martes, 15 de mayo de 2018

John Barth: El final del camino

Idioma original: inglés
Título original: The end of the road
Año de publicación: 1957
Traducción: Mariano Peyrou
Valoración: bastante recomendable

Aclaración logística: leí La ópera flotante en la edición de Península de hace unas décadas, pero ahora he acudido a esta curiosa edición de Sexto Piso, en que integra las dos primeras novelas de Barth, para leer la segunda. Decisión, por cierto, muy acertada, ya que las dos novelas tienen un cierto aire unitario, un espíritu que contribuye a cohesionar la presencia común de hombres aislados que acaban formando parte de extraños triángulos amorosos, cuestión que no deja de ser chocante en novelas que ya tienen como sesenta años y que, con la salvaguarda de la evolución social, mantienen un curioso aire vanguardista, como si esos personajes que parecen extraídos de cuadros de Edward Hopper vinieran a visitarnos a nuestro mundo de hoy en día.
Y aunque El final del camino no sea el tipo de novela que puede gustar a todo el mundo ni el tipo de novela que suele proclamarse como capital en la evolución de la literatura, resulta que deja sensaciones en el lector que no están al alcance de muchas novelas de apariencia tan modesta. Los personajes quedan definidos y casi grabados en quien lee. No solamente el trío amoroso, Jake, Joe y Rennie, también la improbable cuarta en discordia, Peggy, el misterioso Doctor al que Jake acude cuando sufre sus ataques de paralización. Pero si hasta dos objetos inanimados, la estatua del Laocoonte y el Colt que Joe posee, resultan figurar casi como personajes secundarios, tal es la capacidad de Barth para dotar de carácter a los elementos que forman parte de su narración. Y la historia puede importar, claro, pero el tinte existencialista y surrealista pesan ahí. Jacob Horner es un profesor que encuentra trabajo a expensas de las instrucciones del Doctor, misterioso personaje que lo trata, aunque parece más bien que lo seduce y lo embauca.
Las reflexiones de Jake sobre lo que le acontece oscilan desde lo filosófico hasta lo ligeramente alucinado, pero su vida se desenvuelve con una naturalidad pasmosa. Se muestra contrariado cuando, a la búsqueda de un sitio donde alojarse, el que encuentra se ajusta a la perfección a lo que pretende encontrar. Necesita, piensa, el espacio de una duda, el margen de una reflexión, como si le frustrara que las cosas sean sencillas y se le presenten sin complicaciones. Seduce con facilidad a una cuarentona, Peggy, que encuentra casi por casualidad. Intima con los Morgan, pareja a la que conoce pues Joe es compañero de trabajo. Y establece una extraña relación envenenada, nudo de la narración, guiada por una especie de lujuria que Jake no llega a explicarse, como si las circunstancias obraran siempre para hacerle caer en la trampa. La situación es incómoda y no va a tener una buena salida, pero en ese devenir Barth va soltando cargas de profundidad sobre la sociedad del momento. Ése es el detalle que hace de Barth un escritor por encima de muchos. La capacidad de perdurar por encima de las circunstancias particulares de sus novelas y de trascender en esa cualidad que me veo tan incapaz de definir como de encontrar en la gran mayoría de los escritores. De los de hoy, diría que apenas Houellebecq, Franzen y Tom McCarthy son capaces de eso: de retratar sociedades enteras, casi civilizaciones, por mera fractalización de sus puestas en escena, de colar por capilaridad vidas anónimas como representaciones universales.
Pues eso Barth ya lo hacía hace sesenta años.
Echadle un galgo.

También de Barth en ULAD: El plantador de tabaco

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué poquito estas leyendo o reseñando este año Francesc :(

Se te echaba de menos!

Anónimo dijo...

Para cuando una reseña de Montaigne, Chateaubriand, Samuel Johnson?

Eso sí que son libros GRANDES

Diego dijo...

Hace algunos años que voy detras de "Quimera", pero los pocos ejemplares que encuentro de segunda mano están carísimos. Entiendo que siempre tenemos la suerte de las bibliotecas, pero a mí me gusta que estos grandes ocupen un lugar significativo en el mueble más bonito de toda la casa, y Barth aún no lo hace.
Ahora te leía y también los enlaces que has puesto, y veo que Juan también recomienda a este señor.
Sabeis si sexto piso también piensa reeditar Quimera? o, en su defecto, y si ya habéis leído el resto de la obra, tabaco, cabra, o este? Tenéis preferencia?

Francesc Bon dijo...

Gracias por los comentarios. Diego: Giles, el niño cabra, será mi siguiente Barth. Su volumen es apreciable, así que tardará un tiempo, y hay cierta semana que da mucho miedo por aquí y que resulta sumamente adecuada para libros como ése.
Nos apuntamos las sugerencias, aunque he de decir que soy un mal lector de clásicos: me encanta la literatura contemporánea como debéis haber notado.
Y gracias, Anónimo, por esa alusión. Llevo unas 15 reseñas publicadas este año, una media que no llega a cuatro al mes, pero es que somos diez por aquí, y tiene que haber días para todos, y todo es más llevadero y uno tiene la oportunidad (como he hecho hoy con Françoise Hardy) de leer libros por placer y sin la presión de la reseña. Por otra parte, y pasando al plano personal, el entorno a veces impide concentrarse debidamente. Vivo en Catalunya, y desde finales de septiembre, los ciudadanos nos hemos visto obligados a defender nuestros derechos: a votar por nuestro futuro, a defender la democracia, a protestar porque nuestros cargos electos sufren una persecución a todos los niveles, a conseguir que los nuevos cargos electos puedan acceder a los cargos para los que han sido votados, a equilibrar las campañas mediáticas plagadas de engaños y mentiras. Todo eso sin ser político: simplemente siendo un ciudadano que quiere ejercer sus derechos. Con este escenario concentrarse no es sencillo. Entiende que no es el entorno más proclive a la calma necesaria para ciertas lecturas. Por eso, en mi caso, últimamente tiendo al ensayo, la crónica, la biografía...

Pablo GP dijo...

Hola, casualmente me encuentro leyendo El Plantador de Tabaco, mi primer acercamiento a Barth, con el lógico miedo y recelo de haber comenzado con un tocho que podría no gustarme, pero felizmente no está ocurriendo nada de esto y lo estoy disfrutando de verdad.
Saludos.

Anónimo dijo...

Menuda chorrada Francesc que te has marcado en tu último comentario. Que tu trabajo, o tus hijos, o tu estado de salud, te estén dejando sin tiempo para leer lo que quisieras, me lo creo. Pero aprovechar el parrafo para soltar que en Cataluña la cosa está tan delicada y represiva, que los pobres ciudadanos de a pie no pueden concetrarse en sus lecturas...

Lupita dijo...

Me gusta mucho la frase de Pessoa: "La vida estropea la expresión de la vida"
Cuando estás sumido en algo que te preocupa, sea lo que sea, todo a tu alrededor se resiente. Vivo en una zona con disputas identitarias continuas, y veo como se lo toman, como lo viven. Yo no lo comparto, porque no soy nacionalista y no creo en nada que nos separe, pero te aseguro, anónimo, que después de ver la última matanza en Gaza estoy a medio gas. Cada uno tiene sus chorradas. Quizás no era el lugar, quizás se lo estaba aguantando, pero yo igual agradezco todos los días encontrar una reseña.
Saludos

Francesc Bon dijo...

Querido Anónimo: mi comentario es un comentario meramente personal como miembro del blog y redactor de la reseña. Puede que te parezca una chorrada, pero mi trabajo y mis hijos y todo lo demás estaba allí hasta mediados de septiembre, como siempre desde que escribo en este blog, y como siguen afortunadamente. Lo que no existía entonces eran helicópteros sobre las cabezas durante bastantes días y hasta la noche, buscando lo que no fueron capaces de encontrar, patrullas de la GC en el puerto, en pose que ellos dicen aguerrida pero que es intimidatoria (cada día), ni representantes votados de mayorías parlamentarias (que son las que sirven) encarcelados sin juicio y con argumentos diseñados ad hoc. Esa es la sociedad en la que habito, Anónimo, y supongo que conocerás muy profundamente Catalunya o lo suficiente para opinar o no (desde la experiencia propia) si es un entorno hostil y represivo contra quienes quieren expresar sus opiniones, obtener soporte de sus votantes, y luego no pueden ejercer su mandato porque el gobierno de un partido ridículamente minoritario así lo planee y lo ejecute. Y las opiniones de los reseñadores no son las del blog, pero como firmo con mi nombre y comento con mi nombre, pues así lo hago. Y porque leer a Barth, o a Gaddis, o a Pynchon, en ese estado mental de alerta permanente no es precisamente sencillo. Nunca me ha gustado demasiado la literatura escapista. Defectos que uno tiene.

Francesc Bon dijo...

Pablo: reverencia absoluta a quien tiene una foto de Mark E. Smith en su perfil. Disfruta ese Barth (otros aquí ya lo hicieron.

Anónimo dijo...

Francesc, gran lector de ciencia ficción. Menudo lío tienes :)

Diego dijo...

Si yo fuera Francesc, o sea, alguien que además de hacer su vida como cualquier hijo de vecino, comparte aquí sus impresiones sobre lecturas sin recibir a cambio nada más que algún elogio o agradecimiento, y tuviera que leer cada tanto a personas que, lejos de debatir sobre opiniones o libros, vienen a juzgarme sobre cuáles cosas me preocupan o sobre mi relación con mis familiares, pues... mandaria a la mierda a medio pueblo.
Creo que conviene que los lectores del blog recordemos que los colaboradores del mismo lo que hacen es dar. Nosotros recibimos. Un poco de vergüenza no nos va a venir mal.

Para terminar, opino que considerar que tu gobierno, constitución o democracia, es algo que no afecta a tu salud, familia o trabajo, es una pandemia que tiende a volver a la democracia representativa, cleptocracia por costumbre. Suerte que estas cosas no pasan en España!

Antonio Gornú dijo...

Gracias por la estupenda reseña. Barth es uno de mis autores pendientes, espero poder solucionarlo pronto.

Siento que los comentarios se hayan vuelto un tanto ariscos, pero tengo que romper una lanza a favor de Francesc: a mí también me pasa que, aun viviendo en el extranjero, la delicada situación que atraviesa España me deja a menudo la cabeza seca, incapaz de concentrarme en una novela, especialmente de este tipo. Aunque yo lo vea desde el otro lado (estoy más bien preocupado por la irresponsabilidad, el egoísmo y la arrogancia de un independentismo catalán que escupe sobre el resto del país mientras intenta hacer pasar un golpe de Estado por un anhelo de democracia y libertad) y desde cierta distancia, puedo entender que este tipo de acontecimientos quiten tiempo para leer novela, que en algunos casos como este es, como bien dice Francesc, un pasatiempo escapista. Y no están estos días para muchos escapismos.

Pablo G dijo...

Completamente de acuerdo en lo que comentas de Franzen, McCarthy & co. Yo metería en ese grupo a Homes y sobre todo a Despentes.
Un saludo.

Francesc Bon dijo...

Gracias por los comentarios, y contento de que haya quien comprenda que determinados entornos influyan en determinadas lecturas. Y Pablo, no he leído a Homes, y mi experiencia con Despentes no fue positiva: Vernon Subutex me pareció un batiburrillo de estereotipos.

Pablo GP dijo...

Hola Francesc, gracias por el elogio, y qué buen ojo! alguien que yo conozco lo confundió con un también jovencito Johnny Cash. Mi perfil va cambiando de vez en cuando con el pretexto de homenajear a los grandes artistas que ya no están con nosotros, por eso últimamente no para de renovarse después de las grandísimas pérdidas en el ámbito musical, como tú ya sabes.
Aún sin ser éste mi músico favorito, creo que el personaje así como su trayectoria musical bien lo merecen.

Cambiando de tema, comentar que desde fuera del país, como es mi caso, las cosas se ven de otra manera, más objetiva si cabe, al no estar tan pervertidas por la influencia mediática ni por la sabiduría convencional (con permiso de VN).

Saludos.