miércoles, 16 de mayo de 2018

Fight Combo: La semilla de la bruja, de Margaret Atwood vs. La tempestad de William Shakespeare

Idioma original: inglés
Título original: The Tempest
Año de publicación:1611 (1ª representación)
Traducción/adaptación: José Hierro
Valoración: casi imprescindible






Idioma original: inglés
Título original: Hag-Seed
Año de publicación: 2016
Traducción: Miguel Temprano García
Valoración: más que recomendable

Vayamos por orden: para celebrar el 400 aniversario de la muerte de William Shakespeare, la editorial Hogarths (nada que ver con Hogwarts, potterheads, no os emocionéis) encargó a unos cuantos escritores bastante conocidos -Jo Nesbø, Gillian Flynn, Tracy Chevalier...- una serie de novelas basadas en sus obras; la autora más destacada de este grupo es, sin duda, la canadiense Margaret Atwood, que escribió La semilla de la bruja a partir de la comedia (!), un tanto hermética, La tempestad.

En segundo lugar, he de confesar que si el título de esta reseña doble induce a error, ha sido de manera premeditada por mi parte (algo tengo que hacer para conseguir que me leáis, concho, que yo no tengo followers ni haters ni nada, como mis compañeros...): aquí no hay ninguna lucha a muerte en Bangkok, ni esto se parece a una secuela de Freedy vs Jason o Alien vs. Predator, sólo que con caretas de Mrs. Atwood y del Inmortal Bardo de Stratford (me encanta esta expresión tan cursi). En realidad, lo que establecen obra de teatro y novela, o sus dos autores, si se prefiere, sería más bien un baile, un tango en el que el movimiento de uno está determinado por el  movimiento del otro bailarín. Cierto que la obra de Shakespeare es cuatro siglos anterior, por lo que sería quien marcara la parte dominante del tango, la que llevaría a su pareja, aunque sus movimientos tendrían un menor sentido sin ésta. Porque si es evidente que la novela de Atwood no podría existir sin La tempestad, lo cierto es que la novela sirve para explicar la obra, la complementa y aporta muchas claves de interpretación para aquellos que no somos, ni de lejos, expertos en Shakespeare.

Sigamos guardando un orden: La tempestad se considera una de las comedias de William Shakespeare, más que nada porque la cosa no acaba en un baño de sangre, hay algún que otro amorío y algún pequeño lío argumental. De acuerdo; pero en cualquier caso, es una comedia más bien amarga, con un aire siniestro y poco festivo, pese a algún momento de humor chocarrero, a cargo de los borrachos Trículo y Esteban y el monstruo Calibán. Éste, que en un primer momento seguramente no pasaba de verse como un personaje chusco y risible, con el tiempo se ha convertido en el más interesante e incluso central de la obra. Calibán es hijo de la bruja Sycorax, único habitante de un islote al que llegan Próspero, duque de Milán y su hija Miranda, cuando son traicionados Antonio, hermano de Próspero, y Alonso, rey de Nápoles, y abandonados en un bote en alta mar. Próspero, gracias a su dominio de la magia, consigue que Calibán le obedezca y, lo que es más importante, también Ariel, espíritu del aire, quien provoca una falsa tempestad cuando se enteran que el barco que lleva a sus antiguos enemigos se acerca. Desembarcados éstos en la isla y también Fernando, príncipe de Napóles, Próspero urde su venganza, largamente esperada...

El tema más evidente de la obra es, como se ve, la venganza. Venganza que parece justa, frente a tanta ambición y traición (no es de extrañar que El conde de Montecristo también rumiara la suya aprisionado en una isla); ahora bien, también podrían vengarse Ariel y Calibán del propio Póspero -y de hecho, al menos uno de ellos lo intenta-, ya que los ha reducido a meros criados y esclavos de sus caprichos, igual que él y su hija Miranda son esclavos del destino, que les ha recluido en un islote perdido; y reclusos de las artimañas de Próspero y Ariel son el resto de personajes... ninguno en la obra, en verdad, puede actuar de acuerdo a su libre  voluntad, constreñidos todos de una u otra manera. El tema subyacente, sería, pues, el de la libertad o la falta de ella, más bien... Claro que, ¿libertad de quién? Porque si hay algún personaje sojuzgado y humillado, ese es Calibán -en quién interpretaciones posteriores han querido ver una metáfora de los pueblos nativos americanos y africanos dominados y masacrados por Europa-, el único además que pretende revertir el orden establecido por medio de la violencia, aunque sea a costa de dejarse dominar por otro amo aún más fantoche -habría que ver por cuanto tiempo-, en una suerte de planteamiento prerrevolucionario. El contrapunto -también el complemento- a esta rabia subversiva lo pondría el viejo consejero Gonzalo, a quien le placería establecer en el islote una sociedad ideal, una utopía donde todo fuera armonía y buen rollito.


Si es Calibán el auténtico protagonista  de La tempestad, con más razón habría de serlo de la novela de Margaret Atwood, habida cuenta, además, que se titula justamente La semilla de la bruja... Pues no: el protagonismo se lo lleva aquí un alter ego de Próspero, el director teatral Felix Phillips, traicionado y apartado de su puesto como director de un festival de teatro en una localidad canadiense y que acaba recalando en un programa de alfabetización mediante la literatura para los presos del correccional Fletcher, lo que él aprovecha para montar con ellos una obra de Shakespeare cada año. Hasta que, por fin, llega el momento de interpretar La tempestad. 

Atwood centra toda su narración  en su Próspero/Felix y sus muy penosas circunstancias, con la sutileza psicológica y la perspicacia para observar los detalles que caracterizan a esta autora. Los demás personajes quedan -a excepción, quizás, de la actriz que interpreta a Miranda- reducidos a una serie de bosquejos rápidos aunque suficientemente característicos... Desopilante, por lo demás, resulta el reparto de presos que actúan en la obra, desde el vaina hasta Ocho Manos, pasando por Piernas o Lápiz Chueco... una panda, en todo caso, a la que se le coge cariño y a la que la autora trata con sumo respeto, porque si bien el humor está presente en buena parte de la novela, es un humor suave y socarrón, en ningún caso hiriente ni con los personajes más ruines (bueno, casi).

Entonces, ¿por qué se titula la novela La semilla de la bruja, en una clara referencia a nuestro ínclito Calibán? De hecho, durante toda la novela casi no se hace énfasis en este personaje... En realidad , lo que propone Atwood es que Calibán forma parte de la propia naturaleza de Próspero (de su Próspero/Felix, pero, por extensión, de todos nosotros): si Ariel se podría identificar con la parte luminosa, creativa y espiritual de la naturaleza humana, con el neocórtex más desarrollado, si se quiere, Calibán sería nuestro lado oscuro, vengativo aunque también insumiso, el cerebro reptiliano que todos tenemos ahí, más o menos escondido, hasta que, por algún motivo,  toma el control de todo nuestro ser.

En fin, una novela que tal vez no será considerada entre de las mejores obras de Margaret Atwood, pero que sin duda resulta de lo más recomendable para leer. Y a Shakespeare, claro... ; )


Otras obras de William Shakespeare reseñados en Un Libro Al Día: Romeo y Julieta, Hamlet, Otelo
Porrón de reseñas de libros de Margaret Atwood en Un Libro Al Día: Aquí

13 comentarios:

Beatriz Garza dijo...

Ostras, Juan... nos hallamos frente a una nueva generación de reseñas.
Estás reventando los precios del mercado, maldito.

¡Enhorabuena!, es original y aporta información muy interesante.

María dijo...

Muy buena reseña. Un apunte sólo para traer a colación otra lectura que está en relación con ambas: "Calibán y la bruja", de Silvia Federici, un ensayo muy interesante sobre la persecución de mujeres a lo largo de la Historia, desde la quema de brujas.

Juan G. B. dijo...

Hola a las dos:
Compañera Beatriz, este es el efecto de pasarse el día oyendo música tecno-trance a toda pastilla... no lo hagáis...HÚ-HÄ!
María, gracias por tu recomendación. La verdad es que no he reseñado también "Calibán y lña bruja" porque:
1- Ya está reseñada (y magníficamente, claro) en Un Libro Al Día: http://unlibroaldia.blogspot.com/2012/07/silvia-federici-caliban-y-la-bruja.html
2- Lo que es más importante: yo no le he leído... aunque te aseguro que lo tengo en mi tsundoku de libros por leer, sobre todo porque el tema me interesa bastante.
Un saludo a ambas y muchas gracias por los comentarios.

El Puma dijo...

Veamos, Juan...cómo es eso que no tienes seguidores y fans alrededor del mundo? Es que te has dado un baño de humildad??

En cuanto a las obras. No leí La tempestad, aunque la conozco a través de la magnífica película de Peter Greenaway, Prospero's Book, con el gran protagónico de John Gielgud como Próspero. Tampoco leí la novela de Atwood. A priori, interesa.

Y gracias una vez más por tu sentido del humor!

Gabriel Diz dijo...

Gran reseña Juan, me has motivado a leer La Tempestad. Cómo no puedo con mi genio cuando puedas corrige un pequeño error de ortografía: verce en lugar de verse.

Gabriel

Juan G. B. dijo...

Hola al os dos:
Amigo Puma, sé que puedo contar contigo, pero no soy nadie en comparación con mis compañeros, verdaderas stars en el mundo de la crítica bloguera (y lo digo en serio). Por lo demás, yo confieso que La tempestad es la única obra de "Chespir" que he leído (a ver, Hamlet y Macbeth, etc... las he visto en el cine y hasta en el teatro, que es lo suyo), y ahora la he releído para esta reseña. Es bastante corta y tiene sus momentos divertidos, así que os la recomiendo encarecidamente. Y si además se complementa con la novela de Atwood, mejor que mejor.
gabriel, aquí donde vivo yo se dice "verse" pero se escribe "Verce". En serio.
Nooo, que es broma... ahora lo corrijo. Por cierto, tú no conocerás a una amiga nuestra llamada Mónica? Os llevaríais bien, presumo.
Bueno, un saludo a los dos y gracias por los comentarios, por supuesto.

Marc Peig dijo...

Muy buena reseña, Juan. Y, aunque seas modesto, sí tienes seguidores y fans, pues me incluyo entre ellos (excepto cuando atacas a Murakami (a Haruki, por supuesto) o KOK. Pero esto ya lo ajustaremos algun dia en un duelo al amanacer;-)
Saludos, y felicidades de nuevo por la reseña.
Marc

Juan G. B. dijo...

Je, je... no hay como llorar un poco para que te hagan casito... Gracias compañero, yo también soy fan tuyo y así me uno a ese creciente club en el que están Cartarescu, Auster o incluso Ken Follett....en fin, toda esa gente que se muere por tener una foto contigo ; )

Reve Llyn dijo...

Tengo el de Margaret Atwood, buscaré el de "Chespir" y seguiré tus instrucciones.
¡ah! volveré para contarte.

El Puma dijo...

Hablando de fotos, hace 15 días visitaron la Feria del Libro de Buenos Aires dos de los escritores vivos que más admiro: Paul Auster y Richard Ford. Y justo cuando me encuentro leyendo Acción de gracias, de éste último! Mi destino quiso que estuviera a 500 km de distancia ese fin de semana...y se perdieran la foto conmigo!!

:-)

Juan G. B. dijo...

Hola a los dos:
Reve Llyn, he de decir que en verdad, con leer sólo el libro de Atwood te bastaría, pues explica muy bien el argumento de La tempestad... pero claro, siempre es aconsejable leer la obra original (que además sospecho que será de los Chespirs más asequibles). Felices lecturas en todo caso.
Amigo Puma: es una pena que no te hayas podido hacer una foto con Paul Auster, porque entonces estarías tan sólo a un grado de separación de nuestro Marc, que es la verdadera estrella del mundo literario... ; ) (con Richard Ford no sé si tendrá ya foto, pero la tendrá).
Un saludo a ambos y gracias por los comentarios, como siempre.

Marc Peig dijo...

Muy buena, Juan. La verdad es que no soy muy fan de Richard Ford («El periodista deportivo» me decepcionó un poco), pero sí se tercia me hago la foto también con él ;-) Tu ríete, que si algún día me hago una foto con Murakami (Haruki, no el otro) ya verás...
;-)

Juan G. B. dijo...

Con el otro no me atrevo a hacerme una foto ni yo.... ; )