sábado, 29 de mayo de 2010

Ernest Hemingway: Fiesta

Título original: Fiesta, posteriormente cambiado por el autor a The Sun Also Rises (traducido libremente por la autora de esta reseña como El sol también sale)
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1926
Valoración: imprescindible

Las habilidades adquiridas gracias a su trabajo como periodista modelaron en gran medida el estilo narrativo de este imprescindible escritor estadounidense, galardonado en 1954 con el Premio Nobel de Literatura. Él mismo comparó la estructura de sus relatos y novelas con la de los icebergs: lo que hay en la superficie es sólo una milésima parte de lo que la obra, como el iceberg, esconde.

La "teoría del iceberg" se perfila ya desde Fiesta, la primera novela de Hemingway. La obra trata precisamente de la fiesta española, más concretamente de los Sanfermines. Un grupo de expatriados americanos y británicos residentes en París viajan a Pamplona para abandonarse al jolgorio de siete días de encierros, corridas de toros, alegría y mucho, mucho vino. Por eso, hubo críticos que entendieron la obra como una simple "oda al hedonismo" (crítica que motivó que Hemingway quitara la palabra "fiesta" del título). Otros leyeron la obra precisamente como una crítica satírica a este disoluto modo de vida, mientras que el propio autor se refirió a ella como una "tragedia".

Lo cierto es que no se puede entresacar un único significado de la lectura de Fiesta -si es que acaso pueda alguna vez hacerse eso con ninguna obra de arte-. En lo que la crítica sí parece coincidir es en que la novela refleja el espíritu de la llamada Generación Perdida. Y es que todos los personajes de la novela parecen no saber quiénes son ni cómo encontrarse a sí mismos: las mujeres se visten y comportan como hombres, los hombres son borregos que viven al son del cencerro de las mujeres... Se aprecian los estragos de la Primera Guerra Mundial -que Hemingway vivió en propias carnes como conductor de ambulancia-, en la que las trincheras condicionaron un nuevo modo de luchar: ya no existe el cuerpo a cuerpo y, desaparecido el heroísmo de la batalla, sólo quedan el miedo y el dolor de ver morir a tus amigos, cubiertos de barro, a un palmo de la cara.

Para tratar temas como los cambios en los roles masculino y femenino, las dificultades para definir la propia orientación sexual o el trauma de la posguerra, Ernest Hemingway se vale -entre otros- del poderosísimo símbolo de la tauromaquia. Así, el torero, encarnación de la virilidad de la que la guerra ha despojado al narrador, parece erigirse como el héroe de la novela.

Sin embargo, Hemingway siempre arguyó que el verdadero héroe de la novela era la tierra. Y es que, al final, el sol siempre sale...

(Fuente de la imagen: Hemingway on WWI)

1 comentario:

Mimical Ores dijo...

yeah! suena rebueno. lo voy a buscar!