miércoles, 4 de abril de 2012

Colaboración: El arrancacorazones, de Boris Vian

Idioma original: francés
Título original: L'Arrache-cœur
Año de publicación: 1953
Valoración: está bien

Reseñar la novela El arrancacorazones de Boris Vian entraña cierta dificultad. Su lectura genera desconcierto a cada rato, ya que en ella se presenta una realidad de características cambiantes y oníricas, la sociedad es violenta e histérica y, sobre todo, el patrón de comportamiento de los personajes llega a límites que el sano y cuerdo lector no se puede imaginar. Encontrarle a todo ello un sentido es lo que hace al comentarista desgranarse los sesos. Sin embargo, pretender sistematizar algo no sistemático supone incurrir en un error.

De este modo, la asistematicidad y la irrealidad que Boris Vian nos presenta no siempre tiene que responder a una función simbólica, integrada en un corpus alegórico. Más bien habría que entender su intención como gamberra y provocativa. Imagínese al autor, mientras escribe la novela, riendo con su humor negro y macabro, a veces corrosivo y ácido. Riendo porque es consciente del engendro que crea en El arrancacorazones, rico en hechos, escenas e imágenes salvajes, grotescas, escatológicas y sexuales, que en su mayoría aluden a la teoría psicoanalítica y al ideario del inconsciente.

La novela empezará con la llegada de un psiquiatra a la casa en la que una mujer está pariendo; de esta forma, se engarzan las dos líneas generales de la narración, correspondientes a estos dos personajes, Jacquemort y Clémentine, que conviven paralelamente cada uno con sus preocupaciones. Jacquemort es la sátira del hombre existencialista: carece del todo de personalidad propia y sentido intrínseco, hasta tal punto que mediante su psicoanálisis quiere conocer tanto a alguien como para poder rellenar su hueco adueñándose del sentimiento y el pensamiento del otro. La maternidad deviene perversión en Clémentine quien, cuando nacen, se desinteresa por su trilliza prole, y transcurrido el tiempo limitará su existencia al cuidado de ella y a ser “buena” madre.

Todo un esperpentismo que Boris Vian transmite con un estilo curioso y, de nuevo, gamberro. Su estilo quizá sea el motivo de que su obra no se convierta en algo zafio: es ligero y repentino, se permite dar cambios bruscos, usar imágenes que chocan con las que el lector se espera, utiliza expresiones nada típicas y de cariz muy creativo, las descripciones de paisajes son deliciosas y coloridas. El juego y la modelación del lenguaje y el atrevimiento consciente del autor, se hacen patentes a cada capítulo.

En suma, El arrancacorazones resulta ser una novela entretenida, una rara avis para reírse, en la que es difícil hallar un sentido entero y armado durante todas sus páginas. Se tratan los temas de la maternidad y la búsqueda de sentido propio proponiendo unos monstruos de ellos. Tampoco la profundidad destaca a esta novela; no obstante, no es difícil encontrar un placer, mezcla de displacer, en las deformaciones irónicas, viciosas y surrealistas plasmadas, si en el fondo se es como Boris Vian un bizarro fetichista.

Firma invitada: Don Asier de Luzarraga y Garbisu

También de Boris Vian en ULAD: La espuma de los díasLa hierba roja

2 comentarios:

Paula dijo...

¡Muchas gracias, caballero, por tan magnífica reseña! Y que sean muchas colaboraciones más :-)

Santi dijo...

Acabo de terminar esta novela y estoy de acuerdo con casi todo lo que se dice en la reseña pero, la verdad, le habría dado una nota mucho más alta que un "está bien". Boris Vian escribe con una libertad total, al margen de convencionalismos, géneros, tabús, formas aceptables... Lo mismo inventa una "feria de ancianos" en la que se venden viejos sin dientes o con los pantalones cagados y meados, que confunde al personaje protagonista con un gato, que describe con todo detalle la crucifixión de un caballo... Por momentos, la novela parece escrita por un Tim Burton enfurecido. Y el personaje de Clementine es todo un arquetipo de la madre sobreprotectora, capaz de todo con tal de proteger a sus hijos de peligros reales o imaginarios. (Lo cual, a su vez, podría ser un símbolo de estos días, en que en aras de la seguridad se sacrifica la libertad). En fin, que yo le habría dado por lo menos un "Muy recomendable". Por lo menos.