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viernes, 25 de junio de 2021

António Lobo Antunes: Memoria de elefante

Idioma original:
portugués
Título original: Memória de elefante
Traductor: Mario Merlino
Año de publicación: 1979
Valoración: recomendable e interesante para fans

Cuando se conoce relativamente bien la obra y el estilo de un escritor, sobre todo si es uno de los grandes como es el caso de Lobo Antunes, es una experiencia interesante volver la mirada a sus primeras obras, aquellas en las que se está formando el estilo, los temas y las técnicas que más adelante se convertirán en sus señas de identidad. No se trata generalmente de las novelas más perfectas (salvo excepciones de genios primerizos, que las hay), sino de tentativas más o menos conseguidas, primeros borradores de lo que luego será su trayectoria creativa. Algo así es Memoria de elefante, la primera novela de Lobo Antunes, que siendo en sí misma una novela notable (muy notable si fuese de cualquier otro escritor), resulta sobre todo interesante por lo que promete y lo que deja prever. 

Esta es, por ejemplo, quizás junto con Sobre los ríos que van, la novela más transparentemente autobiografica de Lobo Antunes. El protagonista, un médico psiquiatra que está viviendo con dolor la separación de su mujer y sus hijas, y que carga consigo el recuerdo de la guerra colonial en Angola, se pasea a lo largo de un día por las calles y barrios de Lisboa, de su casa al hospital, del hospital a la consulta del dentista, del dentista al psicólogo, y de nuevo a una casa sola y sin amueblar, donde se hunde en su propia soledad. No hace falta ser un lince para identificar al propio Lobo Antunes, muy levemente disfrazado, en este médico depresivo, arisco y malhablado (menos cuando piensa en el amor que todavía siente por su mujer, o por sus hijas). De hecho, el médico protagonista de Memoria de elefante también está pensando en escribir una novela, la primera, pero lo frena el miedo al fracaso o al ridículo.

Esta historia, en la que casi no hay historia, está narrada con una técnica algo diferente a la que luego se convertirá quizás en su rasgo más distintivo: la polifonía que mezcla la voz de un narrador muchas veces identificado con uno o varios personajes, con los pensamientos (con frecuencia obsesivos) de esos mismos personajes, y con los diálogos, que vienen a interrumpir la narración de forma abrupta y constante. En Memoria de elefante, la voz del narrador es aún bastante "tradicional": un narrador en tercera persona que no se identifica con el protagonista y que, si nos explica sus pensamientos, lo hace introduciéndolos con los habituales "pensó", "pensaba", "reflexionó", etc. Del mismo modo, la confusión y los juegos con las líneas temporales e históricas, que Lobo Antunes desarrolla en toda su obra y de forma aún más acentuada y eficaz en As naus, aparecen aquí atenuadas aún, porque cuando al protagonista lo asaltan los recuerdos (de la guerra, de la relación con su mujer) estos aparecen identificados como tales recuerdos. 
 
En otros aspectos, con todo, esta sí que es una novela inequívocamente escrita por Lobo Antunes. No solo por los temas mencionados (la soledad, el trauma de la guerra, la imposibilidad del amor), o por el escenario de fondo de una Lisboa nada turística (en parte porque la novela es de 1979, antes del boom del turismo de masas, y en parte porque a Lobo Antunes parecen atraerle otras partes más crudas o sórdidas de la ciudad). También por el estilo, cargado de referencias literarias, de imágenes y metáforas (como el propio protagonista reconoce, pensando sobre sí mismo), o por el tratamiento de los personajes, casi siempre degradante, esperpéntico, animalizante, con un énfasis en lo fisiológico, en las taras físicas, psicológicas o sexuales. Un mundo literario que quizás se podría comparar con el de Cela, con esa mezcla de virtuosismo formal y feísmo desesperanzado.

No es Memoria de elefante una mala novela; no es tampoco, sin duda, la mejor de su autor. Para llegar a su cima (que para mi gusto se sitúa en las obras producidas en torno a los años 90), Lobo Antunes necesitaba todavía separarse un par de grados de su propia autobiografía (sin nunca abandonarla completamente), proyectarse en un conjunto cada vez más amplio de personajes, darles una voz propia, y romper con las técnicas y modos narrativos tradicionales, creando su inconfundible estilo en el que narrador, personajes, pensamientos, memorias y diálogos componen una trama textual de creciente complejidad. 

Eso sí, como también decía al principio: si cualquier otro autor hubiese escrito Memoria de elefante, probablemente esta sería una de sus mejores novelas. Eso da idea de la magnitud de la obra posterior de Lobo Antunes.

 
Otras reseñas de Antonio Lobo Antunes en ULAD.

miércoles, 8 de julio de 2026

António Lobo Antunes: El orden natural de las cosas

Idioma original: portugués 
Título original: A ordem natural das coisas
Traductor: Mario Merlino  
Año de publicación: 1992
Valoración: Muy recomendable
 
Este año murió, antes de tener la oportunidad de ganar un Premio Nobel que habría sido muy merecido, António Lobo Antunes, el otro gran escritor portugués de finales del siglo XX y principios del siglo XXI (creo que no hace falta decir cuál es el uno). Deja una obra inmensa, compuesta fundamentalmente por un corpus de novelas, prácticamente a un ritmo de una por año desde mediados de los años 80, que crean un panorama y un diagnóstico (al fin y al cabo, Lobo Antunes era médico) del Portugal anterior y posterior a la Revolución de los Claveles de 1974. 
 
A este propósito responde precisamente El orden natural de las cosas (1992), que junto con el Tratado de las pasiones del alma (1990) y La muerte de Carlos Gardel (1994) compone lo que se ha llamado la trilogía o ciclo de Lisboa. En efecto, la compleja y ramificada narrativa de esta novela nos presenta las vidas de un conjunto de personajes, desde mediados del siglo XX, en pleno Estado Novo (el régimen autocrático dirigido durante décadas por Salazar) hasta poco después de la llegada de la democracia. 
 
No será fácil para el lector conseguir entender exactamente quiénes son estos personajes; las cosas en las novelas de Lobo Antunes casi nunca son fáciles. Serán necesarias probablemente dos lecturas del texto, o un bloc de notas y un bolígrafo, para conseguir reconstruir el árbol genealógico de la obra - porque, como en otras novelas de Lobo Antunes, en el centro de la trama se encuentra una familia, los Valadas, un conjunto de "vencidos por la vida": el padre, que representa la figura patriarcal tan típica de la obra loboantunesiana, y sus hijos, Jorge (militar acusado de conspirar contra el Estado Novo y encarcelado y torturado por ello); Fernando, el "estúpido" de la familia; o Julieta, la hija loca encerrada en casa que respondería al tópico de la madwoman in the attic (a pesar de lo cual se queda embarazada del hijo de la costurera). A ellos se unen las tías Maria Teresa y Anita; la familia de Iolanda, una chiquilla diabética que se empareja con el sobrino bastardo de los Valadas, varias décadas mayor que ella, o también un misterioso escritor sin nombre que contrata a una especie de detective privado, ex-agente de la PIDE (la policía política del salazarismo) y actualmente formador de hipnotistas, para que encuentre, por motivos no demasiado claros, precisamente a este sobrino.
 
Solo este breve resumen ya podrá dar idea de la complejidad de la novela; ¡pero no se vayan todavía, aún hay más! (Si has entendido esta referencia, es hora de que te compres unas gafas de cerca). Porque esta novela, como también muchas otras del autor, es una obra polifónica; de hecho, cada uno de los cinco "libros" que la componen está narrada por no una sino dos voces diferentes, que el lector deberá identificar por su cuenta y riesgo - diez narradores en total. Y no solo eso: como es también marca de la casa para Lobo Antunes, cada una de estas voces está a su vez traspasada por otras voces: las de las personas con las que los narradores interactúan o dialogan, y también las voces que provienen de la memoria, a veces traumática, a veces consoladora, y muchas veces convertida en estribillo obsesivo. La memoria, y sobre todo la memoria de la infancia, es siempre un fantasma recurrente en la vida de los personajes, como un refugio al que querrían volver y no pueden. (En este sentido, Sobre los ríos que van sería la cristalización máxima de este eterno retorno a la infancia de un Lobo Antunes ya crepuscular).
 
La novela presenta, por lo tanto, desordenada y retrospectivamente, la vida de varias generaciones de una familia (o dos, si incluimos a la familia de Iolanda), atravesada por la historia reciente de Portugal: la guerra colonial, la descolonización, la represión del régimen salazarista, la revolución o la llegada de la democracia; pero a diferencia de otros textos, en esta novela la historia es apenas un trasfondo y no un núcleo, y cabría decir que su lugar lo ocupa el espacio: la ciudad de Lisboa. Es de hecho una novela extremadamente cartográfica, en la que abundan los topónimos y los espacios simbólicos; pero con raras excepciones, no se tratará de los espacios "turísticos" de Lisboa, sino de espacios periféricos (la "Estrada do Tojal", en la Benfica tan querida por Lobo Antunes pero ya cerca de los límites de la ciudad, o la proletaria Alcántara) o degradados (como el eje Rua Madalena - Martim Moniz - Rua Benformoso - Almirante Reis, con sus tascas y sus pensiones, sus restaurantes y su prostitución). Se trata por lo tanto de una Lisboa en la que estos "vencidos por la vida" encajan y transportan sus respectivas soledades entrelazadas; y en la que diversas violencias, dirigidas en muchos casos contra los más vulnerables (migrantes, prostitutas, enfermos mentales o físicos...) son retratadas en toda su crudeza.
 
Probablemente una novela con estos elementos sería demasiado pesada y agobiante como para ser soportable, o por lo menos disfrutable, si Lobo Antunes no tuviese la inteligencia y/o la sensibilidad de incluir también elementos que la aligeran. Así, por ejemplo, la brutalidad de la violencia y la crudeza de lo fisiológico se combinan con un ocasional lirismo, sobre todo en la presentación de relaciones amorosas; por ejemplo, el primer libro contiene el largo monólogo del sobrino que, inconsolablemente enamorado de Iolanda y consciente de la diferencia de edad y de sentimientos, habla con ella en un tono que mezcla lo nostálgico con lo poético y con lo rijoso. La novela tampoco carece de humor, un humor cruel a veces pero también absurdo, exagerado, bizarro, próximo del esperpento cuando, por ejemplo, el padre de Iolanda agujerea una cañería e inunda Alcántara de excrementos; o cuando su hermana, que tiene unos descomunales piedras en los riñoes, recibe reprimendas y desprecios de los médicos que la tratan por empezar curarse, porque estaban deseando que se muriese para estudiarla como caso clínico. El inconfundible estilo del autor ("nadie escribe como yo", solía decir, y tenía razón) también contribuye para elevar el texto más allá de cualquier tentación puramente naturalista.
 
El orden natural de las cosas (título que aparece referido dos veces en el texto, y que parece referirse a la sumisión de los personajes al destino a la realidad social, sin capacidad o voluntad de oponerse a ellos) es por lo tanto una novela de extrema complejidad; exige paciencia y concentración. Pero, como pasa con casi todas las novelas de este autor y de este tipo, ofrece también enormes recompensas a quien se anime a adentrarse en ella: el lector encontrará frases y capítulos magistrales, brutales, deliciosos; un universo complejo y sugerente, y una demostración de técnica narrativa y de poder imaginativo. En este año en que Lobo Antunes nos ha dejado, leerlo es la mejor manera de homenajearlo.
 
Otras obras de Lobo Antunes en Un Libro Al Día 

martes, 18 de octubre de 2011

António Lobo Antunes: Esplendor de Portugal

Idioma original: portugués
Título original: O esplendor de Portugal
Año de publicación: 1997
Valoración: Muy recomendable

António Lobo Antunes, para quien no le conozca, es el otro gran novelista portugués de la segunda mitad del siglo XX (el "otro", siendo el "uno", por supuesto, José Saramago). De hecho, y esto ya es una opinión personalísima, Lobo Antunes es más novelista que Saramago: Saramago siempre será, en mi opinión, un intelectual comprometido que escribía novelas, mientras que en Lobo Antunes se reconoce al "novelista de raza" (qué expresión tan fea), que en ocasiones ejerce de intelectual.

Siempre se habla de que Lobo Antunes es un eterno candidato al Nobel, y quizás termine ganándolo. De hecho, creo que lo merecería. En cambio, lo que no creo que consiga nunca es el favor del público en general, porque no es en absoluto un autor nada sencillo. Lo que Lobo Antunes ofrece en sus novelas (y en este Esplendor de Portugal en concreto) es la conciencia desnuda de sus personajes: el discurrir de su memoria, que salta entre distintos tiempos y entre diversos niveles (lo consciente, lo inconsciente, lo reprimido) y que se desliza reconstruyendo historias, pero no una historia en sentido tradicional.

Lobo Antunes exige un lector no solo activo, sino también atento, sensible y paciente, porque lo que él crea son mundos psicológicos y simbólicos a través de los cuales es posible reconstruir los hechos concretos que los provocaron. En este caso, son cuatro los personajes en cuyas mentes nos sumergimos: una familia compuesta por Isilda, la madre, que resiste aislada en la Angola post-descolonización; y los tres hermanos, Ruy, Clarisse y Carlos, que regresaron a una Lisboa a la que no pertenecen y que alimentan sus odios y resentimientos mutuos.

Esplendor de Portugal, como decía antes, no es una novela para todos los públicos, no porque describa escenas horrorosas (que alguna hay) o impúdicas escenas de sexo (que también), sino por su estructura y estilo descoyuntado, poético, combinatorio, fragmentario, desordenado, disperso. Entrar en el ritmo y el universo que propone la novela no es fácil; una vez que se han reconstruido las piezas fundamentales (quién es quién, qué relaciones hay entre ellos, cuáles son sus taras o secretos ocultos...) la lectura se hace más llevadera, y mucho más profunda. Y es una experiencia apasionante; mucho más, sinceramente, que la mayoría de las novelas de Saramago que he leído.

La nota tonta para terminar: Cada vez que en el libro leía el nombre de Clarisse, no podía evitar acordarme de El silencio de los corderos: "Quid pro quo, Clarice"... Qué daño ha hecho Hollywood a nuestras mentes...

También de Lobo Antunes: Aquí

lunes, 13 de agosto de 2018

António Lobo Antunes: Libro de crónicas

Idioma original: portugués
Título original: Livro de crónicas
Año de publicación: 1998
Traductor: Mario Merlino
Valoración: muy recomendable

Me ha pasado con relativa frecuencia en Portugal: pregunto a alguien si ha leído a Lobo Antunes, y me contesta: "He leído las crónicas". Es lo que suelen responder, sobre todo, aquellas personas que no se dedican a la literatura y para las cuales las novelas de Lobo Antunes, en cambio, son demasiado exigentes. Es una buena noticia, por lo tanto, que este Libro de crónicas esté ahora también disponible para el público español, que así puede empezar mojándose los pies en la obra de uno de los mejores escritores portugueses del siglo XX y principios del XXI, antes de tirarse de cabeza a una de sus novelas.

Aunque el nombre de "crónicas" puede ser engañoso, como lo fue para mí antes de empezar a leer este libro. Una crónica, según el Diccionario de la RAE, es un "artículo periodístico o información radiofónica o televisiva sobre temas de actualidad". Narración, información, actualidad, periodismo. Esas son las características de una crónica, y las de Lobo Antunes solo las cumplen en parte: se publicaron originalmente en un periódico (el Público portugués), y son narrativas, pero ni son de actualidad ni son informativas, por muy laxos que seamos con el concepto de "información". De hecho, solo una especie de pudor o ironía parece evitar que estos textos se denomine "relatos" o "microrrelatos", que es lo que en muchos casos son.

Cada crónica tiene tres o cuatro páginas, ni más ni menos, y todas ellas cuentan una historia. En algunos casos, el protagonista y narrador se llama también António Lobo Antunes, y es también un médico transformado en escritor que vivió la guerra de Angola, aunque es difícil saber hasta qué punto muchas de estas historias son realmente autobiográficas, y cuándo son puras fantasías. Encontramos así un universo personal que se extiende entre Benfica y la Praia das Maçãs, en la que un Lobo Antunes niño sueña con ser futbolista o escritor, se relaciona con otros niños (y niñas) y se adentra en el mundo de los adultos. Estas crónicas son quizás las más entrañables.

En muchos otros casos se nos presenta a personajes cotidianos o surrealistas: seres torpes, solitarios, absurdos o divertidos, vencidos por la vida o condenados por sus propios errores. Algunas crónicas tienen un aire falsamente costumbrista (como por ejemplo una de mis favoritas, la que narra cómo las familias portuguesas van todas juntas a pasar los domingos en el centro comercial, y son todas tan semejantes que acaban intercambiándose unas con otras) y otras entran en el terreno de lo fantástico, a lo Cortázar (por ejempo en "La consecuencia de los semáforos").

Una vez leídas, se entiende por qué hay muchos portugueses que prefieren las crónica a las novelas de Lobo Antunes, y no es (solo) porque sean más fáciles de leer: es porque están llenas de humor, de crítica social (como en "Los pobrecitos"), de imaginación, de chispazos geniales, de belleza. En conjunto crean un panorama algo "bizarro" (en la acepción anglosajona del término) de Lisboa y Portugal en la segunda mitad del siglo XX, con sus diferencias de clase, sus traumas políticos y, claro, sus historias universales de amor y desamor. Leer todas las crónicas seguidas puede empachar (no fue así como se publicaron originalmente), pero si se leen con calma, disfrutándolas, una o dos o tres cada cierto tiempo, dan muchos momentos de felicidad lectora.

En Portugal se publicaron cuatro livros de crónicas, de los cuales tres están traducidos al español. Quien quiera empezar por ahí a conocer a uno de los grandes escritores portugueses de nuestro siglo, por lo tanto, tiene bastante material. 

Otras obras de António Lobo Antunes en Un libro al día.

viernes, 14 de marzo de 2014

Antonio Lobo Antunes: Sobre los ríos que van

Idioma original: portugués
Título original: Sôbolos rios que vão
Año de publicación: 2010
Valoración: Muy recomendable

Lobo Antunes ha dicho varias veces, en varias entrevistas, que lo que él escribe no son novelas, aunque se resiste a darles un nombre alternativo. Esta afirmación es discutible en algunos casos, por ejemplo en Esplendor de Portugal o Tratado de las pasiones del alma, que tienen una estructura novelesca más tradicional (unos personajes, uno o varios narradores, una cierta idea de trama). Pero en las obras más recientes de su autor, y muy especialmente en esta, no hay más remedio que darle la razón: esto no son novelas, son... otra cosa.

Sobre los ríos que van es un libro provocado por la enfermedad, pero que no tiene la enfermedad como tema central. En 2007, a Antonio Lobo Antunes le diagnosticaron un cáncer de colon, del que ya está afortunadamente recuperado. Esta novela (o lo que sea) reconstruye los días que el escritor pasó en el hospital, y el fluir de su conciencia que huye a los días apacibles de la infancia, la familia, el primer amor. El río del título (tomado de una traducción de salmo 137, Super flumina Babilonis, realizada por Luis de Camões) es el río metafórico de la vida, pero también un río concreto, el Mondego, al que el escritor iba de excursión con su padre.

Los dos tiempos y espacios en que transcurre el texto (el hospital en el que Lobo Antunes pasa sus días en 2007 y el pueblo del Norte de Portugal en el que el pequeño Antoninho pasó días felices) se mezclan en un continuo de sugerencias, relaciones y repeticiones que constituyen el tan personal estilo del autor. Más que una novela, en efecto, es una memoria, en el sentido más literal que se le puede dar al término: la reconstrucción del vagar de una mente que, en un momento de temor y frustración busca la seguridad y la confortación de la infancia.

Muchas de las obras de Lobo Antunes son autobiográficas hasta cierto punto (en particular, las primeras, en las que retrató sus años como médico militar en Angola y como psiquiatra en Lisboa); pero en esta obra nos acercamos a una etapa de su vida sobre la que por ahora no había escrito. Quizás por eso, por remontarse a la inocencia de la infancia desde la nostalgia de la vejez ("la infancia es un privilegio de la vejez", decía Benedetti) esta es una obra algo más luminosa, algo menos desesperanzada que otras de su autor. No es que el Portugal rural del salazarismo fuera idílico, sin duda, pero el escritor nos lo presenta como un tiempo de aprendizaje, de afecto, de deslumbramiento ante el mundo.

No deja de ser curioso que, ante la perspectiva de la enfermedad y la amenaza próxima de la muerte, Lobo Antunes nos haya dejado una elegía nostálgica de la inocencia infantil.

También de António Lobo Antunes en ULAD: Aquí

miércoles, 15 de abril de 2020

António Lobo Antunes: De la naturaleza de los dioses

Idioma original: portugués
Título original: Da natureza dos deuses
Traductor: Antonio Sáez Delgado
Año de publicación: 2015
Valoración: está bien / recomendable para fans

No soy precisamente sospechoso de tenerle manía a Lobo Antunes: he reseñado ya media docena de obras suyas en este blog, incluida mi favorita, El esplendor de Portugal, llegué a entrevistarle para El Correo de Bilbao en su propia casa, y cada año cuando hacemos apuestas al Premio Nobel su nombre figura en mi terna de favoritos (en el sentido de que quiero que gane, y de que creo que puede ganar). Así que desde el respeto y la admiración profunda creo que puedo permitirme decir esto: António, deberías escribir menos. Y con "escribir menos" me refiero a dos cosas: en primer lugar, escribir menos libros, y en segundo lugar, escribir libros más cortos.

Escribir menos libros: si buscamos la lista de publicaciones de Lobo Antunes en los últimos años, vemos que va casi a novela por año (ha fallado el 2019, curiosamente). Entiendo que por una parte hay que vivir de algo, y por otra la máquina creativa que este señor tiene en la cabeza no parece pararse nunca. Pero esa sobreabundancia de novelas, me parece, hace que escriba ya con el piloto automático puesto, o dicho en otras palabras, que siempre escriba la misma novela cambiándole algunos personajes y escenarios.

En el caso de De la naturaleza de los dioses se trata de reconstruir (o "deconstruir", según cómo se mire) la historia de una familia de la alta burguesía lisboeta, encerrada en su mansión de Cascais y dominada por la omnipresente figura del patriarca (autoritario, machista, impotente, cruel, decadente) a través de las memorias de varios personajes interrelacionados; en Para aquela que está sentada no escuro à minha espera, quien reflexionaba sobre su vida era una anciana actriz en decadencia; en Sobre los ríos que van era el propio Lobo Antunes quien, de forma más autobiográfica, se sumergía en el torbellino de sus propias memorias,fundamentalmente de su infancia y de su relación con su padre. A estos temas comunes (el retorno a la infancia vista desde la vejez, la memoria como narración, la decadencia física y mental) se une, en otras obras, el trauma aún aparentemente vivo de la guerra de Angola y la descolonización, que en De la naturaleza de los dioses solo aparece de forma más implítica y secundaria.

Escribir libros más cortos: porque estas obras están escritas con el ya inconfundible estilo loboantunesiano (¿loboantunesino?), que mezcla el stream of consciousness de uno o varios personajes (con sus asociaciones aparentemente arbitrarias, sus saltos en el tiempo y en el espacio, sus dislocaciones sintácticas y semánticas), con diálogos fragmentarios, que en realidad son también más recuerdos de diálogos pasados que diálogos en sí mismos (y que muchas veces se repiten, como leti motiv traumáticos para los personajes). También porque el mundo creativo de Lobo Antunes es un mundo terriblemente árido y cruel, particularmente con las mujeres; es desasosegante leer centenares y centenares de páginas donde solo hay desprecio y humillación y violencia y frialdad, sin ningún espacio para la ternura, el afecto, la solidaridad, el humor o la esperanza.

Y aunque esta técnica narrativa produce efectos estéticos deslumbrantes, verdaderamente únicos, es también tremendamente exigente para el lector, que recibe un bombardeo de anécdotas, detalles, frases, imágenes y escenas que debe intentar asociar, en la medida de lo posible, a los personajes, tiempos y espacios ciertos. O quizás lo que se pretende es lo contrario, que el lector se pierda en la maraña de voces, y acabe por asumir que está leyendo la memoria de una mente-colmena, que abarca todos los momentos y lugares de la historia con una sola mirada. Sea una u otra cosa lo que se espera del lector (reconstruir o deconstruir la narración), el esfuerzo es muy grande y, seamos sinceros, muchas veces improductivo, porque no todas las páginas son geniales ni todas son necesarias para dar sentido a la obra.

Ya sé que habrá quien lea esto y se lleve las manos a la cabeza: ¡leer no tiene que ser fácil! ¡Una buena novela requiere un esfuerzo del lector! Y estoy de acuerdo, en general, en que no se debe ser facilitista y recomendar solo a los Dan Browns y Pérez Revertes de la vida; pero también creo que la literatura debe existir para ser leída y disfrutada, no sufrida, y los seres humanos tenemos nuestros límites (de atención, de concentración, de memoria). El mismo efecto estético, el mismo resultado narrativo, creo, concentrando la prosa y reduciendo el número de micro-historias incluidas en el texto. Una dosis más concentrada de la misma medicina (amarga, por otra parte) se consumiría mejor, y quizás hasta fuera más efectiva.

No se trata, naturalmente, de que De la naturaleza de los dioses sea una mala novela: Lobo Antunes, diría yo, es incapaz de escribir una mala novela. Pero creo que disfrutarla de verdad, solo la disfrutarán sus fans ya incondicionales, los que estén habituados a su estilo y a su universo y no se cansen nunca de él. Para los demás, incluso para admiradores como yo, acaba siendo un ejercicio algo repetitivo de maestría estilística, brillante pero agotador.

Otras obras de Antonio Lobo Antunes en ULAD.

martes, 18 de agosto de 2009

António Lobo Antunes: En el culo del mundo

Idioma original: portugués
Título original: Os cus de JudasFecha de publicación: 1979
Valoración: Muy recomendable

De Lobo Antunes, escritor y médico especializado en psiquiatría portugués, y candidato al Nobel, únicamente conocía la página que escribía en el suplemento cultural de cierto diario; y me encantaba, porque a diferencia de otros escritores y periodistas que aprovechan el generoso espacio que se les concede para hablar de personajes célebres o hacer sesudos mini-ensayos de alto valor intelectual (pero que pueden ser auténticos castañazos), Lobo Antunes se “limitaba” a desnudarse: escribía sobre su pasado, su familia, sus sentimientos, sus impresiones, su desidia existencial, su poca/nula confianza en la especie humana, sus fobias, sus filias…, y todo ello, con una sensibilidad arrolladora, deslumbrando con un estilo intimista y adictivo que me recordaba en ocasiones a Enrique Vila-Matas, colaborador de la misma publicación y que también me gustaba mucho.

Comenté mi admiración por este hombre a una buena amiga de ascendencia portuguesa, y me dijo que en su país natal Lobo Antunes era un escritor muy respetado con unas cuantas novelas a sus espaldas; y fue precisamente dicha amiga la que me regaló en mi siguiente cumpleaños En el culo del mundo.

Leer aquella novela, un diálogo entre un hombre y una mujer en la que sólo se escucha al hombre, fue una auténtica delicia porque desde la primera línea comencé a degustar la esencia “lobezna” que tanto me atraía, lo cual no quiere decir que la trama sea agradable: ni mucho menos.

Trata de la dura experiencia de un médico militar en la guerra de Angola, una de esas tierras objeto de tejemanejes colonialistas en las que, no sé por qué, siempre llevan la voz cantante (incluso para denunciar las sangrientas injusticias que en ellas se cometen) los Malos, o sea, la potencia de turno que se dedica a asesinar e intimidar a los nativos para extender su dominio a miles de kilómetros del hogar materno.

Pero a Lobo Antunes no le tiembla el pulso a la hora de mostrar su rechazo hacia esos bajos instintos conquistadores (que persisten en pleno siglo XXI) en forma de un testimonio crudo y coherente, repleto de mutilaciones, vísceras, puntos de sutura y estomagantes escenas. El autor no intenta envolver en tules el horror de la guerra, un compendio de actos de lesa humanidad siempre injustificables. No por nada, él vivió en sus propias carnes la última fase de la liberación colonial de Angola.

Y desde una Lisboa tan estoica y (sólo) formalmente simple, como la propia savia del fado, el protagonista de En el culo del mundo demuestra que el pasado es una oscura sombra que tiñe con fiereza y sin remedio el alma de los hombres; para lo bueno y para lo malo.

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martes, 11 de febrero de 2014

António Lobo Antunes: Las naves

Idioma original: portugués
Título original: As naus
Año de publicación: 1988
Valoración: Muy recomendable para quien tenga algún conocimiento de la historia de Portugal; para los demás, recomendable.

Lobo Antunes está considerado de una manera casi unánime (tan unánime que no suele ni decirse) como el mejor novelista portugués vivo. Ha escrito una treintena de novelas y varios libros de crónicas que lo sitúan como uno de los escritores más prestigiosos, aunque no como uno de los más populares, del continente. Sus novelas son generalmente densas, difíciles, irónicas, críticas, oscuras. De todo ello es un buen ejemplo Las naves (aunque mi favorita sigue siendo Esplendor de Portugal).

Es díficil resumir el argumento de Las naves. Sería algo así: en torno a la época de la Revolución de los Claveles y la descolonización portuguesa, por una Lisboa (o Lixboa) cutre y patibularia, poblada de prostíbulos, discotecas baratas y pensiones malolientes, se pasean las grandes figuras de la historia de Portugal, como Luis de Camões, Vasco da Gama, el rey don Manuel (y muchos otros menos conocidos para el lector español medio), convertidos en inmigrantes, o mejor dicho, "retornados", y obligados a buscarse la vida en una ciudad y un país que ni los reconoce ni los respeta.

Con la anulación de la temporalidad, o dicho de otra forma, al comprimir la historia de Portugal en un único momento y despojarla de todo su brillo y su retórica, Lobo Antunes construye un discurso alternativo a la versión oficial, en cierto modo realizando la misma labor de zapa que Juan Goytisolo con la historia española en una época algo anterior. (Recordemos que esta novela fue escrita en 1988; el tema de la descolonización y los retornados solo ahora está empezando a ocupar un espacio relevante en la producción cultural portuguesa).

Quizás esta novela resulte algo lejana para los lectores españoles que, como no han mamado la gloriosa historia de los Descubrimientos y el Imperio portugués, quizás aprecien peor el esfuerzo iconoclasta de Lobo Antunes (nombres como Diogo Cão o Pedro Álvares Cabral no dicen mucho a quien no sea portugués). Aun así, es admirable el trabajo técnico y estilístico de la obra, como admirable también es la precisión y el ritmo de la traducción de Mario Merlino, todo hay que decirlo.

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miércoles, 22 de noviembre de 2023

Colaboración: ¿Qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar?, de António Lobo Antunes

Idioma original: portugués

Título original: Que cavalos são aqueles que fazem sombra no mar?

Traductor: Antonio Sáez Delgado

Año de publicación: 2009

Valoración: interesante y muy recomendable para fans


¿Qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar? estaba destinada a ser la penúltima novela de António Lobo Antunes. Así lo manifestó el propio escritor en el momento de su publicación. Nunca sabremos si la última iba a ser Sobre los ríos que van, crónica de la enfermedad que había padecido dos años antes y el título que sucedió a aquel órdago. Quizá sería menos aventurado pensar en la inolvidable Comisión de las lágrimas, donde llevó su fabulación hasta el límite. Tanto, que por ejemplo en España los críticos que hasta entonces solían reseñar sus novedades hicieron mutis por el foro. Pues vale... Lo cierto es que después de aquel (aparente) arrebato continuó con su ritmo de publicación de libro al año. Pero esta pudo haber marcado un final innecesario que nadie quería.

¿Qué caballos son aquellos...? cuenta el declive de una potentada familia agrícola. La casa en cuestión la llevan de aquella manera un padre que no ejerce como tal, una madre que lo hace de forma relativa y una criada, Mercília, que hace lo suyo y lo que no hacen los demás. El matrimonio tiene cinco hijos: Francisco, João, Beatriz, Ana y Rita. En el momento de la agonía de la madre se reúnen todos alrededor en un encuentro de presencias humanas con fantasmales. Y empiezan a debatir los motivos que les han conducido a la decadencia y a una más que previsible extinción. El trasfondo podría tener ciertos símiles con el de Cien años de soledad, si no fuera porque aquí nunca hubo lo que se dice un pasado de esplendor. Los narradores se van turnando y cada uno de ellos aporta al testimonio común una serie de vivencias particulares, de todo lo cual resulta la tormenta sin ambages en que se encuentra la saga.

Antes de todo, lo que había eran unos ciertos posibles económicos y una extensa finca de ganadería. Cuando el aliento de la memoria se pone en marcha se ven unos hijos a los que arrastra la vida. Más allá del primer plano aparecen un padre entregado a actividades y compañías precarias; una madre abandonada a la religión y el tempestuoso recuerdo de su juventud; y una criada, de origen dudoso, que intenta suplir la falta de ambos referentes con más voluntad que eficacia. Los hijos son víctimas de existencias disipadas, clientes de Caronte todos sin óbolo para el viaje. Los hay desde los que esperan agarrarse al clavo ardiendo de la parte de herencia que les toque hasta los que habrían querido tener un verdadero hogar al que volver como reposo del guerrero.

Todos los miembros de la familia tienen su minuto de gloria, aunque se desmienten unos a otros y acusan de manipulador a quien reproduce sus voces. Este transcriptor no es otro que el propio Lobo Antunes, gran partidario de esa tradición iberista que rinde armas a ancestros de una literatura común como Miguel de Unamuno. Como es habitual en el autor, la novela es un río de poesía con la corriente desenterrando diamantes a cada poco. Por momentos no se sabe si los personajes, como múltiples Ulises, alcanzarán el descanso o tendrán que encomendarse a la divina providencia, que es prácticamente lo único que les queda. 

Firmado: César

También de Lobo Antunes: Aquí


miércoles, 11 de julio de 2012

António Lobo Antunes: Tratado de las pasiones del alma

Idioma original: portugués
Título original: Tratado das Paixões da Alma
Año de publicación: 1990
Valoración: Muy recomendable

No hace falta ya presentar a Lobo Antúnes: ya Yemila en su reseña de En el culo del mundo y yo mismo en la de Esplendor de Portugal hablamos de él en sus dos facetas de articulista-cronista, y de novelista, así que no voy a repetirme; solo volveré a decir una cosa que ya dije entonces: que Lobo Antunes me parecería un más que serio candidato al Premio Nobel, aunque quizás le perjudique ser de la misma nacionalidad de Saramago, por eso de que el Nobel últimamente intenta "premiar" a países y culturas distintas (con la excepción de Reino Unido, que debe de tener una bula especial).

Pero bueno, vamos a la novela, que es lo que interesa, y que es una novela hasta cierto punto similar y hasta cierto punto diferente a Esplendor de Portugal. Lo similar es la evidente preocupación por la técnica narrativa, la mezcla de planos temporales y de psicológicos, el retrato de la realidad contemporánea de Portugal. Esplendor de Portugal es probablemente más densa y más profunda en su tratamiento de los personajes y del problema central, que en aquel caso era el de los portugueses retornados durante y después de la descolonización; Tratado de las pasiones tiene dos ingredientes que la hacen una novela más llevadera: por un lado, tiene una trama casi policial que atrapa al lector, y por otra parte tiene una mayor carga de humor, llegando a veces a la farsa (por ejemplo en esa escena en la que el hombre del Ministerio habla con su mujer semidesnuda mientras su hijo destroza la casa a martillazos).

El arranque de Tratado... recuerda lejanamente a Conversación en La Catedral: dos hombres de clases sociales distintas conversan, y a través de esa conversación resucitarán los recuerdos y los fantasmas de pasados lejanos. En este caso, las dos partes de la conversación son un Juez de Instrucción y un detenido, al que conocemos inicialmente como "el Hombre" (aunque luego descubrimos que se llama Antonio y se apellida Antunes, aunque los elementos autobiográficos en la obra son difíciles de encontrar, más allá de la situación de la quinta en Benfica, un barrio que el escritor conoce bien). Los dos, ahora antagonistas, comparten una historia común: una infancia en la que los papeles estaban invertidos (el Hombre era hijo del señorito que empleaba al padre del Juez de Instrucción), y el diálogo se llena de tensiones, reproches, recuerdos y engaños.

A partir de este primer diálogo a puerta cerrada se inicia la trama casi policial, en la que acompañamos al Hombre, miembro de una chapucera célula terrorista de izquierdas, y al Juez, hombre frustrado y amenazado tanto por los terroristas como por las propias estructuras del poder, para las cuales no pasa de ser un "tonto útil". Los dos protagonistas-antagonistas se cargan progresivamente de ambigüedad: no sabemos si el Hombre ha traicionado a sus compañeros de célula, o si es el Juez el que se ha pasado al enemigo confiando informaciones confidenciales al Hombre.

Con esas tensiones, con una trama que se desarrolla con lentitud pero con ritmo constante y con la creación de un universo social y político alrededor de los protagonistas, Lobo Antunes construye una novela de muy alto nivel. Habrá que seguir leyéndole, por lo tanto; lo siguiente que va a caer, casi seguro, va a ser A ordem natural das coisas, que continúa la trilogía iniciada por Tratado... y cerrada por A Morte de Carlos Gardel.

También de António Lobo Antúnes: Aquí

viernes, 7 de agosto de 2020

Dulce Maria Cardoso: El retorno

Idioma original: portugués
Título original: O retorno
Traductor: Jerónimo Pizarro
Año de publicación: 2011
Valoración: Muy recomendable


La Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974 no solo puso fin a 41 años de Estado Novo; también terminó con la Guerra Colonial, que era uno de los motivos que había llevado a la rebelión de los capitanes de Abril. Así, entre finales de 1974 y 1975 se produjo un proceso de descolonización del Imperio portugués precipitado y caótico, que dio origen a lo que después se llamarían retornados: los portugueses o luso-descendientes que vivían en las antiguas colonias, sobre todo en Angola y Mozambique, y que salieron huyendo, poco antes o poco después de la independencia, en dirección a la metrópoli. Algunos consiguieron sacar algunas pertenencias en cajas o en maletas que se acumularon durante mucho tiempo en los muelles de Lisboa, pero muchos lo perdieron prácticamente todo; algunos tenían familiares que los acogieron, otros tuvieron que ser alojados y apoyados por el Estado. Su llegada a Portugal provocó un terremoto social, económico y político: eran casi medio millón de personas en un país de nueve millones, con hábitos, lenguajes, ideas diferentes; de hecho fueron generalmente mal recibidos, y el término "retornado" tiene todavía hoy una carga peyorativa que hace que sea rechazada por muchos de ellos.

Sobre este tema, que tiene algo de traumático, como sobre la Guerra Colonial, casi no se hablaba en Portugal hasta hace relativamente poco. Hasta que algunas obras, películas, series de televisión o exposiciones han empezado a romper el tabú y recuperar este tema para la memoria colectiva portuguesa. Y dentro de esta ola de recuperación, El retorno de Dulce Maria Cardoso (2011) ocupa un lugar particularmente relevante y simbólico, por su repercusión y su difusión, quizás comparable al Caderno de Memorias Coloniais de Isabela Figueiredo (2009). Naturalmente había obras anteriores, por ejemplo de Antonio Lobo Antunes (Esplendor de Portugal, Las naves...) pero no tuvieron la capacidad de generar debate y opinión que sí tuvo en cambio la obra de Dulce María Cardoso, sea por la dificultad propia de las obras de Lobo Antunes, o porque la sociedad portuguesa no estaba todavía preparada para afrontar el tema.

La historia de El retorno comienza precisamente en la última noche que la familia del narrador y protagonista pasa en Angola, antes de viajar hacia Lisboa: Rui, el hijo mayor de la familia, reflexiona frente a aquella "última cena" sobre su vida en Angola, la enfermedad de su madre, la Guerra, la revolución que les rodea y que ha hecho que muchos portugueses hayan salido ya en dirección a Portugal. Esa misma noche, el padre y patriarca de la familia es detenido por soldados angoleños, dejando a Rui en el papel de cabeza de familia, con la obligación de cuidar de su madre enferma y de su hermana menor. A la llegada a Lisboa, alojados por el gobierno portugués en un hacinado hotel de Estoril junto con otros retornados, deberá aprender a convivir con su nueva realidad, con la incertidumbre sobre el destino de su padre y del país, y con las turbulencias propias de un adolescente "en tiempos turbios", como siempre dice la directora del hotel.

Dulce Maria Cardoso se enfrenta a un equilibrio delicado, que creo que consigue sostener con éxito: por una parte, introducir todo el complejísimo contexto histórico, tanto de Angola como de Portugal, introduciendo datos, nombres, conceptos y expresiones propias de aquellos lugares y aquellos tiempos, y reproduciendo el ambiente de una época llena de posibilidades, sueños y miedos, en lo individual y en lo colectivo; por otra parte, crear unos personajes y una trama que se sostengan por sí solos y que atrapen al lector, sin que la documentación y la ambientación, como tantas veces ocurre, se coma a la narrativa. (Véase, por ejemplo, El sueño del celta de Vargas Llosa como ejemplo de fracaso en este equilibrio).

Como digo, la escritora consigue mantener esta tensión, sobre todo con la construcción de una voz narrativa que atraviesa el texto, la del joven Rui, ansioso e inseguro en un nuevo mundo desconcertante, desde un punto de vista histórico pero también vital. Quizás la primera sección, más breve, dedicada a los últimos días de vida en Angola, sea la más potente, mientras que la segunda, ya en Lisboa, llega a perderse en algunos episodios secundarios menos originales o interesantes. Pero es en efecto la voz de la memoria de Rui, un stream of consciousness que hace pensar, cómo no, otra vez en Lobo Antunes (aunque sin llegar a su nivel de barroquismo narrativo), la que da unidad y coherencia tanto a la trama narrativa como al conjunto de eventos y momentos históricos que se nos presentan.

La novela, por otra parte, consigue huir también de otro gran peligro en este tema: el saudosismo de una época pasada, la memoria idealizante y lusotropicalista del "buen imperialismo" portugués. El retorno muestra a la familia de Rui de forma simpática (o si se quiere, empática), y hasta cierto punto se los retrata como "buenos colonos", que no maltratan ni explotan [demasiado] a los angoleños. Pero no por ello se esconde la realidad de dominación, violencia y racismo que suponía el imperio colonial portugués, algo que todavía hoy muchos portugueses tienen cierta dificultad en reconocer. No es, en este sentido, una novela tan cruda como el Caderno de memórias coloniais, o como algunas de las obras de Lobo Antunes que han narrado esta época y estas cuestiones, pero tampoco es una visión edulcorada (I had a farm in Africa) de la relación entre países, clases e individuos en un contexto de dominación colonial.

El retorno, por cierto, está publicado en la editorial "La Umbría y la Solana", que está haciendo una labor encomiable por publicar obras clásicas y actuales de la literatura portuguesa en España. Dentro de poco #HabráReseña de Todo son historias de amor, también de Dulce María Cardoso, publicado por la misma editorial...

viernes, 15 de octubre de 2010

José Cardoso Pires: El delfín

Idioma original: portugués
Título: O Delfim
Año de publicación: 1968
Valoración: Muy recomendable

El Delfín, de José Cardoso Pires, está considerada como una de las mejores novelas portuguesas del siglo XX, sin contar a los omnipresentes Lobo Antunes y Saramago. Y con razón, diría yo. Es una novela inteligente, irónica, corrosiva y magistralmente escrita. No es una novela sencilla, pero en eso radica buena parte de su atractivo: en su complejidad y en su constante burla de los cánones literarios e ideológicos dominantes.

El argumento toma la apariencia externa de una novela de misterio o de suspense: tras un año de ausencia, el narrador vuelve a la Gafeira, una aldea ficticia de Portugal, para cazar patos, y descubre que el "cacique" del pueblo, el Ingeniero Tomás Manuel da Palma Bravo (el "delfín" del título), ha desaparecido, poco después de la muerte de su mujer y de su criado Domingo. En un ambiente casi sobrenatural, con una niebla constante que rodea la laguna cercana, la historia se desarrolla entre esos dos planos temporales (las dos últimas visitas del narrador a Gafeira) y con una cierta estructura de novela policial, en torno al misterioso doble crimen.

Son muchas las cosas que me han gustado en esta novela: el modo irónico y despreocupado con que está escrita, el constante juego de voces, planos, textos y versiones que se mezclan en ella; también son estupendos los personajes principales (el Ingeniero, María das Mercês, el propio narrador o su posadera, cuya descripción es magníficamente hiperbólica); pero sobre todo el ambiente de hipocresía y decadencia que lo envuelve todo, como una atmósfera rancia que los críticos han identificado con la del Portugal del último salazarismo.

Hay una versión cinematográfica, que no he visto pero que me propongo ver, y un estupendo (y bastante extenso) reportaje de la RTP sobre la obra, accesible en Youtube (pongo la primera parte, quien esté interesado solo tiene que seguir después los enlaces relacionados):



Otras obras de Cardoso Pires en ULAD: La república de los cuervosHistorias de amorDe profundis. Vals lento

jueves, 16 de noviembre de 2017

Nuestros autores olvidados #11: El día de los prodigios de Lídia Jorge

Idioma original: portugués
Título original: O dia dos prodígios
Año de publicación: 1980
Valoración: Muy recomendable

A diferencia de mis colegas, que han hecho justicia a determinados autores individuales olvidados hasta ahora por nosotros, con esta entrada yo me propongo hacer un desagravio colectivo: por ULAD han pasado ya muchos de los grandes escritores (hombres) que han marcado la historia de la literatura portuguesa (Camões, Eça de Queirós, Pessoa, Saramago, Cardoso Pires, Lobo Antunes, Gonçalo M. Tavares...), pero no así las escritoras (mujeres) que marcan, sobre todo, el siglo XX: la poetisa y narradora Sophia de Mello Breyner, la multifacética Natália Correia, Agustina Bessa-Luis, hermética y exigente, o la imaginativa y no menos exigente Lídia Jorge, que con obras como El día de los prodigios o La costa de los murmullos vino a representar la apertura de una nueva fase en las letras portuguesas tras la Revolución de los Claveles.

El día de los prodigios, publicada en 1980, trata precisamente, aunque de una forma tangencial e irónica, sobre la revolución del 25 de abril. La acción se sitúa en un pequeño pueblo del Algarve, Vilamaninhos, en el que en los mismos días de la revolución se están produciendo fenómenos asombrosos: una serpiente que vuela, una mula que huye, unos soldados que llegan al pueblo ataviados con claveles en las armas... Así, los grandes acontecimientos de la Historia quedan diluidos, por no decir anulados, en el contexto de la pequeña historia de la aldea, sus conflictos y relatos cotidianos y su cosmovisión mítica y mágica.

Por esta visión imaginativa en la que lo real y lo mítico se mezclan, El día de los prodigios ha sido comparado muy frecuentemente con el realismo mágico latinoamericano; quizás exista una influencia directa o una coincidencia en la perspectiva narrativa, pero creo que esta obra también conecta con una tradición propiamente portuguesa: la de la representación del mundo rural interior, como un microcosmos cerrado en el que operan reglas (morales, mentales e incluso naturales) diferentes a las de la gran ciudad o el gran mundo: así, Vilamaninhos podría ser perfectamente la villa en la que transcurre Humus, de Raul Brandão, o un primo hermano de la Gafeira de El Delfín de Cardoso Pires, que comparte con esta novela también la búsqueda estilística y técnica más exigente.

Porque, efectivamente, ningún comentario de esta novela puede dejar de lado la belleza y la eficacia del estilo de la autora, que mezcla la reproducción del habla de los habitantes de la aldea (con alteraciones fonéticas, por ejemplo) con una imaginación metafórica y una experimentación formal y estilística sorprendentes: las voces de los personajes se confunde a veces en largos párrafos en estilo indirecto y sintaxis entrecortada; otras veces aparecen indicados en forma de diálogo, o a doble columna, o con una indentación inferior al resto del texto.

Y el estilo: compacto, poético, trabajado como con un cincel. Copio un párrafo del principio de la novela, como ejemplo:

Carminha parecía fazer adeus, mas apenas lavaba janelas. Um pano branco na mão. O braço adejando de encontro ao vidro. Alguidarzinho ajoujado de espuma cremosa, um alguidar maior de pura água macia. Novelo de saias entre pernas. Cadeira de tábua ajaezada de nódoas, flores vermelhas. Os pés aí juntos no fundo côncavo. As pernas de leve penugem rasinha. Então Carminha empertigava-se de encontro à mancha renitente entre a unha e o vidro. Minúscula, fruto de mosca palhetando asas em tempo vazio, compondo um ovo de esterco redondo. E ali impregnado no vidro da quadrícula despintada de branco. Zing zing de encontro à lisura espelhada.

Que si soy capaz de traducirlo bien (Camões me perdone si no), significaría:

Carminha parecía decir adiós, pero solo lavaba ventanas. Un trapo blanco en la mano. El brazo agitándose al encuentro del cristal. Palanganita coronada de espuma cremosa, otra palangana mayor de pura agua suave. Embrollo de faldas entre piernas. Silla de tabla enjaezada de manchas, flores rojas. Los pies ahí juntos en el fondo cóncavo. Las piernas de leve plumaje rasito. Entonces Carminha se yergue al encuentro de la mancha persistente entre la uña y el cristal. Minúscula, fruto de mosca paleteando alas en tiempo vacío, componiendo un huevo de estiercol redondo. Y allí impregnado en el cristal de la cuadrícula despintada de blanco. Zing zing al encuentro de la lisura espejada.

Lídia Jorge tiene en Portugal un estatuto de clásico contemporáneo, de clásico vivo, del que no disfruta tanto fuera de sus fronteras. De hecho, El día de los prodigios no está todavía traducido al español (sí en cambio, entre otras obras, La costa de los murmullos). Esperemos que lo sea en breve, y Lídia Jorge deje de ser una autora solo conocida en Portugal.

También de Lídia Jorge en ULAD: Los tiempos del esplendor

miércoles, 31 de agosto de 2016

Vergílio Ferreira: Mañana sumergida

Idioma original: portugués
Título original: Manhã submersa
Año de publicación: 1954
Valoración: recomendable

Vergílio Ferreira es (como Raúl Brandão, con quien comparte ciertos ambientes, temas y estéticas) uno de esos autores que en Portugal son considerados clásicos, pero que en España apenas son conocidos. Afortunadamente, Acantilado parece estar traduciendo y difundiendo la obra de este autor entre nosotros: ha publicado ya seis de sus obras, aunque todavía no se ha decidido con esta Manhã submersa, quizás por ser un libro un tanto oscuro y opresivo, que puede no ser plato para todos los gustos. Y sin embargo, esta es una muy buena novela de iniciación o de paso a la madurez, al mismo tiempo que retrata un Portugal rural mísero, dominado por la religión y las desigualdades sociales.

El protagonista de la novela es António Santos Lopes, un niño de catorce años de una familia pobre, que es enviado al seminario con la esperanza de que llegue a ser sacerdote y pueda sostener a su madre y sus hermanos. El ambiente opresivo del seminario, la represión sexual, el miedo que los curas provocan en los seminaristas, la brutalidad de los familiares del pequeño António, todo ello contribuye a crear una atmósfera asfixiante descrita con una técnica por momentos casi naturalista que, al igual que sucedía con El delfín de Cardoso Pires, puede interpretarse como una metáfora del Portugal del Estado Novo, "orgullosamente solo".

Pero Mañana sumergida se ha leído sobre todo como una novela existencialista: el niño António (que comparte muchos rasgos con el propio Vergílio Ferreira, también seminarista en su día) se revuelve contra quienes intentan obligarlo a tomar los caminos establecidos (su familia, D. Estefânia, los Padres del seminario...) y lucha por encontrar su propio camino, su propia individualidad, a través de una soledad profunda que es al mismo tiempo buscada y angustiosa. Apartado poco a poco de todos aquellos en quienes cree encontrar un compañero de rebeldía (Gama, Gaudêncio...), se ve forzado a decidir quién es, quién quiere ser, y si va a adaptarse a las normas sociales que se le imponen o a quebrarlas.

Independientemente de que sea la representación del Portugal más conservador y cerrado, o de una lucha individual por encontrar la esencia en medio de la existencia, hay un elemento llamativo en Manhã submersa, que creo que comparte el resto de sus obras: el cuidado por el estilo, que casi se podría denominar de impresionista, por su atención a los colores, olores, sonidos, formas. Vergílio Ferreira abunda en descripciones que consiguen ser poéticas sin ser demasiado poéticas, sin caer en el adjetivo fácil ni en la cursilería, algo difícil de conseguir.

Esperemos que la obra de este autor siga difundiéndose en España, para que la literatura portuguesa del siglo XX sea un poco más conocida más allá de Pessoa, Saramago y Lobo Antunes.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Premio Nobel 2012: Hagan sus apuestas

Un año más ya estamos en vísperas de que se conozca el Premio Nobel de Literatura, y como siempre cada cual tiene sus favoritos. En ULAD no vamos a ser menos, así que aquí va nuestra particular quiniela (mañana sabremos si hemos acertado).

Vamos a proceder por eliminación: a la Academia Sueca le gusta repartir sus gracias con variedad (un año aquí, otro en la otra punta del globo...), así que nuestra primera apuesta, considerando que el año pasado ganó Tranströmer, es que este año el premio no será para ningún europeo, o por lo menos para ningún europeo-occidental (dejamos fuera de las apuestas, por tanto, a candidatos sólidos como McEwan, Magris, Lobo Antunes o Cees Nooteboom). Por el mismo motivo, también apostaría a que este año no va a ganar un poeta (lo siento, Adonis, otro año más que te quedas sin premio).

Don DeLillo
Seguramente, por lo tanto, volverá a ganar un narrador (novelista o cuentista), no europeo. Los estadounidenses pueden tener muchas opciones, por dos motivos: hace ya casi veinte años que ningún yankee gana el Premio Nobel (la última fue Toni Morrison en el 93), y además hay varios candidatos fuertes, con lo cual podrían premiar a uno para, simbólicamente, premiarlos a todos. Los principales favoritos estadounidenses hoy en día son Philip Roth (de quien sin embargo dicen que tiene mala prensa en la Academia Sueca), Don DeLillo, Thomas Pynchon o Cormac McCarthy, entre otros. DeLillo o Pynchon son, creo, los que más posibilidades pueden tener, porque son casi unánimemente aclamados por la crítica. Lo del Premio Nobel para Bob Dylan yo no me lo acabo de creer.

Alice Munro
Si miramos fuera de EE.UU., los académicos también tiene donde elegir: todavía en América, pero más al norte, nos encontramos a Alice Munro, cuentista canadiense que puede beneficiarse si los suecos deciden darle el premio a una mujer este año (lo que no quiere decir, ojo, que no se merezca el premio). En África el candidato más fuerte es Chinua Achebe, grandísimo narrador nigeriano, aunque también suena el nombre de Ngũgĩ wa Thiong'o; en Asia, por mucho que me duela, el nombre más repetido es el de Murakami, junto con el del chino Mo Yan. Y en Europa, pero en Europa del Este, tenemos también grandes candidatos como Ismail Kadaré, Milan Kundera o Peter Nadas, del que confieso que no he leído nada (perdón por el chiste).

Enrique Vila-Matas
¿Y los españoles, preguntará alguno? Pues se habla de los de casi siempre: Javier Marías, Enrique Vila-Matas y, algo que a mí me sorprende, Eduardo Mendoza. Pero este no va a ser el año: no solo porque como he dicho antes no creo que este año gane ningún europeo, sino porque está muy reciente el premio a Vargas Llosa, y que ganasen dos escritores hispanohablantes tan seguidos sería muy sorprendente. (Dejando aparte el hecho de que la literatura española actual no está EMHO a la altura de las más grandes de la literatura mundial, pero ese es otro asunto).

En fin, que si nos pedís uno o dos nombres, nos quedamos con DeLillo y Pynchon. Pero también es posible que la Academia Sueca nos sorprenda a todos premiando a un casi-desconocido. Mañana lo sabremos...

jueves, 12 de marzo de 2015

Herberto Helder: Los pasos en torno

Idioma original: portugués
Título original: Os passos em volta
Año de publicación: 1963
Valoración: Muy recomendable

Estoy últimamente muy monotemático con la literatura portuguesa (Eça de Queirós por partida doble, José Cardoso Pires y ahora Herberto Helder), pero no viene mal, porque realmente la literatura portuguesa es muy mal conocida en España (si exceptuamos a Pessoa, Saramago y Lobo Antunes), y hay autores que vale la pena rescatar del olvido. El autor que reseño hoy, Herberto Helder, está considerado como uno de los autores fundamentales de la literatura portuguesa, a pesar de que (o quizás porque) se niega a dar entrevistas, a ser reeditado o a recibir premios, un poco como J. D. Salinger o Pynchon.

Herberto Helder es conocido sobre todo como poeta; la obra que reseño hoy, Los pasos entorno (hay una traducción de Ana Márquez para Hiperión) es una obra de prosa, aunque me resisto a decir que es un volumen de relatos. Es más bien una colección de textos de prosa poética, algunos más próximos de la narración, otros del diálogo y otros de la recreación onírica o poética de la realidad.


Hay, como decía, en este libro textos que son más estrictamente calificables como cuentos (por ejemplo "Enfermedades de la piel", simplemente magnífico); algunos están cerca de la parábola o la fábulo (como "Teoría de los colores" o "Perros, marineros", que es probablemente mi favorito); pero otras veces la prosa duda entre la narración y la reflexión poética, entre la autoconsciencia y la ironía. El narrador, el poeta, aparece varias veces en el texto en primera o tercera persona. Y hay también paisajes de ciudades europeas por las que el autor viajó: Amberes, Amsterdam, París...


A pesar de que el libro es, como digo, bastante plural, tiene sin embargo una unidad indudable: la unidad que le da el estilo y la utilización del lenguaje que es, sin duda, la de un poeta, por mucho que en esta ocasión escriba en prosa. Es un lenguaje cuidado, sugerente, escogido milimétricamente pero sin necesidad de recurrir a lenguajes pedantes o esotéricos. Lo mejor que uno puede hacer con este libro es dejarse llevar por las palabras que giran, de una manera muy diferente a lo que lo hacen en una narración convencional, en torno a determinados temas, personajes, lugares, hechos.

Así empieza el libro, y no digáis que no da ganas de seguir leyendo:
Se eu quisesse, enlouquecia. Sei uma quantidade de histórias terríveis. Vi muita coisa, contaram-me casos extraordinários, eu próprio... Enfim, às vezes já não consigo arrumar tudo isso. Porque, sabe?, acorda-se às quatro da manhã num quarto vazio, acende-se um cigarro... Está a ver? A pequena luz do fósforo levanta de repente a massa das sombras, a camisa caindo sobre a cadeira ganha um volume impossível, a nossa vida... compreende?... a nossa vida, a vida inteira, está ali como... como um acontecimento excessivo... Tem de se arrumar muito depressa. Há felizmente o estilo. Não calcula o que seja? Vejamos: o estilo é um modo subtil de transferir a confusão e violência da vida para o plano mental de uma unidade de significação. Faço-me entender? Não? Bem, não aguentamos a desordem estuporada da vida.
[Si yo quisiera, enloquecería. Sé una cantidad de historias terribles. He visto muchas cosas, me contaron casos extraordinarios, yo propio... En fin, a veces ya no consigo ordenar todo eso. Porque, ¿sabe?, uno se despierta a las cuatro de la mañana en un cuarto vacío, enciende un cigarro... ¿Lo ve? La pequeña luz de la cerilla levanta de repente la masa de las sombras, la camisa caída sobre la silla gana un vlumen imposible, nuestra vida... ¿comprende?... nuestra vida, la vida entera, está allí como... como un acontecimiento excesivo... Hay que poner orden muy rápido. Felizmente está el estilo. ¿No adivina lo que es? Veamos. el estilo es un modo sutil de transferir la confusión y la violencia de la vida para el plano mental de una unidad de significación. ¿Me explico? ¿No? Bien, no aguantamos el desorden espantoso de la vida.]

Siempre nos quejamos (por lo menos yo a veces me quejo) de que se lee poco relato, de que se lee poca poesía, de que solo se lee novela. Y es verdad, y en este blog contribuimos a esa misma tendencia. Leer Los pasos entorno es una forma de matar dos pájaros de un tiro: no solo se está leyendo relato, no solo se está leyendo poesía; se está leyendo mucho más.

miércoles, 4 de julio de 2018

Ciudades de libro #3 Lisboa: El rinoceronte y el poeta de Miguel Barrero

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: está bien

No es sencillo escribir sobre una ciudad que adoras, sobre todo si esa ciudad no es la tuya: es demasiado fácil caer en la idealización, en la postal exótica o en el tópico turístico. Algo así pasaba en otras dos novelas reseñadas por aquí, que tenían Lisboa como escenario de la acción: La calle de los ángeles de Jon Arretxe y Tren nocturno a Lisboa de Pascal Mercier. Algo así pasa, también, aunque en menor medida, en El rinoceronte y el poeta de Miguel Barrero. De hecho, El rinoceronte y el poeta ha sido definida como una "declaración de amor a la literatura, a Pessoa, a Lisboa". Y eso está muy bien. Lo que pasa es que ese amor debe transformarse en una obra literaria que se sostenga por sí propia, independientemente de lo bonito que sea el objeto amado. Y mira que a mí me gusta Lisboa, ¿eh?


Desde el punto de vista del argumento, El rinoceronte y el poeta se basa en un misterio: el profesor Eduardo Espinosa recibe una escueta carta de un colega, especialista como él en la obra de Pessoa, invitándolo a viajar a Lisboa para una conversación importante. El motivo de esa convocatoria y lo que se desvela en esa conversación entre eruditos no lo voy a contar, para no destripar la novela; y también porque casi es lo de menos: en realidad esa trama literario-detectivesca parece una excusa para que, mientras dura la espera de Espinosa, Miguel Barrero nos cuente cosas sobre Lisboa, sobre Pessoa, sobre el primer rinoceronte que llegó a Europa, desembarcado en Lisboa el 20 de mayo de 1515, sobre Cristóbal Colón, sobre el rey Don Manuel...

No es que estas digresiones sean poco interesantes, de hecho algunas de ellas son bien curiosas, sobre todo las referidas a los rinocerontes, su llegada a Europa y su posterior representacion / mitificación. También muchas de las historias biográficas o literarias sobre Fernando Pessoa resultan atractivas, porque en general casi todo lo que tiene que ver con Fernando Pessoa resulta atractivo. En cambio, otras digresiones están más traídas por los pelos, y el que el narrador repita "recordó Espinosa", "Espinosa pensó", etc., no hace que resulten más naturales: es inevitable pensar que quien recuerda esas cosas no es el personaje, sino el narrador, o mejor, el autor.

Y en cuanto a la representación de Lisboa, aunque por una parte es coherente con la figura del protagonista (un estudioso de Pessoa que visita la ciudad durante tres días, y que por lo tanto recorre solo aquellas áreas relacionadas con el poeta), no deja de resultar llamativo que se limite a barrios y puntos centrales y turísticos: Restauradores, Baixa, Bairro Alto, Alfama, Belém, el eléctrico 28, el cementerio de Prazeres... En ningún momento se visita ni se menciona la Lisboa del día a día, en la que la gente se levanta a las 7.30 de la mañana en un apartamento que apenas puede pagar, coge un autobús hasta los topes durante cuarenta minutos y llega a tiempo de servir cafés y pasteles de nata a los turistas por un sueldo que no llega a los 600€. Y se me dirá: ¡claro, no hay ninguna obligación de hablar de eso! Y contestaré: efectivamente, obligación, en literatura, prácticamente ninguna. Pero es que la otra Lisboa, la de A Brasileira, el Martinho da Arcada y el monasterio de los Jerónimos ya está muy vista; no estaría mal, de vez en cuando, intentar algo nuevo...

Es posible que esté sonando demasiado duro con la novela, y tengo que decir que El rinoceronte y el poeta está bien (de ahí la valoración: "está bien"). De hecho, no le falta mérito al hecho de conseguir mantener una trama basada en que un personaje espera dos días para reunirse con otro, y hablar. Y además está bien escrita, en el sentido de que el estilo está evidentemente cuidado y trabajado, si bien a veces cae en barroquismos y preciosismos excesivos para mi gusto. Un ejemplo, tomado de la primera página de la novela:
Quinientos años después, en una estupenda mañana de agosto en la que el sol doraba los campos y un cielo azul llenaba de optimismo los designios de una tierra condenada, mientras viajaba a bordo de un tren que comunicaba el epicentro de la meseta castellana con la para él bellísima desembocadura del Tajo en el Atlántico, el profesor Eduardo Espinosa pensó en aquel rinoceronte y se preguntó, por primera vez, si su historia podría entretejerse de algún modo con la del poeta a cuyo estudio había dedicado la mayor parte de su vida.
Vuelvo a oír una voz (¿de quién?) que dice: pues si no te ha parecido que estas novelas retratan bien Lisboa, ¿cuáles recomiendas? Y aquí, aun corriendo el riesgo de ser tópico yo mismo, tengo que referirme a los más grandes: el Libro del desasosiego del inevitable Pessoa, El año de la muerte de Ricardo Reis de Saramago, buena parte de la obra de Lobo Antunes o de Cardoso Pires, o si nos ponemos históricos, Os Maias de Eça de Queirós... Como se ve, es muy difícil (o así lo veo yo, por lo menos) que alguien que no ha vivido un largo tiempo en una ciudad escriba un gran libro sobre ella. Por mucho cariño que se le coja a un lugar durante una estancia de semanas, días o incluso meses, llegar a comprender el alma de las ciudades, si es que eso existe, lleva mucho más tiempo...

lunes, 20 de diciembre de 2021

2021: No nos lo hemos leído todo, pero... (antiguamente conocido como Lo mejor del año)

Lo que ha leído Juan:


Koldo TOP 10 Leído en 2021 + 2 Relecturas

Mención de honor para la parte fotográfica de Vale un Potosí de Miquel Dewever-Plana e Isabelle Fougere. Dicho esto:
 
10. Humo de José Ovejero
9. No es un río, de Selva Almada
8. Simpatía de Rodrigo Blanco Calderón
7. Alguien camina sobre tu tumba de Mariana Enríquez
6. Caracas muerde de Héctor Torres
5. La canción de NOF4 de Raúl Quinto 
4. Contra vosotros de Mercedes Soriano
3. La última niebla / La amortajada de María Luisa Bombal
2. Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez (Juan: no te reto a duelo porque en el fondo te tengo cariño)
1. Los galgos, los galgos de Sara Gallardo

Las dos mejores relecturas del año: Caballos desbocados de Yukio Mishima y Ampliación del campo de batalla de Michel Houellebecq.
 
Actualización de última hora: La Capilla Sixtina. Relato de una obra maestra

Montuenga:

Lo mejor que he leído este año:

Ficción:


No ficción:

Y lo peor:

Ficción:

  • Novela decepcionante de autor prestigioso: Muerte de Sevilla en Madrid de Alfredo Bryce Echenique.
  • Volumen de relatos que abandoné por indigesto para la mentalidad actual: Pájaros de fuego de Anaïs Nin.
  • Texto de auto ficción más anodino: El sistema del tacto de Alejandra Costamagna.

No ficción:

  • El más flojo e inconexo (Sin género definido): Devoción de Patti Smith.
  • Un testamento vital decepcionante: Gratitud de Oliver Sacks.
  • Biografía peor documentada: La virgen roja de Fernando Arrabal.
  • Autobiografía más tópica y repetitiva: El lugar de Annie Ernaux.

Carlos Bookboard 2021:
Como siempre, y como es bien lógico, ha habido algunas cosas algo decepcionantes, pero para qué darles más publicidad. Bastante tienen con haberles hecho un hueco.


Marc Peig:


Oriol Vigil:


Beatriz Garza:


Francesc Bon:

Otro año en que defraudo hasta mis peores expectativas, leyendo poco, tarde y mal. O a lo mejor es la cosa esta del mercado, vendiendo la moto de modo tan constante y repetitivo, que me refugio en lo conocido, temeroso del fulgor que desprenden los actos promocionales y las fajas. 
Así que:
  • Libro del año - por su modestia y por su panorámico alcance casi involuntario: Anna Ajmátova, de Eduardo Jordá - o como cubrirlo todo - ficción, historia, crónica, crítica, poesía - en unas cuantas páginas. 
  • Medalla de plata, ex aequo Rafa Lahuerta Yúfera: Noruega, o cómo gestionar el aire nostálgico con elegancia y sin sonarse los mocos. Y un 10 absoluto por su enorme valentía. Y Jordi Amat: El hijo del chófer que, aparte del orgullo intrínseco de mostrarse contestatario con el statu-quo, es un inmenso ejercicio de periodismo crítico, que empezaba a parecer un oxímoron.
  • Pelotón - demasiados y demasiado dispersos, algún ensayo muy disfrutable en su momento, pero algo ligero y, por lo tanto, no siempre memorables como para fortalecer las convicciones, así que me ahorro las menciones, perdonen los afectados.
  • Rezagados - un nutrido grupo de lecturas para cubrir el expediente, que incluyen alguna tenue decepción: Revancha tampoco es la obra de madurez de Kiko Amat, El teatro de Sabbath me tuvo demasiadas páginas preguntando por Zuckerman, y sigo sin comprender como, al margen del voyeurismo social, se ensalza tanto el valor de Valle inquietante o de Mi año de descanso y relajación, que me parecieron, ambas retratos de una sociedad o de un mundo ajeno y casi elitista.
  • Descalificado por tramposo (y por pesado) - Casi que voy a tirar la toalla con Javier  Cercas, que en Independencia demuestra que está tan obstinado en usar sus libros para restregarnos sus rancias quejas ideológicas que se ha olvidado de interesar a sus lectores, gustarles o aportar algo relevante. Así que le enseño amablemente la puerta de salida. Adeu siau.
  • Propósitos para 2022: más tiempo para alternar re-lecturas (no reseñables, ay) con algo que mitigue mi encasillamiento.

Santi (que ha leído este año menos que nunca pero aun así no ha ido mal):

Tres textos autobiográficos imprescindibles:

Cuatro novelas sobre la memoria (individual o colectiva):
 
Tres libros que te reconcilian con el mundo y con la humanidad
 
Cuatro libros de terror

Un clásico que tenía pendiente: La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. LeGuin
 
Un libro que leí porque, en fin, alguien tenía que hacerlo: Feria de Ana Iris Simón

También leí pero no me animé a reseñar: Tú también vencerás, de Jose||González; Días de euforia, de Pilar Fraile; Causas naturales, de Claudia Hernández.



NOTA FINAL:
Queridos lectores: podéis enviar vuestras listas al correo del blog: unlibroaldia@gmail.com. A finales de enero publicaremos una entrada con todos vuestros correos (indicad, por favor, si se puede mencionar vuestro nombre al publicarla).