miércoles, 7 de enero de 2026

Guillaume Martin-Guyonnet: La gente que sueña

Idioma original:
Francés
Título original: Les gens qui rêvent
Año de publicación: 2024
Traducción: Marcos Pereda
Valoración: Recomendable

Guillaume Martin-Guyonnet (Guillaume Martin, a secas, para los aficionados y "Guillom Martán" para Carlos de Andrés) es un bicho raro. En un submundo como el de los deportistas de élite, asociado al lujo, la banalidad, la ostentación, los tatuajes chungos y los peinados de dudoso gusto, que un ciclista profesional con una sólida carrera, buenas victorias y hasta un top 10 en la general del Tour sea filósofo de formación (tesis sobre Nietzsche incluida) es, cuanto menos, curioso. Que, además, tenga ya tres libros publicados dice mucho acerca de sus inquietudes, creo yo.

Este La gente que sueña que hoy reseñamos es el último de los textos publicados por Martin y el más cercano a la ficción pura, si bien sin escapar del todo de lo autobiográfico y de lo filosófico / ensayístico. Así, el texto navega entre la autoficción, la novela familiar, la novela histórica y el ensayo gracias a los tres personajes principales (el propio Guillaume Martin, su padre y Guy Lefevre, erudito del siglo XVI) y un lugar (La Boderie) que funciona como primer nexo entre ellos.

Tres personajes que se sitúan en momentos históricos más o menos convulsos (las guerras entre católicos y protestantes en la Francia de fines del XVI, el final de la bonanza económica europea de la etapa de posguerra o los meses de COVID-19) y que muestran cómo, pese a la distancia temporal y de orígenes sociales, hay una serie de situaciones o temas que los emparentan: la extrañeza, la sensación de "incompletitud", la búsqueda, los cuestionamientos, la capacidad de soñar, inventar o dejarse llevar. No importa que seas ciclista profesional el pleno siglo XXI, un erudito del siglo XVI que se mueve entre la fe y la imposibilidad de amar o un chaval normando que llega a París en los años 50. O sí importa, porque no es lo mismo una cosa que otra, pero si vamos a la raíz...

Son estas situaciones y estos temas los que permiten que la narración salte de un tema a otro, de un tiempo a otro, de un lugar a otro y que esta fluya adoptando formas variadas. También permiten a Martin, narrador autoconsciente, desviarse del camino y entregarse a digresiones filosóficas acerca del deporte de competición, del resentimiento por el contraste entre la altura de los ideales y la banalidad de la realidad, de las pasiones y el libre albedrío o de la felicidad y a referencias tales como Platón, Stendhal, Goethe, Endo o ¡El show de Truman!, entre otras.

Y aunque estas digresiones interrumpan el desarrollo de la trama novelesca, sobre todo en el caso de la interesantísima historia de Guy Lefevre y su asistente Martin, en general están bien integradas en el texto y no resultan ni reiterativas ni pedantes. Me quedan, eso sí, las ganas de leer a Martin en un texto 100% ficción. Creo que tiene la capacidad de manejarse bien en ese terreno. Lo mismo cuando deje el ciclismo profesional. ¡Quién sabe!

6 comentarios:

Juan G. B. dijo...

Seguro que Carlos de Andrés sabe pronunciar correctamente Houellebecq, lo que ya es más que quienes le idolatran...

Koldo CF dijo...

Por alusiones! Decimos Joulebek para rebajarnos a la altura del populacho

Juan G. B. dijo...

Bueno, tú lo puedes decir como quieras porque para eso sois amiguetes...

Juan G. B. dijo...

A ver cuánto tarda en aparecer el anónimo de costumbre a decirme que chupe no sé qué, por cierto.

Anónimo dijo...

Chupa no sé qué !!

Juan G. B. dijo...

Tres horas y cuarenta y un minutos. No está mal, pero se puede mejorar...