viernes, 23 de septiembre de 2011

Zoom: El gran cuaderno, de Agota Kristof

Idioma original: francés
Título original: Le grand cahier
Año de publicación: 1986
Valoración: muy recomendable

El gran cuaderno da comienzo a una trilogía ya comentada en su conjunto en este blog. En esta reseña, pues, vamos a analizar en profundidad la primera parte… lo cual quizá sea un error, puesto que una parte no puede más que ser un fragmento de un todo -aún no sé si perfecto o resquebrajado-. Pero me voy a tomar la licencia, ya que, cuando escribió esta primera parte, ni la propia autora imaginaba que compondría dos más. (Agota Kristof cuenta estas y otras cosas en una entrevista muy interesante que le hicieron en El País hace unos años).

Narrada muy peculiarmente en la primera personal del plural, la historia tiene como protagonistas a una pareja de gemelos -en principio inseparables- que describen en un cuaderno los acontecimientos de su corta vida en medio de la guerra. Pero los niños ni dicen que son húngaros ni que están viviendo la Segunda Guerra Mundial: hablan, por ejemplo, de su país, del otro país y de la lengua extranjera de los oficiales, y nunca llegamos a conocer sus nombres (conocemos su edad aproximada porque sabemos que aún tienen dientes de leche).

Este ejercicio de redacción no es más que uno de los muchos a los que los gemelos se dedican desde que su madre los envía al campo a casa de su abuela para escapar del peligro de la ciudad. También hacen ejercicios de fortalecimiento del cuerpo, ejercicios de fortalecimiento del alma, ejercicios de ayuno, ejercicios de ceguera y de sordera e incluso ejercicios para volverse inmunes a los frecuentes insultos... y a la necesidad de caricias. Los dos niños, dueños de una extraordinaria inteligencia que irán desarrollando de manera autodidacta, aprenderán que en la guerra todo vale para sobrevivir.

Esta novela corta se lee en apenas dos sentadas, pero sin embargo no se digiere fácilmente. Lo que se cuenta es de una fealdad, dureza y crueldad extremas; el estilo con que está escrito, el escogido por los dos niños para la redacción de sus ejercicios, resalta, por contraste, la monstruosidad de los hechos:

"Está prohibido escribir: la abuela se parece a una bruja. Pero sí está permitido escribir: la gente llama a la abuela "la bruja" (…). Escribiremos: comemos muchas nueces, y no: nos gustan las nueces, porque la palabra gustar no es una palabra segura, carece de precisión y de objetividad. Nos gustan las nueces y nos gusta nuestra madre no puede querer decir lo mismo".

Ahora me dispongo a atacar la segunda parte, La prueba, porque el final abierto de la primera me ha dejado muchas ganas de saber qué pasa con estos niños a los que la guerra ha convertido prematuramente en adultos despiadados...

1 comentario:

izas dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Paula. Este libro es una muestra de lo terrible que puede ser la infancia. Como dices, se lee en una tarde porque engancha muchísimo, pero al mismo tiempo te destroza por dentro. Buf...

¿Auguro un nuevo zoom para La prueba? La verdad es que lo merece. Eso sí, cuando lo acabes, ve en seguida a por el tercer título que completa la trilogía... y ya nos contarás :)