miércoles, 14 de septiembre de 2011

Zoom: Conferencia sobre Ética, de Ludwig Wittgenstein

Idioma original: inglés
Título original: sin título
Fecha de publicación: 1965
Valoración: recomendable

Sin ser desconocida, ni mucho menos, puede decirse que esta es una de las obras más raras de Ludwig Wittgenstein. Para quienes no tengan fresco el temario del bachillerato, diremos que todo el trabajo de este filósofo austríaco se centró en dos campos muy relacionados: la lógica y la teoría del lenguaje. Por eso esta pequeña charla que dictó en 1929 es más bien excepcional. Al comienzo aclara que no va a hablar de lógica ante un público lego en la materia porque necesitaría mucho más que una sola conferencia para lograr que entendieran algo (tacto, lo que se dice tacto, no tenía este buen hombre, célebre por amenazar a Popper con un atizador...). La Ética, sin embargo, le parece un tema fácilmente liquidable en 60 minutos. Esto no lo dice él, pero se infiere del mismo núcleo de su argumentación.

Pese a lo que pueda parecer por lo que acabo de decir, Wittgenstein no despreciaba a la Ética; todo lo contrario. Según su sistema filosófico (al menos el de ese momento, cristalizada en el Tractatus), la Ética trata vanamente de decir cosas que no pueden decirse. El mundo y el lenguaje son isomorfos, es decir, que todos los estados de cosas de que se compone el mundo pueden expresarse en proposiciones que serán verdaderas o falsas. Ahora bien, ninguna de esas proposiciones referentes a hechos podrá tener nunca el valor absoluto que reclaman los juicios morales. De hecho, el argumeto de Wittgenstein es aún más radical, porque incorpora en la Ética todo aquello que suele denominarse más bien estético, y también la religión, la Metafísica, etc. En general, dice, "no hay proposiciones que, en ningún sentido absoluto, sean sublimes, importantes o triviales". Un pensamiento al que hay que reconocerle bastante fuerza de atracción...

¿Cómo puede no suponer esto una descalificación radical de la Ética? Bueno, supone su descalificación como ciencia, desde luego, o sin más, como conjunto de proposiciones dotadas de significado. Sin embargo, Wittgestein estaba convencido de que lo más importante de la existencia tenía que ver precisamente, no con cómo es el mundo y qué estados de cosas lo conforman, sino con que el mundo sea. Y esto, se ponga uno como se ponga, no puede decirse, sino que sólo puede mostrarse. Relegar la Ética a lo que no se puede decir no la rebaja, la eleva. El propio Tractatus de Wittgenstein trataba también de mostrar algo que no podía decirse. Acabo con una imagen lo suficientemente reveladora: "si un hombre pudiera escribir un libro de ética que realmente fuera un libro de ética, este libro destruiría, como una explosión, todos los demás libros del mundo".

(La fotografía es de Ben Richards y está tomada de aquí.)