
Título original: Q
Año de publicación: 1999
Valoración: Muy recomendable
La historia es de sobra conocida, pero allá va otra vez: Luther Blissett no existe. O, mejor dicho, sí que existe, pero no el Luther Blissett que escribió este libro; el verdadero Blissett fue un jugador jamaicano de fútbol, que, tras su paso por el Watford, militó en el A.C. Milan -con no demasiado éxito, al parecer-, allá por lo primeros 80. Y que prestó su nombre (supongo que de forma involuntaria), para que se convirtiera en un seudónimo colectivo o alias multiusuario, utilizado en los años 90 por diversos artistas, activistas y performers, tanto en Europa como en América. Entre ellos, un grupo de escritores italianos que, a través del denominado "Luther Blissett Project", firmaron como tal toda una serie de escritos, entre los que destaca esta novela histórica, Q. Los miembros del LBP se suicidarían en Diciembre de 1999, de forma colectiva y simbólica, dando lugar a un nuevo proyecto, en el que firmarían esta vez como Wu Ming; es decir,"sin nombre" en chino.
Una falsa autoría, entonces, o un nombre falso (no del todo, como ya hemos visto) que parece de lo más apropiado para firmar una novela de cuyos dos protagonistas y narradores tampoco conocemos los verdaderos nombres: uno de ellos es el propio Q -de Qoèlet o Eclesiastés-, un agente infiltrado del cardenal Carafa en medio de la vorágine reformista de la Alemania del siglo XVI. Por otro lado, Gustav, Lienhard, Gert, Lot, Hans, Ludwig o Tiziano (entre otros nombres), estudiante en Wittenberg, rebelde anabaptista, superviviente de Frankenhausen y Münster, estafador, comerciante, rufián, contrabandista de libros y profeta (entre otras ocupaciones). Siempre heterodoxo, de todas las formas posibles...
Q es, por tanto y para empezar, una novela histórica de excelente factura, que narra de forma prolija -sobre todo en su primera mitad- lo sucedido en aquellos años del siglo XVI en los que una rebelión, en principio eclesiástica, contra los abusos y corrupciones del poder del Papado de Roma prendería la mecha de la agitación social y política, aunque también la del fanatismo religioso más intransigente, que anegaría de sangre buena parte de Europa en los tiempos inmediatos y posteriores.
Q es, por supuesto, una novela política que trata de la posibilidad o imposibilidad de la utopía revolucionaria, sobre la utilización de la insurgencia contestataria por parte de unos poderosos contra otros y los apaños a los que llegan todos éstos a la hora de deshacerse de los sediciosos incómodos (recordemos que los autores que conformaban a Luther Blissett son de Italia, donde la trasologia se ha convertido en un arte, si no en una ciencia...).
Q es además una novela de aventuras, que nos lleva de un lugar a otro de Europa: desde los bosques de Alemania a las ciudades holandesas, de los campos de batalla a los laberintos acuáticos del Po o de los canales de la propia Venecia. De los Alpes a Constantinopla. También una novela de espías, aunque aquí no hay Telón de Acero, sino un muro construído con biblias y tratados religiosos, mientras que los radiotransmisores o los ordenadores hackeados son sustituidos por las imprentas, invento entonces reciente y revolucionario como no ha habido otro...
Y sobre todo, Q es una novela para disfrutar, como en los tiempos en los que leíamos -y sé que yo no era el único- a Salgari, a Walter Scott o a Dumas... Pura diversión.
Y que viva la heterodoxia...
Otros libros de Luther Bli... quiero decir de Wu Ming en Un Libro al Día: Manituana
Q es, por tanto y para empezar, una novela histórica de excelente factura, que narra de forma prolija -sobre todo en su primera mitad- lo sucedido en aquellos años del siglo XVI en los que una rebelión, en principio eclesiástica, contra los abusos y corrupciones del poder del Papado de Roma prendería la mecha de la agitación social y política, aunque también la del fanatismo religioso más intransigente, que anegaría de sangre buena parte de Europa en los tiempos inmediatos y posteriores.
Q es, por supuesto, una novela política que trata de la posibilidad o imposibilidad de la utopía revolucionaria, sobre la utilización de la insurgencia contestataria por parte de unos poderosos contra otros y los apaños a los que llegan todos éstos a la hora de deshacerse de los sediciosos incómodos (recordemos que los autores que conformaban a Luther Blissett son de Italia, donde la trasologia se ha convertido en un arte, si no en una ciencia...).
Q es además una novela de aventuras, que nos lleva de un lugar a otro de Europa: desde los bosques de Alemania a las ciudades holandesas, de los campos de batalla a los laberintos acuáticos del Po o de los canales de la propia Venecia. De los Alpes a Constantinopla. También una novela de espías, aunque aquí no hay Telón de Acero, sino un muro construído con biblias y tratados religiosos, mientras que los radiotransmisores o los ordenadores hackeados son sustituidos por las imprentas, invento entonces reciente y revolucionario como no ha habido otro...
Y sobre todo, Q es una novela para disfrutar, como en los tiempos en los que leíamos -y sé que yo no era el único- a Salgari, a Walter Scott o a Dumas... Pura diversión.
Y que viva la heterodoxia...
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