lunes, 26 de enero de 2026

Javier Jiménez: Desvío a Trieste

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2023

Valoración: Más bien decepcionante


No se puede negar el atractivo de las tierras fronterizas, lugares que a lo largo del tiempo han ido atesorando la influencia de vecinos cambiantes, inmigrantes y conquistadores, marineros y comerciantes con sus diferentes culturas, modos de ver la vida, de saludar o de vender, de moverse o edificar. Todas esas huellas quedan marcadas, superpuestas y a veces invisibles, sobre la personalidad del lugar, que termina hablando alguna lengua híbrida o varias al mismo tiempo, cuyas calles siguen trazados diversos según cuándo se diseñaron, y en todas partes se distinguen detalles a veces chocantes cuyo origen pocos identifican ya. Aunque nunca he estado en Trieste, esa pequeña ciudad en el extremo del Adriático, a un paso de Eslovenia, hoy italiana y antes muchas otras cosas, parece ser que es un estupendo ejemplo de ese cosmopolitismo.

Todo esto sería muy interesante si Javier Jiménez (quizá más conocido como Javier Fórcola, director de la editorial homónima) hubiera querido contarnos cosas sobre una ciudad que parece conocer bien. Pero creo que tenía otras intenciones, que descubrimos ya en el mismo prólogo, unas cuantas páginas cuajadas de citas, fechas y nombres de escritores, músicos, nobles o gobernantes que, o bien tuvieron alguna relación con la ciudad, o bien se supone que ilustran su historia. Fácil de decir, pero difícil de entender para quien no lo haya leído, porque en una sola página podemos encontrar diez o quince citas, tal vez veinte nombres, que hacen de la lectura un ejercicio de verdad irritante. Con muy escasas excepciones todo el libro será así.

Algo hace pensar en una gran base de datos, muy bien parametrizada, con cientos o miles de citas y fragmentos, nombres de autores y obras literarias, musicales o cinematográficas que algún algoritmo se encarga de enlazar con destreza. Da igual si esa herramienta informática solo existe en la cabeza del autor, le reconocemos desde luego el mérito, pero el resultado no nos interesa, porque los puntos de conexión con el objeto del libro (recordemos, Trieste) son tan débiles que aquel queda sepultado, o más bien arrinconado, ignorado, de manera que perfectamente podríamos estar leyendo algo acerca de cualquier ciudad del mundo. 

Es una especie de libro-Frankenstein, construido con postizos de mil sitios, con lo que otros dijeron antes. Como si construyésemos una reseña juntando frases de otros reseñistas, de comentaristas de redes o periódicos. Con una lupa hay que buscar una opinión personal sobre la ciudad, sus calles, su luz, sus gentes, hoteles o comercios, que era lo que habíamos venido a buscar, de manera que no le encontramos el alma, ni a la ciudad ni al texto. La aportación subjetiva del autor queda en muy poca cosa, como no sea exhibir sus conocimientos de música clásica o impresionar con referencias a las joyas que lucen en su fonoteca y biblioteca, con innumerables versiones de la Divina Comedia, o grabaciones de Verdi o Mahler, todas las cuales conoce a la perfección.

Ay, las expectativas. Quizá deberíamos ser un poco más benevolentes si vemos el libro no como lo que esperábamos, un texto con experiencias, imágenes o impresiones del viajero experimentado, sino como lo que realmente es, un ejercicio personal de erudición que toma como punto de partida una ciudad cualquiera. Que no le quitaremos mérito en esa dirección, pero a lo mejor lo que le interesa al autor está bastante alejado de lo que deseaba el lector, que era ni más ni menos que Trieste, ese lugar sobre el que seguramente había tanto que contar, pero sobre el que terminamos sin saber casi nada.


No hay comentarios: