Año de publicación: 2025
Valoración: Muy recomendable
Isaac Rosa tiene un radar. Siempre da en el clavo del zeitgeist español. En 2008, cuando empezaba a notarse la emigración y el miedo al otro se colaba en la vida cotidiana, publicó El país del miedo. En Feliz final habló de las relaciones líquidas, del amor vaporoso y de las rupturas cada vez más frecuentes. Y tras la pandemia, cuando por primera vez todo el mundo entendió que el fin del mundo podía llegar en cualquier momento, apareció Lugar seguro. Así que, ahora, no sorprende que escriba sobre el insomnio: nadie duerme bien.
La novela comienza con unas primeras páginas que piden ser leídas en voz alta, recitadas casi como una salmodia.
'No podemos dormir. Cada noche retrasamos la hora de acostarnos, cada noche nos vamos antes a la cama, cada noche lo hacemos a la misma hora y no: no podemos dormir. Tardamos en coger el sueño, lo logramos enseguida para despertarnos poco después, nos sorprende la alarma nada más cerrar los ojos. Nos sentimos llenos de energía y por eso no podemos dormir, nos sentimos agotadas y por eso no podemos dormir'.
A partir de ahí, Rosa urde una trama minúscula —dos insomnes sin nombre que se encuentran por casualidad y descubren que, juntos, sí pueden dormir— para hablar de las causas del insomnio. Y es donde siempre acierta: el problema no es individual, es colectivo. Por muchos remedios caseros, muchas pastillas o mucha higiene del sueño… el problema está ahí fuera. No es que algo funcione mal en nosotros; es que el sistema (trabajo, familia, hipoteca, estrés…) nos aplasta y nos impide dormir.
Pero Las buenas noches no es un panfleto: es una novela y muy bien escrita.
Aunque lo habitual en una reseña sea hablar del contenido, aquí conviene insistir en que la literatura es, ante todo, forma y estilo. Diría que lo mejor de Rosa. Su estilo recuerda por momentos al último Javier Marías: frases largas, a veces de una página entera, en la que una idea se repite con variaciones, hasta llegar a un punto muy diferente. Un ejemplo (no pongo la frase íntegra):
'Yo en realidad no duermo nunca bien, dijiste, no duermo en los hoteles pero tampoco en casa, me acuesto muy tarde, espero a que me venza el sueño para no quedarme dando vueltas en la cama, y si lo consigo me despierto pocas horas después y ya no duermo más; he probado de todo, rutinas fijas, alejarme de pantallas dos horas antes, cenar poco, cenar lechuga, no cenar, hacer relajaciones, respiraciones profundas, deporte, nada de deporte horas antes, mierdas homeopáticas, y hasta ahora he evitado medicarme',
Rosa alterna la narración más convencional -la historia de esos dos desconocidos que duermen juntos- con un diario del sueño (o del no dormir), recomendado por el médico de cabecera al protagonista. Como es habitual en su obra, es en esos desvíos donde aprovecha para pensar: qué significa dormir, qué significa no hacerlo y por qué demonios no dormimos bien (o por qué duermen bien quienes sí duermen bien).
Algunos pasajes son directamente brillantes. La parte de la factura online, por ejemplo, es buenísima: me he reído a carcajadas. Rosa consigue que se te escape una sonrisa… y acto seguido te la corta. Porque lo que aparece debajo de la broma es el reconocimiento incómodo: estamos jodidos.
Quizá por eso Las buenas noches no ha tenido la repercusión que merece. Tal vez porque se aleja de la lectura sencilla de muchas novelas de moda (no citaré cuáles), o porque señala la causa profunda de nuestro malestar: el capitalismo, el trabajo, el maldito siglo XXI.
Firmado: Raul Gay
También de Isaac Rosa reseñado en ULAD: La mano invisible

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