domingo, 20 de julio de 2014

Ronaldo Menèndez: Rojo aceituna. Un viaje a la sombra del comunismo

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: Está bien

Desde que salió de Cuba, allá por 1995, Ronaldo Menéndez ha viajado bastante. En sus temporadas sedentarias ejerció el periodismo en Perú antes de instalarse en España hace casi diez años. Proteico hasta la médula, ha logrado que las puertas de su país se mantengan abiertas para él.

Su colaboración en el suplemento El viajero de El País había acabado de curtirle en esos menesteres cuando decidió convertirse en mochilero y recorrer junto a su pareja durante 13 meses los regímenes comunistas de América Latina y el Sudeste asiático. Empezaron pisando territorio cubano y fue como salir de casa otra vez, pero antes tuvo lugar el encuentro con los seres queridos y el encontronazo con una forma de vida, la impuesta por el régimen, que con sus particulares incoherencias lucha por mantenerse lo más dignamente posible. Las anécdotas se suceden y el gracejo con que se narran nos arranca una sonrisa. Venezuela la conocemos a través de las angustiosas vicisitudes de un tal Charly, enviado por su gobierno a realizar una delirante misión cultural, en condiciones tan demenciales que sobrepasan los límites conocidos de la ineficacia burocrática. Uno tras otro, de Bolivia a Tailandia, pasando por Chile, Brasil, Vietnam, Laos y Camboya, cada país da lugar a un relato cerrado y convincente. Se percibe la eficacia narrativa del escritor, su habilidad para dosificar la información sin que decaiga el interés de su público. En Bolivia tememos por las vidas de Ronaldo personaje y de su acompañante Natalia, esta se volatiliza una noche en una fonda de mala muerte infundiendo en la inquieta mente de Menéndez toda clase de especulaciones siniestras que, por suerte, quedaron en una falsa alarma, otras veces se nos muestran personalidades atractivas, curiosos modos de vida, anécdotas espeluznantes, o exóticas costumbres.

Percibimos, por ejemplo, que el comunismo puro, sin contaminaciones capitalistas, no existe en la práctica, y que incluso el capitalismo presenta en ciertos momentos rasgos más solidarios de lo que cabría esperar. Menéndez concluye que, por encima de credos y gobernantes, le interesan las personas que pueblan los países, ellas son las que facilitan o dificultan la vida del viajero. Pero, aún así, sorprende un poco que ese rastreo de la ideología y las costumbres de unos cuantos países comunistas se reduzca a mera excusa para realizar un viaje tan largo. Sin embargo, como el propio autor reconoce, lo que en realidad deseaba era convertirse durante unos meses en “dueño de su tiempo” y nosotros lo vamos comprobando a lo largo de unas páginas repletas de vivencias personales que son, a fin de cuentas, lo que él recuerda y le importa una vez finalizado su periplo. Son sus experiencias, pues, las que quedan registradas en estos seis capítulos repletos de humor, ironía, escepticismo y esa chispa tan particular que añade amenidad a los escritos de Menéndez imprimiéndoles su propio sello. Tampoco está ausente la crítica –que no llega a ser corrosiva ni tiene oportunidad de ser constructiva– de ese comunismo que, a base de despojamiento, aviva en la gente las ansias de posesión; ni la autocrítica, que dirige a ese espíritu mochilero, algo esnob en ocasiones, ingenuo muchas veces, y, en demasiados casos, con más expectativas turístico-burguesas de las que la mayor parte de los aventureros que aparecen fugazmente en estas páginas se atrevería a confesar.

Aunque parezca escrita sobre la marcha, esta crónica comenzó a elaborarse tras su regreso a España, al calor de los recuerdos y, naturalmente, gracias a las impagables anotaciones que Menéndez realizó a lo largo de su recorrido. Por cierto, en sus crónicas no se menciona la totalidad de los países que atraviesa para no restar coherencia al conjunto. Es justo añadir que escribió mucho en el transcurso de ese viaje: además de las notas que constituyen el germen de Rojo aceituna, puso los cimientos a una novela sobre la posrevolución cubana, cuyo título provisional era entonces La casa y la isla y que fue elaborando día a día pacientemente a base de madrugones y de una buena ración de constancia. 

Actualmente, el autor se encuentra volcado en su actividad de escritor, que los viajes estimulan en lugar de interrumpir, y en su trabajo de profesor en talleres literarios. Desde 1990, ha publicado, además de esta crónica viajera y un manual didáctico, unas cuantas novelas y colecciones de relatos por los que ha recibido varios premios.