jueves, 19 de abril de 2012

Miguel Ángel Asturias: El Señor Presidente

Idioma original: español
Año de publicación: 1946
Valoración: Recomendable

Esta novela ocupa un lugar histórico en el género de la novela de dictadores latinoamericana: escrita en los años 20, aunque solo fuera publicada en 1946, es prácticamente la iniciadora de una corriente de obras que incluye El recurso del método de Alejo Carpentier, Yo, el Supremo de Augusto Roa Bastos, o La fiesta del Chivo de Vargas Llosa. O (venga, sí, Jaime) El otoño del patriarca de García Márquez.

En El Señor Presidente, la figura histórica que sirve de inspiración para la novela es Manuel José Estrada Cabrera, dictador de Guatemala entre 1898 y 1920, aunque en la novela no se lo nombre explícitamente. Además, y a diferencia de lo que sucederá con las novelas de dictador que vinieron después, el Señor Presidente no es aquí el protagonista, aunque sí el puppet master de la función: el papel protagonista recae en su hombre de confianza, Miguel Cara de Ángel, de quien se nos dice repetidas veces que "era bello y malo como Satán", y que labra su propia desgracia al enamorarse de Camila, la hija de un general represaliado por el régimen.

Pero más aún que la historia de Cara de Ángel y Camila, lo que El señor Presidente retrata es el sistema de control y opresión impuesto por el régimen: acusaciones falsas, delaciones entre vecinos, torturas, sobornos, chantajes... No hay esfera, privada ni pública, que escape al control del Presidente, capaz de provocar el terror con su sola mención (una capacidad sobrehumana para manipular la realidad que compartirán los protagonistas de las demás novelas de dictador).

Estilísticamente, El señor Presidente es un hijo de su tiempo: el famoso juego lingüístico con que se inicia la novela ("¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre, sobre la podredumble!...) y las imágenes, metáforas y símiles que recorren la novela, son un reflejo de la experimentación formal vanguardista de los años 20, en que Asturias escribió el texto. De hecho, El señor Presidente tiene algunas similitudes con Las lanzas coloradas, y no es casualidad: Uslar Pietri y Asturias (y también Alejo Carpentier) coincidieron en París en aquella época de búsqueda y experimentación.

Es quizás esa misma experimentación la que me lleva a darle a la novela "solo" un "Recomendable": los juegos de artificio lingüísticos suponen en ocasiones un obstáculo al avance de la acción; la enriquecen desde determinados puntos de vista, pero la entorpecen desde otros. En todo caso, El señor Presidente es, históricamente, todo un "Imprescindible".

1 comentario:

Montuenga dijo...

Hasta que no he llegado al final, no he comprendido por qué no le has puesto un Imprescindible. Yo creo que los artificios de estilo suman y no restan porque sirven para reforzar lo que está contando. Pero son formas de verlo, para mí éste es uno de los diez mejores libros que he leído en mi vida (aunque a lo mejor resulta que son 20, pero se entiende lo que quiero decir).