domingo, 4 de junio de 2017

Rafael Bernal: Trópico

Idioma original: español
Año de publicación: 1946
Valoración: bastante recomendable

Rafael Bernal es un autor prácticamente desconocido fuera del ámbito de las letras mexicanas. Trópico es una de sus obras más destacadas, una serie de seis relatos ubicados en el Estado de Chiapas, todos ellos con protagonistas masculinos, todos ellos pertenecientes al entorno de las precarias explotaciones agrícolas de la zona, muchas de ellas latifundios propiedad de personajes de orígenes dispares y de comportamiento con tendencia a lo autoritario.
Bernal retrata casi siempre a anti-héroes enfrentados a momentos capitales de su existencia, y siempre lo hace con una escritura meticulosa y de una calidad exquisita. Son éstas unas 80 páginas, prologadas por el flamante ganador del Herralde, Juan Pablo Villalobos, en las que el respeto por el idioma es extremado, primera premisa que aporta un considerable valor. No es que reclame una lectura pausada en modo degustativo. Es que Bernal dice en todo momento lo que quiere decir y deja que el lector vaya componiéndose el cuadro y tomando sus decisiones. Lupe, cuento modélico con dos personajes contrapuestos, es un ejemplo excelso, historia de un hombre joven que se encuentra encarcelado y, a cambio de cierto dinero entregado al alcaide, es liberado para que trabaje para el Chino, hombre de negocios que lo ve como una pura mercancía. Veinte años de buen trabajador valora que va a obtener como rendimiento de su soborno. Pero Lupe no acepta ese destino y se rebela una y otra vez. O esa especie de semblanza auto-bombástica que es Tata Cheto, historia de uno de esos buscavidas tan propios de esa zona y esa época (mediados del siglo XX) que narra sin pretendida modestia su ascenso a la fortuna. Estos cuentos tienen algo de insano, como si las relaciones entre las personas que los pueblan solo pudieran plantearse en términos de terrible desigualdad. Son relatos de explotadores y explotados, piezas de orfebrería, perdonad tan cursi expresión, que tienen la capacidad de transmitir lo que es una existencia tranquila y monocorde a costa del mantenimiento del statu-quo. 
No parece haber mucha elección ante lo inexorable del destino (trabajo duro, miseria, existencia al límite de la dignidad) y cada una de las historias cortas hace su aporte a obtener esa conclusión.
Quede claro que la sombra de Rulfo es muy alargada y que estos cuentos son tan concluyentes en su universalidad como para que el lector se da cuenta que reflejan más realidades que la del México de la época, un país que aún no había sido tan condicionado por sus vecinos del Norte como ahora parece ser. Es México pero podría ser Guatemala u Honduras, son nativos y colonos porque allí funcionó así.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No conozco a Rafael Bernal, pero he leido muccho a Juan Rulfo y a Carlos Fuentes. Siempre me ha gustado la literaratura mexicana.

Francesc Bon dijo...

Pues merece la pena leer estas historias. Un estilo excelente, insisto. Gracias por comentar.