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martes, 3 de marzo de 2009

Ítalo Calvino: El barón rampante.


Título original: Il barone rampante
Idioma original: Italiano
Año de publicación: 1957
Valoración: Muy recomendable.

Cósimo di Rondó es un barón del s. XVII al que, con 13 años, intentan obligar a comerse un plato de caracoles. Él se niega, porque disfruta jugando con ellos,y se sube a un árbol en señal de protesta. Dice que nunca va a bajar y aunque al principio nadie cree que sea posible, de un modo insospechado, él consigue llevar aquello en lo que cree hasta sus últimas consecuencias. El resultado es que logra vivir su vida de forma plena y feliz.

Como todos los libros de Calvino, éste también encierra una hermosa alegoría sobre la vida y sobre algunos de los aspectos más profundos del ser humano.

Tras la aparente sencillez de un cuento mágico, se esconde lo que, para mí, es la defensa esperanzada de una posibilidad: ser quienes somos (únicos, originales) desde la creatividad y la valentía existenciales.

Un libro que, sin duda, merece la pena. Y que, por su frescura, resulta aconsejable para jóvenes o personas que pretenden iniciarse en el hábito de la lectura.

Otras obras de Italo Calvino en ULAD: Aquí

viernes, 6 de noviembre de 2009

250 entradas - 250 años (I)

Para conmemorar que hemos llegado a las 250 entradas de blog -sin fallar un solo día-, los que hacemos Un libro al día nos hemos propuesto hacer nuestro propio "canon" de los mejores libros escritos en los últimos 250 años. Cada uno de los autores del blog votamos por los libros que quisimos (10 en algunos casos, 25 en otros), y después unificamos las listas.

Como la lista de "nominados" y "premiados" es muy larga, la dividimos en dos partes: publicamos hoy la lista de libros que obtuvieron un solo voto, de alguno de nosotros (los "nominados"). Mañana publicaremos la lista de los 14 libros que obtuvieron más de un voto y que, por lo tanto, se puede decir, son "los 14 mejores libros escritos en los últimos 250 años según Un libro al día". Como veréis, en la lista -la de hoy y la de mañana- hay un poco de todo: mucha literatura consagrada (no es un canon excesivamente rompedor en ese sentido); casi todo novela, con algunas incorporaciones de novela gráfica, ciencia-ficción o novela fantástica; bastante literatura en español (con predominio de Hispanoamérica) y sobre todo una aplastante mayoría de obras del siglo XX.

Esta es, en fin, la lista de nominados:


  • ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Philip K. Dick
  • Antología poética, Miguel Hernández
  • Canto a mí mismo, Walt Whitman
  • Cantos de Maldoror, Isidore Ducasse
  • Capitanes de la arena, Jorge Amado
  • De ratones y hombres, John Steinbeck
  • Dune, Frank Herbert
  • El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez
  • El barón rampante, Ítalo Calvino
  • El candor del padre Brown, G. K. Chesterton
  • El color de la magia, Terry Pratchett
  • El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad
  • El lobo estepario, Herman Hesse
  • El marino que perdió la gracia del mar, Yukio Mishima
  • El proceso, de Kafka
  • El profeta, Khalil Gibran
  • El retrato de Dorian Grey, Oscar Wilde
  • El rey se muere, Eugene Ionesco
  • El ruido y la furia, William Faulkner
  • El señor de los anillos, J.R.R Tolkien
  • El tragaluz, Antonio Buero Vallejo
  • El último encuentro, Sandor Marai
  • Esperando a los bárbaros, Coetzee
  • Fausto, Johann Wolfgang von Goethe
  • From Hell, Alan Moore
  • Hojas de hierba, Walt Whitman
  • Inventario Uno, Mario Benedetti
  • Jane Eyre, Emily Bronte
  • Juego de tronos, George R.R Martin
  • La casa de citas, Alain Robbe-Grillet
  • La ciénaga definitiva, Giorgio Manganelli
  • La insoportable levedad del ser, Milan Kundera
  • La montaña mágica, Thomas Mann
  • La naúsea, Jean Paul Sartre
  • La tierra baldía, T. S. Eliot
  • Las amistades peligrosas, Pierre Choderlos de Laclos
  • Libro del desasosiego, Fernando Pessoa
  • Lo bello y lo triste, Yasunari Kawabata:
  • Luces de Bohemia, Valle Inclán
  • Me casé con un comunista, Philip Roth
  • Movimiento perpetuo, Augusto Monterroso
  • Mrs. Dalloway, Virginia Woolf
  • Narraciones extraordinarias, Poe
  • Nieve, Ohran Pamuk
  • Orgullo y prejuicio, Jane Austen
  • Poeta en Nueva York, Lorca
  • Rayuela, Julio Cortázar
  • Relatos, Julio Cortázar
  • Residencia en la tierra, Pablo Neruda
  • Rimas, Becquer
  • Sin destino, Imre Kertesz
  • Todo Mafalda, Quino
  • Un mundo feliz, Aldous Huxley
  • Una soledad demasiado ruidosa, Bohumil Hrabal
  • Una temporada en el infierno, Arthur Rimbaud

viernes, 15 de julio de 2022

Mario Satz: Bibliotecas imaginarias

Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: Muy recomendable

Sé que se trata ya de un tópico excesivamente gastado por los reseñistas de libros, incluso (o empezando por) aquéllos que escriben en las revistas especializadas y suplementos culturales, pero no se puede decir de otra manera: este libro es una auténtica delicia. Una exquisitez, si lo preferís, un prodigio de erudición, sensibilidad y buen hacer literario, que resulta todo un placer leer, con la única pega de saber que pronto se acabará, pues tampoco hablamos de un libro demasiado extenso.

Bibliotecas imaginarias está compuesto de más de cuarenta capítulos o historias breves -de cinco o seis páginas a lo sumo, de un volumen de pequeño tamaño-, en los que recorremos gran parte del mundo y del tiempo, saltando de una biblioteca a otra: desde las saqueadas  biblioteca del emperador de China o de Madina al-Zahra a las bibliotecas portátiles de Francisco de Quevedo o del beduino Anir Kunta, que (re)descubrió el café (alabado sea por siempre);de los Archivos Secretos del vaticano a los rollos escondidos por los esenios cerca del mar Muerto; conoceremos los accidentados  avatares del llamado Fondo Kati o de la celebérrima biblioteca de Alejandría, pero también las de otras mucho más inciertas, como la de un pescador de esponjas griego, de un carpintero enamorado de las Musas, la biblioteca secreta de los judíos de Girona o la del arrasado ghetto de Varsovia... Compartiremos también la bibliofilia de un impresor veneciano, un legionario romano, un encuadernador de Amberes, de un ladrón de libros raros y también ladrona amante o del maestro Ibn Arabi de Murcia en su periplo por el fondo del mar ; pero también la de personajes aún más conocidos como Jenofonte, Arquímedes, San jerónimo, Ovidio, Paolo Uccello o la escritora japonesa Shei Shonagon...

El veterano escritor hispano-argentino Mario Satz muestra, como digo, toda su erudición, sensibilidad y talento -de las que no es ajeno, sin duda, su formación académica- en un libro que recuerda a Borges (referencia inevitable), pero también a las Vidas imaginarias de Marcel Schwob o a Ítalo Calvino... Incluso yo diría que existe no poca concomitancia, no sé si casual, de este libro con los de otro hijo de ese lugar, sin duda prodigioso, que es Coronel Pringles (provincia de Buenos Aires), el inefable César Aira. Como su paisano, Satz parte de lo que puede ser, quizás, una simple anotación en una enciclopedia o tratado, o un arquetipo, para desplegar su imaginación por medio de una prosa cuidada, elegante, que nos envuelve como volutas de humo y nos fascina para que sigamos sus evoluciones hacia lo alto, hasta tocar la maravilla y, en ocasiones, lo sublime.

martes, 14 de marzo de 2023

Andrés Ibáñez: El perfume del cardamomo

Idioma: español

Año de publicación: 2008

Valoración: entre recomendable y está bien

Vamos hoy con un libro de sugerente título y elegante cubierta, a fe mía, que resulta ser, sorpresa, una recopilación de cuentos chinos (*)... pero escritos por un español, el no menos elegante Andrés Ibáñez. Tal curiosidad resulta, hasta donde yo conozco, bastante insólita en el panorama literario hispánico; puede que haya más ejemplos, pero, a bote pronto, yo sólo recuerdo Bélver Yin, el alabado debut, en su (ya lejano) día, de Jesús Ferrero (una novela, por cierto, aún no reseñada en ULAD, y que debería estarlo). 

En el caso de Ibáñez, éste se ha basado, sobre todo, en los cuentos tradicionales chinos para pergeñar ( hay quien diría "mixtificar") los suyos, aunque él mismo reconoce en el epílogo que los dos últimos, son, en el caso del más bien rococó Los piratas de los siete colores, un homenaje al cubano Lezama Lima, y en cuanto a La montaña del alma, un cuento que un chico auténtico difícilmente habría escrito de esa manera. En otros se habla del concepto del "mundo flotante" -justamente hay cuento titulado así-, como metáfora de los placeres sensualidad, el erotismo y la relajada disipación; esta idea, reconoce Ibáñez, la ha tomado de la literatura japonesa, más que de la china. Pero, vaya, para el lector no experto, como es un servidor, los 25 relatos del libro -algunos muy cortos tranquilo todo el mundo- tienen un aire de chineidad (¿se dice así?) bastante verosímil, aunque es posible que un eventual lector chino o, al menos, que conozca lo suficiente esta literatura, considere poco logrado el artificio. 

En todo caso, y si nos atenemos tan sólo a su valía literaria (o a la valía del resultado, mejor dicho), entre los 25 cuentos encontramos al menos ocho o nueve bastante notables otros tantos que no están nada mal; es decir, que al menos dos terceras partes de esta selección merecen la pena. El mejor de ellos, en mi opinión, resulta ser la divertida Historia de Chi Hsin Mien, el insaciable, cuyo desaforado priapismo tenía desesperadas a sus tres esposas, Crisantemos, Peonía y Loto Blanco, y que juntos protagonizan una historia de fantasmas como no habéis leído otra. También están bastante bien La mujer del bandido, la ya mencionada Del mundo flotante (que casi se diría sacado de Las ciudades invisibles de Ítalo Calvino), Las hermanas Wang (un cuento que, por otra parte, veo difícil que pasara el filtro del Ministerio de Igualdad), Hay un camino, vitalista defensa de la literatura y la imaginación y que se complementa con el siguiente "relato": Los diferentes tipos de leyendas... También destacan El alquimista negro y su perro, con aire de parábola; la elegante y casi mínimalista fábula cíclica Marcas en el agua; El regreso, una historia de amor que parece inspirada en Las metamorfosis de Ovidio y, por último, el obviamente irisado y bastante cuqui Los piratas de los siete colores.

En conjunto, son cuentos que combinan suntuosidad con elegancia, erotismo con filosofía,  audacia formal con (supuesta) tradición y en los que encontramos todo un imaginario -bellas muchachas y apuesto bandidos con nombre de flor, monjes, brujos, cortesanas, animales parlantes y espíritus...- que tanto puede venir de la riquísima cultura china como de la idea occidental sobre esa cultura... Tanto da, pues lo importante es el placer de leerlos y el tener al menos asegurada, al hacerlo, la sonrisa.

(*) Se entiende que cuentos chinos... no en su acepción metafórica en castellano, por favor.

martes, 26 de noviembre de 2019

Eduardo Halfon: El boxeador polaco

Idioma: español
Año de publicación: 2009 y 2010 (aunque reunidos todos los relatos de esta edición, 2019)
Valoración: recomendable

Acordaos de mis palabras: algún día a Eduardo Halfon le darán un premio gordo, tipo Cervantes o Nobel; bueno, digo algún día porque para el Cervantes es aún un pimpollo, como quien dice, pues sólo se concede a quienes ya bordean o están en plena senectud. Aunque para el Nobel ya está en edad, ciertamente, y a saber por dónde les da la ventolera a los suecos, habida cuenta además, que este escritor reúne varias características que suelen gustar a esa gente: escribe en una de las lenguas más habladas del mundo, pero desde una posición digamos "exótica" (cierto es que si alguien nos lee ahora mismo desde Guatemala, no lo considerará tan exótico, claro... Que piense entonces en su ascendencia multicultural); es además un autor conocido, pero quizás no del gran público y sobre todo, ha ido forjando una obra sólida y coherente, de lo más personal -de hecho, es de los pocos practicantes del onanism autoficción que merecen la pena, creo- y, por supuesto, de una calidad literaria enorme y constante; una especie de Messi literario, vaya... Porque, vamos, el tío escribe que da gusto: bonito y facilito (de leer), capaz de sacar oro molido de cualquier tema, incluso anecdótico, con esa elegancia y soltura que se detecta en otros grandes (pero no grandilocuentes) escritores como Dovlátov o Ítalo Calvino, a quienes uno imagina pergeñando una maravilla de texto en una servilleta de un restaurante, en una libretilla, de pie en la parada del tranvía o en un papel cualquiera, torcido sobre la mesilla de noche de un hotel. 

En fin, como ya digo, a Eduardo Halfon algún día le darán un premio de los tochos y entonces ustedes, vosotros, lectores acérrimos de Un Libro Al Día, podréis daros pote comentando que eso ya lo sabíais y que es un autor de una obra sólida, coherente, constante, personal y de gran calidad, y poner como ejemplo este El boxeador polaco, compilación de relatos -más o menos- que ha tenido este mismo año una reedición, ampliada, en Libros del Asteroide, puesto que su primera edición de 2009, en la valenciana Pre-Textos, era ya inencontrable, para desespero de los muchos admiradores de este escritor. Además, para esta ocasión el libro se ha fundido -o soldado con estaño, por emplear la metáfora que insinúa su autor- con otro, La pirueta, publicado en origen por la misma editorial y que en su momento -2010- ganó el premio de novela corta José María de Pereda; porque aunque se pueda leer como relatos independientes y como tales se presenta, los que formaban parte de este libro constituyen una auténtica novela corta (o más o menos, también). El caso es que además, existe una relación entre los dos libros originales y elementos del primero aparecen en el segundo, por lo que incluso más que nada deberíamos hablar de una imbricación entre ellos -algo característico, en realidad y haasta donde yo conozco, de toda la obra de Halfon-; soldada también, si se quiere.

Los primeros relatos son independientes entre sí, aunque todos tienen un aire en común, escenarios y ambientes similares, además de cómo no, un protagonista que es el propio Eduardo Halfon -o un tipo que se llama como él- y que también es profesor de literatura en una universidad guatemalteca, de familia judía, ha estudiado ingeniería en Estados Unidos y frecuenta la hermosa ciudad de Antigua, en su país natal. En el primero (no quiero desvelar mucho, aunque tampoco es que la sorpresa sea el factor determinate de estos ¿cuentos?, Lejano, el profesor Halfon, aburrido de dar clase a estudiantes estultes o desinteresados por su tema, descubre en un alumno indígena becado a un poeta excepcional, Fumata blanca nos cuenta cómo se liga a una turista israelí. Y ya. Twaineando relata un coloquio sobre Mark Twain al que asiste en Durham, Carolina del Norte (o del Sur, no sé), ciudad donde él mismo había estudiado años atrás. Epístrofe, cuando entra en relación con un pianista serbio medio gitano que le fascina por su forma de entender la música y su relación con el mundo que le rodea (es fácil colegir que Halfon hace una analogía con la literatura). Y en El boxeador polaco, que da título al libro, narra cómo su abuelo, judío polaco superviviente de Auschwitz y Sachsenhausen, le cuenta a su nieto la historia de los números que llevaba tatuados en el brazo y cómo salvó la vida, justamente gracias a un boxeador de su misma ciudad de Polonia. Es, sin duda, el relato más redondo de todos, quizás no el más sugerente, empero, pero sí el que sirve de piedra de toque del resto, pues en general, casi todos tratan de la identidad cultural o incluso étnica-no quiere decir que sea el único tema- y de cómo huir de ella o no conseguir huir de ella o buscarla y no encontrarla, o encontrarla y que se te escurra entre los dedos. 

El resto de relatos o capítulos, más bien, corresponden al libro La pirueta, y enlazan con Epístrofe. Halfon, obsesionado con la figura nómada del pianista serbio Milan Rakic, se interesa también, a través de éste, por la música gitana y por los propios gitanos balcánicos, hasta el punto de viajar a Belgrado para investigar entre esta comunidad el paradero de su amigo (epistolar, más que nada). La búsqueda se convierte en una auténtica aventura, que aunque no resulte tan verosímil como otros relatos más "autoficcionales" de este escritor, sí que gana en cierto lirismo, en colorido ambiental y en una fascinación que el autor logra transmitir al lector. Que luego esa fascinación se pueda convertir en una metáfora de algo -en el caso de Halfon, de la creación literaria- ya depende de la interpretación de cada cual.

Adjunto, de paso, un par de reflexiones sobre lo que es la literatura que nos deja este escritor y me han gustado (quien no quiera por miedo a un spoiler de ésos, que no las lea):

"La literatura no es más que un buen truco, como el de un mago o un brujo, que hace a la realidad parecer entera, que crea la ilusión de que la realidad es una (...)"

Y también: 

"Así, exactamente, es la literatura. Al escribir sabemos que hay algo muy importante que decir con respecto a la realidad, y que tenemos ese algo al alcance, allí nomás, muy cerca, en la punta de la lengua, y que no debemos olvidarlo. Pero siempre, sin falta, lo olvidamos."

Antes de acabar, dos notas, más bien anecdóticas: una es sobre el contenido del libro. Hay un refrán español que dice "quien parte y reparte se lleva la mejor parte". En este caso, Eduardo Halfon reparte y nos cuenta que, en al menos dos de los relatos del libro, hay bellas muchachas que se sienten atraídas y flitean, por no decir algo más, con él o un protagonista llamado como él. Asimismo, en la parte correspondiente a La pirueta, él o un protagonista llmado como él mantinen una relación sexualmente de lo más activa con una joven doctora muy deshinibida en ese terreno... y que además después de cada coito se dedica a representar gráficamente sus orgasmos. En el libro salen muchos y muy variados. Estos orgasmos, me refiero... ¡Hombre Eduardo, que se te ve mucho el plumero, como decimos por aquí!

La segunda anotación es incluso más superflua: me he dado cuenta de que con está ya van dos cubiertas seguidas de libros reseñados en las que aparece alguien montado en una bicicleta... Sólo puedo decir que es casualidad, pero también que no será la última... con permiso de Koldo, claro ; )



Otros títulos de Eduardo Halfon reseñados en Un Libro Al Día: MonasterioSignor HoffmanDueloBiblioteca bizarraSaturno

viernes, 7 de agosto de 2015

Robert Löhr: La máquina de ajedrez

Idioma original: alemán
Título original: Der Schachautomat
Año de publicación: 2005
Traductor: Lluís Miralles de Imperial
Valoración: entre recomendable y está bien

La historia es bastante conocida, creo: en la segunda mitad del siglo XVIII, un constructor austriaco de autómatas -artilugios muy de moda en las cortes europeas de ese momento- fabricó un "turco" capaz de jugar -y además ganar- al ajedrez, ingenio éste que le hizo famoso y le granjeó el favor de la emperatriz María Teresa. Llegó a jugar, además, contra Benjamin Franklin y Napoleón Bonaparte.  La máquina, por supuesto, era falsa: en su interior se ocultaba un enano, diestro en el susodicho juego, que movía las piezas mediante un pantógrafo.

Esta novela recrea la historia de aquel fraude, perpetrado por el consejero de Su Majestad la Emperatriz de Austria y Hungría, el caballero Wolfganag Von Kempelen, un ambicioso funcionario -y noble, además, por la vía conyugal-, deseoso de escalar posiciones en el palacio de Schönbrunn.Al parecer, hubo varios operarios encargados de que la supuesta "máquina" funcionase, pero el que aquí aparece es Tibor Scardanelli, un enano italiano, excelente jugador de ajedrez, que se convierte en el verdadero protagonista de la novela. Tibor es además un personaje complejo, temeroso y audaz a un tiempo, estafador aunque prisionero de la misma estafa en la que participa; orgulloso de su habilidad pero, como devoto católico, lleno de remordimientos... aparte de la culpa que provocan en su alma las tentaciones de la carne... A su lado, Von Kempelen resulta más plano y mucho más frío e incluso despiadado, movido tan sólo por su ambición, su soberbia y las maquinaciones que va elaborando. Aún así, los dos hombres acaban por acoplarse en una simbiosis perversa, unidos por el fraude y hasta por el crimen...

La recreación histórica, casi huelga decirlo, es exquisita, lo mismo al retratar los ambientes palaciegos y las fiestas cortesanas, que la cotidianeidad de Presburgo (Bratislava), donde residía Von Kempelen, así como las diferencias de clase entre unos personajes y otros. Ayuda, claro, la inclusión de celebridades de la época, como Mesmer , el escultor Messerschmidt o la propia emperatriz maría Teresa. La prosa, por su parte, fluye con la solvencia y eficacia que es de desear. Y sin embargo...

Y sin embargo, ésa es la mayor pega que se le puede poner a esta novela: que resulta de lo más solvente, sólida, eficaz... parece más debida a la gubia y el cepillo de un artesano que a la audacia del cincel de un artista. No era mi intención caer en el tópico sobre la idiosincrasia germana (y sospecho que me lloverán comentarios de protesta por hacerlo), pero el resultado resulta propio de una fábrica bávara de automóviles, no de un pequeño taller de soñadores en la campiña italiana: es un producto sólido, eficaz y fiable; sin duda, con todas las garantías y los controles de calidad... pero uno no puede dejar de preguntarse, al leer esta novela -sé que las comparaciones son odiosas, y probablemente ésta más que ninguna- qué habría hecho con una historia tan golosa como la del turco autómata y el enano que moraba dentro el Ítalo Calvino que escribió la serie de Nuestros antepasados, por ejemplo...

En fin, elucubraciones vanas... y tampoco quiero ser injusto ni desagradecido con La máquina de ajedrez; al fin y al cabo se trata de una novela bien escrita, bien documentada y bastante entretenida, ideal para pasar las infinitas tardes estivales, con la sensación de que se está leyendo algo de más sustancia que el best-seller de turno. Mejor aún si se sabe jugar al ajedrez, claro.

sábado, 19 de diciembre de 2020

Carmelina Sánchez-Cutillas: Matèria de Bretanya

Idioma: valenciano (o catalán del País Valenciá, al gusto)

Año de publicación: 1976

Valoración: precioso y más que recomendable

La escritora en lengua valenciana, aunque nacida en Madrid, Carmelina Sánchez-Cutillas fue sobre todo poeta, además de filóloga e historiadora de la lengua y, al parecer, Materia de bretaña (traduzco el título por si alguien no lo entiende) es su única obra no académica en prosa. Ahora bien, pese al título, el libro no trata sobre las aventuras del rey Arturo, el mago Merlín, el caballero Lancelot y demás camelos... quiero decir camelons... habitantes de Camelot -o sólo un poco-, sino que nos encontramos ante las memorias de infancia de esta autora. Infancia pasada, al menos en buena parte, en el pueblo alicantino de Altea durante los años 30 (del pasado siglo, se entiende). 

Un infancia que ella vivió desde una situación -y sensación- de privilegio, pues pertenecía a una de las familias adineradas o burguesas, si se quiere, de esa localidad, habitada por aquel entonces, sobre todo, por pescadores y labriegos  -su abuelo era, además, el juez y estudioso de la lengua y el folklore valenciano Francesc Martínez-; sin embargo, Carmelina Sánchez-Cutillas muestra en todo momento que sus simpatías y preferencias van hacia el pueblo llano, hacia los chicos desharrapados con los que jugaba en la calle -en un pueblo se mantenían y mantienen menos las distancias entre clases sociales que en la ciudad, aunque también puedan resultar más difíciles de romper-, hacia las criadas , los pescadores o los cabreros... pero no lo hace por un sentimiento de conmiseración o compasión cristiana -pese a los esfuerzos de su madre, muy de misa, por llevarla por esa senda-, sino por un precoz sentido de justicia social y porque ya de niña intuía que la verdad y la esencia de la vida del pueblo estaba en las vivencias y quehaceres cotidianos de su s habitantes, no tanto en las ceremonias o grandes palabras de la sociedad bienpensante. En un momento dado, por ejemplo, recuerda cuando estaba en la iglesia para la ceremonia de su primera comunión, mientras los muchachos del pueblo bajaban a la playa para recoger las algas que había traído el viento de Levante (y que se utilizaban, en vez de paja para hacer las camas de las caballerías): 

"Y pasaría el tiempo y otra vez la gente aguardaría a que volviese el viento de levante con tal de recoger una nueva cosecha de algas, porque en aquel pueblo eran muchos los que vivían de la mar y en ello confiaban y la desangraban. Pero yo, dentro de la iglesia, me sentía como si fuese una mariposa de la luz perdida entre la gran oscuridad del mundo."

Sobra decir que el libro tiene un evidente carácter de historia de aprendizaje o más bien crecimiento. Pero más que acontecimientos que supongan una revelación súbita -más allá de los inevitables por el propio transcurrir de la vida y de los tiempos-, lo que nos encontramos son pequeños hechos cotidianos que van cambiando la mirada de una niña  primero fascinada por esos descubrimientos y elementos que pueden parecer nimios o incluso irrisorios a los adultos, pero que conforman y vertebran el mundo infantil-más aún en un pequeño pueblo de hace 80 ó 90 años: no sólo los juegos o las toscas golosinas, sino el color y el olor de las plantas, de los animales y las personas. Las gotas de lluvia que caen o el polvo que forma una capa de miseria en los meses de sequía. El vuelo vivaz e imprevisible de los insectos y el brillo sedoso de las telarañas... Una niña que, ya digo, después va sacando conclusiones de sus vivencias y de las reacciones y pensamientos, por lo general poco conformistas, que le van generando y que van moldeando también su personalidad. Aunque quizás el verdadero tema del libro no sea otro que el paso del tiempo y la añoranza, y como ésta puede sobrevenir en el mismo momento en que están ocurriendo las cosas que nos importan o que aún no sabemos que nos importan, y cómo el presente y el pasado se solapan y se confunden en nuestro ánimo, hasta resultar indisociable uno del otro.

Un libro, en todo caso, precioso, delicioso incluso, escrito con una sencilla exquisitez, que consigue un raro equilibrio de mostrar sensibilidad pero no sensiblería -y mucho menos ñoñería-, un cariño hacia el propio pasado sin dejarse llevar por la melancolía, unos lugares y unos personajes entrañables sin caer en el pintoresquismo y una intronspección de la propia autora sin dejarse tentar por la vanidad de lo que ahora llamamos autoficción... Me ha recordado en ocasiones a El camino de San Giovanni, de Ítalo Calvino o muchos de los libros de Miguel Delibes, pero con un espíritu incluso más vital, más gozoso, pese -o quizás por esa razón- lo que sabíamos que le estaba esperando a España y al mundo a la vuelta de la esquina; sin duda, esta Materia de Bretaña merece estar junto a todos ellos.

Nota: Por más que he buscado en internet, no he llegado a averiguar si este libro ha sido publicado alguna vez en castellano; creo que no. Lo cual, de ser así, me parece, además de una verdadera lástima, incluso un desdoro para el sector editorial español, que ha tenido más de cuarenta años para hacerlo. Esta es mi opinión, que posiblemente podría hacer extensiva a muchos otros libros...

domingo, 1 de marzo de 2026

ULAD al desnudo

Sí: le hemos pedido a cierta IA que nos generara una imagen con un pastel de cumpleaños. Hoy cumplimos diecisiete años de existencia efímera e insistencia estéril. Que leáis, cojones.

Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos. 

Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.

Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo. 

Se trata de un sencillo ejercicio que  nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.

Os pedimos:

Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.

Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)

Más un placer culpable.

Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).

Alain:

Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.

Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista. 

Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.

Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.

Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.

José Miguel:

En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:

- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).

- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).

- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).

- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).

- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).

- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).

 Félix:

Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía 

* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos 

* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor

* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante 

* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta 

* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura 

Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace 

Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)

 Juan G.B.:

-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).

-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.

-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.

Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.

Mi placer culpable:  Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.

 Francesc:

-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19

-David Foster Wallace (ídem) 18

-Michel Houellebecq (otro ídem) 11

-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10

Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así

Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.

 Koldo:

Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:

- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).

-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.

-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.

-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...

Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)

Mi placer culpable:  Los libros de viajes polares. 

 Carlos

Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:

- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán

- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan

- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo

Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.

¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.

Marc:

Bueno, pues creo que mi lista no sorprenderá a nadie, pero ahí voy:
  • Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
  • Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
  • Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
  • Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
  • Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
  • Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
  • Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
Oriol:

Aunque siempre he sido un fetichista del libro físico, durante años prioricé la lectura de documentos sacados de bibliotecas públicas a la compra de ejemplares propios (ya sean de primera o segunda mano). En cualquier caso, ahora que mi colección literaria va tomando forma, puedo decir que:

Los autores más sobrerrepresentados son:
  • Stephen King (25 títulos).
  • Patricia Highsmith (22 títulos).
  • Clive Barker (15 títulos).
  • Alberto Moravia (13 títulos).
  • H. P. Lovecraft (12 títulos).
  • (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
Mención honorífica: El año pasado habría dicho que lamentaba no tener en mi biblioteca personal mi novela favorita, la magistral Memorias del subsuelo de Fiódor M. Dostoievski, pero como me la regalaron hace poco, voy a sentir el no tener más libros de tapa dura de la editorial Valdemar.

Placer culpable (por llamarlo de algún modo, ya que me parece bastante estúpido avergonzarse de según qué gustos, por más que muchas personas, presuntamente serias, no sean capaces de entenderlos): "Baja" literatura ("pulp" y bolsilibros, géneros "menores" como el terror, el policíaco, el "western", etc...) y literatura sórdida (ya sea por oscura, perversa, decadente, fetichista o todo lo anterior a la vez).  
 
Santi:
Como tengo mi biblioteca dividida entre Bilbao y Lisboa, entre libros físicos y digitales, no voy a conseguir dar números exactos, y tampoco voy a poder comprobar mis recuerdos o impresiones; en todo caso, así de memoria, diría que estos son los autores de los que tengo más libros:
  • Ramiro Pinilla
  • Julio Cortázar 
  • Andrea Camilleri 
  • Stephen King 
  • Agatha Christie
La mención honorífica es para Terry Pratchett, un autor del que he leído un buen montón de libros, pero de quien poseo muy pocos, porque mi práctica es leer sus novelas mientras viajo, y "liberarlas" cuando las termino.
 
Placeres culpables no tengo muchos, porque asumo sin culpa todos mis placeres lectores, aunque de vez en cuando me doy el gusto de comprar una novela policiaca baratucha y llena de clichés para descansar las neuronas.

En fin:
 
Es muy posible que, si los autores más mencionados no encajan en nuestro alcance habitual (difícil, con más de seis mil reseñas, pero vaaamos) nos decidamos a prestar atención a alguno de ellos. Pero no prometemos nada.