domingo, 18 de enero de 2026

Carmen Martín Gaite: Lo raro es vivir

                                                    
Idioma original: Español
Año de publicación: 1996
Valoración: Está bien

Águeda, una mujer de mediana edad, acude a la residencia donde está ingresado su abuelo porque el médico que le atiende tiene una propuesta que hacerle que puede contribuir a mantener o incluso mejorar el bienestar del paciente.
La madre de Águeda, que era la única persona que visitaba al anciano con regularidad, ha fallecido recientemente y el médico piensa que esa circunstancia puede perjudicar su salud.
El inicio es prometedor. Tiene un aire de misterio y se presiente que la nueva relación que pueda surgir en las visitas nieta-abuelo puede dar lugar a un relato de tintes psicológicos en el que seguramente salgan a relucir conflictos familiares.
Hasta este momento, tenemos un planteamiento en el que intervienen una mujer, su abuelo y un médico en una residencia. Pues olvídense de ese planteamiento inicial, ya que queda en vía muerta  y entramos en un nudo en el que la protagonista nos va  desvelando en primera persona interioridades de su vida. Aunque nos habla de su pasado como letrista de canciones de rock y de su presente como archivista, los ejes centrales son su relación de pareja, de la que parece dudar, y, sobre todo, su fallida relación con su madre. Precisamente esa presencia materna es la base sobre la que se desarrolla gran parte de la trama, pero no nos queda demasiado claro cuál es el origen de esas desavenencias con su madre y qué papel juegan en el desequilibrio emocional sobre el que pivota la vida de Águeda. 
Se van intercalando anécdotas de la vida de la protagonista que no proporcionan una línea argumental definida, véase la anodina conversación con el camarero de su bar favorito en el capítulo Cuatro gotas de existencialismo o la caótica visita al padre en Visita al poblado indio,  y que dejan claro que al libro le sobran muchas páginas. 
Es cierto que la prosa de la autora salmantina es muy cuidada,  poética y llena de metáforas que nos proporcionan una lectura placentera. Asimismo, las descripciones psicológicas de los pensamientos de la protagonista pueden llegar a elevar el tono del texto, pero en muchos momentos  da la impresión  de que no hubiera una dirección definida y nos estuvieran entreteniendo hasta el desenlace. 
Una pena, porque el desenlace, junto al prometedor inicio, son lo mejor de la novela. 

También de Carmen Martín Gaite en ULAD: Irse de casa, Entre visillos, Nubosidad variable, El cuarto de atrás.






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