Mostrando entradas con la etiqueta escritores guatemaltecos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escritores guatemaltecos. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de marzo de 2025

Padres de libro: Un hijo cualquiera de Eduardo Halfon

Idioma: español

Año de publicación: 2022

Valoración: recomendable

Penúltima entrega, hasta la fecha, de eso que podemos llamar, sin resultar demasiado pedantes, el corpus literario de Eduardo Halfon, dada la coherencia y continuidad entre unas obras y otras. Como es de esperar, pues, encontramos aquí esa variante autoficcional habitual en él (y, por suerte, de gran nivel e incluso interés; no se trata de esa autoficción trucha, tan extendida), que resulta de la combinación de recuerdos infantiles, indagación sobre la doble identidad cultural guatemalteca y judía y explicaciones acerca del despertar de su interés en la literatura, lo mismo como lector que como escritor. Pero, al igual que suele ser habitual en sus otros libros, escoge un tema, un leit motiv a partir del cual organizar el resto de la narración. 

En este caso, se trata de la paternidad, tanto la suya y su relación con su hijo, así como la que él mantenía con su padre. Sin embargo, estos capítulos/relatos -pues son independientes unos de otros- se alternan con otros que no tiene mucho que ver con el tema; todo lo más , en algunos encontramos una referencia, a veces dolorosa, a los niños, pero, en general, parecen más relleno que otra cosa (dicho en un sentido estricto, no despectivo, puesto que su calidad es igual o puede ser incluso superior al resto). Es lo que sucede con un par de ellos que se desarrollan en Guatemala y aluden a su cultura e Historia reciente: El anfiteatro y el estremecedor Beni. Otros como Unos segundos en París, La pecera y Papeles sueltos, tratan, en cambio de su aprendizaje en el oficio de escribir, en Francia y Bélgica (esto de que sus relatos en primera persona se desarrollen en distintos países , porque también hay otros que ocurren en España o EE.UU., es algo también muy propio de este escritor; sin embargo, en vez de resultar de un cosmopolitismo forzado o postureo, Halfon consigue que resulte algo no sólo creíble, sino perfectamente natural). Incluso uno de ellos El último tigre, es una anécdota familiar que, supuestamente le cuenta un compañero becario -de la Wissenschaftskolleg de Berlín, cómo no- de origen indio.

No obstante, los capítulos/relatos que más nos interesan o al menos los que justifican la inserción de esta reseña en esta semana temática, son los que Halfon dedica a la relación con su hijo, que comienza con el nacimiento, que nos cuenta en Un pequeño corte y prosigue por distintos momentos de la niñez más temprana del chaval. Son capítulos en los que no suceden acontecimientos dramáticos o siquiera de una singularidad especialmente memorable, sino más bien pequeños momentos cotidianos, de una trascendencia doméstica, pero no por ello menos relevantes y, desde luego, de una gran ternura. Es lo que encontramos en La nutria verde, en Wounda y, en los dos que más me han gustado, Domingos en Iowa y Leer calladito, sencillos pero entrañables e incluso preciosos momentos de la relación de un padre con el hijo al que cuida y al que debe educar. Y viceversa. 

El último relato, sin embargo, lo dedica Halfon a un recuerdo de cuando siendo él niño, su padre le contó que de pequeño, a su vez, había estado a punto de morir ahogado en el mar. El niño y futuro escritor Eduardo acaba preguntándose por la identidad cambiante de padres e hijos y la incerteza de nuestro destino (algo que sobrevuela también otros capítulos del libro, por lo demás), y nos deja con un sabor agridulce, algo también bastante característico de la literatura de este autor. De lo mejorcito que se está escribiendo hoy en día, en castellano y seguramente en cualquier otra lengua, todo sea dicho... 


Muchos otros libros de Eduardo Halfon reseñados: aquí

sábado, 29 de junio de 2024

Eduardo Halfon: Tarántula

Idioma: español

Año de publicación: 2024

Valoración: recomendable

Última entrega de esa especie de gran novela por ídems que nos está ofreciendo Eduardo Halfon desde hace años; todas diferentes, no es que se repita, pero todas vienen a tratar sobre lo mismo: su vida , su familia, su país y las circunstancias de todos ellos, en un ejercicio de autoficción (habría que ver cuánto hay aquí de "auto" y cuanto de "ficción", que sospecho que es una buena parte) que, por una vez y sin que sirva de precedente, no sólo no me disgusta sino que me tiene interesado y aun fascinado... Porque, no me cansaré de repetirlo las veces que haga falta, Halfon escribe muy, pero que muy bien, y así se le puede perdonar todo.

Se le puede perdonar incluso que transite por caminos un tanto trillados. Porque aquí, amigos y amigas de ULAD, en este enésimo ejercicio memorístico-literario que Halfon nos ofrece y que no sólo nos deleita, sino que incluso nos puede poner los pelos como escarpias, se le ve un poco el cartón, me temo... Al menos un par de veces y más aún si nos ponemos en modo inquisidor, que, bueno, tampoco es el caso porque Halfon nos cae o me cae, especialmente bien, pero aún así, hay que señalar que alguna situación que plantea en el libro resulta bastante previsible, o incluso puede parecer directamente una mistificación a según qué lectores... (no revelaré de qué se trata porque tampoco es cuestión de espoilearle a nadie, claro). Y eso que el punto de partida de la novela resulta cuando menos, original: el autor rememora cuando, a sus trece años y tras un par de ellos viviendo en EE.UU., sus padres les enviaron de vuelta a Guatemala a él y a su hermano para que pasaran una temporada en un campamento de las montañas dirigido a niños de familias judías centroamericanas, con el objetivo de convertirles no ya en unos buenos judíos, sino incluso en unos buenos sinoístas. Claro que el campamento  se planea ir aún más allá y ofrecer a la muchachada toda una inmersión en la experiencia judía, en toda su amplitud, y hasta aquí puedo contar, que de lo que se trata es de que leáis el libro, no de hacer un resumen en plan el Un Libro Al Día trucho (que existe, por desgracia).

Ya sé lo que me podríais decir, porque es lo mismo que pensé yo en un principio (y quizás fuera lo mismo que dijeron en su editorial), que este 2024, lo siento, Eduardo, no es el momento más adecuado para que los lectores empaticen con las cuitas de unos niños judíos de familias pudientes que está siendo adiestrados para ser buenos sionistas y no os faltaría razón. Ahora bien, pensando sobre ello, tal vez Eduardo Halfon sí que ha publicado esta parte de su "gran  novela de autoficción" en este 2024 tan poco propicio para ciertas solidaridades con toda intención porque esta no sólo trata de las cuitas unos niños judíos en un campamento en las montañas de Guatemala, sino, sobre todo, del veneno que esa tarántula del título -se trata de una metáfora, tranquilos todos los aracnofóbicos/as- es capaz de inocular en cualquiera y provocar que el infectado se comporte de la manera más bárbara posible, masacrando a todo niño palestino que se le ponga por delante, por ejemplo... Y para ese veneno, me temo, no hay antídoto posible. Ni siquiera pertenecer a un pueblo o a una religión, que ha sufrido lo indecible a lo largo de los siglos. Y eso es algo que Halfon sabe bien y nos lo cuenta aquí.

Bastantes más libros de Eduardo Halfon reseñados: aquí

viernes, 21 de mayo de 2021

Eduardo Halfon: Canción

Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: recomendable

En este blog nos gusta mucho Eduardo Halfon o, por lo menos, nos gusta a varios de nosotros: la prueba está en la buena cantidad de reseñas, todas favorables, que hemos hecho sobre sus libros... Y las que aún nos quedan, porque este escritor atesora ya un buen número de títulos publicados, aunque bien es cierto que, en genral, se trata de libros bastante breves y que guardan no poca relación entre sí, de tal manera que casi se diría que se trata de diversos capítulos de un único libro que Halfon va escribiendo por entregas, a su ritmo.

Así pues, esta Canción comparte elementos con otros libros del mismo autor, aunque haya variado un tanto la partitura, si se me permite el tropo facilón -y algo tramposo, pues el título no tiene nada que ver con canción o música alguna, aviso-; encontramos también al propio Halfon como personaje-narrador y, como en otros de sus novelas o relatos, se encuentra de viaje en un país cuyo idioma desconoce y donde debe elaborar una identidad ad hoc, de acuerdo con las expectativas ajenas: en este caso -y es lo más jocoso del libro- invitado a un congreso en Tokio sobre literatura libanesa, él, un guatemalteco que nunca ha estado en el Líbano y cuyo vínculo con ese otro país se debe tan sólo (o nada menos), a que es el lugar de origen de su abuelo paterno.

El segundo punto en común es fácil de adivinar: este libro también trata, en gran medida, sobre la historia familiar de Halfon, en este caso de su abuelo paterno, que se llamaba como él -es decir, él como su abuelo-, un judío emigrado a Guatemala desde Beirut, previo paso por París y que en el país centro americano prosperó  hasta el punto de ser secuestrado, en el año 1967, por la guerrrilla insurgente, para cobrar un rescate. Enlazando con este asunto, Halfon le sigue la pista, muchos años después,  a algunos de los secuestradores de su abuelo, en especial a uno de ellos, y nos cuenta su devenir, aasí como nos instruye en ciertos momentos dolosos de la Historia reciente de Guatemala (que supongo poco conocidos para quienes no seamos guatemaltecos). De forma más amplia, aprovecha para presentarnos toda una serie de personajes más o menos curiosos que van poblando los distintos vericuetos por los que transcurre la novela y que, aunque sea por unos pocos párrafos, consigue que conciten todo nuestro interés, como si fueran los principales protagonistas; algo muy característico, también de la obra de Halfon, me parece.

Todos estos elementos, Guatemala, Japón, Líbano, su familia, los secuestradores, etc. los va combinando el escritor avanzando y retrocediendo en el tiempo, dando saltos de un país a otro y de una línea narrativa a la siguiente, pero sin que el resultado que de caótico, sino dotado de cierta agilidad y ligereza. Eso sí, algunas de esas narraciones quedan un tanto deshilachadas y quizá le falte un poco más de consistencia al conjunto. Una carencia que, de todos modos, queda compensada por la extraordinaria capacidad de Halfon -de la que, sospecho, es muy consciente- de captar y mantener la atención del lector a las pocas líneas de haberse puesto con cualquiera de sus libros. Con un estilo, además, sencillo y natural, en absoluto recargado -lo que no significa que no utilice los recursos narrativos que le interesan en cada momento-; algo, me temo, al alcance de muy pocos, los tocados por la Gracia literaria.... Entre quienes no está en útimo lugar, desde luego, Eduardo Halfon (nieto).


Varios libros de Eduardo Halfon reseñados en este blog: aquí

viernes, 28 de febrero de 2020

Augusto Monterroso: Obras completas (y otros cuentos)


Idioma original: castellano
Año de publicación: 1959
Valoración: Seguramente imprescindible

La coña de Monterroso parece empezar por el mismo título, toda vez que Obras completas (y otros cuentos) es justamente su primera obra publicada. Al final, la broma no es tan evidente, porque este es también el título de uno de los relatos que se incluyen en la compilación, pero dice mucho acerca de lo que encontraremos en el libro: el equívoco, el juego de las apariencias, los significados múltiples, la ironía. Estamos ante un autor sumamente inteligente, y eso es muy buena noticia para el lector.

Monterroso es reconocido como el paradigma de las fórmulas más compactas de la narrativa: el microrrelato, la fábula, el aforismo. Algo de ello hay en este libro, ya lo comentaré, pero en su mayoría son relatos breves que no se salen de las pautas habituales de extensión o desarrollo argumental. En general, se puede decir que la prosa de Monterroso enamora desde las primeras líneas por su sencillez, casi dulzura, y por la ironía que empapa el texto entero. El sarcasmo y la chispa intelectual hacen aflorar la risa en no pocos momentos, pero el humor no es en absoluto gratuito, está al servicio de cada una de las pequeñas historias, y adquiere distintos tonos para subrayar a veces la perplejidad ante el absurdo, elevar la acidez de la sátira, o denunciar la incomprensión, según los casos.

La variedad de temas aumenta el atractivo del libro. Tenemos cuentos de aire borgiano, como Sinfonía concluida, en la que se descubre la parte que faltaba de la Inacabada de Schubert, o El centenario, sobre los vaivenes de la fortuna de un gigante sueco, relatos en que la frontera de lo inverosímil queda borrada al incorporar un cierto tono erudito. En algunas ocasiones se desnuda la incapacidad para asumir la cultura indígena (espléndido El eclipse), o para entender la música (El concierto), mientras se deja un pequeño rastro, extremadamente sutil, de crítica a lo que podríamos llamar los poderosos, ya sea el occidental prepotente o el general absorto en su esfera de poder. O la Primera dama, desconcertada en su papel, que no sabe encajar bien con las que considera sus obligaciones humanitarias. Centroamérica es sin duda un vivero inagotable de dictadores de todo pelaje que don Augusto sin duda conocía de primera mano pero, al menos en este volumen, no es el sátrapa el fustigado sino su entorno inmediato, con el que disfruta desplegando su fina pero implacable ironía.

Con frecuencia tenemos personajes en apuros, que en varias ocasiones quedan al descubierto en el curso de algún evento público, como ocurre en los dos relatos que acabo de citar. Esta situación se lleva al límite del disparate en No quiero engañarlos que, aunque es quizá el más divertido de todos los cuentos, no deja de tener mucho contenido en diversas capas. En el estreno de una película, director, guionista y varios actores dirigen unas palabras al público, y entre ellos interviene la mujer del productor, aunque ella apenas ha tenido alguna participación en el rodaje. Su intervención se alarga (ríanse de Almodóvar en la entrega de los Oscar), y la cosa se pone más embarazosa a cada minuto. Pese a lo cómico de la situación, no es posible dejar de sentir una corriente de simpatía y desazón por una mujer consciente de no pintar nada, no ya en la película sino en la vida misma.

Sobre ese terreno de la frustración, también vestida de humor, se asientan los dos relatos que se centran en la creación literaria, Leopoldo (sus trabajos) y el que da título al volumen. Las musas no siempre acuden cuando se les espera, el escritor se queda seco y la hoja, en blanco. Incluso se plantea la condición misma de escritor, hasta dónde es real o un mero proyecto (una apariencia, una convicción). Pero los personajes de Monterroso tampoco se rinden fácilmente, y buscan la forma de rellenar ese vacío sin dejar que decaiga su aura artística: el escritor es escritor aunque no escriba nada, y su actividad creativa consiste entonces en anotar fantásticas ideas que desarrollará más adelante, o en prepararse indefinidamente para el gran momento de empezar a crear. La lucha estéril, el nadador contra corriente, el autoengaño (la ensoñación) son imágenes que afloran aquí y allá, provocando la sonrisa y un punto de… sí, lo digo, de ternura.

Naturalmente encontramos pequeños altibajos en el conjunto pero el nivel es casi siempre espléndido, se lee con gusto y despierta interés a cada línea, se ríe uno con frecuencia, se disfruta de la agudeza de la prosa y del ritmo irreprochable, y quizá por todo ello es sencillo empatizar con cada uno de los personajes, hombres y mujeres contradictorios, bienintencionados, valientes, ridículos. Humanos hasta bordear el esperpento, quizá como cualquiera de nosotros.

Y claro, también está el famoso microrrelato del Dinosaurio. Posiblemente otra genialidad.

Otras obras de Augusto Monterroso en ULAD: Movimiento perpetuo

martes, 26 de noviembre de 2019

Eduardo Halfon: El boxeador polaco

Idioma: español
Año de publicación: 2009 y 2010 (aunque reunidos todos los relatos de esta edición, 2019)
Valoración: recomendable

Acordaos de mis palabras: algún día a Eduardo Halfon le darán un premio gordo, tipo Cervantes o Nobel; bueno, digo algún día porque para el Cervantes es aún un pimpollo, como quien dice, pues sólo se concede a quienes ya bordean o están en plena senectud. Aunque para el Nobel ya está en edad, ciertamente, y a saber por dónde les da la ventolera a los suecos, habida cuenta además, que este escritor reúne varias características que suelen gustar a esa gente: escribe en una de las lenguas más habladas del mundo, pero desde una posición digamos "exótica" (cierto es que si alguien nos lee ahora mismo desde Guatemala, no lo considerará tan exótico, claro... Que piense entonces en su ascendencia multicultural); es además un autor conocido, pero quizás no del gran público y sobre todo, ha ido forjando una obra sólida y coherente, de lo más personal -de hecho, es de los pocos practicantes del onanism autoficción que merecen la pena, creo- y, por supuesto, de una calidad literaria enorme y constante; una especie de Messi literario, vaya... Porque, vamos, el tío escribe que da gusto: bonito y facilito (de leer), capaz de sacar oro molido de cualquier tema, incluso anecdótico, con esa elegancia y soltura que se detecta en otros grandes (pero no grandilocuentes) escritores como Dovlátov o Ítalo Calvino, a quienes uno imagina pergeñando una maravilla de texto en una servilleta de un restaurante, en una libretilla, de pie en la parada del tranvía o en un papel cualquiera, torcido sobre la mesilla de noche de un hotel. 

En fin, como ya digo, a Eduardo Halfon algún día le darán un premio de los tochos y entonces ustedes, vosotros, lectores acérrimos de Un Libro Al Día, podréis daros pote comentando que eso ya lo sabíais y que es un autor de una obra sólida, coherente, constante, personal y de gran calidad, y poner como ejemplo este El boxeador polaco, compilación de relatos -más o menos- que ha tenido este mismo año una reedición, ampliada, en Libros del Asteroide, puesto que su primera edición de 2009, en la valenciana Pre-Textos, era ya inencontrable, para desespero de los muchos admiradores de este escritor. Además, para esta ocasión el libro se ha fundido -o soldado con estaño, por emplear la metáfora que insinúa su autor- con otro, La pirueta, publicado en origen por la misma editorial y que en su momento -2010- ganó el premio de novela corta José María de Pereda; porque aunque se pueda leer como relatos independientes y como tales se presenta, los que formaban parte de este libro constituyen una auténtica novela corta (o más o menos, también). El caso es que además, existe una relación entre los dos libros originales y elementos del primero aparecen en el segundo, por lo que incluso más que nada deberíamos hablar de una imbricación entre ellos -algo característico, en realidad y haasta donde yo conozco, de toda la obra de Halfon-; soldada también, si se quiere.

Los primeros relatos son independientes entre sí, aunque todos tienen un aire en común, escenarios y ambientes similares, además de cómo no, un protagonista que es el propio Eduardo Halfon -o un tipo que se llama como él- y que también es profesor de literatura en una universidad guatemalteca, de familia judía, ha estudiado ingeniería en Estados Unidos y frecuenta la hermosa ciudad de Antigua, en su país natal. En el primero (no quiero desvelar mucho, aunque tampoco es que la sorpresa sea el factor determinate de estos ¿cuentos?, Lejano, el profesor Halfon, aburrido de dar clase a estudiantes estultes o desinteresados por su tema, descubre en un alumno indígena becado a un poeta excepcional, Fumata blanca nos cuenta cómo se liga a una turista israelí. Y ya. Twaineando relata un coloquio sobre Mark Twain al que asiste en Durham, Carolina del Norte (o del Sur, no sé), ciudad donde él mismo había estudiado años atrás. Epístrofe, cuando entra en relación con un pianista serbio medio gitano que le fascina por su forma de entender la música y su relación con el mundo que le rodea (es fácil colegir que Halfon hace una analogía con la literatura). Y en El boxeador polaco, que da título al libro, narra cómo su abuelo, judío polaco superviviente de Auschwitz y Sachsenhausen, le cuenta a su nieto la historia de los números que llevaba tatuados en el brazo y cómo salvó la vida, justamente gracias a un boxeador de su misma ciudad de Polonia. Es, sin duda, el relato más redondo de todos, quizás no el más sugerente, empero, pero sí el que sirve de piedra de toque del resto, pues en general, casi todos tratan de la identidad cultural o incluso étnica-no quiere decir que sea el único tema- y de cómo huir de ella o no conseguir huir de ella o buscarla y no encontrarla, o encontrarla y que se te escurra entre los dedos. 

El resto de relatos o capítulos, más bien, corresponden al libro La pirueta, y enlazan con Epístrofe. Halfon, obsesionado con la figura nómada del pianista serbio Milan Rakic, se interesa también, a través de éste, por la música gitana y por los propios gitanos balcánicos, hasta el punto de viajar a Belgrado para investigar entre esta comunidad el paradero de su amigo (epistolar, más que nada). La búsqueda se convierte en una auténtica aventura, que aunque no resulte tan verosímil como otros relatos más "autoficcionales" de este escritor, sí que gana en cierto lirismo, en colorido ambiental y en una fascinación que el autor logra transmitir al lector. Que luego esa fascinación se pueda convertir en una metáfora de algo -en el caso de Halfon, de la creación literaria- ya depende de la interpretación de cada cual.

Adjunto, de paso, un par de reflexiones sobre lo que es la literatura que nos deja este escritor y me han gustado (quien no quiera por miedo a un spoiler de ésos, que no las lea):

"La literatura no es más que un buen truco, como el de un mago o un brujo, que hace a la realidad parecer entera, que crea la ilusión de que la realidad es una (...)"

Y también: 

"Así, exactamente, es la literatura. Al escribir sabemos que hay algo muy importante que decir con respecto a la realidad, y que tenemos ese algo al alcance, allí nomás, muy cerca, en la punta de la lengua, y que no debemos olvidarlo. Pero siempre, sin falta, lo olvidamos."

Antes de acabar, dos notas, más bien anecdóticas: una es sobre el contenido del libro. Hay un refrán español que dice "quien parte y reparte se lleva la mejor parte". En este caso, Eduardo Halfon reparte y nos cuenta que, en al menos dos de los relatos del libro, hay bellas muchachas que se sienten atraídas y flitean, por no decir algo más, con él o un protagonista llamado como él. Asimismo, en la parte correspondiente a La pirueta, él o un protagonista llmado como él mantinen una relación sexualmente de lo más activa con una joven doctora muy deshinibida en ese terreno... y que además después de cada coito se dedica a representar gráficamente sus orgasmos. En el libro salen muchos y muy variados. Estos orgasmos, me refiero... ¡Hombre Eduardo, que se te ve mucho el plumero, como decimos por aquí!

La segunda anotación es incluso más superflua: me he dado cuenta de que con está ya van dos cubiertas seguidas de libros reseñados en las que aparece alguien montado en una bicicleta... Sólo puedo decir que es casualidad, pero también que no será la última... con permiso de Koldo, claro ; )



Otros títulos de Eduardo Halfon reseñados en Un Libro Al Día: MonasterioSignor HoffmanDueloBiblioteca bizarraSaturno

sábado, 1 de diciembre de 2018

Rodrigo Rey Rosa: Fábula asiática

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2016
Valoración: Está bien (o así)

Han visto que pongo Está bien, y es un poco una solución de compromiso, porque tampoco digo que no se pueda recomendar esta novela, aunque a mí me ha decepcionado por momentos, sobre todo por la expectativa creada después de saborear las primeras páginas, y de todas formas se deja leer, porque está bien escrita y tiene cosas interesantes, aunque otras son más discutibles. Así que entre recomendable y decepcionante, en vez de fórmulas más elusivas como ese encantador Estoy confuso que a veces se ha utilizado, le ponemos el Está bien, y casi todos contentos.

La mayor parte del relato se sitúa en Tánger, donde el guatemalteco Rey Rosa residió algún tiempo y se nota que conoce bien. Con estilo conciso y sin afectación alguna, consigue transmitir con eficacia el pálpito de la ciudad, que a ratos adquiere protagonismo en la narración. Los grandes centros tecnológicos norteamericanos están reclutando jóvenes con altas capacidades en todos los rincones del mundo, y entre ellos está Abdelkrim, cuyo padre confiesa su preocupación a un escritor mexicano, a quien entrega unos documentos que contienen algún misterio. Abdelkrim coincidirá en Estados Unidos con otros dos jóvenes con los que, no obstante sus diferencias culturales y religiosas, comenzarán a urdir un plan aparentemente disparatado. El mexicano –un poco trasunto del propio Rey Rosa- se verá envuelto en la extraña trama, cuyo contenido y resolución sólo conocerá el amable lector del blog cuando se lea el libro, faltaría más.

Como decía al principio, el inicio resulta sugestivo, con una zona oscura como centro de atención, y una cuestión muy actual, la captación de cerebros y los posibles problemas de su integración en el ‘sistema’. Porque, claro, se importa a estos jóvenes brillantes para mayor gloria de Occidente (básicamente, USA) pero ¿qué ocurre si la asimilación no es completa o, aún más inquietante, si no es real? Algo así es lo que plantea la novela: Abdelkrim (musulmán suní) y sus dos colegas (un griego nazareno y un guatemalteco ateo) coinciden en considerar inadmisible continuar acumulando conocimiento si realmente esto no sirve para eliminar el sufrimiento de la Humanidad, que por el contrario aumenta sin cesar mediante guerras alimentadas por la venta de armas. Ante tales horrores, plantean una especie de eutanasia global, el regreso a épocas pretecnológicas, un borrado de la civilización asesina.

Esta especie de complot anarcoterrorista fluye por el relato en un segundo plano, mientras observamos a sus protagonistas en distintos lugares, bien en sus respectivas ocupaciones de alto valor añadido, o en sus lugares de origen. En este último caso, la acción se centra durante algo más de tiempo en la Grecia de donde procede uno de los implicados, lo que es útil para tener de telón de fondo el flujo de migrantes que llega a las playas huyendo sobre todo de Siria. Es una imagen, intermitente pero continua, que ilustra la que quizá es la más reciente muestra de ese sufrimiento masivo que el progreso no ha sabido o querido frenar. 

De manera que el libro tiene algo de novela de tesis, o al menos plantea muy claramente un punto de debate, poniendo en tela de juicio todo lo que se ha venido considerando civilización. Pero es también un thriller, con una intriga bien desarrollada, o mejor dicho sugerida, que conduce al lector por rutas dispares, aunque sin que se pierda en ningún momento la convicción de un desenlace que de alguna manera será doloroso.

El problema es que la construcción de esa intriga no me parece muy convincente. Los personajes son esencialmente planos, tal vez con la excepción del padre de Abdelkrim, hay algunos giros brillantes pero otros bastante menos logrados y, sobre todo, una especie de descompensación visual: el desarrollo de la trama permanece prácticamente oculto, aunque lo intuimos, y por el contrario, se nos despliegan algunos escenarios y situaciones un poco a lo James Bond, a los que francamente me cuesta verles justificación.

Digamos entonces que hay un poco de todo, cosas interesantes y elementos algo extraños que hacen pensar que algo no ha funcionado exactamente como debía. Y me deja así, es verdad, confuso.

P.S: Como curiosidad, hay una especie de brevísimo cameo de Miquel Barceló, que aparece en dos escenas fugaces. Efectivamente, Rey Rosa y el artista mallorquín coincidieron un tiempo en Tánger, y de ello deja constancia Barceló en los Cuadernos de África reseñados hace muy poco.

También de Rodrigo Rey Rosa en ULAD: Imitación de GuatemalaOtro zoo

martes, 28 de agosto de 2018

Eduardo Halfon: Saturno

Idioma original: Español
Año de publicación: 2003 (en Guatemala, junto a "Pan y cerveza") - 2017 en España (y en solitario)
Valoración: Muy recomendable

Al grano. Este libro en una pequeña joya, por dentro y por fuera. Punto. Si hay que decirlo, se dice. Pero vayamos por partes.

El exterior. Libro pequeñito, de apenas 16,5 * 11,5 cm, con preciosa encuadernación en cartulina negra con impresión en oro y papel ahuesado de alto gramaje, es decir, nada de papel de fumar. Un único pero: la fajita (manía personal del que suscribe: quitar  todas o casi todas). Pese a este pequeño detalle, esta edición de Jekyll & Jyll es una maravilla.

El interior. “Saturno” es un librito de solo 68 páginas cuyo título hace alusión al mito según el cual al dios Saturno le fue concedido reinar con la única condición de no criar hijos, lo que provocó que fuese devorando a los pobres churumbeles que iba teniendo. Esta figura de padre devorador es la que pone el libro en movimiento.

Y es que “Saturno” es la dolorosa carta de un hijo a un padre castrador, lejano y ausente (en lo afectivo, no en lo económico), a un padre que ignora o se burla de los anhelos literarios de su hijo. Es una carta que funciona como un llamado de socorro, un exorcismo, una confesión y un ajuste de cuentas al mismo tiempo, una carta en la que lo particular y lo general se acaban fundiendo.

Por un lado tenemos la experiencia personal del autor, su tumultuosa relación con la figura paterna y la escritura y la creación literaria como válvulas de escape. Quisiera destacar, sobre todo, el dolor que desprende esta parte del libro ("Porque materialmente, padre, no me faltó nada. Pero nunca pudo usted entender que más que dinero yo necesitaba un padre).

El dolor también está muy presente en la vertiente más "general" de "Saturno", esa en la que, partiendo de esa relación del autor con su padre, se recuerdan la más que variadas relaciones de una serie de famosos escritores suicidas (o famosos suicidas que también escribían) con sus padres. La lista es extensa y bastan algunos nombres (Virginia Woolf, Sylvia Plath, Yukio Mishima, Cesare Pavese (maravilloso epígrafe, por cierto), Hemingway, etc) para imaginar que esta parte hará las delicias de bibliófilos y mitómanos. Pero más allá de la enumeración de nombres y datos conocidos por todos, me quedo con el tratamiento, lleno de delicadeza y belleza, que les otorga Halfon.

El todo: Decía anteriormente que lo general y particular se funden en "Saturno", pero también lo personal y lo literario se entrelazan en una narración de difícil clasificación en cuanto a género ("nouvelle" quizá?), pero muy recomendable en cualquier caso. Y es que se trata de un libro precioso, doloroso y bello a partes iguales, cuyo único pero es su brevedad (Eduardo Halfon: ¡no nos puedes dejar así, con solo 68 páginas, hombre!).

También de Eduardo Halfon en ULAD: Biblioteca bizarraDueloSignor HoffmannMonasterio

jueves, 12 de julio de 2018

Eduardo Halfon: Biblioteca bizarra

Idioma: español
Año de publicación: 2018 (como libro)
Valoración: recomendable

He de confesar que éste es el primer "Halfon" que leo. Y también confieso (o, mejor, prometo) que no va a ser el último. De hecho, la mayor objección que le puedo poner a este librito de poco más de 100 páginas es que me ha sabido a poco.porque se trata de uno de esos libros misceláneos, una recopilación de artículos y otros textos ya publicados aquí y allá, que sirven de perfecto aperitivo, de entrante para abrir el apetito a obras más extensas y con más chicha (lo que no significa con más sabor) a las que hincarle el diente.

No son muchos los capítulos, pues ya digo que el libro no es muy extenso: seis artículos, en principio variados, pero que tienen en común, de una u otra forma, el veneno inoculado de la literatura, tanto en su vertiente lectora como, en su caso,  en la práctica de la escritura. También la memoria, la personal y la familiar, que, me parece, es uno de los motores que mueven la obra literaria de este autor; de hecho, los vericuetos de la memoria son el tema principal -incluso en su título- de uno de los "capítulos" del libro, La memoria infantil.

Los demás textos, pese a su carácter diverso, ya digo que guardan también una relación entre sí, un hilo invisible que los une y que, sin ceñirlos en exceso, sí que les otorga una cierta coherencia: Biblioteca bizarra, que da título al volumen, es un repaso, con un aire algo calviniano, a una serie de bibliotecas personales que el escritor ha conocido -o incluso de ninguna manera ha podido conocer, como ocurre con la última, La biblioteca mojada-; en algún caso la descripción se hace de las bibliotecas de escritores conocidos: reconozco que cuando leí la que dedica a la de Leonardo Sciascia -o más bien a su colección de retratos de otros escritores-, conservada en la fundación que lleva su nombre, Halfon me ganó para la causa...

Los desechables, el segundo capítulo del libro, se refiere a una reunión que tuvo este autor en una biblioteca de barrio de Bogotá con personas que vivían en la calle y trataban de sobrevivir a ésta y al infierno de la adicicón que les había llevado a ella. Halfon, boy es la rememmoranza de la gestación y nacimiento de su hijo, que el autor entrevivió con la traducción de los poemas de William Carlos Williams, lo que le da pie para una nueva reflexión sobre la creación y sus complejidades, tanto referida a la literatura como a la de la vida de una persona. En Saint-Nazaire el escritor que le sirve para llevar a cabo estas reflexiones es Chéjov, cuya correspondencia estudia mientras se encuentra en esa localidad francesa, al tiempo que contempla el mamotreto de la base alemana de submarinos de la II Guerra Mundial (esas megaestructuras nazis, siempre tan sugerentes...).

Dejando aparte la ya mencionada La memoria infantil, el último capítulo del libro es quizás el mejor de todos: un artículo publicado originalmente en inglés titulado Mejor no andar hablando demasiado, en el que Eduardo Halfon va trenzando la historia reciente de su país, Guatemala, con la suya personal y su descubrimiento tardío y abducción por parte de la literatura. un artículo que avanza con una nostálgica suavidad hasta que Halfon, que como narrador no tiene un pelo de tonto (no va con segundas), de pronto incrementa la tensión hasta terminar con un mazazo que te deja sin respiración, pero, sin dudas con ganas de leer más, mucho más , de este escritor.

Termino ya, tranquilos todos, enlazando con la referencia anterior al gran Sciascia. Porque este librito -de apabullante sobrecubierta, hay que señalar- me ha recordado a alguno de este escritor siciliano, como Negro sobre negro, en el que también se aunaban una serie de reflexiones sobre las sutilezas de la vida o sobre las circunstancias histórico.políticas de su país con otras puramente literarias, de una exquisitez y sensibilidad inigualables. Al menos, para mí como lector, inigualables hasta ahora, que he descubierto a Eduardo Halfon.


Otros títulos de Eduardo Halfon reseñados en Un Libro Al Día: MonasterioSignor HoffmanDuelo

miércoles, 3 de enero de 2018

Miguel Ángel Asturias: Leyendas de Guatemala

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1930
Valoración: Recomendable

Miguel Ángel Asturias es conocido por obras como ‘El señor presidente’, novela centrada en la figura de un dictador –asunto sobre el que en Latinoamérica tienen un filón, aunque aquí también sabemos algo- y caracterizada desde el punto de vista estilístico por un cierto grado de experimentación, lo que hace de ella una obra sumamente interesante, aunque de lectura algo fatigosa (al menos es la impresión que tengo, después de transcurridos muchos años).  ‘Leyendas de Guatemala’ fue la primera obra publicada por Asturias y, aunque el parentesco con la anterior resulta muy lejano, presenta también alguna dificultad para disfrutarla sin un cierto esfuerzo.

Se trata de una colección de relatos que entroncan absolutamente con tradiciones orales de aquel país centroamericano, sin duda bajo la influencia de los estudios que el autor desarrolló sobre la cultura maya y las civilizaciones precolombinas. El primer texto, titulado precisamente ‘Guatemala’, es una especie de presentación del escenario que enmarca el resto del libro. Ahí están, en forma casi siempre simbólica, algunas claves de lo que se nos presenta más adelante. Resulta significativa la descripción que Asturias hace de la capital guatemalteca como una ciudad construida sobre otra: la superposición de culturas es uno de los elementos fundamentales de la obra, que continuamente abunda en el mestizaje cultural, la confluencia de la colonización con la civilización indígena, de cuyo sincretismo nace la identidad misma del país. En este sentido el libro tiene un cierto aspecto ensayístico, lejano pero perceptible.

El primer cuerpo de relatos es una reinterpretación de media docena de leyendas, casi todas situadas en la primera época colonial. Al hilo de esas viejas historias se nos presentan dioses, demonios y guerreros, personajes animales que a veces evocan el tono de la fábula; pero también otros tan sugerentes como ‘maestros-magos que enseñan la fabricación de las telas y el valor del cero’ o ‘montañas que movían los párpados’, el hombre-volcán y el hombre-adormidera. Todo un repertorio de seres misteriosos, formidables, que habitan un país exuberante en el que la naturaleza es igualmente protagonista y nada se entiende sin ella. Un entorno abrumador de selvas, volcanes, ríos, flores, animales y montañas, que a veces adoptan cualidades humanas, y señalan el entronque esencial, inevitable, del hombre con la tierra, algo que por cierto es una constante en el imaginario cultural en todo el mundo.

Asturias no hace concesiones, no parece tener ninguna intención de facilitar el trabajo al lector que podríamos denominar occidental acomodado, de ‘traducir’ las leyendas a formas literarias amables. Al contrario, su estilo resulta atronador, rítmico hasta adentrarse en lo poético, y siempre cargado (hasta saturado) de imágenes y sensaciones poderosas. Esa intensidad de los colores, los aromas y los sonidos alimenta la densidad del texto y a veces, si se me permite la osadía, toda esa sensualidad me hace pensar en su casi vecino Rubén Darío.

La segunda parte del libro es en realidad una obra de teatro incluida en ediciones posteriores. Dedicada al dios maya Cuculcán, y con una escenografía que recuerda un poco al kabuki japonés (máscaras, de nuevo colores intensos, la necesidad de una lectura más allá de lo que declaman los personajes), se cuentan las maniobras del pájaro Guacamayo para cuestionar al dios-rey, valiéndose de uno de sus guerreros. La obra se desarrolla en una clave simbólica que no es nada fácil desentrañar, y admite diferentes perspectivas. Ya que estamos en plan atrevido, diría que tiene momentos en que el ambiente hace recordar tragedias griegas en torno a héroes semidioses, y desde luego resulta muy potente visualmente.

De manera que tenemos una buena colección de relatos que, en formatos diferentes, transmiten con gran intensidad esas viejas tradiciones ('leyendas-sueños-poemas', como lo describía Valéry), entre las que creemos ver desde la distancia el alma de aquel pequeño país.

Otras obras de Miguel Ángel Asturias en ULAD: El señor presidente

sábado, 18 de noviembre de 2017

Eduardo Halfon: Duelo

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable

A estas alturas, y con sus libros hermanados por títulos escuetos, extensión algo rácana, y elegante portada en motivo gris azulado, no sabría decir si Halfon cierra con Duelo una tetralogía iniciada con El boxeador polaco (que no he leído y que no me extrañaría que Asteroide reedite algún día, como para cerrar el círculo) o si son Monasterio, Signor Hoffmann y esta novela una trilogía donde el autor guatemalteco rememora diversos eventos de su vida y los presenta en una forma que tiene un indudable aspecto compacto. A obra por año, y con el indudable emblema de la editorial (gustarán más o menos, pero creo que Asteroide siempre presenta libros que al menos son dignos de ser tomados en serio -o sea, serían incapaces de publicar a Milena Busquets), Duelo parte de un recuerdo de juventud (el incidente idealizado en la familia de un niño ahogado en un lago en Guatemala) a partir de cual, y contra la voluntad de su familia, se indaga hasta descubrir que las cosas no fueron así, que fueron en realidad de otra manera.
Halfon es capaz de administrar ese misterio y envolverlo en algo más de 100 páginas de efectiva prosa, prosa cálida y precisa donde cada frase tiene sentido y donde, sin primar resolución más que de forma muy sutil, impera la búsqueda de la identidad a través de la comprensión de los orígenes y a través de la asunción de ciertos aspectos de la herencia familiar con los que los lectores de sus anteriores novelas ya estamos, erm, familiarizados. Todo sumamente eficaz en su propósito narrativo y con esa apelación a las circunstancias de la presencia de los Halfon en Guatemala, en medio de la diáspora producida por el nazismo y en medio de esa re-colonización de la América Latina, la que se produce en pos de salvar el pellejo, tema que, ya sabemos, suele aflorar de tanto en tanto y es una baza más que segura a la hora de empatizar con un texto (siempre que el lector no sea un patán insensible).
Aunque he de recuperar algún concepto del inicio de esta reseña. Sí, los tres textos de Halfon son valiosos y eficaces y posiblemente la intención del autor sea la de diferenciar esas tres historias dándoles el amparo de diferentes títulos y diferentes entornos. Pero la cuestión es, somos un blog dedicado a la literatura y esa dedicación entraña también defender al lector que toma una decisión de empleo de recursos (tiempo, pero también dinero) a la hora de abordar sus lecturas. Los tres libros de Halfon, obviamente interconectados por su común talante autobiográfico, sus lógicas licencias creativas y sus sutiles apelaciones al pasado europeo, suman algo más de 300 páginas, en tres libros que se han publicado por separado. Una inversión estimable, teniendo en cuenta que hay alternativas en ediciones de bolsillo, por ejemplo. Creo que lo expliqué a cuenta de alguna otra editorial: sabemos que las ediciones son caras, sí, que los buenos escritores muchas veces no pueden subsistir solo de las ventas, pero creo que deberíamos intentar que el placer de la lectura en su vertiente de comprar libros para leerlos y conservarlos, no se convierta en otro lujo al alcance de pocos.

martes, 22 de septiembre de 2015

Rodrigo Rey Rosa: Imitación de Guatemala

Idioma original: español
Año de publicación (conjunta): 2013
Valoración: recomendable

Las literaturas centroamericanas son bastante poco conocidas entre nosotros: si pensamos en Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, El Salvador, Panamá, nos vienen a la cabeza pocos nombres, aparte del fundamental de Miguel Ángel Asturias. Y sin embargo entre los escritores centroamericanos actuales hay algunos que vale la pena destacar; uno de ellos es Horacio Castellanos Moya, del que hemos reseñado ya unas cuantas obras, y otro es sin duda Rodrigo Rey Rosa, del que ya reseñamos Otro zoo y ahora nos atrevemos con esta Imitación de Guatemala.

En realidad, Imitación de Guatemala no es un libro en sentido estricto, sino la recopilación de cuatro novelas breves que fueron publicadas antes independientemente: Que me maten si... (1996), El cojo bueno (1996), Piedras encantadas (2001) y Caballeriza (2006). La contraportada las anuncia como "novelas policiacas" (quizás para atraer a lectores despistados fans de Camilleri o Mankell) pero lo cierto es que, si aplicamos una definición más o menos estricta de lo que es novela policiaca (un crimen misterioso, una investigación, un culpable), entonces solo la cuarta de las novelas se adecúa a esa definición; en las otras hay crimen, pero el interés no está en descubrir al culpable sino en estudiar todas las ramificaciones de una violencia estructural que recorre la sociedad guatemalteca.

Ese es, en realidad, el tema común a los cuatro textos que componen el libro: la violencia. (Por momentos, me parecía estar leyendo una especie de versión literaria de Relatos salvajes, aunque con menos humor; de hecho, Piedras encantadas se parece bastante a la sección "La propuesta" de la película). En Que me maten si... se trata de una trama de espionaje que intenta demostrar la implicación del ejército en las matanzas de indígenas; en El cojo bueno, de un secuestro que se complica; en Piedras encantadas, de un atropello fortuito en las calles de Ciudad de Guatemala; y en Caballeriza, de un incendio y un posible asesinato en una hacienda de cría de caballos.

Aunque se les ponga el rótulo de "novela policiaca", no son en absoluto novelas de lectura fácil, de esas que se compra en el aeropuerto para que te entretengan durante un vuelo de varias horas. Son novelas densas, fragmentarias, que exigen que el lector esté siempre atento a la aparición de nuevos personajes y nuevas tramas; cuentan historias de una violencia dura, seca y generalizada, y no ofrecen la reconfortante sensación final de que se ha recuperado el equilibrio del mundo con la captura del culpable, sino la desagradable certeza de que vivimos en un mundo podrido, aunque no queramos verlo. Pero que no sean lecturas fáciles no quiere decir que no sean necesarias, precisamente por acercarnos a una realidad, la centroamericana, a la que hemos cerrado los ojos durante mucho tiempo, o que hemos visto a través de lentes de idealización romántica.

Rey Rosa es un autor con una trayectoria larga ya en el mundo de la narrativa; esta Imitación de Guatemala da fe de que es un valor seguro de la literatura centroamericana.

También de Rodrigo Rey Rosa en ULAD: Otro zooFábula asiática

lunes, 31 de agosto de 2015

Eduardo Halfon: Signor Hoffman

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: muy recomendable

Puede que a alguno le frustre que Halfon despache en solamente 144 páginas este Signor Hoffman. Normal. Quedarse con ganas de más. Lógico. Pero parece que con Halfon hayamos de acostumbrarnos a esa austeridad y esa concisión, aunque sea en aras de compensar sus enormes cualidades. Poner cada palabra en su sitio, sin aparatosidad. Usar frases cortas, puros brochazos, para retratar a la perfección una situación, un ambiente, una sensación. Solamente al alcance de unos pocos. Que Halfon va a ser un grande, de esos que se escriben con mayúsculas, ya dependerá de alguna otra cosa. De la promoción, claro, del boca-oreja, de alguna traducción de esas que hacen mucho ruido. De que algún día se decida a regalarnos su estrella distante o se atreva con su 2666.
Mientras tanto, ocurra ello o no, disfrutemos con sus obras de corta extensión, sobre sus propias experiencias o las de las generaciones de su familia, apreciemos esa cercanía que proclamaba Salinger, la del escritor al que quisieras telefonear en cuanto acabas su libro. Signor Hoffman visita lugares comunes con su fascinante predecesor, Monasterio. De hecho, si atendemos al color elegido por Asteroide y al argumento de alguno de los relatos, diríamos que ya vamos por el tomo tres (aunque El boxeador polaco, que no he leído, salió en otra editorial) de una serie dedicada a indagar en los orígenes de su familia, en ese abuelo que emigró, huyendo de los nazis, a Guatemala, y que no volvió, sintiéndose traicionado, a pronunciar una palabra en polaco. Un detalle poderoso, el origen judío, una referencia de peso, la mera mención a Auschwitz, un ingrediente que hay que tener cuidado en dosificar. Halfon, de momento, consigue que no se le vaya de las manos. 
Los relatos de Signor Hoffman parten de las propias experiencias de Halfon. Belice, Italia, Polonia, son algunos de los lugares en que se desarrollan. A veces le acompaña un viejo coche prestado. Visita a personas que no conoce, o se las encuentra esperándole. Viajes: si Monasterio empezaba en un aeropuerto, aquí tenemos carreteras de costa, desplazamientos. Alguien acogiéndolo, como escritor de fama en ascenso, para explicarle cómo se reconstruyeron, para no olvidarlos, campos de confinamiento de la Italia de Mussolini. O explicándole historias de Lodz, ciudad de Polonia que abandonó su abuelo. Visitando su antigua casa y sorprendiéndose de quién ahora vive en ella. Tenga enfrente a quien tenga, sea un amable anfitrión o un vigilante aduanero con celo por su trabajo, Halfon consigue del lector esa rara complicidad. Observa la realidad y escribe sobre ella. Le es más difícil no escribir, claro. Puestos a hacerlo, lo hace de la mejor manera y ahorra relleno. Evoca ese pasado, mantiene encendido el rescoldo del recuerdo al que rinde tributo, el de las decisiones familiares que han condicionado ese presente desde el que hace testimonio. El amago metaliterario está servido y, quizás con Signor Hoffman, con sus lugares comunes y sus destellos de intertextualidad, Halfon cierre este ciclo en un punto álgido, sin que haya dado muestra alguna de agotamiento, y, permitidme que me erija en portavoz, yo le agradecería, la expectativa es grande, el potencial anda ahí, le sobran las cualidades, se decida a dar el salto a la ficción abierta. Porque le podría decir que así es suficiente, podría regalar un titular tan adecuado de que da igual, que escriba sobre lo que le pasa, que la vida es literatura y la literatura es la vida. Pero creo que, en su caso, el momento de dejar de ser algo comedido y dar el paso hacia la grandeza ha llegado.

También de Eduardo Halfon en ULAD: Monasterio

viernes, 12 de diciembre de 2014

Eduardo Halfon: Monasterio

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

A veces uno se pregunta por la cuestión de la suerte asociada al éxito literario. No al crítico, pues de esto, modestia aparte, acaba encargándose este magma igualitario que es internet y que somos los blogs, que procuraremos poner, aunque sea por el efecto abrumador del aluvión de opiniones, los puntos sobre las íes. Despojando de prestigio a quien no lo merece y otorgándoselo a quien le es negado. Los blogs somos Fuenteovejuna, señor. Y que Halfon no se haya mudado a Brooklyn o no haya sido objeto (supongo) de la atención de Bloom o Kakutani es una circunstancia que (sigo suponiendo) le es ajena. Pero si sigue escribiendo como en Monasterio, igual ni le es necesario. Porque estas ciento y pico páginas son una pura maravilla, equiparable a la obra de muchos autores mucho más divulgados. mucho más premiados (ay, que se me escapa el nombre de Modiano) y mucho más vendidos. Porque otras novelas cortas se contentan, perdonad que insista en alegorías musicales, en insistir en la misma melodía una y otra vez, pero Monasterio, como narración, va sobrada de líneas argumentales, y podríamos decir que, de alguna manera, Halfon dilapida alguna de las historias zanjándolas en unas pocas líneas, lujo que pocos pueden darse.
Así, de la historia principal, la de los dos hermanos que están en el aeropuerto de Tel Aviv esperando sus maletas, viajando para acudir a la boda de su hermana (que ha abrazado la ultraortodoxia religiosa), van surgiendo otras: la de la relación entre Eduardo, el protagonista, con Tamara, aeromoza de Lufthansa, el origen de sus familias, la diáspora ocasionada por el nazismo, el ghetto de Varsovia, la complicada relación con los árabes, las tretas necesarias por parte del pueblo judío para su supervivencia, la contradicción latente en formar parte de Occidente y conservar absurdas leyes religiosas basadas en preceptos más anticuados e inamovibles que la Constitución Española. Todas las explica Halfon con un estilo claro, directo, ágil, a la vez que seductor. No hablamos de dejar el relato en su estructura mínima, de desecarlo al sol hasta que solamente queda su armazón, sino de elegir en todo momento el término y el ritmo preciso: se hable de hechos históricos o se hable de curiosos gustos en el ámbito sexual. Halfon está cómodo, se le nota, y escribe desprendiendo esa sensación, tanto que, una vez leido, volveríamos a empezar Monasterio para constatar que no nos hemos olvidado pasar por ninguno de sus rincones. 

También de Eduardo Halfon en ULAD: Signor Hoffman

sábado, 6 de abril de 2013

Rodrigo Rey Rosa: Otro zoo

Idioma original: español
Año de publicación: 2007
Valoración: muy recomendable

Me pregunto si, como hice con Andrés Neuman, los libros de relatos son el instrumento idóneo para acercarse a la obra de un autor por primera vez. Si son catálogos de sus recursos o son experimentos en los que se aventuran por terrenos inexplorados. Si guardan sus grandes ideas para el ambicioso desarrollo de una novela y utilizan la comodidad de la brevedad para hacer esbozos. Al final, todo se reduce a especular si el talento en relato breve presupone grandes expectativas en el solemne traje de largo que es una obra "grande". En función de eso, debería decir que Rodrigo Rey Rosa debe ser un novelista excelso. Pues resulta que los cinco relatos contenidos en esta colección acaban siendo recordados de un modo u otro. No es un logro habitual que todos los relatos calen en el lector. El factor común es la presencia de animales y de niños, en distintos grados de vinculación con la trama. No hablamos de niños narrando en tono ingenuo. Hablamos de circunstancias que precipitan la madurez. Otro factor común es un ligero toque fantástico, más presente en alguno de los cuentos, más tenue en otros que, aún así, permanecen en esa especie de lugar algo imaginario.
Rey Rosa es un narrador de primer orden. Breve, directo, sin caracoleos, sus personajes, incluso en ese corto lapso que los cuentos más cortos permiten, apenas una decena de páginas, Rey Rosa es capaz de trazar las cuatro líneas que dicen sobre el personaje lo necesario para comprender sus reacciones. Ubicados en su mayoría en ese ámbito rural centroamericano que parece ser el escenario de gran parte de su obra, sus personajes suelen ser gente sencilla, humilde, en situaciones que a veces manifiestan cierta necesidad, cierto desespero. Algún regusto al García Márquez de El coronel no tiene quien le escriba, algún tono de realismo, tanto visceral como mágico, y, por supuesto, el trasfondo crítico que no puede faltar en la literatura centroamericana contemporánea. La que ya se manifiesta con valentía y, sin llamar a ciertas cosas por su nombre, explotación, colonización, devastación, ya las insinúa con la suficiente claridad y el suficiente poderío literario como para no andarse con ambigüedades.
Así que espero que alguien aquí recomiende una obra en formato largo de Rey Rosa para confirmar la excelente sensación de este Otro zoo. Sensación persistente: muchas veces los cuentos de los libros de relatos permanecen justo hasta que otro relato los hace olvidar. Con este autor no me ha pasado.

También de Rodrigo Rey Rosa en ULAD: Imitación de GuatemalaFábula aisática

jueves, 19 de abril de 2012

Miguel Ángel Asturias: El Señor Presidente

Idioma original: español
Año de publicación: 1946
Valoración: Recomendable

Esta novela ocupa un lugar histórico en el género de la novela de dictadores latinoamericana: escrita en los años 20, aunque solo fuera publicada en 1946, es prácticamente la iniciadora de una corriente de obras que incluye El recurso del método de Alejo Carpentier, Yo, el Supremo de Augusto Roa Bastos, o La fiesta del Chivo de Vargas Llosa. O (venga, sí, Jaime) El otoño del patriarca de García Márquez.

En El Señor Presidente, la figura histórica que sirve de inspiración para la novela es Manuel José Estrada Cabrera, dictador de Guatemala entre 1898 y 1920, aunque en la novela no se lo nombre explícitamente. Además, y a diferencia de lo que sucederá con las novelas de dictador que vinieron después, el Señor Presidente no es aquí el protagonista, aunque sí el puppet master de la función: el papel protagonista recae en su hombre de confianza, Miguel Cara de Ángel, de quien se nos dice repetidas veces que "era bello y malo como Satán", y que labra su propia desgracia al enamorarse de Camila, la hija de un general represaliado por el régimen.

Pero más aún que la historia de Cara de Ángel y Camila, lo que El señor Presidente retrata es el sistema de control y opresión impuesto por el régimen: acusaciones falsas, delaciones entre vecinos, torturas, sobornos, chantajes... No hay esfera, privada ni pública, que escape al control del Presidente, capaz de provocar el terror con su sola mención (una capacidad sobrehumana para manipular la realidad que compartirán los protagonistas de las demás novelas de dictador).

Estilísticamente, El señor Presidente es un hijo de su tiempo: el famoso juego lingüístico con que se inicia la novela ("¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre, sobre la podredumble!...) y las imágenes, metáforas y símiles que recorren la novela, son un reflejo de la experimentación formal vanguardista de los años 20, en que Asturias escribió el texto. De hecho, El señor Presidente tiene algunas similitudes con Las lanzas coloradas, y no es casualidad: Uslar Pietri y Asturias (y también Alejo Carpentier) coincidieron en París en aquella época de búsqueda y experimentación.

Es quizás esa misma experimentación la que me lleva a darle a la novela "solo" un "Recomendable": los juegos de artificio lingüísticos suponen en ocasiones un obstáculo al avance de la acción; la enriquecen desde determinados puntos de vista, pero la entorpecen desde otros. En todo caso, El señor Presidente es, históricamente, todo un "Imprescindible".

Otras obras de Miguel Ángel Asturias en ULAD: Leyendas de Guatemala

martes, 31 de marzo de 2009

Augusto Monterroso: Movimiento perpetuo

Idioma original: español
Año de publicación: 1972
Valoración: Muy recomendable

Augusto Monterroso ocupa en mi memoria bibliófila un lugar muy especial: suyo fue el primer libro de cuentos que recuerdo haber leído, todavía con el prejuicio de que los cuentos eran cosas de niños. Por decirlo así, los relatos de Augusto Monterroso abrieron para mí un universo nuevo en el que luego entraron Borges, Cortázar, García Márquez... Lamentablemente, para la mayoría de los lectores Monterroso no pasa de ser el autor del microrrelato "El dinosaurio", que ha sido tan (mal) citado, copiado, parodiado y denostado, cuando toda su obra, no muy extensa pero sí muy disfrutable, merece tanto o más la pena que ese cuento, que él llegó a llamar "novela".

Movimiento perpetuo no fue el primer libro que leí de Monterroso, pero sí, probablemente, el que me convirtió en su admirador incondicional y vitalicio. Movimiento perpetuo es una recopilación de relatos que está llena de al menos tres cosas: literatura, ironía, y moscas. La literatura se trasluce en relatos -en su sentido más amplio- como "Beneficios y maleficios de Jorge Luis Borges" u "Homo Scriptor"; la metaliteratura, la metaficción o, más allá todavía, la metamicroficción, la encontramos en "La brevedad" o "Fecundidad". La ironía está por todas partes, porque es una constante en la obra del escritor guatemalteco. Las moscas, en este caso, también, en forma de citas de distintos escritores universales, o en forma de ilustración, en aquellas ediciones que han sido lo bastante cuidadosas como para mantenerlas (y aquellas ediciones que no lo hayan hecho, probablemente no merece la pena comprarlas...).

Uno de los relatos que más recuerdo del volumen, sin embargo, es probablemente el menos monterrosiano de todos: "Movimiento perpetuo", el que da título al conjunto. Su frase final, que no es especialmente llamativa, se me quedó grabada, y todavía de vez en cuando la recuerdo sin más ni más: