martes, 13 de enero de 2026

Truman Capote: Se oyen las musas

Idioma original: inglés
Título original: The muses are heard
Año de publicación: 2025
Traducción: Sandra Caula
Valoración: muy recomendable

Absolutamente sorprendido de que hasta hoy este texto no contara con una traducción al castellano. Lo que lo convierte en obvia elección para cualquier completista, pero desde luego que en momento oportuno como pocos se publica, justo cuando ese fantasma de la Guerra Fría que parecía ya no adormecido sino aletargado parece no solo ir a despertar sino incluso alcanzar tanto nivel de activación que lo de fría habría que revisarlo. Pero quizás ya está bien de invocar malas vibraciones: este texto puede ser cualquier cosa pero ni lúgubre, ni gris ni pesimista o resignado. Tenemos a Truman Capote como reportero o cronista o testigo de primera mano de un curioso experimento allá por los años 50, justo cuando los bloques estaban, digamos, asentándose, cuando la división profunda causada por la brecha capitalismo vs comunismo (o viceversa, no se ofenda nadie) todavía dejaba algún resquicio para iniciativas cuajadas de buena voluntad.
Y la visita de una compañía de teatro estadounidense para representar el clásico teatral en la Unión Soviética, desde luego debió ser, ni que sea por lo inconcebible que pueda parecernos tres cuartos de siglo más tarde, uno de esos actos, un intento de recuperar la hermandad entre naciones que, tras oponerse unidas a la Alemania nazi, empezaba a parecer algo excesivamente forzada. Ya en ese momento las dos grandes potencias globales hacían algo mucho más contundente que echarse miradas desconfiadas de reojo. De esa premisa parte esta crónica, que, sin llegar al nivel posterior de Capote, quizás la temática más ligera, más proclive a tomar un cierto aire vodevilesco, propio incluso de la propia escenografía de la situación; tenemos una compañía teatral que va a representar una obra musical crítica con el racismo (que en ese momento no era un problema que acuciase a los rusos) y que se embarca en un largo viaje en tren desde Berlín oriental hasta Leningrado, y parece cada kilómetro que el tren avanza, conforme se acercan y los miembros van notando que se alejan del mundo que conocen y van enfrentándose a lo que apenas intuían: que su visita contará con un buen recibimiento, con todos los parabienes, que sus anfitriones les aguardan excitados e ilusionados. Pero que el aparato subterráneo, el mismo que ha orquestado la posibilidad de su presencia ahí, es a la vez opaco, no amenazador sino inquietantemente impenetrable, no solo por la obvia dificultad de comunicación sino por ese choque a varios niveles. 
Capote no se manifiesta tan nítidamente en sus opiniones: su visión como parte de la comitiva - la parte que ha de relatar lo que ve y especular con lo que no puede ver - está, quizás, matizada por la propia situación. Pero desde luego recuperar un texto inédito de semejante icono literario, y en una situación tan sumamente única, convierte a Se oyen las musas en algo a recomendar de forma entusiasta.

Otras reseñas del autor en ULAD: aquí

No hay comentarios: