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lunes, 13 de agosto de 2018

António Lobo Antunes: Libro de crónicas

Idioma original: portugués
Título original: Livro de crónicas
Año de publicación: 1998
Traductor: Mario Merlino
Valoración: muy recomendable

Me ha pasado con relativa frecuencia en Portugal: pregunto a alguien si ha leído a Lobo Antunes, y me contesta: "He leído las crónicas". Es lo que suelen responder, sobre todo, aquellas personas que no se dedican a la literatura y para las cuales las novelas de Lobo Antunes, en cambio, son demasiado exigentes. Es una buena noticia, por lo tanto, que este Libro de crónicas esté ahora también disponible para el público español, que así puede empezar mojándose los pies en la obra de uno de los mejores escritores portugueses del siglo XX y principios del XXI, antes de tirarse de cabeza a una de sus novelas.

Aunque el nombre de "crónicas" puede ser engañoso, como lo fue para mí antes de empezar a leer este libro. Una crónica, según el Diccionario de la RAE, es un "artículo periodístico o información radiofónica o televisiva sobre temas de actualidad". Narración, información, actualidad, periodismo. Esas son las características de una crónica, y las de Lobo Antunes solo las cumplen en parte: se publicaron originalmente en un periódico (el Público portugués), y son narrativas, pero ni son de actualidad ni son informativas, por muy laxos que seamos con el concepto de "información". De hecho, solo una especie de pudor o ironía parece evitar que estos textos se denomine "relatos" o "microrrelatos", que es lo que en muchos casos son.

Cada crónica tiene tres o cuatro páginas, ni más ni menos, y todas ellas cuentan una historia. En algunos casos, el protagonista y narrador se llama también António Lobo Antunes, y es también un médico transformado en escritor que vivió la guerra de Angola, aunque es difícil saber hasta qué punto muchas de estas historias son realmente autobiográficas, y cuándo son puras fantasías. Encontramos así un universo personal que se extiende entre Benfica y la Praia das Maçãs, en la que un Lobo Antunes niño sueña con ser futbolista o escritor, se relaciona con otros niños (y niñas) y se adentra en el mundo de los adultos. Estas crónicas son quizás las más entrañables.

En muchos otros casos se nos presenta a personajes cotidianos o surrealistas: seres torpes, solitarios, absurdos o divertidos, vencidos por la vida o condenados por sus propios errores. Algunas crónicas tienen un aire falsamente costumbrista (como por ejemplo una de mis favoritas, la que narra cómo las familias portuguesas van todas juntas a pasar los domingos en el centro comercial, y son todas tan semejantes que acaban intercambiándose unas con otras) y otras entran en el terreno de lo fantástico, a lo Cortázar (por ejempo en "La consecuencia de los semáforos").

Una vez leídas, se entiende por qué hay muchos portugueses que prefieren las crónica a las novelas de Lobo Antunes, y no es (solo) porque sean más fáciles de leer: es porque están llenas de humor, de crítica social (como en "Los pobrecitos"), de imaginación, de chispazos geniales, de belleza. En conjunto crean un panorama algo "bizarro" (en la acepción anglosajona del término) de Lisboa y Portugal en la segunda mitad del siglo XX, con sus diferencias de clase, sus traumas políticos y, claro, sus historias universales de amor y desamor. Leer todas las crónicas seguidas puede empachar (no fue así como se publicaron originalmente), pero si se leen con calma, disfrutándolas, una o dos o tres cada cierto tiempo, dan muchos momentos de felicidad lectora.

En Portugal se publicaron cuatro livros de crónicas, de los cuales tres están traducidos al español. Quien quiera empezar por ahí a conocer a uno de los grandes escritores portugueses de nuestro siglo, por lo tanto, tiene bastante material. 

Otras obras de António Lobo Antunes en Un libro al día.

viernes, 25 de junio de 2021

António Lobo Antunes: Memoria de elefante

Idioma original:
portugués
Título original: Memória de elefante
Traductor: Mario Merlino
Año de publicación: 1979
Valoración: recomendable e interesante para fans

Cuando se conoce relativamente bien la obra y el estilo de un escritor, sobre todo si es uno de los grandes como es el caso de Lobo Antunes, es una experiencia interesante volver la mirada a sus primeras obras, aquellas en las que se está formando el estilo, los temas y las técnicas que más adelante se convertirán en sus señas de identidad. No se trata generalmente de las novelas más perfectas (salvo excepciones de genios primerizos, que las hay), sino de tentativas más o menos conseguidas, primeros borradores de lo que luego será su trayectoria creativa. Algo así es Memoria de elefante, la primera novela de Lobo Antunes, que siendo en sí misma una novela notable (muy notable si fuese de cualquier otro escritor), resulta sobre todo interesante por lo que promete y lo que deja prever. 

Esta es, por ejemplo, quizás junto con Sobre los ríos que van, la novela más transparentemente autobiografica de Lobo Antunes. El protagonista, un médico psiquiatra que está viviendo con dolor la separación de su mujer y sus hijas, y que carga consigo el recuerdo de la guerra colonial en Angola, se pasea a lo largo de un día por las calles y barrios de Lisboa, de su casa al hospital, del hospital a la consulta del dentista, del dentista al psicólogo, y de nuevo a una casa sola y sin amueblar, donde se hunde en su propia soledad. No hace falta ser un lince para identificar al propio Lobo Antunes, muy levemente disfrazado, en este médico depresivo, arisco y malhablado (menos cuando piensa en el amor que todavía siente por su mujer, o por sus hijas). De hecho, el médico protagonista de Memoria de elefante también está pensando en escribir una novela, la primera, pero lo frena el miedo al fracaso o al ridículo.

Esta historia, en la que casi no hay historia, está narrada con una técnica algo diferente a la que luego se convertirá quizás en su rasgo más distintivo: la polifonía que mezcla la voz de un narrador muchas veces identificado con uno o varios personajes, con los pensamientos (con frecuencia obsesivos) de esos mismos personajes, y con los diálogos, que vienen a interrumpir la narración de forma abrupta y constante. En Memoria de elefante, la voz del narrador es aún bastante "tradicional": un narrador en tercera persona que no se identifica con el protagonista y que, si nos explica sus pensamientos, lo hace introduciéndolos con los habituales "pensó", "pensaba", "reflexionó", etc. Del mismo modo, la confusión y los juegos con las líneas temporales e históricas, que Lobo Antunes desarrolla en toda su obra y de forma aún más acentuada y eficaz en As naus, aparecen aquí atenuadas aún, porque cuando al protagonista lo asaltan los recuerdos (de la guerra, de la relación con su mujer) estos aparecen identificados como tales recuerdos. 
 
En otros aspectos, con todo, esta sí que es una novela inequívocamente escrita por Lobo Antunes. No solo por los temas mencionados (la soledad, el trauma de la guerra, la imposibilidad del amor), o por el escenario de fondo de una Lisboa nada turística (en parte porque la novela es de 1979, antes del boom del turismo de masas, y en parte porque a Lobo Antunes parecen atraerle otras partes más crudas o sórdidas de la ciudad). También por el estilo, cargado de referencias literarias, de imágenes y metáforas (como el propio protagonista reconoce, pensando sobre sí mismo), o por el tratamiento de los personajes, casi siempre degradante, esperpéntico, animalizante, con un énfasis en lo fisiológico, en las taras físicas, psicológicas o sexuales. Un mundo literario que quizás se podría comparar con el de Cela, con esa mezcla de virtuosismo formal y feísmo desesperanzado.

No es Memoria de elefante una mala novela; no es tampoco, sin duda, la mejor de su autor. Para llegar a su cima (que para mi gusto se sitúa en las obras producidas en torno a los años 90), Lobo Antunes necesitaba todavía separarse un par de grados de su propia autobiografía (sin nunca abandonarla completamente), proyectarse en un conjunto cada vez más amplio de personajes, darles una voz propia, y romper con las técnicas y modos narrativos tradicionales, creando su inconfundible estilo en el que narrador, personajes, pensamientos, memorias y diálogos componen una trama textual de creciente complejidad. 

Eso sí, como también decía al principio: si cualquier otro autor hubiese escrito Memoria de elefante, probablemente esta sería una de sus mejores novelas. Eso da idea de la magnitud de la obra posterior de Lobo Antunes.

 
Otras reseñas de Antonio Lobo Antunes en ULAD.

martes, 18 de octubre de 2011

António Lobo Antunes: Esplendor de Portugal

Idioma original: portugués
Título original: O esplendor de Portugal
Año de publicación: 1997
Valoración: Muy recomendable

António Lobo Antunes, para quien no le conozca, es el otro gran novelista portugués de la segunda mitad del siglo XX (el "otro", siendo el "uno", por supuesto, José Saramago). De hecho, y esto ya es una opinión personalísima, Lobo Antunes es más novelista que Saramago: Saramago siempre será, en mi opinión, un intelectual comprometido que escribía novelas, mientras que en Lobo Antunes se reconoce al "novelista de raza" (qué expresión tan fea), que en ocasiones ejerce de intelectual.

Siempre se habla de que Lobo Antunes es un eterno candidato al Nobel, y quizás termine ganándolo. De hecho, creo que lo merecería. En cambio, lo que no creo que consiga nunca es el favor del público en general, porque no es en absoluto un autor nada sencillo. Lo que Lobo Antunes ofrece en sus novelas (y en este Esplendor de Portugal en concreto) es la conciencia desnuda de sus personajes: el discurrir de su memoria, que salta entre distintos tiempos y entre diversos niveles (lo consciente, lo inconsciente, lo reprimido) y que se desliza reconstruyendo historias, pero no una historia en sentido tradicional.

Lobo Antunes exige un lector no solo activo, sino también atento, sensible y paciente, porque lo que él crea son mundos psicológicos y simbólicos a través de los cuales es posible reconstruir los hechos concretos que los provocaron. En este caso, son cuatro los personajes en cuyas mentes nos sumergimos: una familia compuesta por Isilda, la madre, que resiste aislada en la Angola post-descolonización; y los tres hermanos, Ruy, Clarisse y Carlos, que regresaron a una Lisboa a la que no pertenecen y que alimentan sus odios y resentimientos mutuos.

Esplendor de Portugal, como decía antes, no es una novela para todos los públicos, no porque describa escenas horrorosas (que alguna hay) o impúdicas escenas de sexo (que también), sino por su estructura y estilo descoyuntado, poético, combinatorio, fragmentario, desordenado, disperso. Entrar en el ritmo y el universo que propone la novela no es fácil; una vez que se han reconstruido las piezas fundamentales (quién es quién, qué relaciones hay entre ellos, cuáles son sus taras o secretos ocultos...) la lectura se hace más llevadera, y mucho más profunda. Y es una experiencia apasionante; mucho más, sinceramente, que la mayoría de las novelas de Saramago que he leído.

La nota tonta para terminar: Cada vez que en el libro leía el nombre de Clarisse, no podía evitar acordarme de El silencio de los corderos: "Quid pro quo, Clarice"... Qué daño ha hecho Hollywood a nuestras mentes...

También de Lobo Antunes: Aquí

miércoles, 8 de julio de 2026

António Lobo Antunes: El orden natural de las cosas

Idioma original: portugués 
Título original: A ordem natural das coisas
Traductor: Mario Merlino  
Año de publicación: 1992
Valoración: Muy recomendable
 
Este año murió, antes de tener la oportunidad de ganar un Premio Nobel que habría sido muy merecido, António Lobo Antunes, el otro gran escritor portugués de finales del siglo XX y principios del siglo XXI (creo que no hace falta decir cuál es el uno). Deja una obra inmensa, compuesta fundamentalmente por un corpus de novelas, prácticamente a un ritmo de una por año desde mediados de los años 80, que crean un panorama y un diagnóstico (al fin y al cabo, Lobo Antunes era médico) del Portugal anterior y posterior a la Revolución de los Claveles de 1974. 
 
A este propósito responde precisamente El orden natural de las cosas (1992), que junto con el Tratado de las pasiones del alma (1990) y La muerte de Carlos Gardel (1994) compone lo que se ha llamado la trilogía o ciclo de Lisboa. En efecto, la compleja y ramificada narrativa de esta novela nos presenta las vidas de un conjunto de personajes, desde mediados del siglo XX, en pleno Estado Novo (el régimen autocrático dirigido durante décadas por Salazar) hasta poco después de la llegada de la democracia. 
 
No será fácil para el lector conseguir entender exactamente quiénes son estos personajes; las cosas en las novelas de Lobo Antunes casi nunca son fáciles. Serán necesarias probablemente dos lecturas del texto, o un bloc de notas y un bolígrafo, para conseguir reconstruir el árbol genealógico de la obra - porque, como en otras novelas de Lobo Antunes, en el centro de la trama se encuentra una familia, los Valadas, un conjunto de "vencidos por la vida": el padre, que representa la figura patriarcal tan típica de la obra loboantunesiana, y sus hijos, Jorge (militar acusado de conspirar contra el Estado Novo y encarcelado y torturado por ello); Fernando, el "estúpido" de la familia; o Julieta, la hija loca encerrada en casa que respondería al tópico de la madwoman in the attic (a pesar de lo cual se queda embarazada del hijo de la costurera). A ellos se unen las tías Maria Teresa y Anita; la familia de Iolanda, una chiquilla diabética que se empareja con el sobrino bastardo de los Valadas, varias décadas mayor que ella, o también un misterioso escritor sin nombre que contrata a una especie de detective privado, ex-agente de la PIDE (la policía política del salazarismo) y actualmente formador de hipnotistas, para que encuentre, por motivos no demasiado claros, precisamente a este sobrino.
 
Solo este breve resumen ya podrá dar idea de la complejidad de la novela; ¡pero no se vayan todavía, aún hay más! (Si has entendido esta referencia, es hora de que te compres unas gafas de cerca). Porque esta novela, como también muchas otras del autor, es una obra polifónica; de hecho, cada uno de los cinco "libros" que la componen está narrada por no una sino dos voces diferentes, que el lector deberá identificar por su cuenta y riesgo - diez narradores en total. Y no solo eso: como es también marca de la casa para Lobo Antunes, cada una de estas voces está a su vez traspasada por otras voces: las de las personas con las que los narradores interactúan o dialogan, y también las voces que provienen de la memoria, a veces traumática, a veces consoladora, y muchas veces convertida en estribillo obsesivo. La memoria, y sobre todo la memoria de la infancia, es siempre un fantasma recurrente en la vida de los personajes, como un refugio al que querrían volver y no pueden. (En este sentido, Sobre los ríos que van sería la cristalización máxima de este eterno retorno a la infancia de un Lobo Antunes ya crepuscular).
 
La novela presenta, por lo tanto, desordenada y retrospectivamente, la vida de varias generaciones de una familia (o dos, si incluimos a la familia de Iolanda), atravesada por la historia reciente de Portugal: la guerra colonial, la descolonización, la represión del régimen salazarista, la revolución o la llegada de la democracia; pero a diferencia de otros textos, en esta novela la historia es apenas un trasfondo y no un núcleo, y cabría decir que su lugar lo ocupa el espacio: la ciudad de Lisboa. Es de hecho una novela extremadamente cartográfica, en la que abundan los topónimos y los espacios simbólicos; pero con raras excepciones, no se tratará de los espacios "turísticos" de Lisboa, sino de espacios periféricos (la "Estrada do Tojal", en la Benfica tan querida por Lobo Antunes pero ya cerca de los límites de la ciudad, o la proletaria Alcántara) o degradados (como el eje Rua Madalena - Martim Moniz - Rua Benformoso - Almirante Reis, con sus tascas y sus pensiones, sus restaurantes y su prostitución). Se trata por lo tanto de una Lisboa en la que estos "vencidos por la vida" encajan y transportan sus respectivas soledades entrelazadas; y en la que diversas violencias, dirigidas en muchos casos contra los más vulnerables (migrantes, prostitutas, enfermos mentales o físicos...) son retratadas en toda su crudeza.
 
Probablemente una novela con estos elementos sería demasiado pesada y agobiante como para ser soportable, o por lo menos disfrutable, si Lobo Antunes no tuviese la inteligencia y/o la sensibilidad de incluir también elementos que la aligeran. Así, por ejemplo, la brutalidad de la violencia y la crudeza de lo fisiológico se combinan con un ocasional lirismo, sobre todo en la presentación de relaciones amorosas; por ejemplo, el primer libro contiene el largo monólogo del sobrino que, inconsolablemente enamorado de Iolanda y consciente de la diferencia de edad y de sentimientos, habla con ella en un tono que mezcla lo nostálgico con lo poético y con lo rijoso. La novela tampoco carece de humor, un humor cruel a veces pero también absurdo, exagerado, bizarro, próximo del esperpento cuando, por ejemplo, el padre de Iolanda agujerea una cañería e inunda Alcántara de excrementos; o cuando su hermana, que tiene unos descomunales piedras en los riñoes, recibe reprimendas y desprecios de los médicos que la tratan por empezar curarse, porque estaban deseando que se muriese para estudiarla como caso clínico. El inconfundible estilo del autor ("nadie escribe como yo", solía decir, y tenía razón) también contribuye para elevar el texto más allá de cualquier tentación puramente naturalista.
 
El orden natural de las cosas (título que aparece referido dos veces en el texto, y que parece referirse a la sumisión de los personajes al destino a la realidad social, sin capacidad o voluntad de oponerse a ellos) es por lo tanto una novela de extrema complejidad; exige paciencia y concentración. Pero, como pasa con casi todas las novelas de este autor y de este tipo, ofrece también enormes recompensas a quien se anime a adentrarse en ella: el lector encontrará frases y capítulos magistrales, brutales, deliciosos; un universo complejo y sugerente, y una demostración de técnica narrativa y de poder imaginativo. En este año en que Lobo Antunes nos ha dejado, leerlo es la mejor manera de homenajearlo.
 
Otras obras de Lobo Antunes en Un Libro Al Día 

martes, 18 de agosto de 2009

António Lobo Antunes: En el culo del mundo

Idioma original: portugués
Título original: Os cus de JudasFecha de publicación: 1979
Valoración: Muy recomendable

De Lobo Antunes, escritor y médico especializado en psiquiatría portugués, y candidato al Nobel, únicamente conocía la página que escribía en el suplemento cultural de cierto diario; y me encantaba, porque a diferencia de otros escritores y periodistas que aprovechan el generoso espacio que se les concede para hablar de personajes célebres o hacer sesudos mini-ensayos de alto valor intelectual (pero que pueden ser auténticos castañazos), Lobo Antunes se “limitaba” a desnudarse: escribía sobre su pasado, su familia, sus sentimientos, sus impresiones, su desidia existencial, su poca/nula confianza en la especie humana, sus fobias, sus filias…, y todo ello, con una sensibilidad arrolladora, deslumbrando con un estilo intimista y adictivo que me recordaba en ocasiones a Enrique Vila-Matas, colaborador de la misma publicación y que también me gustaba mucho.

Comenté mi admiración por este hombre a una buena amiga de ascendencia portuguesa, y me dijo que en su país natal Lobo Antunes era un escritor muy respetado con unas cuantas novelas a sus espaldas; y fue precisamente dicha amiga la que me regaló en mi siguiente cumpleaños En el culo del mundo.

Leer aquella novela, un diálogo entre un hombre y una mujer en la que sólo se escucha al hombre, fue una auténtica delicia porque desde la primera línea comencé a degustar la esencia “lobezna” que tanto me atraía, lo cual no quiere decir que la trama sea agradable: ni mucho menos.

Trata de la dura experiencia de un médico militar en la guerra de Angola, una de esas tierras objeto de tejemanejes colonialistas en las que, no sé por qué, siempre llevan la voz cantante (incluso para denunciar las sangrientas injusticias que en ellas se cometen) los Malos, o sea, la potencia de turno que se dedica a asesinar e intimidar a los nativos para extender su dominio a miles de kilómetros del hogar materno.

Pero a Lobo Antunes no le tiembla el pulso a la hora de mostrar su rechazo hacia esos bajos instintos conquistadores (que persisten en pleno siglo XXI) en forma de un testimonio crudo y coherente, repleto de mutilaciones, vísceras, puntos de sutura y estomagantes escenas. El autor no intenta envolver en tules el horror de la guerra, un compendio de actos de lesa humanidad siempre injustificables. No por nada, él vivió en sus propias carnes la última fase de la liberación colonial de Angola.

Y desde una Lisboa tan estoica y (sólo) formalmente simple, como la propia savia del fado, el protagonista de En el culo del mundo demuestra que el pasado es una oscura sombra que tiñe con fiereza y sin remedio el alma de los hombres; para lo bueno y para lo malo.

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viernes, 14 de marzo de 2014

Antonio Lobo Antunes: Sobre los ríos que van

Idioma original: portugués
Título original: Sôbolos rios que vão
Año de publicación: 2010
Valoración: Muy recomendable

Lobo Antunes ha dicho varias veces, en varias entrevistas, que lo que él escribe no son novelas, aunque se resiste a darles un nombre alternativo. Esta afirmación es discutible en algunos casos, por ejemplo en Esplendor de Portugal o Tratado de las pasiones del alma, que tienen una estructura novelesca más tradicional (unos personajes, uno o varios narradores, una cierta idea de trama). Pero en las obras más recientes de su autor, y muy especialmente en esta, no hay más remedio que darle la razón: esto no son novelas, son... otra cosa.

Sobre los ríos que van es un libro provocado por la enfermedad, pero que no tiene la enfermedad como tema central. En 2007, a Antonio Lobo Antunes le diagnosticaron un cáncer de colon, del que ya está afortunadamente recuperado. Esta novela (o lo que sea) reconstruye los días que el escritor pasó en el hospital, y el fluir de su conciencia que huye a los días apacibles de la infancia, la familia, el primer amor. El río del título (tomado de una traducción de salmo 137, Super flumina Babilonis, realizada por Luis de Camões) es el río metafórico de la vida, pero también un río concreto, el Mondego, al que el escritor iba de excursión con su padre.

Los dos tiempos y espacios en que transcurre el texto (el hospital en el que Lobo Antunes pasa sus días en 2007 y el pueblo del Norte de Portugal en el que el pequeño Antoninho pasó días felices) se mezclan en un continuo de sugerencias, relaciones y repeticiones que constituyen el tan personal estilo del autor. Más que una novela, en efecto, es una memoria, en el sentido más literal que se le puede dar al término: la reconstrucción del vagar de una mente que, en un momento de temor y frustración busca la seguridad y la confortación de la infancia.

Muchas de las obras de Lobo Antunes son autobiográficas hasta cierto punto (en particular, las primeras, en las que retrató sus años como médico militar en Angola y como psiquiatra en Lisboa); pero en esta obra nos acercamos a una etapa de su vida sobre la que por ahora no había escrito. Quizás por eso, por remontarse a la inocencia de la infancia desde la nostalgia de la vejez ("la infancia es un privilegio de la vejez", decía Benedetti) esta es una obra algo más luminosa, algo menos desesperanzada que otras de su autor. No es que el Portugal rural del salazarismo fuera idílico, sin duda, pero el escritor nos lo presenta como un tiempo de aprendizaje, de afecto, de deslumbramiento ante el mundo.

No deja de ser curioso que, ante la perspectiva de la enfermedad y la amenaza próxima de la muerte, Lobo Antunes nos haya dejado una elegía nostálgica de la inocencia infantil.

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miércoles, 15 de abril de 2020

António Lobo Antunes: De la naturaleza de los dioses

Idioma original: portugués
Título original: Da natureza dos deuses
Traductor: Antonio Sáez Delgado
Año de publicación: 2015
Valoración: está bien / recomendable para fans

No soy precisamente sospechoso de tenerle manía a Lobo Antunes: he reseñado ya media docena de obras suyas en este blog, incluida mi favorita, El esplendor de Portugal, llegué a entrevistarle para El Correo de Bilbao en su propia casa, y cada año cuando hacemos apuestas al Premio Nobel su nombre figura en mi terna de favoritos (en el sentido de que quiero que gane, y de que creo que puede ganar). Así que desde el respeto y la admiración profunda creo que puedo permitirme decir esto: António, deberías escribir menos. Y con "escribir menos" me refiero a dos cosas: en primer lugar, escribir menos libros, y en segundo lugar, escribir libros más cortos.

Escribir menos libros: si buscamos la lista de publicaciones de Lobo Antunes en los últimos años, vemos que va casi a novela por año (ha fallado el 2019, curiosamente). Entiendo que por una parte hay que vivir de algo, y por otra la máquina creativa que este señor tiene en la cabeza no parece pararse nunca. Pero esa sobreabundancia de novelas, me parece, hace que escriba ya con el piloto automático puesto, o dicho en otras palabras, que siempre escriba la misma novela cambiándole algunos personajes y escenarios.

En el caso de De la naturaleza de los dioses se trata de reconstruir (o "deconstruir", según cómo se mire) la historia de una familia de la alta burguesía lisboeta, encerrada en su mansión de Cascais y dominada por la omnipresente figura del patriarca (autoritario, machista, impotente, cruel, decadente) a través de las memorias de varios personajes interrelacionados; en Para aquela que está sentada no escuro à minha espera, quien reflexionaba sobre su vida era una anciana actriz en decadencia; en Sobre los ríos que van era el propio Lobo Antunes quien, de forma más autobiográfica, se sumergía en el torbellino de sus propias memorias,fundamentalmente de su infancia y de su relación con su padre. A estos temas comunes (el retorno a la infancia vista desde la vejez, la memoria como narración, la decadencia física y mental) se une, en otras obras, el trauma aún aparentemente vivo de la guerra de Angola y la descolonización, que en De la naturaleza de los dioses solo aparece de forma más implítica y secundaria.

Escribir libros más cortos: porque estas obras están escritas con el ya inconfundible estilo loboantunesiano (¿loboantunesino?), que mezcla el stream of consciousness de uno o varios personajes (con sus asociaciones aparentemente arbitrarias, sus saltos en el tiempo y en el espacio, sus dislocaciones sintácticas y semánticas), con diálogos fragmentarios, que en realidad son también más recuerdos de diálogos pasados que diálogos en sí mismos (y que muchas veces se repiten, como leti motiv traumáticos para los personajes). También porque el mundo creativo de Lobo Antunes es un mundo terriblemente árido y cruel, particularmente con las mujeres; es desasosegante leer centenares y centenares de páginas donde solo hay desprecio y humillación y violencia y frialdad, sin ningún espacio para la ternura, el afecto, la solidaridad, el humor o la esperanza.

Y aunque esta técnica narrativa produce efectos estéticos deslumbrantes, verdaderamente únicos, es también tremendamente exigente para el lector, que recibe un bombardeo de anécdotas, detalles, frases, imágenes y escenas que debe intentar asociar, en la medida de lo posible, a los personajes, tiempos y espacios ciertos. O quizás lo que se pretende es lo contrario, que el lector se pierda en la maraña de voces, y acabe por asumir que está leyendo la memoria de una mente-colmena, que abarca todos los momentos y lugares de la historia con una sola mirada. Sea una u otra cosa lo que se espera del lector (reconstruir o deconstruir la narración), el esfuerzo es muy grande y, seamos sinceros, muchas veces improductivo, porque no todas las páginas son geniales ni todas son necesarias para dar sentido a la obra.

Ya sé que habrá quien lea esto y se lleve las manos a la cabeza: ¡leer no tiene que ser fácil! ¡Una buena novela requiere un esfuerzo del lector! Y estoy de acuerdo, en general, en que no se debe ser facilitista y recomendar solo a los Dan Browns y Pérez Revertes de la vida; pero también creo que la literatura debe existir para ser leída y disfrutada, no sufrida, y los seres humanos tenemos nuestros límites (de atención, de concentración, de memoria). El mismo efecto estético, el mismo resultado narrativo, creo, concentrando la prosa y reduciendo el número de micro-historias incluidas en el texto. Una dosis más concentrada de la misma medicina (amarga, por otra parte) se consumiría mejor, y quizás hasta fuera más efectiva.

No se trata, naturalmente, de que De la naturaleza de los dioses sea una mala novela: Lobo Antunes, diría yo, es incapaz de escribir una mala novela. Pero creo que disfrutarla de verdad, solo la disfrutarán sus fans ya incondicionales, los que estén habituados a su estilo y a su universo y no se cansen nunca de él. Para los demás, incluso para admiradores como yo, acaba siendo un ejercicio algo repetitivo de maestría estilística, brillante pero agotador.

Otras obras de Antonio Lobo Antunes en ULAD.

martes, 11 de febrero de 2014

António Lobo Antunes: Las naves

Idioma original: portugués
Título original: As naus
Año de publicación: 1988
Valoración: Muy recomendable para quien tenga algún conocimiento de la historia de Portugal; para los demás, recomendable.

Lobo Antunes está considerado de una manera casi unánime (tan unánime que no suele ni decirse) como el mejor novelista portugués vivo. Ha escrito una treintena de novelas y varios libros de crónicas que lo sitúan como uno de los escritores más prestigiosos, aunque no como uno de los más populares, del continente. Sus novelas son generalmente densas, difíciles, irónicas, críticas, oscuras. De todo ello es un buen ejemplo Las naves (aunque mi favorita sigue siendo Esplendor de Portugal).

Es díficil resumir el argumento de Las naves. Sería algo así: en torno a la época de la Revolución de los Claveles y la descolonización portuguesa, por una Lisboa (o Lixboa) cutre y patibularia, poblada de prostíbulos, discotecas baratas y pensiones malolientes, se pasean las grandes figuras de la historia de Portugal, como Luis de Camões, Vasco da Gama, el rey don Manuel (y muchos otros menos conocidos para el lector español medio), convertidos en inmigrantes, o mejor dicho, "retornados", y obligados a buscarse la vida en una ciudad y un país que ni los reconoce ni los respeta.

Con la anulación de la temporalidad, o dicho de otra forma, al comprimir la historia de Portugal en un único momento y despojarla de todo su brillo y su retórica, Lobo Antunes construye un discurso alternativo a la versión oficial, en cierto modo realizando la misma labor de zapa que Juan Goytisolo con la historia española en una época algo anterior. (Recordemos que esta novela fue escrita en 1988; el tema de la descolonización y los retornados solo ahora está empezando a ocupar un espacio relevante en la producción cultural portuguesa).

Quizás esta novela resulte algo lejana para los lectores españoles que, como no han mamado la gloriosa historia de los Descubrimientos y el Imperio portugués, quizás aprecien peor el esfuerzo iconoclasta de Lobo Antunes (nombres como Diogo Cão o Pedro Álvares Cabral no dicen mucho a quien no sea portugués). Aun así, es admirable el trabajo técnico y estilístico de la obra, como admirable también es la precisión y el ritmo de la traducción de Mario Merlino, todo hay que decirlo.

También de António Lobo Antunes en ULAD: Aquí

miércoles, 22 de noviembre de 2023

Colaboración: ¿Qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar?, de António Lobo Antunes

Idioma original: portugués

Título original: Que cavalos são aqueles que fazem sombra no mar?

Traductor: Antonio Sáez Delgado

Año de publicación: 2009

Valoración: interesante y muy recomendable para fans


¿Qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar? estaba destinada a ser la penúltima novela de António Lobo Antunes. Así lo manifestó el propio escritor en el momento de su publicación. Nunca sabremos si la última iba a ser Sobre los ríos que van, crónica de la enfermedad que había padecido dos años antes y el título que sucedió a aquel órdago. Quizá sería menos aventurado pensar en la inolvidable Comisión de las lágrimas, donde llevó su fabulación hasta el límite. Tanto, que por ejemplo en España los críticos que hasta entonces solían reseñar sus novedades hicieron mutis por el foro. Pues vale... Lo cierto es que después de aquel (aparente) arrebato continuó con su ritmo de publicación de libro al año. Pero esta pudo haber marcado un final innecesario que nadie quería.

¿Qué caballos son aquellos...? cuenta el declive de una potentada familia agrícola. La casa en cuestión la llevan de aquella manera un padre que no ejerce como tal, una madre que lo hace de forma relativa y una criada, Mercília, que hace lo suyo y lo que no hacen los demás. El matrimonio tiene cinco hijos: Francisco, João, Beatriz, Ana y Rita. En el momento de la agonía de la madre se reúnen todos alrededor en un encuentro de presencias humanas con fantasmales. Y empiezan a debatir los motivos que les han conducido a la decadencia y a una más que previsible extinción. El trasfondo podría tener ciertos símiles con el de Cien años de soledad, si no fuera porque aquí nunca hubo lo que se dice un pasado de esplendor. Los narradores se van turnando y cada uno de ellos aporta al testimonio común una serie de vivencias particulares, de todo lo cual resulta la tormenta sin ambages en que se encuentra la saga.

Antes de todo, lo que había eran unos ciertos posibles económicos y una extensa finca de ganadería. Cuando el aliento de la memoria se pone en marcha se ven unos hijos a los que arrastra la vida. Más allá del primer plano aparecen un padre entregado a actividades y compañías precarias; una madre abandonada a la religión y el tempestuoso recuerdo de su juventud; y una criada, de origen dudoso, que intenta suplir la falta de ambos referentes con más voluntad que eficacia. Los hijos son víctimas de existencias disipadas, clientes de Caronte todos sin óbolo para el viaje. Los hay desde los que esperan agarrarse al clavo ardiendo de la parte de herencia que les toque hasta los que habrían querido tener un verdadero hogar al que volver como reposo del guerrero.

Todos los miembros de la familia tienen su minuto de gloria, aunque se desmienten unos a otros y acusan de manipulador a quien reproduce sus voces. Este transcriptor no es otro que el propio Lobo Antunes, gran partidario de esa tradición iberista que rinde armas a ancestros de una literatura común como Miguel de Unamuno. Como es habitual en el autor, la novela es un río de poesía con la corriente desenterrando diamantes a cada poco. Por momentos no se sabe si los personajes, como múltiples Ulises, alcanzarán el descanso o tendrán que encomendarse a la divina providencia, que es prácticamente lo único que les queda. 

Firmado: César

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miércoles, 11 de julio de 2012

António Lobo Antunes: Tratado de las pasiones del alma

Idioma original: portugués
Título original: Tratado das Paixões da Alma
Año de publicación: 1990
Valoración: Muy recomendable

No hace falta ya presentar a Lobo Antúnes: ya Yemila en su reseña de En el culo del mundo y yo mismo en la de Esplendor de Portugal hablamos de él en sus dos facetas de articulista-cronista, y de novelista, así que no voy a repetirme; solo volveré a decir una cosa que ya dije entonces: que Lobo Antunes me parecería un más que serio candidato al Premio Nobel, aunque quizás le perjudique ser de la misma nacionalidad de Saramago, por eso de que el Nobel últimamente intenta "premiar" a países y culturas distintas (con la excepción de Reino Unido, que debe de tener una bula especial).

Pero bueno, vamos a la novela, que es lo que interesa, y que es una novela hasta cierto punto similar y hasta cierto punto diferente a Esplendor de Portugal. Lo similar es la evidente preocupación por la técnica narrativa, la mezcla de planos temporales y de psicológicos, el retrato de la realidad contemporánea de Portugal. Esplendor de Portugal es probablemente más densa y más profunda en su tratamiento de los personajes y del problema central, que en aquel caso era el de los portugueses retornados durante y después de la descolonización; Tratado de las pasiones tiene dos ingredientes que la hacen una novela más llevadera: por un lado, tiene una trama casi policial que atrapa al lector, y por otra parte tiene una mayor carga de humor, llegando a veces a la farsa (por ejemplo en esa escena en la que el hombre del Ministerio habla con su mujer semidesnuda mientras su hijo destroza la casa a martillazos).

El arranque de Tratado... recuerda lejanamente a Conversación en La Catedral: dos hombres de clases sociales distintas conversan, y a través de esa conversación resucitarán los recuerdos y los fantasmas de pasados lejanos. En este caso, las dos partes de la conversación son un Juez de Instrucción y un detenido, al que conocemos inicialmente como "el Hombre" (aunque luego descubrimos que se llama Antonio y se apellida Antunes, aunque los elementos autobiográficos en la obra son difíciles de encontrar, más allá de la situación de la quinta en Benfica, un barrio que el escritor conoce bien). Los dos, ahora antagonistas, comparten una historia común: una infancia en la que los papeles estaban invertidos (el Hombre era hijo del señorito que empleaba al padre del Juez de Instrucción), y el diálogo se llena de tensiones, reproches, recuerdos y engaños.

A partir de este primer diálogo a puerta cerrada se inicia la trama casi policial, en la que acompañamos al Hombre, miembro de una chapucera célula terrorista de izquierdas, y al Juez, hombre frustrado y amenazado tanto por los terroristas como por las propias estructuras del poder, para las cuales no pasa de ser un "tonto útil". Los dos protagonistas-antagonistas se cargan progresivamente de ambigüedad: no sabemos si el Hombre ha traicionado a sus compañeros de célula, o si es el Juez el que se ha pasado al enemigo confiando informaciones confidenciales al Hombre.

Con esas tensiones, con una trama que se desarrolla con lentitud pero con ritmo constante y con la creación de un universo social y político alrededor de los protagonistas, Lobo Antunes construye una novela de muy alto nivel. Habrá que seguir leyéndole, por lo tanto; lo siguiente que va a caer, casi seguro, va a ser A ordem natural das coisas, que continúa la trilogía iniciada por Tratado... y cerrada por A Morte de Carlos Gardel.

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miércoles, 31 de agosto de 2016

Vergílio Ferreira: Mañana sumergida

Idioma original: portugués
Título original: Manhã submersa
Año de publicación: 1954
Valoración: recomendable

Vergílio Ferreira es (como Raúl Brandão, con quien comparte ciertos ambientes, temas y estéticas) uno de esos autores que en Portugal son considerados clásicos, pero que en España apenas son conocidos. Afortunadamente, Acantilado parece estar traduciendo y difundiendo la obra de este autor entre nosotros: ha publicado ya seis de sus obras, aunque todavía no se ha decidido con esta Manhã submersa, quizás por ser un libro un tanto oscuro y opresivo, que puede no ser plato para todos los gustos. Y sin embargo, esta es una muy buena novela de iniciación o de paso a la madurez, al mismo tiempo que retrata un Portugal rural mísero, dominado por la religión y las desigualdades sociales.

El protagonista de la novela es António Santos Lopes, un niño de catorce años de una familia pobre, que es enviado al seminario con la esperanza de que llegue a ser sacerdote y pueda sostener a su madre y sus hermanos. El ambiente opresivo del seminario, la represión sexual, el miedo que los curas provocan en los seminaristas, la brutalidad de los familiares del pequeño António, todo ello contribuye a crear una atmósfera asfixiante descrita con una técnica por momentos casi naturalista que, al igual que sucedía con El delfín de Cardoso Pires, puede interpretarse como una metáfora del Portugal del Estado Novo, "orgullosamente solo".

Pero Mañana sumergida se ha leído sobre todo como una novela existencialista: el niño António (que comparte muchos rasgos con el propio Vergílio Ferreira, también seminarista en su día) se revuelve contra quienes intentan obligarlo a tomar los caminos establecidos (su familia, D. Estefânia, los Padres del seminario...) y lucha por encontrar su propio camino, su propia individualidad, a través de una soledad profunda que es al mismo tiempo buscada y angustiosa. Apartado poco a poco de todos aquellos en quienes cree encontrar un compañero de rebeldía (Gama, Gaudêncio...), se ve forzado a decidir quién es, quién quiere ser, y si va a adaptarse a las normas sociales que se le imponen o a quebrarlas.

Independientemente de que sea la representación del Portugal más conservador y cerrado, o de una lucha individual por encontrar la esencia en medio de la existencia, hay un elemento llamativo en Manhã submersa, que creo que comparte el resto de sus obras: el cuidado por el estilo, que casi se podría denominar de impresionista, por su atención a los colores, olores, sonidos, formas. Vergílio Ferreira abunda en descripciones que consiguen ser poéticas sin ser demasiado poéticas, sin caer en el adjetivo fácil ni en la cursilería, algo difícil de conseguir.

Esperemos que la obra de este autor siga difundiéndose en España, para que la literatura portuguesa del siglo XX sea un poco más conocida más allá de Pessoa, Saramago y Lobo Antunes.