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miércoles, 5 de julio de 2017

Vera Giaconi: Carne viva

Año de publicación: 2011
Valoración: Bastante recomendable

Pues sí, el cuento latinoamericano escrito por mujeres goza de muy buena salud y Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Liliana Colanzi, Guadalupe Nettel o Vera Giaconi, entre otras que me dejo en el tintero, dan fe de ello. 

Hoy reseñamos el primer libro de la uruguaya afincada en Buenos Aires Vera Giaconi. Su título, “Carne Viva”, ya nos da una idea de por dónde irán los tiros. No es de recibo, además, que en la portada de la edición argentina de este libro aparezca un blíster de medicinas ni que estos aparezcan mencionados en tres o cuatro de los siete relatos. Y es que los personajes, todos ellos mujeres, que pasan por las páginas de “Carne Viva” arrastran heridas sin cicatrizar. Son personajes que se sitúan en el borde de la sociedad, personajes que no quieren o no pueden (o quizá ninguna de las dos cosas) formar parte de la rueda de la vida. 

Los relatos, de marcado carácter realista, se centran en el abandono, en el hastío, en la incapacidad de sus protagonistas para adaptarse a la realidad que los rodea. Eso sí, desconocemos las causas que lo provocan, desconocemos el pasado de los personajes y solo podemos asistir a su lento deterioro, como el de esa pareja que protagoniza los últimos relatos y que llega a preguntarse: 
"Nunca podía recordar cuántos años llevaban juntos: ¿diez, veinte?"
El libro se divide en dos partes. La primera está compuesta de cuatro relatos independientes, protagonizados por mujeres que se encuentran en las situaciones ya descritas, como una madre y una hija separadas por abismos cotidianos, tres hermanas alejadísimas entre sí o una chica incapaz de superar la muerte de su madre. Esta primera parte es, en mi opinión, algo más irregular que la segunda debido, fundamentalmente, al final de alguno de los relatos, que me ha dejado con un regusto amargo. 

La segunda parte se compone de tres relatos, que se pueden leer como tres relatos breves e independientes o como un único relato largo, centrados en la pareja formada por Teo y Ema. En ellos, asistimos a la lenta descomposición del matrimonio, que va acompañado de un progresivo abandono y deterioro físico de Ema. 

En fin, un primer libro de relatos muy interesante, con siete relatos duros, turbadores por momentos, de esos que dejan nudos en la garganta y alguna que otra cicatriz. Ya digo que su principal “pero” sería una cierta irregularidad en su primera parte. Por contra, destacaría la capacidad de Giaconi aproximarse a sus personajes y a su cotidianeidad sin entrar a valorarlos y la tensión que es capaz de crear a partir de situaciones aparentemente triviales. 

Por cierto, por si a alguien le interesa, el segundo libro de Giaconi, “Seres queridos”, ha sido recientemente editado en España por Anagrama. Y, sí, habrá reseña.

También de Vera Giaconi en ULAD: Seres queridos

viernes, 4 de agosto de 2017

Vera Giaconi: Seres queridos

Año de publicación: 2017
Valoración: Muy recomendable

Hace escasos días reseñábamos “Carne viva”, primer libro de la uruguaya Vera Giaconi. En él, Giaconi nos situaba ante personajes ubicados en el borde de la vida; personajes que, por un motivo u otro, no consiguen adaptarse a una “vida normal”. Este “Seres queridos” vendría a ser una continuación temática y estilística de “Carne viva”. 

A nivel estilístico, Giaconi apuesta por el realismo, por contar la cotidianeidad de sus personajes sin entrar a juzgarlos. No hay giros sorprendentes, no hay trucos de prestidigitación, solo vida, pura y dura. Se trata de un estilo sobrio, aséptico podríamos decir, en el que los pequeños detalles cobran gran importancia.

A nivel temático, estos relatos son variaciones acerca del “dolor de vivir”. El título del libro, “Seres queridos”, hace referencia a los lazos familiares, sentimentales o de amistad que unen a los protagonistas de los relatos. Pero esos lazos, generalmente asociados a sentimientos “positivos”, en muchas ocasiones están infestados de rencores, envidias, negatividad, etc. Los personajes, atados por los citados lazos, que protagonizan los relatos de “Seres queridos” son seres arrasados por mayores o menores tragedias personales, seres solitarios en su mayoría, seres que arrastran conflictos consigo mismos o con sus familiares, seres devastados. Son las diferentes reacciones ante estas situaciones las que constituyen las variaciones sobre el dolor de vivir.

Por ejemplo, “Pirañas”, que narra la conflictiva relación de dos hermanos, la cual oculta un conflicto aún mayor pero apenas visible. O “Los restos”, relato sobre dos hermanas que acuden a la casa de su otra hermana, recién fallecida, para ponerlo TODO en orden. O “Tasador”, relato en el que un hijo mira de frente el futuro, probablemente desolador, que deberá afrontar con su madre. O “Carne”, con un padre viudo y su hija adolescente que viven prácticamente incomunicados. Y así sucesivamente hasta llegar a “Reunión” (anda, igual que el relato de Cortázar incluido en “Todos los fuegos, el fuego”), el más extenso y el más oscuro de todos los relatos del libro, en el que la aparente vida normal de una pareja lleva consigo una doble y siniestra cara.

En fin, diez relatos acerca de la puta vida, incómodos y duros, de una autora a la que habrá de seguir de cerca.

También de Vera Giaconi en ULAD: Carne viva

lunes, 28 de enero de 2019

Reseña + Entrevista. Liliana Colanzi: Nuestro mundo muerto

 Idioma original: Español
Año de publicación: 2017
Valoración: Muy recomendable

Llevo un tiempo diciendo que el "relato escrito por mujer joven latinoamericana" goza de muy buena salud. En este blog encontraréis algunos ejemplos: Mariana Enríquez, Vera Giaconi, Magela Baudoin, Andrea Jeftanovic, María Fernanda Ampuero o la boliviana Liliana Colanzi.

En el caso de Colanzi y "Nuestro mundo muerto" nos encontramos con ocho contundentes relatos, de unas 15 páginas de extensión, dominados por presencias casi sobrenaturales y por amenazas exteriores, ya sean reales o ficticias, que ponen en evidencia amenazas interiores infinitamente más peligrosas.

El contexto utilizado por Colanzi para presentarnos sus historias se acerca en muchas ocasiones a la ciencia-ficción: ojos que parecen sacados de películas de serie B o de 1984, poseídos y aparecidos que se asemejan a los chicos del maíz de Stephen King, meteoritos que provocan reacciones en cadena como si de la Melancolía de Lars von Trier se tratara, exploraciones marcianas, etc. Pero estas referencias casi "pop" aparecen unidas a creencias (o supersticiones) tradicionales vinculadas a culturas andinas, creando una curiosa mezcla entre tradición y modernidad

En cualquier caso, esto no es más que el contexto, ya que lo que de verdad esconden estos decorados son problemas reales como la incomunicación, el extrañamiento, el miedo a la muerte o, como podemos leer en "La ola", la soledad infinita de un mundo desquiciado y sin propósito.

Entrando más en detalle en cada uno de los relatos, encontramos en "El ojo", "Alfredito" y "Chaco" la influencia de Silvina Ocampo en la visión desde la infancia / adolescencia de un mundo al mismo tiempo mágico, extraño y hostil. En ellos se mezclan leyenda y "realidad", alucinaciones y hechos absolutamente ciertos.

En "La Ola", uno de los mejores relatos del libro, la protagonista pasa a ser una joven a la que persigue una rara vibración, mezcla de extrañeza, abulia y tristeza. Es este un relato circular, de ida y vuelta, que nos habla de lo difícil que resulta escapar del pasado. Esta imposibilidad aparece nuevamente en "Nuestro mundo muerto", otro de los grandes relatos del libro gracias a su ambiente cerrado y opresivo. En esta ocasión, el telón de fondo es Marte, lugar al que su protagonista huye, aunque siempre esté como un satélite girando alrededor de lo perdido. También en "Cuento con pájaro" asistimos a una nueva huida imposible. Esta vez, Colanzi maneja un registro más "terrenal", más "social" incluso, ya que en el aparecen de forma más perceptible las "dos Bolivias" (la blanca y la "india").

Finalmente, y volviendo a lo ya citado acerca de las amenazas exteriores que sirven como resorte para sacar a la luz amenazas o miedos interiores, tenemos "Meteorito" y "Caníbal". En aquel, la caída de un meteoro es el detonante del oscuro y trágico final de una pareja de "perdedores"; en este, un caníbal que vaga por las calles de París y una extraña relación serán la "excusa" para hablar de la soledad y de relaciones absorbentes.

Por último, un breve comentario acerca de los finales de los relatos, ese aspecto tan crucial. Colanzi nos ofrece finales generalmente abierto, muy sujetos a la interpretación del lector, algo que va en consonancia con el desarrollo de los mismos. Se agradece ese tratar de evitar sorpresas finales y giros inesperados, la verdad. En definitiva, muy buen libro este "Nuestro mundo muerto", compuesto por ocho relatos sin desperdicio, contundentes y originales de una autora aún joven que seguro que da mucho que hablar.

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ULAD: Tres cosas me llaman especialmente la atención en "Nuestro mundo muerto". La primera, que supongo sorprende más a un lector europeo, es la mezcla de modernidad y tradición: referencias "pop" ("El ojo" me recuerda por igual a los monstruos de serie B y a 1984, "Meteorito" a "Melancolía" de Lars Von Trier, por poner un par de ejemplos) y leyendas o tradiciones "indígenas" van de la mano. Esto también creo que sucede, en mayor o menor medida, en obras de Edmundo Paz Soldán o de Maxi Barrientos. ¿Puede ser esta mezcla el reflejo de la Bolivia actual?

L.C.: Cuando escribo no estoy pensando en reflejar la Bolivia actual; la literatura siempre está desfasada con respecto de la realidad. Lo que sí me interesa es recoger elementos que están flotando en la cultura, pero a los que nadie presta mucha atención porque provienen de las tradiciones indígenas o de la cultura popular o de géneros como la ciencia ficción, que son considerados saberes menores o descartables, y ver cómo se puede construir una poética desde ese lugar. Me gusta mucho lo que dice Herta Müller: “La superstición es la poesía de los pobres”.

ULAD: La segunda es que en los relatos de "Nuestro mundo muerto" siempre parece estar presente una amenaza exterior que pone en marcha una amenaza interior más peligrosa. ¿Llevamos dentro a nuestro peor enemigo?

L.C.: Es que en muchas ocasiones aquello que vemos como una amenaza externa, en realidad se trata de un rechazo a algo que sospechamos que está dentro de nosotros. El miedo al bárbaro, por ejemplo, revela el terror hacia el animal que somos; el machismo es la negación de la potencia femenina que hay en el hombre y de la potencia masculina que hay en la mujer.

ULAD: La tercera es la sensación de un pasado que nos persigue. ¿Podemos verdaderamente escapar de el? ¿Cómo?


L.C.: El pasado al que me refiero en mis cuentos está muy presente, porque se trata de un pasado colonial que configura hasta el día de hoy la forma en que pensamos, deseamos, soñamos y nos vemos a nosotros mismos y a los demás. Nuestra tragedia es no haber encontrado la forma de desactivar ese legado.

ULAD: Además de la influencia de clásicos como Silvina Ocampo (esa visión de la infancia de mundos mágicos y extraños), creo que la presencia de ese "terror cotidiano", por llamarlo de alguna forma, te emparenta con autoras latinoamericanas recientes como Mariana Enríquez, Vera Giaconi o Andrea Jeftanovic. ¿Pura casualidad o puede haber un punto de vista generacional (o error de apreciación mío)?

L.C.: Justo estoy escribiendo algo que es una especie de homenaje a “El vestido de terciopelo”, de Silvina Ocampo. Cada época tiene su modo de canalizar sus ansiedades y horrores, y por supuesto que encuentro puntos de contacto con muchas autoras y autores de mi tiempo. “Reunión” de Vera Giaconi es un cuento hermoso y raro que muestra a la familia desde una óptica monstruosa; Andrea Jeftanovic también presenta a la familia desde un lugar peligroso y perturbador. Me interesa mucho el cruce que hace Mariana Enríquez entre el horror, la política y la cultura popular, y la manera en que ha renovado el imaginario del horror latinoamericano.


ULAD: Sabemos que te has lanzado al mundo de la edición con Dum Dum Editores. Tres preguntas relacionadas con esto: ¿No es un poco locura en los tiempos que corren? ¿Qué le lleva a tomar la decisión de publicar su obra en otras editoriales? ¿Veremos los libros de Dum Dum en España?


L.C.: Tenía la impresión de que montar una editorial era difícil, pero vivir un tiempo en Buenos Aires, donde todo el mundo tiene una editorial independiente, me convenció de que no era así. Trabajo con una diseñadora excelente y la editorial Nuevo Milenio se encarga de la distribución de los libros de Dum Dum, así que con eso tengo más de la mitad del trabajo resuelto. Y disfruto mucho de la aventura y del desafío de proponer a un autor nuevo en el medio. No me autopublico porque después de pasar mucho tiempo escribiendo mi propio libro, lo último que quiero es seguir trabajando para él, ¡lo que deseo más bien es deshacerme de él!

ULAD: Sea o no con Dum Dum, ¿tendremos en breve alguna novedad de Liliana Colanzi?

L.C.: No sé si en breve, porque soy una escritora un poco lenta, pero vengo escribiendo cuentos y espero terminar este año.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Lo mejor del 2017, ULAD dixit

Marc Peig dice:

Juan G. B. dice:

Koldo CF dice:
  • Novela en lengua extranjera: Solenoide (Mircea Cartarescu)
  • Novela hispanoamericana: La casa grande (Álvaro Cepeda Samudio)
  • Relatos en lengua extranjera: En el corazón del corazón del país (William H. Gass)
  • Relatos hispanoamericana: Seres queridos (Vera Giaconi)
  • Ensayo en lengua extranjera: Los primeros editores (Alessandro Marzio Magno)
  • Ensayo hispanoamericana: Librerías (Jorge Carrión)
  • Relectura del año: El astillero (Juan Carlos Onetti) 
  • Decepción del año: Un hombre enamorado "de sí mismo" (KOK)
  • Mención honorífica: Los libros de relatos de escritoras latinoamericanas, como Giaconi, Enríquez o Baudoin.
  • Propósito 2018: Apuntarme al gimnasio y sacar a Marc del lado oscuro knausgardiano

Carlos Andia y sus preciadas estatuillas:
  • Mejor novela: 'La grande', de Juan José Saer. Menciones especiales para 'Abril rojo', de Santiago Roncagliolo, y 'La invención de Morel', de Adolfo Bioy Casares. Vamos, que todo queda en el Nuevo continente.
  • Mejor relectura, y mejor obra de teatro, y mejor casi todo: 'Divinas palabras', de Ramón del Valle-Inclán.
  • Mejor obra dramática (después de 'Divinas palabras'): 'Esperando a Godot' de Samuel Beckett (reseña en breve)
  • Mejor clásico (después de 'Divinas palabras'): 'Los hermanos Karamazov', de Fiódor Dostoyevski
  • Mejor libro de relatos'Historia universal de la infamia', de Jorge Luis Borges
  • Peor libro de relatos'Alevosías', de Ana Rossetti
  • Mejor libro de historia/pensamiento/política'La ciudad en la historia', de Lewis Mumford
  • Mejor libro de arte/estética'Apariencia desnuda', de Octavio Paz
  • Descubrimiento del año'Imposibles impensables', de Santi Pérez Isasi
  • Decepciones varias: para qué comentarlas (tampoco son tantas, eh?)
  • Objetivos para el 2018: 'Tristram Shandy', que voy posponiendo demasiado tiempo, y algunas cosillas de narrativa reciente que van a merecer la pena. Y a lo mejor le doy otra oportunidad a Houellebecq.

Oriol Vigil dice:
    • Mejor novela: Pregúntale al polvo, de John Fante.
    • Peor novela: Lunar Park de Bret Easton Ellis.
    • Mejor novela de terror: Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
    • Mejor novela gráfica: El paraíso perdido, de Pablo Auladell.
    • Mejor libro sobre arte: Historia de seis ideas, de Wladyslaw Tatarkiewicz.
    • Mejor antología: Entre Ciudades invisibles, de Italo Calvino y Todos los cuentos, de Cristina Fernández Cubas.
    • Mejores ensayos: Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag, La banalidad del mal, de Hannah Arendt y Ética a Nicómaco, de Aristóteles.
    • Mejores redescubrimientos: Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski y Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol.
    • Decepciones (obra que era muy buena y se está yendo al garete): Berserk, de Kentaro Miura. ¿Por qué le ha tenido que llegar El Eclipse a este manga? ¡¿Por qué?!
    • Placer culpable: La pistola de mi hermano (Caídos del cielo), de Ray Loriga.
    • Libro tristemente necesario: Carta sobre el comercio de libros, de Denis Diderot.

      Beatriz Garza dice:
      • Libro del año: Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan
      • Tochonovela del año: no gasto de esas, gracias
      • Relectura del año: El turista accidental, de Anne Tyler
      • Decepción del año: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano
      • Lectura abandonada a medias que pretendo retomar: Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald
      • Libro que voy a leer antes o después: Prohibido nacer, de Trevor Noah
      • Autor descubrimiento del año: Delphine de Vigan
      • Propósitos de 2018: descubrir a Siri Hustvedt (previo asesoramiento de Marc), y a Stephen King (sí, lo reconozco, my fault). Leer más novela gráfica. 

      Carlos Ciprés dice:
      • Ensayo revelador: Leer es un riesgo, de Alfonso Berardinelli
      • Descubrimiento a buenas horas: Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sanchez Ferlosio
      • Momentazo donostiarra: La ciudad, de Karmelo C. Iribarren
      • Lectura fascinante: Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlín
      • Otra lectura fascinante: Crui. Els portadors de la torxa, de Joan Buades
      • Novela gráfica: Pobre cabrón, de Joe Matt
      • Pequeñas decepciones: La vuelta al día, de Hipólito G. Navarro, Moby Dick, de Herman Melville, Les dones i els dies, de Gabriel Ferrater
      • Propósitos para 2018: Releer a Sciascia, de pe a pa. Acabar el año con un resumen plagado de libros reseñados. Y que ustedes lo disfruten.

      Santi dice:

      Francesc Bon opina:
      • He tenido años mejores
      • No tocar ni con un palo: Cualquier obra de todos esos autores que creen que puede escribirse un libro a base de frasecitas trascendentes enlazadas una a una con dos personajes que van pasando por ahí de vez en cuando a pasarle lametones por la cara a su CREADOR. Vosotros ya sabéis quiénes sois
      • Lo mejor de este año: El vendido de Paul Beatty
      • Accésit "lo bueno si breve dos veces bueno":  La uruguaya de Pedro Mairal
      • Destacados locales: Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer
      • Propósitos de año nuevo alternativos a los gimnasios y adelgazar y no ser tan pedante: algún Gaddis de los que quiebran la muñeca, el máximo de Rodoreda que sea capaz de mantener mi criterio con algo de credibilidad
      • Abandonos sonados de los que no voy a arrepentirme: La quinta estación, de N.K. Jemisin (moraleja: lo mío no es la sci-fi), Patria, (de ya sabéis quien y no me da la gana ni poner el vínculo), y otras decenas no dignas de mención
      • Nuevas esperanzas: por favor, algún ensayo de Houellebecq o Franzen o Tom McCarthy
      • Lista de deseos: tiempo 
      Montuenga dice:

      FICCIÓN:

      NO FICCIÓN:

      domingo, 11 de febrero de 2018

      Reseña + Entrevista: No aceptes caramelos de extraños, de Andrea Jeftanovic

      Año de publicación: 2011
      Valoración: Muy recomendable

      Hay ocasiones en las que uno se acerca a un libro simplemente por su título. En este caso, “No aceptes caramelos de extraños” me trae recuerdos de una infancia sobreprotegida, de abuelas que te ordenaban “no le des patadas a las bolsas vacías” o “no te arrimes a la orilla del río a tirar piedras”, por ejemplo. Estos acercamientos a cualquier cosa por reminiscencias del pasado son peligrosos,  no suelen acabar bien. No ha sido así esta vez. La intuición no ha fallado. Y es que “No aceptes caramelos de extraños” es un muy buen libro de relatos.

      Once son las historias que conforman este volumen; historias que giran alrededor de temas como la identidad, la muerte, el dolor, la violencia, la pérdida o el sexo. En todas ellos, la chilena Andrea Jeftanovic nos pone ante situaciones extremas y angustiosas no siempre protagonizadas por "extraños".  Los monstruos pueden estar muy cerca; a veces, incluso, en uno mismo. No hay apenas refugio posible.

      A lo largo de los relatos encontramos abusos sexuales, incesto, matrimonios que se resecan y se desgastan, seres desarraigados que buscan una identidad, niños desaparecidos, sexo, soledad, muerte y locura, con apenas un leve resquicio a la esperanza en el final “Hasta que se apaguen las estrellas”.

      Once relatos como once puñetazos en plena boca del estómago que te dejan con la impresión de haber sido situado frente a un espejo en el que se reflejan obsesiones y miedos que habitualmente nos negamos a reconocer, once historias en las que predominan el lenguaje poético y las metáforas y en los que Jeftanovic se sirve, en muchas ocasiones, del uso combinado de la primera y de la segunda persona para hacer aún más descarnada la narración.

      Quisiera destacar también los finales de los relatos. Hay tres en particular que me han parecido soberbios por impactantes, pese a ser los tres completamente diferentes. Se trata de “Marejadas”, “Primogénito”  “La necesidad de ser hijo”.

      Podría extenderme en analizar cada relato, pero no llegaría a expresar el desasosiego que hacen sentir. Mejor buscadlos, leedlos y comprobad, una vez más, que una de las principales funciones de la literatura (y del arte, en general) es el cuestionamiento y la exploración de los límites de la psicología humana.

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      Aprovechamos la ocasión para, gracias a la intermediación de la editorial Comba, mantener una pequeña charla con Andrea (mil gracias, Andrea). No os perdáis sus jugosas respuestas, infinitamente más interesantes que la reseña.

      P: En esta época de “poscensura” relatos como “Árbol genealógico”, “Miopía” o, incluso, Primogénito” pueden ser malinterpretados y dar lugar a “problemas”, como ya te ocurrió en algunos países con el primero de ellos. ¿No es un poco alucinante que a estas alturas estemos así? ¿Por qué crees que ha podido haber esta involución?


      R: Muy de acuerdo, es alucinante lo de la censura o corrección política en el arte; es una contradicción. Hay que sancionar la realidad, hay que sancionar a los criminales de guerra, a los políticos corruptos, a los empresarios que se coluden, a los profesores y religiosos que abusan de los niños. Hay que sancionar la violencia de género, la asimetría, las malas prácticas laborales. Hay que sancionar la realidad, no hay que sancionar libros o películas que traten sobre la corrupción, sobre los móviles de crímenes, deseos equivocados, o exploren tabúes sociales. Es ridículo que se retiren cuadros de museos o se censuren canciones, es otra dimensión, simbólica, metafórica. Y, además, implica infantilizar al lector o espectador. SI fuera así no podríamos leer ni la Biblia, que está llena de pasajes de familiar disfuncionales, incestos y transgresión de tabúes. Para qué decir la tragedia griega, las obras de Shakespeare, Faulkner, Nabokov y tantos más.
      Cuando me hacen líos por mis cuentos pienso en eso, pienso que si fuera así, un cuento que aborda un tabú es peligroso para la sociedad, también se debería censurar a los escritores de novela negra porque incentivan el crimen. La literatura no es una manual de convivencia cívica. Intento en mis relatos mirar dolores, problemas insostenibles para remecernos. Por ejemplo, en Árbol genealógico que escribí a partir del un caso de impunidad de un empresario que abusaba de menores, y lo recojo como algo que motiva a una hija y un padre a fundar una nueva sociedad. O los otros que mencionas, en Primogénito, está la pulsión de los celos y cómo deforman la realidad. Y en Miopía, están también los celos entre dos hermanas y la confusión con el relato del pasado y los traumas. Son historias confusas, no sé sabe bien quién es el culpable, el quién tiene la razón. Sí hay un narrador que intenta seducirnos y envolvernos en su versión de los hechos, y eso es algo que hacemos todas las persona. Ordenar los hechos para que tengamos la perspectiva más valida. La literatura pide que entremos de otro modo para sorprendernos o llevarnos a reflexionarnos.

      P: Un poco vinculado a lo anterior, ¿sigue siendo una de las principales funciones de la literatura la de mostrarnos nuestro “lado oscuro”, aquello que no nos atrevemos a mirar o a reconocer?

      R: No es su única función, pero es natural que la literatura haga un registro de momentos históricos conflictivos, observe relaciones humanas tensas, o entre en la compleja vida psíquica. Hay libros luminosos, de temas de amistad pero es difícil eludir lo oscuro; somos un juego de sombras. Es cautivante trabajar las zonas de vulnerabilidad de los seres humanos, alumbrar sus contradicciones. Me interesa trabajar la incomodidad, las preguntas morales; todo el tiempo enfrentamos decisiones que recorren la curva del bien y el mal.

      P: De las once historias que componen “No aceptes caramelos de extraños”, en casi todas (o en todas) nos encontramos con personajes en situaciones límite. ¿Son más literarios los personajes en este tipo de situaciones?

      R: Creo que como metodología, me gusta empujar a mis personajes a un abismo. Porque en ese riesgo se puede reinventar. Me gusta pensar que sus mentes y emociones se enfrentan a un movimiento, un desplazamiento. Además, cuando enfrentas a un personaje a una situación límite de algún modo lo enfrentas a un dilema, y me interesa cómo se despliega su disquisición interna. Me interesa la vida psíquica y su infinitud, sus vericuetos, sus operaciones químicas, sus zonas de misterio. Y, también todas las sociedades han pasado por situaciones políticas límites que obligan redefinir la nación. En esa escritura política, también de la memoria, me interesa el trabajo más elíptico, es decir, ver el cómo se cuela lo público en los intersticios de lo privado, en los modelos amorosos, en las estructuras familiares. Me gusta escribir sobre esos umbrales. Sin duda, los procesos políticos cruzan o impactan la relación con nuestro cuerpo y el de otros. Me interesa el cruce entre lo colectivo y lo privado, la violencia y la belleza.

      P: En cuanto al estilo de los relatos, me ha llamado la atención el uso combinado de la primera y de la segunda persona, quizá como forma de interpelación más directa al lector. No sé si ese recurso funcionaría igual en novela. La pregunta es: ¿crees que por su extensión el relato ofrece mayores potencialidades a la hora de “arriesgar” o “experimentar” que otros géneros?

      R: La novela también puede ser un género muy experimental. Lo que sí es verdad es que el cuento necesidad tensión, condensación. Entonces, en ese contexto la muda de narradores permite mostrar de modo condensado, rápido, cambios de puntos de vista. Creo que el cuento se parece bastante al guion de cine, debe ser veloz, evocar imágenes, sintético, elíptico.

      P: También está muy presente en buena parte de los relatos el lenguaje poético ¿Cuál es tu relación con la poesía? ¿Puede haber salto de la prosa al verso?


      R: Ojalá mis líneas tengan algo de poesía, es un género que me seduce mucho por su síntesis, por la precisión de las palabras, por el poder las imágenes, por su opacidad. Me gusta buscar algo de belleza en la narrativa, en la forma de pensar las oraciones, en el ritmo del fraseo, en el sonido y grafía de las palabras. Me gusta que sea más indirecto, que abra una misteriosa puerta, que seduzca con belleza.

      P: Me parece percibir temáticas e inquietudes relativamente similares en un grupo de escritoras latinoamericanas actuales, como Mariana Enríquez, Vera Giaconi, Magela Baudoin, etc. ¿Casualidad, mirada generacional o simple error mío de apreciación?

      R: Es curioso, yo creo que nuestros libros se gestaron sin conocernos, pero luego al leerlos se cruzan en muchos sentidos, casi como vidas paralelas. Creo que todas las autoras que nombras, muy admiradas por mí, hay un trabajo con la intimidad, con los tabúes de los modos familiares, con la voz de los niños. Quiero pensar que pese a toda nuestra liberalidad, como ciudadanos del siglo XXI; el núcleo de los afectos sigue siendo un nudo de marinero. Toda relación humana es ambivalente, exigente, dinámica.  Y, agregaría, al menos con el caso argentino, que por un asunto generacional, heredamos sistema autoritarios muy crueles, y como “hijas de esa experiencia”, creo que estamos escribiendo, no desde el realismo, espero más metafóricamente, los efectos psíquicos de las dictaduras. Efectos que, en mi opinión, de algún modo se visibilizan y algo pueden ayudarnos, no del todo, a comprender, con horror, la actual crueldad en crímenes privados como feminicidios o infanticidios. Hay una deformación de la empatía y de algún modo, como dijo Freud, lo familiar se volvió monstruoso, ominoso.


      P: Chile ha dado a la literatura universal nombres por todos conocidos. Otros, en cambio, parecen casi olvidados, como el caso de Carlos Droguett y su “Patas de perro”, que recientemente reseñamos y nos parece una gran novela. ¿Cuál es, para ti, el secreto mejor guardado de la literatura chilena (no vale decir Andrea Jeftanovic, que ya te hemos descubierto)?

      R: Carlos Droguett es un genio. Tiene un fraseo de locos, intenso, casi no usa puntos aparte. Patas de perro es una novela poderosa, profunda, se adelantó a la discusión de las minorías, la tolerancia a la diferencia, de los cánones de la belleza, del maltrato al niño. En un punto es una novela queer, las identidades, los deseos no son binarios, se improvisan fuera de las categorías. Y también registró el ejercicio de la memoria,  cuando se abre el volumen con “Escribo para no olvidar”. La novela es un ejercicio de memoria con un lenguaje farragoso. Para mí, que he explorado el lugar de los niños en la literatura, me interesa mucho esa novela, porque el cuerpo híbrido de Boy, mitad perro-mitad- niño, está en disputa por la familia, la educación, la medicina, la asistencia social. Y, además, ese cuerpo diferente despierte todo tipo de pulsiones –espejo: violencia, culpa, vergüenza, pero también, curiosidad y deseo.

      Autores chilenos contemporáneos por descubrir hay muchos, pienso en los nombres que no se han publicado en España, y en ese sentido nombraría a Eugenia Prado, Beatriz García Huidobro, Nicolás Poblete, Matías Celedón, Marcelo Leonart y Mike Wilson. De la autoras nuevas chilenas me parecen muy poderosas Constanza Ternecier, María José Navia, Mónica Drouilly, Romina Reyes, Daniela Acosta. Además, son muy inquietas, trabajan en traducción, guiones, universidad, teatro.

      P: Por último, has publicado relato, novela, ensayo, crónica… Vaya, una autora de lo más polifacética. Sé que esto puede ser como preguntar a alguien a quién quiere más, si a papá o a mamá, pero… ¿Cuál de tus obras recomendarías a alguien que tuviera que descubrir a Andrea Jeftanovic?

      R: Quizás recomendaría partir por el inicio, por Escenario de guerra, y seguir la ruta sin orden cronológico. Cada libro ha sido fruto de un largo proceso y entre ellos hay vasos comunicantes. Sé que tengo un perfil algo eclético también hago crítica de teatro y asesoro guiones, pero pienso que más allá del formato la que está escribiendo es la misma persona, que tiene una mirada, una impronta, ciertas búsquedas. Leo a muchos bandos y escribe con miles de carpetas y archivos en libretas y en mi computador. Manejo muchas ventanas abiertas, muchos compartimientos abiertos a la vez. Lo que es bueno y malo.