Idioma original: inglés
Título original: The Bee Sting
Traducción: Javier Calvo en castellano para Anagrama
Año de publicación: 2023
Valoración: muy recomendable
Título original: The Bee Sting
Traducción: Javier Calvo en castellano para Anagrama
Año de publicación: 2023
Valoración: muy recomendable
Hay libros que vienen precedidos de cierta fama por ser candidatos a premios y tener grandes valoraciones en medios y redes sociales. Pero a veces, y ya somos perros viejos en esto, los premios no siempre vienen acompañados de calidad literaria o, digámoslo de manera más políticamente correcta, de afinidad a nuestros gustos. Así que consultar fuentes fiables siempre es una opción a tener en cuenta, y más cuando el libro en cuestión podría formar parte de una de nuestras Tochoweek. Pero el placer máximo se alcanza cuando el atrevimiento encuentra el acierto, como este es el caso.
En cuanto a planteamiento, el autor no parece ponerlo fácil de entrada, pues los capítulos son muy extensos (cerca de las cien páginas cada uno) con lo que se podría pensar que hay que entrar con cierto empuje y coraje para adentrarse en un libro de más de setecientas páginas. Pero nada más lejos de la realidad: las páginas vuelan en manos del lector ávido en conocer detalles de la vida de la familia que conforman los cuatro personajes principales de la historia. Unas vidas en presente (y en pasado) que el autor nos va desgranando, centrando cada capítulo en uno de sus miembros a lo largo de la narración. Con ello, el lector entra de lleno en el mundo que Murray nos plantea, un mundo lleno de claroscuros, de fracasos, de inercias que arrastran decisiones erróneas e infortunios y, con ello, vamos viendo los diferentes aspectos de la vida de la familia Barnes y las intra(relaciones) que los envuelven. Así, tenemos al padre, Dickie, un vendedor de coches propietario de un concesionario en horas bajas que de golpe se obsesiona por el calentamiento global y la ecología y que lleva el peso de una herencia no siempre deseada. La madre, Imelda, una belleza que proviene de una familia de origen humilde, crecida en una casa donde «nunca se hacían planes. Nadie pensaba en el futuro. La vida simplemente se te echaba encima como una banda de tipos saliendo de una furgoneta», una atractiva compradora compulsiva con una vida de la que parece arrepentirse y de la que no sabe cómo salir. También tenemos a Cass, la hija, una chica con dudas sobre su identidad sexual y que sueña por abandonar el triste y pequeño pueblo en el que viven pues allí «no había tiendas de verdad; en vez de McDonalds y Starbucks, tenían el Binchy Burgers y el Café de Mangan», y luego finalmente está PJ, el hijo un tanto alocado, perdido, con facilidad para meterse en líos y con el que nadie parece contar mucho.
Todos estos elementos conforman los ingredientes para el cocktail (molotov en este caso) que Paul Murray sabe elaborar y hacer estallar de manera controlada y efectiva, pues su prosa es afilada como la aguja de la abeja y certera como la picadura de su aguijón; es precisa en el retrato de los personajes que copan la narración, pues todos ellos (pocos, y es un acierto) están perfectamente perfilados y el lector sabe en todo momento qué piensan y como sienten. El dibujo que traza el autor de los diferentes personajes es limpio, nítido y contrastado entre ellos gracias a la habilidad del autor en saber ponerles voz propia y en componer una personalidad diferenciada; a medida que uno avanza en la lectura del libro, a ratos intrigante y a ratos casi tragicómico, el retrato que hace Murray de una familia desestructurada es de los que dejan poso, pues cada uno de sus miembros da para mucho, tienen un universo propio que permite al autor desarrollar tramas independientes que, a su vez, puede (y sabe) hilvanar para crear una malla que los constriñe en un triángulo devastador formado de crisis económica, familiar y social que se desarrolla en un pequeño pueblo en el que todos se conocen (quizá demasiado) y para quienes la única salida de sus aborrecibles vidas es la que marca el letrero del fin del pueblo.
Estilísticamente, el autor utiliza diferentes formatos en función del personaje, destacando principalmente el de Imelda, pues la ausencia de signos de puntuación ya augura una mente alocada y caótica. De igual modo, cambia de registro al utilizar la tercera persona en primer lugar, para pasar a una segunda y terminar con un estilo más propio del teatro, lo que va en absoluta consonancia con la capacidad que tiene Murray en ir metiendo al lector en la historia, de manera cada vez más próxima, más cercana, más intensa, pues el libro te arrastra a leer página tras páginas pero, a diferencia de los típicos page-turner, aquí el impulso no lo da un gancho, una intriga o un misterio sino querer adentrarse cada vez más en las vidas de sus propios personajes; unos personajes que, si bien no tienen por qué caernos bien (de hecho, sufrimos más con ellos de lo que congeniamos), sí consiguen que nos pongamos de su lado por la gran cantidad de situaciones incómodas y difíciles con las que tienen que lidiar. Ahí está otro de los méritos del autor: conseguir que estemos al lado de sus personajes a la vez que cuestionamos sus decisiones.
Para finalizar, confieso que, aunque no se trata del tipo de lectura que usualmente elijo, la verdad es que he disfrutado enormemente con ella: el retrato es afilado, la comicidad situada en el punto justo pues nada es gratuito ni superficial, la tensión es contante y el ritmo alto. Murray sabe tejer historias con personajes perfectamente perfilados sin dejar que ninguno de ellos caiga de la telaraña del interés argumental. Todo está mesuradamente equilibrado ya que el autor es muy muy hábil en abrir a sus personajes en canal sin dar apenas pistas de ello, y la historia te atrapa y te absorbe mientras miras con distancia, pero a la vez con empatía cómo todo puede torcerse, como las decisiones tomadas afectan, pero también el poderoso gesto del azar, capaz de convertir una promesa en una condena o un camino de rosas en un pozo fangoso. Este es un libro de varias capas a las que uno va adentrándose casi sin darse cuentea. La(s) historia(s) te absorbe(n), por sus personajes y por su argumento, pero especialmente por la innegable habilidad del autor en ir descubriendo a cada paso un poco más de sus caracteres, del porqué de sus relaciones, pero especialmente de sus pasados, origen seminal de quienes son ahora y cómo son y se comportan. La historia se va desplegando a ojos del lector a medida que episodios del pasado van apareciendo y, poco a poco, entramos en el oscuro mundo de expectativas no cumplidas y tragedias inesperadas.
Paul Murray es muy hábil porque teje una historia que va de menos a más, transforma lo que sería una historia casi costumbrista de una familia desestructurada a un entramado que va aumentando en tensión capítulo tras capítulo. El autor sabe perfectamente mesurar ciertos puntos tragicómicos para ir avanzando en una maleza argumental que se va enredando y en la que el lector se queda enganchado sin poder (ni querer) salir de ella. Un libro que se disfruta de principio a fin, y que consigue mantenerte en vilo en sus más de setecientas páginas que parecen muchas menos a pesar de que suceden muchas cosas. Un auténtico librazo que no puedes dejar de lado a pesar de que en ocasiones sufras por lo que les ocurre (justa o injustamente) a sus protagonistas.

1 comentario:
Es el libro que más me ha gustado este año. Original, con unos personajes confusos que te hacen devorar las páginas. Yo, si no fuera que a veces te da la sensación que estás leyendo al escritor J. Franzen le hubiera puesto un " Casi Imprescindible". Excelente reseña.
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