Mostrando las entradas para la consulta Samanta Schweblin ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Samanta Schweblin ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de septiembre de 2012

Samanta Schweblin: Pájaros en la boca

Idioma original: español
Año de publicación: 2010
Valoración: muy recomendable


Pretendía iniciar esta reseña afirmando que no suelo leer libros de relatos. No por nada en especial, la verdad. Pero es cierto que leo más novela y poesía. Sin embargo, he revisado mis reseñas y resulta que este año han pasado por mis manos más libros de relatos de lo habitual. De autores de diversas nacionalidades que escriben relatos muy diferentes, eso sí. Lo que también es verdad es que sólo a uno de esos libros le he puesto un "muy recomendable" y que hoy, contra todo pronóstico, vuelvo a hacer lo mismo.

Porque estamos ante un libro de relatos que bien podía haber sido escrito por Cortázar –o Kafka, sin ir más lejos–. Samanta Schweblin escribe bien –no; escribe muy bien– y aborda la irrealidad con tanta naturalidad y con tanta calidad que nos la creemos desde la primera línea. No hace falta, como sucede a veces, leer un par de relatos hasta cogerle el tranquillo y dejarse llevar; ella lo consigue desde la primera página y no nos suelta hasta que llega el punto final de cada cuento, que siempre nos deja con la boca abierta y con ganas de más.

Schweblin nos habla de novias despechadas, de un hombre que asesina a su mujer, de un embarazo que se revierte, de matar un perro, de Papá Noel, de un hombre que pinta coreanos cuya cabeza es golpeada contra el suelo... mientras juega con el estilo, los narradores... y, por supuesto, con el lector, que nunca sabe qué se va a encontrar a continuación. 

Lo más interesante –en mi opinión– de esta autora es la inquietud, el "mal rollo", el sé-que-algo-pasa-y-no-sé-si-quiero-saber-qué-es con los que viste sus historias. Un sentimiento que siempre está presente y que, tras dieciocho relatos y poco más de 200 páginas, nos invade y nos sabe a poco, y nos deja con las ganas de buscar más libros suyos y devorarlos sin piedad.

Otros libros de Samanta Schweblin en ULADDistancia de rescate

martes, 19 de febrero de 2019

Samanta Schweblin: Kentukis

Idioma: español
Año de publicación: 2018
Valoración: bastante más que recomendable

Pregunta sobre todo para quienes tengan o hayan tenido niños en los últimos años tiempos: ¿conocéis esos muñecos de colorarinchis, a modo de bestezuelas a medio camino entre un búho y un gremlin antes de volverse malo, los llamados Furbys? Que sí: unos que "interactuaban"  -de aquella manera- hablando con las personas, y en cuyo programa contienen varias personalidades diferentes (aunque el que yo tenía en casa sobre todo mostraba la de sociópata cabreado... como alguien lo rozase y lo despertara, se pasaba un buen rato gruñendo y jurando en el idioma de Mordor). Bueno, pues eso: un asco de bichos. Pues imaginaos si encima tuviesen rueditas y cámaras en lugar de ojos, pero no las utilizaran al albur de un programa informático, sino de la voluntad de un usuario al azar, que puede estar en cualquier lugar del mundo manejando a un peluche zoomorfo que tú mismo has metido en tu casa y en tu vida. Una persona a la que no conoces y tú tampoco conoces que puede observar todo lo que haces, conocerte quizás mejor de lo que conseguirá ninguno de tus allegados... ¿Acojona, no? Pues eso es un "kentuki".

A partir de la concepción de estos muñecos, Samanta Schweblin va a trenzando toda una serie de historias que se desarrollan a lo largo y ancho del globo terráqueo y tienen como protagonistas tanto a los propios kentukis -es decir, a las personas que manejan los controles y observan- como a sus "amos", aunque en ocasiones es difícil determinar quién es el verdadero amo de quién... Son historias poco complacientes, incluso con un tono bastante duro y una trama retorcida, como puede suponer cualquiera que haya leído otros libros de esta autora. unas historias que, más que presagiarnos  un futuro aterrador -el toque ci-fi del libro se limita a la invención de estos muñecos,  lo que sospecho que hoy en día sería perfectamente posible-, nos describe un presente no mucho más halagüeño, en el que tal vez no lleguemos a meter a un rxtraño en forma de peluche a husmear nuestras vidas, pero ya somos nosotros mismos los que, de manera más irónica, las exponemos ante todo el mundo a través de las R.R.S.S.

Dicho lo cual, tampoco me parece que el de los peligros tecnológicos o la estupidez de las modas sea el tema central de este libro. Esta novela (no dudo en llamarla así, aunque en realidad esté compuesta por diversos relatos que discurren paralelos, por más que den la impresión de entrecuzarse), de lo que trata sobre todo es de la soledad en que trascurren las vidas humanas y de las relaciones perversas o dañinas que se llegan a establecer para paliarla. Los kentukis resultan ser meros intermediarios en esas relaciones, aunque, quizás por su propia banalidad, a su aspecto inofensivo (un recurso clásico en la narrativa de terror o al menos inquietante), o tal vez debido a su aparente deshumanización, lo que consiguen es exacerbar los recovecos oscuros y hasta sádicos de tales ligazones.

No quiero acabar esta reseña sin explicar mejor que, pese a estar compuesta por diversas historias independientes, este libro se puede considerar, sin duda, una novela -coral, de acuerdo-, no sólo porque a lo largo de toda ella asistimos al devenir de una serie de personajes "fijos" -un padre divorciado, la compañera de un artista plástico, una señora mayor de Lima-, sino porque incluso aquellos capítulos o relatos que se agotan en unas pocas páginas no están dispuestos al azar, sino colocados en lugares concretos de la novela para conseguir mejor ese efecto perturbador que tiene el conjunto. Porque, vaya... perturbador lo es un rato, aviso...


Otros títulos de Samanta Schweblin reseñados en Un Libro Al Día: Pájaros en la bocaDistancia de rescate

sábado, 20 de junio de 2015

Samanta Schweblin: Distancia de rescate

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: descodificable

El terror psicológico, sabéis, es aquel que se basa más en la sugerencia que en lo explícito. Los monstruos ya dan más risa que otra cosa y todo parece estar inventado. Pero, a veces, el exceso de sugerencia, el encono en usar elipsis y distribuir información sobre la que el lector ha de estar muy atento acaba resultando algo, ejem, contraproducente.
Schweblin se pasa las 120 páginas ligeritas de Distancia de rescate amagando golpes hacia distintos lugares: el esoterismo, la tragedia ecológica a escala local, la doble personalidad, la crueldad infantil. Cada veintena de páginas parecen empujarnos hacia una conclusión diferente. Lo cual no deja de tener su mérito. Hasta la portada, pajarito con rama en el pico y granadas de mano, parece abrir otra línea argumental. Seguramente si el texto lo hubiera firmado Danielewski y lo hubiera empaquetado en el despilfarro visual de la espada de las narices alguno hubiera aullado diciendo, ¡lo ha hecho!, ¡lo ha hecho otra vez! Pero no: se trata de una joven escritora argentina que construye un texto bien estructurado, que genera una sensación de incomodidad y de inminencia, eso que, perdonen que me repita a veces, llamamos crescendo narrativo.
El problema es que este crescendo a mí me ha resultado un pelín, esto, tántrico. Ya me entienden. Más de una vez he considerado otorgarle una segunda lectura a uno de esos libros cortitos que no acabo de entender a la primera. No veo la necesidad. No sería justo y tampoco sé si me arrepentiré. No sé si tendré que volver a encargar el libro en la biblioteca para explorar los rincones que me he perdido a la primera. ¿La literatura será clara a la primera o no será? ¡Pero si voy a aventurarme en un Barthelme, en pocos días! De un libro como Distancia de rescate esperaba otra cosa. O esperaba más. Esperaba un desenlace. O, si lo hay, esperaba un desenlace claro, algo que concretara, no hace falta atarlo todo, ya sabemos que esto no es lo que se estila hoy, pero que simplemente no dejara todos esos flecos, ahí colgando. Pero basta de generar yo también suspense.
David es un niño que ha sufrido alguna intoxicación. Parece. La misma que un caballo semental en cuyas crías su familia había depositado sus esperanzas de futuro económico. Para salvar su vida, y visto que en la pequeña población en que reside, la cosa médica está complicada, lo llevan a una curandera que vive en una casa verde, y que organiza una migración consistente en enviar a su espíritu a otro cuerpo y dejar que su cuerpo enfermo acoja otra personalidad. O sea, los salvan, cuerpo y espíritu, por separado, o algo así. La novela es un diálogo entre David, parece, no se sabe, el nuevo, y la madre, o a veces no, obcecada en que ese cambio puede acabar perjudicando a Tina, otra hija. A través del diálogo debemos ir obteniendo información. Bueno, deberíamos, y esta cae en dosis algo discontinuas. No hay golpes de efecto, no hay sustos ni desgracias súbitas (perdonad: yo no pienso avisar sobre spoilers), sino una especie de diálogo donde ciertos cambios en el punto de vista no acaban de pillarse del todo. Animales con deformaciones, salas que no pueden abrirse desde el interior, nuevos personajes, una cierta insistencia en ciertas frases (la importancia de un momento determinado, no sé qué de unos gusanos), supongo, piezas de un todo que yo no he acabado de encajar. El camino no ha sido desagradable, no obstante. El problema es que sigo en mi casa, y no voy a echar de menos esta lectura.

Otros libros de Samanta Schweblin en ULADPájaros en la boca

sábado, 4 de mayo de 2013

Ana María Shua: Contra el tiempo

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: muy recomendable



Ana María Shua (Buenos Aires, 1951) es una de las escritoras argentinas más valoradas de la actualidad. Ha trabajado la novela, la poesía, el ensayo y la literatura infantil, aunque es sin duda más conocida por sus colecciones de relatos y microrrelatos (de hecho, se la conoce como la "reina del microrrelato").

Contra el tiempo es una recopilación de relatos inéditos en España (aunque incluídos en sus anteriores colecciones, todas publicadas en Argentina) a cargo de la también escritora de cuentos y compatriota Samanta Schweblin (de quien reseñamos la obra Pájaros en la boca aquí), quien, además, se ha encargado de prologar la antología y de realizar una entrevista a Ana María Shua, incluída como cierre del libro.

Gracias al trabajo de Schweblin podemos conocer a Shua, saber algo de su historia personal y de por qué y cómo escribe (lo cual es ciertamente muy interesante), pero, si queremos saber quién es Ana María Shua en realidad debemos leer los cuentos que contiene esta recopilación.

En Contra el tiempo nos encontramos de todo: madres desbordadas, muertos vivientes, hombres que se convierten en perros, una operación de estética, pesadillas... toda una lista de personajes, situaciones, escenarios y demás elementos que se combinan de manera magistral para dar forma a dieciséis relatos que no dejan a nadie indiferente.

Rayando lo fantástico, las historias de Shua son a pesar de ello inquietantemente verosímiles, quizá porque se desarrollan en un ambiente cotidiano y aparentemente "seguro", en el que en teoría nunca debería suceder nada que nos perturbase. Y, por supuesto, no es así. Estos relatos nos conmueven, nos sorprenden y nos golpean, y no permiten que pasemos al siguiente hasta no haber reflexionado al respecto.

Pues ésa es otra de las características de estos cuentos: debido a sus finales abiertos, a la falta de moraleja y a los propios detalles de cada una de estas narraciones, la autora deja que sea el lector el que le ponga el broche final a sus historias. Cada uno de nosotros, por tanto, tiene en sus manos el poder de interpretar cada relato como desee, dejándose llevar por sus apetencias y, sobre todo, por sus miedos.

También de Ana María Shua en ULAD: La sueñera

miércoles, 5 de julio de 2017

Vera Giaconi: Carne viva

Año de publicación: 2011
Valoración: Bastante recomendable

Pues sí, el cuento latinoamericano escrito por mujeres goza de muy buena salud y Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Liliana Colanzi, Guadalupe Nettel o Vera Giaconi, entre otras que me dejo en el tintero, dan fe de ello. 

Hoy reseñamos el primer libro de la uruguaya afincada en Buenos Aires Vera Giaconi. Su título, “Carne Viva”, ya nos da una idea de por dónde irán los tiros. No es de recibo, además, que en la portada de la edición argentina de este libro aparezca un blíster de medicinas ni que estos aparezcan mencionados en tres o cuatro de los siete relatos. Y es que los personajes, todos ellos mujeres, que pasan por las páginas de “Carne Viva” arrastran heridas sin cicatrizar. Son personajes que se sitúan en el borde de la sociedad, personajes que no quieren o no pueden (o quizá ninguna de las dos cosas) formar parte de la rueda de la vida. 

Los relatos, de marcado carácter realista, se centran en el abandono, en el hastío, en la incapacidad de sus protagonistas para adaptarse a la realidad que los rodea. Eso sí, desconocemos las causas que lo provocan, desconocemos el pasado de los personajes y solo podemos asistir a su lento deterioro, como el de esa pareja que protagoniza los últimos relatos y que llega a preguntarse: 
"Nunca podía recordar cuántos años llevaban juntos: ¿diez, veinte?"
El libro se divide en dos partes. La primera está compuesta de cuatro relatos independientes, protagonizados por mujeres que se encuentran en las situaciones ya descritas, como una madre y una hija separadas por abismos cotidianos, tres hermanas alejadísimas entre sí o una chica incapaz de superar la muerte de su madre. Esta primera parte es, en mi opinión, algo más irregular que la segunda debido, fundamentalmente, al final de alguno de los relatos, que me ha dejado con un regusto amargo. 

La segunda parte se compone de tres relatos, que se pueden leer como tres relatos breves e independientes o como un único relato largo, centrados en la pareja formada por Teo y Ema. En ellos, asistimos a la lenta descomposición del matrimonio, que va acompañado de un progresivo abandono y deterioro físico de Ema. 

En fin, un primer libro de relatos muy interesante, con siete relatos duros, turbadores por momentos, de esos que dejan nudos en la garganta y alguna que otra cicatriz. Ya digo que su principal “pero” sería una cierta irregularidad en su primera parte. Por contra, destacaría la capacidad de Giaconi aproximarse a sus personajes y a su cotidianeidad sin entrar a valorarlos y la tensión que es capaz de crear a partir de situaciones aparentemente triviales. 

Por cierto, por si a alguien le interesa, el segundo libro de Giaconi, “Seres queridos”, ha sido recientemente editado en España por Anagrama. Y, sí, habrá reseña.

También de Vera Giaconi en ULAD: Seres queridos

sábado, 17 de mayo de 2014

Charles Simic: Mi séquito silencioso

Idioma original: inglés
Título original: My Noiseless Entourage: Poems
Año de publicación: 2005
Valoración: entre recomendable y está bien
Traducción: Antonio Albors

Charles Simic (Belgrado, 1938) emigra a Estados Unidos en 1954, donde reside desde entonces. Galardonado con numerosos premios, entre ellos el Pulitzer en 1990, ha publicado con Vaso Roto, además de Mi séquito silencioso, Una mosca en la sopa (trad. Jaime Blasco, 2010) y El mundo no se acaba (trad. Jordi Doce, 2014).

Desde "Descripción de algo perdido", primer poema de la serie, el autor nos traslada a un escenario eminentemente urbano (hay algunas referencias a lo rural,  a los porches con una mecedora en la entrada, a las gasolineras de carreteras secundarias, etcétera) donde las películas de miedo, las cafeterías de media noche, los bares oscuros, los salones de billar y las calles satinadas por la lluvia sirven de marco para un cuadro repleto de personajes, de una multitud, de un séquito silencioso, que vagan, se alejan y descienden en un andén vacío/ sin ningún pueblo a la vista

Algo violento y misterioso se intuye en los poemas de este poeta estadounidense, algo se roza, pero nunca acaba por nombrarse. Estamos ante un lenguaje del silencio que envuelve al objeto y al ser humano y lo acalla. No hay memoria o, por lo menos, en el caso de muchos de los protagonistas de los poemas es preferible no tenerla (hablo por ejemplo de personas que vivieron el horror de la guerra y que se han quedado ancladas en un pasado violento y doloroso o, simplemente, de individuos que desconocen su destino o qué hacen en un lugar determinado): Nunca tuvo un nombre/ ni recuerdo cómo lo encontré./ Lo llevé en mi bolsillo/ como un botón perdido/ salvo que no era un botón.

Simic vuelve pues a lo urbano, a los andenes desiertos, a las conversaciones de vecinos que hablan sobre gatos ciegos que salen por las noches, a trozos de carreteras lúgubres, que, mediante lugares y objetos que reconocemos como parte del universo del ser humano (maletas, colchones enrollados, sartenes), penetran una vez más en el enigma, en lo fantasmagórico y ahondan en ese gesto que le es propio a la poesía: el acercarse a lo innombrable, pero, como la utopía, lo innombrable, apenas perfilado, apenas intuido en el poema, escapa a la palabra.

A primera vista, debido a sus escenarios fantasmagóricos, a la aparición de lo onírico y al vacío que muchos de sus protagonistas desprenden (pensemos en la pareja de autostopistas, en el hombre que arrastra una cuerda, parece que, para ahorcarse pero que, acto seguido se olvida de su cometido) y el hecho de que algunos poemas resulten un poco flojillos ("El pajarito", "Festín de medianoche", "En la mañana medio-dormido" o "Nuestro viejo vecino"), el lector de Mi séquito silencioso puede pensar que la poesía de Simic no es para tanto. O, por lo menos, la de este poemario (parece que El mundo no se acaba tuvo una mayor acogida). Sin embargo, hay pequeños detalles que nos hacen ver que se trata de un buen poeta.  

Algo a destacar de su universo poético es que muchas de las piezas podrían funcionar de arranque para un buen relato protagonizado por gasolineros, barmans, amantes o fantasmas que habitan una casa hechizada. Sus textos proponen un mundo cerrado y compacto, definido, con algunas imágenes surrealistas muy bien escogidas que no representan sino el reflejo de un mundo decadente que esconde una grieta. Como esos guiños de los relatos de Samanta Schweblin, cinematográficos y terribles por todo aquello que insinúan. 

Hay una gran verdad, atroz, que pesa a lo largo de las páginas, que va cobrando cuerpo, pero que nunca llega a estallar. Hay algo que acecha y traga, pero en un callejón lúgubre, a espaldas del lector, que busca, a sabiendas de que algo se esconde ahí, pero nunca se muestra. A pesar de todo, hay poemas como "El papel del insomnio en la historia" que ofrecen una pista:

Los tiranos nunca duermen:
un apenado, severo
e imperturbable ojo
observa la noche. 

La mente es un palacio
de paredes con espejos.
La mente es  una iglesia en el campo
invadida de ratones. 

Cuando llega el amanecer,
los santos se arrodillan,
los tiranos alimentan sus perros
con pedazos de carne cruda.


El resto del camino debe descubrirlo, en soledad, como si de un personaje de Simic se tratara,  el propio lector.


sábado, 24 de diciembre de 2016

Reseña + entrevista. Xavi Ayén: La vuelta al mundo en 80 autores


Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: lascivo

El perfil de Twitter. Algo más de una centena de caracteres donde muchos se afanan en colocar una especie de versión express de un CV vital, que les defina y les muestre de la manera más comprimida y exacta posible. El perfil de Twitter es la respuesta de cada uno a la pregunta tan ansiada. Háblame de ti mismo.
Pues bien. El perfil de Twitter de Xavi Ayén queda zanjado de forma escueta con una palabra. Periodista.

Y a eso lleva dedicándose unos cuantos años. Pero permitidme ampliar la información. Periodista dedicado a la cultura. Periodista entregado a la divulgación de la literatura. Periodista que se ha desplazado por el mundo para entrevistar a escritores. Muchos de ellos. Muchos muy importantes, y bastantes premios Nobel, como ya nos demostraba en un libro anterior: Rebeldía de Nobel. Vamos a reconocerlo: la mera imaginación de que a alguien le paguen por hacer una cosa así nos llena de envidia muy poco sana. Visitar a grandes escritores en las ciudades donde viven, incluso en sus propias casas. Más que entrevistar, como apunta el subtítulo, conversar.
Y para este libro se han escogido 80 de esas conversaciones, con un cierto criterio geográfico para que haya una representación de todos los continentes. La selección de 80 autores, ya que estamos en época de listas, contará con la presencia de nombres que a uno le gusten más o menos y siempre se echará en falta a alguien, pero dudo que nadie mínimamente interesado en la literatura encuentre menos de 40 o 50 autores que le gusten. Pero lo realmente fascinante es cómo Ayén hace que incluso lo que dicen autores por los que uno siente indiferencia nos resulte estimulante. Con lo cual, más de 500 páginas parecen pocas, y se leen con tal placer que se hacen cortas.

Resulta también revelador cómo ciertos escritores se muestran tan fieles en sus opiniones al contenido de sus obras. Así que Houellebecq (Pregunta: ¿cree realmente, como su personaje, que los perros son más felices que nosotros? Respuesta: Indudablemente. Mucho más felices. Me sorprende que lo dude.) se muestra ácido y corrosivo, Vargas Llosa, medido, calculador y seductor. Almudena Grandes nos deleita con una convicción y una seguridad fascinantes, Ken Follett, con una chulería no exenta de flema, James Ellroy, con una descacharrante fanfarronería, y a Peter Handke no hay quien lo entienda en sus elucubraciones... Como podéis ver el abanico es amplio y una mera consulta sobre los autores incluidos (para no agobiar, añadid García Márquez, Knausgaard, Philip Roth, Javier Cercas, Enrique Vila-Matas, etc.), es demostrativa de por sí del enorme poder de seducción de un texto así. Conversaciones relajadas donde surgen temas relacionados con su obra, pero también con su entorno y con la sociedad en que nace su obra. Siempre (alguna contada excepción resulta curiosa) con un tono tranquilo y colaborador, que pone de manifiesto que el prestigio de Ayén (capaz de entrevistar a García Márquez tras veinte años de silencio y de que este, en su última entrevista, le confesara que había dejado de escribir) va por delante a la hora de afrontar sus conversaciones. Y cada escritor, acompañado de un pequeño perfil enumerando algunas de sus obras más destacadas.
Una de esas obras que no queda en el estante una vez leída. Hay que consultarla y hay que referirse a ella, cosa que la convierte en única. De esos artefactos que no solamente se disfrutan por sí solos, sino que empujan a la búsqueda y a la indagación. De ahí lo de lascivo, aclaro. Por si acaso.

Con García Márquez. Foto: Kim Manresa
Además, su autor no ha encontrado impertinentes nuestras preguntas. A ver qué le va a preguntar uno a quien ha hecho preguntas a tal nómina de figuras. Lo hemos intentado, y el hombre ha sido todo amabilidad. Encima.

-¿Es Vd consciente de que, para un modesto blog literario como el nuestro, lo primero que suscita un libro como el suyo es una envidia colosal?
-No, hombre. Las entrevistas son lo mismo en cualquier sitio. Uno de los autores que aparecen, el asturiano Xuan Bello, ha creado un mundo colosal a partir de una aldea de unos cuarenta habitantes, donde él se crió. A veces leemos en los blogs entrevistas mejores que alguna del ‘New York Times’. En periodismo, es básica la mirada del autor. Dicho esto, sé que soy un privilegiado por haber contado con los medios de un gran medio de comunicación para poder trabajar, pero sin pasión no hay medios que valgan.

-No voy a comprometerle pidiendo detalles, pero ¿ha cambiado su opinión respecto a la obra de algún escritor - en el sentido que sea - por el hecho de conocerle?

-¡Sí, de muchos! Comprendí la importancia de la ciencia-ficción en el universo de la británica Doris Lessing, que veía antes como muy desligado de sus otras obras. Me impresionó la experiencia de cárcel prolongada y tortura que sufrió el indonesio Pramoedya Ananta Toer, a quien confinaron a una isla-prisión y le prohibieron escribir, pero él sobrevivió como escritor narrando historias oralmente a otros presos, lo que explica el tono de sus libros, que pueden leerse en voz alta. Y al revés también, no entiendo, por ejemplo, por qué se dio tanto bombo a muchos autores de novela negra mediocres, buena parte de ellos nórdicos.

-Me sorprende que dos "potencias" literarias como Argentina y la antigua URSS no estén representadas por escritores "puros". ¿Algún motivo especial?
-Está bien visto. Tenía que limitarme a 80 autores y, si ponía más nombres de un lugar, debía quitar otros. No es un canon realizado previamente, sino que es una selección espontánea y dinámica, que surge de la gente con que me he encontrado. He entrevistado a César Aira, Fogwill, Samanta Schweblin… pero eran textos muy centrados en los libros que venían a presentar, y he primado aquellas piezas que recorrían la trayectoria completa de un autor. Rusos no he entrevistado a tantos, lo confieso, aunque en una segunda edición podría ya incluir a Svetlana Aleksiévich, con quien estuve en su casa de Minsk.

-Deduzco del prólogo que hay abundante material que no ha encontrado ubicación en este libro. ¿Algún proyecto complementario en el futuro del que pueda hablarnos?

-Es frustrante eliminar a autores que admiras, pero un libro de 1.000 páginas tampoco hubiera sido buena idea (ya hice uno así sobre el boom latinoamericano). Este no debía pasar de 600. Claro que me gustaría publicar un día libros específicos: autores argentinos, catalanes, menores de 40 años, latinoamericanos, pero no estoy seguro de poder contagiar a ningún editor mi entusiasmo.

-Uno de los leit-motiv recurrentes en las entrevistas es la incompatibilidad entre escritor feliz y creador brillante. Pero muy pocos escritores de los entrevistados parecen lamentarse de la situación en que viven, al menos no se nos muestran, la gran mayoría de ellos, como seres atormentados ¿Puede que esa afirmación forme parte de ese ADN vanidoso atribuido a los creadores?
-Eso es lo que me dice Vargas Llosa: ningún gran escritor es feliz, y creo que en su caso es cierto. Cortázar, en el período más exultante de su vida, produjo sus peores obras. Y Gao Xingjian escribía mientras era prisionero de la Revolución Cultural. García Márquez se sentía un fracasado cuando emprendió ‘Cien años de soledad’… Pero es verdad, yo no generalizaría.

-Me gustan esas introducciones con leve aire de crónica, sobre todo en las descripciones de cómo se llega al sitio de la entrevista. ¿Veremos a un Xavi Ayén cronista o incluso a un autobiógrafo en el futuro?
-Ojalá lo vean. A ver si voy perdiendo la vergüenza…

-¿Puede recomendarnos algunos libros?

-Los mejores que he leído últimamente son ‘Por último, el corazón’ de Margaret Atwood, ‘Mumbo Jumbo’ de Ishmael Reed, ‘La música del hambre’ de J.M.G. Le Clézio y ‘El camino estrecho al norte profundo’ de Richard Flanagan.

-Nombres, queremos nombres. Un escritor que haya fallecido mientras Vd. planeaba entrevistar. Uno que se le esté resistiendo pero vaya a acabar cayendo, y alguno joven al que se vea entrevistando pasado un tiempo.
-Naguib Mahfuz y García Márquez me dieron la última entrevista de sus vidas. Me quedé sin entrevistar a Hilary Mantel, ya aterrizado en Londres, porque le dio un ataque paralizante de tiroides, algo que le sucede a menudo. Se me murió Harper Lee, la de ‘Matar un ruiseñor’, sin que la viera. Se me resiste Alice Munro… y a los jóvenes les entrevisto ya, por ejemplo a Miqui Otero, Laura Fernández, Antonio Ungar, Pablo Martín Sánchez… Ellos son el futuro.

-Y ya como periodista cultural, ¿cómo nos ve a los blogs: competencia, complemento, un ámbito diferente, o un entrañable grupúsculo de eternos discrepantes?
-Los blogs permiten un nivel de especialización que la prensa escrita no puede tener, y también pueden ofrecer mucha más cantidad de información sobre temas que los medios de gran tirada se ven obligados a tratar en poco espacio. No me imagino este trabajo sin documentarme en algunos buenos blogs. Formamos parte del mismo bosque y nos necesitamos mutuamente.

-¿Después de tantos años en esto, está de acuerdo con ese funesto panorama para la novela que describe, por ejemplo, Philip Roth?
-No, para nada. Yo creo que los adolescentes son grandes lectores, los de hoy más que mi generación. La gente, con la edad, tiende a idealizar el momento histórico en que fueron jóvenes. También le pasará a usted.

-¿Por qué esa mayoría abrumadora en la ficción? No hay apenas ensayistas.
-He primado la novela, sí. Soy un romántico que cree que es el género superior, lo siento por las excepciones, por Borges, Munro, Ferlinghetti, Fo… Pero, en general, si me pusieran una pistola en la cabeza y me dijeran que solamente iba a poder leer libros de un género el resto de mi vida, diría que novelas. ¿Usted no?

-¿Cuál es el criterio por el que uno se dirige a un escritor, aparte de los premios y las consabidas campañas promocionales?
-Por la lectura de su obra, ese es el mejor medio. No entiendo que autores maravillosos no consigan tener éxito, y que otros peores sí lo tengan. El mundo está loco pero, bueno, gracias a eso se siguen vendiendo periódicos.

-Apenas nos lee nadie. Puede ser sincero. En algún momento habrá sentido una irrefrenable pereza por conversar con alguien...
-¡Sí! No tanto de conversar sino de leerme su libro, pero somos profesionales ¿verdad? Gracias a eso, también suceden sorpresas agradables. Lo peor es cuando esa persona te pregunta: “¿Pero te ha gustado mi libro?”. Antes sufría mucho, ahora respondo: “La mejor parte es…” porque todo libro tiene siempre una mejor parte.

-Cierto: su libro tiene muchas mejores partes.