domingo, 13 de julio de 2014

Jim Thompson: Hijo de la ira

Idioma original: inglés
Título original: Child of rage
Año de publicación: 1972
Traducción: Teresa Montaner Soro
Valoración: imprescindible

Pues vaya sorpresa me he llevado con Jim Thompson. Con los recelos que me suscitan esas etiquetas que ponen serie negra y voy y me hallo, casi de bruces, ante una suerte de acertada combinación que apelotona (mezclar sería sutil, y a una novela como Hijo de la ira le pega poco un concepto como la sutileza) detalles de Bukowski, de Boris Vian, de Thompson (el otro, el cazador) y hasta de un Salinger trasladado unas décadas más allá o un Easton Ellis unas décadas más acá. Combinación a la que podríamos bautizar con apelativos cercanos al concepto de genialidad.

Sí: este Thompson es un escritor de culto, una especie de tipo que acabó sus días, a pesar de haber escrito guiones rodados por el mismo Kubrick, entre olvido y excesos de todo pelaje. Y este Hijo de la ira es casi un epitafio, y me atrevo a especular con que cuando lo escribió casi era consciente de ello. Tal es la sensación de volcado y de indiferencia ante las reacciones que podía provocar el tratamiento del colosal número de tabús que esta novela se atreve a profanar. Corea. Vietnam. Sexo interracial. Abusos. Incesto (de dos clases, por si faltaba). Racismo. Clasismo. Y todo ello en menos de 200 páginas con las que se arrasa y que arrasan. Perdonen la redundancia. Pero es que hacía tiempo que no soltaba un libro en horas y que en ningún momento pensaba que lo hacía para acabar de una vez con él.

Allen, 18 años, hijo negro, se sugiere al principio, de un padre víctima de la guerra de Corea y de una bellísima y misteriosa mujer blanca, que lo presenta con dieciocho años en su nuevo instituto. Donde solamente cuando es irreversible su admisión son informados de sus dos circunstancias más obvias: su tendencia a la rebeldía (robando, insultando, humillando) y su inteligencia por encima de la media (pero, vaya, aplicada a las cábalas más maquiavélicas). Y desde esa admisión, su vida dará el acelerón propio de su mayoría de edad y de su adaptación al entorno, a un entorno que le acoge con fascinación y con recelo. Lógicamente, la  cosa no puede discurrir por los caminos de lo convencional. 

Yo no sé bajo la influencia de qué escribió Thompson esta sensacional novela. Lo que sea que fuese le sentó de maravilla a su intención creativa, que está claro que fluye a la par que la intención de provocar ora con obscenidad ora dinamitando principios morales. Pocos libros perturban e incomodan hasta el punto de que hasta ciertas reseñas positivas acaban calificándolo de desagradable. Es ficción, señores, es exageración o caricaturización de algunos estereotipos, y conmover ciertos espíritus o remover ciertas conciencias también forma parte de su finalidad como disciplina.

4 comentarios:

El ojo que todo lo lee dijo...

Me llama mucho la atención este libro. He estado un rato pensando si no era otro que tengo pendiente...al IRA..pero no, el que tengo pendiente es Las uva de la ira.

Me apunto éste.

La Estupenda

Kiss

Francesc Bon dijo...

Bueno, con todos mis respetos para la magna obra de Steinbeck, éste seguramente te resultaría, erm, diferente.

grumosky dijo...

Este escritor es bestial.

Francesc Bon dijo...

Gracias, Grumosky. Voy a por otra de sus novelas en pocos días. Lecturas para el verano, un poquito oscuras pero eficaces.