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viernes, 30 de marzo de 2012

Zoom: "Apocalipsis en Solentiname" de Julio Cortázar


Idioma original: español
Año de publicación: 1977 (en el volumen Alguien que anda por ahí)
Valoración: Imprescindible

No sabemos si Benedetti, cuando escribió aquello de que le parecía imposible "digamos indignarse contra Pinochet / durante el insomnio / y escribir cuentos diurnos / sobre la Atlántida", estaba pensando o no en Julio Cortázar específicamente; pero el caso es que esta definición le encaja como un guante. El propio Cortázar sabía que existía esta contradicción entre su compromiso político humano (de izquierdas sin duda, aunque no ortodoxamente comunista, lo que le llevó a apoyar la Revolución Cubana o la Revolución Sandinista, y a oponerse a los regímenes dictatoriales del Cono Sur, pero también a denunciar públicamente el "Caso Padilla" en 1971) y su forma de escribir, individualista, escapista e incluso calificada como críptica o elitista por sus detractores. Así lo expresó el propio Cortázar, en un alarde de autoconocimiento creativo:

"...yo opté por aceptar una situación que me parece prácticamente fatal a esta altura de la evolución geopolítica de nuestros países y comprometerme en la lucha de un futuro socialista en América Latina sin renunciar por ello lo que me es natural y conocido, un sistema de valores culturales que ha hecho de mí lo que soy como escritor, y sobre todo a un individualismo sin duda criticable en el plano de la militancia activa, pero que en el plano de la creación literaria no ha podido ser reemplazado hasta ahora por ninguna identificación colectiva, por ningún trabajo de equipo o sumisión a una línea de orientación basada en criterios políticos.” (Obras críticas 3, 1994: 121)
Y sin embargo, a veces, pocas veces, el compromiso político de Cortázar traspasa de la vida a la obra, y se manifiesta en sus relatos. Es el caso de "Segunda vez", un elíptico relato sobre el poder burocratizado de los regímenes totalitarios, y su capacidad para "desaparecer" personas misteriosamente; en "Recortes de prensa", que problematiza simultáneamente el horror de las torturas y la relación entre arte y realidad; o en este "Apocalipsis en Solentiname", un relato brutal, magnífico, casi diría que perfecto en su combinación de denuncia política y técnica narrativa.

"Apocalipsis en Solentiname" juega con los límites de la autoficción: en él, un "poeta" argentino innominado (pero del que sabemos que es el autor en que se basó la película Blow-up, o sea, Cortázar mismo) viaja a Solentiname, la comunidad cristiana-artística creada por Ernesto Cardenal (comunidad real creada por un sacerdote real), donde toma fotografías y comparte la vida cotidiana de sus habitantes. Solo en la parte final del relato lo fantástico se manifiesta, transformando lo que en apariencia es un cuento inocente y casi autobiográfico en una representación de la violencia que asola el continente americano, ya sea en "una ciudad que podría ser São Paulo o Buenos Aires", o encarnada en el poeta asesinado Roque Dalton.

El estilo es el de Cortázar de siempre, con sus sorpresas casi milagrosas, como esa "maleta sapo" que escupe cosas sobre la cama; también su capacidad para percibir lo fantástico en medio de lo cotidiano (inventar por ejemplo esa cámara de fotografías instantáneas que en vez de revelar lo que sacó, revelase a Napoleón montado en su caballo); o su sensibilidad y su humor para hacer presentes los detalles, las conversaciones, los afectos. Pero a todo esto se añade, aquí, una tremenda realidad humana que necesitaba ser dicha, de la que Cortázar necesitaba hablar. El cuento habría sido narrativamente igual de brillante, pero humanamente mucho menos conmovedor, si en su desenlace el narrador se hubiera encontrado, efectivamente, con Napoleón a caballo en una de sus fotografías.

En "Apocalipsis en Solentiname", Julio Cortázar hace algo que hizo pocas veces en su obra, y que pocos autores han conseguido satisfactoriamente: ser fieles a sí mismos en su estilo y en su forma de concebir la literatura, llevarla a la perfección, o a algo que se le parece mucho, y al mismo tiempo construir un relato que retrata y denuncia la terrible realidad de nuestro mundo. Indignarse contra Pinochet durante el insomnio, y saber transmitirlo en un cuento diurno magistralmente escrito. Aunque este cuento inicialmente parezca que hable de duendes. O de pescaditos.

También de Cortázar en ULAD: Aquí

sábado, 15 de febrero de 2014

Zoom:"El perseguidor" de Julio Cortázar

Idioma original: español
Año de publicación: 1959 (en el volumen Las armas secretas)
Valoración: Imprescindible

Se cumplen ahora 30 años de la muerte de Julio Cortázar, y se inaugura el "año Cortázar" en el que también se celebran los 100 años de su nacimiento. Eso, y que ayer estuve en una lectura dramatizada de "El perseguidor" con música de jazz, me han llevado a releer este relato. Y a lo mejor también el sentirme culpable por haber calificad Rayuela de "gran decepción", ahora que Cortázar se ha muerto hace treinta años. Sea por lo que sea, el caso es que he releído el que está considerado como uno de los mejores relatos de Cortázar, y del que el propio autor ha declarado que supuso el cierre de una etapa creativa y el inicio de otra. Un relato brutal, brillante, conmovedor que puede leerse íntegramente aquí.

(En realidad, el resto de la reseña es superflua: yo soy a Cortázar lo que Bruno a Johnny. Leed el relato, que es lo que de verdad vale la pena).

El protagonista de "El perseguidor" es Johnny Carter, un genial saxofonista de jazz que es el trasunto bastante evidente de Charlie Parker, a quien está dedicado el relato "In memoriam". En el momento en el que se inicia el relato, Johnny vive con su pareja, Dédée, en una habitación de hotel en París; acaba de perder otro saxo en el metro, no tiene apenas dinero, es adicto a la marihuana (!!!), no es capaz de conservar ningún trabajo... pero cuando toca, todo eso no importa: cuando toca es capaz de doblar el tiempo y de penetrar realidades no metafísicas pero sí invisibles para los demás. Johnny es el modelo acabado del genio autodestructivo, inspirado e inconsciente que no es capaz de comprender lo que hace cuando crea.

El protagonista de "El perseguidor" es Johnny Carter, sí, pero el relato se construye desde la visión de Bruno, crítico y amigo (¿amigo?) de Johnny, autor de una exitosa biografía del músico, al que admira con un sentimiento de inferioridad, pero al que también menosprecia de una forma paternalista. (Bruno, dividido entre la vida bohemia de Johnny, Dédée, la marquesa o Baby Lennox, y la arreglada vida de crítico casado y exitoso). Es desde esta tensión entre el creador voraz y el crítico analítico desde donde mejor se comprende el relato, y la relación entre los dos protagonistas, que tiene su culminación en la penúltima escena, en que Johnny acusa a Bruno de haberlo desfigurado en su libro, de no haber sido capaz de comprender nada.

(Una tensión parecida entre un instinto vital irracional y la necesidad de orden y control racional reaparecen también, en otro orden, en Rayuela, en la relación entre la Maga y Horacio: "Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impuso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga.")

"El perseguidor" es, no hay duda, uno de los grandes relatos de Cortázar: una reflexión sobre el arte y la crítica, el genio, el tiempo, la verdad, la amistad, el conocimiento. (Re)leerlo es sin duda el mejor homenaje que se puede hacer a la figura de Cortázar.

También de Julio Cortázar: La vuelta al día en ochenta mundos, Un tal Lucas, Historia de cronopios y famas, Rayuela, "Apocalipsis en Solentiname", "Circe".

domingo, 17 de octubre de 2010

Julio Cortázar: Cartas a los Jonquières

Idioma original: español
Año de publicación: 2010
Valoración: ¿Repugnante?

Hoy me voy a permitir cometer un delito como crítico: reseñar un libro que no he leído, o mejor dicho, un libro del que solo he leído fragmentos: Cartas a los Jonquières, una recopilación de cartas de Julio Cortázar a un amigo de toda la vida, Eduardo Jonquières, que abarcan más de 30 años, de 1950 a 1983, y ocupan más de 600 páginas en su edición actual. Pues bien, el motivo de que hable de esta obra sin haberla leído, y sin tener de hecho ninguna intención de leerla, es que este tipo de publicaciones me producen siempre una incomodidad abismal: me parecen, por decirlo claramente, un alarde de voyeurismo obsceno y necrofílico, y una invasión injustificable a la intimidad del escritor. Como no soy jurista, no sé si el derecho a la privacidad caduca cuando estiras la pata, pero en todo caso, el derecho moral a que no revuelvan tus intimidades debería ser inquebrantable...

"El Cortázar más privado", titula el País el artículo-anuncio publicado hace unos días (no hay que olvidar que Alfaguara y El País forman parte del mismo grupo empresarial). Y tan privado: como que estás publicando sus cartas personales, no escritas con intención literaria sino simplemente comunicativa. No estamos hablando de las epístolas de Cicerón, sino de la posibilidad de que algún día alguien publique esos emails cachondos, depresivos o confesionales que le acabas de mandar a tu mejor amigo, porque, en opinión del crítico futuro "informan con esmero y puntualidad casi semanal sobre un período del que apenas sabíamos nada". Va a resultar que al final todo escritor necesita una María Kodama que le cubra las espaldas después de muerto.

Ya digo que este tipo de publicaciones me revuelven el estómago, por motivos humanitarios. Pero es que además, como crítico, me parece que parten de un interés erróneo y excesivo por la figura, la personalidad y la vida de los escritores, como si con ello se nos fueran a aclarar todos los misterios de su obra (un mecanicismo biografista peligroso y ya desacreditado hace tiempo). Mi admiración por Cortázar, que es mucha, aunque a veces parezca lo contrario, nunca me llevaría a revolver en su armario, escarbar en su papelera y publicar sus recibos del supermercado. No solo eso: llegar a conocer las entretelas de nuestros escritores favoritos puede incluso ser contraproducente. No sé quién dijo aquello de que la mejor manera de dejar de admirar a un escritor es conocerlo en persona (o algo parecido), pero me temo que sea verdad.

Y lo que yo me pregunto es, dado que Julio Cortázar falleció hace apenas 25 años, ¿quién tiene los derechos de esas cartas? ¿A quién corresponde la potestad para decidir que se publiquen? Y también, ¿quién se está lucrando con toda esta retahíla de "papeles encontrados" de Cortázar que está saliendo a la luz en los últimos años?

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viernes, 29 de mayo de 2009

Julio Cortázar: La vuelta al día en ochenta mundos

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1967
Valoración: muy recomendable

La vuelta al día en ochenta mundos es el particular homenaje de Julio Cortázar a su tocayo Verne, cuyas novelas devoró de niño. (Como es sabido, el lector es el único tipo humano que digiere la celulosa, por lo que el niño Cortázar no se indigestó, al contrario.) En realidad, no es que haya muchas menciones a Verne, aparte del título; sin embargo, la inversión que lo conforma puede dar ya idea del homenaje, que tiene lugar en ese nivel de profunda gratitud debida en el que las cosas no son tan evidentes. Julio Verne quería conseguir que lo fantástico pareciera científico; Cortázar estaba empeñado en lograr lo contrario: que el orden anodino y calmo de lo real desvelara los abismos de asombro que lo sostienen. Y a ese propósito destina aquí los medios más variados.

Puede que precisamente por esa variedad no sea éste el mejor libro para empezar a leer a Cortázar. Yo diría que es casi uno de esos recopilatorios con ensayos, versiones acústicas y anécdotas de grabación que sacan de vez en cuando las míticas bandas de rock. Un libro para fans. Esto se nota sobre todo en cierto tono cómplice que le sale al autor al presentar algunos textos, como diciendo: "¿te acuerdas de los cronopios? pues aquí está su partida de nacimiento" O también: "mira qué manuscrito tan viejo me encontré, ¿a que no parece mío?" Así va repasando algunas de sus referencias literarias, sus descubrimientos más extraños o sus trabajos menos conocidos, sin más exigencia que contar a cada rato lo que le apetece.

Puede que los lectores que no estén familiarizados con Cortázar se pierdan algunas de estas complicidades, pero lo que es seguro es que incluso los que le conozcan bastante podrán hacer gratos descubrimientos. Yo he leído por primera vez poemas suyos y crónicas periodísticas, y nada me ha defraudado. Entre los ensayos hay algunos más serios, como el dedicado a Lezama Lima, y otros imbuidos de un humor metafísico-surrealista que crea adicción: páginas memorables dedicadas a los "piantados" (como el hombre que vestía de verde y pintó su casa, su bicicleta y su caballo de verde) o al enigma de Jack el Destripador. Se añaden algunos relatos breves que son como cápsulas de Cortázar concentrado. No me resisto a copiar aquí el que más gracia me hace:

Por escrito gallina una
Con lo que pasa es nosotras exaltante. Rápidamente del posesionadas mundo estamos hurra. Era un inofensivo aparentemente lanzado Cañaveral americanos Cabo por los desde. Razones se desconocidas por órbita de la desvió, y probablemente algo al rozar invisible la tierra devolvió a. Cresta nos cayó en la paf, y mutación golpe entramos de. Rápidamente la multiplicar aprendiendo de tabla estamos, dotadas muy literatura para la somos de historia, química menos un poco, desastre ahora hasta deportes, no importa pero: de será gallinas cosmos el, carajo qué.

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lunes, 25 de mayo de 2009

Julio Cortázar: Historias de cronopios y de famas

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1962
Valoración: imprescindible

Por supuesto, en este blog faltan muchísimos nombres todavía. Al fin y al cabo, es normal, no hemos hecho más que empezar. Pero ocurre a veces que me doy cuenta de una ausencia inexcusable -supongo que a los demás les pasará lo mismo- y me siento en el deber de escribir alguna reseña que la supla. Cortázar es un caso flagrante.

Seguirán muchas otras entradas sobre él, estoy seguro, y en realidad no tengo una razón especial para empezar por Historias de cronopios y de famas. Es probablemente uno de sus libros más conocidos, hasta el punto de que algunos de sus textos empiezan a usarse en la publicidad (el reciente anuncio de un coche con el "Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj" leído por el propio Cortázar... ¿quién gestiona sus derechos de autor, y cómo?). Esto podría ir en contra de esta elección, pero ya hemos dicho otras veces que no nos detendremos ante recomendaciones de perogrullo. Si ya has leído este libro, bueno, recordémoslo un rato; si no, corre a la biblioteca más cercana.

Estas Historias forman el libro más divertido de Julio Cortázar. Las anécdotas y tribulaciones de cronopios, famas y esperanzas ocupan en realidad sólo el último tercio del libro. Según confesión del autor, estos extraños entes nacieron en el descanso de un concierto de Louis Armstrong en el teatro de los Campos Elíseos en París, allá por 1952. Cuando Cortázar se quedó solo en la inmensa sala del teatro, notó la presencia de unos seres simpáticos, que parecían flotar en el aire y que sólo podían llamarse "cronopios". Las famas y las esperanzas pronto vinieron a hacerles compañía, y su primera aparición impresa es una crónica de ese concierto publicada poco después en una revista de Buenos Aires. (El lector la puede encontrar en La vuelta al día en ochenta mundos, del que hablaré otro día.) Los cronopios son caóticos e inocentes, las famas bienpensantes y astutas, las esperanzas, bueno, algo lelas. Su mezcla en la probeta de Cortázar sólo puede dar resultados desternillantes.

El resto del libro está ocupado por varios manuales de instrucciones inverosímiles (para subir una escalera, para dar cuerda a un reloj, para cantar...), el listado de ocupaciones raras de una familia que vive en la calle Humboldt y diversos apuntes entre el relato breve y el ensayo muy libre. Cortázar hace un alarde de su visión fantástica de la realidad y consigue transmitirla al lector con viveza inimitable (como dijo Vargas Llosa: los mejores textos de Cortázar parecen hablados). Después de leer este libro no se mirará al reloj con la misma confianza que antes, ni se visitará una oficina de correos sin reprimir la risa.

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domingo, 27 de noviembre de 2016

Julio Cortázar: Todos los fuegos el fuego

Idioma original: español
Año de publicación: 1966
Valoración: imprescindible

Cuando busco en internet para completar la reseña veo que este libro tiene ya 50 años. Y aunque no debería extrañarme, me quedo pasmado con, salvaguardando los debidos avances de la ciencia, lo actual que resulta y los pocos escritores que han alcanzado tal nivel en lengua española.
Todos los fuegos el fuego está compuesto por de ocho relatos entre la decena y la cuarentena de páginas y sus temáticas no pueden ser más variadas. Hasta gladiadores vamos a encontrarnos.
"Nada podía andar peor, pero al menos ya no estábamos en la maldita lancha, entre vómitos y golpes de mar y pedazos de galleta mojada, entre ametralladoras y babas, hechos un asco, consolándonos cuando podíamos con el poco tabaco que se conservaba seco porque Luis (que no se llamaba Luis, pero habíamos jurado no acordarnos de nuestros nombres hasta que llegara el día) había tenido la buena idea de meterlo en una caja de lata que abríamos con más cuidado que si estuviera llena de escorpiones. Pero qué tabaco ni tragos de ron en esa condenada lancha, bamboleándose cinco días como una tortuga borracha, haciéndole frente a un norte que la cacheteaba sin lástima, y ola va y ola viene, los baldes despellejándonos las manos, yo con un asma del demonio y medio mundo enfermo, doblándose para vomitar como si fueran a partirse por la mitad."
 Y los escenarios pueden estar separados por siglos, pero hay cierta condición difícil de describir que emparenta estos ocho relatos. Y es que, aunque puedan parecernos fantásticos, solo están a un paso de ser reales, de ser posibles. A veces un paso absurdo, una mera vuelta de tuerca virtual.
Cortázar empezó con el que, a priori, puede parecer más imposible: La autopista del Sur reúne a cientos de automovilistas parados en el clásico atasco monumental al regreso a una gran ciudad tras el fin de semana. No sabemos acerca de sus protagonistas: los nombran las marcas y modelos de sus coches, en un primer guiño brutal que habla bien claro acerca de la agudeza del autor: la persona definida a través del vehículo que conduce. Después se añadirán más. El agrupamiento en función de la cercanía geográfica, la distribución de tareas y funciones, la difícil integración con el nuevo entorno forzado. Simbolismos a destajo en un relato modélico en su desarrollo.
Le siguen otros siete, y permitidme que no me comporte conforme a los cánones glosando sus sinopsis y sus cualidades, que todos las tienen. Reunión, el que se inicia con el párrafo que he incluido, nos sitúa en una eventual isla en medio de un desembarco armado. La señorita Cora, extraordinario en su sutileza, desarrollo y corrientes subterráneas, nos muestra la relación entre una enfermera y un adolescente hospitalizado. La salud de los enfermos se pliega sobre sí mismo en ese nudo (también presente en sentido inverso) de sobre-protección que justifica engaños viles y mentiras piadosas. Instrucciones para John Howell le daría a Paul Auster para media docena de novelas y La isla al mediodía retrata al hombre moderno, al asalariado que consume su jornada de trabajo ensimismado, mejor que muchas novelas modernas. Pues vaya: si apenas me he dejado dos, quizás más difíciles por su desdoblamiento de personajes, pero en cualquier caso extremadamente bien escritos.
Por todo lo cual, y considerando que, cincuenta años tras su publicación, ya ha habido tiempo para que otros muchos hablen más y mejor de este libro, ya os dejo en paz: lo sencillo que es hacerse con este libro y las maravillas que encontraréis en él no vais a verlos en muchos sitios.

martes, 29 de octubre de 2013

Semana del terror: "Circe" de Julio Cortázar

Fecha de publicación: 1951
Idioma original: castellano
Valoración: muy recomendable

Como cualquier otra emoción, el terror es un territorio vasto y cambiante, con anchos caminos trillados, con confines inciertos y con algunos rincones apenas explorados. Hay muy buena literatura de terror que recorre esos caminos trillados y que nos lleva por ellos rápido y directo, sin perder tiempo en rodeos ni en baches, y nos hace disfrutar precisamente de que el viaje transcurra fluído, familiar. Pero hoy otras obras que nos adentran en esos rincones inexplorados y nos los muestran por primera vez. Que los fundan, de hecho. "Circe" es una de ellas.

Está incluido en Bestiario, que fue el primer libro de relatos de Cortázar, pero publicado ya cuando tenía 37 años y, según el mismo dijo, estaba "seguro de lo que quería decir". No sé si por eso debería no sorprenderme tanto que el cuento funcione como un reloj desde el primer párrafo. Se nos informa de que la gente del barrio habla mal de una chica, Delia, y de que a un chico, Mario, le molestan esas habladurías. Pero las primeras palabras ya ponen en cuestión, enigmáticas, todo lo que sigue: "Porque ya no ha de importarle, pero esa vez le dolió [a Mario]..." Sólo en la última frase se revela el contenido de los chismes como un golpe: "...y acercarse (...) a la muchacha que había matado a sus dos novios."

A Mario no le importa que los dos novios de Delia murieran en circunstancias extrañas y menos aún los rumores de vecindario. Comienza a visitar a Delia regularmente llevándole pequeños regalos y se inicia, en fin, uno de esos lentos cortejos de entonces, con los Mañara (nunca se dice que sean los padres de Delia) sentados al lado de la pareja y compartiendo el café. La chica guarda luto por sus dos novios muertos, pero eso no desanima a Mario. Su insistencia acaba propiciando un lento cambio. Cortázar hace que el relato evolucione sobre la leve y paulatina evolución de Delia, que empieza a mostrarse más animada, más solícita con Mario, comienza a prepararle postres y bombones, se deja dar el primer beso en la mejilla y acaba aceptando la petición de matrimonio.

No destriparé el final, desde luego, pero Cortázar ya nos lo va haciendo temer a base de aportar inocentemente, como de pasada, los más elocuentes detalles circunstanciales. Escribe, por ejemplo, que "Mario no tenía necesidad de inventarse un toque especial de timbre, todos sabían que era él". Basta eso para imaginarnos la hostilidad de esa casa que nadie más visita. Cuando Delia le da a probar por primera vez un licor hecho por ella, es "en diciembre, con un calor húmedo y dulce". Ese dulzor pegajoso del verano y de los postres va haciéndose más y más opresivo hasta que hacia el final emerge algo monstruoso como por unas pequeñas fisuras. En un momento, los movimientos de Delia son comparados con "la fuga enceguecida del ciempiés, una loca carrera por las paredes". Esa mezcla de domesticidad y violencia ciega, té con pastitas y oscuridad incomprensible me parece todo un hallazgo en el ámbito del terror. Un repeluzno propio que Cortázar habría podido patentar.

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viernes, 6 de noviembre de 2009

250 entradas - 250 años (I)

Para conmemorar que hemos llegado a las 250 entradas de blog -sin fallar un solo día-, los que hacemos Un libro al día nos hemos propuesto hacer nuestro propio "canon" de los mejores libros escritos en los últimos 250 años. Cada uno de los autores del blog votamos por los libros que quisimos (10 en algunos casos, 25 en otros), y después unificamos las listas.

Como la lista de "nominados" y "premiados" es muy larga, la dividimos en dos partes: publicamos hoy la lista de libros que obtuvieron un solo voto, de alguno de nosotros (los "nominados"). Mañana publicaremos la lista de los 14 libros que obtuvieron más de un voto y que, por lo tanto, se puede decir, son "los 14 mejores libros escritos en los últimos 250 años según Un libro al día". Como veréis, en la lista -la de hoy y la de mañana- hay un poco de todo: mucha literatura consagrada (no es un canon excesivamente rompedor en ese sentido); casi todo novela, con algunas incorporaciones de novela gráfica, ciencia-ficción o novela fantástica; bastante literatura en español (con predominio de Hispanoamérica) y sobre todo una aplastante mayoría de obras del siglo XX.

Esta es, en fin, la lista de nominados:


  • ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Philip K. Dick
  • Antología poética, Miguel Hernández
  • Canto a mí mismo, Walt Whitman
  • Cantos de Maldoror, Isidore Ducasse
  • Capitanes de la arena, Jorge Amado
  • De ratones y hombres, John Steinbeck
  • Dune, Frank Herbert
  • El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez
  • El barón rampante, Ítalo Calvino
  • El candor del padre Brown, G. K. Chesterton
  • El color de la magia, Terry Pratchett
  • El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad
  • El lobo estepario, Herman Hesse
  • El marino que perdió la gracia del mar, Yukio Mishima
  • El proceso, de Kafka
  • El profeta, Khalil Gibran
  • El retrato de Dorian Grey, Oscar Wilde
  • El rey se muere, Eugene Ionesco
  • El ruido y la furia, William Faulkner
  • El señor de los anillos, J.R.R Tolkien
  • El tragaluz, Antonio Buero Vallejo
  • El último encuentro, Sandor Marai
  • Esperando a los bárbaros, Coetzee
  • Fausto, Johann Wolfgang von Goethe
  • From Hell, Alan Moore
  • Hojas de hierba, Walt Whitman
  • Inventario Uno, Mario Benedetti
  • Jane Eyre, Emily Bronte
  • Juego de tronos, George R.R Martin
  • La casa de citas, Alain Robbe-Grillet
  • La ciénaga definitiva, Giorgio Manganelli
  • La insoportable levedad del ser, Milan Kundera
  • La montaña mágica, Thomas Mann
  • La naúsea, Jean Paul Sartre
  • La tierra baldía, T. S. Eliot
  • Las amistades peligrosas, Pierre Choderlos de Laclos
  • Libro del desasosiego, Fernando Pessoa
  • Lo bello y lo triste, Yasunari Kawabata:
  • Luces de Bohemia, Valle Inclán
  • Me casé con un comunista, Philip Roth
  • Movimiento perpetuo, Augusto Monterroso
  • Mrs. Dalloway, Virginia Woolf
  • Narraciones extraordinarias, Poe
  • Nieve, Ohran Pamuk
  • Orgullo y prejuicio, Jane Austen
  • Poeta en Nueva York, Lorca
  • Rayuela, Julio Cortázar
  • Relatos, Julio Cortázar
  • Residencia en la tierra, Pablo Neruda
  • Rimas, Becquer
  • Sin destino, Imre Kertesz
  • Todo Mafalda, Quino
  • Un mundo feliz, Aldous Huxley
  • Una soledad demasiado ruidosa, Bohumil Hrabal
  • Una temporada en el infierno, Arthur Rimbaud

miércoles, 21 de abril de 2010

Grandes decepciones: Rayuela, de Julio Cortázar

Idioma original: Español
Año de publicación:
1963
Valoración:
Está bien

Más de un año después de empezar este blog, digo yo que ya es hora de reseñar Rayuela, una de las novelas (o contranovela o antinovela, tanto da) más influyentes de la literatura del siglo XX, y uno de los hitos que contribuyeron a formar y reforzar el boom de la narrativa latinoamericana. Pero aunque a alguno le pueda parecer una herejía, en mi modesta opinión, en Rayuela las intenciones y las intuiciones generales del autor son muy superiores al resultado concreto, que a ratos es, reconozcámoslo, sinceramente aburrido.

Quien hojee por primera vez la novela, se encontrará con un "tablero de dirección", en el que se proponen dos lecturas posibles: una tradicional (empezando en la primera página, y terminando en la página que dice "fin") y otra alternativa, saltando por los capítulos de la novela, siguiendo el orden que se indica en ese tablero. Se elija la versión que se elija -aunque sospecho que todo el mundo elige la segunda-, uno se encuentra con las aventuras intelectuales, amorosas y literarias de Horacio Oliveira, primero "del lado de allá" (en París) y luego "del lado de acá" (en Buenos Aires).

Por supuesto, es innegable que en Rayuela hay capítulos insuperables, magníficos, que ponen la piel de gallina y producen hasta vértigo de lo buenos que son. Por ejemplo, el precioso capítulo 7; o esa sensual escena en glíglico (sensual, a pesar de estar en glíglico); o el personaje de La Maga, con su hijo de nombre improbable, de la que es casi imposible no acabar enamorado. Y sin embargo, a la novela le sobran decenas, si no centenares de páginas; las morellianas (capítulos de reflexión filosófica o literaria de un supuesto escritor llamado Morelli, probable trasunto de Cortázar) son casi siempre pesadas y molestas; y toda la segunda parte "del lado de acá" resulta insulsa, absurda, innecesaria. ¿Y qué tenemos que hacer quienes no sabemos de jazz con todas las referencias que el bueno de Julio puso ahí, más por afán exhibicionista que divulgativo, sospecho?

Siempre que se habla de los antecedentes de la narrativa hipertextual, se menciona Rayuela. Lo sé, porque yo también he dado clases de narrativa hipertextual, y he mencionado a Rayuela. Y sin embargo, esta novela, poderosamente dominada por el ego de Cortázar, está muy lejos de ejemplificar esa "muerte del autor", o esa "libertad del lector" que, se supone, caracteriza a la literatura posmoderna. La mano del autor se muestra desde la primera página (ese "mapa" que el lector no puede dejar de seguir si no quiere perderse), pero sobre todo en su superabundante ego, que rezuma en cada página, y que termina por empalagar o por ahogar al lector...

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domingo, 17 de marzo de 2019

Jesús Marchamalo & Marc Torices: Cortázar


Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable

Nunca he sido un acérrimo "cortazariano", pero la reseña a veinte manos (bueno, a decir verdad, diecinueve, que yo estuve al mismo tiempo comiendo doritos) que nos marcamos recientemente me creó alguna curiosidad por conocer más cosas del célebre autor del cuento, aparte de lo que cualquiera con cierta culturilla general podría saber (escribió Rayuela, nacido en Bélgica, vivió en Francia, enterrado en el cementerio de Montparnasse... bueno, vale, para esto último hay que ser un poco biblionecrófilo, lo admito). pero vamos, ni ganas de meterme una biografía de esas tochacas con estudios filológicos comparatistas de todas las obras de este insigne escritor y tal y cual...; por fortuna para  los holgazanes lectores inquietos como yo, vivimos en la época dorada de los tebeos para adultos gafapastas las novelas gráficas. Así que una de éstas, de título inequívoco y estupenda por lo demás, es la que hoy ocupa esta reseña.

El libro -en puridad, tampoco sería correcto llamarle "novela", aunque sí "gráfica, claro-, también es una biografía, sólo que mucho más ligera y amena que lo que suele ocurrir al uso. Pero, en general, sigue el habitual hilo temporal de nacimiento-infancia-juventud-etc... hasta el fallecimiento de Cortázar. Hilo roto, de vez en cuando, por anécdotas o peculiaridades diversas del escritor; sin llegar a calificarlos de "interludios líricos" o "poéticos", sí es cierto que estos pequeños episodios, amén de proporcionarnos una visión más completa de la personalidad y circunstancias del biografiado, aportan al conjunto un toque entrañable, a la par que fresco. La narración, en todo caso, toca todos los momentos en principio fundamentales de la vida del escritor: su niñez, con su padre ausente, el comienzo de la fascinación por los libros, sus trabajos como profesor y traductor, sus primeros escarceos literarios, el traslado a París, sus relaciones amorosas, sus viajes, el reconocimiento de su obra, su posicionamiento político a favor de la Revolución cubana... (*) Como os podéis suponer, especial ilusión me ha hecho ver reflejado el momento en el que, en 1946, el propio Borges recibió y decidió publicar en la revista Los Anales de Buenos Aires el cuento Casa tomada.


En suma, que la trayectoria, tanto vital como literaria de Julio Cortázar se ve explicada y representada a la perfección en este libro, con la fundamental ayuda, además, de un grafismo sencillo pero muy efectivo, que oscila entre cierta ingenuidad y un toque onírico de lo más adecuado. Ahora bien, por poner algún pero (que no todo va a ser néctar y pétalos de flores), he de señalar que, a pesar de esta minuciosidad de la narración y del recurso al anecdotario cortazaresco que he mencionado antes, la figura del escritor queda envuelta en un aire, no de frialdad, pero sí de cierta reserva, se le ve siempre un tanto distante, como si los autores del libro no hubiesen sido capaces de traspasar una capa protectora, una burbuja de timidez y soledad en la que se refugiase el biografiado (no descarto, por supuesto, que Cortázar fuera así de verdad, que no lo sé).

Aún así, que no lo dude nadie: esta es una lectura de lo más recomendable, que además cumple con una función importante: que te entren ganas de leer más cosas del autor de Rayuela. No es poco, eso...

(*)Hace poco leí, por cierto, un emocionante párrafo de un libro de Bioy Casares acerca del fallecimiento de Cortázar, en el que le manifestaba gran aprecio y consideraba que siempre habían sido amigos, a pesar de no compartir ideas políticas. Un gran ejemplo.


miércoles, 14 de octubre de 2009

Julio Cortázar: Un tal Lucas

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1979
Valoración: Muy recomendable

El título no engaña: este libro trata en efecto de un tal Lucas. Son breves textos que no son relatos, pero tampoco ensayo y, menos aún, biografía. Diría que son algo parecido a actas, las actas de las rarezas de un ser raro, con quien el autor simpatiza sospechosamente y que se llama Lucas. Cortázar nos descubre, por ejemplo, el patriotismo, el patrioterismo y el patiotismo (sic) de Lucas. Nos habla de sus clases de español, en las que asombra a sus alumnos franceses con crónicas taurinas (toma nota, Guillermo) o nos describe su arte de pronunciar conferencias. Aquí y allá uno encuentra esos súbitos vistazos de Cortázar, que son como un cortocircuito de una realidad más increíble y exacta. Por ejemplo, una mesa por debajo es "un acuario de transparentes medusas que conspiran contra nosotros, mientras que aquí encima todo sigue plano y resbaloso y absolutamente espía japonés".

Además de las tribulaciones de Lucas, el libro recoge una serie de textos breves en los que Cortázar parece contar simplemente lo que le apetece y gracias a Dios. Por ejemplo, cómo descubrió súbitamente en una reunión de negocios que "todo gato es un teléfono pero todo hombre es un pobre hombre" o cómo en el país del general Orangu todos los habitantes, cumplidos los 18, se inyectan en sangre veinte pescaditos dorados, lo que los hace muy felices. Se narran también las costumbres de una cierta orquesta en la que todos los violoncelos se disputan a la arpista.

El libro entero, en fin, está repleto de recovecos, de bromas, de intuiciones sorprendentes. Da la impresión de haberse escrito disfrutando, casi sin querer, y desde luego se lee precisamente así. Para terminar, ahí va una miniatura cortazariana que encierra con toda inocencia una oscura versión del segundo teorema de la incompletitud de Gödel. Se titula "Destino de las explicaciones":
En algún lugar debe haber un basural donde están amontonadas las explicaciones. Una sola cosa inquieta en este justo panorama: lo que pueda ocurrir el día en que alguien consiga explicar también el basural.
También de Cortázar en ULAD: Aquí

sábado, 2 de marzo de 2019

Reseña coral 10º aniversario: Casa tomada de Julio Cortázar

Idioma original: español
Año de publicación: 1945 (en la revista Los Anales de Buenos Aires) 1951 (formando parte de Bestiario)
Valoración: Sigue leyendo




Santi:

Hay obras (quizás sean esas que se suelen llamar "clásicos") que consiguen multiplicar sus lecturas a través del tiempo y de los lectores. Intentar reducir estas obras a un significado único es siempre empobrecedor, porque reduce su capacidad para producir nuevos sentidos. "Casa tomada" tiene esa capacidad: aunque se ha intentado dar una interpretación (política, filosófica, psicológica) a su trama, a pesar de su brevedad sigue siendo un relato escurridizo y polisémico. Así, cada miembro del equipo ULAD puede tener su propia visión del texto, y todas son relevantes, y ninguna es definitiva.

Beatriz Garza:

Casa tomada es una metáfora de la abulia de la sociedad acomodada que no me resultaría tan inquietante si no fuera por un elemento imprescindible: el contraste entre la gravedad de lo que se explica con el tono anestesiado, casi frío, del narrador en primera persona. Hace que un relato comprometido y muy bien escrito se convierta en algo superior, capaz de trascender el papel y dejar al lector aturdido. La frase: «Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar» es un mantra de nuestros días.

Oriol Vigil:

Casa tomada es un relato turbador, cuya ambigüedad espolea la imaginación del lector. Decía @Blau_Oblit en un tweet que habría que adaptar esta narración en formato videojuego, y me estremezco de placer (y horror, por qué negarlo) con sólo pensar en lo que eso nos podría deparar...

Carlos Andia:

Yo escribí, sin saberlo, Casa tomada. Bueno, la casa no era tan grande ni había una hermana tejiendo. Pero también había un recodo en el pasillo, y el miedo era el mismo.  Algún tipo de presencia, algo que se siente, que se escucha en la casa de Cortázar, que se ve en la mía. Una parte de esas habitaciones que queda ya fuera de nuestro alcance, las debemos olvidar para siempre, porque algo se ha apoderado de ellas, quizá los que vivieron antes, o algo que no podemos entender pero que está.
Claro, yo escribo muchísimo peor que Cortázar, pero el sueño es el mismo, o parecido, y el escalofrío seguramente recorre la espalda de la misma manera. Así que, por las dos razones y por otras más, ahora solo escribo reseñas, y aprovecho para festejar la ecuación del día: Benedetti + 3.652 = Cortázar. No está mal, no señor.

Carlos Ciprés:

La verdad es que no vale la pena hacer el esfuerzo vano de intentar decir algo ocurrente, original, valioso o interesante acerca de este texto, al que, seguro, ya le han dedicado miles de tesis, estudios literarios y psicoanalíticos, reseñas, comentarios y análisis de texto. Apenas me queda un recurso. Constatar como, con apenas un puñado de palabras escogidas, la literatura puede agarrarnos  por el pescuezo para depositarnos en el borde mismo del inmenso precipicio que es la mente del lector. Y lanzarnos al vacío…

Juan G.B.:

Receta para el cóctel Casa tomada:
-Una base de slivovice checo marca Kafka.
-Un tercio de moonshine casero (o sea ilegal), destilado por Stephen King.
-Un golpe de bourbon Shirley Jackson.
-El gusano de un mezcal de la casa Juan Rulfo.
-Ralladura de lima porteña, y adorno con una ciruela Borges.
Agitado , no mezclado. Servir en vaso corto.
(Se pueden volver a obtener los ingredientes por medio de decantación, centrifugado, etc... pero es posible que el resultado sea un combinado de licor Mariana Enriquez. Por ejemplo...)

Koldo C.F.:

Habemus casa espaciosa y antigua, familia de rancio abolengo venida a menos y habemus relato de variadas lecturas: lectura textual (casi terror psicológico), lectura en clave político-social-cultural ("desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina"), lectura existencialista o en clave de renuncia ("se puede vivir sin pensar"), etc. Muy buen relato, limpio de polvo y paja, de esos que da qué pensar. Eso sí, no es mi favorito de Cortázar, pero casi. Me quedo con "La autopista del sur". ¿Vosotros?

Montuenga:

Casa tomada es un relato de inspiración esotérica que narra cómo los habitantes de una casa solariega son arrinconados primero y expulsados después por unos enigmáticos seres de ultratumba.
No. Lo que cuenta en realidad es la apacible existencia de dos hermanos que viven en mutua compañía, sumidos en sus cavilaciones y sin necesidad de ganarse la vida, y acaban trastornados debido a la inactividad y el aislamiento.
En absoluto. Se trata de una ficción alegórica con claro contenido político, que denuncia a los totalitarismos como causantes del exilio –tanto interior como real– de los ciudadanos que no se adhieren a sus dogmas.
O más bien nos habla de un hecho común a todas las vidas. La biología nos expulsa de la infancia, la necesidad de independencia de casa de nuestros padres, diversas circunstancias o personas se convierten en engranajes que nos fuerzan a abandonar el trabajo, una pareja, nuestra ciudad de origen, esa casa que amábamos tanto… Y no siempre conocemos las causas. Puede ser que ni siquiera el día anterior a estas expulsiones fuésemos conscientes de que ya habíamos perdido lo que hasta entonces considerábamos nuestro legítimo territorio.
Y está contado tan magníficamente y con tal economía de medios, la intriga está graduada con tal perfección, el misterio expresado tan vívidamente, que notamos cómo se nos blanquean los nudillos y se nos crispa la mandíbula.
Cortazar viene a decir que el peligro más temible es aquel cuya identidad no conocemos, y cualquier lector sabe que es verdad.

Francesc Bon:

¿Por qué media docena de páginas me dejan tan inquieto? Miro la fecha de publicación, 1946, pienso si entonces Cortázar ya valoraba lo de ir a Europa a residir entre las ruinas de la II Guerra Mundial . Seguro que era muy consciente de lo que había pasado. Pienso en esa velada alusión a una relación incestuosa entre dos hermanos ya talluditos, y tampoco me resisto a entregarme a alguna divagación adicional. Que ese relato de puertas que se van cerrando y esas partes que se van aislando de la casa no sea una mezcla bastarda del juego de misterios de Poe o Lovecraft, una metáfora del totalitarismo como elemento invasor de la existencia individual, una intromisión sin respiro, una tan sutil como genial creación de atmósfera asfixiante, Kafka también asoma por ahí, tras esos espacios que se estrechan sobre uno y ese precipitarse hacia la puerta. Miro hacia adelante: ¿leería King ese cuento, lo leería Auster, lo leería Bolaño? Casa tomada debe tener cientos de interpretaciones, desde la más prosaica hasta la más freudiana, claro. En seis páginas de nada.

Marc Peig

Leo el relato en dos claves, por una parte, la introspectiva, por otra la de una sociedad en claro declive. Ambas lecturas pueden ir de la mano, pues una va en parte ligada a la otra. Así, la casa tomada lo es en tanto que espacio físico, donde se va de más a menos, dándose cuenta uno que no necesita tanto como posee y que, al perder parte de ello, se echan de menos cosas, pero también aumenta el confort al verse identificado en lo que queda. Y eso puede extenderse a la sociedad o también introspectivamente a uno mismo, pues sólo cuando conocemos todo aquello que somos, podemos ser felices, aún y a riesgo de acabar perdiéndolo, por la evolución de la vida o su decadencia; el paso del tiempo mengua ese espacio vital y las posibilidades que uno tiene, y la angustia transmitida por esa casa tomada se evidencia en un peligro que se acerca y acecha. Puede ser por el paso de la edad, con sus consecuencias, o por una economía en decadencia, según se mire. O por ambas. O por más posibles lecturas, pues el relato abre tantas puertas como las que existen en esa casa inicial, donde parece no haber límites. Ahí radica el principal valor del relato.


También de Julio Cortazar: Todos los fuegos el fuego, Rayuela, La vuelta al día en ochenta mundos, Un tal Lucas, Cartas a los Jonquières

martes, 26 de junio de 2012

Amílcar Bettega: Los lados del círculo

Idioma original: portugués
Título original: Os lados do círculo
Año de publicación: 2004
Valoración: Muy recomendable

Reconozco que no habría leído este libro si no hubiera conocido personalmente a Amílcar Bettega, a través de mi amigo Everton Machado, en Lisboa. Pero también digo que este libro merece ser leído, independientemente de que se conozca personalmente a su autor. Porque es un gran libro, que demuestra una maestría y una audacia técnica muy poco usual hoy en día.


Los lados del círculo ha sido clasificado como libro de relatos, aunque está, de hecho, en la barrera entre el libro de relatos con marco, y la novela episódica. El primer texto, titulado "El puzzle (fragmento)" -que enlaza obviamente con el último, titulado "El puzzle (suite e fin)"- nos presenta a un grupo de personajes, incluido el propio narrador, que se reúnen en la playas de Porto Alegre para hacer esculturas circulares formadas por objetos varios. El resto de los relatos nos muestran los destinos (algunos de ellos trágicos) de estos personajes, lo que da unidad a un conjunto por lo demás muy variado, en cuanto a tramas y técnicas.

Respecto a las tramas, hay cierta tendencia a reflejar seres solitarios o desquiciados (como en "Teatro de muñecos" o "La aventura práctico-intelectual del señor Alexandre Costa"), e historias amorosas más o menos convencionales (en "La próxima línea" o "The end"); la violencia social o sobrenatural se hace presente en relatos como "Círculo vicioso" o "Verano". La propia escritura también se convierte en tema en relatos como "A/A Editor cultura sigue resp. Cf. Solic. Fax" o "Coartada", o a través de la pregunta, repetida como un estribillo a través de todo el libro: "¿Estás escribiendo?". De hecho, la última frase del libro es "Voy a escribir".

Pero como decía, lo que destaca sobre todo en este libro es la maestría técnica del autor, que hace casi un muestrario de maneras de narrar: el monólogo interior, la narración en primera persona, la autoficción, el seudo-informe, permitiéndose también algunas experimentaciones formales (textos a doble columna, representaciones tipográficas del espacio, textos fragmentarios...) a las que la mayoría de los escritores parecen haber renunciado, aunque no hayan dejado de ser efectivas.

Creo que es imposible hablar de Los lados del círculo sin mencionar a Julio Cortázar, y no solo porque aparezca como personaje en uno de los relatos. El mundo de Amílcar Bettega es muy cortazariano, aunque con menos elemento fantástico. Incluso el estilo de algunos relatos recuerda un tanto al de Cortázar, así como el viaje final a París (no se puede leer la expresión el "lado de acá" sin pensar en Rayuela). Pero esto no quiere decir que Bettega sea un simple imitador de Cortázar, sino que comparte con él inquietudes que van del contenido a la estructura al estilo, o del estilo a la estructura al contenido; que traspasan toda la obra, vamos.

Los lados del círculo es, en todo caso, la obra de un escritor que ya ha sido reconocido en su país, y que merece ser más conocido "en el lado de allá", o sea, en el nuestro. Os recomiendo buscarlo, comprarlo y leerlo; ya no se escriben muchos libros como este, por lo menos en España.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Semana del terror: "El pozo y el péndulo", de Edgar Allan Poe

Idioma original: inglés
Año de publicación: 1842
Título original: The Pît and the Pendulum
Traducción: Julio Cortázar
Valoración: Muy recomendable

Pues a que vamos a tener más miedo que a lo que nos es cercano y por lo tanto posible. Ejemplos no nos van a faltar. Vecinos que cierran puertas precipitadamente a nuestro paso. Pasos que van tras los nuestros en calles oscuras. Oscuridad: falta del control que nos otorgan nuestros sentidos. Monstruos con aspecto humano, de los que nos fiamos, y lobos con piel de cordero. Hubo un tiempo en que la Inquisición, representante de esa fe que debe proteger al hombre que la tiene y guiarle por el camino del recto proceder, usaba unos argumentos muy eficaces para que nada se escapara a su férreo control. Santa Inquisición, que se denominaba, para más señas. Menuda herencia, la suya, el diseño de torturas y tormentos fruto de la más abyecta sofisticación, del más ajustado de los engranajes de la mente humana al servicio del peor de los sufrimientos.
El otro día leía como las pirañas a las que se entregaban otros peces vivos para su alimento no se limitan a ingerirlos: antes los someten a un proceso de progresivo tormento. Puede ser que la adrenalina que genera la proximidad de una muerte segura sea un ingrediente favorito de los depredadores. Vaya usted a saber.
Pues Poe pone al protagonista de El pozo y el péndulo en el fondo de una mazmorra oscura, húmeda y fétida. De esos escenarios que dan sentido a palabras como lúgubre. Lo pone tras el shock de la lectura de una sentencia, y ahí nos aparece el hombre. Que no sabemos lo que ha hecho, imaginamos que nada grave. Pero que es consciente de que desafiar a la Inquisición y sufrir esa condena no es presagio de otra cosa que de una muerte cruel y dolorosa.
La única duda es cómo ésta va a producirse.

Traducido por Cortázar, que elige para este relato una toma del español particularmente avejentada, este es un relato clásico entre tantos que Poe nos regaló: tantos y tan meritorios todos ellos que no puedo por menos que recomendar su consumo compulsivo. Cualquiera de las guisas en que estas historias han llegado a los lectores son recomendables. Todos los variados compendios en que nos han llegado, casi dos siglos después, desde Narraciones extraordinarias hasta Cuentos completos, son completamente necesarios. El pozo y el péndulo, por la teórica modestia que se desprende de su corto formato (apenas una decena de páginas) merecería análisis que superarían en diez veces su extensión. El individuo ante el poder. El individuo ante el poder absoluto. El individuo ante el poder religioso. El individuo atrincherado en el escaso margen de libertad individual de una celda en la que cada elección es solo un acercamiento a un desenlace trágico u otro. El anonimato del vergdugo. La táctica desesperada, la opresión física y psicológica. Si Poe, que murió con 40 años (por favor, no nos preguntemos qué han dejado muchos autores tras de sí a los 40 años), y dejó este rastro de fabulosos cuentos llenos de simbolismos, hubiera optado por desarrollarlos en profundidad, de indagar hasta el fondo en los entresijos de la maldad humana. Si hubiera extendido estas narraciones (que son, ésta y otras muchas, completamente perfectas), si las hubiese estirado hasta ese formato respetable y canónico que es la novela, puede que hoy estuviéramos preguntándonos quién es ese Camus, quién es ese Kafka.

También de Edgar Allan Poe en UnLibroAlDía: Berenice y LigeiaNarraciones extraordinarias

miércoles, 1 de julio de 2009

Novela de dictadores (y II)

Después de El señor Presidente, la novela de dictadores mantuvo una buena salud. Así, en 1951 se publicó El gran Burundún Burundá ha muerto, del escritor colombiano Jorge Zalamea, y en 1964 salió a la luz La fiesta del rey Acab, del chileno Enrique Lafourcade. Sin embargo, fue en la época del boom cuando la novela de dictadores alcanzó fama a nivel internacional.

Renovación
Asegura Carlos Fuentes que, a mediados de los años sesenta, él mismo y Gabriel García Márquez acordaron un vasto proyecto editorial llamado a convertirse en la obra de toda su generación: cada uno de los autores del boom debía hacerse cargo de la biografía de alguno de los muchos tiranos de la América latina. Carlos Fuentes planeaba por entonces recoger en una novela la historia de Santa Anna (dictador mexicano) y parece que Julio Cortázar se comprometió a escribir un libro sobre Evita Perón. Lamentablemente, estas dos obras quedaron en nada, pero el proyecto, titulado con ironía "Padres de la patria", se cumplió al menos en parte. En apenas dos años, se publicaron tres excelentes novelas que renovaron el género: El recurso del método (1974), de Alejo Carpentier, Yo el Supremo (1975), de Augusto Roa Bastos, y El otoño del patriarca (1975), de Gabriel García Márquez.

Hay dos grandes cambios que aporta el boom a la novela de dictadores. En primer lugar, la perspectiva se centra en el dictador mismo, haciendo que el lector vea el mundo a través de sus ojos. Se retrata, mucho más claramente que antes, la soledad del poder, hasta el punto de que puede llegar a sentirse lástima por esos personajes ridículos, aislados en su propia red de manipulación y falsedad. En segundo lugar, el lenguaje recibe un nuevo tratamiento. Si bien muchas de estas técnicas ya aparecen en El señor Presidente, aquí se consagran el monólogo interior, el flujo de conciencia, la fragmentación narrativa o la pluralidad de puntos de vista. Los autores del boom renuncian a la omnipotencia del narrador moderno, conscientes de que una auténtica crítica de los mecanismos del dominio absoluto debe implicar también el cuestionamiento del poder sobre el lenguaje.

Carpentier ya se había acercado al tema antes de El recurso del método; por ejemplo, al describir en El reino de este mundo (1949) la gloria y la caída de Christophe, el rey negro de Haití. En esta ocasión, en cambio, opta por no hablar de ningún personaje histórico en concreto. Se propone retratar la figura (nada anómala en la historia americana) del tirano con pretensiones ilustradas que gusta de pasar su tiempo en París, alejado del país bárbaro que se ve llamado a gobernar. Tales pretensiones de humanismo racionalista no se corresponden, por supuesto, con la efectiva política del dictador y se revelan como una mera ideología del dominio a la que se recurre a voluntad. Esa es la idea que refleja el juego de palabras del título, que hace un guiño al Discurso del método de Descartes. Roa Bastos, en cambio, sí circunscribe su novela a unas coordenadas históricas bien concretas: narra la vida de José Gaspar Rodríguez de Francia, que fue Supremo Dictador Perpetuo de la República del Paraguay de 1816 a 1840. En cuanto a El otoño del patriarca, podéis ver aquí la entrada que le dedicamos en este blog.

El post-boom
Después de este momento cumbre a mediados de los setenta, el género parece languidecer. En los ochenta podemos encontrar Cola de lagartija (1983), de Luisa Valenzuela, y La novela de Perón (1985), de Tomás Eloy Martínez, ambas sobre el régimen peronista. Éste último vuelve a tratar el tema en Santa Evita (1995), que trata de las siniestras vicisitudes del cadáver de Eva Perón; algo parecido quizá, a decir de Carlos Fuentes, de lo que hubiera escrito Cortázar. El último gran ejemplo de la novela de dictadores, por ahora, es La fiesta del Chivo (2000), de Mario Vargas Llosa, que se ocupa de la tiranía de Trujillo y ya comentamos aquí.

Es imposible saber si este género, que ha dado tan grandes frutos a la literatura hispanoamericana, seguirá cultivándose en el futuro. Lo único que cabe esperar es que esos hipotéticos ejemplos puedan colocarse en los estantes de la novela histórica.

(Aquí podéis leer el artículo de la wikipedia en inglés, que me ha sido de gran utilidad para escribir este par de entradas.)

miércoles, 30 de marzo de 2016

Max Aub: Juego de cartas

Idioma original: español
Año de publicación: 1964
Valoración: Imprescindible para coleccionistas; muy recomendable para lectores.

Ya hemos hablado en ULAD de narrativas no lineales: de aquellas en las que no hay un principio, un medio o un final, sino varios caminos posibles que el lector elige con mayor o menor libertad. Hablamos de Afternoon, a story, un clásico de la narrativa hipertextual para ordenador, pero también de sus antecedentes en papel, como el Diccionario jázaro de Pavic o Rayuela de Julio Cortázar, que es quizás la más conocida aunque no necesariamente la mejor. Bueno, pues Juego de cartas de Max Aub es un experimento formal todavía más audaz que estas otras, y mucho más divertido para el lector (aunque no llegue a alcanzar tampoco el nivel de lirismo o creatividad de determinados capítulos sueltos de Rayuela).

Juego de cartas está formado, como su nombre indica, por cartas, en dos sentidos: es un conjunto de naipes (dos barajas enteras, con cuatro palos de trece cartas cada una, más cuatro comodines; 108 naipes en total), que a su vez contienen en el dorso el texto de 108 cartas que diferentes personajes, generalmente identificados solo con un nombre propio, intercambian en relación con la muerte del misterioso Máximo Ballesteros. Como bonus, los dibujos de los naipes están atribuidos a Jusep Torres Campalans, el heterónimo pintor de Max Aub (sobre el cual escribió una biografía, y con cuyas obras organizó exposiciones).

Creo que en esta reseña, un par de imágenes resultan imprescindibles:


Frente de los naipes, con dibujos de Torres Campalans


Reverso de los naipes, con las cartas de los personajes sobre Máximo Ballesteros

Juego de cartas es efectivamente un juego, o por lo menos eso indica la caja en la que vienen las cartas, con unas instrucciones que no creo que haya que tomarse muy en serio; pero Juego de cartas es sobre todo una novela, una narración en la que efectivamente, a diferencia de Rayuela, el autor cede al azar la disposición de los textos y el orden en el que el lector se enfrenta a ellos. Cada carta es un texto independiente, muy pocas cartas se relacionan unas con otras y -hasta donde he podido indagar- no hay un sistema de correlación entre los números o los palos del naipe y lo que se cuenta en su reverso, salvo por los comodines, que son los textos más breves y más misteriosos ("Valía por todos", "No había nadie", "Fue por casualidad", "No teníamos otra cosa que hacer"...).

Desde cierto punto de vista, hasta se podría decir que esta es una novela policiaca. El protagonista, Máximo Ballesteros ha muerto, y al menos tres teorías intentan explicar su muerte: ataque al corazón, suicidio, o asesinato a manos de su esposa Carmen. Las cartas que componen la baraja (muchas de ellas escritas por sus amantes, ex-amantes, mujeres seducidas y/o abandonadas; algunas por su mujer; otras por su dentista, su maestro de escuela, su hermana...) nos presentan las tres posibilidades, y quizás la respuesta se encuentre en algún lugar del texto (como sucedía en Afternoon, a story) o quizás no.

Pero Juegos de cartas, en una lectura algo más profunda, es, creo yo, una novela sobre la identidad, sobre la imposibilidad de llegar a conocer a nadie, o sobre las múltiples facetas que presentamos en la vida pública y privada. Máximo Ballesteros es para algunos personajes un diablo, un egoísta, un imbécil; para otros, un hombre astuto, trabajador, honesto. En definitiva, se está poniendo en práctica ese tema tan posmoderno que es la disolución del yo (aunque esta obra, conviene recordarlo, fue publicada originalmente en 1964). Son muchas las barajas que plantean esta cuestión; aquí van solo algunos ejemplos:
  • "Los hombres son un 'puzzle', un juego difícil de componer -y más de recomponer-, porque siempre nos los entregan hechos polvo -para los ídem- a ver qué y quién sale".
  • "Uno es como es y nadie sabe cómo".
  • "¿Cómo era? ¿Quién lo sabe? ¿Tú? Pues atente a ello, cada quien con su verdad".
  • "Uno es como es para sí, no como parece para los demás".
  • "¿Cómo era Máximo? De una sola manera: como creías que era. ¿Que los lunes lo veías azul y los martes verde? Confórmate, por mucho que te digan los demás, por mucho que añadas y amontones, por mil dudas que hagan surgir para ti: era azul los lunes y verde los martes"
Hacía tiempo que tenía ganas de echarle el guante a esta novela-juego; desde que supe de su existencia hace ya (da miedo hacer cuentas) veinte años. Ahora he conseguido por fin tenerla, gracias a una edición cuidada, bonita, elegante, de Cuadernos del Vigía. No es una obra barata (unos 50€ cuesta), lo que la convierte más en un objeto de coleccionista de rarezas, que en un simple libro para el disfrute lector; pero eso sí, quien se decida a entrar en el juego pasará unas cuantas horas entretenidas intentando adivinar, como dicen las intrucciones, "quién fue Máximo Ballesteros".

Otros libros de Max Aub en ULAD: Las buenas intenciones

domingo, 20 de septiembre de 2015

Marguerite Yourcenar: Memorias de Adriano

Idioma: francés
Título original: Memoires d'Hadrien
Año de publicación: 1951
Traducción: Julio Cortázar (nada menos)
Valoración: Imprescindible

El reto planteado por un blog amigo, este verano (aquí) me llevó a recordar -y releer- estas magníficas Memorias de Adriano, de la otrora idolatrada, aunque también denostada por algunos -y nunca entendí por qué- Marguerite Yourcenar, autora franco-belga-estadounidense de un virtuosismo paralizante, sobre todo en lo que se refiere a la novela histórica, género de la que es una de las mejores cultivadoras. Estas memorias impostadas del emperador Adriano, en concreto, me maravillaron cuando las leí por primera vez, hace ya bastante tiempo, hasta el punto de que recuerdo haberlas devorado prácticamente en una noche en vela (también he de decir que fue en una época de exámenes, en la que yo estaba dispuesto a leer lo que fuera con tal de que no se tratara de los preceptivos apuntes). Por otra parte, después de leer, casualmente, varios libros en los que el componente religioso cristiano  estaba muy presente -de una forma u otra-, tenía necesidad de una dosis de sano paganismo; paganismo antropocéntrico, en realidad, pues en los primeros momentos de la concepción de estas Memorias estaba muy presente, según explica la propia Yourcenar, una reflexión extraída de la correspondencia de Flaubert:
                "Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón hasta Marco Aurelio, en que sólo estuvo el hombre"...

Partiendo de la ambición de plasmar literariamente este momento, de "retratar a este hombre solo y al mismo tiempo vinculado con todo" (claro que como epítome de esa época no se nos muestra aquí un hombre cualquiera, ni otro personaje histórico de cierta relevancia, sino el mismísimo emperador del Imperio Romano, en el momento de su apogeo, el inteligente, culto y preclaro Adriano), la autora utiliza el recurso, imitado después profusamente, con mayor o menor fortuna (en alguna ocasión, con resultados excepcionales, como es el caso de Borja Papa, de Joan F. Mira), de las falsas memorias, dirigidas al que luego también sería notable emperador, Marco Aurelio.

Resulta imposible resumir todo lo que podemos encontrar en este libro. Por supuesto, los distintos episodios y vicisitudes de la vida de Adriano: infancia en Itálica -a un paso de la actual Sevilla-, educación helénica, experiencia en la guerra contra dacios y sármatas, trabajos e intrigas hasta hacerse con el poder imperial  y después, claro, su fructífera vida como gobernante, sus muchos viajes (fue sin duda el emperador que mejor conoció su Imperio, que recorrió de punta a cabo), su amor por el joven Antínoo... También lo que aprendió de sus mentores, de sus amigos y enemigos, y sus propias reflexiones, a las que Yourcenar da una voz harto elocuente (quizás algo afectada y hasta pedante... aunque, si no le permitimos tales defectos a un emperador romano, ¿a quién?). Pero quien lea la novela se va a encontrar mucho más que la semblanza de un personaje histórico: lo que hace aquí la autora es la reconstrucción, no sé hasta qué punto fiel, pero desde luego sí fidedigna, de toda una civilización. Y no me refiero tan sólo a su expansión territorial, sus gestas militares o sus logros técnicos y económicos... sino a la propia alma de su cultura, al espíritu que le insufló una vida que, casi podríamos decir perdura hasta el día de hoy. El libro nos sumerge en lo que fue la esencia de la Roma antigua, desde sus austeros orígenes tribales, moldeados después por la matriz helénica y enriquecidos por la aportación de todas las tierras, gentes y creencias con las que entró en contacto; en el corazón del Imperio, visto aquí, además como equivalente a la civilización, fuera de la cual no hay nada (en esto, en cambio, no puedo estar de acuerdo con la visión de Adriano/Yourcenar).

Y, por supuesto, nos ofrece multitud de reflexiones sobre infinidad de aspectos de la vida, el amor, las pasiones, el envejecimiento, la muerte... un auténtico compendio de sabiduría aparentemente indiscutible (luego ya, allá cada cual...); de ésos que permiten extraer frases que suenan estupendamente fuera de contexto... Ahí van algunos ejemplos:

          "...he llegado a la edad en la que la vida, para cualquier hombre, es una derrota aceptada."

          "El verdadero lugar de nacimiento es aquel donde por primera vez nos miramos con una mirada inteligente; mis primeras patrias fueron los libros."

       "Cada uno de nosotros posee más virtudes de lo que se cree, pero sólo el éxito las pone de relieve".              

(¿Qué tal? La envidia de cualquier escritorcillo con ansias de fama y gloria, ¿no?)
         
Una novela y un personaje que ya se superponen al verdadero Adriano, hasta el punto de que, tras Yourcenar, será imposible pensar de otra manera en este emperador culto, conciliador y, aparentemente, más humanitario que la mayoría de sus predecesores. Y, en todo caso, si non è vero, è ben trovato. 

sábado, 22 de septiembre de 2012

Patricia Highsmith: Los cadáveres exquisitos

Título original: Les cadavres esquis
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: Relatos de entre 1960 y 1990. Primera edición de febrero de 1991
Valoración: Recomendable

Fue el célebre escritor Graham Greene el que dijo de Patricia Highsmith: "Uno no cesa de releerla. Ha creado un mundo original, cerrado, irracional, opresivo, donde no penetramos sino con un sentimiento personal de peligro y casi a pesar nuestro, pues tenemos enfrente un placer mezclado con escalofrío". Y tras haber leído varias obras de la oscura dama, no puedo por menos de estar de acuerdo con las palabras que Greene le dedicó a su amiga.

En esta ocasión, lo que traigo de la Highsmith (los buenos ULADianos sabrán que la autora ya ha sido reseñada por aquí)  es un compendio de doce de los numerosos relatos que escribió durante su carrera reunidos bajo el sugerente título de Los cadáveres exquisitos. El mismo está tomado del nombre de un popular juego llamado en su idioma original, francés, Le cadavre esquis, y que fue inventado y utilizado por los surrealistas del país vecino allá por 1920 para crear historias en cadena. La primera pieza que les salió decía que “el cadáver exquisito beberá el vino nuevo”, de ahí el nombrecito. Y vamos, que aunque fuera fruto de un “accidente”, le va ni que pintado a esta selección de cuentos que serían convertidos en una serie de películas para la televisión en los 90, coproducidas por Inglaterra y Francia y presentadas por el perturbador actor Anthony Perkins (sí, sí, el trastornado de Psicosis).

Bueno, pues doce son doce los relatos del compendio, a cada cual más negro, pero de no de una negrura pegajosa o ahumada, como puede ser la de otros especialistas en el género, sino aséptica, casi clínica, objetiva, dura y cortante. Sin anestesia estilística o salvoconducto amable que valga…

No voy a desmembrar (nunca mejor dicho) las tramas de los doce, pero sí mencionar un poco de qué va(n) la(s) cosa(s): dos amantes que han asesinado al marido de ella intentan matarse mutuamente; enamorado despechado suplanta la identidad del amante poco constante de una enamorada que espera ansiosamente carta; colérico hombre de negocios retirado al campo idea una terrible (e ingeniosa) manera de ocultar el cadáver de un enemigo al que ha asesinado; mujer atracada en su casa le da una buena lección a su agresor; caída en desgracia de una familia que tiene una granja de pollos; bribón que sale con dos chicas virtuosas y no sabe por cuál decantarse; gato con maneras cuasi humanas aparece un día por casa con un manojo de dedos de un hombre en la boca; esposo harto de esposa aficionada a disecar a sus queridas mascotas; antiguos enemigos por culpa del amor de una mujer se reúnen muchos años después y el que salió perdiendo decide vengarse; peculiar tipo aficionado a robar pequeños objetos a mujeres de éxito; pobre hombre que se gasta buena parte de su sueldo en pagarle la residencia a su vieja madre descubre un terrible secreto, y el que más me ha gustado y que, en mi opinión, roza la genialidad de la Casa tomada de Julio Cortázar, es el que cuenta cómo un matrimonio relativamente joven adopta a un matrimonio de ancianos que acaban convirtiéndose en una auténtica pesadilla…

En fin: relatos de la tonalidad noir más depurada y efectiva, aunque como crítica he de decir que algunas cosas de los mismos, al igual que me pasó con ciertas partes de El talento de Mr Ripley, pecan de increíbles o de difíciles de creer. Vamos, que a veces la coherencia dentro de la trama se tambalea un poco debido a personajes demasiado guiados y condicionados por sus instintos, y víctimas muy pero que muy ingenuas y vulnerables. Pero en fin, qué se le va a pedir a la Highsmith, mujer de extremos, para bien y para mal…

También de Patricia Highsmith en ULAD: Aquí



jueves, 7 de junio de 2012

Colaboración: Nocilla Experience, de Agustín Fernández Mallo

Idioma original: español
Año de publicación: 2008
Valoración: Está bien

Nocilla Experience es la segunda parte de una trilogía narrativa (Proyecto Nocilla) basada en la teoría postpoética de Agustín Fernández Mallo. Sus méritos tienen que ver con las carencias de la mayoría de las novelas (españolas) contemporáneas: estructura ambiciosa, temas originales y ausencia de solemnidad. También están a su favor muchas de sus influencias y homenajes: física cuántica, el ajedrez en Kalmukia, Julio Cortázar, Brit Pop, Jim Jarmusch, Apocalipsis Now, Roberto Rossellini, Woody Allen y bastantes más que estoy olvidando.

En su contra, podría apuntarse la falta de verosimilitud de casi todos los personajes del libro, que parecen no dejar de ser en ningún momento extensiones acartonadas del narrador; algunas historias que entorpecen al resto y debilitan la estructura y los excesos postmodernos en el estilo. Para un tipo tan pasado de moda como yo, Fernández Mallo resulta más interesante como lector, que como escritor; más interesante encontrando historias, que inventándolas o contándolas. Más interesante como agitador del polvo de la literatura española más rancia que como novelista o profeta literario.

Con suerte, alguno de sus entusiastas lectores pop acabará cayendo en los autores que admira, homenajea y copia Fernández Mallo. Con suerte, los leerá con cuidado y empezará a amarlos, dará las gracias al Proyecto Nocilla y lo dejará guardado en un cajón como las cartas adolescentes de su primer ex.

También de Fernández Mallo en ULAD: El hacedor (de Borges). RemakePostpoesíaLimboNocilla Dream

Firma invitada: Jorge Martín