jueves, 17 de julio de 2014

Mai Jia: El don

Idioma original: chino
Título original:解密 (título en inglés: Decoded)
Traductora (del inglés): Claudia Conde
Año de publicación: 2002
Valoración: se deja leer

Cada cierto tiempo -cada pocos meses, en realidad-, la Industria Editorial Internacional (sí, así: como si fuera un ente maléfico de innumerables cabezas y de peor que aviesas intenciones) nos anuncia el advenimiento de un nuevo fenómeno literario mundial, el best-seller definitivo que aúna calidad y comercialidad de manera cuasi milagrosa.  Nosotros -o un servidor, por lo menos-, que ya estamos muy toreados en estas plazas, solemos acoger estas gozosas nuevas con escepticismo, cuando no abierta desconfianza. Que conste que no es para menos: la penúltima vez que yo piqué, acabé enredado con aquel bodrio titulado La verdad sobre el caso Harry Quebert, con el absurdo prurito, además, de acabarlo para comprobar si alguna de sus tropecientas páginas merecía los encendidos elogios que  la IEI (sección grupo PRISA) le dedicaba.

En el caso de la novela que nos ocupa, El don, la promoción no ha sido tan abrumadora y, además, existe un elemento diferenciador que le otorga algún interés: se trata de un best-seller obra de un autor chino, no sé si el primero que llega a Occidente (me refiero a literatura comercial, no a la de más "prestigio"), pero sí uno de los primeros que ha concitado cierta atención; avalado además por un número nada despreciable de ejemplares (en papel) vendidos en su país de origen: nada menos que cinco millones (tampoco hay que dejarse impresionar... ¿Cuántos ejemplares serían esos, traducidos a los términos del mercado español? ¿5000? Es broma: unos cuantos más...). El responsable de este logro es el autor chino Jiang Beunh, que utiliza el pen name de Mai Jia. Antes -o además- de escribir novelas, este señor perteneció durante diecisiete años al Ejército Chino, al parecer como especialista en radiocomunicaciones, y era aficionado a las matemáticas y a desentrañar códigos.

¿Y de qué va la novela? Pues sorpréndanse: de un matemático que entra a servir al Estado Chino como criptógrafo especialista en desentrañar códigos. Ahora bien, no se trata de un matemático cualquiera: es un genio de los números, heredero de toda una estirpe de matemáticos, aunque, como corresponde al tópico, más bien rarito (en la propia novela se sugiere su posible autismo, aun de la variedad más leve). De origen digamos que problemático, Rong Jinzhen es educado además por un extranjero y pupilo después de otro, por lo que su peculiaridad es aún mayor y su genialidad deviene superlativa. Un superhéroe de las mates, vamos... (tranquilos todos, que para seguir el hilo de la novela sobra con dominar la tabla del tres). Como tal, entra en la ultrasecreta Unidad 701, dedicada a la criptografía, donde se enfrentará a los códigos no menos ultrasecretos y ultraenloquecedores del país enemigo X (tal cual).  Y así, se ve envuelto en una trama de espionaje que se nos promete de una intriga apasionante, pero que, la verdad, tarda bastante en llegar. Y cuando lo hace... en fin, guardemos los cohetes para otra ocasión.

La novela evoluciona desde un comienzo de saga familiar algo revenida (de hecho, hay algún momento que recuerda al final de Cien años de soledad, que al parecer es la novela favorita de este escritor chino), hacia una suerte de casi abstracción (no sé si matemática o religiosa), en la última parte del libro. El estilo resulta bastante sencillo y directo: que nadie espere extraordinarias figuras literarias, novedosas estructuras o metáforas brillantes. Es más, a menudo el tono narrativo parece de una curiosa ingenuidad (ignoro si se debe al estilo característico del autor,, a la tradición literaria china, o es resultado de la doble traducción: del chino al inglés y de éste al español). Este aire ingenuo que impregna la historia acaba siendo lo más interesante de la novela, aunque también, a veces, resulte algo irritante (quiero pensar, además, que la frecuente injerencia del propio narrador como personaje de la historia se debe también a esta candidez y no a sumarse a la moda autoficcional de marras). También tienen su interés los momentos que reflejan las costumbres y mentalidad chinas, así como avatares históricos, como la Revolución Cultural. Aspectos que quizás un escritor occidental no hubiera sido capaz de reflejar tan bien.

Aún así, trataré de explicar mi opinión sobre esta novela de esta manera, por concluir: en la faja que acompaña al libro (como de costumbre, un alarde de ecuanimidad y mesura), se habla de ecos de Chesterton, Borges, Nabokov, Nietzsche, Kafka, Agatha Christie...

Yo me hubiese conformado con encontrar algo de Ken Follett.






8 comentarios:

Veronica Muñoz dijo...

Luego de leer El Don , confieso que la propaganda me jugo una mala pasada, quede con una sensación como ¿este libró tiene garantía? Lo leí entero con la esperanza que en algún momento la emoción o el misterio de la vida de Rong se revelará, esto nunca pasó, es un libro poco interesante, que al inicio genera muchas expectativas y nunca se cumplen, su único valor pudiera ser de corte histórico y nada más.

Juan G. B. dijo...

Hola, Verónica:
Pues es exactamente como tú dices.
Gracias por el comentario

Juan G. B. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Juan G. B. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
SAndra Diaz dijo...

Acabo de terminar esta novela. No se pero me queda la impresión que falto algo. No me convence la historia ni el "drama" del protagonista. Un libro que no recomendaría.

Juan G. B. dijo...

Hola, Sandra: te digo lo mismo que al comentario anterior; es exactamente como tú dices.
Un saludo y gracias por pasarte por aquí

Anónimo dijo...

No profundiza en los temas, siendo que había varios muy interesantes. No, no tiene nada de los autores que menciona la critica.

Juan G. B. dijo...

Hola, anónimo:
Totalmente de acuerdo contigo. Y que conste que los autores que menciono son los que están en la contraportada del libro, no por que lo piense yo...
Un saludo.