domingo, 29 de enero de 2012

Ismail Kadare: Abril quebrado


Idioma original: albanés
Título original: Prill i thyer
Año de publicación: 1978
Valoración: Recomendable



Entre las enormes virtudes de esta novela destacaré:

Una prosa magnética dotada de gran poderío visual impregnado de simbolismo.

Una gran capacidad de estructuración narrativa.

Una maestría indiscutible en la creación de personajes e historias, desarrollo de momentos narrativos y repaso de antecedentes.

Un profundo conocimiento de la sociedad que pretende retratar.

El acierto de recoger y trasladar una realidad sociológica terrible, además de poco conocida para el público no albanés, que despertará la curiosidad de cualquier lector.

En resumen, Kadaré es, sin ninguna duda, un excelente novelista.

Y sin embargo…

A pesar de que se lee con muchísimo interés, que es una delicia recrearse en las descripciones de la naturaleza, que cada alusión, cada imagen guarda otro significado además del evidente, de que nos sobrecoge por lo que tiene de reflexivo y de alusión a realidades terribles. A pesar de que es capaz de retratar lo irremediable, el enorme poder en una sociedad cerrada de tradición y oligarquía que, aliadas como suele ocurrir, ningún súbdito se atreve a poner en entredicho. A pesar de ser el espejo de la injusticia patente, de la crueldad que se respira, de la brutal represión y de la mutilación de los derechos humanos que supone tener determinado hasta el menor movimiento…

Con tantas bazas a su favor y aunque parezca mentira, Kadaré no ha construido la obra maestra que prometía en un principio.

O precisamente por eso.

Cuando se produce una ofensa a la honra o a la integridad física de algún miembro de una familia, el Kanun, código de honor albanés, obliga a restituirlo por medio de la venganza de sangre o besa. Gjorg, hijo de uno de los clanes, cuenta con un plazo para ejecutar esta venganza. Ésa es la razón de que el mes de abril quede para él trágicamente dividido en dos partes: la primera, en la que todavía no es el objetivo de los futuros vengadores y después, cuando su vida penda de un hilo y para salvarla se vea obligado a esconderse.

El cine, como no podía ser de otro modo, ha reclamado esta historia- Los resultados son Te paftuarit (Abril roto), dirigida por el albanés Kujtim Çashku en 1985 y Abril Despedaço 2001), del brasileño Walter Salles.

En uno de los capítulos, y a través del monólogo interior del intendente de la sangre, se nos revela el funcionamiento general de esa sociedad rural. Entre los ayudantes del príncipe se encuentran también el intendente de la tierra, que recoge los ingresos procedentes de las cosechas, el de los ganados y pastos, el de las minas, el de los molinos… Pero un intendente de la sangre ¿qué es lo que recauda? Pues nada menos que la llamada tasa de la sangre , es decir, los ingresos que generan las venganzas, sustanciosos hasta hace poco y que, debido a la fuerza de los tiempos, empiezan a disminuir de forma alarmante. Si antes el intendente de la sangre era el que más ganaba de todos, ahora sucede al revés. Cada vez hay menos venganzas, y esto es inadmisible. La ruina. Por eso, la mirada del príncipe “parecía decir: tú eres el intendente de la sangre, debes por tanto ser el principal instigador de la venganza, tú has de ser quien la incite, la despierte y la exacerbe si se debilita o adormece.”

Las tierras labradas y las abandonadas se alternan dependiendo de a qué familia o familias les toque el turno de vengarse. La kulla (o vivienda) de enclaustramiento es el lugar dónde se encierran los que no pueden labrar sus tierras porque tienen una venganza pendiente.

Los médicos no están allí para sanar a nadie – de eso ya se encargan los propios campesinos usando sus remedios tradicionales – su función no es otra que poner precio a las heridas que se infringen unos a otros.

Hacia el final de la novela, la forastera, Diana, en un descuido, entra en un lugar en el que nadie, ni los varones más poderosos del lugar, se atreverían a internarse.

¿Qué pasó allí?

Kadaré no debería ocultarlo ya que hace suponer al lector que ni siquiera él es capaz de aventurar ninguna hipótesis y eso es algo que un narrador omnisciente no se puede permitir. El detalle inverosímil lo encuentro en la fascinación de Diana por Gjorg. Tal como lo presenta me parece tan artificial, tan novelesco en el peor sentido de la palabra, que da la impresión de que esos pocos momentos de la novela la rebajan, no están a la altura del resto. La coherencia quedaría a salvo si sólo describiese admiración por el físico, pero esa deslumbramiento causado por un extraño con quien no se ha cruzado una palabra es más propia de una literatura de calidad muy inferior.

Tanto la riqueza, la complejidad social y humana que se intuye en la sociedad que retrata (una sociedad tan peculiar que merece que se desentrañen sus misterios, que se pongan al descubierto sus secretos más recónditos, las pautas de comportamiento, los pensamientos, los temores, los comportamientos, las costumbres) todo eso se pierde o se diluye en hábiles simplificaciones. La novela acaba mucho antes de lo que debiera, con un desenlace tan brusco que oculta gran parte de los hechos, resultando incluso inverosímil lo que queda al descubierto finalmente. La introducción de personajes ajenos a la comunidad (la pareja de recién casados), que a priori, podría parecer un buen procedimiento para observar con ojos nuevos una sociedad ancestral, acaba siendo un simple truco del autor para allanarse el camino, ya que se escuda en ellos para no internarse todo lo que debería en los entresijos de la vida de los autóctonos contentándose con mostrar únicamente la superficie.

Y a pesar de todo ¿cómo no recomendarla?


También de Kadaré: El palacio de los sueños, El accidente, El cerco

1 comentario:

Paula dijo...

El otro día el profesor de traducción editorial nos estuvo contando cosas del mundillo. Como es lógico, los traductores de lenguas minoritarias tienen mucho más "poder" que otros. Nos habló, en concreto -casualidad-, del traductor de Ismail Kadaré: al parecer, él era el único traductor con la combinación albanés-español (os podéis imaginar, por tanto, que podía exigir cobrar tantos euros por página como creyera conveniente :D).

Resulta que este buen hombre murió hace no mucho, y por lo que leo en Wikipedia Kadaré sigue vivo. Es muy mayor e igual ya no vuelve a publicar una novela -no sé si sabréis algo al respecto-, pero, si lo hace, no sé si habrá quien la traduzca al castellano... :S Qué cosas.