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lunes, 1 de abril de 2019

Ismail Kadaré: Las mañanas del café Rostand

Idioma original: albanés
Título original: Mengjeset në Kafe Rostand,motive të Parisit
Año de publicación: 2014
Valoración: Muy recomendable (para admiradores de Kadaré). Los demás... cada cual que decida.




¡Ah! los míticos cafés parisinos. Nadie puede quitarles ese halo romántico que les envuelve desde hace siglos ni olvidar esas figuras soñadoras consagradas por los impresionistas mirando por la ventana o escribiendo. El café es el pretexto y punto de arranque de esta obra inclasificable. No es extraño que los escritores albaneses, como los de todas las latitudes, se sientan atraídos por esos carismáticos lugares, tan propicios para la evasión como inmersos en la realidad más cruda. Aun así, me pregunto ¿qué ha llevado a un escritor tan reconocido como Ismail Kadaré a recopilar  y llevar a la imprenta un puñado de escritos sin demasiada relación entre sí, pero que son un retrato de sí mismo? Porque esos retazos más o menos dispersos en origen conforman un mosaico que muestra la personalidad, vivencias, pensamientos, ideas, en fin, pasado y presente, no solo del escritor sino de todo un país, Albania, salpicado  por constantes cataclismos que se describen bastante fielmente con solo unos cuantos rasgos. Y es ese conglomerado de historia y vivencias lo que me ha parecido fascinante.
Kadaré, el escritor de dos mundos –oriente y occidente, el comunista y el burgués– ese que confiesa abiertamente su inquietud de todos los años un mes antes del fallo de los Nobel, realiza aquí, quizá sin querer, su autorretrato. En principio, puede que una colección de notas personales con distinta temática y fecha no seduzca demasiado al lector potencial, pero a mí me han parecido más auténticas que cualquier biografía propia y ajena, y mucho más que las artificiosas auto-ficciones, motivadas casi siempre por un mal disimulado narcisismo. Para empezar se trata de reflexiones aparentemente escritas cuando el autor sentía determinada preocupación, le estimulaban unos recuerdos concretos, necesitaba reflexionar sobre un asunto, y eso nos acerca a la faceta humana mejor que cualquier reconstrucción al uso. De paso conoceremos su faceta de ciudadano preocupado por los acontecimientos mundiales y nacionales, se nos desvelarán algunos de sus puntos de vista y aprenderemos algo de historia albanesa . Cómo es natural, los admiradores de la obra de Kadaré serán quienes más disfruten de estas páginas, pero también puede servir a quienes deseen leerle en un futuro próximo.
Y ahora una pregunta que no sé si viene a cuento. ¿Puede ser socarrón un escritor albanés? Lo he buscado en el diccionario y, sí, existe el término en ese idioma. Y es que me pareció que, en algunos momentos, ironía, incluso sarcasmo, era quedarse muy corto. ¿Letras que se largan sin previo aviso porque se han quedado embarazadas (sic)? ¿Cafés enemistados con los escritores por ocupar el lugar de otros clientes? A propósito de los cafés, el volumen comienza situando en París a un escritor que se pregunta (y pregunta a otros) si ha sido invitado realmente por Francia o todo se debe a un malentendido. Toda una declaración de intenciones para lo que vendrá más tarde, pues mucho de lo que cuenta no es exactamente cómo dice, hay que reinterpretarlo, encontrar los matices, adivinar lo que oculta tanta sutileza. “Retranca” se le llama también a eso.

“Cierto era que centenares de invitaciones no habrían bastado para hacerme venir, porque ninguna invitación de este mundo podía llegar al lugar donde residía desde hacía años, bajo tierra. Y menos aún llegar a desenterrarte y traerte a este lado. Y era normal que todo ello resultara increíble, puesto que nunca había sucedido que un muerto apareciera allá dónde se le esperaba, en el número 79 del bulevar Saint Germain.”

Pero nadie mejor que él mismo para definirlo. “… sin saber cómo, desde el momento que me ponía a escribir, afloraba de inmediato aquel estado anímico singular que podría ser tomado por posición irónica, irreverente o simplemente irresponsable frente a todo y todos. Era como una suerte de secreto nerviosismo, un salirse por la tangente incomprensible, o tal vez una coraza defensiva en forma de desdoblamiento”. Y es que, bajo cierta apariencia de frivolidad, se tratan cuestiones que no son para nada intrascendentes: tanto socio-políticas (invasiones, guerras, dictaduras, enemigos seculares, censura, imposiciones ideológicas) como particulares (delaciones, envidia y rivalidad, complots, lealtades inquebrantables, confidencias a media voz) motivadas por las primeras, pero que en realidad ocurren en todas partes. “Durante el siglo XX primaría la alianza no declarada del otomanismo y el comunismo. Su sustento era una carencia: los otomanistas no tenían nación, sino religión. Los comunistas no tenían patria, sino ideología”. Tampoco elude la especial situación de las mujeres, castigadas por ir descubiertas cuando la religión estaba en el poder y a la inversa en los tiempos del comunismo, o de las escritoras que, a causa del ostracismo a que fueron sometidas, acabaron en el exilio y utilizando una lengua distinta de la materna, o ese código siniestro llamado kanum –que en Abril quebrado describe y analiza desde varios puntos de vista– y que, paradójicamente, según él, libra a la mujer de la muerte (tratándola como un mero objeto, añado yo). Se percibe, además, un trasfondo de melancolía por el sufrimiento colectivo y de orgullo por sus propias creaciones.
De todo ello puede deducirse que en estas piezas Kadaré no compone un relato con principio y fin según los cánones, él simplemente esboza: alude a determinadas circunstancias y deja que sea el lector quien distribuya las piezas según unas instrucciones no demasiado explícitas, pero diáfanas para quien sepa leer entre líneas.

 Traducción: María Roces González

jueves, 19 de enero de 2017

Ismaíl Kadare: La muñeca

Idioma original: albanés
Título original: Kukulla
Traductora: María Roces Gonzále
Año de publicación: 2015
Valoración: está bien 

Ismaíl Kadare es uno de esos escritores que aparecen siempre en las quinielas del Nobel; todos los años está en mi lista personal, por lo menos, y me parece que sería un gran candidato, aunque quizás consideraciones políticas (su posición dudosa en relación con la dictadura de Hoxhá) le alejen del Premio. Ya ganó, mientras tanto, el Premio Príncipe de Asturias, lo que le valió unos comentarios poco simpáticos por parte de Sánchez-Dragó que dejaron en ridículo... a Sánchez-Dragó.

Pero a lo que iba: Ismaíl Kadaré es un gran escritor, de la talla de los más elegantes y sorprendentes narradores contemporáneos; quizás por eso me ha decepcionado un poco esta novela / memoria, en la que se notan algunos de los ragos personales del escritor, pero a la que le falta, creo, algo de poso y desarrollo.

Esta obra narra una serie de episodios en la vida de la familia del escritor (hasta qué punto sean episodios reales o novelados no lo sé, y tampoco sé si importa mucho), empezando por el matrimonio improbable entre sus padres, de familias enfrentadas: los Dori y los Kadaré. A este matrimonio siguen largos años de enfrentamiento larvado entre la madre ("la muñeca") y su suegra, con el padre como juez que nunca llega a dictar sentencia sobre el conflicto; y después saltamos a algunas escenas de la juventud del escritor, sus primeros éxitos, sus inseguridades y su arrogancia infantil, siempre con la figura de la madre como eje estructurador (aunque sutil) del relato.

Como decía, en La muñeca encontramos algunos rasgos que son típicos de la obra de Kadaré: los ambientes misteriosos de una Albania medieval y contemporánea al mismo tiempo; la ambigüedad con la que retrata personajes y situaciones, en particular la figura de "la muñeca", de la que no llegamos a saber si es tan frágil o tan ingenua como pretende aparentar; o la forma aparentemente espontánea, laberíntica que adoptan los textos de Kadaré (y en esto me recordaba particularmente a El accidente).

Y sin embargo, como también decía, me parece que esta es una obra pequeña, en extensión y en profundidad, que podría formar un capítulo de un libro más extenso de memorias, pero que tomado por sí solo no ha terminado de satisfacerme. Es un libro que apunta temas, personajes y anécdotas, pero no acaba de desarrollarlos: no hay duda de que el padre, "el gran Reformador" que está siempre planeando obras en la casa familiar, o la suegra, o la propia "muñeca", podrían haber dado origen a muchas más páginas divertidas, inquietantes o melancólicas. Pero quedan en cierto modo truncados, porque los vemos aparecer en el libro, y ganar consistencia, pero luego desaparecen y el texto pasa a otra cosa, a otros ambientes, a otros temas.

No cabe duda de que unas memorias de Kadaré serían un libro que haría salivar a muchos, entre otras cosas porque sería la ocasión para que el escritor diese su versión sobre los años de comunismo y dictadura en Albania. En ese sentido, La muñeca puede ser un aperitivo o un teaser (como se dice ahora). Habrá que esperar para ver, si los hay, los futuros desarrollos de estas memorias posibles.

También de Ismaíl Kadaré en Un libro al día: El cercoAbril quebradoEl palacio de los sueñosEl accidenteRéquiem por Linda B, La pirámide, Las mañanas del café Rostand

jueves, 19 de junio de 2014

Ismail Kadaré: La pirámide

Idioma original: albanés
Título original: Piramida
Año de publicación: 1992
Valoración: Muy recomendable

Confieso que tengo una debilidad por Kadaré: todo lo que leo de él me gusta. Él es mi eterno candidato al Nobel, y lo volverá a ser el año que viene, cuando, después de premiar a una mujer angloparlante, los sabios suecos piensen en premiar a un escritor masculino de una lengua minoritaria. He leído de él media docena de novelas, quizás incluso alguna más, y diría que sus obras gravitan entre dos polos: el retrato realista de la sociedad albanesa (en particular de su ley de honor o Kanun), como en Abril quebrado o Frías flores de marzo; y las parábolas más o menos declaradas sobre el totalitarismo, inspiradas por el régimen comunista de Hoxha (como la magistral El palacio de los sueños). Entre estos dos polos quedan otras obras difícilmente clasificables, como El accidente o El cerco, igualmente interesantes.

La pirámide se sitúa claramente en el segundo polo. Escrita tras la muerte de Hoxha y en plena descomposición del régimen comunista, esta es una novela alegórica sobre la megalomanía de los dictadores, su obsesión por el poder y el control social o el modo en el que la sociedad se vuelve cómplice de este poder, por la fuerza o, a veces, voluntariamente (por una especie de Síndrome de Estocolmo colectivo).

Todos estos temas, que estaban presentes en El palacio de los sueños (al que ahora me arrepiento de no haberle dado un "Imprescindible") reaparecen en La pirámide: el monumento, representación última de la megalomanía y el culto al individuo se transforma en un símbolo del poder (capaz de proyectar su sombra, metafóricamente, sobre cada individuo de Egipto), pero también, de un modo muy concreto, en un medio para controlar y someter a los súbditos de ese poder. Las conjuras (verdaderas o falsas), duramente reprimidas; la propaganda y sus consecuencias; la tortura y la muerte, constantes y omnipresentes, son elementos comunes al Egipto imaginado por Kadaré, y a la Albania de Hoxha (y a tantos otros regímenes totalitarios, como viene a sugerir el epílogo en que la pirámide se "reencarna" a través de los siglos y de los espacios).

Kadaré, en La pirámide como en El cerco, parece no tener problema para trasladarse a otro tiempo y adoptarlo como propio; no se debe esperar, en esta novela, sin embargo, rigor histórico en sentido estricto. Se trata, como hemos dicho, de una parábola, y lo que importa es por lo tanto el mensaje de la historia, no el detalle concreto. (Estoy seguro de que un egiptólogo que lea esta obra se tirará de los pelos cada dos páginas). Para quienes no somos especialistas en historia, y sí en cambio lectores apasionados de Kadaré, esta novela se disfruta gracias a una narración aparentemente simple, formalmente aséptica aunque no exenta de humor. No es El palacio de los sueños, pero no le anda muy lejos.


También de Ismaíl Kadaré en Un libro al día: Aquí

domingo, 15 de diciembre de 2013

Ismaíl Kadaré: Réquiem por Linda B.

Idioma original: albanés
Año de publicación: 2012
Título original: E Penguara, requiem për Linda B.
Traducción: Ramón Sánchez y María Roces
Valoración: recomendable

Si, por recurrir a un tópico muy baqueteado, una de las misiones de la literatura es la de abrirnos ventanas a otras realidades, he aquí una de esas novelas paradigmáticas.
Albania en la época de la guerra fría. Otro tópico la definía con adjetivos extremos, incluso dentro del totalitarismo: maoísta, estalinista. Si todo siguiera igual, hoy hablaríamos de la Corea del Norte europea. Pero los bloques políticos, en Europa, forman ya parte de la historia. Para ser sustituídos vaya Usted a saber por qué, pero eso no toca juzgarlo aquí.
En cualquier caso, es el totalitarismo, o mejor dicho su paranoica maquinaria de información y autodefensa, el que aturde a Rudian Stefa, dramaturgo que es citado por uno de esos comités de vigilancia albergados en oscuros y grises edificios llenos de pasillos y puertas con carteles crípticos en Tirana (premonitorio nombre de la capital de Albania). Allí es interpelado por la dedicatoria manuscrita en una de sus obras, en poder de una mujer deportada que se ha suicidado. Por el sentido de su presencia. Stefa no pensaba que eso fuera un problema para esos censores disfrazados de guardianes de la revolución, de preservadores de la dictadura del proletariado. Todo le parece descabellado, y él indaga en su obra, en un pasaje concreto que, en otro negociado, está siendo puesto en tela de juicio.
El estado como ente monolítico e implacable, el ideal político convertido en apisonadora que aplasta cualquier brote de disidencia. Esa es la asfixiante sensación, junto a ese viejo paradigma del creador como parte necesaria para que la propaganda obre su finalidad, pero también como incómodo compañero de viaje del gobernante, como elemento desestabilizador. Todos los totalitarismos acaban pareciéndose: control del acceso a la información, manipulación de la realidad, negación de los hechos que minan la moral del ciudadano. Stefa, en una imagen clásica pero kafkiana, sufre la angustia y la inseguridad. Intenta ver más allá y se reune y busca complicidad (esos diálogos tensos, que parecen inacabables tanteos en busca de lo oculto) en los funcionarios. Misterio y suspense e incerteza. Y, por encima de todo, desconfianza. Sospecha, fundada, de que cualquiera que se acerca a uno puede estar al servicio de esa maquinaria absurda pero eficaz.
Todo esto Kadaré nos lo explica con un lenguaje triste y resignado. Como queriendo traspasar al papel ese gris turbio y huérfano en que el estado totalitario convierte la vida de sus súbditos. Hasta el punto de que alguno de ellos crea que una enfermedad puede representar un paso a la liberación. Hasta el punto de que cada individuo lo sea porque le es muy difícil encontrar seres a los que pueda mostrarse sin miedos.

También de Ismaíl Kadaré en UnLibroAlDía: Aquí

domingo, 29 de enero de 2012

Ismail Kadare: Abril quebrado


Idioma original: albanés
Título original: Prill i thyer
Año de publicación: 1978
Valoración: Recomendable



Entre las enormes virtudes de esta novela destacaré:

Una prosa magnética dotada de gran poderío visual impregnado de simbolismo.

Una gran capacidad de estructuración narrativa.

Una maestría indiscutible en la creación de personajes e historias, desarrollo de momentos narrativos y repaso de antecedentes.

Un profundo conocimiento de la sociedad que pretende retratar.

El acierto de recoger y trasladar una realidad sociológica terrible, además de poco conocida para el público no albanés, que despertará la curiosidad de cualquier lector.

En resumen, Kadaré es, sin ninguna duda, un excelente novelista.

Y sin embargo…

A pesar de que se lee con muchísimo interés, que es una delicia recrearse en las descripciones de la naturaleza, que cada alusión, cada imagen guarda otro significado además del evidente, de que nos sobrecoge por lo que tiene de reflexivo y de alusión a realidades terribles. A pesar de que es capaz de retratar lo irremediable, el enorme poder en una sociedad cerrada de tradición y oligarquía que, aliadas como suele ocurrir, ningún súbdito se atreve a poner en entredicho. A pesar de ser el espejo de la injusticia patente, de la crueldad que se respira, de la brutal represión y de la mutilación de los derechos humanos que supone tener determinado hasta el menor movimiento…

Con tantas bazas a su favor y aunque parezca mentira, Kadaré no ha construido la obra maestra que prometía en un principio.

O precisamente por eso.

Cuando se produce una ofensa a la honra o a la integridad física de algún miembro de una familia, el Kanun, código de honor albanés, obliga a restituirlo por medio de la venganza de sangre o besa. Gjorg, hijo de uno de los clanes, cuenta con un plazo para ejecutar esta venganza. Ésa es la razón de que el mes de abril quede para él trágicamente dividido en dos partes: la primera, en la que todavía no es el objetivo de los futuros vengadores y después, cuando su vida penda de un hilo y para salvarla se vea obligado a esconderse.

El cine, como no podía ser de otro modo, ha reclamado esta historia- Los resultados son Te paftuarit (Abril roto), dirigida por el albanés Kujtim Çashku en 1985 y Abril Despedaço 2001), del brasileño Walter Salles.

En uno de los capítulos, y a través del monólogo interior del intendente de la sangre, se nos revela el funcionamiento general de esa sociedad rural. Entre los ayudantes del príncipe se encuentran también el intendente de la tierra, que recoge los ingresos procedentes de las cosechas, el de los ganados y pastos, el de las minas, el de los molinos… Pero un intendente de la sangre ¿qué es lo que recauda? Pues nada menos que la llamada tasa de la sangre , es decir, los ingresos que generan las venganzas, sustanciosos hasta hace poco y que, debido a la fuerza de los tiempos, empiezan a disminuir de forma alarmante. Si antes el intendente de la sangre era el que más ganaba de todos, ahora sucede al revés. Cada vez hay menos venganzas, y esto es inadmisible. La ruina. Por eso, la mirada del príncipe “parecía decir: tú eres el intendente de la sangre, debes por tanto ser el principal instigador de la venganza, tú has de ser quien la incite, la despierte y la exacerbe si se debilita o adormece.”

Las tierras labradas y las abandonadas se alternan dependiendo de a qué familia o familias les toque el turno de vengarse. La kulla (o vivienda) de enclaustramiento es el lugar dónde se encierran los que no pueden labrar sus tierras porque tienen una venganza pendiente.

Los médicos no están allí para sanar a nadie – de eso ya se encargan los propios campesinos usando sus remedios tradicionales – su función no es otra que poner precio a las heridas que se infringen unos a otros.

Hacia el final de la novela, la forastera, Diana, en un descuido, entra en un lugar en el que nadie, ni los varones más poderosos del lugar, se atreverían a internarse.

¿Qué pasó allí?

Kadaré no debería ocultarlo ya que hace suponer al lector que ni siquiera él es capaz de aventurar ninguna hipótesis y eso es algo que un narrador omnisciente no se puede permitir. El detalle inverosímil lo encuentro en la fascinación de Diana por Gjorg. Tal como lo presenta me parece tan artificial, tan novelesco en el peor sentido de la palabra, que da la impresión de que esos pocos momentos de la novela la rebajan, no están a la altura del resto. La coherencia quedaría a salvo si sólo describiese admiración por el físico, pero esa deslumbramiento causado por un extraño con quien no se ha cruzado una palabra es más propia de una literatura de calidad muy inferior.

Tanto la riqueza, la complejidad social y humana que se intuye en la sociedad que retrata (una sociedad tan peculiar que merece que se desentrañen sus misterios, que se pongan al descubierto sus secretos más recónditos, las pautas de comportamiento, los pensamientos, los temores, los comportamientos, las costumbres) todo eso se pierde o se diluye en hábiles simplificaciones. La novela acaba mucho antes de lo que debiera, con un desenlace tan brusco que oculta gran parte de los hechos, resultando incluso inverosímil lo que queda al descubierto finalmente. La introducción de personajes ajenos a la comunidad (la pareja de recién casados), que a priori, podría parecer un buen procedimiento para observar con ojos nuevos una sociedad ancestral, acaba siendo un simple truco del autor para allanarse el camino, ya que se escuda en ellos para no internarse todo lo que debería en los entresijos de la vida de los autóctonos contentándose con mostrar únicamente la superficie.

Y a pesar de todo ¿cómo no recomendarla?

Todas las reseñas de Ismaíl Kadaré en ULAD: Aquí

miércoles, 25 de agosto de 2010

Ismaíl Kadaré: El cerco

Idioma original: albanés
Título original: Rrethimi
Año de publicación: 1970
Valoración: Muy recomendable

Con Ismail Kadare me pasa algo que casi me parece preocupante: todo lo que leo de él me gusta. Me encantó El Palacio de los Sueños, lo primero que leí de él, y que es una kafkiana alegoría sobre el poder y sus paranoias; Frías flores de marzo me pareció fascinante, por su mezcla de literatura de género y leyenda albanesa; El accidente, que en comparación con las otras es probablemente la más floja, sigue siendo sin embargo una indagación literaria y sentimental muy interesante; y El cerco, la última de sus novelas publicada en nuestro idioma, la he devorado en dos días y me ha dejado la sensación de una obra magnífica, que cumple a la perfección todo lo que se propone.

El cerco tiene una historia editorial interesante, que nos relata el traductor en el prólogo de la versión española: publicada por primera vez con el título de La fortaleza (aunque Kadare le había puesto el título de Los tambores de la lluvia), y mutilada por la censura, la novela fue reescrita por el autor en 1994, ya en el exilio, recuperando varias escenas eróticas y referencias religiosas que habían sido suprimidas en la versión censurada. Es esta nueva redacción de la obra la que recibe el título de El cerco, y la que se publica traducida al español (aunque existía una traducción española de la versión corta, publicada en 1974).

Desde el punto de vista narrativo, El cerco es probablemente la más sencilla de las novelas de Kadare (que yo he leído hasta ahora): narra el asedio de una fortaleza albanesa por parte de las tropas otomanas durante el reinado de Jorge Castriota-Scanderberg, principalmente desde el punto de vista de los invasores (el bajá, el intendente general, el arquitecto, el cronista, el poeta, las mujeres del harén del bajá), aunque con breves episodios que presentan la visión de los asediados. El desarrollo implacable y crudamente poético de la acción, y los continuos cambios de foco y de punto de vista hacen que la lectura sea especialmente agradable (aunque lo que se narra no siempre lo sea).

Resulta complicado hacer una interpretación política de esta novela (algo que es mucho más sencillo con El palacio de los sueños). De hecho, la exaltación de la defensa de los albaneses podría interpretarse como un canto nacionalista que la dictadura de Hoxha podría asumir sin problemas; aunque también se ha interpretado como un retrato de, precisamente, el aislacionismo y la autarquía de Albania durante la dictadura... En todo caso, Kadare ha repetido en varias ocasiones que él no es un disidente ni un militante político, sino solo un escritor en un régimen en que la disidencia no era posible (algo que otros niegan y que, al parecer, le ha valido críticas en su propio país una vez lograda la democracia). En fin, que cada cual piense lo que quiera...


También de Ismaíl Kadaré en Un libro al día: El cercoAbril quebradoEl palacio de los sueñosEl accidenteRéquiem por Linda B, La pirámide, Las mañanas del café Rostand

viernes, 30 de abril de 2010

Ismail Kadare: El accidente

Idioma original: albanés
Título original: Aksidenti
Año de publicación: 2008
Valoración: recomendable

Siempre había tenido a Sánchez-Dragó por un ególatra y un insustancial, pero mis sospechas se confirmaron con sus declaraciones después de que, con él como miembro del jurado, se le concediera el Premio Príncipe de Asturias a Ismail Kadare. "Es una extravagancia"; "Hemos premiado al escritor más importante de Albania, lo que no sé es si hay otros", dijo, entre otras lindezas. Quizás debería haber esperado, antes de ponerse a soltar boutades, a leer algunas de las novelas de este novelista sorprendente y cautivador, y que, en mi modesta opinión, se encuentra muy por encima de Haruki Murakami, uno de los autores por los que abogaba el bueno de Sánchez-Dragó. Por ejemplo, podría leer esta novela que acaba de ser publicada en nuestro país, y que contiene una mezcla de intriga policiaca, novela romántica y relato sobrenatural.

El accidente comienza, como era de esperar, con un accidente de tráfico, en el que mueren Besfort Y. y su amante, Rovena; y narra, a través (supuestamente) de la investigación forense posterior, las últimas semanas de la pareja, que se reúne tormentosamente en diversas ciudades europeas. De las tres partes de que consta la novela, la primera y la última componen el marco narrativo policiaco; la segunda, la más larga, reconstruye la historia de amor de los amantes, su éxtasis inicial y su descenso hacia la autodestrucción (emocional y física, en este caso), incluyendo un simpático -aunque narrativamente chocante- homenaje a El curioso impertinente, de Cervantes. La tercera parte, que debería ser la conclusión, introduce en cambio nuevos interrogantes sobre la trama: ¿tal vez las cosas no son lo que parecen? ¿Quizás la historia no ocurrió como se nos ha contado desde el comienzo?

Desde luego, en una novela de Kadare uno nunca va a encontrar lo mismo de siempre. Para mi gusto, Kadare podría juntarse a Kundera y Kertesz (todos con K, kuriosamente) en una terna de escritores capaz de sugerir reflexiones mucho más amplias que las historias concretas que narran; aunque Kadare lo hace de manera sutil e implícita, mientras que los otros dos son mucho más explícitos. En este caso, por ejemplo, se percibe, tenue pero innegablemente, que los destinos de Besfort y de Rovena están unidos a los de su propio país, Albania: la guerra, los crímenes, la relación con el resto de Europa...

Es verdad que El accidente no es, quizás, la mejor novela de Kadare: a mí me gustaron más El palacio de los sueños o Frías flores de marzo. Pero aun así, sigue siendo una novela magnífica, muy superior a la media, que creo que no decepcionará a ningún lector. Salvo, claro, a Sánchez-Dragó...

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jueves, 25 de junio de 2009

Ismail Kadare: El palacio de los sueños

Idioma original: Albanés
Título original: Nënpunësi i pallatit të ëndrrave
Año de publicación: 1981
Valoración:
Muy recomendable

Ismail Kadare (o Kadaré, con acentuación francesa), el reciente Premio Príncipe de Asturias de las Letras, es un escritor relativamente poco conocido en nuestro país -al menos hasta ahora-. Yo no había oído hablar de él hasta hace aproximadamente dos años, cuando una amiga me recomendó y me prestó El palacio de los sueños, que está considerada como una de sus obras más importantes. Me encantó.

El palacio de los sueños tiene un aire a El Castillo, de Kafka, y aunque Kadare niega considerarse un disidente del régimen comunista, podría considerarse como una alegoría de los extremos a los que llega el poder absoluto. Situado en la capital del Imperio Otomano, narra la historia de Mark-Alem, un hombre que, después de mucho intentarlo, logra entrar a trabajar en el Palacio, en el que se analizan los sueños de todos los súbditos en busca de señales de rebelión o disidencia. Los sueños son estudiados, clasificados y seleccionados, y cada semana se elige un Sueño con mayúsculas que, debidamente interpretado, condicionará las decisiones del Sultán.

La sensación que deja la novela es agobiante, desasosegante, alucinatoria. El universo gris y opresivo en que se mueve Mark-Alem es, como decía antes, propiamente kafkiano, y su ascenso a través de la escala jerárquica del palacio, igual de inexplicable que la sentencia contra K. en El proceso. La novela incluye también varios pasajes oníricos (como corresponde al tema, pero también a las preferencias de Kadaré, que huye siempre del realismo) que contribuyen a acentuar esa sensación de desaliento y desorientación que comparte en protagonista y el lector.

Hace poco he leído otra obra suya, Frías flores de marzo, que también me ha parecido muy interesante. Tenemos la suerte de que Alianza está publicando buena parte de la obra de Kadare en formato de bolsillo, así que ya sabéis, corred a vuestra librería más cercana antes de que se agote...

También de Ismaíl Kadaré en Un libro al día: El cercoAbril quebradoEl palacio de los sueñosEl accidenteRéquiem por Linda B, La pirámide, Las mañanas del café Rostand