sábado, 26 de mayo de 2018

Zadie Smith: Tiempos de swing

Resultado de imagen de zadie smith tiempos de swing amazonIdioma original: inglés
Título original: Swing Time
Año de publicación: 2016
Valoración: Imprescindible




Comencé esta lectura con todas las reservas del mundo: no conocía a la escritora ni tenía idea de lo que iba a encontrarme. En los capítulos de la primera parte, noté una carga ideológica demasiado evidente, además, me parecía innecesario insistir tanto en el origen y evolución de la amistad entre las dos niñas. Pero según iba avanzando comprendí que se trataba de los personajes centrales, y cuatrocientas páginas después habían pasado tantas cosas –no me refiero al argumento sino a sensaciones mías, reflexiones, aprendizajes, simpatías, antipatías y demás– que no puedo evitar defender cada frase, episodio o recurso ni alabar el buen hacer de Zadie Smith.  
Esta novela muestra el papel que juegan pasión, vocación, azar y talento en la fisonomía que adquiere el futuro y, en particular, en el ascenso social de los más débiles. Pero también de los estrechos vínculos que se adquieren en la infancia, al margen de familia y cualquier otra convención. Trata de lo que pesan las raíces, para uno mismo y, sobre todo, en la opinión de los otros; de los dos grandes itinerarios posibles a la hora de lanzarse al mundo: dejarse llevar por los sueños o irse adaptando a las circunstancias, es decir, si la ambición siempre eleva o sirve de lastre a veces; de los condicionamientos que aún tiene el género, la raza, la extracción social etc. en una época que proclama hipócritamente la superación de los prejuicios. Del abismo que existe entre las sociedades opulentas y precarias.
Pero, ante todo y por encima de todo, Tiempos de swing es una historia, una buena historia de las que no pueden dejarte indiferente a pesar de –o gracias a– que narra la evolución de vidas bastante anodinas, anécdotas banales, comportamientos y mentalidades que podemos contemplar a diario. Y es precisamente esto, el hecho de que transcurra con tanta naturalidad, de que los acontecimientos se ensamblen como si lo que leemos fuese vida y no escritura, lo que dota de grandeza al texto, lo que le convierte en elemento vivo, vibrante, que –alternando pasado y presente– rebulle en la cabeza y te despierta, tras ese tiempo eterno de abducción absoluta que pasa a ser rico en experiencias pues se trata de un buceo en las peripecias que se narran intentando atrapar su meollo, Para ello el foco se pone en la realidad, en todas sus facetas y desde todas las ópticas posibles. Y conseguir este objetivo es algo verdaderamente meritorio si se utiliza la primera persona, más aún cuando el recurso no ha sido utilizado por Smith hasta ahora y con el que, según dice ella misma (aunque no se nota nada), no se ha sentido nada cómoda por las limitaciones que impone a la perspectiva. Sin embargo, nada es evidente ni plano ni redondo, cada cuestión encierra miles de aristas, algunas de ellas nunca desveladas.
Aunque la narradora –cuyo nombre permanece oculto– se reserva el papel protagónico, es el temperamento de Tracey –a quien no siempre vemos pero cuyo espíritu permanece latente en el lector–, su personalidad avasalladora, lo que impulsa la acción hasta el final. Dos personalidades complejas, que en realidad son bastantes más, pues durante los veinticinco años transcurridos cada una de ellas se transforma varias veces. ¿Quién de las dos resulta triunfadora? ¿Quién ha sufrido más perdidas en ese batallar constante? ¿En qué consiste esa alianza indisoluble que atraviesa tiempo, espacio, desencuentros y toda clase de avatares?
Los secundarios tampoco son desdeñables. Los padres de ambas y el papel fundamental que juegan en sus vidas, el aparatoso y quimérico mundo de esa gran estrella del rock  que sirve a la narradora para soñar que ha alcanzado el paraíso. Hawa, Lamin y Fern, cooperantes de la aldea africana que –ilusa y frívolamente– la potentada Aimee y sus secuaces tratan de sacar a flote. Aunque muy distintos unos de otros, de todos ellos puede decirse que transmiten verdad, que su presencia, en lugar de mero artificio, es la de seres que caminan libremente por las páginas. Nos veremos reflejados en cada uno de ellos pues “… podemos decir que Aimee vive en su burbuja, lo mismo que tu amiga y, ya que estamos, lo mismo que tú. Puede que sea así para todo el mundo. Solo cambia el tamaño de la burbuja, nada más. Y tal vez el grosor de la… ¿cómo lo llamáis en inglés? La piel… la película. La fina capa que envuelve la burbuja”*
Consideraría por tanto una traición, y hasta un destrozo, lanzarme a desmenuzar técnicas: estructura, localizaciones, individualidades y sus relaciones, simbología y otras estrategias narrativas. Si los mimbres no quedan a la vista mejor no desvelarlos, dejar que el entramado siga pareciendo realidad, algo realmente difícil de alcanzar y que, si a esta novela le sobra, es a fuerza de mucho trabajo y gracias a un talento natural poco común.
(*) Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino


También de Zadie Smith: NW London, Dientes blancos, Sobre la belleza

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Tengo que leerlo.

Anónimo dijo...

Qué buena pinta. Reseña de pasión contagiosa.

Montuenga dijo...

Pues ya sabéis: a ello y a contarlo aquí después si os apetece. Saludos a los dos.

Anónimo dijo...

A mí también me ha interesado y gustado a partes iguales. Gran capacidad de observación y de crear personajes tan bien construidos. De acuerdo con la magnífica evolución en el tiempo de las dos amigas de infancia y muy interesantes los diferentes perfiles de mujer que aparecen, a las que les pasa factura cada tumbo que dan y las que sobrevuelan las zancadillas y los prejuicios. Esa adopción a lo Madona en la frontera del altruismo y del capricho. La madre de la narradora, con su vocación política y su vida libre pese a quien pese. La narradora, resignada a no ser prioridad para nadie. Me ha vuelto a pasar lo que con Dientes Blancos, que lamenté no haberlo leído más del tirón, pues con estos libros largos me tiro tiempo y creo que saco impresiones demasiado fragmentadas.
Saludos

Montuenga dijo...

Hola Anónimo. Te entiendo, pero hay libros que sientes que te acompañan y no quieres que se acaben. Yo, en cambio, lo he leído bastante rápido y me ha dado mucha pena acabarlo. Todo tiene sus pros y sus contras pero, a pesar de nuestros diferentes ritmos, estoy de acuerdo en todo lo que dices.

Anónimo dijo...

Mismo anónimo de antes.
Se me pasó mencionar que todo el rato pensaba que ésta es, salvando las distancias la prima británica de Libertad, aunque Zadie, por ser mujer, nunca tendrá el marchamo de escritora de culto, o esa impresión me da a mí.

Montuenga dijo...

No estoy de acuerdo. Aunque la discriminación que padecen las creadoras no acaba de e rradicarse, por ahora, el feminismo está trabajando muy duro para que cambien las cosas y lo conseguirá, no lo dudes.