miércoles, 21 de junio de 2017

Libros sobre la pérdida de un ser querido

No es fácil tratar un tema tan doloroso como la muerte de un ser querido: un padre, una madre, una hija o un hijo, un compañero o compañera, un amigo. Hace falta una honestidad profunda y una gran capacidad de contención para adentrarse en el dolor absoluto de la pérdida sin recurrir al cliché ni al melodrama, para no falsear o embellecer los sentimientos o los recuerdos, o hacerlo lo menos posible. En esos momentos de dolor y de soledad, la escritura puede convertirse en una forma de curación o exorcismo, de rememoración gozosa o trágica, de perdón o de venganza. En esta entrada se recogen algunas obras (solo algunas, naturalmente) que se han esforzado por alcanzar ese límite casi absoluto que es escribir desde el desgarramiento por la pérdida.

La muerte del padre provoca, en muchos escritores, una reflexión sobre la propia vida, sobre la relación con el pasado y con el futuro, con la muerte y con la inmortalidad. Efectivamente, en este tema es inevitable recordar un clásico de las letras españolas: las "Coplas a la muerte de su padre" de Jorge Manrique: un poema en el que el elogio al padre se combina con una estoica reflexión sobre la fugacidad de la vida y la vanidad de nuestras ambiciones.

Ya en épocas más cercanas, y en prosa, autores como Karl Ove Knausgard (del que ya sabéis lo que pienso), Héctor Abad Faciolince en El olvido que seremos o Paul Auster, en La invención de la soledad, han reflexionado sobre la orfandad y sus vacíos a través de una profunda y dolorosa indagación en la memoria. En El comensal de Gabriela Ybarra o También esto pasará, de Milena Busquets, por su parte, es la muerte de la madre la que espolea el proceso de rememoración y escritura, aunque en el primer caso esta muerte se combina con otra: el secuestro y asesinato del abuelo de la escritora por parte de ETA. También se trata el tema en Te me moriste de José Luis Peixoto: un breve texto en que el autor se despide de su padre con un tono poético que por momentos puede resultar demasiado recargado.

Un caso diferente es el de Nana, de Chuck Palahniuk, una novela de terror escrita como consecuencia del brutal asesinato del padre del escritor y su nueva pareja a manos del ex-marido de esta. Mientras discurría el juicio y se decidía si se aplicaba la pena de muerte al asesino, quizás a modo de exorcismo o de venganza, Palahniuk escribió esta obra, en la que quien muere no es un padre, sino niños, muchos niños, como consecuencia de una canción de cuna contenido en un libro diabólico.

Si es difícil afrontar la muerte de los padres, la de un hijo es, dicen, una de las peores experiencias que la vida puede reservar; transformar esa experiencia en belleza, aunque sea una belleza oscura, es por lo tanto una labor admirable. Esto es lo que consigue, sin duda, Francisco Umbral en Mortal y rosa, un libro complejo y que consigue transmitir el dolor contenido a través de una prosa poética y muy personal.

Con un tono menos poético, pero con igual honestidad y contención, narró Sergio del Molino la enfermedad y muerte de su hijo en La hora violeta, un libro duro pero sin patetismo en el que acompañamos paso a paso el infructuoso tratamiento del pequeño. Isabel Allende, por su parte, adoptó la forma de la novela autobiográfica para exorcizar la pérdida de su hija en Paula, en coma irreversible a causa de la porfiria; la carta confesional a la hija se mezcla en este caso con los acontecimientos políticos del momento, y con la actualidad de la vida de la escritora.

Quizás uno de los libros más cerebrales y al mismo tiempo más conmovedores sobre el duelo sea Una pena en observación, de C.S. Lewis (el autor de las Crónicas de Narnia): tras el fallecimiento de su esposa, la también escritora Joy Gresham, Lewis realiza una disección de sus recuerdos, sus sentimientos y sus creencias, con una sinceridad que por momentos raya en la crueldad consigo mismo, al mismo tiempo que busca un Dios que dé consuelo o explicación al dolor. También son imprescindibles, por su hondura y su honestidad, las obras de dos escritoras estadounidenses, autoras de sendas obras sobre la muerte del marido: en fechas bastante próximas, Joan Didion publicó El año del pensamiento mágico y Joyce Carol Oates sus Memorias de una viuda, dos libros con un tema común, el duelo por el marido, y dos estilos bastante diversos: más clínica y exhaustiva Oates, más concisa Didion.

La lista no pretende, no puede pretender ser exhaustiva; los comentarios están abiertos para que añadáis otros títulos de duelo y superación de la pérdida. Pero la entrada no podría acabar sin recordar el gran poema de luto por la muerte de un amigo: la "Elegía a Ramón Sijé" de Miguel Hernández:

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
.
Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
.
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento. 
 [...]
A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero,:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero. 

24 comentarios:

Carmen dijo...

Al leer esta entrada me ha venido a la mente un libro que os recomiendo (mucho): "Cosas que los nietos deberían saber", de Mark Oliver Everett.

María dijo...

Muy interesante este tema, aunque duro, se encuentran verdaderas maravillas literarias sobre él. Aquí algunos libros más que recomiendo:
Canción de tumba (Julián Herbert)
Lo que no tiene nombre (Piedad Bonnett)
Ahora (Brigitte Giraud)
La pertenencia (Gema Nieto)
A través de la noche (Stig Sæterbakken)

Carlos Andia dijo...

Un tema muy intenso que, cuando el autor da con la clave, con el tono adecuado, resultan obras insuperables, como algunas de las que has citado.

Gran artículo, Santi.

AlimañaChef dijo...

Niveles de vida, de Julian Barnes.

Anónimo dijo...

Yo recomiendo Una muerte en la familia, de James Agee.
Este libro es de esos que puede hacer que te tiemblen las piernas. Y que llores. No es una cursilada. Es hondo, muy hondo.
Al menos ése es el recuerdo que yo tengo.

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Un profesor de Literatura que tuve decía que las tres grandes elegías en español eran las (por vosotros mencionadas) Coplas de Manrique, así como la dedicada a Ramón Sijé por Miguel Hernández, y además el "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías", de Lorca.

A mí me impresiona y emociona este breve poema de Carlos Iglesias dedicado a su padre recién muerto:

Retuve tus cenizas en un puño
como un niño que quisiera,
por un instante,
aferrar la mano
de su padre.

Ernesto dijo...

El libro de mi madre, de Albert Cohen. Una cosa maravillosa.

Interlunio dijo...

"El hijo" cuento corto de Horacio Quiroga, no tiene desperdicio.

Anónimo dijo...

'La ridícula idea de no volver a verte" de Rosa Montero, donde relata la pérdida de su marido

Santi dijo...

Muchas gracias a todos por los comentarios y las sugerencias. Este es desde luego un tema duro de tratar, pero que ha dado lugar a obras de indudable belleza. Muchas de las obras que mencionáis no las conozco, voy a buscar algunas de ellas. Otras sí que las conocía y no sé cómo se me han podido olvidar, por ejemplo "La ridícula idea de no volver a verte", que reseñé aquí mismo hace un tiempo: http://unlibroaldia.blogspot.com/2013/08/rosa-montero-la-ridicula-idea-de-no.html

Gabriel Diz dijo...

Gran reseña Santi, con un final grandioso: que poeta Miguel Hernández!

Anónimo dijo...

Muy buena reseña.
De los que he leído me gustaron mucho "Una pena en observación" de C.S.Lewis, "El año del pensamiento mágico" de Joan Didion (Tb. "Noches azules", de la misma autora) y "Niveles de vida" de Julian Barnes.

El libro de M. Delibes "Señora de rojo sobre fondo gris" trata también sobre el tema de la pérdida.

Y luego están, fuera del ámbito literario, las obras de Elisabeth Kübler-Ross, muy recomendables.

Saludos

Laura dijo...

A muchos de los citados añadiría también "Vinieron como golondrinas", de William Maxwell, de una delicadeza y una sensibilidad asombrosas.

Anónimo dijo...

Hecho de menos Nada se opone a la noche .Delphine de Vigan se enfrenta a la pérdida de la madre y para mi gusto con mucha mas valentía y riqueza que la Busquets,que pasa como de puntillas.

Anónimo dijo...

El de la Busquets es un libro terrible y vergonzoso que quiera apropiarse en él de un tema como el del duelo para en realidad presentar un catálogo de sus anécdotas frívolas de niña pija. Lo empecé y tuve que dejarlo asqueada.

Anónimo dijo...

De acuerdo totalmente.

Sir Robin dijo...

Tienes razón Laura muy bueno "Vinieron como golondrinas", yo añado a la lista "Nadando en un mar de muerte" de David Rieffs, hijo de Susan Sontag, muy difícil de encontrar en castellano pero se encuentran copias en inglés a buen precio. Qué lástima que descataloguen libros tan alegremente...
Otro libro que habla de la pérdida, en su última parte (del libro quiero decir) y que además es uno de los libros más interesantes que he leído en mucho tiempo es "El mundo deslumbrante" de Siri Hustved.
Y también a modo de recordatorio, está el breve "Los idiotas prefieren la montaña" de Aloma Rodríguez. Que no está mal.

Marc Peig dijo...

Gracias Sir Robin por añadir a la lista a Siri Hustvedt, mi autora favorita ;-)
"El mundo deslumbrante", es uno de sus mejores libros, superado únicamente por "Todo cuanto amé" y, tal vez, también por "Los ojos vendados" (su primer y más enigmático libro).
Saludos
Marc

Sir Robin dijo...

Tomo nota de la sugerencia o consejo sobre "Todo cuanto ame". A hora ando " simultáneando" su último libro de ensayos (Los hombres que miran a las mujeres..." con otras lecturas? Grandísima obra "El mundo deslumbrante" y muy bella la última parte cuando se aproxima el fin. Saludos.

El Puma dijo...

Excelente entrada, Santi.

De todas las obras que mencionas, solo leí las coplas de Manrique, allá lejos y hace tiempo, en el colegio secundario. Conmovedoras. Y gracias por la maravillosa poesía de Miguel Hernandez, que no conocía.

A todas las obras mencionadas, que en su mayoría no conozco, me atrevo a agregar dos obras de Henning Mankell. Zapatos italianos, donde narra la muerte de una anciana mujer. Y Botas de lluvia suecas, donde Mankell, ya en estado terminal, transmite su agonía a través del protagonista.

La carretera, de Cormac McCarthy, es la obra que más me ha conmovido en los últimos años. La pérdida es su tema central.

Para los cinéfilos, no puedo dejar de recomendar la habitación del hijo, de Nanni Moretti, y Madre e hijo, de Andrei Sokhurov.

Anónimo dijo...

Sin duda alguna el recomendadísimo "Nada se opone a la noche" de Delphine de Vigan.

Marisu dijo...

Si habitas en el Viento de María Jesus González Vázquez. Finisterraediciones. com
La pérdida de una gran amiga. Poético emocionante y real.Premio Cadena Ser Ourense 2014 a la mejor novela. Pedidla a la editorial os gustará

Anabel García Capapey dijo...

Estupendo artículo que se completa con los comentarios aportados.
Yo trabajo con temas de duelo y utilizo sobre todo libros y cuentos en mis talleres. Uno de los que nunca falta en mi maleta es el ya nombrado "La ridícula idea de no volver a verte". Lo tengo lleno de posits; para ver como la muerte juega con nosotros al escondite inglés, para ver como esa última frase que se dijo o no se dijo al muerto se nos queda agarrada en las entrañas; para darnos cuenta de la importancia de los amigos; para aprender a utilizar la creatividad como herramienta para superar la adversidad...y mucho más.
Añado también varios poemas de Becquer (el tan conocido "Cuando la trémula mano tienda próxima a espirar, mis párpados aún abiertos ¿quién los cerrará?) y de Quevedo "Amor constante más allá de la muerte" Me encanta cuando dice: "Seré ceniza, más tendré sentido. Polvo seré, más polvo enamorado".
Y sobre cuentos ilustrados auténticos tesoros como: Nana vieja. El árbol de los recuerdos. Jack y la muerte. El señor muerte en una avellana. Estirar la pata. El pato y la muerte. Así es la vida.
Gracias por este estupendo artículo

Anónimo dijo...

Otros autores conocidos que exploran la relación con el padre tras su muerte son: Hanif Kureishi en Mi oído en su corazón y Philip Roth en Patrimonio. Una historia verdadera.
La muerte de la madre en Mi madre, de Richard Ford.
La muerte de la esposa en Un matrimonio feliz, de Rafael Yglesias, que creo que reseñó Izas hace tiempo, y en Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes.
La muerte de su única hija marca la obra de Philippe Forest (premio Goncourt), sobre la que versa el ensayo Tous les enfants sauf un (no he encontrado el título en español, puede que no esté traducido).
Buen artículo, como siempre, Santi.
Saludos,
Ana