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miércoles, 6 de enero de 2021

Guadalupe Nettel: La hija única

Idioma original:
español
Año de publicación: 2020
Valoración: Muy recomendable
 
Por motivos profesionales / académicos (va, para escribir un artículo sobre Las madres no, de Katixa Agirre), he entrado recientemente en el mundo de las narrativas y reflexiones sobre la maternidad: un corpus que ya tenía precedentes notables como, por ejemplo, El nudo materno de Jane Lazarre o Nacemos de mujer de Adrienne Rich, pero que en los últimos años ha crecido con un número notable de novelas sobre este tema, algunos de ellos en el mundo español o hispanoamericano: la de Katixa Agirre, por ejemplo, pero también Casas vacías de Brenda Navarro, La mejor madre del mundo de Nuria Labarri o la más reciente, esta de Guadalupe Nettel, publicada el pasado (y aciago) año de 2020. (De varias de ellas #HabráReseña en este mismo blog dentro de poco).
 
Muchas de estas narrativas y reflexiones tiene un objetivo común y necesario: el de cuestionar y deconstruir la versión estereotípica de la madre abnegada, sumisa, sufriente, a la que no se permite ni la duda ni la queja ni la fragilidad, ya sea dedicándose en cuerpo y alma a sus hijos, o simultaneando la crianza con una vida profesional exitosa, multiplicándose en varias personas al mismo tiempo. Guadalupe Nettel, que también parte de una visión absolutamente alejada de este estereotípico de la madre perfecta, acaba sin embargo por añadir otra perspectiva u otra capa a esta cuestión.

La narradora (no exactamente la protagonista) de La hija única es Laura, una mujer que desde joven decide que no quiere tener hijos, y que de hecho se liga las trompas para evitar tentaciones, debilidades o accidentes. A lo largo de la novela, Laura es testigo y partícipe de la vida y la historia de otras dos mujeres, estas sí, madres: Alina, que debe enfrentarse al terrible trance de enterarse durante el embarazo de que su hija tiene una malformación cerebral de origen genético; y Doris, la vecina de la narradora, que convive con los estallidos de violencia de su hijo, reflejo o herencia de los malos tratos a los que los sometió el padre, ya fallecido. La historia de ambas mujeres (cuya alternancia a veces parece un poco forzada, como si se le vieran los andamiajes a la novela) se completa con retazos de la relación de la narradora con su propia madre, o incluso con la aparición de una pareja de palomas que anidan en el balcón de la narradora.

Con estos ejes esenciales (enfermedad, malos tratos, miedo, dolor), se podría esperar que La hija única fuera una novela dura y desasosegante, como lo es, por ejemplo, Casas vacías. Y hay un momento en hacia el final de la primera parte en que parece que es hacia ahí hacia donde Guadalupe Nettel nos quiere llevar. Sin embargo, la segunda parte de la novela da un giro al introducir un elemento nuevo, y que estaba prácticamente ausente de la novela de Brenda Navarro: me refiero a la empatía, la solidaridad, la ayuda mutua y, sí, digamos esa dirty word, el feminismo. Lo que en la primera parte eran una serie inconexa de mujeres desasosegadas por sus fantasmas y aplastadas por el peso excesivo de una maternidad dolorosa, en la segunda se transforman en una red de apoyo femenino que si no soluciona los problemas (la enfermedad sigue siendo enfermedad, los malos tratos no desaparecen ni se olvidan de un día para otro) al menos contribuye a sobrellevarlos y a soportarlos. Se trata de un viaje "del yo al nosotras", como el que, en otro contexto, proponía o descubría también Aixa de la Cruz en Cambiar de idea.

Habrá quien encuentre problemática esta visión esperanzadora, quien hubiera preferido una novela más oscura o más dura ("más realista", dirán algunos), pero tengo que decir que, aunque suelo ser bastante escéptico con las historias de salvación o los finales esperanzadores, en este caso creo que funciona muy bien. Y quiero decir que funciona tanto a nivel narrativo y emotivo (y me he emocionado en varios momentos de la novela, tanto en las partes "oscuras" como en las "luminosas"), como a nivel político, porque esa evolución de la historia y de los personajes refleja una especie de despertar colectivo, un auge global del feminismo que si bien tiene raíces y una genealogía de al menos un siglo, en los últimos años parece haberse precipitado, como un alud, desde las manifestaciones del 8-M a los movimientos para la despenalización del aborto en Irlanda o Argentina, o las protestas contra los feminicidios en México, país de origen de Guadalupe Nettel y donde se sitúa la narración. 

Así, como decía al principio, La hija única propone no solo la abolición de la perniciosa imagen de la madre-que-todo-lo-sacrifica-por-sus-hijos-sin-quejarse-nunca, sino su sustitución por un concepto de comunidad (la "aldea" que hace falta para criar a un niño, como dice el conocido proverbio africano), que entronca no solo con el feminismo al que ya he hecho referencia, sino también con la necesidad de recuperar un cierto concepto de lo común en un mundo de individualismo. En definitiva, una gran lectura para comenzar el año, para reflexionar y también para enfrentar estos tiempos difíciles que vivimos, y que todavía viviremos, desde un nosotros (o nosotras) renacido.

Nota anecdótica: esto no tiene demasiado que ver con el tema del libro ni con esta reseña, pero sabiendo que el libro se había publicado en 2020, y aunque obviamente el libro se escribió antes de eso, me ha resultado algo extraño leer una narración ubicada en una realidad pre-pandémica. Nada de mascarillas ni distancia social, abrazos y besos por doquier, hospitales en los que se tratan todo tipo de enfermedades y dolencias - pero no la covid-19... Me pregunto si esta especie de shock post-traumático se nos pasará si/cuando vuelva la "normalidad", o si se quedará con nosotros para el resto de nuestras vidas...


lunes, 17 de junio de 2013

Guadalupe Nettel: El matrimonio de los peces rojos

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable



Hay momentos en la vida en los que tiene lugar un acontecimiento que nos cambia y que marca de forma indeleble el resto de nuestra existencia. Todo nos influye y nos afecta cuando nos encontramos en uno de esos momentos, especialmente las personas que están a nuestro alrededor. En El matrimonio de los peces rojos (último libro de relatos de la escritora mexicana Guadalupe Nettel), sin embargo, los seres que más influyen y cambian la vida de los protagonistas y cuya presencia supone un antes y un después en su rutina son los animales que viven con ellos.

Un par de peces rojos, una invasión de cucarachas, una pareja de gatos, un hongo y una serpiente son los seres que aparecen en los cinco relatos que conforman este libro y que resultan ser tan importantes para las historias que narra Nettel como los seres humanos que las protagonizan, pues, si bien en un principio su presencia puede parecer meramente anecdótica, poco a poco terminan por convertirse en el centro de atención de los personajes (porque, se den cuenta o no, se ven reflejados en ellos) y, por tanto, de la narración.

A través de estas historias, la autora aprovecha para mostrar no sólo las diferencias de comportamiento de los animales y los seres humanos ante la misma situación, sino que también ahonda en las reacciones que tenemos las personas ante situaciones (como la maternidad, los problemas de pareja, la confusión que llega con la adolescencia) que, a pesar de ser naturales y de lo más corrientes, suelen sobrepasarnos y, a menudo, hacen que tomemos decisiones irracionales e ilógicas.

Si bien el último relato resulta ser un poco flojo (quizá porque nos vemos obligados a compararlo con los cuatro primeros, de gran calidad), El matrimonio de los peces rojos es, en general, un libro muy interesante y una excelente manera de adentrarse en el universo literario de su autora. Como los buenos platos (que no llegan a saciar del todo y siempre dejan con ganas de más), esta obra nos gusta, claro, pero nos deja con las ganas de seguir leyendo y nos hace preguntarnos qué nos encontraremos en el siguiente libro de Guadalupe Nettel. No se puede pedir más.


sábado, 25 de diciembre de 2021

Guadalupe Nettel: Después del invierno

Idioma original: español

Año de publicación: 2014

Valoración: Esta bien



Un título sugerente el de esta novela (Premio Herralde, 2014). Después del invierno llega la primavera con todos sus tópicos de luz y calor, pero hay primaveras francamente desapacibles. No conozco las intenciones de Nettel en este aspecto, pero el invierno de sus personajes no acaba, o bien acaba sin que se noten grandes cambios climatológicos. Por supuesto, la trayectoria que se describe los ha convertido en otros, pero no diría que más primaverales en el sentido convencional de la palabra.

Claudio y Cecilia. ¿Qué tienen en común? Es obvio que nada en absoluto. Como ni siquiera viven cerca, era poco probable que se cruzasen sus caminos. Y no hablo de barrios, ni siquiera de ciudades distintas, el hecho es que se encuentran en distintos continentes: ella, mejicana, en Francia, él, cubano, residiendo en Estados Unidos, concretamente en Nueva York, y doce o quince años más viejo; ella, idealista, inteligente y con lo que parece una pequeña neurosis que le impide adaptarse al medio, él narcisista hasta la médula, misógino sin remisión y con un TAC tamaño universo. Y aquí está la clave, a mi modesto entender, de que el argumento cojee por algún sitio. Obviamente, la cojera se debe a que intenta coordinar dos historias absolutamente disparejas, y eso produce continuos desajustes.

La manera de conocerse ya está traída por los pelos, luego él vuelve a su entorno y siente un amor desmesurado por alguien a quien solo ha visto un par de horas y en un contexto grupal. Eso sin contar que no es probable que dos seres antisociales encajen a primera vista con nadie, menos aún entre ellos, sobre todo si están en las antípodas el uno del otro en todo, incluso geográficamente. Por eso, el recurso que encuentra la autora, y que de momento parece funcionar, es hacerles hablar por separado mediante flujos de conciencia que van relatando su día a día. Digo “parece funcionar” porque según los vamos conociendo empezamos a sospechar que aquello no puede acabar en idilio. ¿De qué otra forma, pues? Porque todo indica que esas dos líneas argumentales tienen que acabar confluyendo. Pero las líneas paralelas, por definición, no se encuentran jamás, y cualquier intento de acercamiento acabará en fracaso narrativo, por mucho que se intente disimularlo. Finalmente, están como al principio, solo que un poco más sabios. Y, sí, estoy adelantando acontecimientos, pero no tanto como parece, pues cualquiera que la haya leído convendrá conmigo en que aquello se veía venir.

Por otra parte, tampoco hacía ninguna falta conectarlos, me refiero a Claudio y a Cecilia, pues cada uno de ellos ya tenía entre manos su correspondiente romance, bastante improbable también, repleto de altibajos, pero mucho más interesante ya que consigue mostrar dos historias sentimentales y cuatro procesos psíquicos, narrados con solvencia y que transmiten credibilidad por sí solos. Se trata de los tándems Claudio/Ruth y Cecilia/Tom, que merecían -cada uno por su lado- un tratamiento mucho más meticuloso. De esa forma, se podían haber escrito dos novelas con poca conexión entre ellas aparte del tema de pareja, y muchas posibilidades de índole psicológica, social, y hasta histórica. A mí, particularmente, me hubiese atraído que investigase en el ambiente laboral, amistoso, económico, familiar etc. de los protagonistas, cada uno en su propia novela, se entiende, influidos ambos por una educación y un ambiente familiar que les convirtieron en lo que son ahora, y cuyas condiciones sociológicas y ambientales determinarían de alguna forma su futuro. 

Nettel ha ideado unas claves con mucho potencial pero en mi opinión no las ha manejado con toda la solvencia que exigían. El resultado es un texto que, si bien se lee con interés y empatía hacia los personajes, empieza a decepcionarnos muy pronto por falta de coherencia, verosimilitud y, probablemente, de un plan previo que hubiese previsto cómo debe acabar. He leído que mientras trabajaba en ella la autora publicó otras dos obras, quizá ni ella misma logró conectar del todo con la idea previa o no se concentró lo bastante como para desarrollarla con el rigor necesario. Por lo visto, para el personaje de Claudio -que, ya adelanto, es un parásito sin conciencia de serlo- se inspiró, nada menos, que… en Schopenhauer. Así se explica que su visión resulte tan anacrónica y que para cerrar la historia haya tenido que recurrir a una forzadísima vuelta de tuerca.


Otras obras de Guadalupe Nettel: La hija única, El matrimonio de los peces rojos,

viernes, 2 de diciembre de 2022

COLABORACIÓN: Pétalos y otras historias incómodas de Guadalupe Nettel

Idioma original: español
Año de publicación: 2008
Valoración: muy recomendable

Sobre tu escritorio destaca un nuevo libro, no sé si comprado o rescatado de la biblioteca; por ello sientes una suerte de gozo interno. Quieres abrirlo, devorarlo, quieres leerlo con la esperanza que ¡no! tendrás que abandonarlo. Quieres que te llene de vida, que te enseñe lo que necesitas, sin saber qué es. Sientes júbilo o decepción al ritmo en que giras las páginas: con Pétalos, la agitación va aumentando hasta llegar al último relato, a la última página, al último párrafo y te resignas a alcanzar el fin.   

Literatura ombliguista y personal, como dice Guadalupe Nettel; su escritura ordenada y de cadencia armoniosa ya ha protagonizado otros días de ULAD. GN vivió unos años en nuestro país. Era joven y moraba los bares de Barcelona con discusiones y elucubraciones febriles sobre literatura, agarrando argumentos y parte de sus propios ahorros para autoeditar la revista Número 0. Fue durante este periodo cuando Anagrama publicó su libro Pétalos y otras historias incómodas. Como ella misma afirma, estaba en un periodo de su vida donde se encontraba más lúcida, más intuitiva y con esta ventaja creó el mundo peculiar que se lee en Pétalos.  

Todos somos normales desde fuera, pero una vez aproximamos el zum, nos acercamos también a la verdad o a la imperfección. Un mundo dentro de otro mundo. ¿Qué pueden tener de extraño un fotógrafo (de párpados), un (fiel) marido japonés, una adolescente (solitaria), un olfateador de baños o una pareja de modelos con un pequeño tic que puede llegar a TOC? Los seis relatos que componen el libro muestran que detrás de nuestra fina capa social, todos nos sentimos diferentes, todos somos raros, únicos y cada uno tiene su forma particular de demostrarlo. Cada cuento hurga en el personaje hasta ofrecernos la verdadera imagen del monstruo detrás de la máscara.  

Los cuentos de GN a diferencia de otros autores, no se leen como relatos cortos: a toda velocidad. Cada cuento, a su manera, atrapa. Desde el inicio, se proyecta un escenario con personajes definidos en la mente del lector con la estructura de una novela: los personajes no son planos, no sientes urgencia en sus cuentos. No tratan sólo de una anécdota concreta, sino de una historia con un principio y un final, contada como un masaje manual. Cortázar decía que las palabras en los cuentos deben ser las justas; no debe faltar o sobrar una sola palabra. Y esto es lo que consigue GN en sus relatos. Su prosa es concisa y exacta, lo que te evita pensar que estás leyendo palabras vacías, paja, o que estás sentado en el sofá con un libro en la mano mientras podrías estar haciendo algo mejor, como mirar el móvil. 


También de Guadalupe Nettel en ULAD: La hija únicaEl matrimonio de los peces rojosDespués del invierno

Firmado Mirta Noyan

miércoles, 5 de julio de 2017

Vera Giaconi: Carne viva

Año de publicación: 2011
Valoración: Bastante recomendable

Pues sí, el cuento latinoamericano escrito por mujeres goza de muy buena salud y Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Liliana Colanzi, Guadalupe Nettel o Vera Giaconi, entre otras que me dejo en el tintero, dan fe de ello. 

Hoy reseñamos el primer libro de la uruguaya afincada en Buenos Aires Vera Giaconi. Su título, “Carne Viva”, ya nos da una idea de por dónde irán los tiros. No es de recibo, además, que en la portada de la edición argentina de este libro aparezca un blíster de medicinas ni que estos aparezcan mencionados en tres o cuatro de los siete relatos. Y es que los personajes, todos ellos mujeres, que pasan por las páginas de “Carne Viva” arrastran heridas sin cicatrizar. Son personajes que se sitúan en el borde de la sociedad, personajes que no quieren o no pueden (o quizá ninguna de las dos cosas) formar parte de la rueda de la vida. 

Los relatos, de marcado carácter realista, se centran en el abandono, en el hastío, en la incapacidad de sus protagonistas para adaptarse a la realidad que los rodea. Eso sí, desconocemos las causas que lo provocan, desconocemos el pasado de los personajes y solo podemos asistir a su lento deterioro, como el de esa pareja que protagoniza los últimos relatos y que llega a preguntarse: 
"Nunca podía recordar cuántos años llevaban juntos: ¿diez, veinte?"
El libro se divide en dos partes. La primera está compuesta de cuatro relatos independientes, protagonizados por mujeres que se encuentran en las situaciones ya descritas, como una madre y una hija separadas por abismos cotidianos, tres hermanas alejadísimas entre sí o una chica incapaz de superar la muerte de su madre. Esta primera parte es, en mi opinión, algo más irregular que la segunda debido, fundamentalmente, al final de alguno de los relatos, que me ha dejado con un regusto amargo. 

La segunda parte se compone de tres relatos, que se pueden leer como tres relatos breves e independientes o como un único relato largo, centrados en la pareja formada por Teo y Ema. En ellos, asistimos a la lenta descomposición del matrimonio, que va acompañado de un progresivo abandono y deterioro físico de Ema. 

En fin, un primer libro de relatos muy interesante, con siete relatos duros, turbadores por momentos, de esos que dejan nudos en la garganta y alguna que otra cicatriz. Ya digo que su principal “pero” sería una cierta irregularidad en su primera parte. Por contra, destacaría la capacidad de Giaconi aproximarse a sus personajes y a su cotidianeidad sin entrar a valorarlos y la tensión que es capaz de crear a partir de situaciones aparentemente triviales. 

Por cierto, por si a alguien le interesa, el segundo libro de Giaconi, “Seres queridos”, ha sido recientemente editado en España por Anagrama. Y, sí, habrá reseña.

También de Vera Giaconi en ULAD: Seres queridos

viernes, 14 de mayo de 2021

Jane Lazarre: El nudo materno

Idioma original: inglés
Título original: The mother knot
Traductora: Elena Vilallonga
Año de publicación: 1976
Valoración: Muy recomendable, imprescindible para m/padres
 
Hoy comienzo esta reseña, sin que sirva de precedente, con una imagen que no es la portada del libro. Es una campaña de publicidad de El Corte Inglés para el Día de la Madre. El slogan, por si alguien no consigue leerlo, dice: "97% entregada; 3% egoísmo; 0% quejas. 100% MADRE". Lo que este anuncio viene a demostrar es que, por mucha reflexión y mucha deconstrucción que se haya producido en torno a los modelos de mujer y de madre en los últimos años, al menos en ciertos ámbitos (no olvidemos que todo anuncio tiene un target específico) sigue dominando la imagen de la madre sufridora, que renuncia a sí misma (salvo por ese pírrico 3% de egoísmo, qué generosidad al concedérselo), que se entrega completamente a los hijos y que, sobre todo, ojo, NUNCA SE QUEJA. Eso es una MADRE, con mayúsculas (que además y a pesar de todo tiene tiempo para estar arregladísima y perfecta para la foto). El resto, se supone, son "Malas madres" o "madres cuervo", como una amiga me enseñó que se les llama, peyorativamente, en Alemania a las que quieren mantener y desarrollar su carrera profesional.

Este anuncio, con todo lo que implica, demuestra que El nudo materno de Jane Lazarre sigue estando vigente y sigue siendo necesario, por desgracia, 45 años después de su publicación original.

Porque El nudo materno es una obra pionera en la exploración, precisamente, de ese desajuste casi inevitable que se produce entre las expectativas que se imponen a las madres (y en muchísima menor medida, a los padres), y la cruda realidad de una maternidad que puede ser física, mental y emocionalmente agotadora, que pone en cuestión la propia identidad (desde un punto de vista individual y social), y para la que casi nadie está preparado, por mucho que haya oído o leído sobre el tema, y por mucho que otras personas (amigas o familiares) hayan pasado ya por la misma experiencia. Porque una cosa es saber algo racionalmente, y otra saberla con el cuerpo.

Esa es la experiencia por la que pasó Jane Lazarre, escritora y artista neoyorquina de origen judío, cuando se queda embarazada de su primer hijo. De pronto, todos sus planes vitales, intelectuales y creativos quedan interrumpidos; su vida se detiene para enfocarse total y únicamente en su hijo Benjamin. Se espera de ella que lo sepa todo, que lo sufra todo sin quejarse y, aun más, que se sienta realizada y feliz en su papel de madre, renunciando a todas las restantes facetas de su personalidad. Y sin embargo, lo que Jane Lazarre vive y siente es algo bien distinto: es el dolor del parto y de sus consecuencias, la inseguridad por no saber cómo se cuida a un bebé, el cansancio constante, el aburrimiento, la frustración de no poder estudiar, leer, escribir - todo ello unido, sí, al amor y a la gratitud, a la felicidad y al placer. En uno de los momentos esenciales del libro, y también uno de los más citados, Jane Lazarre describe el sentimiento dominante en su experiencia de maternidad: la ambivalencia.

—Yo daría la vida por él […], prefiero morirme a perderlo. Supongo que esto es amor —dije estremeciéndome, y después nos echamos a reír—, pero ha destrozado mi vida y solo vivo pensando en cómo recuperarla —dije para terminar, porque sin la segunda parte de la frase, la primera era una pérfida mentira, una mentira que juramos desterrar para siempre.

—Estoy deseando que llegue mañana para que te ocupes tú de los niños —me confesó—, pero me da terror dejarlos.

Asumimos que las frases tendrían siempre dos partes: la segunda contradecía aparentemente la primera, pero su unidad estaba siempre sujeta a nuestra capacidad cada vez mayor de tolerar esta ambivalencia, pues el amor maternal trata precisamente de esto.

Leyendo estos párrafos, es imposible no acordarse de Las madres no, de Katixa Agirre, que sin duda conoce la obra de Jane Lazarre (y creo que incluso la cita en algún momento), puesto que describe la misma mezcla de placer, amor, aburrimiento, miedo, frustración, inseguridad.
 
El nudo materno se divide en tres partes: "Nacimiento"; "Madres y Padres" y "Niños", con una última más breve, titulada "La dama oscura", que sirve casi como epílogo a la narración. La primera de estas tres partes se centra en el embarazo, el parto (descrito con toda crudeza física y fisiológica) y el periodo inmediatamente posterior al nacimiento de Benjamin; la segunda, en su periodo de estancia en Yale, en una urbanización para familias de estudiantes y profesores de la universidad; la tercer, tras su vuelta a Nueva York, muestra su intento de encontrar o construir una escuela para Benjamin, junto con otras madres, que responda a sus valores, a su clase social y a su visión del mundo. A lo largo de estas tres partes, y sobre todo en la segunda, que es quizás la más redonda, se produce un reconocimiento de lo común de la experiencia de la maternidad, al menos con otras mujeres que también rechazan el modelo de la "madre ideal"; un viaje "del yo al nosotras", como dice en su prólogo Carolina del Olmo, usando, curiosamente, la misma expresión que yo usé para describir Cambiar de idea de Aixa de la Cruz, y que también creí reconocer en La hija única de Guadalupe Nettel

Una maternidad, eso sí, radicalmente situada, esto es, alejada de cualquier tentativa de abstracción o esencialismo que habita en muchos textos del género "libro para mamás". Quien nos habla no es la Madre, un concepto o modelo, por muy alejado que esté del ideal tradicional, sino Jane Lazarre, mujer blanca, judía, neoyorquina, artista, huérfana, de clase media, pasional, casada con un hombre negro en los Estados Unidos post-mayo del 68. Eso impone a su maternidad (como a cualquier otra) unas coordenadas culturales, sociales, raciales, económicas y, también, psicológicas, que evitan cualquier tentación de generalización. La propia autora reflexiona, con un alto grado de autoconsciencia, sobre esta inevitable e irreductible dualidad (otra) entre lo común a todas las madres, y los innumerables condicionantes que las diferencian, y que nunca deberían ser borrados u olvidados: 

Esta es la historia de la primera crisis de maternidad que experimenta una mujer. Se trata de un caso individual y atípico: es una artista, tiene un temperamento intenso y es de clase media desde un punto de vista cultural. No tiene dinero para contratar asistentas, ni canguros a tiempo completo, ni dispone de un despacho o habitación donde aislarse. Pero es una mujer típica porque es un ser humano, una mujer y una madre, y en este sentido sus experiencias reflejan las de otras mujeres, incluso ayudan a demoler una serie de patrones insoportables que nos oprimen a todas: la mística de la maternidad.

Así, si por una parte se puede decir que El nudo materno es un modelo pionero de un cierto camino de reflexión y liberación, y no sería descabellado, creo, decir que es un eslabón clave en una genealogía de textos sobre la maternidad, por otra parte la propia autora renuncia, con inteligencia, a proponerse como modelo extrapolable a otras mujeres. No se trata tanto, así, de proponer un camino alternativo al ideal dominante de madre, sino reivindicar el derecho de cada una a vivir la maternidad de forma honesta e individual - lo que incluye, también, debilidades, dudas, miedos, inseguridades, frustraciones... y quejas. Porque negar a alguien (a una mujer, a una madre en este caso) el derecho a quejarse, independientemente de que otras estén peor, o de que "ya deberías saber dónde te metías", o de que "ya no eres una niña y tienes que asumir las consecuencias de tus actos", es una forma de reprimir, controlar y culpabilizar. Cuarenta y cinco años después de que Jane Lazarre aprendiese a quejarse, todavía sigue haciendo falta recordarlo.

jueves, 30 de diciembre de 2021

Ana Flecha Marco: Piso compartido

Idioma original:
español
Año de publicación: 2018 (2021 en Mr. Griffin)
Valoración: muy recomendable

La primera vez que oí hablar de Ana Flecha, quizás como mucha otra gente, fue por culpa de aquel lamentable twit de Bernardo Domínguez, el dueño del grupo Malpaso, en que la llamaba "ridícula" por reclamar una deuda de "poco menos de 4 mil euros" por trabajos realizados para las editoriales del grupo. Con ese twit, y la reacción que provocó, muchos descubrimos también la campaña #MalpasoPagaYa, que lamentablemente todavía está vigente, porque, en fin, Malpaso todavía no ha pagado (¡Malpaso paga ya!).

Así que, qué forma tan fea de saber de la existencia de Ana Flecha, pero qué bueno haber llegado a saber que existe, porque resulta que Ana Flecha es mucho más que lo que decía ese twit infame: es también, y sobre todo, escritora, traductora (especialmente del noruego al español; uno de sus últimos trabajos es la traducción de Los inquietos, de Linn Ullmann), intérprete, ilustradora, editora y, ojo a esto, reescritora de jotas tradicionales con perspectiva feminista en el proyecto Ajuar, como se puede leer en su página web pesonal

Y a su faceta de escritora para adultos (porque también tiene obra infantojuvenil), pertenece este Piso compartido, una novelita que reedita la editorial Mr. Griffin después de que se publicase originalmente, en 2018, en Bombas para Desayunar. (Uso el término "novelita" sin las connotaciones despectivas que a veces tiene el término, en atención a su extensión, unas 100 páginas, y porque Ana Flecha usó ella misma el término en el título de otra publicación, Dos novelitas nórdicas, que espero leer también en breve).

Piso compartido comienza como comienzan muchos sueños: la protagonista se encuentra, sin saber muy bien cómo ni por qué, en un piso que no es el suyo pero que es casi idéntico al suyo, rodeado de cinco señoras a las que no conoce de nada, que hablan por los codos y que parecen aceptar con naturalidad su presencia. De hecho, cuando llega la noche la acompañan amablemente hasta "su habitación", en la que, nuevamente como pasa en los sueños, ya están recogidas y ordenadas todas sus cosas, sin que tampoco se sepa muy bien cómo ni por qué. A partir de ese momento y a partir de ese día tan extraño, la narradora irá conociendo a las cinco señoras, sus diferentes historias y acentos, las particulares reglas de un apartamento que nunca abandonan, y también su propio papel en un escosistema tan peculiar como acogedor.

Creo que hay dos características que hacen que esta sea una lectura no solo agradable sino cálida, reconfortante. La primera es que las excentricidades de las señoras, su personalidad y sus vivencias son descritas con respeto y cariño, con un toque poético, rozando a veces lo fantástico. Uno de los ejemplos más memorables es "la caja" en la que las señoras guardan, en papeles y cintas, aquellas palabras que no quieren que se pierdan, las que más les gustan a cada una de ellas (y que recuerda a aquella otra escena de Bilbao-New York-Bilbao, de Kirmen Uribe, en que un señor lleva al banco papelitos con palabras para que se las guarden).
 
La segunda característica es un sentido del humor delicado, sutil y nunca dañino. Un humor que nace a veces de lo absurdo de las situaciones, o de la contradicción entre lo que las señoras dicen y lo que dice la realidad, o también en la agilidad verbal de los personajes y/o de la escritora. Es fácil imaginar que en otras manos (las de un señoro cualquiera, por ejemplo), una trama semejante hubiera degenerado en un humor de brocha gorda sobre las "abuelas" que no saben conectarse a internet y que se dedican a hacer yoga y a jugar al scrabble, ya ves tú qué ridículas. En cambio, con esta idea Ana Flecha construye una historia basada en el respeto mutuo, la amistad, la solidaridad o, también, la sororidad femenina y feminista, que se plasma por ejemplo en el encuentro de las mujeres en torno a las agujas de bordado para contar historias (en "El filandón"), o en la peculiar forma de ordenar su biblioteca, por el apellido de las madres de los/as autores/as, y no por el del padre.

Portada de 'Piso compartido'
en ed. Bombas para desayunar
Quizás la mayor pega que se le podría poner a la novela es que da la sensación, en cierto modo, de ser un esbozo de lo que podría haber sido una novela mayor, más ambiciosa: lo que tenemos es la presentación de un conjunto de personajes, sus historias, sus relaciones y sus hábitos; una atmósfera, un universo narrativo y un modo específico de contarlo. Lo que podríamos haber tenido es una visión de ese mismo ecosistema en en acción, en confrontación con algún problema, conflicto o aventura. En todo caso, su carácter de "novelita" es también uno de los rasgos que la hacen muy disfrutable, porque ¿a quién no le gusta una novela de 100 páginas, que se puede leer prácticamente en una noche?

Esta es, en fin, una novela bonita. Diría que es deliciosa si no fuera porque parece que eso hay que decirlo con una taza de té en la mano y estirando mucho el dedo meñique ("es una novela de-li-cio-sa", dijo Lady McShattenshire-Smith); diría que es entrañable, si esa palabra no estuviera contaminada de connotaciones odiosas ("en estas fechas tan entrañables, la Reina y yo..."). Es, en fin, una novela bonita, buenista, buenrollista si se quiere. Dicen que ahora está de moda el malismo, el cinismo, el canallismo a lo Trump, Bolsonaro o (ejem) Ayuso. Pero a pesar de eso, o quizás precisamente por eso, hay que defender la capacidad de inventar historias que nos muestren el camino para ser mejores y para ayudarnos los unos a los otros (y las unas a las otras, en este caso), que hablen de tejer redes y de construir comunidades y no de la lucha del "elegido" por salvar el mundo; algo que también aprecié, y mucho, en La hija única de Guadalupe Nettel o en Los últimos románticos de Txani Rodríguez. 

Como diría Benedetti (otro autor buenista y quizás por eso muy denostado por cierta crítica), es importante defender la alegría, sin ingenuidad pero con firmeza, como una trinchera, un principio, una bandera, un derecho. Leer, recomendar y regalar Piso compartido podría ser un buen principio.

domingo, 1 de marzo de 2020

ULAD CUMPLE ONCE AÑOS. Reseña + Entrevista: Jorge Herralde: Un día en la vida de un editor


Idioma original: español
Año de publicación: 2019
Valoración: imprescindible para interesados

Jorge Herralde es una leyenda. Con su experiencia vital, bromea, podrían llenarse veinticinco tomos, y prefiero no especular con los secretos que este editor, cuyo sello cumplió 50 años en 2019, guarda para sí, por su elegancia ejemplar. Para los trasnochados, una elegancia que nada tiene que ver con abrocharse la chaqueta cuando se camina. Es la elegancia innata del hombre culto que es, del icono absoluto que ha cambiado décadas de edición en español (y en catalán), que es responsable de los primeros amores literarios de tantos lectores, entre los que me incluyo sin ningún recato. Aunque el que esto escribe haya sido, digamos, poco benévolo con ciertos de los últimos lanzamientos del sello (pido disculpas por anteponer al hooligan literario a veces), todo se reduce a la expectativa que surge de haber vivido, bajo esas cubiertas amarillas o grises o bajo las multicolor de sus Compactos, auténticos episodios de apasionamiento sobre los cuales no voy a insistir.

El caso es que, en un movimiento que desprende cierto aroma a despedida  (no nos asustemos, pero Herralde ya tiene una edad en que ni siquiera las grandes pasiones deben impedir que uno disponga de un razonable porcentaje de tiempo libre), Herralde recopila aquí 400 páginas largas de entrevistas, artículos, semblanzas, reflexiones, crónicas, discursos, de diversas procedencias y fuentes, y con la inclusión de algún texto inédito.
En las entrevistas nos encontramos, claro, con conceptos que pueden repetirse, sobre todo porque muchos entrevistadores repiten preguntas lógicas, interpelaciones que destilan admiración y,a través de su lectura, comprendemos no solamente el devenir de la editorial, sus puntos álgidos y algunos periodos de incerteza, su portentoso camino de evolución de editorial comprometida políticamente con la lucha antifranquista (con la censura intentando ahogarla económicamente) para, sin abandonar cierta militancia, evolucionar hacia el poderoso e influyente conglomerado de hallazgo y promoción de primeras figuras literarias, que es absurdo enumerar otra vez...sino que también confirmamos el extremado amor y respeto por la literatura que Herralde desarrolló (desarrolla aún a otro ritmo menos extenuante) en su carrera, algo que se detecta en cada uno de sus pasos y en cada párrafo, respeto hacia autores, competidores, colaboradores, diríase que ese concepto de elegancia impera en el libro a toda costa, ése y la enorme lucidez que surge a cada línea: la visión del mundo editorial, su actitud hacia los voraces cambios de las últimas décadas, su paciencia con los autores, su coherencia combinada con su tesón y su determinación, él comprenderá que use el término "tozudez" como calificativo de quien no tolera el adormecimiento del ciudadadano ante lo que se le presenta sin exigir esfuerzo. Anagrama es una editorial fundamental para comprender la evolución de la lectura en español de un cierto perfil, nivel y exigencia. Sin Anagrama, las cosas simplemente no serían cómo son, y Herralde fue su máximo responsable a lo largo de décadas, y aquí nos lo explica: em trec el barret.*

 *Catalán por "me quito el sombrero".

Y, como acompañando su primer medio siglo con nuestra primera década, nos contesta unas cuantas modestas preguntas. No toco ni una coma, este texto es sagrado.

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ENTREVISTA UN LIBRO AL DÍA 18/02/2020

1 Me gusta mucho un concepto del que habla en una de las entrevistas del libro: la captación del tiempo libre que efectúan, por ejemplo, las plataformas de TV en streaming. Y hace poco Jorge Carrión polemizaba en Twitter sobre la opción del gasto de 20 euros en un libro frente a una cena o un par de copas. Con este panorama, ¿pondría en marcha hoy en día un proyecto como el de Anagrama?
En otoño de 1967, cuando empecé a preparar Anagrama, el panorama tampoco era precisamente halagüeño, por otras razones. Repasando nuestro Catálogo general de 2018, en la programación en la primera década de los 70 abundan propuestas singulares, bien distintas en sus registros de lo habitual en las librerías españolas. Quizá demasiado aventurado económicamente: Anagrama estuvo a punto de cerrar en el 1980 y fallecieron no pocas editoriales de las más peleonas.
2 Alude también a los inicios de la editorial como emblema de lucha antifranquista y, por tanto, asediada y castigada por la censura. Se me ocurren casos como el de Libros del KO o Capitán Swing, pero, en este mundo convulso, ¿ve posible una recuperación de cierta literatura militante?
Tanto Libros del KO como Capitán Swing me parecen editoriales audaces y estupendas, sin duda mis preferidas en el ámbito de la literatura militante, tantos años después. Y también la Anagrama actual tiene una vena militante, a veces en “Argumentos” o en “Crónicas” y, sobre todo, en sus “Nuevos Cuadernos Anagrama” (digamos una versión aggiornata de una de nuestras colecciones más significativas de los años 70). Por otra parte, en muchos países ha habido un resurgimiento interesante de editoriales militantes. Un ejemplo es la siempre combativa editorial Wagenbach, que ha recuperado una colección muy combativa de textos breves.
En el último capítulo de mi libro Opiniones mohicanas (primera publicación en el año 2000), lo titulo “Los nuevos insumisos”, en el que daba la bienvenida a las nuevas editoriales que habían aparecido en los años 70, 80 y 90.
“Las «anomalías» editoriales antes aludidas, en este inventario que no pretende ser exhaustivo, podrían verse como guerrillas culturales, síntoma también de un malestar profundo, a veces explícitamente políticas, o bien en pos de otros horizontes intelectuales y literarios, un Gran Rechazo también al vigente modelo cultural, o más precisamente acultural, papillas pre-digeridas bajas en calorías, una escritura light, un menú único, que nuestros nuevos héroes, quizá un tanto ilusos pero con ilusión, se niegan a consumir. Mi más cordial bienvenida a los nuevos insumisos.”
De las dieciocho que menciono en el texto, veinte años después, solo persisten algunas: Acantilado, Salamandra, Minúscula, Lengua de Trapo, Trea, Áltera, Octaedro, Páginas de Espuma, Sequitur... Otras de menor calado, no mencionadas, ya habían desaparecido.
3 Más menciones a ciertas lecturas recientes, y dados los orígenes y la propia ubicación de la editorial en un barrio acomodado de Barcelona, ¿cree que Anagrama franqueó con sus elecciones y su serie de bolsillo ese estigma del lector voraz como persona de un cierto perfil social?
No acabo de entender tal “estigma”.Y la cualificación de una editorial la define, sin lugar a dudas, como es bien sabido, su catálogo y su coherencia a lo largo de las épocas. Se puede estar de acuerdo o no con el catálogo, pero este es el que dice la verdad de una editorial más verosímil que los complacidos gorgoritos de los editores.
4 ¿Son conscientes de la repercusión que sus obras tuvieron en un país que salía de una dictadura mojigata?
Sí, en efecto. A menudo eran apuestas arriesgadas comercialmente pero que nos parecían especialmente pertinentes en nuestro catálogo. Por ejemplo, a numerosos autores excelentes, pero minoritarios, también les publicamos sus primeros libros de cuentos.
Con demasiada frecuencia, sobre todo en la primera década, fueron tiempos difíciles, pero nuestras elecciones coincidían con el ADN de Anagrama (sea ello lo que fuere). Y resultó extremadamente gratificante la repercusión en América Latina, donde realicé tantísimos viajes, tuvimos una excelente relación con los libreros, la prensa, las Ferias. Incorporamos, por ejemplo, algunos de los primeros libros de autores como Guadalupe Nettel, Zambra o Villalobos y también publicamos a grandísimos autores (de Pitol a Piglia) que ahora tienen el rango de clásicos.  Creo que una de las funciones fundamentales de un editor es estar atento a los nuevos autores, aquellos que, con el tiempo, pueden convertirse en los clásicos del futuro. Ninguna otra brújula.
5 Por el motivo que sea, se detecta una cierta pérdida del peso de Barcelona como centro editorial. ¿Cómo ve la escena editorial barcelonesa, al margen de la apoteosis anual de Sant Jordi?
Desde hace años, en el siglo XXI, han surgido centenares de nuevas editoriales, en muy distintos países, marcadas por la búsqueda de la excelencia y muchas de ellas han logrado asentarse. En épocas anteriores, el índice de “mortalidad” era mucho más elevado. Este es un hecho innegable y muy positivo.
Pero, sin ningún afán patriótico-barcelonés, resulta innegable que en nuestra ciudad tienen su sede dos de los sellos editoriales más poderosos del mundo: Planeta y Penguin Random House (Bertelsmann) y siguen en activo muchos excelentes de los sellos literarios independientes. Véase como ejemplos Acantilado, Minúscula o la propia Anagrama, que opera como sello independiente, aunque ha cambiado de propietario: la italiana Feltrinelli. Y también han surgido, en el siglo XXI, excelentes nuevas editoriales.
6 Otro mantra reciente: "Más autores que lectores", y yo creo que el editor es necesario para parar los pies a tanto talento en ciernes que eclipsa al talento real. ¿Llegó a sentirse tentado a hacer como dicen que hacía el editor de Carver?
En cuanto al editor de Carver, Gordon Lish, es una figura muy polémica, al margen de su talento. Es sabido que realizó una extrema cirugía en los cuentos de un Carver entonces autor desconocido e inseguro, sin recursos económicos y con graves problemas con el alcohol. Sus cuentos tuvieron mucho éxito, pero al final dejaron muy traumatizado al autor, que se sentía como un impostor involuntario, y al cabo de unos años empezó a reescribirlos tal como fueron concebidos. El primero fue Principiantes. Por desdicha, Carver murió antes de poder completar la revisión de los restantes. Como dato curioso: Carver falleció en agosto de 1988, un mes antes de la que hubiera podido ser su primera visita a Barcelona, invitado por Anagrama. No llegué, pues, a conocerlo, pero su gran amigo Richard Ford me habló a menudo de él, eran como hermanos.
He intervenido a menudo como editor en textos de los autores de la casa, pero siempre ha sido “cirugía menor” y pactada con el autor, a veces (pocas) con un cierto forcejeo. Por poner un ejemplo, bastante conocido, Bolaño pensó en Tormenta de mierda como título de un libro que, finalmente, se llamó, creo que afortunadamente, Nocturno de Chile.
Por cierto, para mí cambiar títulos ha sido un hobby frecuente. En varios casos, autores indecisos al respecto me pidieron que lo intentara yo.
7 Aunque me consta por la lectura del libro que ya cerró alguna de esas heridas, ¿se quedó con las ganas de publicar como Anagrama algún autor u obra en particular, en especial los llamados clásicos?
He citado a menudo el caso de Borges, pero ya estaba editado con contratos férreos en Argentina y en España. También me hubiera gustado publicar Teniente Bravo de Juan Marsé, pero Carmen Balcells, su agente, lo desvió a una editorial con mucho más poderío. Y también he deseado publicar a Mendoza, pero este tiene un férreo vínculo personal con Pere Gimferrer, hasta que la muerte los separe.En cualquier caso, con tantísimos grandes autores publicados, sería muy descortés con ellos ejercer de plañidera.
8 Y hoy, ¿qué lee por placer, con pura desconexión profesional, si ello le es posible?
Desde enero de 2017, elegí a Silvia Sesé como directora editorial (muy sabiamente, como es sabido). Al revés que antes, ya no leo a todos los autores que publicamos sino una lista restringida y diría que de lectura gozosamente inevitable.
Y, desde luego, leo y releo por placer memorias y diarios de escritores y editores muy escogidos con gran gratificación y sosiego. Entre otros ejemplos recientes figuran Barral, Castellet, Esther Tusquets, Salinas… y autores más recientes como Iñaki Uriarte o Marcos Ordoñez. Y suma y sigue. 
9 Sin necesidad de entrar en detalles, ¿puede mencionarme algunos autores por los que ha apostado y le frustre particularmente que no hayan tenido el éxito que cree que merecen?
No entraré en detalles para no entristeceros ni entristecerme y, por supuesto, para no recordarlo públicamente. Solo mencionaré a un extranjero, mi admiradísimo y muy minoritario Giorgio Manganelli: le publiqué cuatro joyas, creo haber cumplido con mi auto-impuesto “cometido histórico” con tan singular autor. Hace años, para mi alegría (y la de sus escasos pero muy agradecidos lectores), lo recuperó Siruela y creo que después ha habido algún otro intrépido colega.

Un pequeño test rápido (y si cree que debe añadir algún comentario, le ruego que lo haga), le paso una breve y heterogénea lista de autores y dígame si los hubiera encajado en Anagrama:

David Foster Wallace
William Gaddis
Isabel Allende
Mircea Cartarescu
Camilo José Cela
Primo Levi

Respecto al test rápido de autores de imaginaria publicación, desde luego editaríamos con gran orgullo a Primo Levi. También a David Foster Wallace, William Gaddis y Mircea Cartarescu. En cuanto a Isabel Allende, preferiría no ofrecer a los lectores de Anagrama una incorporación poco congruente.
El caso de Cela es especial: en mi juventud fui leyendo casi todos sus textos de los años 60, que me gustaron mucho, obviamente. Así, La familia de Pascual Duarte, La colmena, Viaje a la AlcarriaCuentos carpetovetónicos. Y en una ocasión estuve a punto de publicar una nueva edición de La colmena gracias a la singular decisión de su agente Carmen Balcells, quien, durante unos años, decidió que los libros que se vendían muy bien podrían seguir vendiéndose todavía mejor publicados por varias editoriales.  Gracias a ello, pude publicar los extraordinarios títulos de Juan Rulfo: Pedro Páramo y El llano en llamas. Y también mi novela preferida de García Márquez: El coronel no tiene quien le escriba. Quizá una preferencia inhabitual. Sin embargo, Gabo afirmó, unos años más tarde, que había escrito Cien años de soledad con el único propósito de lograr que El coronel tuviera más lectores. Di un respingo de júbilo, pero casi al instante recordé la merecida fama de gran mentiroso, más o menos juguetón, de Gabo, según decían sus íntimos amigos.
Volvamos a Cela. Cuando ya había acordado con Carmen Balcells la publicación de La colmena, se produjo un hecho muy desagradable. Habían empezado a triunfar visiblemente varios escritores de la llamada Nueva Narrativa Española y Cela los atacó en varios artículos (creo recordar que en El País) de una vileza moral que me parecía incompatible con dicha publicación en Anagrama. Fin de la historia.
Unos pocos años más tarde, los “auténticos” editores de Rulfo, García Márquez y otros autores le comunicaron a Balcells que se había acabado la fiesta y que ellos serían los únicos en publicar tales obras. Punto y aparte.
Curioso, Leo Messi ya ha pronunciado, hace poco, la palabra retirada. Y a Vd. no se la he leído en 460 páginas. Sin ponernos terribles, ¿se ve capaz de dejar de ser editor (profesión, dice, hecha a su medida) en algún momento?
La profesión de editor sigue siendo lo que más me gusta hacer. Sigo en ello, con menos intensidad, claro, mientras Silvia Sesé ha tomado las riendas de la dirección editorial con gran acierto y con mucha sintonía personal entre nosotros. Así que mientras crea que puedo seguir siendo útil y me sienta a gusto, seguiré en ello hasta que haya alguna interrupción drástica: auto-despido, mi despacho tapiado de pronto, la guadaña…

Jorge Herralde
Barcelona, 18 de febrero 2020


lunes, 20 de diciembre de 2021

2021: No nos lo hemos leído todo, pero... (antiguamente conocido como Lo mejor del año)

Lo que ha leído Juan:


Koldo TOP 10 Leído en 2021 + 2 Relecturas

Mención de honor para la parte fotográfica de Vale un Potosí de Miquel Dewever-Plana e Isabelle Fougere. Dicho esto:
 
10. Humo de José Ovejero
9. No es un río, de Selva Almada
8. Simpatía de Rodrigo Blanco Calderón
7. Alguien camina sobre tu tumba de Mariana Enríquez
6. Caracas muerde de Héctor Torres
5. La canción de NOF4 de Raúl Quinto 
4. Contra vosotros de Mercedes Soriano
3. La última niebla / La amortajada de María Luisa Bombal
2. Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez (Juan: no te reto a duelo porque en el fondo te tengo cariño)
1. Los galgos, los galgos de Sara Gallardo

Las dos mejores relecturas del año: Caballos desbocados de Yukio Mishima y Ampliación del campo de batalla de Michel Houellebecq.
 
Actualización de última hora: La Capilla Sixtina. Relato de una obra maestra

Montuenga:

Lo mejor que he leído este año:

Ficción:


No ficción:

Y lo peor:

Ficción:

  • Novela decepcionante de autor prestigioso: Muerte de Sevilla en Madrid de Alfredo Bryce Echenique.
  • Volumen de relatos que abandoné por indigesto para la mentalidad actual: Pájaros de fuego de Anaïs Nin.
  • Texto de auto ficción más anodino: El sistema del tacto de Alejandra Costamagna.

No ficción:

  • El más flojo e inconexo (Sin género definido): Devoción de Patti Smith.
  • Un testamento vital decepcionante: Gratitud de Oliver Sacks.
  • Biografía peor documentada: La virgen roja de Fernando Arrabal.
  • Autobiografía más tópica y repetitiva: El lugar de Annie Ernaux.

Carlos Bookboard 2021:
Como siempre, y como es bien lógico, ha habido algunas cosas algo decepcionantes, pero para qué darles más publicidad. Bastante tienen con haberles hecho un hueco.


Marc Peig:


Oriol Vigil:


Beatriz Garza:


Francesc Bon:

Otro año en que defraudo hasta mis peores expectativas, leyendo poco, tarde y mal. O a lo mejor es la cosa esta del mercado, vendiendo la moto de modo tan constante y repetitivo, que me refugio en lo conocido, temeroso del fulgor que desprenden los actos promocionales y las fajas. 
Así que:
  • Libro del año - por su modestia y por su panorámico alcance casi involuntario: Anna Ajmátova, de Eduardo Jordá - o como cubrirlo todo - ficción, historia, crónica, crítica, poesía - en unas cuantas páginas. 
  • Medalla de plata, ex aequo Rafa Lahuerta Yúfera: Noruega, o cómo gestionar el aire nostálgico con elegancia y sin sonarse los mocos. Y un 10 absoluto por su enorme valentía. Y Jordi Amat: El hijo del chófer que, aparte del orgullo intrínseco de mostrarse contestatario con el statu-quo, es un inmenso ejercicio de periodismo crítico, que empezaba a parecer un oxímoron.
  • Pelotón - demasiados y demasiado dispersos, algún ensayo muy disfrutable en su momento, pero algo ligero y, por lo tanto, no siempre memorables como para fortalecer las convicciones, así que me ahorro las menciones, perdonen los afectados.
  • Rezagados - un nutrido grupo de lecturas para cubrir el expediente, que incluyen alguna tenue decepción: Revancha tampoco es la obra de madurez de Kiko Amat, El teatro de Sabbath me tuvo demasiadas páginas preguntando por Zuckerman, y sigo sin comprender como, al margen del voyeurismo social, se ensalza tanto el valor de Valle inquietante o de Mi año de descanso y relajación, que me parecieron, ambas retratos de una sociedad o de un mundo ajeno y casi elitista.
  • Descalificado por tramposo (y por pesado) - Casi que voy a tirar la toalla con Javier  Cercas, que en Independencia demuestra que está tan obstinado en usar sus libros para restregarnos sus rancias quejas ideológicas que se ha olvidado de interesar a sus lectores, gustarles o aportar algo relevante. Así que le enseño amablemente la puerta de salida. Adeu siau.
  • Propósitos para 2022: más tiempo para alternar re-lecturas (no reseñables, ay) con algo que mitigue mi encasillamiento.

Santi (que ha leído este año menos que nunca pero aun así no ha ido mal):

Tres textos autobiográficos imprescindibles:

Cuatro novelas sobre la memoria (individual o colectiva):
 
Tres libros que te reconcilian con el mundo y con la humanidad
 
Cuatro libros de terror

Un clásico que tenía pendiente: La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. LeGuin
 
Un libro que leí porque, en fin, alguien tenía que hacerlo: Feria de Ana Iris Simón

También leí pero no me animé a reseñar: Tú también vencerás, de Jose||González; Días de euforia, de Pilar Fraile; Causas naturales, de Claudia Hernández.



NOTA FINAL:
Queridos lectores: podéis enviar vuestras listas al correo del blog: unlibroaldia@gmail.com. A finales de enero publicaremos una entrada con todos vuestros correos (indicad, por favor, si se puede mencionar vuestro nombre al publicarla).