domingo, 6 de julio de 2014

Luis Sepúlveda y Mario Delgado Aparaín: Los peores cuentos de los hermanos Grim

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2004
Valoración: está bien

El chileno Luis Sepúlveda y el uruguayo Mario Delgado Aparaín la Patagonia chilena, y el profesor doctor Orson C. Castellanos, de Mosquitos, Uruguay, acerca de los mellizos Abel y Caín Grim, eximios pero indocumentados representantes de aquel arte.
escribieron al alimón esta suerte de novela epistolar (tal vez, supongo yo, ellos también la escribieron así, por medio del intercambio de cartas o correos) en la que se nos cuenta la investigación científico-biográfica que llevaron a cabo los expertos en el tema de los “payadores” (una especie de músicos-cantores repentistas propios del Cono Sur), el Doctor profesor Segismundo Ramiro von Klatsch, de Tortitas, en

El tono de la historia es, como puede suponerse, descaradamente jocoso y aun humorístico, ya desde el mismo lenguaje ampuloso utilizado por ambos profesores corresponsales, o los nombres de los personajes que pululan tanto por las andanzas de los hermanos Grim como por las vicisitudes de sus estudiosos (don Juan de Dios Wayne, viudo de Silver, el capitán Buenos Días Eterovic; Kohemé Nené Lizarraga-Kaltwasser-Dupont; Humberto de las Mercedes Bogart….), aunque también es posible que en ciertos rincones del planeta tales nombres sean más habituales de lo que pensamos. No sé.

Como se ve, buen humor es lo que abunda en este libro. Los autores, sin embargo, apenas hacen algún conato de utilizar lo que, en mi opinión, podía haber supuesto una mina de oro para provocar la risa: la coincidencia del apellido de los protagonistas con los otros hermanos Grimm, los alemanes de los cuentos y toda una panoplia de personajes. En cambio, en lo que sí abundan es en comentarios irónicos o paródicos sobre la Historia y la política de Hispanoamérica. Algo que,  a ellos les puede haber divertido mucho, pero, me temo, dejará de hacerlo a los lectores de un futuro próximo (o de otro ámbito geográfico).

De todas formas, el principal problema es que, según va transcurriendo el intercambio de cartas entre los dos pintorescos estudiosos, la historia principal (la investigación sobre los hermanos payadores) va perdiendo protagonismo en favor de los avatares de los personajes secundarios (como los carteros Miguel Strogoff y Rosevél Aldao) y, lo que es peor, va perdiendo fuelle hasta finalizar de manera un tanto abrupta y esperpéntica. Da la impresión, en realidad, de que los dos autores, que comenzaron pasándoselo pipa escribiendo esta novela epistolar a cuatro manos, fueron perdiendo el entusiasmo, el interés o, simplemente, el absurdo que caracteriza el humor de la narración se fue agotando a sí mismo y a los propios autores.

Al final, sin embargo, hay, a modo de apostilla, un glosario bastante divertido de términos que aparecen en el libro, y que será, además, de no poca utilidad al lector hispanófono, pero no oriundo del Cono Sur. Supone una guinda de más humor a un libro en el que éste sobra, hasta incluso correr el riesgo de volverse empalagoso. Eso sí, es una lectura de lo más recomendable para pasar un buen rato, más aún si el que lo lee siente algún prejuicio hacia la literatura de humor, por frivolona y escapista. El humor de esta novela también es, por supuesto, frívolo y escapista, pero siempre se puede disimular aduciendo que es una obra sobre la cultura popular latinoamericana, y su resistencia  frente a la opresión política y la globalización impuesta por la sociedad de consumo yankificada... o algo por el estilo. Como se suele decir (o no): se ríe, pero se aprende.

3 comentarios:

Salvador Cerdá dijo...

Para mí uno de los peores libros que he leído en mi vida (con perdón).

Juan G. B. dijo...

Ja, ja... esa es una opinión contundente! Pero lo de "con perdón" espero que vaya por los autores, porque a mí me parece de perlas que no te haya gustado. De hecho, creo que a mí también me gustó menos de lo que deja traslucir la reseña. Sobre todo, el libro me dejó la sensación de jugada mal rematada, como si, insisto, los autores se lo hubieran estado pasando muy bien, hasta que se aburrieron del tema.
En todo caso, un saludo.

Salvador Cerdá dijo...

Yo vi una entrevista que Javier Rioyo les hizo en "Extravagario". Presentaban el libro y me lancé a por él en las librerías. La presentación que hicieron fue fabulosa. Por eso creo que la impresión que luego recibí fue tan negativa. Y, como dices, lo de perdón va por los autores. No sé si fue una idea propia o una apuesta editorial. O ambas cosas. Pero globalmente me parece un resultado (muy) pobre.