jueves, 10 de julio de 2014

Natsume Sōseki: Soy un gato

Idioma original: japonés
Título original: 吾輩は猫である (Wagahai wa neko de aru)
Año de publicación: 1905-06
Valoración: está bien / recomendable
Traductores: Yoko Ogihara y Fernando Cordobés

Sí, lo reconozco, me leí este libro por culpa de Fernando Sánchez-Drago, que tenía (¿tiene?) un gato llamado Soseki. (No se me olvida, por cierto, que hace tiempo que prometí en Twitter leerme y reseñar algún libro de Sánchez-Dragó, y todavía no lo he hecho). ¿Me arrepiento de haberlo leído? No. Pero sí.

A ver, Soy un gato es una novela cómica, satírica, que refleja la evolución de la sociedad japonesa, en particular las clases medias (comerciantes, estudiantes, profesores...) a principios del siglo XX. El dueño del gato, el maestro Kushami, dedica su vida fundamentalmente a charlar con sus amigotes, el sardónico e irreverente Meitei (el personaje más memorable de la novela, después del gato), y el indeciso Kangetsu, que no sabe si dedicar su vida a obtener un doctorado o a buscarse una mujer.

En Soy un gato hay páginas muy divertidas. Recuerdo, en particular, las páginas en las que el gato comenta las absurdas costumbres de los dueños, en particular la de vestirse con ropas coloridas o darse baños. La novela está además llena de historias contadas por los propios personajes, de forma que a veces tiene cierto aire de Mil y una noches, con historias dentro de historias dentro de historias. La novela está además llenos de diálogos, muchos ridículos, algunos francamente divertidos. Otros no tanto.

Resulta muy curioso, desde luego, ver lo que la obra tiene de tradicionalmente japonesa, y lo que tiene de occidental. El propio Soseki estudió en Reino Unido, donde conoció la literatura británica, europea y americana, muy presentes en Soy un gato (Tristam Shandy o Las aventuras del gato Murr pueden considerarse antecedentes, en cierto modo, de la obra). Pero también la sociedad japonesa que retrata está en vías de transformación: una larga transformación que solo culminaría tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial, y que posteriores escritores japoneses han retatado magistralmente.

¿Y por qué digo al principio que no me he arrepentido de leerla, pero sí? Pues porque me he divertido a ratos, ha habido páginas que me han entretenido y otras me han hecho sonreír, pero en conjunto la lectura se me ha hecho larga. Son 656 páginas de sátira de una sociedad que no conozco, y por tanto se me escapan, seguro, muchos referentes, limitando el disfrute de la novela. (Por poner solo un ejemplo, los traductores ingleses de la novela han optado por adaptar los nombres de los personajes para conservar su origen satírico, cosa que no se ha hecho en el texto español).

En fin, que tiene cierta gracia, la novela; pero quizás no tanta gracia como para justificar 656 páginas de lectura. No lo sé.

4 comentarios:

DVX dijo...

Voy a la mitad de esta novela, y esta reseña expresa precisamente mis sentimientos. Me divierte mucho a ratos, pero a otros me hace preguntarme qué diablos hago yo leyendo esto sin saber todo lo que debería del Japón de fin de siglo. Asimismo, la longitud quizá no sería tanto problema si los capítulos no fueran tan largos. El traductor dice que la novela fue publicada originalmente en entregas de revista, a la Dickens; pero me intriga mucho cómo funcionaba eso siendo que Soseki escribe capítulos de 50-120 páginas. O la historia estaba entonces dividida en fragmentos más digeribles, o esa revista debe parecer la Enciclopedia Britannica.

Jorge Fernández Crespo dijo...

Los invito a leer algunas de mis obras en

http://creacionespersonalesjfc.blogspot.com/

Otras obras disponibles en

http://creacionespersonalesjfc.blogspot.com/2014/05/recomendaciones.html

¡Todo lo mejor!

María dijo...

A mí, aunque me pareció interesante, me costó un poco, sobre todo por mi carencia absoluta de sobre referentes culturales del Japón de la época. Sólo se la recomendaría a lectores MUY interesados.

Alejo Casares dijo...

Lo que no me gustó del libro es que, mientras los humanos dialogan largamente, muchas veces el gato pierde protagonismo, tanto que hasta me olvidaba que él estaba ahí. Y yo quise leer esta novela por el gato.