viernes, 25 de junio de 2021
António Lobo Antunes: Memoria de elefante
miércoles, 8 de julio de 2026
António Lobo Antunes: El orden natural de las cosas
martes, 18 de octubre de 2011
António Lobo Antunes: Esplendor de Portugal
Título original: O esplendor de Portugal
Año de publicación: 1997
Valoración: Muy recomendable
António Lobo Antunes, para quien no le conozca, es el otro gran novelista portugués de la segunda mitad del siglo XX (el "otro", siendo el "uno", por supuesto, José Saramago). De hecho, y esto ya es una opinión personalísima, Lobo Antunes es más novelista que Saramago: Saramago siempre será, en mi opinión, un intelectual comprometido que escribía novelas, mientras que en Lobo Antunes se reconoce al "novelista de raza" (qué expresión tan fea), que en ocasiones ejerce de intelectual.
Siempre se habla de que Lobo Antunes es un eterno candidato al Nobel, y quizás termine ganándolo. De hecho, creo que lo merecería. En cambio, lo que no creo que consiga nunca es el favor del público en general, porque no es en absoluto un autor nada sencillo. Lo que Lobo Antunes ofrece en sus novelas (y en este Esplendor de Portugal en concreto) es la conciencia desnuda de sus personajes: el discurrir de su memoria, que salta entre distintos tiempos y entre diversos niveles (lo consciente, lo inconsciente, lo reprimido) y que se desliza reconstruyendo historias, pero no una historia en sentido tradicional.
Lobo Antunes exige un lector no solo activo, sino también atento, sensible y paciente, porque lo que él crea son mundos psicológicos y simbólicos a través de los cuales es posible reconstruir los hechos concretos que los provocaron. En este caso, son cuatro los personajes en cuyas mentes nos sumergimos: una familia compuesta por Isilda, la madre, que resiste aislada en la Angola post-descolonización; y los tres hermanos, Ruy, Clarisse y Carlos, que regresaron a una Lisboa a la que no pertenecen y que alimentan sus odios y resentimientos mutuos.
Esplendor de Portugal, como decía antes, no es una novela para todos los públicos, no porque describa escenas horrorosas (que alguna hay) o impúdicas escenas de sexo (que también), sino por su estructura y estilo descoyuntado, poético, combinatorio, fragmentario, desordenado, disperso. Entrar en el ritmo y el universo que propone la novela no es fácil; una vez que se han reconstruido las piezas fundamentales (quién es quién, qué relaciones hay entre ellos, cuáles son sus taras o secretos ocultos...) la lectura se hace más llevadera, y mucho más profunda. Y es una experiencia apasionante; mucho más, sinceramente, que la mayoría de las novelas de Saramago que he leído.
La nota tonta para terminar: Cada vez que en el libro leía el nombre de Clarisse, no podía evitar acordarme de El silencio de los corderos: "Quid pro quo, Clarice"... Qué daño ha hecho Hollywood a nuestras mentes...
También de Lobo Antunes: Aquí
lunes, 13 de agosto de 2018
António Lobo Antunes: Libro de crónicas
Título original: Livro de crónicas
Año de publicación: 1998
Traductor: Mario Merlino
Valoración: muy recomendable
Me ha pasado con relativa frecuencia en Portugal: pregunto a alguien si ha leído a Lobo Antunes, y me contesta: "He leído las crónicas". Es lo que suelen responder, sobre todo, aquellas personas que no se dedican a la literatura y para las cuales las novelas de Lobo Antunes, en cambio, son demasiado exigentes. Es una buena noticia, por lo tanto, que este Libro de crónicas esté ahora también disponible para el público español, que así puede empezar mojándose los pies en la obra de uno de los mejores escritores portugueses del siglo XX y principios del XXI, antes de tirarse de cabeza a una de sus novelas.
Aunque el nombre de "crónicas" puede ser engañoso, como lo fue para mí antes de empezar a leer este libro. Una crónica, según el Diccionario de la RAE, es un "artículo periodístico o información radiofónica o televisiva sobre temas de actualidad". Narración, información, actualidad, periodismo. Esas son las características de una crónica, y las de Lobo Antunes solo las cumplen en parte: se publicaron originalmente en un periódico (el Público portugués), y son narrativas, pero ni son de actualidad ni son informativas, por muy laxos que seamos con el concepto de "información". De hecho, solo una especie de pudor o ironía parece evitar que estos textos se denomine "relatos" o "microrrelatos", que es lo que en muchos casos son.
Cada crónica tiene tres o cuatro páginas, ni más ni menos, y todas ellas cuentan una historia. En algunos casos, el protagonista y narrador se llama también António Lobo Antunes, y es también un médico transformado en escritor que vivió la guerra de Angola, aunque es difícil saber hasta qué punto muchas de estas historias son realmente autobiográficas, y cuándo son puras fantasías. Encontramos así un universo personal que se extiende entre Benfica y la Praia das Maçãs, en la que un Lobo Antunes niño sueña con ser futbolista o escritor, se relaciona con otros niños (y niñas) y se adentra en el mundo de los adultos. Estas crónicas son quizás las más entrañables.
En muchos otros casos se nos presenta a personajes cotidianos o surrealistas: seres torpes, solitarios, absurdos o divertidos, vencidos por la vida o condenados por sus propios errores. Algunas crónicas tienen un aire falsamente costumbrista (como por ejemplo una de mis favoritas, la que narra cómo las familias portuguesas van todas juntas a pasar los domingos en el centro comercial, y son todas tan semejantes que acaban intercambiándose unas con otras) y otras entran en el terreno de lo fantástico, a lo Cortázar (por ejempo en "La consecuencia de los semáforos").
Una vez leídas, se entiende por qué hay muchos portugueses que prefieren las crónica a las novelas de Lobo Antunes, y no es (solo) porque sean más fáciles de leer: es porque están llenas de humor, de crítica social (como en "Los pobrecitos"), de imaginación, de chispazos geniales, de belleza. En conjunto crean un panorama algo "bizarro" (en la acepción anglosajona del término) de Lisboa y Portugal en la segunda mitad del siglo XX, con sus diferencias de clase, sus traumas políticos y, claro, sus historias universales de amor y desamor. Leer todas las crónicas seguidas puede empachar (no fue así como se publicaron originalmente), pero si se leen con calma, disfrutándolas, una o dos o tres cada cierto tiempo, dan muchos momentos de felicidad lectora.
En Portugal se publicaron cuatro livros de crónicas, de los cuales tres están traducidos al español. Quien quiera empezar por ahí a conocer a uno de los grandes escritores portugueses de nuestro siglo, por lo tanto, tiene bastante material.
Otras obras de António Lobo Antunes en Un libro al día.
viernes, 14 de marzo de 2014
Antonio Lobo Antunes: Sobre los ríos que van
Título original: Sôbolos rios que vão
Año de publicación: 2010
Valoración: Muy recomendable
Lobo Antunes ha dicho varias veces, en varias entrevistas, que lo que él escribe no son novelas, aunque se resiste a darles un nombre alternativo. Esta afirmación es discutible en algunos casos, por ejemplo en Esplendor de Portugal o Tratado de las pasiones del alma, que tienen una estructura novelesca más tradicional (unos personajes, uno o varios narradores, una cierta idea de trama). Pero en las obras más recientes de su autor, y muy especialmente en esta, no hay más remedio que darle la razón: esto no son novelas, son... otra cosa.
Sobre los ríos que van es un libro provocado por la enfermedad, pero que no tiene la enfermedad como tema central. En 2007, a Antonio Lobo Antunes le diagnosticaron un cáncer de colon, del que ya está afortunadamente recuperado. Esta novela (o lo que sea) reconstruye los días que el escritor pasó en el hospital, y el fluir de su conciencia que huye a los días apacibles de la infancia, la familia, el primer amor. El río del título (tomado de una traducción de salmo 137, Super flumina Babilonis, realizada por Luis de Camões) es el río metafórico de la vida, pero también un río concreto, el Mondego, al que el escritor iba de excursión con su padre.
Los dos tiempos y espacios en que transcurre el texto (el hospital en el que Lobo Antunes pasa sus días en 2007 y el pueblo del Norte de Portugal en el que el pequeño Antoninho pasó días felices) se mezclan en un continuo de sugerencias, relaciones y repeticiones que constituyen el tan personal estilo del autor. Más que una novela, en efecto, es una memoria, en el sentido más literal que se le puede dar al término: la reconstrucción del vagar de una mente que, en un momento de temor y frustración busca la seguridad y la confortación de la infancia.
Muchas de las obras de Lobo Antunes son autobiográficas hasta cierto punto (en particular, las primeras, en las que retrató sus años como médico militar en Angola y como psiquiatra en Lisboa); pero en esta obra nos acercamos a una etapa de su vida sobre la que por ahora no había escrito. Quizás por eso, por remontarse a la inocencia de la infancia desde la nostalgia de la vejez ("la infancia es un privilegio de la vejez", decía Benedetti) esta es una obra algo más luminosa, algo menos desesperanzada que otras de su autor. No es que el Portugal rural del salazarismo fuera idílico, sin duda, pero el escritor nos lo presenta como un tiempo de aprendizaje, de afecto, de deslumbramiento ante el mundo.
No deja de ser curioso que, ante la perspectiva de la enfermedad y la amenaza próxima de la muerte, Lobo Antunes nos haya dejado una elegía nostálgica de la inocencia infantil.
También de António Lobo Antunes en ULAD: Aquí
miércoles, 15 de abril de 2020
António Lobo Antunes: De la naturaleza de los dioses
Título original: Da natureza dos deuses
Traductor: Antonio Sáez Delgado
Año de publicación: 2015
Valoración: está bien / recomendable para fans
No soy precisamente sospechoso de tenerle manía a Lobo Antunes: he reseñado ya media docena de obras suyas en este blog, incluida mi favorita, El esplendor de Portugal, llegué a entrevistarle para El Correo de Bilbao en su propia casa, y cada año cuando hacemos apuestas al Premio Nobel su nombre figura en mi terna de favoritos (en el sentido de que quiero que gane, y de que creo que puede ganar). Así que desde el respeto y la admiración profunda creo que puedo permitirme decir esto: António, deberías escribir menos. Y con "escribir menos" me refiero a dos cosas: en primer lugar, escribir menos libros, y en segundo lugar, escribir libros más cortos.
Escribir menos libros: si buscamos la lista de publicaciones de Lobo Antunes en los últimos años, vemos que va casi a novela por año (ha fallado el 2019, curiosamente). Entiendo que por una parte hay que vivir de algo, y por otra la máquina creativa que este señor tiene en la cabeza no parece pararse nunca. Pero esa sobreabundancia de novelas, me parece, hace que escriba ya con el piloto automático puesto, o dicho en otras palabras, que siempre escriba la misma novela cambiándole algunos personajes y escenarios.
En el caso de De la naturaleza de los dioses se trata de reconstruir (o "deconstruir", según cómo se mire) la historia de una familia de la alta burguesía lisboeta, encerrada en su mansión de Cascais y dominada por la omnipresente figura del patriarca (autoritario, machista, impotente, cruel, decadente) a través de las memorias de varios personajes interrelacionados; en Para aquela que está sentada no escuro à minha espera, quien reflexionaba sobre su vida era una anciana actriz en decadencia; en Sobre los ríos que van era el propio Lobo Antunes quien, de forma más autobiográfica, se sumergía en el torbellino de sus propias memorias,fundamentalmente de su infancia y de su relación con su padre. A estos temas comunes (el retorno a la infancia vista desde la vejez, la memoria como narración, la decadencia física y mental) se une, en otras obras, el trauma aún aparentemente vivo de la guerra de Angola y la descolonización, que en De la naturaleza de los dioses solo aparece de forma más implítica y secundaria.
Escribir libros más cortos: porque estas obras están escritas con el ya inconfundible estilo loboantunesiano (¿loboantunesino?), que mezcla el stream of consciousness de uno o varios personajes (con sus asociaciones aparentemente arbitrarias, sus saltos en el tiempo y en el espacio, sus dislocaciones sintácticas y semánticas), con diálogos fragmentarios, que en realidad son también más recuerdos de diálogos pasados que diálogos en sí mismos (y que muchas veces se repiten, como leti motiv traumáticos para los personajes). También porque el mundo creativo de Lobo Antunes es un mundo terriblemente árido y cruel, particularmente con las mujeres; es desasosegante leer centenares y centenares de páginas donde solo hay desprecio y humillación y violencia y frialdad, sin ningún espacio para la ternura, el afecto, la solidaridad, el humor o la esperanza.
Y aunque esta técnica narrativa produce efectos estéticos deslumbrantes, verdaderamente únicos, es también tremendamente exigente para el lector, que recibe un bombardeo de anécdotas, detalles, frases, imágenes y escenas que debe intentar asociar, en la medida de lo posible, a los personajes, tiempos y espacios ciertos. O quizás lo que se pretende es lo contrario, que el lector se pierda en la maraña de voces, y acabe por asumir que está leyendo la memoria de una mente-colmena, que abarca todos los momentos y lugares de la historia con una sola mirada. Sea una u otra cosa lo que se espera del lector (reconstruir o deconstruir la narración), el esfuerzo es muy grande y, seamos sinceros, muchas veces improductivo, porque no todas las páginas son geniales ni todas son necesarias para dar sentido a la obra.
Ya sé que habrá quien lea esto y se lleve las manos a la cabeza: ¡leer no tiene que ser fácil! ¡Una buena novela requiere un esfuerzo del lector! Y estoy de acuerdo, en general, en que no se debe ser facilitista y recomendar solo a los Dan Browns y Pérez Revertes de la vida; pero también creo que la literatura debe existir para ser leída y disfrutada, no sufrida, y los seres humanos tenemos nuestros límites (de atención, de concentración, de memoria). El mismo efecto estético, el mismo resultado narrativo, creo, concentrando la prosa y reduciendo el número de micro-historias incluidas en el texto. Una dosis más concentrada de la misma medicina (amarga, por otra parte) se consumiría mejor, y quizás hasta fuera más efectiva.
No se trata, naturalmente, de que De la naturaleza de los dioses sea una mala novela: Lobo Antunes, diría yo, es incapaz de escribir una mala novela. Pero creo que disfrutarla de verdad, solo la disfrutarán sus fans ya incondicionales, los que estén habituados a su estilo y a su universo y no se cansen nunca de él. Para los demás, incluso para admiradores como yo, acaba siendo un ejercicio algo repetitivo de maestría estilística, brillante pero agotador.
Otras obras de Antonio Lobo Antunes en ULAD.
martes, 18 de agosto de 2009
António Lobo Antunes: En el culo del mundo
Título original: Os cus de JudasFecha de publicación: 1979
Valoración: Muy recomendable
De Lobo Antunes, escritor y médico especializado en psiquiatría portugués, y candidato al Nobel, únicamente conocía la página que escribía en el suplemento cultural de cierto diario; y me encantaba, porque a diferencia de otros escritores y periodistas que aprovechan el generoso espacio que se les concede para hablar de personajes célebres o hacer sesudos mini-ensayos de alto valor intelectual (pero que pueden ser auténticos castañazos), Lobo Antunes se “limitaba” a desnudarse: escribía sobre su pasado, su familia, sus sentimientos, sus impresiones, su desidia existencial, su poca/nula confianza en la especie humana, sus fobias, sus filias…, y todo ello, con una sensibilidad arrolladora, deslumbrando con un estilo intimista y adictivo que me recordaba en ocasiones a Enrique Vila-Matas, colaborador de la misma publicación y que también me gustaba mucho.
Comenté mi admiración por este hombre a una buena amiga de ascendencia portuguesa, y me dijo que en su país natal Lobo Antunes era un escritor muy respetado con unas cuantas novelas a sus espaldas; y fue precisamente dicha amiga la que me regaló en mi siguiente cumpleaños En el culo del mundo.
Leer aquella novela, un diálogo entre un hombre y una mujer en la que sólo se escucha al hombre, fue una auténtica delicia porque desde la primera línea comencé a degustar la esencia “lobezna” que tanto me atraía, lo cual no quiere decir que la trama sea agradable: ni mucho menos.
Trata de la dura experiencia de un médico militar en la guerra de Angola, una de esas tierras objeto de tejemanejes colonialistas en las que, no sé por qué, siempre llevan la voz cantante (incluso para denunciar las sangrientas injusticias que en ellas se cometen) los Malos, o sea, la potencia de turno que se dedica a asesinar e intimidar a los nativos para extender su dominio a miles de kilómetros del hogar materno.
Pero a Lobo Antunes no le tiembla el pulso a la hora de mostrar su rechazo hacia esos bajos instintos conquistadores (que persisten en pleno siglo XXI) en forma de un testimonio crudo y coherente, repleto de mutilaciones, vísceras, puntos de sutura y estomagantes escenas. El autor no intenta envolver en tules el horror de la guerra, un compendio de actos de lesa humanidad siempre injustificables. No por nada, él vivió en sus propias carnes la última fase de la liberación colonial de Angola.
Y desde una Lisboa tan estoica y (sólo) formalmente simple, como la propia savia del fado, el protagonista de En el culo del mundo demuestra que el pasado es una oscura sombra que tiñe con fiereza y sin remedio el alma de los hombres; para lo bueno y para lo malo.
También de António Lobo Antunes en ULAD: Aquí
martes, 11 de febrero de 2014
António Lobo Antunes: Las naves
Título original: As naus
Año de publicación: 1988
Valoración: Muy recomendable para quien tenga algún conocimiento de la historia de Portugal; para los demás, recomendable.
Lobo Antunes está considerado de una manera casi unánime (tan unánime que no suele ni decirse) como el mejor novelista portugués vivo. Ha escrito una treintena de novelas y varios libros de crónicas que lo sitúan como uno de los escritores más prestigiosos, aunque no como uno de los más populares, del continente. Sus novelas son generalmente densas, difíciles, irónicas, críticas, oscuras. De todo ello es un buen ejemplo Las naves (aunque mi favorita sigue siendo Esplendor de Portugal).
Es díficil resumir el argumento de Las naves. Sería algo así: en torno a la época de la Revolución de los Claveles y la descolonización portuguesa, por una Lisboa (o Lixboa) cutre y patibularia, poblada de prostíbulos, discotecas baratas y pensiones malolientes, se pasean las grandes figuras de la historia de Portugal, como Luis de Camões, Vasco da Gama, el rey don Manuel (y muchos otros menos conocidos para el lector español medio), convertidos en inmigrantes, o mejor dicho, "retornados", y obligados a buscarse la vida en una ciudad y un país que ni los reconoce ni los respeta.
Con la anulación de la temporalidad, o dicho de otra forma, al comprimir la historia de Portugal en un único momento y despojarla de todo su brillo y su retórica, Lobo Antunes construye un discurso alternativo a la versión oficial, en cierto modo realizando la misma labor de zapa que Juan Goytisolo con la historia española en una época algo anterior. (Recordemos que esta novela fue escrita en 1988; el tema de la descolonización y los retornados solo ahora está empezando a ocupar un espacio relevante en la producción cultural portuguesa).
Quizás esta novela resulte algo lejana para los lectores españoles que, como no han mamado la gloriosa historia de los Descubrimientos y el Imperio portugués, quizás aprecien peor el esfuerzo iconoclasta de Lobo Antunes (nombres como Diogo Cão o Pedro Álvares Cabral no dicen mucho a quien no sea portugués). Aun así, es admirable el trabajo técnico y estilístico de la obra, como admirable también es la precisión y el ritmo de la traducción de Mario Merlino, todo hay que decirlo.
También de António Lobo Antunes en ULAD: Aquí
miércoles, 22 de noviembre de 2023
Colaboración: ¿Qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar?, de António Lobo Antunes
Título original: Que cavalos são aqueles que fazem sombra no mar?
Traductor: Antonio Sáez Delgado
Año de publicación: 2009
Valoración: interesante y muy recomendable para fans
¿Qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar? estaba destinada a ser la penúltima novela de António Lobo Antunes. Así lo manifestó el propio escritor en el momento de su publicación. Nunca sabremos si la última iba a ser Sobre los ríos que van, crónica de la enfermedad que había padecido dos años antes y el título que sucedió a aquel órdago. Quizá sería menos aventurado pensar en la inolvidable Comisión de las lágrimas, donde llevó su fabulación hasta el límite. Tanto, que por ejemplo en España los críticos que hasta entonces solían reseñar sus novedades hicieron mutis por el foro. Pues vale... Lo cierto es que después de aquel (aparente) arrebato continuó con su ritmo de publicación de libro al año. Pero esta pudo haber marcado un final innecesario que nadie quería.
¿Qué caballos son aquellos...? cuenta el declive de una potentada familia agrícola. La casa en cuestión la llevan de aquella manera un padre que no ejerce como tal, una madre que lo hace de forma relativa y una criada, Mercília, que hace lo suyo y lo que no hacen los demás. El matrimonio tiene cinco hijos: Francisco, João, Beatriz, Ana y Rita. En el momento de la agonía de la madre se reúnen todos alrededor en un encuentro de presencias humanas con fantasmales. Y empiezan a debatir los motivos que les han conducido a la decadencia y a una más que previsible extinción. El trasfondo podría tener ciertos símiles con el de Cien años de soledad, si no fuera porque aquí nunca hubo lo que se dice un pasado de esplendor. Los narradores se van turnando y cada uno de ellos aporta al testimonio común una serie de vivencias particulares, de todo lo cual resulta la tormenta sin ambages en que se encuentra la saga.
Antes de todo, lo que había eran unos ciertos posibles económicos y una extensa finca de ganadería. Cuando el aliento de la memoria se pone en marcha se ven unos hijos a los que arrastra la vida. Más allá del primer plano aparecen un padre entregado a actividades y compañías precarias; una madre abandonada a la religión y el tempestuoso recuerdo de su juventud; y una criada, de origen dudoso, que intenta suplir la falta de ambos referentes con más voluntad que eficacia. Los hijos son víctimas de existencias disipadas, clientes de Caronte todos sin óbolo para el viaje. Los hay desde los que esperan agarrarse al clavo ardiendo de la parte de herencia que les toque hasta los que habrían querido tener un verdadero hogar al que volver como reposo del guerrero.
Todos los miembros de la familia tienen su minuto de gloria, aunque se desmienten unos a otros y acusan de manipulador a quien reproduce sus voces. Este transcriptor no es otro que el propio Lobo Antunes, gran partidario de esa tradición iberista que rinde armas a ancestros de una literatura común como Miguel de Unamuno. Como es habitual en el autor, la novela es un río de poesía con la corriente desenterrando diamantes a cada poco. Por momentos no se sabe si los personajes, como múltiples Ulises, alcanzarán el descanso o tendrán que encomendarse a la divina providencia, que es prácticamente lo único que les queda.
Firmado: César
También de Lobo Antunes: Aquí
miércoles, 11 de julio de 2012
António Lobo Antunes: Tratado de las pasiones del alma
Idioma original: portuguésTítulo original: Tratado das Paixões da Alma
Año de publicación: 1990
Valoración: Muy recomendable
No hace falta ya presentar a Lobo Antúnes: ya Yemila en su reseña de En el culo del mundo y yo mismo en la de Esplendor de Portugal hablamos de él en sus dos facetas de articulista-cronista, y de novelista, así que no voy a repetirme; solo volveré a decir una cosa que ya dije entonces: que Lobo Antunes me parecería un más que serio candidato al Premio Nobel, aunque quizás le perjudique ser de la misma nacionalidad de Saramago, por eso de que el Nobel últimamente intenta "premiar" a países y culturas distintas (con la excepción de Reino Unido, que debe de tener una bula especial).
Pero bueno, vamos a la novela, que es lo que interesa, y que es una novela hasta cierto punto similar y hasta cierto punto diferente a Esplendor de Portugal. Lo similar es la evidente preocupación por la técnica narrativa, la mezcla de planos temporales y de psicológicos, el retrato de la realidad contemporánea de Portugal. Esplendor de Portugal es probablemente más densa y más profunda en su tratamiento de los personajes y del problema central, que en aquel caso era el de los portugueses retornados durante y después de la descolonización; Tratado de las pasiones tiene dos ingredientes que la hacen una novela más llevadera: por un lado, tiene una trama casi policial que atrapa al lector, y por otra parte tiene una mayor carga de humor, llegando a veces a la farsa (por ejemplo en esa escena en la que el hombre del Ministerio habla con su mujer semidesnuda mientras su hijo destroza la casa a martillazos).
El arranque de Tratado... recuerda lejanamente a Conversación en La Catedral: dos hombres de clases sociales distintas conversan, y a través de esa conversación resucitarán los recuerdos y los fantasmas de pasados lejanos. En este caso, las dos partes de la conversación son un Juez de Instrucción y un detenido, al que conocemos inicialmente como "el Hombre" (aunque luego descubrimos que se llama Antonio y se apellida Antunes, aunque los elementos autobiográficos en la obra son difíciles de encontrar, más allá de la situación de la quinta en Benfica, un barrio que el escritor conoce bien). Los dos, ahora antagonistas, comparten una historia común: una infancia en la que los papeles estaban invertidos (el Hombre era hijo del señorito que empleaba al padre del Juez de Instrucción), y el diálogo se llena de tensiones, reproches, recuerdos y engaños.
A partir de este primer diálogo a puerta cerrada se inicia la trama casi policial, en la que acompañamos al Hombre, miembro de una chapucera célula terrorista de izquierdas, y al Juez, hombre frustrado y amenazado tanto por los terroristas como por las propias estructuras del poder, para las cuales no pasa de ser un "tonto útil". Los dos protagonistas-antagonistas se cargan progresivamente de ambigüedad: no sabemos si el Hombre ha traicionado a sus compañeros de célula, o si es el Juez el que se ha pasado al enemigo confiando informaciones confidenciales al Hombre.
Con esas tensiones, con una trama que se desarrolla con lentitud pero con ritmo constante y con la creación de un universo social y político alrededor de los protagonistas, Lobo Antunes construye una novela de muy alto nivel. Habrá que seguir leyéndole, por lo tanto; lo siguiente que va a caer, casi seguro, va a ser A ordem natural das coisas, que continúa la trilogía iniciada por Tratado... y cerrada por A Morte de Carlos Gardel.
También de António Lobo Antúnes: Aquí
viernes, 7 de agosto de 2020
Dulce Maria Cardoso: El retorno
Título original: O retorno
Traductor: Jerónimo Pizarro
Año de publicación: 2011
Valoración: Muy recomendable
La Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974 no solo puso fin a 41 años de Estado Novo; también terminó con la Guerra Colonial, que era uno de los motivos que había llevado a la rebelión de los capitanes de Abril. Así, entre finales de 1974 y 1975 se produjo un proceso de descolonización del Imperio portugués precipitado y caótico, que dio origen a lo que después se llamarían retornados: los portugueses o luso-descendientes que vivían en las antiguas colonias, sobre todo en Angola y Mozambique, y que salieron huyendo, poco antes o poco después de la independencia, en dirección a la metrópoli. Algunos consiguieron sacar algunas pertenencias en cajas o en maletas que se acumularon durante mucho tiempo en los muelles de Lisboa, pero muchos lo perdieron prácticamente todo; algunos tenían familiares que los acogieron, otros tuvieron que ser alojados y apoyados por el Estado. Su llegada a Portugal provocó un terremoto social, económico y político: eran casi medio millón de personas en un país de nueve millones, con hábitos, lenguajes, ideas diferentes; de hecho fueron generalmente mal recibidos, y el término "retornado" tiene todavía hoy una carga peyorativa que hace que sea rechazada por muchos de ellos.
Sobre este tema, que tiene algo de traumático, como sobre la Guerra Colonial, casi no se hablaba en Portugal hasta hace relativamente poco. Hasta que algunas obras, películas, series de televisión o exposiciones han empezado a romper el tabú y recuperar este tema para la memoria colectiva portuguesa. Y dentro de esta ola de recuperación, El retorno de Dulce Maria Cardoso (2011) ocupa un lugar particularmente relevante y simbólico, por su repercusión y su difusión, quizás comparable al Caderno de Memorias Coloniais de Isabela Figueiredo (2009). Naturalmente había obras anteriores, por ejemplo de Antonio Lobo Antunes (Esplendor de Portugal, Las naves...) pero no tuvieron la capacidad de generar debate y opinión que sí tuvo en cambio la obra de Dulce María Cardoso, sea por la dificultad propia de las obras de Lobo Antunes, o porque la sociedad portuguesa no estaba todavía preparada para afrontar el tema.
La historia de El retorno comienza precisamente en la última noche que la familia del narrador y protagonista pasa en Angola, antes de viajar hacia Lisboa: Rui, el hijo mayor de la familia, reflexiona frente a aquella "última cena" sobre su vida en Angola, la enfermedad de su madre, la Guerra, la revolución que les rodea y que ha hecho que muchos portugueses hayan salido ya en dirección a Portugal. Esa misma noche, el padre y patriarca de la familia es detenido por soldados angoleños, dejando a Rui en el papel de cabeza de familia, con la obligación de cuidar de su madre enferma y de su hermana menor. A la llegada a Lisboa, alojados por el gobierno portugués en un hacinado hotel de Estoril junto con otros retornados, deberá aprender a convivir con su nueva realidad, con la incertidumbre sobre el destino de su padre y del país, y con las turbulencias propias de un adolescente "en tiempos turbios", como siempre dice la directora del hotel.
Dulce Maria Cardoso se enfrenta a un equilibrio delicado, que creo que consigue sostener con éxito: por una parte, introducir todo el complejísimo contexto histórico, tanto de Angola como de Portugal, introduciendo datos, nombres, conceptos y expresiones propias de aquellos lugares y aquellos tiempos, y reproduciendo el ambiente de una época llena de posibilidades, sueños y miedos, en lo individual y en lo colectivo; por otra parte, crear unos personajes y una trama que se sostengan por sí solos y que atrapen al lector, sin que la documentación y la ambientación, como tantas veces ocurre, se coma a la narrativa. (Véase, por ejemplo, El sueño del celta de Vargas Llosa como ejemplo de fracaso en este equilibrio).
Como digo, la escritora consigue mantener esta tensión, sobre todo con la construcción de una voz narrativa que atraviesa el texto, la del joven Rui, ansioso e inseguro en un nuevo mundo desconcertante, desde un punto de vista histórico pero también vital. Quizás la primera sección, más breve, dedicada a los últimos días de vida en Angola, sea la más potente, mientras que la segunda, ya en Lisboa, llega a perderse en algunos episodios secundarios menos originales o interesantes. Pero es en efecto la voz de la memoria de Rui, un stream of consciousness que hace pensar, cómo no, otra vez en Lobo Antunes (aunque sin llegar a su nivel de barroquismo narrativo), la que da unidad y coherencia tanto a la trama narrativa como al conjunto de eventos y momentos históricos que se nos presentan.
La novela, por otra parte, consigue huir también de otro gran peligro en este tema: el saudosismo de una época pasada, la memoria idealizante y lusotropicalista del "buen imperialismo" portugués. El retorno muestra a la familia de Rui de forma simpática (o si se quiere, empática), y hasta cierto punto se los retrata como "buenos colonos", que no maltratan ni explotan [demasiado] a los angoleños. Pero no por ello se esconde la realidad de dominación, violencia y racismo que suponía el imperio colonial portugués, algo que todavía hoy muchos portugueses tienen cierta dificultad en reconocer. No es, en este sentido, una novela tan cruda como el Caderno de memórias coloniais, o como algunas de las obras de Lobo Antunes que han narrado esta época y estas cuestiones, pero tampoco es una visión edulcorada (I had a farm in Africa) de la relación entre países, clases e individuos en un contexto de dominación colonial.
El retorno, por cierto, está publicado en la editorial "La Umbría y la Solana", que está haciendo una labor encomiable por publicar obras clásicas y actuales de la literatura portuguesa en España. Dentro de poco #HabráReseña de Todo son historias de amor, también de Dulce María Cardoso, publicado por la misma editorial...
viernes, 15 de octubre de 2010
José Cardoso Pires: El delfín
Título: O Delfim
Año de publicación: 1968
Valoración: Muy recomendable
El Delfín, de José Cardoso Pires, está considerada como una de las mejores novelas portuguesas del siglo XX, sin contar a los omnipresentes Lobo Antunes y Saramago. Y con razón, diría yo. Es una novela inteligente, irónica, corrosiva y magistralmente escrita. No es una novela sencilla, pero en eso radica buena parte de su atractivo: en su complejidad y en su constante burla de los cánones literarios e ideológicos dominantes.
El argumento toma la apariencia externa de una novela de misterio o de suspense: tras un año de ausencia, el narrador vuelve a la Gafeira, una aldea ficticia de Portugal, para cazar patos, y descubre que el "cacique" del pueblo, el Ingeniero Tomás Manuel da Palma Bravo (el "delfín" del título), ha desaparecido, poco después de la muerte de su mujer y de su criado Domingo. En un ambiente casi sobrenatural, con una niebla constante que rodea la laguna cercana, la historia se desarrolla entre esos dos planos temporales (las dos últimas visitas del narrador a Gafeira) y con una cierta estructura de novela policial, en torno al misterioso doble crimen.
Son muchas las cosas que me han gustado en esta novela: el modo irónico y despreocupado con que está escrita, el constante juego de voces, planos, textos y versiones que se mezclan en ella; también son estupendos los personajes principales (el Ingeniero, María das Mercês, el propio narrador o su posadera, cuya descripción es magníficamente hiperbólica); pero sobre todo el ambiente de hipocresía y decadencia que lo envuelve todo, como una atmósfera rancia que los críticos han identificado con la del Portugal del último salazarismo.
Hay una versión cinematográfica, que no he visto pero que me propongo ver, y un estupendo (y bastante extenso) reportaje de la RTP sobre la obra, accesible en Youtube (pongo la primera parte, quien esté interesado solo tiene que seguir después los enlaces relacionados):
Otras obras de Cardoso Pires en ULAD: La república de los cuervos, Historias de amor, De profundis. Vals lento
jueves, 16 de noviembre de 2017
Nuestros autores olvidados #11: El día de los prodigios de Lídia Jorge
Título original: O dia dos prodígios
Año de publicación: 1980
Valoración: Muy recomendable
A diferencia de mis colegas, que han hecho justicia a determinados autores individuales olvidados hasta ahora por nosotros, con esta entrada yo me propongo hacer un desagravio colectivo: por ULAD han pasado ya muchos de los grandes escritores (hombres) que han marcado la historia de la literatura portuguesa (Camões, Eça de Queirós, Pessoa, Saramago, Cardoso Pires, Lobo Antunes, Gonçalo M. Tavares...), pero no así las escritoras (mujeres) que marcan, sobre todo, el siglo XX: la poetisa y narradora Sophia de Mello Breyner, la multifacética Natália Correia, Agustina Bessa-Luis, hermética y exigente, o la imaginativa y no menos exigente Lídia Jorge, que con obras como El día de los prodigios o La costa de los murmullos vino a representar la apertura de una nueva fase en las letras portuguesas tras la Revolución de los Claveles.
El día de los prodigios, publicada en 1980, trata precisamente, aunque de una forma tangencial e irónica, sobre la revolución del 25 de abril. La acción se sitúa en un pequeño pueblo del Algarve, Vilamaninhos, en el que en los mismos días de la revolución se están produciendo fenómenos asombrosos: una serpiente que vuela, una mula que huye, unos soldados que llegan al pueblo ataviados con claveles en las armas... Así, los grandes acontecimientos de la Historia quedan diluidos, por no decir anulados, en el contexto de la pequeña historia de la aldea, sus conflictos y relatos cotidianos y su cosmovisión mítica y mágica.
Por esta visión imaginativa en la que lo real y lo mítico se mezclan, El día de los prodigios ha sido comparado muy frecuentemente con el realismo mágico latinoamericano; quizás exista una influencia directa o una coincidencia en la perspectiva narrativa, pero creo que esta obra también conecta con una tradición propiamente portuguesa: la de la representación del mundo rural interior, como un microcosmos cerrado en el que operan reglas (morales, mentales e incluso naturales) diferentes a las de la gran ciudad o el gran mundo: así, Vilamaninhos podría ser perfectamente la villa en la que transcurre Humus, de Raul Brandão, o un primo hermano de la Gafeira de El Delfín de Cardoso Pires, que comparte con esta novela también la búsqueda estilística y técnica más exigente.
Porque, efectivamente, ningún comentario de esta novela puede dejar de lado la belleza y la eficacia del estilo de la autora, que mezcla la reproducción del habla de los habitantes de la aldea (con alteraciones fonéticas, por ejemplo) con una imaginación metafórica y una experimentación formal y estilística sorprendentes: las voces de los personajes se confunde a veces en largos párrafos en estilo indirecto y sintaxis entrecortada; otras veces aparecen indicados en forma de diálogo, o a doble columna, o con una indentación inferior al resto del texto.
Y el estilo: compacto, poético, trabajado como con un cincel. Copio un párrafo del principio de la novela, como ejemplo:
Carminha parecía fazer adeus, mas apenas lavaba janelas. Um pano branco na mão. O braço adejando de encontro ao vidro. Alguidarzinho ajoujado de espuma cremosa, um alguidar maior de pura água macia. Novelo de saias entre pernas. Cadeira de tábua ajaezada de nódoas, flores vermelhas. Os pés aí juntos no fundo côncavo. As pernas de leve penugem rasinha. Então Carminha empertigava-se de encontro à mancha renitente entre a unha e o vidro. Minúscula, fruto de mosca palhetando asas em tempo vazio, compondo um ovo de esterco redondo. E ali impregnado no vidro da quadrícula despintada de branco. Zing zing de encontro à lisura espelhada.
Que si soy capaz de traducirlo bien (Camões me perdone si no), significaría:
Carminha parecía decir adiós, pero solo lavaba ventanas. Un trapo blanco en la mano. El brazo agitándose al encuentro del cristal. Palanganita coronada de espuma cremosa, otra palangana mayor de pura agua suave. Embrollo de faldas entre piernas. Silla de tabla enjaezada de manchas, flores rojas. Los pies ahí juntos en el fondo cóncavo. Las piernas de leve plumaje rasito. Entonces Carminha se yergue al encuentro de la mancha persistente entre la uña y el cristal. Minúscula, fruto de mosca paleteando alas en tiempo vacío, componiendo un huevo de estiercol redondo. Y allí impregnado en el cristal de la cuadrícula despintada de blanco. Zing zing al encuentro de la lisura espejada.
Lídia Jorge tiene en Portugal un estatuto de clásico contemporáneo, de clásico vivo, del que no disfruta tanto fuera de sus fronteras. De hecho, El día de los prodigios no está todavía traducido al español (sí en cambio, entre otras obras, La costa de los murmullos). Esperemos que lo sea en breve, y Lídia Jorge deje de ser una autora solo conocida en Portugal.
También de Lídia Jorge en ULAD: Los tiempos del esplendor
miércoles, 31 de agosto de 2016
Vergílio Ferreira: Mañana sumergida
Título original: Manhã submersa
Año de publicación: 1954
Valoración: recomendable
Vergílio Ferreira es (como Raúl Brandão, con quien comparte ciertos ambientes, temas y estéticas) uno de esos autores que en Portugal son considerados clásicos, pero que en España apenas son conocidos. Afortunadamente, Acantilado parece estar traduciendo y difundiendo la obra de este autor entre nosotros: ha publicado ya seis de sus obras, aunque todavía no se ha decidido con esta Manhã submersa, quizás por ser un libro un tanto oscuro y opresivo, que puede no ser plato para todos los gustos. Y sin embargo, esta es una muy buena novela de iniciación o de paso a la madurez, al mismo tiempo que retrata un Portugal rural mísero, dominado por la religión y las desigualdades sociales.
El protagonista de la novela es António Santos Lopes, un niño de catorce años de una familia pobre, que es enviado al seminario con la esperanza de que llegue a ser sacerdote y pueda sostener a su madre y sus hermanos. El ambiente opresivo del seminario, la represión sexual, el miedo que los curas provocan en los seminaristas, la brutalidad de los familiares del pequeño António, todo ello contribuye a crear una atmósfera asfixiante descrita con una técnica por momentos casi naturalista que, al igual que sucedía con El delfín de Cardoso Pires, puede interpretarse como una metáfora del Portugal del Estado Novo, "orgullosamente solo".
Pero Mañana sumergida se ha leído sobre todo como una novela existencialista: el niño António (que comparte muchos rasgos con el propio Vergílio Ferreira, también seminarista en su día) se revuelve contra quienes intentan obligarlo a tomar los caminos establecidos (su familia, D. Estefânia, los Padres del seminario...) y lucha por encontrar su propio camino, su propia individualidad, a través de una soledad profunda que es al mismo tiempo buscada y angustiosa. Apartado poco a poco de todos aquellos en quienes cree encontrar un compañero de rebeldía (Gama, Gaudêncio...), se ve forzado a decidir quién es, quién quiere ser, y si va a adaptarse a las normas sociales que se le imponen o a quebrarlas.
Independientemente de que sea la representación del Portugal más conservador y cerrado, o de una lucha individual por encontrar la esencia en medio de la existencia, hay un elemento llamativo en Manhã submersa, que creo que comparte el resto de sus obras: el cuidado por el estilo, que casi se podría denominar de impresionista, por su atención a los colores, olores, sonidos, formas. Vergílio Ferreira abunda en descripciones que consiguen ser poéticas sin ser demasiado poéticas, sin caer en el adjetivo fácil ni en la cursilería, algo difícil de conseguir.
Esperemos que la obra de este autor siga difundiéndose en España, para que la literatura portuguesa del siglo XX sea un poco más conocida más allá de Pessoa, Saramago y Lobo Antunes.
miércoles, 10 de octubre de 2012
Premio Nobel 2012: Hagan sus apuestas
Vamos a proceder por eliminación: a la Academia Sueca le gusta repartir sus gracias con variedad (un año aquí, otro en la otra punta del globo...), así que nuestra primera apuesta, considerando que el año pasado ganó Tranströmer, es que este año el premio no será para ningún europeo, o por lo menos para ningún europeo-occidental (dejamos fuera de las apuestas, por tanto, a candidatos sólidos como McEwan, Magris, Lobo Antunes o Cees Nooteboom). Por el mismo motivo, también apostaría a que este año no va a ganar un poeta (lo siento, Adonis, otro año más que te quedas sin premio).
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| Don DeLillo |
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| Alice Munro |
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| Enrique Vila-Matas |
En fin, que si nos pedís uno o dos nombres, nos quedamos con DeLillo y Pynchon. Pero también es posible que la Academia Sueca nos sorprenda a todos premiando a un casi-desconocido. Mañana lo sabremos...
jueves, 12 de marzo de 2015
Herberto Helder: Los pasos en torno
Título original: Os passos em volta
Año de publicación: 1963
Valoración: Muy recomendable
Estoy últimamente muy monotemático con la literatura portuguesa (Eça de Queirós por partida doble, José Cardoso Pires y ahora Herberto Helder), pero no viene mal, porque realmente la literatura portuguesa es muy mal conocida en España (si exceptuamos a Pessoa, Saramago y Lobo Antunes), y hay autores que vale la pena rescatar del olvido. El autor que reseño hoy, Herberto Helder, está considerado como uno de los autores fundamentales de la literatura portuguesa, a pesar de que (o quizás porque) se niega a dar entrevistas, a ser reeditado o a recibir premios, un poco como J. D. Salinger o Pynchon.
Herberto Helder es conocido sobre todo como poeta; la obra que reseño hoy, Los pasos entorno (hay una traducción de Ana Márquez para Hiperión) es una obra de prosa, aunque me resisto a decir que es un volumen de relatos. Es más bien una colección de textos de prosa poética, algunos más próximos de la narración, otros del diálogo y otros de la recreación onírica o poética de la realidad.
Hay, como decía, en este libro textos que son más estrictamente calificables como cuentos (por ejemplo "Enfermedades de la piel", simplemente magnífico); algunos están cerca de la parábola o la fábulo (como "Teoría de los colores" o "Perros, marineros", que es probablemente mi favorito); pero otras veces la prosa duda entre la narración y la reflexión poética, entre la autoconsciencia y la ironía. El narrador, el poeta, aparece varias veces en el texto en primera o tercera persona. Y hay también paisajes de ciudades europeas por las que el autor viajó: Amberes, Amsterdam, París...
A pesar de que el libro es, como digo, bastante plural, tiene sin embargo una unidad indudable: la unidad que le da el estilo y la utilización del lenguaje que es, sin duda, la de un poeta, por mucho que en esta ocasión escriba en prosa. Es un lenguaje cuidado, sugerente, escogido milimétricamente pero sin necesidad de recurrir a lenguajes pedantes o esotéricos. Lo mejor que uno puede hacer con este libro es dejarse llevar por las palabras que giran, de una manera muy diferente a lo que lo hacen en una narración convencional, en torno a determinados temas, personajes, lugares, hechos.
Así empieza el libro, y no digáis que no da ganas de seguir leyendo:
Se eu quisesse, enlouquecia. Sei uma quantidade de histórias terríveis. Vi muita coisa, contaram-me casos extraordinários, eu próprio... Enfim, às vezes já não consigo arrumar tudo isso. Porque, sabe?, acorda-se às quatro da manhã num quarto vazio, acende-se um cigarro... Está a ver? A pequena luz do fósforo levanta de repente a massa das sombras, a camisa caindo sobre a cadeira ganha um volume impossível, a nossa vida... compreende?... a nossa vida, a vida inteira, está ali como... como um acontecimento excessivo... Tem de se arrumar muito depressa. Há felizmente o estilo. Não calcula o que seja? Vejamos: o estilo é um modo subtil de transferir a confusão e violência da vida para o plano mental de uma unidade de significação. Faço-me entender? Não? Bem, não aguentamos a desordem estuporada da vida.
[Si yo quisiera, enloquecería. Sé una cantidad de historias terribles. He visto muchas cosas, me contaron casos extraordinarios, yo propio... En fin, a veces ya no consigo ordenar todo eso. Porque, ¿sabe?, uno se despierta a las cuatro de la mañana en un cuarto vacío, enciende un cigarro... ¿Lo ve? La pequeña luz de la cerilla levanta de repente la masa de las sombras, la camisa caída sobre la silla gana un vlumen imposible, nuestra vida... ¿comprende?... nuestra vida, la vida entera, está allí como... como un acontecimiento excesivo... Hay que poner orden muy rápido. Felizmente está el estilo. ¿No adivina lo que es? Veamos. el estilo es un modo sutil de transferir la confusión y la violencia de la vida para el plano mental de una unidad de significación. ¿Me explico? ¿No? Bien, no aguantamos el desorden espantoso de la vida.]
Siempre nos quejamos (por lo menos yo a veces me quejo) de que se lee poco relato, de que se lee poca poesía, de que solo se lee novela. Y es verdad, y en este blog contribuimos a esa misma tendencia. Leer Los pasos entorno es una forma de matar dos pájaros de un tiro: no solo se está leyendo relato, no solo se está leyendo poesía; se está leyendo mucho más.
miércoles, 4 de julio de 2018
Ciudades de libro #3 Lisboa: El rinoceronte y el poeta de Miguel Barrero
Año de publicación: 2017
Valoración: está bien
No es sencillo escribir sobre una ciudad que adoras, sobre todo si esa ciudad no es la tuya: es demasiado fácil caer en la idealización, en la postal exótica o en el tópico turístico. Algo así pasaba en otras dos novelas reseñadas por aquí, que tenían Lisboa como escenario de la acción: La calle de los ángeles de Jon Arretxe y Tren nocturno a Lisboa de Pascal Mercier. Algo así pasa, también, aunque en menor medida, en El rinoceronte y el poeta de Miguel Barrero. De hecho, El rinoceronte y el poeta ha sido definida como una "declaración de amor a la literatura, a Pessoa, a Lisboa". Y eso está muy bien. Lo que pasa es que ese amor debe transformarse en una obra literaria que se sostenga por sí propia, independientemente de lo bonito que sea el objeto amado. Y mira que a mí me gusta Lisboa, ¿eh?
Desde el punto de vista del argumento, El rinoceronte y el poeta se basa en un misterio: el profesor Eduardo Espinosa recibe una escueta carta de un colega, especialista como él en la obra de Pessoa, invitándolo a viajar a Lisboa para una conversación importante. El motivo de esa convocatoria y lo que se desvela en esa conversación entre eruditos no lo voy a contar, para no destripar la novela; y también porque casi es lo de menos: en realidad esa trama literario-detectivesca parece una excusa para que, mientras dura la espera de Espinosa, Miguel Barrero nos cuente cosas sobre Lisboa, sobre Pessoa, sobre el primer rinoceronte que llegó a Europa, desembarcado en Lisboa el 20 de mayo de 1515, sobre Cristóbal Colón, sobre el rey Don Manuel...
No es que estas digresiones sean poco interesantes, de hecho algunas de ellas son bien curiosas, sobre todo las referidas a los rinocerontes, su llegada a Europa y su posterior representacion / mitificación. También muchas de las historias biográficas o literarias sobre Fernando Pessoa resultan atractivas, porque en general casi todo lo que tiene que ver con Fernando Pessoa resulta atractivo. En cambio, otras digresiones están más traídas por los pelos, y el que el narrador repita "recordó Espinosa", "Espinosa pensó", etc., no hace que resulten más naturales: es inevitable pensar que quien recuerda esas cosas no es el personaje, sino el narrador, o mejor, el autor.
Y en cuanto a la representación de Lisboa, aunque por una parte es coherente con la figura del protagonista (un estudioso de Pessoa que visita la ciudad durante tres días, y que por lo tanto recorre solo aquellas áreas relacionadas con el poeta), no deja de resultar llamativo que se limite a barrios y puntos centrales y turísticos: Restauradores, Baixa, Bairro Alto, Alfama, Belém, el eléctrico 28, el cementerio de Prazeres... En ningún momento se visita ni se menciona la Lisboa del día a día, en la que la gente se levanta a las 7.30 de la mañana en un apartamento que apenas puede pagar, coge un autobús hasta los topes durante cuarenta minutos y llega a tiempo de servir cafés y pasteles de nata a los turistas por un sueldo que no llega a los 600€. Y se me dirá: ¡claro, no hay ninguna obligación de hablar de eso! Y contestaré: efectivamente, obligación, en literatura, prácticamente ninguna. Pero es que la otra Lisboa, la de A Brasileira, el Martinho da Arcada y el monasterio de los Jerónimos ya está muy vista; no estaría mal, de vez en cuando, intentar algo nuevo...
Es posible que esté sonando demasiado duro con la novela, y tengo que decir que El rinoceronte y el poeta está bien (de ahí la valoración: "está bien"). De hecho, no le falta mérito al hecho de conseguir mantener una trama basada en que un personaje espera dos días para reunirse con otro, y hablar. Y además está bien escrita, en el sentido de que el estilo está evidentemente cuidado y trabajado, si bien a veces cae en barroquismos y preciosismos excesivos para mi gusto. Un ejemplo, tomado de la primera página de la novela:
Quinientos años después, en una estupenda mañana de agosto en la que el sol doraba los campos y un cielo azul llenaba de optimismo los designios de una tierra condenada, mientras viajaba a bordo de un tren que comunicaba el epicentro de la meseta castellana con la para él bellísima desembocadura del Tajo en el Atlántico, el profesor Eduardo Espinosa pensó en aquel rinoceronte y se preguntó, por primera vez, si su historia podría entretejerse de algún modo con la del poeta a cuyo estudio había dedicado la mayor parte de su vida.Vuelvo a oír una voz (¿de quién?) que dice: pues si no te ha parecido que estas novelas retratan bien Lisboa, ¿cuáles recomiendas? Y aquí, aun corriendo el riesgo de ser tópico yo mismo, tengo que referirme a los más grandes: el Libro del desasosiego del inevitable Pessoa, El año de la muerte de Ricardo Reis de Saramago, buena parte de la obra de Lobo Antunes o de Cardoso Pires, o si nos ponemos históricos, Os Maias de Eça de Queirós... Como se ve, es muy difícil (o así lo veo yo, por lo menos) que alguien que no ha vivido un largo tiempo en una ciudad escriba un gran libro sobre ella. Por mucho cariño que se le coja a un lugar durante una estancia de semanas, días o incluso meses, llegar a comprender el alma de las ciudades, si es que eso existe, lleva mucho más tiempo...
lunes, 20 de diciembre de 2021
2021: No nos lo hemos leído todo, pero... (antiguamente conocido como Lo mejor del año)
- Mejores libros de relatos: Sacrificios humanos de María Fernanda Ampuero y Lo que ruge de Izaskun Gracia Quintana.
- Mejor novela histórica: Hamnet de Maggie O'Farrell.
- Debut más deslumbrante: Panza de burro de Andrea Abreu.
- Mejor novela gráfica: Todo bajo el sol de Ana Penyas.
- Más novelas gráficas/cómics estupendas (es que he leído muchas este año): Heimat de Nora Krug, Angola Janga de Marcelo D'Salete, Nieve en los bolsillos de Kim, Los ignorantes de Étienne Davodeau, Aventuras de un oficinista japonés de José Domingo.
- Novela ilustrada: Flor fané de Sara Morante.
- Novela de dar (un poco de) miedito: La casa al final de Needless Street de Catriona Ward.
- Libro de no ficción (aunque a veces no lo parezca): Territorios improbables de Pedro Torrijos.
- Libro que más me ha costado leer (y no por mal escrito): El monstruo pentápodo de Liliana Blum.
- Libro que no me atreví a reseñar: El hombre de hielo de Philip Carlo.
10. Humo de José Ovejero
9. No es un río, de Selva Almada8. Simpatía de Rodrigo Blanco Calderón7. Alguien camina sobre tu tumba de Mariana Enríquez6. Caracas muerde de Héctor Torres5. La canción de NOF4 de Raúl Quinto4. Contra vosotros de Mercedes Soriano3. La última niebla / La amortajada de María Luisa Bombal2. Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez (Juan: no te reto a duelo porque en el fondo te tengo cariño)1. Los galgos, los galgos de Sara Gallardo
- Clásicos olvidados: Un guiso de lentejas de Mary Cholmondeley, Todos los hombres del rey de Robert Penn Warren.
- Clásicos que merecen una relectura: Tereza Batista cansada de guerra de Jorge Amado, La conciencia de Zeno de Italo Svevo.
- Otros clásicos destacables: Y no dijo ni una palabra de Heinrich Böll, El lugar sin límites de José Donoso, El día de la lechuza de Leonardo Sciascia, El mortal inmortal de Mary Shelley.
- Novelón del siglo XXI: Yo confieso de Jaume Cabré.
- Novela actual más reivindicativa: Las alegres de Ginés Sánchez.
- La más rompedora en contenido y estructura: Seis formas de morir en Texas de Marina Perezagua.
- Más textos actuales destacables: Babilonia de Yasmina Reza, No es un río de Selva Almada.
- Mejor ensayo: El siglo del populismo de Pierre Rosanvallon.
- Mejor texto de investigación científica: El extraño orden de las cosas de Antonio Damasio.
- Mejor crónica contemporánea: Las grietas de América de Mikel Reparaz.
- Novela decepcionante de autor prestigioso: Muerte de Sevilla en Madrid de Alfredo Bryce Echenique.
- Volumen de relatos que abandoné por indigesto para la mentalidad actual: Pájaros de fuego de Anaïs Nin.
- Texto de auto ficción más anodino: El sistema del tacto de Alejandra Costamagna.
- El más flojo e inconexo (Sin género definido): Devoción de Patti Smith.
- Un testamento vital decepcionante: Gratitud de Oliver Sacks.
- Biografía peor documentada: La virgen roja de Fernando Arrabal.
- Autobiografía más tópica y repetitiva: El lugar de Annie Ernaux.
- Mejor novela: La isla de los jacintos cortados, de Gonzalo Torrente Ballester
- Libro de relatos: Las armas secretas, de Julio Cortázar
- Novela gráfica: Travesti, de Baudoin (a partir de Cartarescu)
- Mejor clásico (aunque nada del otro mundo): Papa Goriot, de Honoré de Balzac
- Relectura anual: El rey Lear, de William Shakespeare (reseña pendiente)
- Tocho anual, o casi: Middlemarch, de George Eliot
- Libro de viajes: ex-aequo Una pesadilla con aire acondicionado, de Henry Miller, y Héroes de la Antártida, de Javier Cacho
- Ensayo:
- sobre deporte, pero mucho más: Del boxeo, de Joyce Carol Oates
- asuntos sociales de actualidad: El síndrome Woody Allen, de Edu Galán, y La España de las piscinas, de Jorge Dioni López (reseña mañana)
- política: Contra la izquierda, de Jordi Gracia
- arte: De cómo Nueva York robó la idea de arte moderno, de Serge Guilbaut
- filosofía: Discurso del método, de René Descartes
- Obra de teatro: Los Gondra / Los otros Gondra, de Borja Ortiz de Gondra
- Libro del año: Napalm al cor, de Pol Guasch
- Ensayo del año: Los legados, de Lluís Calvo
- Autobiografía del año: Trilogía de Copenhague, de Tove Divletsen
- Grandes debuts en narrativa: Pol Guasch, Carlota Gurt
- Descubrimientos del año (autores): Clarice Lispector, Octavia E. Butler, Jordi Benavente, Xavier Mas Craviotto (en poesía), Tor Ulven
- Consagraciones del año: Ali Smith, por su cuarteto estacional
- Experimento exitoso del año: Santiago López Petit, por su "Tan cerca de la vida"
- Caerán más libros de: Clarice Lispector, Siri Hustvedt
- Propósitos para el 2022: más poesía y (aún) más ensayo
- Lo mejor en narrativa: Un pequeño demonio, La mano izquierda de la oscuridad, Stoner y El caso del señor Crump. También las relecturas de Ethan Frome y Memorias del subsuelo, obviamente
- Lo mejor de no ficción (aun con sus limitaciones): La envidia igualitaria, El mito de la Izquierda / El mito de la Derecha
- Extravagancias varias: El Gran Miedo en la montaña, Demencia 21, Las once mil vergas, El sueño de los jueces, Crímenes selectos, Solo de trompeta, Nuevas alertas de empleo, La casa de arenas movedizas, El pare mort, El derrumbamiento, Los extraños, De miedo en miedo, Bienvenidos al bizarro, Reproducción por mitosis y otras historias
- Truños estratosféricos: Por qué soy monárquico, todo lo que necesito existe ya en mí
- Editoriales descubiertas: Quid Pro Quo, Áltera, InLimbo, Huso, Colectivo Juan de Madre, consonni, Pentalfa, Aristas Martínez
- Propósitos para el 2022: Publicar la antología Para los que estáis irreconocibles, escribir un guión, leer la misma cantidad de libros que antaño pese a trabajar una jornada de cuarenta horas
- Lo mejor en narrativa, del novelón a la novela corta: Expiación y Mejillones para cenar.
- El clásico imprescindible: Johnny empuñó su fusil
- Expectativas frustradas, cada cual a su manera: El hombre que susurraba a los caballos y Serge
- Relectura gratificante: Terra baixa
- Lecturas reivindicativas: Hay algo que no es como me dicen y La armadura del Rey
- De rabiosa actualidad (por desgracia): El consentimiento
- Lectura fetiche (mi Delphine de Vigan nunca me decepciona): Las gratitudes
- Propósitos para el 2022: (1) ampliar el abanico de autores sin llevarme demasiados chascos y (2) tirar al máximo de biblioteca pública, que cada vez queda menos para libros.
- Libro del año - por su modestia y por su panorámico alcance casi involuntario: Anna Ajmátova, de Eduardo Jordá - o como cubrirlo todo - ficción, historia, crónica, crítica, poesía - en unas cuantas páginas.
- Medalla de plata, ex aequo - Rafa Lahuerta Yúfera: Noruega, o cómo gestionar el aire nostálgico con elegancia y sin sonarse los mocos. Y un 10 absoluto por su enorme valentía. Y Jordi Amat: El hijo del chófer que, aparte del orgullo intrínseco de mostrarse contestatario con el statu-quo, es un inmenso ejercicio de periodismo crítico, que empezaba a parecer un oxímoron.
- Pelotón - demasiados y demasiado dispersos, algún ensayo muy disfrutable en su momento, pero algo ligero y, por lo tanto, no siempre memorables como para fortalecer las convicciones, así que me ahorro las menciones, perdonen los afectados.
- Rezagados - un nutrido grupo de lecturas para cubrir el expediente, que incluyen alguna tenue decepción: Revancha tampoco es la obra de madurez de Kiko Amat, El teatro de Sabbath me tuvo demasiadas páginas preguntando por Zuckerman, y sigo sin comprender como, al margen del voyeurismo social, se ensalza tanto el valor de Valle inquietante o de Mi año de descanso y relajación, que me parecieron, ambas retratos de una sociedad o de un mundo ajeno y casi elitista.
- Descalificado por tramposo (y por pesado) - Casi que voy a tirar la toalla con Javier Cercas, que en Independencia demuestra que está tan obstinado en usar sus libros para restregarnos sus rancias quejas ideológicas que se ha olvidado de interesar a sus lectores, gustarles o aportar algo relevante. Así que le enseño amablemente la puerta de salida. Adeu siau.
- Propósitos para 2022: más tiempo para alternar re-lecturas (no reseñables, ay) con algo que mitigue mi encasillamiento.
- Ana Starobinets: Tienes que mirar (este diría que ha sido mi Libro del Año)
- Elena Fortún: Oculto sendero (reseña programada para esta misma semana)
- Jane Lazarre: El nudo materno
- Edurne Portela: Los ojos cerrados
- Antonio Lobo Antunes: Memoria de elefante
- Berta Dávila: Carrusel
- Alejandro Melero Salvador: El secreto de la hierba
- Txani Rodríguez: Los últimos románticos
- Guadalupe Nettel: La hija única
- Ana Flecha Marco: Piso compartido (reseña programada para la próxima semana)
- María Fernanda Ampuero: Sacrificios humanos
- Silvia Moreno-García: Gótico
- J.M. Sala: Arde Torrevieja
- Izaskun Gracia Quintana: Lo que ruge
Un clásico que tenía pendiente: La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. LeGuin
También leí pero no me animé a reseñar: Tú también vencerás, de Jose||González; Días de euforia, de Pilar Fraile; Causas naturales, de Claudia Hernández.

















