublico porque después de pasar mucho tiempo escribiendo mi propio libro, lo último que quiero es seguir trabajando para él, ¡lo que deseo más bien es deshacerme de él!

ULAD: Sea o no con Dum Dum, ¿tendremos en breve alguna novedad de Liliana Colanzi?

L.C.: No sé si en breve, porque soy una escritora un poco lenta, pero vengo escribiendo cuentos y espero terminar este año.

sábado, 28 de agosto de 2021

VV.AA.: Aquelarre de cuentos

Idioma original:
Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable


Aquelarre de cuentos es una antología que compila diecisiete ficciones. Diecisiete ficciones que han sido escritas en español por autoras de trece países distintos. Diecisiete ficciones que se relacionan con el terror moderno en sus más variados registros. Diecisiete ficciones que exploran cuestiones vinculadas con lo femenino (el salto a la adultez, el deseo, la maternidad, el encierro o la misoginia, entre otras). Diecisiete ficciones que, en conjunto, exhiben un nivel literario altísimo. Abordémoslas:

"El grito", de Mariana Torres, es un microrrelato de corte surrealista que funde la plasticidad de sus imágenes con su vocación metafórica. 

"La Hostería", de Mariana Enríquez, junta la represión sexual con los fantasmas provocados por la última dictadura argentina. 

"Susana", de Gabriela Arciniegas, retoma el motivo introducido en "El grito" (motivo que recuperará, a su vez, "En paz"). 

"Cantata", de Adriana Díaz Enciso, es una pieza sumamente inquietante que destaca por su opacidad conceptual y su lograda atmósfera. 

"Luto", de María Fernanda Ampuero, se lee con el corazón encogido, pues rebosa crueldad y violencia. Abstenerse estómagos delicados. 

"Los seis pies del gato", de Carmen Boullosa, trata sobre la maldad cotidiana y los ecos que ésta provoca.

"Matadora", de Solange Rodríguez Pappe, se disgrega en muchas direcciones para, finalmente, culminar en un potente clímax.

"Los maullidos", de Gemma Solsona Asensio, se narra a modo de crónica y denuncia de forma indirecta la opresión que sufrieron muchas niñas y jóvenes huérfanas durante el franquismo al ser internadas en las instituciones llamadas «centros para señoritas».

"La enana en el tren" y "En la silla de ruedas", de Ana María Shua, son dos ejercicios de surrealismo en formato breve.

"Las pisadas del hambre", de Ana María Fuster Lavín, es una historia de vampiros que logra rehuir lo convencional y tiene buenos momentos, aunque su acabado y estructura no me acaban de convencer.

"En paz", de Claudia Salazar Jiménez, resulta entretenido y alberga saludables dosis de humor negro.

"Cosita", de María del Carmen Pérez Cuadra, es tan perturbador como absurdo (conste que esto último lo digo como un halago).

"Afrodita", de Alicia Fenieux, presenta un detallado escenario distópico. Reflexiona acerca de la sexualización de las menores de edad y la delgada línea que separa el ocio voluntario de la presión de grupo. 

"María", de Alexandra Pagán Vélez, es muy lineal en su escueto planteamiento, pero alberga descripciones bastante asquerosas que harán las delicias de aquéllos a los que este tipo de cosas nos interesan. 

"La joya", de Daína Chaviano, parece salido de la pluma de un Edogawa Rampo occidentalizado y nos obsequia con un desenlace propio de uno de esos hentai directos a DVD de los noventa.  

"El Ojo", de Liliana Colanzi, recuerda sobremanera a Carrie, pues contiene una turbia dinámica entre una madre y su hija, fanatismo religioso y puritanismo trasnochado. 

En resumen, Aquelarre de cuentos es un volumen agradecidamente ecléctico. La calidad promedio de los componentes del mismo es, cuanto menos, elevada. ¡Así da gusto participar en una misa negra!   

miércoles, 5 de julio de 2017

Vera Giaconi: Carne viva

Año de publicación: 2011
Valoración: Bastante recomendable

Pues sí, el cuento latinoamericano escrito por mujeres goza de muy buena salud y Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Liliana Colanzi, Guadalupe Nettel o Vera Giaconi, entre otras que me dejo en el tintero, dan fe de ello. 

Hoy reseñamos el primer libro de la uruguaya afincada en Buenos Aires Vera Giaconi. Su título, “Carne Viva”, ya nos da una idea de por dónde irán los tiros. No es de recibo, además, que en la portada de la edición argentina de este libro aparezca un blíster de medicinas ni que estos aparezcan mencionados en tres o cuatro de los siete relatos. Y es que los personajes, todos ellos mujeres, que pasan por las páginas de “Carne Viva” arrastran heridas sin cicatrizar. Son personajes que se sitúan en el borde de la sociedad, personajes que no quieren o no pueden (o quizá ninguna de las dos cosas) formar parte de la rueda de la vida. 

Los relatos, de marcado carácter realista, se centran en el abandono, en el hastío, en la incapacidad de sus protagonistas para adaptarse a la realidad que los rodea. Eso sí, desconocemos las causas que lo provocan, desconocemos el pasado de los personajes y solo podemos asistir a su lento deterioro, como el de esa pareja que protagoniza los últimos relatos y que llega a preguntarse: 
"Nunca podía recordar cuántos años llevaban juntos: ¿diez, veinte?"
El libro se divide en dos partes. La primera está compuesta de cuatro relatos independientes, protagonizados por mujeres que se encuentran en las situaciones ya descritas, como una madre y una hija separadas por abismos cotidianos, tres hermanas alejadísimas entre sí o una chica incapaz de superar la muerte de su madre. Esta primera parte es, en mi opinión, algo más irregular que la segunda debido, fundamentalmente, al final de alguno de los relatos, que me ha dejado con un regusto amargo. 

La segunda parte se compone de tres relatos, que se pueden leer como tres relatos breves e independientes o como un único relato largo, centrados en la pareja formada por Teo y Ema. En ellos, asistimos a la lenta descomposición del matrimonio, que va acompañado de un progresivo abandono y deterioro físico de Ema. 

En fin, un primer libro de relatos muy interesante, con siete relatos duros, turbadores por momentos, de esos que dejan nudos en la garganta y alguna que otra cicatriz. Ya digo que su principal “pero” sería una cierta irregularidad en su primera parte. Por contra, destacaría la capacidad de Giaconi aproximarse a sus personajes y a su cotidianeidad sin entrar a valorarlos y la tensión que es capaz de crear a partir de situaciones aparentemente triviales. 

Por cierto, por si a alguien le interesa, el segundo libro de Giaconi, “Seres queridos”, ha sido recientemente editado en España por Anagrama. Y, sí, habrá reseña.

También de Vera Giaconi en ULAD: Seres queridos

viernes, 7 de abril de 2023

VV.AA.: Mundo Weird. Antología de nueva ficción extraña

Idioma original: Inglés / Español
Traducción: Federico Fernández Giordano / Ramiro Sanchiz
Año de publicación: 2022
Valoración: Recomendable (especialmente para interesados)

Mundo Weird reúne diecinueve relatos. Diecinueve relatos que han salido de la pluma de autores de diversas nacionalidades, sobre todo anglosajones e iberoamericanos. Diecinueve relatos que se pueden encasillar bajo el amplio paraguas de lo que se conoce como «ficción weird».

Un exhaustivo prólogo de Ramiro Sanchiz, de un rigor y minuciosidad casi académicos, nos sitúa ante el origen, desarrollo e influencias del género. 

A continuación tenemos los relatos. Algunos pueden adscribirse a una tradición más o menos familiar para el lector promedio; otros son de un vanguardismo desconcertante. Algunos evocan la ciencia ficción u horror clásicos, mientras que otros se bifurcan por los senderos del bizarro o lo extraño.

Como ya habréis intuido, aquí encontraréis poca uniformidad. Y es que estos relatos no coinciden ni en intenciones, ni en temática, ni en registro, ni en tono ni en estilo. Aun así, podríamos englobarlos en tres grandes categorías, aunque éstas a veces se solapen: los que exploran ideas súper locas, los que con apenas unas pinceladas construyen un mundo propio y los que juegan con la forma, dejando en segundo plano el contenido.  

Ah, antes que nada, debo advertiros que esta antología presenta altibajos considerables. Entre las piezas que la componen hay relatos magníficos de principio a fin, relatos que comienzan de manera deslumbrante y se desploman paulatinamente, relatos más o menos planos, relatos logrados pero en cierto modo prescindibles e incluso algún que otro relato infumable. Por lo demás, el nivel general es satisfactoriamente alto. 

Admito que mi gusto personal puede haber influido a la hora de seleccionar los que, a mi juicio, son los mejores relatos del conjunto. También mis carencias como lector pueden ser las culpables de que no haya apreciado adecuadamente ciertos componentes de esta antología. Sea como fuere, yo destacaría los siguientes:  

"Covehithe", de China Miéville. Molón a la par que reflexivo. Plataformas gigantescas cobran vida cual kaijus.

"Mayonesa negra", de Michael Cisco. Estudio de personaje cuya prosa es muy sensorial. Va sobre una mujer que empieza a obsesionarse con la idea del suicidio.

"La pared de moho", de Blake Butler. Erige una atmósfera tremendamente inmersiva y da un mal rollo que te cagas. Va sobre un matrimonio, cuyo hijo murió, y la decadencia de su relación, granja, terreno y cultivos.

"Amor de gulgrumbo", de Luis Carlos Barragán. Parte de un concepto muy bizarro y al final le da una vuelta de tuerca todavía más extraña. Imaginaos que, tras consumir una droga, nace una especie de pokémon de vuestro cuerpo.

"Por favor, entre", de Cynthia A. Matayoshi. Genialidad que presenta una voz narrativa única, personajes fascinantes y un escenario hipnótico. Transcurre en una La Plata onírica y alberga un Museo de Curiosidades, gente que sabe crear ilusiones, un cementerio de barcos y monos que hablan. 

"Bienvenidos al nuevo mundo", de Edmundo Paz Soldán. Lograda meditación alrededor de la entropía, el escapismo, la precarización de los trabajos académicos relacionados con las humanidades, etc… Varios integrantes de una universidad intentan evadirse (literalmente hablando) de la realidad.  

"Chaco", de Liliana Colanzi. Cuento descoyuntado, potente, perturbador. ¿Un niño asesina a unas cuantas personas?

"¡Cuidado, lobo! (fragmentos)", de Gary J. Shipley. Microrrelatos raros pero evocadores. El cielo desaparece, un bebé-cocodrilo nace, una unidad familiar parasita a otras…

No sé si lo expuesto sirve para que os hagáis una idea sobre lo que encontraréis en Mundo Weird. En todo caso, reitereraré que es una colección de relatos interesantes y variados pertenecientes a un género al que auguro muy buena salud.

lunes, 25 de septiembre de 2023

María Virginia Estenssoro: El occiso

Idioma original: Español
Año de publicación: 1937
Valoración: Está muy bien

Llevaba tiempo detrás de este libro. La constante reivindicación del mismo y de su autora por parte de Liliana Colanzi y Edmundo Paz Soldán, dos de los escritores bolivianos actuales con más proyección internacional, hacía que El occiso estuviera marcado con una cruz desde hace tiempo.

Afortunadamente, la pequeña editorial Espinas se ha lanzado a publicar en España esta pequeña joya, oscura y hermosa, de apenas 70 páginas y compuesta de tres textos en los que la muerte, los amores "clandestinos" y el aborto ocupan el lugar central. 

Publicado originalmente en Bolivia en el año 1937, El occiso no fue demasiado bien recibido por los círculos biempensantes de la época. Pero no debemos centrarnos en su supuesto carácter  "provocador" o "polémico" ya que el texto posee un alto valor literario que se eleva por encima del contexto sociopolítico del momento en que fue escrito.

Abre el volumen el texto que da título al mismo. El occiso es un poema en prosa en el que se narra la descomposición de un cadáver. Si por algo destaca este primer relato, es por la perfecta combinación de fondo y forma. Sus tres capítulos se corresponden con tres etapas en el proceso de putrefacción. En el primero de ellos, el pánico, el espanto y el miedo de una mente en ebullición frente a un cuerpo en descomposición se presentan bajo la forma de frases (versos) brevísimas, acompañamiento perfecto a la angustia de la que el occiso es consciente; en el segundo la situación cambia y la forma se adapta a ella, la frase se alarga y se vuelve más narrativa hasta dar paso al precioso capítulo final. Es el texto más poético de los tres, el que posee mayor potencia visual y el que colocaría a Estenssoro en el podium del terror gótico.

Continuamos con El cascote, texto que cuenta la interminable espera del amante muerto. Se trata de un relato plagado de presencias y espectros que se sitúa entre la "visión", la evocación y el recuerdo de un amor más fuerte que la muerte. 

Y estar ahora el uno hecho trizas, esqueleto descarnado, con los huesos en astillas, estar frío, estar muerto, estar helado, y poder amarlo ahora, como siempre, como nunca.

Cierra el libro El hijo que nunca fue, el más breve de los tres relatos. El título deja poco a la imaginación, pero no importa. Más allá del tema del aborto y el estigma que el mismo supone para su protagonista, el texto destaca por su construcción en base a varias contraposiciones (voz infantil - voz adulta, hijo nacido - hijo no nacido, vida - muerte) y por un cambio de voz final que deja con la piel de gallina. 

Creo que con todo lo anterior podéis haceros una idea de dónde situar a María Virginia Estenssoro. En cualquier caso, si queréis algún nombre con quien relacionarla, aquí dejo estos tres: María Luisa Bombal y su La amortajada, el Conde de Lautreaumont / Maldoror y Mircea Cartarescu (quizá añadiría a Alejandra Pizarnik, pero hace demasiado que leí algo suyo y aquí el recuerdo es más vago). Porque la escritura de Estenssoro es oscura, es onírica (pero profundamente humana) y es, sobre todo, terriblemente bella y poética. Porque este libro es una crucifixión y un INRI.

martes, 13 de abril de 2021

VV.AA.: Cuadernos hispanoamericanos (Cuento)

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Bastante recomendable

Que el "cuento latinoamericano" goza de una salud excelente es algo que creo que poca gente pondrá en duda. Una muestra significativa de ello son las múltiples reseñas que hemos publicado en este blog en los últimos años y que dejan un buen reguero de nombres: Mariana Enríquez, Vera Giaconi, Magela Baudoin, Mónica Ojeda, Samantha Schweblin, Rodrigo Blanco, Edmundo Paz Soldán, etc., algunos de los cuales aparecen en este número dedicado al género breve de la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" con el que podemos corroborar la afirmación inicial.

18 autores (12 hombres y 6 mujeres, lo cual  - aunque aquí habría que valorar los entresijos de la selección - me parece injusto dada la calidad de alguna autora que no aparece por aquí), 18 países (solo falta, si no me equivoco, una representación de República Dominicana y El Salvador) y 18 relatos con un nivel medio bastante alto.

Curiosamente, este elevado nivel medio no viene siempre de la mano de los autores más consagrados o reconocidos a este lado del Océano. Por poner un par de ejemplos, el relato de Halfon (escritor que me encanta) parece hecho con el piloto automático puesto y el relato metaliterario de Fernanda Trías deja al lector algo frío porque puede funcionar bien como juego pero se echa en falta algo más. Por su parte, otros autores TOP, como Mariana Enríquez, Liliana Colanzi o Mónica Ojeda, aportan relatos que serán fácilmente identificables para sus lectores habituales y servirán como interesante carta de presentación para los no iniciados.

Por el lado de los autores más desconocidos (o menos leídos) para mi vienen alguna de las sorpresas más agradables. Destacan especialmente 4/5 relatos:

  • "La cinta roja" de la hondureña María Eugenia Ramos, un relato brutal cargado de simbología.
  • "El río, una pasta espesa que no hace olas" de Jon Bilbao, relato carveriano de parejas y amistades, mentiras o medias verdades y tensión "subterránea" algo alejado en lo estilístico de lo que yo he podio leer de su obra.
  • "Marginalia" del costarricense Carlos Fonseca, un relato en el que se juega con la literatura como forma de huida o de entrada a otras vidas posibles.
  • "El barbero de Hialeah" del cubano Carlos Manuel Álvarez y su impactante final.
  • "Serenatas" del venezolano Juan Carlos Méndez Guedez, quizá el relato más arriesgado en lo estilístico, con sus diferentes voces y tiempos y su aire de "culebrón"

En definitiva, 18 más que interesantes relatos que beben de múltiples influencias, tanto del propio Sur como del Norte, que poseen una serie de elementos comunes (la emigración, la violencia, el desarraigo, la propia literatura) y que demuestran que la cantera de "cuentistas" latinoamericanos está muy pero que muy viva. ¡Y que dure!.

viernes, 10 de junio de 2022

Reseña a seis manos (+ entrevista): Carcoma de Layla Martínez

Idioma: Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Bastante recomendable

 

Carcoma, de la ensayista, traductora y editora Layla Martínez, es una de las novelas que más parabienes ha recibido en los últimos meses, y también se puede decir que ha tenido un notable éxito editorial, a pesar de haber sido publicada en un sello independiente como Amor de Madre. Es también una de las obras más sorprendentes que podemos encontrar en la literatura española actual, y pese a su brevedad, una de las más complejas por la cantidad de planos -quizás sería mejor decir aristas- que posee. 

Para facilitarnos la tarea, los reseñistas hemos decidido abordarla a la manera más clásica, distinguiendo entre idea, forma y estilo (pero sin perder de vista que tal división no deja de ser más que una convención, pues cada uno de estos elementos resulta, en verdad, indistinguible de los otros):
 
-Idea: la novela trata de combinar, por medio de una historia de terror, el tema de la opresión y violencia hacia las mujeres, con el del conflicto de clases y el rencor derivado de la Guerra Civil española y la dictadura franquista, y que ha pervivido hasta hoy. También la marginalidad de ciertas personas dentro de las comunidades ​y la crueldad e hipocresía de que es capaz el ser humano, sin importar de dónde provenga y el estrato social que pertenezca. 
 
-Forma: una novela breve, de terror -un tanto sui géneris-, perteneciente al subgénero de "casa encantada", bastante en boga en los últimos tiempos en cine, series y literatura, así como el de las "brujas" (ídem). Quizás no sea descabellado decir que enlaza, aunque sólo sea en su adscripción a estas temáticas, con el "gótico latinoamericano" de escritoras actuales como Mariana Enriquez, Fernanda Melchor o Mónica Ojeda, o con Cometierra de Dolores Reyes, recientemente reseñada por aquí. La diferencia es que esta novela ambientada en un pueblo de Cuenca y en una casa de clase trabajadora. Esta aportación al género puede que sea lo más logrado del conjunto, al huir del tópico de la casa encantada como mansión señorial de una familia adinerada. Aunque, por otro lado, la estructura de la novela la lastra un tanto, ya que se muestra reiterativa en ciertos pasajes, dispersa en otros y no enfoca del todo bien algunas de las ideas más interesantes.
 
-Estilo: la obra está escrita en un estilo más o menos coloquial y en primera persona, pues se alternan los testimonios de la abuela y la nieta que viven en esa casa (aunque sin diferenciarlas de forma muy clara, lo que podría considerarse una limitación). Trata de expresar el habla de un pueblo castellano-manchego (los lectores de la zona sabrán si con suficiente verosimilitud), aunque resulta algo sorprendente que algunas veces se usen recursos para marcar el habla coloquial (como la abreviatura "p'a"), pero sin que sea un recurso constante o coherente. Aún así, expresan de manera excepcional la rabia, el odio y el rencor que envenena a las protagonistas. El aspecto fantástico de la narración oscila entre lo terrorífico y una suerte de realismo mágico. A destacar también el humor negro que rezuma el texto; que nadie se extrañe o se sienta impropio si hay páginas que le arrancan alguna sonrisa o incluso una carcajada...


Se trata en definitiva de una novela que tiene claros aspectos positivos y originales, como la combinación de conflictos de género y de clase con una trama fantástica o de terror, mostrando así la capacidad del género para ir más allá de los clichés. También es notable la capacidad para generar una cierta ambigüedad en la respuesta del lector, puesto que, si por una parte claramente empatizamos con las narradoras, víctimas de diversas opresiones, por otra parte tienen también aspectos desagradables, chocantes o incluso repulsivos. Se le podría reprochar, por otra parte, el que no haya ido más allá en la representación de la oralidad de los personajes, o en la diferenciación de las dos voces que alternan en el texto; o que deje algunas preguntas aparentemente sin respuesta (por ejemplo, ¿de dónde proviene ese oscuro poder o maldición de la casa, que parece ser anterior a los conflictos en los que se centra la novela?). Es, en todo caso, una aportación valiosa al género y a la narrativa española contemporánea que vale la pena tener en cuenta.

Firmado: Oriol, Santi y Juan


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Layla ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: Buenas, Layla. Carcoma ha tenido bastante éxito entre crítica y público. Sobre todo teniendo en cuenta que es tu primera novela, que se aleja de temáticas excesivamente comerciales y que ha sido publicada por una editorial independiente de aún corta trayectoria. ¿Esperabas tanta repercusión?

L.M.: Para nada (risas). Ha sido una sorpresa; cada reimpresión o traducción siguen siendo una sorpresa. ¡Nunca hubiera imaginado que me leerían en, no sé, Grecia o Polonia!

ULAD: Tenemos entendido que el germen inicial de Carcoma es un relato, también tuyo, compilado en la antología Cuadernos de Medusa vol.III. ¿Qué te empujó a realizar este cambio de formato, a dilatar una narración originalmente breve?

L.M.: En efecto, Carcoma sale de un relato de unas diez páginas que se publicó en una antología de Amor de Madre, la misma editorial que después publicaría la novela. Cuando terminé de escribirlo me quedó la impresión de que muchas de sus ideas se podían desarrollar. Aun así, siempre tuve claro que la novela resultante debía ser cortita.

ULAD: El aspecto político de la novela tiene casi tanta importancia como el sobrenatural y, sobre todo, le proporciona un interesante transfondo a éste. ¿Esta era tu idea ya desde el primer momento de su concepción o fue cristalizando a medida que la escribías?

L.M.: La verdad es que el aspecto político de la novela no estuvo planificado. Yo no me había planteado, al escribir la novela o el relato, que hablaría de la opresión de clases o de las mujeres. Simplemente quería contar una historia atravesada por lo terrorífico, y como para mí la violencia de clases y la de género son algo terrorífico, surgió naturalmente. Además, el terror se presta a codificaciones y subtextos de este tipo.

ULAD: ¿Qué referentes, sobre todo literarios, aunque también del mundo de las ciencias sociales, has tenido presentes para Carcoma?

L.M.: Entre los literarios destacaría el terror anglosajón pero, sobre todo, el latinoamericano. Del mundo de las ciencias sociales, el catolicismo o las creencias y el culto a la muerte de la zona de Castilla-La Mancha.

ULAD: Parece que la ficción oscura está cogiendo fuerzas últimamente. ¿Nos recomiendas algún libro de este estilo que te gusten?

L.M.: Las voladoras, de Mónica Ojeda; Nuestro mundo muerto, de Liliana Colanzi; Sacrificios humanos, de María Fernanda Ampuero; Cometierra, de Dolores Reyes...

ULAD: Si se puede preguntar...¿Estás trabajando en algún otro libro? En caso afirmativo, ¿nos puedes dar detalles?

L.M.: Actualmente trabajo en dos proyectos: otra novela de terror (en fase de documentación) y un ensayo a cuatro manos con José Luis Rodríguez (que está a la espera de que le concedan una beca).

viernes, 29 de septiembre de 2017

Reseña + Entrevista: Palacio Quemado, de Edmundo Paz Soldán

Año de publicación: 2007
Valoración: Bastante recomendable

Uno de mis descubrimientos literarios de los últimos tiempos ha sido el boliviano Edmundo Paz Soldán. Pese a que lleva publicando desde los años 90, ha sido en 2016 y 2017 cuando he tenido la oportunidad (y la suerte) de conocer su obra a través de los recientemente publicados "Las visiones" y "Los días de la peste". Y tanto me han gustado que me he lanzado a buscar obras anteriores.

Es así como he llegado a este "Palacio Quemado", obra publicada allá por el año 2007, que si bien en primera instancia puede parecer una obra absolutamente diferente de las dos ya citadas, tras su lectura observamos que guarda algunos puntos en común.

Entre las diferencias, la más clara es meramente formal. En "Palacio Quemado" nos encontramos con una novela mucho más convencional que en "Los días de la peste". Mientras en esta última la trama se narra "en tiempo real" a través de múltiples personajes con voces perfectamente diferenciadas, en aquella el narrador es único y la narración, lineal con importantes flashbacks, se produce algunos años después de los hechos. Por otra parte, mientras "Las visiones" y "Los días de la peste" podrían englobarse dentro del género distópico (con algunas reservas, eso sí), "Palacio Quemado" es, al mismo tiempo, novela histórica e intriga política.

"Palacio Quemado" está ambientada en el mandato de Sánchez de Lozada y en las protestas, lideradas por Evo Morales, que acabaron con la renuncia del presidente. Es la historia de Oscar, un hombre de unos 35 años que trabaja como "escribidor" de discursos para el presidente Canedo (trasunto aquí del ex-presidente boliviano Sánchez de Lozada). Es Oscar un tipo sin ideología, un escritor que no cree en lo que escribe, sino en escribir acerca de lo que otros creen. Es, por otra parte, hijo de un ex-ministro, lo que sirve a Paz Soldán para desarrollar paralelamente la historia personal de Oscar y la historia reciente de Bolivia, ambas marcadas por hechos un tanto turbios.

En cuanto a los puntos en común con los libros más recientes de Paz Soldán, destacaría que, en el fondo, "Palacio Quemado" también gira, fundamentalmente, en torno al poder y a la violencia, ejercitados ambos tanto en un plano individual como colectivo. Además, Paz Soldán sitúa a los personajes de los tres libros en situaciones o escenarios "límite", en los que se pueden apreciar las fortalezas y debilidades del ser humano.

En resumen, se trata de una novela más que recomendable, especialmente para interesados en política latinoamericana, creíble, con buenos diálogos y personajes y tramas bien construidas y desarrolladas,. Eso sí, es menos arriesgada, y por esto quizá más accesible al "gran público", que sus obras más recientes.

También de Paz Soldán en ULAD: Billie Ruth, Las visiones, Los días de la peste

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Después de cuatro reseñas, ya era hora de hacer una pequeña entrevista a Edmundo Paz Soldán, quien muy amablemente se ha prestado a responder a nuestras impertinentes preguntas. Aquí os las dejamos:

ULAD: Llama la atención en "Palacio Quemado" la visión desesperanzada de la política boliviana ("reino de la coyuntura", "los políticos le hacen más mal que bien al país", etc) y del propio país (corrupción, abismo entre la minoría blanca en el poder y el resto de la población, etc). ¿Han cambiado las cosas en el tiempo transcurrido desde la publicación de la novela? ¿Hay esperanza para Bolivia?

EPS: Palacio Quemado quería retratar un momento clave en la historia contemporánea del país, el del fin del modelo neoliberal a principios de la década pasada, con la sugerencia de la pronta llegada del neopopulismo. Las fuerzas en pugna no atinaban a encontrar una salida, y se hablaba de un "empate catastrófico". La falta de salida política también provocaba una indefinición en cuanto a nuestro destino como país, y tenía muchos antecedentes en la historia de Bolivia. Las cosas han cambiado mucho, se han sentado las bases para un Estado más incluyente, aunque problemas como la corrupción y la falta de independencia de la justicia parecen ser estructurales; el modelo neoliberal también se las ha ingeniado para subsistir a través de otra retórica. En todo caso, creo que, con todos nuestros problemas, estamos mejor que hace quince años, y hay esperanza.


ULAD: Una de las frases más potentes del libro es la que dice "el diccionario es un osario de palabras vacías". No sé si mi interpretación es errónea o no, pero daría la impresión de que el lenguaje es algo neutro per se. ¿Lo es en realidad?

EPS: No, no lo es. Pero es la perspectiva del narrador, que es alguien que vive de escribir discursos para los políticos de turno, y siente que ese lenguaje que el usa para construir discursos ha sido abaratado con tanto lugar común. Los políticos lo han vaciado de sentido, una cosa parece significar otra completamente opuesta, hasta que al final todo vale.

ULAD: En el libro se dice de Oscar que es "un escritor que no cree en lo que escribe, sino en escribir acerca de lo que otros creen". ¿Es posible hacer (buena) literatura sin algo de fe en ella?

EPS: No creo que se pueda. En América Latina la escritura ha estado muy relacionada con el poder, en el siglo XIX y hasta las primeras décadas del siglo XX los letrados participaban en la escritura de las Constituciones nacionales, redactaban las leyes de un partido, incluso se presentaban a cargos públicos. Había una jerarquía administrativa relacionada con el poder que daba la escritura. Muchos escritores encontraron acomodo ahí, alquilando su pluma. El campo cultural era muy precario como para acogerlos. Oscar es un descendiente de esos letrados. Podemos idealizar la escritura como un instrumento de liberación, pero lo cierto es que muchos no han sido suficientemente críticos con el poder y se han dejado cooptar por este.

ULAD: Tanto en "Palacio Quemado" como en "Las visiones" y "Los días de la peste" la violencia y el poder (también el sexo y las creencias "religiosas", en menor medida) determinan las acciones y el destino de los personajes. ¿Son la violencia y el poder tan determinantes en nuestras vidas? ¿Hay alguna forma de rebelarse frente a ellas?

EPS: La violencia y el poder son muy determinantes, pero claro que hay formas de rebelarse contra ellas. Lo que ocurre es que estos libros se enfocan en momentos específicos de crisis institucional, a nivel regional (Los días de la peste), a nivel de la nación-Estado (Palacio Quemado), y a nivel de un conflicto colonial, imperial (Las visiones). En esos momentos es difícil sustraerse a la conexión entre violencia y poder. El poder estatal está en nuestro día a día, tiende a camuflarse para funcionar mejor, pero apenas lo pones en entredicho busca reafirmarse. Nos queda romper esa lógica a través de su cuestionamiento continuo.

ULAD: Comparando las tres obras citadas, "Las visiones" y "Los días de la peste" me parecen novelas más arriesgadas que "Palacio quemado", tanto por el uso de lenguaje como por la técnica narrativa y el tratamiento de los temas. Personalmente, me parecen novelas más completas. ¿Seguirás por los caminos transitados en estos últimos libros? ¿Nos puedes adelantar algo?

EPS: Estoy escribiendo una novela corta con un solo punto de vista, sobre un psiquiatra que da apoyo psicológico a los voluntarios de un experimento con sustancias lisérgicas. Está ambientada en la frontera entre Bolivia y Brasil. Recupero temas de libros anteriores, pero en otro contexto.

ULAD: Por último, en España da la impresión de que la literatura boliviana es la hermana pobre de la literatura latinoamericana. De hecho, eres el único autor boliviano que hemos reseñado en el blog (tras 3200 reseñas), aunque he de decir que tengo pendiente de reseñar libros de Liliana Colanzi y de Maximiliano Barrientos. ¿Qué autores o libros nos recomiendas para seguir adentrándonos en la literatura boliviana?

EPS: Solo por pensar en autores que podrías encontrar ahora mismo en una librería española, te recomendaría a Magela Baudoin (La composición de la sal, Navona), Rodrigo Hasbún (Los afectos, Random), Christian Vera (El profesor de literatura, Caballo de Troya) y Giovanna Rivero (98 segundos sin sombra, Caballo de Troya).

jueves, 11 de febrero de 2021

Reseña + Entrevista: La sed, de Marina Yuszczuk

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Bastante recomendable

El paseo de una mujer con su hijo de 5 años por el cementerio de la Recoleta tratando de conjurar un recuerdo perturbador y su posterior encuentro con alguien que, en vez de salir del cementerio, se gira y camina hacia las tumbas es el pórtico de entrada a una novela en la que Yuszczuk combina géneros y tiempos para hablar, fundamentalmente (aunque no solo), de nuestra relación con la muerte. Y si bien el texto se divide en dos partes perfectamente separadas en lo temporal, en lo que respecta a lo "genérico" las fronteras son mucho más porosas. 

Así, en la primera mitad de la novela, ambientada en el Buenos Aires del XIX al que la llega la protagonista huyendo de la persecución que los vampiros sufren en Europa, predomina lo que podríamos llamar "terror gótico" y los clichés asociados al mismo (fantasía, (homo)erotismo, violencia, enfermedad, sexo...). Pero esta primer mitad tiene un importante componente "costumbrista", especialmente en lo que se refiere a la recreación de un mundo salvaje en formación y/o cambio en el que la vida apenas vale nada.

Por su parte, la segunda mitad de la novela transcurre en el Buenos Aires del siglo XXI y tiene, en su mayor parte, un componente intimista. En este caso, la protagonista es Alma, la mujer que comentaba en el primer párrafo de la reseña, y la narración, en forma de diario, se centra en la enfermedad incurable que padece su madre. El progresivo deterioro físico de esta será paralelo al progresivo alejamiento del mundo de Alma y al descenso a un mundo ajeno entre la angustia y la locura. Esta segunda parte, por lo tanto, podría definirse, sin miedo a equivocarme demasiado, como "novela psicológica" (y aquí me ha recordado por momentos a "Sobre héroes y tumbas", con su descenso a los infiernos y su paseo por el Parque Lezama incluidos. Cosas mías, supongo). Como es de prever, ambas historias acaban confluyendo y dando pie a un final de lo más potente.

En cuanto al "tema" de la novela, decía inicialmente que este sería el de nuestra relación con la muerte (quizá la perfección para ocultar la muerte sea la victoria más contundente de este siglo), a medio camino entre la fascinación y la repugnancia, que nos lleva a visitar cementerios dentro del city tour al tiempo que optamos por asépticos tanatorios para despedir a nuestros muertos. Pero además de esa relación con la muerte, "La sed" nos habla de relaciones materno-filiales, del ser humano ante la enfermedad, el dolor y la soledad, de mundo extraños, de lo más oscuro del alma humana. 

Para terminar, quisiera mencionar los aspectos positivos del libro, entre los que destacan la ya citada recreación del sórdido ambiente de una Buenos Aires asolada por la peste, la potencia de algunas de las imágenes de la primera parte de la novela (hay una escena que transcurre en una iglesia que...) y la solidez de la narración de una vida en derrumbe que ofrece en la segunda mitad del texto. En el lado menos positivo, únicamente alguna que otra reiteración que hace que el ritmo se resienta un poco y que podría haberse solucionado con una pequeña "poda".

En resumen, "La sed" es una novela situada en la línea de otras narradoras como Mariana Enriquez o Mónica Ojeda, que aúna entretenimiento y profundidad y que resulta altamente recomendable para todo tipo de lector. Y es que, como suelo decir por ahí, el "nuevo boom latinoamericano" será femenino o no será.

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Una vez comentado el libro, y gracias a la amabilidad de Paula (prensa Blatt & Ríos España) y de la propia Marina Yuszczuk, reproducimos una breve charla que mantuvimos vía mail con la autora de "La sed".

ULAD: Encontramos en “La sed” dos tiempos perfectamente separados y diferentes “géneros” en cada uno de esos tiempos. ¿La novela fue así desde un comienzo o se fue convirtiendo en algo diferente a medida que ibas escribiéndola? ¿Cómo fue el proceso de creación de “La sed”?

M.Y.: La idea inicial era que toda la novela fuera narrada por la vampira y que ella fuera atravesando el tiempo hasta la actualidad. Me imaginaba que finalmente se encontraba, sí, con la protagonista de la segunda parte, pero el punto de vista seguía siendo el de ella. Después escribí algunos fragmentos de la segunda parte con la voz de la narradora contemporánea y me gustó mucho, así que decidí darle lugar a esa voz. Es un experimento muy interesante probar qué cosas se pueden decir con cierto tipo de voz y cuáles no; en este caso me gustó mucho escribir una experiencia de la muerte más bien macabra a través de la vampira, pero a eso quise contrastarle el costado humano y la ternura de la hija que está por perder a la madre. Me resultó más potente que cada una de las dos mitades modificara y tensara a la otra.

ULAD: Más allá de los tiempos y los “subgéneros” que encontramos en la novela, el núcleo principal de la misma son las diferentes formas de relacionarnos con la muerte, la enfermedad, el dolor, etc. ¿Crees que nuestra relación con estos hechos es diferente a la que podía ser, por ejemplo, a finales del XIX?

M.Y.: Sí, por supuesto, me parece que en esa época la gente sabía que iba a morir, no sé si nosotros lo sabemos (por eso esta pandemia fue un golpe tan fuerte). Hay una relación muy distanciada con la muerte, a diferencia de una época en que muchas veces las personas eran veladas en sus propias casas, era probable ver o acompañar a morir a alguien, preparar el cuerpo, y también había todo un sistema de creencias cristiano muy vivo que demandaba cuidar cada paso del velorio y entierro porque se trataba de asegurar el mejor paso posible al otro mundo. En nuestra época, más bien laica, los criterios son prácticos, por algo se está difundiendo tanto la cremación, pero me pregunto qué efectos tiene todo esto sobre nuestra idea de la muerte y cómo nos prepara para morir. En general siento que no nos prepara, que todo es pura negación. Y las ficciones de terror son un lugar posible para enfrentarnos con eso que no queremos ver pero está ahí.

ULAD: Hay una frase en el libro que dice algo así como “quizá la perfección para ocultar la muerte sea la victoria más contundente de este siglo”. En este sentido, ¿cómo ves esa contraposición entre los cementerios como lugares de atracción turística y los modernos tanatorios que más parecen tener por objetivo esconder la muerte?

M.Y.: No creo que se pueda volver atrás ni que sea deseable, pero me impresiona mucho visitar un cementerio del siglo XIX y notar cómo se trataba de dejar un testimonio imborrable —esculpido en piedra, de hecho— del paso de una persona por la vida, y que el arte tuviera un papel tan importante en ese deseo. Yo creo que los escritores también queremos dejar algo, con poca esperanza pero queremos. Y en ese sentido pienso que la literatura conecta necesariamente con un mundo bastante perimido, ahora que todo es más volátil, más efímero. Pero eso me encanta, me parece romántico.

ULAD: También la relación materno-filial y la relación de Alma con su propio cuerpo son parte fundamental de la novela. Anteriormente ya habías explorado estos temas a través de la poesía (igual también desde otras ópticas, pero yo solo he leído los poemas de “Madre soltera”). ¿Cuáles son las principales diferencias a la hora de reflexionar sobre estos asuntos según una óptica u otra?

M.Y.: No es tan diferente. De hecho en Madre soltera, que es un libro de poemas sobre mi maternidad, recurrí a la ficción en algún punto; hay un texto en prosa por ejemplo donde para explicar el dolor y el estado salvaje del amamantamiento se habla de una mujer que tiene un hijo lobo. Es que decir de manera directa no funciona, ni en narrativa ni en poesía, y yo veo en ese libro el germen de lo que serían mis intereses mucho tiempo después al escribir novelas. Creo que en una obra hay una continuidad, temas y formas que se ensayan, se prueban y se transforman. También me parece que mi manera de escribir narrativa es muy de poeta; privilegio lo sensorial, las imágenes, por sobre las acciones. En La sed, más que narrar las peripecias de los personajes, me interesaba que los lectores pudieran estar ahí, en el mundo que cada una de ellas convoca.

ULAD: La novela, sobre todo en su primera mitad, me parece tremendamente sensorial (huele a muerte, a sexo, a opio, presenta imágenes de una fuerza tremenda,…), pero, al mismo tiempo, tiene una parte “costumbrista” más que interesante. ¿Cómo fue ese proceso de documentación sobre la epidemia de cólera de fines del XIX?

M.Y.: Sobre la epidemia, que fue de fiebre amarilla y fue realmente impactante, hay bastante información, así que no fue tan difícil documentarme. Sí fue difícil investigar sobre el Cementerio de la Recoleta; yo buscaba detalles muy específicos y a muchos los encontré en artículos académicos de urbanismo, sociología, costumbres funerarias del siglo XIX, etc. En cuanto a la ambientación de Buenos Aires, usé relatos de viajeros y de narradores argentinos de la segunda mitad del siglo XIX como Eugenio Cambaceres, Lucio V. López, Eduarda Mansilla.

ULAD:  Por último, y es pregunta obligada en vista del auge de las narradoras latinoamericanas en estos últimos tiempos. Aunque pueda sonar a “meter todo en un mismo saco”, cosa que no sería del todo cierta, sí que se observan una serie de rasgos comunes en textos de autoras como Mariana Enríquez, Mónica Ojeda, Liliana Colanzi o tu misma. ¿Se puede hablar de una “generación interconectada” con un imaginario y unas inquietudes comunes o puede ser fruto de la casualidad?

M.Y.: Sí, por supuesto, no sé si es una generación pero en literatura los fenómenos no vienen de a uno (supongo que en ninguna disciplina artística), y nos nutrimos de lecturas de contemporáneos. En mi país es muy importante la figura de Mariana Enriquez y el papel que ella cumple con respecto a la literatura de terror porque, si bien hay una tradición de fantástico y algunos relatos de terror más bien aislados, con Mariana es la primera vez quizás que el terror es tanto prestigioso como masivo. También es cierto que mi generación, y tantas generaciones de mujeres antes que yo, crecimos leyendo literatura gótica o con fuerte presencia del gótico. Jane Eyre, por ejemplo, es un libro de cabecera. Sin embargo se nos hizo sentir de diversos modos que esas lecturas eran “femeninas” (usando el término para restarle importancia), cosas de chicas, de segundo orden. Yo por lo menos siento que al escribir un relato de vampiros en el siglo XIX aparece la niña y adolescente lectora que fui, también espectadora de cine, por supuesto.

ULAD: “Bonus track” (y esto es mera curiosidad): ¿De dónde viene ese Yuszczuk? ¿Tiene su origen en los territorios en los que se sitúa el comienzo de la novela? ¿Hay entonces algo de “vampírico” en Marina Yuszczuk y algo de memoria familiar en “La sed”?

M.Y.: No, ¡ojalá! Tiene más que ver con corrientes inmigratorias de Europa del Este que llegaron a Argentina entre fines del siglo XIX y primeras décadas del XX. Mis abuelos y abuelas llegaron en barco desde Europa, igual que mi vampira. Mi abuelo, Fiodor Yuszczuk, vino de Bielorrusia. Y siempre me fascinaron las historias de inmigrantes, por eso algunos personajes de la novela lo son. Ellos iban a otro mundo de verdad, a lo desconocido.