Idioma original: inglés
Título original: Radical attention
Año de publicación: 2020
Traducción: Albert Fuentes
Valoración: bastante recomendable
A la estela de cierto comentario reciente, y sin llegar a recordar nítidamente (el hándicap que tiene uno, que no alcanza los 140 libros al año de lecturas, y se resigna a unos 40 o 50, eso sí, gratis) dónde surgió la referencia a este ensayo, Atención radical, publicado en 2020, otra fecha - quizás algún marciano aún se pregunte por qué - que pasa a ser un hito de esta humanidad globalizada y uniformada y adormecida y adocenada, aunque hipotéticamente democratizada.
Oh sí: justo criticaba en ese cierto comentario reciente (le llamamos CCR a partir de aquí, vale) lo sencillo que se nos está haciendo acudir a los ensayos que corroboran y fortalecen nuestras ideas y actitudes hacia el mundo, los cerramos de vez en cuando e incluso podemos acunarlos en el regazo proclamando para nuestros adentros dice exactamente lo que yo pienso y, siento que muchos me lapidarán por eso, somos capaces de cometer el crímen sacrílego, como ha hecho el despojo humano que tomó la copia del libro en algún momento antes de hacerlo yo, de subrayar, como para dejar estúpida constancia de su paso por ahí (equiparemos subrayar un libro que no es tuyo a algún crimen como destrozar una habitación de hotel, ya) y de su agudeza visual y de las frases o párrafos que le impactaron. Por favor, parad. Los libros que no son vuestros, los libros que esperáis que alguien diferente a vosotros lea, no los subrayéis, no pongáis anotaciones que muestren al mundo vuestra lucidez. Prestadlos, recomendadlos, apuntad discretamente que tal o cuál parte es brillante o remarcable, pero, por favor, respetad a cualquier futuro lector en su libre elección de qué gusta o entusiasma de cada libro.
P.D. Y si lo hacéis porque habéis tomado el libro para algún tipo de trabajo académico o como referencia; subrayad suavemente, y, cuando ya no necesitéis el libro, usad una goma de borrar con paciencia, mimo y cariño.
Oh sí: la vena hater se ha apoderado de mí. De eso hablaba en ese CCR, de esa construcción del mundo de los dos bandos, de esa obsesión binaria por definir un bloque y alinearse en él, qué digo alinearse, atrincherarse. Julia Bell ya nos planta un spoiler en ese título: ATENCIÓN RADICAL, que hasta en la portada está remarcado en mayúscula, fondo amarillo en medio de esas líneas de código que a algunos resultan ya familiares. Y a partir de ahí, apenas ochenta páginas - lo justo para llamar a esto libro y no panfleto a la indignaos - que cuentan, lógicamente, con una detallada bibliografía y con una nota de agradecimiento que aclara que el libro toma una postura crítica hacia las premisas que lo han hecho posible.
Oh sí: amamos las contradicciones y la coherencia está sobrevalorada. Otro punto más no tratado en el CCR.
El texto de Julia Bell es una sucesión de anécdotas, hechos aislados que remarca y observaciones con algún leve tinte filosófico que configuran un conjunto que viene a demostrar eso: que si las Redes Sociales, la apoteosis invasiva, aunque sea con la contraprestación de facilitar ciertos aspectos de nuestra vida, va, aceptemos que muchos, todo lo que entra a través de nuestros ojos a través de los smartphones, valoraremos supongo algún día el modo avasallador en que han penetrado en nuestra existencia, no está acaparándonos, no está siendo ya excesivo y condicionando la psique de varias generaciones. Lo que sucede es que ese texto ejemplifica un poco lo que viene a denunciar: toma referencias a mansalva y, en el fondo, articula un discurso algo atropellado y disperso de todo lo que ese avance - avance, el subrayado es mío - representa en cuanto a lo que podríamos denominar daños colaterales. Que apenas media docena de empresas del mundo monopolizan las aficiones, filias, fobias, gustos, preferencias de compra de miles de millones de usuarios y que lo hacen a través de mecanismos sofisticados (¿maquiavélicos?) que hacen urdir muchas teorías y denunciar, qué novedad, la sensación de debilidad del usuario/cliente/víctima, que a la deriva en un océano de agresivos vendedores/ofertantes/encantadores de serpientes, no tiene otra opción que caer una tras otra en tentaciones, sean estas realistas, sean estas asequibles. Interesante, la premisa, lógica la denuncia de Bell, atractivo, ese desfile de ejemplos. No sé si da para apretar los puños de indignación. No sé si uno ha de sentirse ofendido por que se sugiera que cuesta desmarcarse de la masa borreguil. No sé, tampoco, si allá por 2030 otro corto ensayo de una escritora multifunción denunciará otra situación, otras cosas.

1 comentario:
De su vívido comentario creo que me va a quedar en la memoria un sintagma: obsesión binaria. Magnífica formulación de uno de los problemas de nuestro tiempo.
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