Idioma original: español
Año de publicación: 1969
Valoración: Muy recomendable
Confieso que cuando empecé a leer las primeras páginas de esta novela, no me estaba enganchando. Si una cosa diferencia a Bioy Casares de su gran amigo Borges es el estilo: Borges es, además de un gran creador de universos e imágenes, un maestro del idioma. Bioy Casares no tiene esa destreza lingüística o estilística, y al principio me costó aceptar un texto que me parecía algo desfasado o recargado. Pero luego me habitué al estilo, entré en la historia y realmente disfruté de esta novela.
Diario de la guerra del cerdo tiene algo de novela alegórica, a pesar de estar escrita con una técnica rigurosamente realista. Un grupo de ancianos, que incluye al protagonista Isidoro Vidal, ve con sorpresa, miedo, perplejidad cómo de repente los jóvenes se vuelven contra ellos, los viejos, y los someten a ataques que van desde la vejación a la agresión física, e incluso al asesinato. Nunca se explica de forma clara por qué han comenzado estos ataques, que hacen que los viejos se encuentren de pronto aislados del resto de la sociedad y constantemente amenazados.
Esta novela es, en un primer nivel de lectura, una consideración sobre la vejez y sus consecuencias: físicas, psicológicas, sociales. Sobre su significado, su evolución histórica, sus consecuencias en la organización colectiva. Bioy Casares no idealiza a los viejos, como a menudo se hace: no los transforma en sabios ancianos de la tribu. Los hay, sí, inteligentes y sensibles, pero también egoístas, cobardes o traidores; no se ocultan la enfermedad, el dolor, el miedo a la muerte que conlleva la vejez; no es, en ese sentido, un canto nostálgico a las generaciones veteranas, ni tampoco un rechazo de la juventud (también entre los jóvenes los hay valientes y cobardes, crueles y compasivos).
Pero es también (esa es, por lo menos, mi lectura), una parábola sobre la reacción de una sociedad ante cualquier forma de violencia y exclusión. Cuando los viejos comienzan a ser atacados, aparentemente sin motivos, no reciben el apoyo de la sociedad, sea por miedo, sea por complicidad con los agresores, sea por indiferencia. Solo unos pocos personajes les ofrecen refugio o solidaridad, siquiera formal. Teniendo en cuenta que la novela fue escrita durante un periodo de dictadura militar en Argentina, y en que comenzaban a surgir milicias juveniles de amedrentamiento, quizás no es arriesgado pensar que Bioy Casares tenían en mente algo más que la relación intergeneracional cuando se puso a inventar la guerra del cerdo.
Otras obras de Adolfo Bioy Casares en ULAD: Crónicas de Bustos Domecq, La invención de Morel, La invención de Morel (contrarreseña)
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viernes, 4 de julio de 2014
lunes, 11 de febrero de 2019
Contrarreseña: La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares
Idioma original: Español
Año de publicación: 1940
Valoración: Bastante recomendable
Alucino cada vez que recuerdo que Adolfo Bioy Casares escribió La invención de Morel con sólo veintitrés años. Y es que estamos ante una novela extraordinaria que para nada trasluce la bisoñez de su autor. El mismísimo Jorge Luis Borges, a quien fue dedicada, dijo de ella que era perfecta. Aunque yo no comparta tan generosa apreciación, me es imposible negar la calidad de este libro.
Porque La invención de Morel es literatura de calidad, eso es indudable. La acabé hará cosa de mes y medio, y la impresión que me dejó en su momento, ya de por sí positiva, no ha hecho más que mejorar con el paso del tiempo. Permitir que esta historia repose, darle vueltas a sus implicaciones, incrementa su valor. Ya ni os cuento lo que la ensalza una relectura.
Por cierto, esta reseña va a contener spoilers. Lo advierto desde el vamos para que aquellos que quieran degustar vírgenes La invención de Morel (opción impagable, creedme) se vayan ahora mismo. ¿Sí? Bien, pues empecemos.
Porque La invención de Morel es literatura de calidad, eso es indudable. La acabé hará cosa de mes y medio, y la impresión que me dejó en su momento, ya de por sí positiva, no ha hecho más que mejorar con el paso del tiempo. Permitir que esta historia repose, darle vueltas a sus implicaciones, incrementa su valor. Ya ni os cuento lo que la ensalza una relectura.
Por cierto, esta reseña va a contener spoilers. Lo advierto desde el vamos para que aquellos que quieran degustar vírgenes La invención de Morel (opción impagable, creedme) se vayan ahora mismo. ¿Sí? Bien, pues empecemos.
Un venezolano que huye de la justicia, no sabemos muy bien por qué, se oculta en una isla deshabitada a la que ha llegado en un bote. Allí hay tres edificios, cuyos propósitos desconoce: un museo, una capilla y una piscina. La mera supervivencia en ese paraje inhóspito absorbe todas las energías de este fugitivo innominado, que anota sus denodados esfuerzos en un diario. Y así transcurren los días hasta que, de repente, se encuentra con que hay más gente en la isla. ¿Quiénes son? ¿Quizás la policía? ¿Cómo es posible que no se haya percatado de que llegaban? Y por último, pero no por ello menos importante, ¿por qué fingen los intrusos no darse cuenta de su presencia?
El argumento de esta pequeña ficción que no llega a las ciento sesenta páginas es raro de narices, ¿verdad? No en balde, La invención de Morel inspiró a los guionistas de la serie Lost. Pero tampoco os penséis que la obra de Casares es hermética en su planteamiento; al fin y al cabo, tras la atmósfera de tintes surrealistas de la primera mitad, su misterio se va desentrañando poco a poco.
Y lo que es mejor: la explicación rayana a la sci-fi con la que Casares justifica los bizarros fenómenos que suceden en la isla no limita en absoluto las interpretaciones que suscita esta novela. Si acaso, las expande en otra dirección. A la postre, La invención de Morel puede ser una parábola sobre la inmortalidad del alma o una profética alegoría sobre el legado audiovisual que dejamos en la esfera digital al fallecer. También, por qué no, se puede leer como una meditación sobre la dificultad de comunicación entre seres humanos, el eterno retorno nietzscheano o el amor platónico.
¿Que por qué hablo de amor al listar los temas que La invención de Morel baraja? Pues veréis, entre los desconocidos que han aparecido como por arte de magia en la isla se encuentra Faustine, una mujer hermosa de la que el narrador queda prendado. La devoción que nuestro protagonista siente hacia esa mujer cristalizará, al final del libro, en el gesto más romántico imaginable. Bueno, todo lo romántico que alguien que no acepta un no por respuesta y con claros indicios de psicosis puede ofrecer.
El argumento de esta pequeña ficción que no llega a las ciento sesenta páginas es raro de narices, ¿verdad? No en balde, La invención de Morel inspiró a los guionistas de la serie Lost. Pero tampoco os penséis que la obra de Casares es hermética en su planteamiento; al fin y al cabo, tras la atmósfera de tintes surrealistas de la primera mitad, su misterio se va desentrañando poco a poco.
Y lo que es mejor: la explicación rayana a la sci-fi con la que Casares justifica los bizarros fenómenos que suceden en la isla no limita en absoluto las interpretaciones que suscita esta novela. Si acaso, las expande en otra dirección. A la postre, La invención de Morel puede ser una parábola sobre la inmortalidad del alma o una profética alegoría sobre el legado audiovisual que dejamos en la esfera digital al fallecer. También, por qué no, se puede leer como una meditación sobre la dificultad de comunicación entre seres humanos, el eterno retorno nietzscheano o el amor platónico.
¿Que por qué hablo de amor al listar los temas que La invención de Morel baraja? Pues veréis, entre los desconocidos que han aparecido como por arte de magia en la isla se encuentra Faustine, una mujer hermosa de la que el narrador queda prendado. La devoción que nuestro protagonista siente hacia esa mujer cristalizará, al final del libro, en el gesto más romántico imaginable. Bueno, todo lo romántico que alguien que no acepta un no por respuesta y con claros indicios de psicosis puede ofrecer.
El fondo y la forma de La invención de Morel van de la mano. La historia se narra en primera persona, a través de las entradas del diario del venezolano. La prosa de este señor es, por tanto, rústica a más no poder. Y es que su débil y hasta febril condición no da para más. Tras la llegada de los intrusos, también su estado de paranoia y miedo constante van a impregnar las páginas del diario.
Hasta aquí, genial. Casares encuentra una voz interesante y le da verosimilitud mediante la forma en que se expresa. Por desgracia, cuando llega al hemisferio de la novela, el escritor descuida esto parcialmente. Entonces, se centra más en la historia en sí, y no tanto, al menos para mi gusto, en mantener las entradas del diario consistentes con la voz de su autor. Y es que uno siente que ese personaje se pone hablar casi del mismo modo que lo haría un narrador omnisciente convencional. Aunque es innegable que ha cambiado sutilmente (el amor le ha insuflado esperanza, por ejemplo), me hubiera gustado una transición más suave entre su voz al inicio y al final de esta historia.
Por todo lo dicho, pues, La invención de Morel es una novela más que recomendable, cuyas múltiples implicaciones (narrativas, filosóficas, etc) garantizan una lectura de calidad. Pero buscadla en otra edición que la que yo he tenido entre mis manos. Es imperdonable que El País mutile esta obra con tanta saña: el prólogo escrito por Borges brilla por su ausencia, igual que unos pies de página que un supuesto editor añade a las anotaciones del diario del náufrago. Visto lo visto, ya no me quejo de que no se optara por incluir las simpáticas ilustraciones que Norah Borges hiciera para la primera edición de esta obra.
Por todo lo dicho, pues, La invención de Morel es una novela más que recomendable, cuyas múltiples implicaciones (narrativas, filosóficas, etc) garantizan una lectura de calidad. Pero buscadla en otra edición que la que yo he tenido entre mis manos. Es imperdonable que El País mutile esta obra con tanta saña: el prólogo escrito por Borges brilla por su ausencia, igual que unos pies de página que un supuesto editor añade a las anotaciones del diario del náufrago. Visto lo visto, ya no me quejo de que no se optara por incluir las simpáticas ilustraciones que Norah Borges hiciera para la primera edición de esta obra.
Otras obras de Adolfo Bioy Casares en ULAD: Diario de la guerra del cerdo, Crónicas de Bustos Domecq, La invención de Morel (reseña original)
viernes, 25 de enero de 2013
Semana de literatura argentina: La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares
Idioma original: español
Fecha de publicación: 1940
Valoración: Se deja leer
Jorge Luis Borges, amigo de Adolfo Bioy Casares, calificó de "perfecta" esta breve novela en el halagador prólogo que le hizo. Y aunque he de reconocer que son muchas las virtudes que le he encontrado a La invención de Morel, no puedo decir que me haya gustado ni que me parezca, ni mucho menos, una obra perfecta. Porque aunque bien escrita, llena de referencias, personajes y situaciones sugerentes, y un constante clima de misterio e intensidad emocional, su atmósfera pesadillesca e incoherente me ha impedido disfrutarla.
Alicia en el País de las Maravillas mezclado con el universo de Kafka y algo de Robinson Crusoe en mitad de un sueño de fiebre. Así puedo describir lo que me ha provocado La invención de Morel.
El argumento es el siguiente: un fugitivo de la justicia, del que no se sabe el nombre, acaba en una isla presuntamente desierta pero donde hay curiosas construcciones humanas como un peculiar museo, un acuario o una capilla, y unas intrigantes luces perennes. Sin embargo, el miedo y la locura se hacen con él cuando descubre que no está solo en la ínsula, ya que al poco de su llegada al lugar ve a unos turistas que también han recalado por allí. Y estos turistas se convierten en su gran amenaza: no quiere que le descubran pase lo que pase. Sin embargo, no puede evitar enamorarse como un poseso de una bella mujer que pertenece a este grupo de "invasores". Ella es Faustine, que le ignora por completo y cuyo amor le disputa, según sus ¿ensoñaciones? otro turista, un tal Morel.
Morel es el arquetipo de científico iluminado y está obsesionado con lograr la inmortalidad del alma. Y el fugitivo, cada vez más confuso por culpa de conversaciones que se repiten una y otra vez, invasores que aparecen y desaparecen, dos soles y dos lunas, y la sospecha de que tiene alucinaciones por culpa de cierta intoxicación de la que ha sido víctima, termina enloquecido y dirigido por una obsesión: lograr la inmortalidad y vivir para siempre junto a Faustine.
Suena demencial, ¿no?
De esta novela se han hecho análisis de todo tipo, se la ha considerado una obra repleta de metáforas, o un corto libro de ciencia-ficción, o una auténtica locura con elementos de realismo mágico. Los creadores de la serie Lost, Perdidos en España, reconocieron que se inspiraron en ella para tejer su trama, y bueno, tiene su propia adaptación al cine protagonizada por la bella Ana Karina. Incluso dicen que la tremebunda y desquiciante El año pasado en Marienbad, de Alain Resnais (quien firma esta reseña la vio en la cinemateca de París un verano en el que una ola de calor dejó varios muertos en la capital francesa) vibra con su turbia savia. Yo estoy de acuerdo.
Otras obras de Adolfo Bioy Casares en ULAD: Diario de la guerra del cerdo, Crónicas de Bustos Domecq, La invención de Morel (contrarreseña)
Fecha de publicación: 1940
Valoración: Se deja leer
Jorge Luis Borges, amigo de Adolfo Bioy Casares, calificó de "perfecta" esta breve novela en el halagador prólogo que le hizo. Y aunque he de reconocer que son muchas las virtudes que le he encontrado a La invención de Morel, no puedo decir que me haya gustado ni que me parezca, ni mucho menos, una obra perfecta. Porque aunque bien escrita, llena de referencias, personajes y situaciones sugerentes, y un constante clima de misterio e intensidad emocional, su atmósfera pesadillesca e incoherente me ha impedido disfrutarla.
Alicia en el País de las Maravillas mezclado con el universo de Kafka y algo de Robinson Crusoe en mitad de un sueño de fiebre. Así puedo describir lo que me ha provocado La invención de Morel.
El argumento es el siguiente: un fugitivo de la justicia, del que no se sabe el nombre, acaba en una isla presuntamente desierta pero donde hay curiosas construcciones humanas como un peculiar museo, un acuario o una capilla, y unas intrigantes luces perennes. Sin embargo, el miedo y la locura se hacen con él cuando descubre que no está solo en la ínsula, ya que al poco de su llegada al lugar ve a unos turistas que también han recalado por allí. Y estos turistas se convierten en su gran amenaza: no quiere que le descubran pase lo que pase. Sin embargo, no puede evitar enamorarse como un poseso de una bella mujer que pertenece a este grupo de "invasores". Ella es Faustine, que le ignora por completo y cuyo amor le disputa, según sus ¿ensoñaciones? otro turista, un tal Morel.
Morel es el arquetipo de científico iluminado y está obsesionado con lograr la inmortalidad del alma. Y el fugitivo, cada vez más confuso por culpa de conversaciones que se repiten una y otra vez, invasores que aparecen y desaparecen, dos soles y dos lunas, y la sospecha de que tiene alucinaciones por culpa de cierta intoxicación de la que ha sido víctima, termina enloquecido y dirigido por una obsesión: lograr la inmortalidad y vivir para siempre junto a Faustine.
Suena demencial, ¿no?
De esta novela se han hecho análisis de todo tipo, se la ha considerado una obra repleta de metáforas, o un corto libro de ciencia-ficción, o una auténtica locura con elementos de realismo mágico. Los creadores de la serie Lost, Perdidos en España, reconocieron que se inspiraron en ella para tejer su trama, y bueno, tiene su propia adaptación al cine protagonizada por la bella Ana Karina. Incluso dicen que la tremebunda y desquiciante El año pasado en Marienbad, de Alain Resnais (quien firma esta reseña la vio en la cinemateca de París un verano en el que una ola de calor dejó varios muertos en la capital francesa) vibra con su turbia savia. Yo estoy de acuerdo.
Otras obras de Adolfo Bioy Casares en ULAD: Diario de la guerra del cerdo, Crónicas de Bustos Domecq, La invención de Morel (contrarreseña)
miércoles, 3 de septiembre de 2014
Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares: Crónicas de Bustos Domecq
Idioma original: español
Año de publicación: 1963
Valoración: Recomendable (muy recomendable para freaks borgesianos)
La amistad de Jorge Luis Borges y Bioy Casares es ya objeto de leyenda ("Creo que Bioy era el único amigo de Borges", dice por ejemplo Alberto Manguel en un artículo). Quizás haya en esto algo de exageración literaria, que sospecho que a Borges no le habría disgustado. En cualquier caso, la relación de complicidad entre ellos, hasta la separación final cuando Borges decidió ir a morir fuera de la Argentina, produjo además interesantes resultados literarios, entre ellas varias antologías, como la famosa Antología de la literatura fantástica que coordinaron junto con la mujer de Bioy, Silvina Ocampo; o las obras firmadas con el seudónimo de Honorio Bustos Domecq.
Esta obra pertenece a este segundo grupo, obviamente. Se trata de un conjunto de crónicas o críticas literarias y artísticas (pintura, escultura o incluso moda) sobre personajes inventados con las ideas más disparatadas sobre su propio arte, presentadas como visionarios o revolucionarios: un escritor que, à la Pierre Menard, publica con su nombre las obras de la literatura universal con la que más se identifica; otro que escribe una y otra vez la misma obra con distintos títulos, adscribiéndola a distintos estilos o tendencias; un escultor cuya materia prima es el vacío; una tendencia literaria basada en la descripción minuciosa de los objetos apoyados en la esquina de una mesa; una rama de la historiografía que propone incluir solo acontecimientos positivos...
Crónicas de Bustos Domecq es, en realidad, una gran broma, y como tal hay que tomarla. Desde la dedicatoria ("A esos tres grandes olvidados: Picasso, Joyce, Le Corbussier") hasta el prólogo, que el propio autor [ficticio] refuta, hasta las innumerables interrelaciones entre las crónicas que componen el libro, todo se confabula para una sensación de verosimilitud a las invenciones de los escritores, al mismo tiempo que da pistas para desmontarlas e identificarlas como burlescas. También el estilo, cargado de galicismos, arcaísmos y pedanterías (como el uso constante del imperfecto de subjuntivo en lugar del pretérito indefinido, "publicara" por "publicó") forma parte de este mismo juego, en el que el heterónimo bicéfalo escribe de forma diferente a cualquiera de sus dos autores individuales.
A algunos lectores esta obra les podrá parecer algo pretenciosa, o incluso aburrida, por cerebral. Los problemas que plantea (la naturaleza del arte y de la creación, la esencia de lo humano, el sentido de la historia o la posibilidad de comprender y representar la realidad, entre otros) serán muy familiares a los lectores de Bioy y de Borges, y reconocerán incluso algunas de las ocurrencias incluidas también en sus relatos. (Podríamos jugar, por ejemplo, a adivinar qué ideas son de Bioy y cuáles de Borges; yo apostaría a que Los inmortales, sobre unos hombres que transfieren su consciencia a unos bloques artificiales de acero, es obra de la imaginación del primero).
Pena que la edición que manejo, de Losada, parezca a veces más una fotocopia que una reimpresión, con fragmentos tan borrados que casi parecen ilegibles. ¿O será esto también un juego de Borges y Bioy para darle mayor apariencia de antigüedad a su texto?
Año de publicación: 1963
Valoración: Recomendable (muy recomendable para freaks borgesianos)
La amistad de Jorge Luis Borges y Bioy Casares es ya objeto de leyenda ("Creo que Bioy era el único amigo de Borges", dice por ejemplo Alberto Manguel en un artículo). Quizás haya en esto algo de exageración literaria, que sospecho que a Borges no le habría disgustado. En cualquier caso, la relación de complicidad entre ellos, hasta la separación final cuando Borges decidió ir a morir fuera de la Argentina, produjo además interesantes resultados literarios, entre ellas varias antologías, como la famosa Antología de la literatura fantástica que coordinaron junto con la mujer de Bioy, Silvina Ocampo; o las obras firmadas con el seudónimo de Honorio Bustos Domecq.
Esta obra pertenece a este segundo grupo, obviamente. Se trata de un conjunto de crónicas o críticas literarias y artísticas (pintura, escultura o incluso moda) sobre personajes inventados con las ideas más disparatadas sobre su propio arte, presentadas como visionarios o revolucionarios: un escritor que, à la Pierre Menard, publica con su nombre las obras de la literatura universal con la que más se identifica; otro que escribe una y otra vez la misma obra con distintos títulos, adscribiéndola a distintos estilos o tendencias; un escultor cuya materia prima es el vacío; una tendencia literaria basada en la descripción minuciosa de los objetos apoyados en la esquina de una mesa; una rama de la historiografía que propone incluir solo acontecimientos positivos...
Crónicas de Bustos Domecq es, en realidad, una gran broma, y como tal hay que tomarla. Desde la dedicatoria ("A esos tres grandes olvidados: Picasso, Joyce, Le Corbussier") hasta el prólogo, que el propio autor [ficticio] refuta, hasta las innumerables interrelaciones entre las crónicas que componen el libro, todo se confabula para una sensación de verosimilitud a las invenciones de los escritores, al mismo tiempo que da pistas para desmontarlas e identificarlas como burlescas. También el estilo, cargado de galicismos, arcaísmos y pedanterías (como el uso constante del imperfecto de subjuntivo en lugar del pretérito indefinido, "publicara" por "publicó") forma parte de este mismo juego, en el que el heterónimo bicéfalo escribe de forma diferente a cualquiera de sus dos autores individuales.
A algunos lectores esta obra les podrá parecer algo pretenciosa, o incluso aburrida, por cerebral. Los problemas que plantea (la naturaleza del arte y de la creación, la esencia de lo humano, el sentido de la historia o la posibilidad de comprender y representar la realidad, entre otros) serán muy familiares a los lectores de Bioy y de Borges, y reconocerán incluso algunas de las ocurrencias incluidas también en sus relatos. (Podríamos jugar, por ejemplo, a adivinar qué ideas son de Bioy y cuáles de Borges; yo apostaría a que Los inmortales, sobre unos hombres que transfieren su consciencia a unos bloques artificiales de acero, es obra de la imaginación del primero).
Pena que la edición que manejo, de Losada, parezca a veces más una fotocopia que una reimpresión, con fragmentos tan borrados que casi parecen ilegibles. ¿O será esto también un juego de Borges y Bioy para darle mayor apariencia de antigüedad a su texto?
viernes, 19 de abril de 2019
VV.AA. Ojos de aguja
Idioma original: variosAño de publicación: 2000
Valoración: Recomendable (sobre todo para fans del género)
El microrrelato, ya saben, una página o dos, incluso menos, de narración comprimida al máximo, apenas un flash, un impacto. Algo que hay que saber hacer muy bien para que no quede en una simple ocurrencia. Podríamos discutir sobre si es un subgénero, o sobre dónde ubicarlo, hay quien lo considera un formato de segunda división, propicio para quien no es capaz de construir algo de mayor empaque, o para verter una idea aislada que a alguien le parece redonda y autosuficiente. A mí me parece algo quizá más próximo a la poesía que al relato breve, una especie de Twitter donde los límites de la extensión lo son todo: no hay espacio para desarrollar casi nada, sólo debe contener lo imprescindible, y todo ello.
Ojos de aguja es una recopilación elaborada por José Díaz, y desde luego maestros del género no le faltan, no sé si en el ámbito del microrrelato, pero desde luego sí en el mundo de la literatura en general: Cocteau, Bioy Casares, Kafka, Rubén Darío, Oscar Wilde, Benedetti, Max Aub, y así un montonazo de nombres de esos que impresionan, incluyendo por supuesto a Monterroso, Cortázar y Borges, que se suponen más habituales en este campo, además de otros muchos, menos conocidos. Mayoría absoluta de autores españoles y latinoamericanos. Y claro, hay de todo.
Como tampoco voy a dedicar más espacio de lo que ocupan los propios relatos, dejaré solo unas pinceladas sobre algunos que me han llamado más la atención:
- La preciosa moralina de los hermanos Grimm en El pobre campesino, en el cielo
- El humor negro de García Márquez en la historia de un fusilamiento (sin título)
- La sutileza de un par de relatos de Bioy Casares y Monterroso
- La imaginación de Jose María Merino (Ecosistema) y Ángel Guache (Las apariencias del pintor)
- El experimento interactivo de Luis Britto (Subraye las palabras adecuadas)
- Los relatos que versan sobre estatuas de Juan Eduardo Zúñiga o de Oscar Wilde
Y así podríamos seguir un buen rato, porque tenemos más de cien pequeñas obras (no sé cuántas, porque no hay un índice) visitando el mundo de la fábula, la metáfora, la imagen mínima transformada en historia, el aroma oriental, el juego de palabras o el poder de la página en blanco. Todo lo cual constituye un compendio que recomiendo claramente a los amantes del género, y del que se desprende alguna reflexión sobre esta forma de expresión literaria.
En general, el microrrelato viene a ser una forma literaria sintética en la que prima sobre todo el ingenio, y que en un buen número de casos, seguramente una amplia mayoría, tiene un desarrollo lineal que podríamos llamar tramposo, que lleva al lector por un terreno más o menos convencional hasta que le descoloca mediante un quiebro, el elemento sorpresa que sobreviene muy cerca del final. Es con frecuencia un golpe irónico o una última línea, muchas veces metafórica, que sorprende al lector atacando por donde menos lo espera, alterando de repente la perspectiva o simplemente redondeando con una frase brillante, que parece constituir el objetivo, la esencia misma de lo que se pretendía contar. Por eso, aparte de a la poesía, como decía antes, el formato me recuerda muchas veces a un chiste, dicho sea con el debido respeto a los creadores.
Aunque no soy lector habitual de microrrelatos, creo que el libro que estoy comentando es un muestrario bastante amplio y entiendo que también de un nivel apreciable como para considerarlo significativo, y aun encontrando textos muy estimables, algunos realmente brillantes, otros divertidos y casi todos sorprendentes, me queda la sensación de que pocos autores escapan de ese esquema al que me refería. Son magníficos los relatos de Borges, de Italo Calvino, de Onetti o de Rubén Dario, por no extenderme más, pero apenas unos pocos se salen de la fórmula y exploran otros terrenos, el Luis Britto que citaba antes, Ana María Shua y quizá alguno de los varios que tiene Cortázar. En este sentido puede que me haya quedado una pequeña decepción.
Y, como poco menos que profano en el género, me planteo si será que la recopilación en concreto puede haber pecado de conservadora dejando fuera ejemplos más arriesgados, o si a lo mejor estaba esperando cosas que sencillamente no existen.
miércoles, 1 de febrero de 2012
Carlos Fuentes: Aura
Idioma original: español
Año de publicación: 1962
Valoración: Recomendable
Releer esta novela me ha producido sensaciones y reflexiones sorprendentes.
La primera: qué diferente es esta novela del recuerdo (bastante difuso, también es verdad) que tenía de ella. En mi memoria era un "Imprescindible" de libro. Ahora, ya veis, se ha quedado en un "Recomendable". Creo que, cuando la leí por primera vez, estaba en plena etapa de fascinación por lo fantástico, y encajó en esta fiebre como un guante; ahora esa fiebre ya se me ha pasado, y lo que entonces me fascinaba ahora no consigue interesarme tanto.
La segunda, relacionada: es curioso cómo vienen y van las modas literarias (y no me refiero a los best-sellers sino a la "alta literatura", por llamarlo de alguna forma), Por ejemplo, en los años 40 y 50 hubo una ola de literatura fantástica que recorrió el continente americano y contagió a muchos de sus principales escritores: en 1940 Borges edita (en colaboración con Bioy Casares y Silvina Ocampo) su Antología de literatura fantástica; en 1941 el propio Bioy Casares publica La invención de Morel; diez años más tarde, en 1951, el Bestiario de Cortázar; y todavía diez años más tarde, en 1962, esta Aura de Carlos Fuentes. Los escritores que vinieron después (García Márquez, Vargas Llosa...) ya no siguieron esta línea fantástica pura, sino que, como en el caso de Gabo, la integraron en una estética nueva que ha dado en llamarse "realismo mágico". No me atrevo a intentar una explicación literaria ni sociológica de esta moda.
Todo esto para decir que Aura debe ser considerada dentro de ese contexto, como representante casi último ("epígono", que dicen) de un género o subgénero que no desapareció, por supuesto, pero que ya no volvería a ocupar ese lugar central en el canon literario latinoamericano (piénsese por ejemplo en la estética de escritores como Piglia o Bolaño). Y dentro de ese contexto, sí, Aura es una obra casi perfecta, estilística y narrativamente muy trabajada y que funciona sobre todo en la creación casi inmediata de una atmósfera de misterio, suspense y terror (es un decir).
El planteamiento inicial de la historia tiene algún parecido con Los papeles de Aspern de Henry James (aunque a partir de aquí las dos novelitas se parezcan como un elefante a una llave inglesa): un hombre joven y culto, Felipe Montero, acude a una casa antigua y decadente habitada por dos mujeres, una vieja y una joven, casi niña, para escribir, o mejor dicho, completar las memorias del difunto marido de la anciana. El chico se enamora perdidamente de la joven, Aura, poseedora de unos ojos verdes casi inverosímiles, y se propone liberarla de lo que supone que es un cautiverio forzado e insoportable.
Pero muy pronto el autor nos da pistas de que las cosas no son lo que parecen: pistas más o menos sutiles (algunas, muy poco sutiles) como los comportamientos extraños de los dos personajes; los gatos que van y vienen; la oscuridad, la humedad, el polvo acumulado... No sé hasta qué punto de la narración pensaba Carlos Fuentes que se conservaría el efecto-sorpresa: un lector mínimamente avezado en este tipo de relatos adivina el final, salvo por ciertos detalles, relativamente pronto, así que el momento climático (de clímax, no de clima) queda bastante diluido.
¿Y por qué un "recomendable" si digo que es una novela bien escrita, casi perfecta, que funciona? Pues porque, ahora, da una sensación de artificio vacío, de preciosismo sin contenido humano. Será que desde los años 60 la literatura hispanoamericana ha mostrado las posibilidades de mezclar los prodigios de la técnica y el estilo, con la profundidad del mensaje; o será que yo ya no soy el que era.
Todas las reseñas sobre Carlos Fuentes en ULAD: Aquí
Año de publicación: 1962
Valoración: Recomendable
Releer esta novela me ha producido sensaciones y reflexiones sorprendentes.
La primera: qué diferente es esta novela del recuerdo (bastante difuso, también es verdad) que tenía de ella. En mi memoria era un "Imprescindible" de libro. Ahora, ya veis, se ha quedado en un "Recomendable". Creo que, cuando la leí por primera vez, estaba en plena etapa de fascinación por lo fantástico, y encajó en esta fiebre como un guante; ahora esa fiebre ya se me ha pasado, y lo que entonces me fascinaba ahora no consigue interesarme tanto.
La segunda, relacionada: es curioso cómo vienen y van las modas literarias (y no me refiero a los best-sellers sino a la "alta literatura", por llamarlo de alguna forma), Por ejemplo, en los años 40 y 50 hubo una ola de literatura fantástica que recorrió el continente americano y contagió a muchos de sus principales escritores: en 1940 Borges edita (en colaboración con Bioy Casares y Silvina Ocampo) su Antología de literatura fantástica; en 1941 el propio Bioy Casares publica La invención de Morel; diez años más tarde, en 1951, el Bestiario de Cortázar; y todavía diez años más tarde, en 1962, esta Aura de Carlos Fuentes. Los escritores que vinieron después (García Márquez, Vargas Llosa...) ya no siguieron esta línea fantástica pura, sino que, como en el caso de Gabo, la integraron en una estética nueva que ha dado en llamarse "realismo mágico". No me atrevo a intentar una explicación literaria ni sociológica de esta moda.
Todo esto para decir que Aura debe ser considerada dentro de ese contexto, como representante casi último ("epígono", que dicen) de un género o subgénero que no desapareció, por supuesto, pero que ya no volvería a ocupar ese lugar central en el canon literario latinoamericano (piénsese por ejemplo en la estética de escritores como Piglia o Bolaño). Y dentro de ese contexto, sí, Aura es una obra casi perfecta, estilística y narrativamente muy trabajada y que funciona sobre todo en la creación casi inmediata de una atmósfera de misterio, suspense y terror (es un decir).
El planteamiento inicial de la historia tiene algún parecido con Los papeles de Aspern de Henry James (aunque a partir de aquí las dos novelitas se parezcan como un elefante a una llave inglesa): un hombre joven y culto, Felipe Montero, acude a una casa antigua y decadente habitada por dos mujeres, una vieja y una joven, casi niña, para escribir, o mejor dicho, completar las memorias del difunto marido de la anciana. El chico se enamora perdidamente de la joven, Aura, poseedora de unos ojos verdes casi inverosímiles, y se propone liberarla de lo que supone que es un cautiverio forzado e insoportable.
Pero muy pronto el autor nos da pistas de que las cosas no son lo que parecen: pistas más o menos sutiles (algunas, muy poco sutiles) como los comportamientos extraños de los dos personajes; los gatos que van y vienen; la oscuridad, la humedad, el polvo acumulado... No sé hasta qué punto de la narración pensaba Carlos Fuentes que se conservaría el efecto-sorpresa: un lector mínimamente avezado en este tipo de relatos adivina el final, salvo por ciertos detalles, relativamente pronto, así que el momento climático (de clímax, no de clima) queda bastante diluido.
¿Y por qué un "recomendable" si digo que es una novela bien escrita, casi perfecta, que funciona? Pues porque, ahora, da una sensación de artificio vacío, de preciosismo sin contenido humano. Será que desde los años 60 la literatura hispanoamericana ha mostrado las posibilidades de mezclar los prodigios de la técnica y el estilo, con la profundidad del mensaje; o será que yo ya no soy el que era.
Todas las reseñas sobre Carlos Fuentes en ULAD: Aquí
martes, 17 de marzo de 2009
Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo: Antología de la literatura fantástica
Idioma de publicación: Español
Fecha de publicación: 1965
Valoración: Muy recomendable
Borges solía decir que le enorgullecían más las páginas que había leído que las que había escrito. El hecho de que escribiera algunas de las mejores de la literatura en lengua castellana no desvirtúa la justicia de esa opinión. Borges fue, desde su niñez, un lector insaciable, caótico, casi monstruoso. Su figura de anciano ciego, encerrado en una biblioteca, encarna ya al lector por antonomasia, que se acaba destruyendo a sí mismo en el ejercicio de la lectura. En sus obras se escuchan los ecos de las obras maestras de todas las literaturas y filosofías, pero también de géneros considerados menores: la novela policíaca y el relato fantástico. La actual valoración de la literatura fantástica debe mucho, no sólo a la propia obra de Borges, sino a su labor divulgativa y editorial. El libro que nos ocupa es un buen ejemplo.
Elaborada en colaboración con Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, buenos amigos de Borges, esta antología no pretende exhaustividad filológica o histórica. Su espíritu es, más bien, el de este blog: unos lectores que comparten con otros los textos que más han disfrutado. En la antología –al menos– este criterio se revela más que suficiente, porque permite una variedad que la hace muy agradable de leer. Pueden encontrarse relatos de Poe, Maupassant, Wells y Chesterton, pero también gratas sorpresas de autores desconocidos; antiguos cuentos árabes o chinos, junto a la Casa tomada de Cortázar o algún texto de los propios antologistas (esto sólo en la segunda edición, que es la que tengo). Relatos, en fin, de todo tamaño y condición para cualquier momento. Qué más se puede pedir.
Otras obras de Jorge Luis Borges en ULAD: Aquí
Otras obras de Silvina Ocampo en ULAD: La promesa
Fecha de publicación: 1965
Valoración: Muy recomendable
Borges solía decir que le enorgullecían más las páginas que había leído que las que había escrito. El hecho de que escribiera algunas de las mejores de la literatura en lengua castellana no desvirtúa la justicia de esa opinión. Borges fue, desde su niñez, un lector insaciable, caótico, casi monstruoso. Su figura de anciano ciego, encerrado en una biblioteca, encarna ya al lector por antonomasia, que se acaba destruyendo a sí mismo en el ejercicio de la lectura. En sus obras se escuchan los ecos de las obras maestras de todas las literaturas y filosofías, pero también de géneros considerados menores: la novela policíaca y el relato fantástico. La actual valoración de la literatura fantástica debe mucho, no sólo a la propia obra de Borges, sino a su labor divulgativa y editorial. El libro que nos ocupa es un buen ejemplo.
Elaborada en colaboración con Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, buenos amigos de Borges, esta antología no pretende exhaustividad filológica o histórica. Su espíritu es, más bien, el de este blog: unos lectores que comparten con otros los textos que más han disfrutado. En la antología –al menos– este criterio se revela más que suficiente, porque permite una variedad que la hace muy agradable de leer. Pueden encontrarse relatos de Poe, Maupassant, Wells y Chesterton, pero también gratas sorpresas de autores desconocidos; antiguos cuentos árabes o chinos, junto a la Casa tomada de Cortázar o algún texto de los propios antologistas (esto sólo en la segunda edición, que es la que tengo). Relatos, en fin, de todo tamaño y condición para cualquier momento. Qué más se puede pedir.
Otras obras de Jorge Luis Borges en ULAD: Aquí
Otras obras de Silvina Ocampo en ULAD: La promesa
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viernes, 14 de diciembre de 2018
Efemérides: La hermana menor (Mariana Enríquez) y Las repeticiones y otros relatos inéditos (Silvina Ocampo)
Se cumple hoy el vigésimoquinto aniversario del fallecimiento de Silvina Ocampo, una autora clara e injustamente olvidada "gracias", en buena parte, a ser "hermana de", "esposa de" y "amiga de". En ULAD la homenajeamos hoy, y lo hacemos con una doble reseña: la de "La hermana menor", biografía de Silvina recientemente publicada, y la de "Las repeticiones y otros relatos inéditos", libro póstumo de la menor de las Ocampo.
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LA HERMANA MENOR
Idioma original: Español
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable
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LAS REPETICIONES Y OTROS RELATOS INÉDITOS
Idioma original: Español
Año de publicación: 2006
Valoración: Bastante recomendable (o más)
También de Silvina Ocampo en ULAD: La promesa, Antología de la literatura fantástica
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LA HERMANA MENOR
Idioma original: Español
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable
Este libro tenía, para mi, un doble interés: el de leer a la gran Mariana Enríquez fuera de su registro habitual y el de adentrarme en la vida de una de las grandes escritoras argentinas del siglo XX, injustamente olvidada. Ahora bien, después de la lectura de este libro, no tengo tan claro si ese "segundo plano" en el que permaneció Silvina no fue algo premeditadamente buscado por ella para conservar un cierto grado de libertad, tanto personal como creativa.
Bueno, lo fundamental es que, días después de haber terminado el libro y tras su conveniente "período de asentamiento en mi cerebro", he de decir que las expectativas creadas se han cubierto con creces. Y esto a pesar de que Enríquez había puesto el listón muy alto con sus dos anteriores libros de relatos: "Los peligros de fumar en la cama" y "Las cosas que perdimos en el fuego". En este "La hermana menor" Enríquez logra construir un retrato complejo, poliédrico, ágil y muy entretenido de una autora con una vida de lo más novelesca.
Retrato complejo y poliédrico porque lo personal y lo literario van íntimamente unidos. Es complicado acceder a las claves de la obra de Ocampo sin conocer sus orígenes familiares (la menor de las seis hijas de una de las familias más ricas de la Argentina), su período formativo, la relación amor / odio que mantuvo con su hermana mayor Victoria, su matrimonio con un "guapísimo, riquísimo y mujerieguísmo (perdón por la palabra)" Adolfo Bioy Casares, la amistad de este con Borges, las polémicas literarias en el seno del grupo Sur (del que todos ellos formaban parte), etc. Estos hechos (y algún otro también, obviamente) marcan la obra narrativa y poética de Silvina y le confieren el carácter tan personal que la caracterizó, especialmente en esos cuentos llenos de guerras niños-adultos, de infancias crueles y fantásticas, etc.
Retrato complejo y poliédrico también porque conocemos aspectos que se suelen dejar de lado a la hora de hablar de Silvina: Silvina y la maternidad, Silvina y su antiperonismo no militante, Silvina y sus miedos (a volar, a perder a Bioy...), Silvina y el feminismo, Silvina y sus visiones, Silvina y la enfermedad, Silvina y su rabia por la falta de éxito en su país, Silvina y su amor por el campo y los perros, etc.
Y retrato complejo y poliédrico, por último, porque no se sustenta en verdades indiscutibles. Silvina no llevaba diario personal ni literario, por lo que Enríquez ha debido recurrir a testimonios de terceros (amigos, empleados de la familia, los propios diarios de Bioy, etc.) que llegan a ser, en ocasiones, tan opuestos que llevan a uno a preguntarse acerca de sus propios miedos y contradicciones, de la imagen que, voluntaria o involuntariamente, proyectamos en los demás y hasta qué punto nos conocen nuestros más cercanos.
Y retrato complejo y poliédrico, por último, porque no se sustenta en verdades indiscutibles. Silvina no llevaba diario personal ni literario, por lo que Enríquez ha debido recurrir a testimonios de terceros (amigos, empleados de la familia, los propios diarios de Bioy, etc.) que llegan a ser, en ocasiones, tan opuestos que llevan a uno a preguntarse acerca de sus propios miedos y contradicciones, de la imagen que, voluntaria o involuntariamente, proyectamos en los demás y hasta qué punto nos conocen nuestros más cercanos.
Ya digo que Enríquez aúna los más variados aspectos de la personalidad de Silvina y construye un texto tremendamente ágil y entretenido. Las apenas doscientas páginas de "La hermana menor" se leen con suma facilidad, sin que el interés decaiga en ningún momento, y constituyen un magnífico testimonio no solo de la vida de Silvina Ocampo sino de una generación de autores que marcó profundamente la literatura de décadas posteriores.
También de Mariana Enríquez en ULAD: Los peligros de fumar en la cama, Las cosas que perdimos en el fuego
También de Mariana Enríquez en ULAD: Los peligros de fumar en la cama, Las cosas que perdimos en el fuego
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LAS REPETICIONES Y OTROS RELATOS INÉDITOS
Idioma original: Español
Año de publicación: 2006
Valoración: Bastante recomendable (o más)
Pues bien, tras la lectura de “Las repeticiones y
otros relatos inéditos”, hay que decir que Silvina Ocampo fue una cuentista verdaderamente
notable, además de una autora con un universo muy personal.
Como su propio título indica, “Las repeticiones…” está
compuesto por textos escritos entre 1936-37 y 1988-89 y que permanecieron
inéditos en vida de la autora (con la excepción del magnífico relato “La mujer
inmóvil”, publicado en la revista Destiempo en 1937). Pese a que su carácter
inédito y el amplio arco temporal que cubren pudieran hacer dudar acerca de la
calidad de los textos incluidos en el volumen, debo decir que los 24 relatos y
dos novelas breves que se incluyen tienen un alto nivel medio y que algunos de ellos
son verdaderas maravillas.
Como comprenderéis, resulta difícil ofrecer en un breve espacio una valoración o
explicación detallada de cada uno de los textos, pero una serie de pinceladas
generales debería bastar para ofrecer una imagen aproximada del conjunto.
Algunos rasgos que, en líneas generales, comparten los
textos de “Las repeticiones…” serían:
- La mirada infantil (o quizá debería decir la mirada desde la infancia): La mirada de Silvina Ocampo es desmitificadora y revela la existencia de mundos extraños y desconcertantes, además de una cierta fascinación por lo extraño, cruel y repulsivo.
- La fantasía: Se trata de una fantasía que entronca en muchas ocasiones con la cotidianeidad, lo que acerca a algunos relatos de Silvina Ocampo al realismo mágico.
- La poesía: Silvina Ocampo también abarcó la poesía dentro de su obra y eso es algo que se trasluce en sus relatos, con un alto componente visual, simbólico e imaginativo.
- Los temas, algunos de ellos recurrentes a lo largo de los textos. Así, por ejemplo, la incomprensión y la soledad (“El estereoscopio”, “Las repeticiones”, etc), la identidad, ya sea o no sexual (“La cara adversa”, “La Santa”, “Teodora”, “Las metamorfosis”, etc), la pérdida de la inocencia en sus múltiples formas (“El zorro”), las obsesiones irracionales (“Albo Zoinak”, “La voz”…)
Todos
estos aspectos hacen de Silvina Ocampo una autora sumamente personal, aunque indisolublemente
unida a su tiempo y a las corrientes literarias de la época, a la que sería
conveniente rescatar de un injusto olvido. En ello estamos, desde luego.
P.S.: Decía al comienzo de la reseña que algunos de los
textos me parecen verdaderamente magníficos. Destacaría, además de "La mujer inmóvil", “Las repeticiones”, “Las
metamorfosis”, “La calesita” y la novela breve “El vidente”). En este enlace
podéis leer alguno:
https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/subnotas/2964-485-2006-04-30.html
También de Silvina Ocampo en ULAD: La promesa, Antología de la literatura fantástica
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siglo XXI
domingo, 17 de marzo de 2019
Jesús Marchamalo & Marc Torices: Cortázar

Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable
Nunca he sido un acérrimo "cortazariano", pero la reseña a veinte manos (bueno, a decir verdad, diecinueve, que yo estuve al mismo tiempo comiendo doritos) que nos marcamos recientemente me creó alguna curiosidad por conocer más cosas del célebre autor del cuento, aparte de lo que cualquiera con cierta culturilla general podría saber (escribió Rayuela, nacido en Bélgica, vivió en Francia, enterrado en el cementerio de Montparnasse... bueno, vale, para esto último hay que ser un poco biblionecrófilo, lo admito). pero vamos, ni ganas de meterme una biografía de esas tochacas con estudios filológicos comparatistas de todas las obras de este insigne escritor y tal y cual...; por fortuna para los holgazanes lectores inquietos como yo, vivimos en la época dorada de los tebeos para adultos gafapastas las novelas gráficas. Así que una de éstas, de título inequívoco y estupenda por lo demás, es la que hoy ocupa esta reseña.
El libro -en puridad, tampoco sería correcto llamarle "novela", aunque sí "gráfica, claro-, también es una biografía, sólo que mucho más ligera y amena que lo que suele ocurrir al uso. Pero, en general, sigue el habitual hilo temporal de nacimiento-infancia-juventud-etc... hasta el fallecimiento de Cortázar. Hilo roto, de vez en cuando, por anécdotas o peculiaridades diversas del escritor; sin llegar a calificarlos de "interludios líricos" o "poéticos", sí es cierto que estos pequeños episodios, amén de proporcionarnos una visión más completa de la personalidad y circunstancias del biografiado, aportan al conjunto un toque entrañable, a la par que fresco. La narración, en todo caso, toca todos los momentos en principio fundamentales de la vida del escritor: su niñez, con su padre ausente, el comienzo de la fascinación por los libros, sus trabajos como profesor y traductor, sus primeros escarceos literarios, el traslado a París, sus relaciones amorosas, sus viajes, el reconocimiento de su obra, su posicionamiento político a favor de la Revolución cubana... (*) Como os podéis suponer, especial ilusión me ha hecho ver reflejado el momento en el que, en 1946, el propio Borges recibió y decidió publicar en la revista Los Anales de Buenos Aires el cuento Casa tomada.

En suma, que la trayectoria, tanto vital como literaria de Julio Cortázar se ve explicada y representada a la perfección en este libro, con la fundamental ayuda, además, de un grafismo sencillo pero muy efectivo, que oscila entre cierta ingenuidad y un toque onírico de lo más adecuado. Ahora bien, por poner algún pero (que no todo va a ser néctar y pétalos de flores), he de señalar que, a pesar de esta minuciosidad de la narración y del recurso al anecdotario cortazaresco que he mencionado antes, la figura del escritor queda envuelta en un aire, no de frialdad, pero sí de cierta reserva, se le ve siempre un tanto distante, como si los autores del libro no hubiesen sido capaces de traspasar una capa protectora, una burbuja de timidez y soledad en la que se refugiase el biografiado (no descarto, por supuesto, que Cortázar fuera así de verdad, que no lo sé).
Aún así, que no lo dude nadie: esta es una lectura de lo más recomendable, que además cumple con una función importante: que te entren ganas de leer más cosas del autor de Rayuela. No es poco, eso...
(*)Hace poco leí, por cierto, un emocionante párrafo de un libro de Bioy Casares acerca del fallecimiento de Cortázar, en el que le manifestaba gran aprecio y consideraba que siempre habían sido amigos, a pesar de no compartir ideas políticas. Un gran ejemplo.

En suma, que la trayectoria, tanto vital como literaria de Julio Cortázar se ve explicada y representada a la perfección en este libro, con la fundamental ayuda, además, de un grafismo sencillo pero muy efectivo, que oscila entre cierta ingenuidad y un toque onírico de lo más adecuado. Ahora bien, por poner algún pero (que no todo va a ser néctar y pétalos de flores), he de señalar que, a pesar de esta minuciosidad de la narración y del recurso al anecdotario cortazaresco que he mencionado antes, la figura del escritor queda envuelta en un aire, no de frialdad, pero sí de cierta reserva, se le ve siempre un tanto distante, como si los autores del libro no hubiesen sido capaces de traspasar una capa protectora, una burbuja de timidez y soledad en la que se refugiase el biografiado (no descarto, por supuesto, que Cortázar fuera así de verdad, que no lo sé).
Aún así, que no lo dude nadie: esta es una lectura de lo más recomendable, que además cumple con una función importante: que te entren ganas de leer más cosas del autor de Rayuela. No es poco, eso...
(*)Hace poco leí, por cierto, un emocionante párrafo de un libro de Bioy Casares acerca del fallecimiento de Cortázar, en el que le manifestaba gran aprecio y consideraba que siempre habían sido amigos, a pesar de no compartir ideas políticas. Un gran ejemplo.
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martes, 11 de diciembre de 2018
Pedro Mairal: Una noche con Sabrina Love
Idioma original: español
Año de publicación: 1998
Valoración: muy recomendable
Este es el debut de Pedro Mairal, escritor del que La uruguaya me dejó una inmejorable impresión, gracias al estimable logro de retratar, desde una situación relativamente cotidiana, la esencia del individuo masculino en su teórica madurez. La repercusión de esta novela despertó cierto interés general por la obra del autor argentino y Asteroide decidió recuperar esta opera prima que ya fue premiada, dos décadas atrás, y añadirle un prólogo del propio autor que resulta ser un valioso texto.
Puede que en esta decisión pesara el hecho de que las dos historias tienen ciertos trazos comunes. Las dos retratan a hombres en edades "complicadas": la adolescencia en fase final y la madurez. La cercanía de los 20 aquí (Daniel, el protagonista, tiene 17) y la de los 40 en La uruguaya. Hombres que se desplazan fuera de su hábitat para asuntos relacionados con la entrepierna. Cuyo destino es la incerteza.
En Una noche con Sabrina Love el adolescente Daniel, empleado precario de un almacén frigorifico de aves, accediendo de forma irregular a un canal porno resulta agraciado en un curioso sorteo a través de una línea telefónica de pago. Su número es el escogido entre miles de concursantes para pasar una noche con Sabrina Love, porno-star que presenta una especie de consultorio o programa en horario de madrugada. El sueño de Daniel, debutar en manos de una voluptuosa profesional, se materializará, pero Daniel, que vive en la miseria y bastante lejos del estudio en que tiene que producirse el encuentro, en Buenos Aires, no dispone de medio alguno para llegar allí: ni vehículo, ni dinero, apenas ha podido hacer que su hermano le apañe un alojamiento en casa de un amigo. Además, es menor de edad y ha tenido que mentir a la productora del programa para que le permitan acudir a disfrutar de su premio.
En fin: una situación original, pero que no daría para mucho, quizás, en manos de otros escritores. Mairal se las apaña para convertirlo en una centena de paginas que retratan una sociedad, o eso he percibido de una manera subliminal. O sea, Mairal me ha enredado con sus malas artes y he visto una sociedad rural alejada de la urbe, una nación joven, ansiosa e ilusionada pero aún inacabada, precaria y torpe en la acometida de sus propósitos (y sin ánimo de ofender: la semana en que acabo esta reseña los dos hechos argentinos más recientes son el lío de la vuelta de la final de la Libertadores y las lágrimas de Macri). Jodido Mairal, ahora me da por ejemplificar en ese Daniel a toda una nación. Y no: puede que Daniel solo represente al género masculino gobernado por las gónadas como el tipo de La uruguaya.
Daniel, regreso a la sinopsis de un libro que hay que leer para hacerse una idea de toda su carga, traza una especie de odisea hasta llegar a Buenos Aires. Sus encuentros son, todos, dignos de mención, y es curioso que de todos ellos, de todos esos intentos de conseguir alcanzar su sueño, solo salga malparado cuando unos soldados uniformados le despojan de la poca plata que acarrea. Otro símbolo: un camionero parece conocer muy de cerca a quien causó la muerte de sus padres en un accidente en una de esas curvas peligrosas de carreteras en muy mal estado.
Y ya paro: no me extraña el premio ni los elogios de figuras como Bioy Casares. Lo que parece una simple estampa costumbrista se adereza de manera que se blinda en la memoria. Vaya con Mairal.
Daniel, regreso a la sinopsis de un libro que hay que leer para hacerse una idea de toda su carga, traza una especie de odisea hasta llegar a Buenos Aires. Sus encuentros son, todos, dignos de mención, y es curioso que de todos ellos, de todos esos intentos de conseguir alcanzar su sueño, solo salga malparado cuando unos soldados uniformados le despojan de la poca plata que acarrea. Otro símbolo: un camionero parece conocer muy de cerca a quien causó la muerte de sus padres en un accidente en una de esas curvas peligrosas de carreteras en muy mal estado.
Y ya paro: no me extraña el premio ni los elogios de figuras como Bioy Casares. Lo que parece una simple estampa costumbrista se adereza de manera que se blinda en la memoria. Vaya con Mairal.
lunes, 18 de diciembre de 2017
Lo mejor del 2017, ULAD dixit
Marc Peig dice:
Juan G. B. dice:
Koldo CF dice:
Carlos Andia y sus preciadas estatuillas:
Oriol Vigil dice:
Beatriz Garza dice:
Carlos Ciprés dice:
Santi dice:
Francesc Bon opina:
- Libro del año: A través de la noche, de Stig Sæterbakken
- Tochonovela del año: 4 3 2 1, de Paul Auster
- Ensayo político/social del año: Entre el mundo y yo, de Ta-Nehisi Coates
- Librodenuncia del año: ¡Daha!, de Hakan Gunday
- Autobiografía del año: Born to run, de Bruce Springsteen
- Descubrimientos del año: Annie Ernaux, Adam Haslett
- Autores clásicos que debería haber leído antes: William Faulkner
- Libro del que no debería ni haber pasado de la portada: Noche es el día, de Peter Stamm
- Decepción del año: El estrecho camino al norte profundo, de Richard Flanaghan
- Autores por descubrir: James Joyce (¿me atreveré con Ulises?), Mircea Cărtărescu
- Autor que debo recuperar porque lleva tiempo olvidado (injustamente): J.M. Coetzee
- Caerán más libros de: Stefan Zweig, Thomas Bernhard
- Propósitos para el 2018: completar la hexolagía de Karl Ove Knausgård con su último libro, haciendo caso omiso a los propósitos de Koldo, ayudar a Beatriz con sus propósitos; seguir con mi inmersión en el mundo de los ensayos, descubrir algun autor o autora nórdicos (que alguno debe haber por ahí por descubrir), leer más teatro (tengo pendiente algún Mouawad), atreverme definitivamente con los relatos cortos.
Juan G. B. dice:
- Relatos to make America great again: Knockemstiff de Donald Ray Pollock
- Mejor novela gráfica: Fun Home de Alison Bechdel
- Mejor cómic de superhéroes: Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons
- Novela históricopunki del año: Terroristas modernos de Cristina Morales (+ Bonus Track: Los combatientes)
- Distopía (o no) escalofriante del año: El cuento de la criada de Margaret Atwood
- Novela negra canónica: La Dalia Negra de James Ellroy
- Novela negra menos canónica: La banda de los niños, de Roberto Saviano
- Mejor novela de acción y aventuras-y-chúpate-ésa-Pérez-Reverte: Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer.
- Mejor directo: Iván Repila y Aixa de la Cruz (y dos buenas novelas: Prólogo para una guerra y La línea del frente ).
- Libro que no me atreví a reseñar: No me toques de Andrea Camilleri
- Descubrimiento del año: Sergei Dovlátov
Koldo CF dice:
- Novela en lengua extranjera: Solenoide (Mircea Cartarescu)
- Novela hispanoamericana: La casa grande (Álvaro Cepeda Samudio)
- Relatos en lengua extranjera: En el corazón del corazón del país (William H. Gass)
- Relatos hispanoamericana: Seres queridos (Vera Giaconi)
- Ensayo en lengua extranjera: Los primeros editores (Alessandro Marzio Magno)
- Ensayo hispanoamericana: Librerías (Jorge Carrión)
- Relectura del año: El astillero (Juan Carlos Onetti)
- Decepción del año: Un hombre enamorado "de sí mismo" (KOK)
- Mención honorífica: Los libros de relatos de escritoras latinoamericanas, como Giaconi, Enríquez o Baudoin.
- Propósito 2018:
Apuntarme al gimnasio ysacar a Marc del lado oscuro knausgardiano
Carlos Andia y sus preciadas estatuillas:
- Mejor novela: 'La grande', de Juan José Saer. Menciones especiales para 'Abril rojo', de Santiago Roncagliolo, y 'La invención de Morel', de Adolfo Bioy Casares. Vamos, que todo queda en el Nuevo continente.
- Mejor relectura, y mejor obra de teatro, y mejor casi todo: 'Divinas palabras', de Ramón del Valle-Inclán.
- Mejor obra dramática (después de 'Divinas palabras'): 'Esperando a Godot' de Samuel Beckett (reseña en breve)
- Mejor clásico (después de 'Divinas palabras'): 'Los hermanos Karamazov', de Fiódor Dostoyevski
- Mejor libro de relatos: 'Historia universal de la infamia', de Jorge Luis Borges
- Peor libro de relatos: 'Alevosías', de Ana Rossetti
- Mejor libro de historia/pensamiento/política: 'La ciudad en la historia', de Lewis Mumford
- Mejor libro de arte/estética: 'Apariencia desnuda', de Octavio Paz
- Descubrimiento del año: 'Imposibles impensables', de Santi Pérez Isasi
- Decepciones varias: para qué comentarlas (tampoco son tantas, eh?)
- Objetivos para el 2018: 'Tristram Shandy', que voy posponiendo demasiado tiempo, y algunas cosillas de narrativa reciente que van a merecer la pena. Y a lo mejor le doy otra oportunidad a Houellebecq.
Oriol Vigil dice:
- Mejor novela: Pregúntale al polvo, de John Fante.
- Peor novela: Lunar Park de Bret Easton Ellis.
- Mejor novela de terror: Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
- Mejor novela gráfica: El paraíso perdido, de Pablo Auladell.
- Mejor libro sobre arte: Historia de seis ideas, de Wladyslaw Tatarkiewicz.
- Mejor antología: Entre Ciudades invisibles, de Italo Calvino y Todos los cuentos, de Cristina Fernández Cubas.
- Mejores ensayos: Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag, La banalidad del mal, de Hannah Arendt y Ética a Nicómaco, de Aristóteles.
- Mejores redescubrimientos: Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski y Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol.
- Decepciones (obra que era muy buena y se está yendo al garete): Berserk, de Kentaro Miura. ¿Por qué le ha tenido que llegar El Eclipse a este manga? ¡¿Por qué?!
- Placer culpable: La pistola de mi hermano (Caídos del cielo), de Ray Loriga.
- Libro tristemente necesario: Carta sobre el comercio de libros, de Denis Diderot.
Beatriz Garza dice:
- Libro del año: Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan
- Tochonovela del año: no gasto de esas, gracias
- Relectura del año: El turista accidental, de Anne Tyler
- Decepción del año: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano
- Lectura abandonada a medias que pretendo retomar: Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald
- Libro que voy a leer antes o después: Prohibido nacer, de Trevor Noah
- Autor descubrimiento del año: Delphine de Vigan
- Propósitos de 2018: descubrir a Siri Hustvedt (previo asesoramiento de Marc), y a Stephen King (sí, lo reconozco, my fault). Leer más novela gráfica.
Carlos Ciprés dice:
- Ensayo revelador: Leer es un riesgo, de Alfonso Berardinelli
- Descubrimiento a buenas horas: Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sanchez Ferlosio
- Momentazo donostiarra: La ciudad, de Karmelo C. Iribarren
- Lectura fascinante: Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlín
- Otra lectura fascinante: Crui. Els portadors de la torxa, de Joan Buades
- Novela gráfica: Pobre cabrón, de Joe Matt
- Pequeñas decepciones: La vuelta al día, de Hipólito G. Navarro, Moby Dick, de Herman Melville, Les dones i els dies, de Gabriel Ferrater
- Propósitos para 2018: Releer a Sciascia, de pe a pa. Acabar el año con un resumen plagado de libros reseñados. Y que ustedes lo disfruten.
Santi dice:
- Novelas españolas del año: Clavícula de Marta Sanz, Kanada de Juan Gómez Bárcena
- Novelas extranjeras del año: La vegetariana de Han Kang, Un amor que destruye ciudades de Eileen Chang
- El premio mejor premiado: El estado natural de las cosas de Alejandro Morellón
- La magnífica cosecha vasca del 2017: Prólogo para una guerra de Iván Repila; Mejor la ausencia de Edurne Portela; La línea del frente de Aixa de la Cruz; Los turistas desganados (traducción de Atertu arte itxaron) de Katixa Agirre, Si quieres, puedes quedarte aquí de Txani Rodríguez...
- Libros autobiográficos del año: Memorias de una viuda de Joyce Carol Oates y El año del pensamiento mágico de Joan Didion
- Decepciones del año: La hora de despertarnos juntos de Kirmen Uribe, Los últimos días de Nueva París de China Miéville
Francesc Bon opina:
- He tenido años mejores
- No tocar ni con un palo: Cualquier obra de todos esos autores que creen que puede escribirse un libro a base de frasecitas trascendentes enlazadas una a una con dos personajes que van pasando por ahí de vez en cuando a pasarle lametones por la cara a su CREADOR. Vosotros ya sabéis quiénes sois
- Lo mejor de este año: El vendido de Paul Beatty
- Accésit "lo bueno si breve dos veces bueno": La uruguaya de Pedro Mairal
- Destacados locales: Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer
- Propósitos de año nuevo alternativos a los gimnasios y adelgazar y no ser tan pedante: algún Gaddis de los que quiebran la muñeca, el máximo de Rodoreda que sea capaz de mantener mi criterio con algo de credibilidad
- Abandonos sonados de los que no voy a arrepentirme: La quinta estación, de N.K. Jemisin (moraleja: lo mío no es la sci-fi), Patria, (de ya sabéis quien y no me da la gana ni poner el vínculo), y otras decenas no dignas de mención
- Nuevas esperanzas: por favor, algún ensayo de Houellebecq o Franzen o Tom McCarthy
- Lista de deseos: tiempo
Montuenga dice:
NO FICCIÓN:
FICCIÓN:
- Clásico
que describe una época: El
hombre sin atributos de Robert Musil
- Mejor relectura (y novela caída en el olvido): La
vorágine de José Eustasio Rivera
- Mejor
novela contemporánea: No
ha lugar a proceder de Claudio Magris
- La
más innovadora por contenido: The
Taqwacores de Michael Muhammad Knight
- Enorme
decepción: Cáscara
de nuez de Ian McEwan
- Mejor obra de divulgación científica: Colapso de Jared Diamond
- Mejor ensayo sobre economía: ¿Y los pobres sufren lo que deben? de Yanis Varoufakis
- Mejor ensayo filosófico: El alma de las marionetas de John Gray
- Mejor libro de viajes: La España vacía de Sergio del Molino
viernes, 17 de noviembre de 2017
Nuestros Autores Olvidados #12: Laura, de Vera Caspary
Título original: Laura
Año de publicación: 1943
Valoración: Está bien
De Vera Caspary no sabía absolutamente
nada. Llegué a ella consultando un libro que aún no he leído completo, pero, me
consta, contiene datos relevantes y cuya mera existencia ya es una buena
noticia. Se trata de El séptimo círculo
del infierno –subtitulado Escritores
malditos, escritoras olvidadas –en el que Santiago Posteguillo, en la misma
línea que este blog (mejor dicho, nosotros en la misma línea que su ensayo),
reprocha a los poderes de diverso pelaje de cualquier lugar y época la
persecución de determinados escritores a los que acaba relegando al infierno de
la guerra, la cárcel, la censura, quizá el exilio, añadiría yo, y, por supuesto
la violencia de género, para preguntarse después “cómo es posible que incluso en esos infiernos se escriba tanto y tan
bien”. No olvida añadir que la discriminación de las escritoras es doble ya
que a su activismo, rebeldía o lo que sea se añade su condición de mujeres.
Posteguillo sitúa a esta autora de novela
negra en la cúspide del séptimo círculo, se
lamenta de la persecución que destruyó su carrera, recuerda que autores como
Borges y Bioy Casares reivindicaron seis títulos de su obra nada menos y que
dos de sus novelas fueron llevadas al cine. Y en este punto me pregunto
(retóricamente, claro) cuál será la causa de que se recuerde perfectamente el
nombre de novelistas varones trasladados también a la pantalla por entonces, como
Raymond Chandler, James M. Cain o Dashiell Hammett, y esta escritora haya quedado
completamente eclipsada por el prestigio de Otto Preminger (Laura), pero también de Mankiewick, Stanley
Donen, Fritz Lang y Cukor.
Entre 1922 y 1979 Caspary publicó hasta veintitrés
títulos. En esta novela de 1943 adopta con toda naturalidad las convenciones
del género que marcaban sus compañeros de generación, aunque manifestando sus sentimientos
feministas. Elegantes, cínicos, mundanos, sarcásticos y escépticos los
personajes van mostrando sus debilidades, sus alianzas y hasta sus cartas
ocultas. En ese mundo de frivolidad y codicia, todos tratan de triunfar social
y económicamente, pero hay una diferencia, mientras ellos compiten entre sí por
adaptarse al modelo de virilidad exigido, ellas solo tratan de salir a flote. Saben
que serán engullidas por él a no ser que, con un poco de suerte y talento, se
conviertan en trofeo de triunfadores. Aunque en un principio parece que no, que
la protagonista es una ganadora absoluta, que ha sabido abrirse paso en el
mundo de la publicidad por sus propios medios, posee una economía saneada y se
mueve con soltura en la sociedad neoyorquina a pesar de su procedencia rural. Pero
ella intuye que necesita un protector, alguien que dé la cara por ella, y trata
de enamorarse a toda costa.: “La mujer
educada, no menos que la pobre trabajadora de una fábrica, está atada por los
grilletes del romance.” Como vemos, una clara actitud feminista, que se repetirá
más adelante camuflada entre los clichés del hiper-masculino género negro.
Este personaje, al que Caspary mata ya
desde el comienzo –cuyo retrato preside su elegante vivienda, que seleccionaba
sus lecturas, tenía un pigmalión por
amigo y una criada incondicional, vestía bien, asistía a estrenos y frecuentaba
los buenos restaurantes– iba a casarse precisamente el día que falleció.
Alguien que llamó a su puerta le disparó un tiro a bocajarro.
¿Por qué una mujer que se ha hecho a sí
misma se enamora una y otra vez de un patán con buena facha? Esto se pregunta Waldo
Lydecker, escritor, viejo amigo y enamorado sin esperanza, pero él no es mucho
mejor, utilizando armas intelectuales también manipula e intenta seducir a Laura.
En los primeros capítulos conocemos su versión que, por cierto, presagia una
trama trillada y predecible. Pero a partir de ahí, se produce una vuelta de
tuerca, tanto argumental como narrativa, ya que cada una de sus partes está a
cargo de un narrador distinto. Estos cambios de óptica, junto a los diálogos,
conducen a un duelo de personalidades que va desvelando pistas, a menudo
falsas, donde tiene lugar un fino análisis psicológico que el lector tiene que
ir desentrañando. Caspary no lo pone fácil pero los candidatos tampoco son
tantos y todos hemos leído lo nuestro: si no queremos adivinar el desenlace,
mejor no darle muchas vueltas. Desde luego, la autora no tiene la culpa de que,
a estas alturas, un relato así nos parezca archiconocido. Pero hay algo que, en
mi opinión, es difícil de creer, no viene a cuento y desmerece dentro del conjunto:
la introducción del detective en el triángulo amoroso, que a partir de entonces
–según como se mire– se convierte en cuadrilátero.
Etiquetas:
escritores estadounidenses,
Está bien,
libros adaptados al cine,
libros en inglés,
novela,
novela negra,
siglo XX
miércoles, 22 de julio de 2015
María Esther Vázquez: Borges, esplendor y derrota
Idioma: castellanoAño de publicación: 1996
Valoración: recomendable
Nos encontramos ante una biografía del autor argentino Jorge Luis Borges, escrita por la que fuera su amiga y, durante algunos años, su asistente en los viajes que realizó Borges para asistir a coloquios, dictar conferencias y recibir honores varios. Una biografía, por tanto, escrita por alguien cercano y que admiraba al biografiado, pero que sin embargo combina bastante bien el inevitable tono laudatorio con el reconocimiento no sólo de sus virtudes , sino también de ciertos defectos y debilidades, e incluso de sus momentos de desdicha (una actitud de franqueza ya explícita en el propio título), que llevaron a Borges a intentar más de una vez el suicidio...
No conozco las otras biografías de este escritor, así que puede que las haya más exhaustivas o que analicen su obra de forma más pormenorizada, en todo caso, ésta me parece de lo más completa: nos cuenta con todo detalle no ya sus primeros años de infancia, sino también sus orígenes familiares -a los que el propio Borges daba tanta importancia, por otro lado-; los viajes realizados con su familia y que tanto le marcaron; sus estancias en Suiza y España; sus lecturas y primeras obras literarias; sus amistades -para empezar, la de Bioy Casares, por supuesto-, sus primeros proyectos, las revistas en las que participó, etc... Continúa con sus actitudes políticas (su oposición al peronismo, por ejemplo), su trabajo en la biblioteca Miguel Cané, en un barrio de Buenos Aires (mucho antes, claro está de ser nombrado director de la Biblioteca Nacional argentina); el reconocimiento a su obra y losmuchos viajes que realizó por el mundo dando conferencias y entrevistas o recibiendo galardones; cómo no, también nos habla de su progresiva ceguera... Todo ello jalonado no sólo por la relación de los libros que iba publicando Borges, sino también por multitud de anécdotas cotidianas -sobre todo, como es lógico, de los momentos en que la autor del libro convivió con el biografiado-, que. si bien pueden parecer banales y poco trascendentes, nos muestran otra faceta del personaje que completa el conjunto de su retrato.
Especial hincapié hace María Esther Vázquez en la decisiva relación que mantuvo Borges con las mujeres: nos detalla buena parte de sus enamoramientos -y los poemas a que dieron lugar-, incluyendo aquel del que fue objeto ella misma...un amor no correspondido, hay que decir -aunque admitido aquí con toda naturalidad-; aún así, el lector de esta biografía no puede dejar de darse cuenta del tono algo -o muy- desdeñoso que Vázquez dedica alas dos esposas posteriores y tardías de Borges, Elsa Astete y María Kodama. No falta tampoco el continuo reconocimiento a otras mujeres que fueron quizás más importantes aún en la vida del escritor argentino: sumadre, leonor Acevedo, su hermana Norah, sus amigas Victoria y Silvina Ocampo, Fani Uveda, que trabajó en su casa durante casi cuarenta años...
La biografía se completa con una nutrida selección de fotos del escritor desde su más tierna infancia hasta los últimos años de su vida, con acertados y sensibles comentarios sobre las imágenes... un complemento perfecto para una biografía interesante y necesaria para los admiradores de este gran y siempre presente escritor.
Especial hincapié hace María Esther Vázquez en la decisiva relación que mantuvo Borges con las mujeres: nos detalla buena parte de sus enamoramientos -y los poemas a que dieron lugar-, incluyendo aquel del que fue objeto ella misma...un amor no correspondido, hay que decir -aunque admitido aquí con toda naturalidad-; aún así, el lector de esta biografía no puede dejar de darse cuenta del tono algo -o muy- desdeñoso que Vázquez dedica alas dos esposas posteriores y tardías de Borges, Elsa Astete y María Kodama. No falta tampoco el continuo reconocimiento a otras mujeres que fueron quizás más importantes aún en la vida del escritor argentino: sumadre, leonor Acevedo, su hermana Norah, sus amigas Victoria y Silvina Ocampo, Fani Uveda, que trabajó en su casa durante casi cuarenta años...
La biografía se completa con una nutrida selección de fotos del escritor desde su más tierna infancia hasta los últimos años de su vida, con acertados y sensibles comentarios sobre las imágenes... un complemento perfecto para una biografía interesante y necesaria para los admiradores de este gran y siempre presente escritor.
Etiquetas:
biografía,
escritores argentinos,
imprescindible para interesados,
libros en español,
libros sobre libros,
recomendable,
siglo XX
domingo, 3 de agosto de 2014
Silvina Ocampo: La promesa
Idioma original: español
Año de publicación: 2010 (póstuma)
Valoración: Muy recomendable
Silvina Ocampo es uno de los nombres imprescindibles de la literatura argentina del siglo XX, aunque sea un nombre que se menciona mucho menos que otros nombres imprescindibles de la literatura argentina del siglo XX. En este blog, Silvina Ocampo ya ha aparecido gracias a su conocidísima Antología de literatura fantástica, editada junto con Borges y Bioy Casares, pero merece sin duda aparecer otra vez (otras veces) gracias a su propia obra, principalmente narrativa.
Y eso que La promesa es una obra especial en su narrativa: para empezar, es una obra póstuma, y queda la duda de si la novela estaba terminada o no en el momento del fallecimiento de la autora (aunque el hecho de que hubiera varias versiones distintas hace pensar que estaba más o menos preparada para su publicación). Por otro lado, La promesa es una novela corta, y no un volumen de relatos como la mayor parte de su producción. Sin embargo, quien lee La promesa puede sospechar que está ante una novela escrita por una cuentista, ya que su estructura permite que existan hilos narrativos completamente independientes, de extensión variable.
Y la estructura es esta: una mujer, la narradora, cae de un barco durante un viaje trasatlántico y promete a Santa Rita escribir un libro con sus memorias si su vida se salva. Y la forma que adoptan estas memorias es la de un "diccionario de personas", que se nos presentan a partir de breves viñetas que las describen globalmente, o solo a partir de un único rasgo; una forma muy semejante al conjunto de relatos breves, aunque hilados por la memoria de la protagonista, mientras flota en el océano esperando la muerte o la salvación.
Solo una de las historias, un conjunto de personajes se repite, dando una estructura más novelesca al texto; se trata del triángulo formado por Leandro, Irene y su hija Gabriela, que componen una familia triste e insatisfactoria para todos los implicados. A esta historia corresponden algunas de las páginas más hermosas del libro, las más sensibles y atractivas; aunque muchas de las pequeñas historias de personajes secundarios, tomadas independientemente, sean también magníficas.
Nos queda la duda, como decía al principio, de si La promesa estaba terminada, o mejor, en su versión definitiva en el momento de la muerte de la autora. De hecho, su lectura deja una sensación de obra truncada, porque termina sin terminar, sin un final cerrado que nos aclare el destino final de la narradora. Parece que en las últimas páginas su mente pierde en cierto el sentido de la realidad y cualquier esperanza de rescate, pero no es nada claro.
Esto, sin embargo, no resta belleza a una narración que en su conjunto rechaza la idea de trama en sentido convencional; queda abierta como reflexión sobre la memoria y como retrato de las pequeñas vidas cotidianas que componen el mundo.
También de Silvina Ocampo en UnLibroAlDía: Antología de la literatura fantástica, Las repeticiones y otros relatos inéditos
Año de publicación: 2010 (póstuma)
Valoración: Muy recomendable
Silvina Ocampo es uno de los nombres imprescindibles de la literatura argentina del siglo XX, aunque sea un nombre que se menciona mucho menos que otros nombres imprescindibles de la literatura argentina del siglo XX. En este blog, Silvina Ocampo ya ha aparecido gracias a su conocidísima Antología de literatura fantástica, editada junto con Borges y Bioy Casares, pero merece sin duda aparecer otra vez (otras veces) gracias a su propia obra, principalmente narrativa.
Y eso que La promesa es una obra especial en su narrativa: para empezar, es una obra póstuma, y queda la duda de si la novela estaba terminada o no en el momento del fallecimiento de la autora (aunque el hecho de que hubiera varias versiones distintas hace pensar que estaba más o menos preparada para su publicación). Por otro lado, La promesa es una novela corta, y no un volumen de relatos como la mayor parte de su producción. Sin embargo, quien lee La promesa puede sospechar que está ante una novela escrita por una cuentista, ya que su estructura permite que existan hilos narrativos completamente independientes, de extensión variable.
Y la estructura es esta: una mujer, la narradora, cae de un barco durante un viaje trasatlántico y promete a Santa Rita escribir un libro con sus memorias si su vida se salva. Y la forma que adoptan estas memorias es la de un "diccionario de personas", que se nos presentan a partir de breves viñetas que las describen globalmente, o solo a partir de un único rasgo; una forma muy semejante al conjunto de relatos breves, aunque hilados por la memoria de la protagonista, mientras flota en el océano esperando la muerte o la salvación.
Solo una de las historias, un conjunto de personajes se repite, dando una estructura más novelesca al texto; se trata del triángulo formado por Leandro, Irene y su hija Gabriela, que componen una familia triste e insatisfactoria para todos los implicados. A esta historia corresponden algunas de las páginas más hermosas del libro, las más sensibles y atractivas; aunque muchas de las pequeñas historias de personajes secundarios, tomadas independientemente, sean también magníficas.
Nos queda la duda, como decía al principio, de si La promesa estaba terminada, o mejor, en su versión definitiva en el momento de la muerte de la autora. De hecho, su lectura deja una sensación de obra truncada, porque termina sin terminar, sin un final cerrado que nos aclare el destino final de la narradora. Parece que en las últimas páginas su mente pierde en cierto el sentido de la realidad y cualquier esperanza de rescate, pero no es nada claro.
Esto, sin embargo, no resta belleza a una narración que en su conjunto rechaza la idea de trama en sentido convencional; queda abierta como reflexión sobre la memoria y como retrato de las pequeñas vidas cotidianas que componen el mundo.
También de Silvina Ocampo en UnLibroAlDía: Antología de la literatura fantástica, Las repeticiones y otros relatos inéditos
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